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Full text of "Nueva revista de Buenos Aires"

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e>^p^so\.) 



HARVARD COLLEGE LIBRARY 

SOUTH AMERÍCAN COLLECTION 




THE CIFT OF ARCHIBALD CARY COOLIDGE, '87 

\ rrr n r^nFwr" Lrnrr i nn hay, *o8 

iN 8^ ' Vmerican scientific congress 

tCEMBER MDCCCCVIII 




«f 



ilü MflSTi 



DE 



BUENOS AIRES 



DIRIOIDA POR 



ERNESTO ^UESADA 



AÍÍO III. TOMO IX. 



BUENOS AIRES 

JdmMttracion y Dirección; caite OtnercU LaoaUe AO 

imprenta y Libreria de Mayo, de C. CaBayalle, Per j 1 16 

1883 



SAf^XSDU 



Hurvard CoHege Ubrary 

Clft of 

Archlbald CAry CooUdge 

and 

Clarenoe Leonard Hay 

Aprü 7, I909. 



V.. V 



EL DOHiMO TERIllTOItllL 



EN LA 



AMÉRICA LATINA 

(XSTUDIOB DB DUUCHO INTBRNAClOXAL I.aTINO-AMERICANO ) (1) 

He espuesto someramente todos los elementos que cons- 
tituyen el dei*echo internacional latino americano, respecto 
al dominio territorial: he hecho bien claramente la dis- 
tinción entre la doctrina aceptada uniformemente por los 



(l) Por la relación qne tienen con el presente articulo, pueden con- 
sultarse con fruto los artículos que sobre el Derecho internacional 
latino-americano viene publicando desde su fundación la c nueva revis- 
ta t— I. España y Portugal— Tratados de limites^ 17 50- 1777. t. I. p. 
99 k 124.— II. El Brasil y el Rio de la Plata, statu quo de 1804,-^ 
Armisticio de 1812, t. I. p. 190 A 289.— III. La Provincia- Intenden- 
cia de Montevideo; ocupación luso-brasilera — Negociaciones — La anexión 
al Brasil, t. I. p. 6ó4 A 688. — IV. La guerra entre el Imperio del 
Brasil y la Bepública, U II- p. 49 á 79— V. La cttestion de límites 
con Chüe — Bajo el punto de la historia diplomática, del derecho de 
gentes y de la política internacimal, t. II. p. 275 á 418. — VI. La 
Independencia de la República del ürugtMy-- Estibios de la negociación 
diplomática de los generales Quilo y Balcarce en Rio de Janeiro, á la 
luz de documentos secretos é inéditos^ facilitados por el señor don Cái-los 
Ouido y Spano, t. II. p. 510-641— VII, La independenHa de la Bepú* 

TOMO iz. 1 



4 NUEVA REVISTA DE BUENOS A1R15S 

Estados hispano-americanos para resolver sus deslindes 
entre sí, como naciones creadas dentro del territorio de un 
soberano común ; y he cuidado de mostrar la diferencia de 
doctrina tratándose de demarcaciones con naciones extran- 
jeras á la antigua metrópoli. Queda con toda evidencia 



blica del ürugtMy — Conuendon preliminar de paz entre la Repú- 
blica y el Bra8il-1828— [Conclusión,] t lí, p. .626 á 668— VIH. In- 
tervención del Brasil en el Rio de la Plata — Negociaciones diplomáticas 
— Tratado de alianza entre el gobierno de Rosas y el Imperio-^ 
Oiterra de Montevideo ^Precursores de la coalición contra Rosas^ t. 
III. p. 46 á 66. — IX. La República Oriental y el Brasil— Proyecto 
de venta teí^itorial— {Negociación secreta de 1845 estudiada á la luz 
de documentos oficiales inéditos), t. III. p. 216 á 240 — X. La alianza 
entre Rosas y Oribe—El Brasil, Montevideo y las provincias de Entre 
Ríos y Corrientes, t. III. p. 378 á 409 — XI. La política brasilero- 
uruguaya— Tratados de límites de 1851-52— Las teorías de don Andrés 
Lamas, la diplomacia del Imperio y los derechos argentinos, i. II (. 
p. 608 á 682— XII. Los tratados de limites de 1861-62 ante d Insti- 
tuto Histórico y Geográfico dd Brasil, t. IV. p. 68 á 96— XIII. La 
República Oriental y el Brasil— lSd^'57 , t. IV. p. 216 á 224.— XIV. 
Derecho internacional latino-americano — Del principio conservador de 
las nacionalidades en este continente — Precedentes de derecho interna- 
cional americano— Congresos de Plenipotenciarios, t. IV. p. 676 á 620 
— XV. Derecho internacional latino-americano ^El uti possidetis jurís 
y el derecho constitucional, t. VIL p. 240 á 266.— XVI. Diplomacia 
americana— El Brasil y el Río de le Flata— Primeras negociaciones 
internacionales— IS0S-IS12, t. V. p. 466 a á 682.— XVII. Diplomacia 
americana — El Brasü y el Rio de la Plata — Negociación Rademaker 
--Armisticio de 1812, t. VI. p. 107 á 166— XVIII. Diplomacia ameri- 
cana — El Brasil y el Rio de la Plata — Negociación Rademaker— Ar- 
misticio de 1812 (Conclusión), t. VI. p. 264 á 287— XIX. Diplomada 
americana — El Brasü y el Rio de la Plata — Proyecto de adición al 
armisticio de 1812, t. VI. p. 374 á 449.— XX. Venezuela y Nueva 
Granada— Sus cuestiones de limites— {JEIstudios de derecho internacio- 
nal latino-americano) t. VII. p. 29 á 67.— XXL Id. id. id. (Conti- 
nuación;, t. VIL p. 613 á 663.— XXIL Ecuador y Nueva Granada— 
Sus cuestiones de limites— [Estudios de derecho internacional latino- 
americano), t. VIIL p. 8 á v7. . 

N. de la Diree. 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO-AMERICANO 5 

probado, que el Brasil ha inventado un principio suyo 
para legalizar las usurpaciones territoriales que hizo pri- 
mero á la corona de España, y después á las repúblicas 
americanas. Este principio no puede citarse como pre- 
cedente entre los Estados de un mismo origen ; ni puede 
equitativamente aceptarse, porque como lo califica el 
señor Martin, es un principio inmoral. 

El estudio de tales precedentes es la base del derecho 
internacional latino-americano, porque ora se establecen por 
tratados que constituyen el derecho público convencional ; 
ora las doctrinas ilustran los principios que reconocen los 
go biernos de este continente como regla de sus relaciones 
internacionales en una cuestión tan grave como el dominio 
de su territorio ; y como estas relaciones son meramente 
relativas^ no afectan los principios generales, el jus gentium 
universal, ó los principios generales y stricti juris indepen- 
dientes de los tratados públicos, que constituyen el reco- 
nocimiento de la asociación moral de los pueblos. 

Si es innegable que en la época actual la misma comuni- 
dad europea tiende á hacer lugar á un sistema universal que 
comprende todas las sociedades humanas, no es menos evi- 
dente que hay intereses particulares europeos muy diferen- 
tes de los intereses latino-americanos, y por lo tanto, 
resulta una inevitable división en el derecho internacional, 
que no es absolutamente universal, que es propiamente lo 
que se llama derecho internacional necesario, que los 
Estados de un continente deben observar, aun cuando no 
hayan participado en las asambleas políticas que reconocen 
un principio^ ni los Estados se hayan reunido espresamente 
en forma de conferencia de plenipotenciarios para reco- 
nocerlo. 



6 NUBVA REVISTA DB BUISNOS AIRBS 

Hay principios y reglas de derecho internacional absolu- 
tamente obligatorios, stricti juris, por ejemplo: la libertad 
de los mares, las reglis relativas al bloqueo, las que reglan 
los naufragios, las garantias á los agentes diplomáticos. 
Esos principios son los mismos en Europa y en América, el 
derecho convencional no puede alterarlos ; pero el derecho 
internacional basado en las máximas absolutamente recono- 
cidas y observadas, tiene un carácter de universalidad 
obligatoria, que lo coloca fuera d^í las convenciones de na- 
ción á nación, es decir, de los tratado3. 

• La ley de las nacíoues está funda 1» en la justicia, es dt-cir, en la 
equidad, en la conyeniencia, en la razón de U cosa, y confirmada por 
una larga práctica. » 

Las personalidades jurídicas de los Estados se gobiernan 
en sus relaciones recíprocas por leyes escritas, que son los 
tratados, ó por leyes no escritas, que forman las costumbres. 
Si los Estados se reconocen recíprocamente como personas 
morales, sus relaciones están regidas por leyes que garanten 
sus derechos y obligaciones, y por tanto, elderecho natural 
es 1 1 base del derecho internacional : sus relaciones enton- 
ces tienen una esfera de acción señalada, como son absolu- 
tamente libres en sus relaciones interiores como entidades 
libres, soberanas, que se gobiernan por su voluntad. Sin 
embargo, el derecho de intervención ha sido largo tiempo 
el control de esta misma libertad, sobre todo en el derecho 
público europeo, puesto que en el americano se observa la 
doctrina de Monroe. 

No es mi ánimo indagar cuales son las fuerzas de la ley 
internacional, y bastárame citar y referirme a Lord Robert 
Phillimore : mi objeto es simplemente estudiar los hechos 
y tratados qne constituyen un derecho público latino-ame- 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO-ABÍERICANO 7 

rícano, en cuanto se refiere al principio del tUi possidetis 
del año diezj como regla jurídica de demarcación territorial 
internacional. 

Para ilustrar mejor tan ardua materia, conviene tener 
presente los acontecimientos y las discusiones sobre estos 

principios. 

Larga, ruidosa, y á veces sangrienta ba sido la contro- 
versia sostenida entre el Perú y el Ecuador sobre el domi- 
nio de los territorios de Quijos y Canelos. 

El ministro del Perú, señor Melgar, publicó sus notas 
demostrativas del derecho peruano, según su sentir, acom- 
pañándolas de ^documentos justificativos. Entonces el señor 
Tomás H. Novoa, creyó que debia replicar á aquellas 
notas oficiales, y sostenia : que no debe tomarse en cuenta 
la cédula de 1802 en materia de límites, cuando todas las 
naciones han aceptado el principio del uti possidetis de 
1809, ó el de la época de la común independencia. Este 
cambio en la fecha, inocente al parecer, altera toda la 
doctrina, le quita el carácter general que la prestigia, y la 
convierte en cuestión de puro hecho. Para él los lími- 
tes entre aquellas naciones son los pactados en 1820, pero 
comete asi una petición de principios. 

Ninguno de los Estados, dice, tiene títulos incontroverti- 
bles: el Ecuador los posee de hecho, el Perú alega el 
derecho. 

Cito este precedente para demostrar que no se ha acepta- 
do como una base legal para el deslinde entre los Estados 
hispano -americanos la posesión de hecho, porque en el caso 
recordado^ á esto solo hubieran concretado el debate. 
Lejos de eso, han buscado en el derecho, en la demarcación 



8 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

territorial de la época de la independencia, el criterio pú- 
blico para decidir la disputa. 

Posteriormente á ese debate, todos los Estados han con-^ 
venido en tomar como punto de partida las demarcaciones 
españolas existentes en 1810, y de^de entonces el principio 
internacionnl del uti possidetis de derecho^ se ha incor- 
porado al derecho positivo internacional americano, 

Chile y la República Argentina lo reconocieron por el 
tratado de 1856: Nueva Granada y el Ecuador lo han 
aceptado igualmente, y solo se han separado Bolivia y 
Chile en el malhadado tratado que dio origen á la gueira 
actual 

Recuerdo estos acontecimientos históricos* como enseñan- 
za y como ejemplo q'ie debe evitarse. La controversia 
entre la República Argentina y Chile no era una cuestión 
de mera propiedad internacional ; fué cuestión de equili- 
brio, de conservación de las nacionalidades que se fundie- 
ron en el molde que vació con singular talento Carlos III 
cuando creó el Vireynato del Rio de la Plata. 

La excepción al principio del uti possidetis del año diezy 
es la misma que sostuvieron los Estados colombianos, y es 
la mas amplia y equitativa confirmación del principio gene- 
ral. Las naciones hispano-americanas tienen un origen 
común, las demarcaciones territoriales que el Rey de 
España señalara, eran meras sub-divisiones de sus pro- 
pios dominios, mientras que, tratándose de fijar términos 
en naciones extranjeras, es evidente que otra es y debe ser 
la teoria. Si entre la antigua metrópoli y la otra nación 
limítrofe se celebraron tratados, éstos deben ser aplicados 
hoy en las demarcaciones, porque los nuevos Estados here- 
daron del gobierno español los derechos que éste adquirió 



DERECHO INTERNACIONAL LATÍ NO- AMERICANO O 

en sus dominios de América, y de la misma manera los 

cargos y obligaciones que contrajo. El territorio es el 
mismo aunque el soberano haya cambiado, y los limites 
territoriales no se alteran por el hecho de cambiar de pro- 
pietario el fundo ó tierra de que se trate La excepción 
del principio del derecho público americano, es por lo 
tanto ajustada á la buena doctrina legal, ó á la equidad y 
ala justicia. 

Si de estos atecedentes del derecho primitivo y del 
consuetudinario, descendiese al examen de la cuestión de 
límites entre la República Argentina y Chile, tendría sim- 
plemente que aplicar lo estatuido en el articulo 37 del 
tratado de 1856. Probando entonces cual era en 1810 el 
uti possideiis de uno y otro pais, con arreglo á los títulos 
ó demarcaciones, 6 en otros términos, la posesión civil, la 
cuestión debiera haber quedado resuelta. 

Pero, lo simple y natural de esta fórmula se complicó 
por el estravio que los escritores hicieron en materia tan 
grave. 

Recordaré someramemte algunas de esas opiniones y 
trataré luego de restablecer la verdad histórica y legal, 
como antecedente de la discusión diplomática. 

El señor Matta (1) bajo formas cultas y en lenguaje 
fácil, aparentando la mas perfecta imparcialidad, es el 
primero de los que han influido á extraviar el público 
criterio. Pretende que los títulos, reales cédulas, reales 
órdenes, resoluciones reales, documentos oficiales, corres- 
pondencia de los funcionarios, no son concluyentes en 



(1} La cuestión chileno argentina por GuiUermo Matta, Santiago, 
1874, I y. iu 80 de 120 pág 



10 NUEVA REVISTA DB BURNOS AIRBS 

favor de uno ni de otro pais. Y en tal caso dice, k 
prudente es dividir con igualdad el territorio disputado. 
No alega nada nuevo, no analízi los documentos exhibidos, 
sino que apoyándose en sus dogmáticos asertos, dá por 
probada su singular tesis. 

Otro escritor tan fecundo como popular, tan hábil para 
dar formas á las mas antiguas tradiciones, y tan inconsis- 
tente y poco firme en sus juicios, ha influido no poco en 
ese extravio. Me refiero al señor don Benjamín Vicuña 
Mackenna; pero conviene que recuerde diversas obras 
suyas, porque las fechas han influido en las variantes de 
sus juicios. 

En su libro Le Chilij describe el aspecto físico de su 
pais, limitado al Oriente por la cumbre de la Cordillera 
de los Andes, y pinta con colorido brillante aquella larga 
faja de tierra, con la mira de atraer colonos europeos. 
Pasan los años, y en el diario « ím Opinión^ » en corres- 
pondencia datada á 25 de Mayo de 1874, dice lo siguiente: 

< Por etiO nosotros, simples voces del pueblo que no somos ni diplo- 
macia, ni siquiera abogados eu e! juicio, decimos á nuestro turno : la 
Fatagonia no es de nadie, » 

Sin duda que, no siendo, no pudiendo ser chilena, aquel 
infatigable escritor juzgó que era mas corto, mas radical 
decir : — es de nadie ! 

Este mismísimo buen señor, en una lectura que hizo en el 
€TraveIer's Club:^ en Nueva York sobre la Present 
condition and prospects of Chilij en 2 de diciembre de 
1865, habia dicho: 

« En primer lugar Chile tiene señalados sus límites como por la 
luano de Dios para formar una sola nación 
t Chile no tiene vecinos propiamente hHblando. Sus límites son casi 



DERECHO INTBRMilGIONAL Li^TINO-AMBRlCANO 11 

impenetrables á todas las naciones. Al este los elevados Andes, citbiortos 
con nieve eterna; al norte el desierto de Atacama, nn desierto de seis- 
cientas millas donde ni el hombre ni el animal, ni la mas audaz de las 
plantas logra vivir; al sur las incomensarables llanuras de la Patagonia 
salvaje y desconocida; al oeste, su único lado vulnerable, el poderoso 
Océano Pacífico. » 

Nótese que; cuando hacia esta lectura, el señor Vicuña 
Mackenna era Enviado especial del gobierno de Chile cerca 
de los Estados Unidos, y su discurso tenia así el carácter 
semi^oflcial del empleo que ejercia. Resulta, pues, que 
confesaba así pura y terminantemente que los Andes son 
el límite oriental de aquella República. 

Mas tarde, el mismo señor Vicuña Mackenna publicó en 
el año de 1880, su libro — La Patagonia] en el cual leo : 

« Los Andes á la verdud apiparan á esos dos paises, pero al mismo 
tiempo los unen, así como los Alpes dividen 7 clasifican, sin volverlos 
hostiles sino cooperadores, los grupos latinos de la Francia y de la 
Italia. > 

Se vé, pues, que este escritor chileno ha confesado en 
diversas épocas, un hecho denunciado por la historia, base 
del derecho histórico y geográfico americano, á saber : que 
los Andes son el límite arciflnio entre Chile y La República 
Argentina. 

La verdad superior á ios ofuscamientos de la ambición 
ha arrancado estas paladinas confesiones á este chileno 
ardoroso. Sea en hora buena! Búsquese establecer el 
hecho posesorio del año diez, pruébese cual era el uH possi^ 
detís de ese año, y la cuestión se habría resuelto sin 
dificultad Y de esta manera en vez de los enormes 
dispendios de una paz armada^ se podrá emplear el tesoro 
de ambas naciones en la constricción de la ferro-vía que 
debe unirlas alguna vez. 



13 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

Últimamente en un artículo publicado en el « Mercurio » 
firmado por el mismísimo señor Vicuña Mackenna y data- 
do en Viña del Mar, 21 de Febrero de 1881, decia : 

< El Atlántico para los argentinas. El Pacifico para los chilenos. • 

Esponiendo su doctrina para demostrar que la política 
argentina no tiene ningún interés en el Pacífico, ni Chile 

é 

en el Atlántico, agregaba : 

c La misión del pueblo argentino, pais de llanuras inconmensurables y 
de ríos Da?egables, yace toda entera en el Oriente de su configuración, 
como la de Chile, pais desde su cuna marinero, está en las ondas del Pacifico, 
y querer contrariar estas dos acciones completamente distintas, lógicas y 
derivativas, echándolas la una sobre la otra, por medios puramente de 
convención y de artificio, es como querer arrancar los Andes de eus 
quicios y hacer de .ellos, en lugar de una barrera, una joroba. » 

Y luego, se espresa de esta manera : 

« En inverso sentido, la cordillera de los Andes, que se interpone entre 
los dos pueblos como altísima insuperable valla, aun contra los delirios 
del frenesí, como si fuera ana venda de nie/e aplicada al cerebro de 
los enfermos de fiebre. ... se confína de todos los rumbos del Orien- 
te. .. • Estos perfiles eternos de la naturaleza que demarcan á los dos 
paises so rumbo aparte, podrán siempre mucho mas que todas las 
arterias. ...» 

Si la Cordillera de los Andes es el limite arcifinio que 
acentúa la personalidad diversa de dos agrupaciones 
latino-americanas — ¿ porqué se prentende cambiar hoy 
ese límite geográfico é histórico, en busca de aventuivis 
peligrosas por la ambición de territorios «jenos ? Para 
servir á esos intereses permanentes, positivos y civilizado- 
res es que me he propuesto convencer en estos estudios, — 
apesar de estar aparentemente terminada la cuestión por el 
tratado de 1877, — por los numerosísimos documentos oficia- 
les, cual era el hecho de la posesión en 1810, y cuales los 
títulos de dominio, que tienen origen en en la voluntad del 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO-AMERICANO 13 

Rey de España, al trazar las divisiones gubernativas de la 
Capitanía General de Chile y del Vireynato de Buenos Aires. 
La Patagonia no es, no fué nunca res nullitts; fué parte 
integrante del gobierno-intendencia de la capital; pertenocia 
al distrito geográfico del gobierno de Buenos Aires, como lo 
be demostrado por una serie de actas oficiales, y correspon- 
diaá la jurisdicción judicial de la Audiencia pretorial de la 
capital del Vireynato, como también lo he probado por docu- 
mentos concluyentes. De manera que esas costas marítimas 
patagónicas hasta el Cabo de Hornos pertenecieron al distri- 
to gubernativo del Vireynato, y como éste estuvo separado 
de Chile, como lo confiesan los mismos chilenos, por la 
Cordillera de los Andes, el hecho de la posesión de 1810, 
resulta perfectamente establecido. 

Ahora bien : los títulos que presenta la República de 
Chile, cualquiera que fuese su importancia legal, que nin- 
guna, absolutamente ninguna les reconozco, se circunscri- 
ben á la mera pretensión de haber tenido facultad para 
poseer, posesión qué nunca jamás tuvo aquel gobierno. 
Mientras tanto, las poblaciones en las costas marítimas 
patagónicas del distrito del Vireynato, su toma de pose- 
sión oficial según las actas mismas de varias poblaciones 
en esas costas, son actos de posesión real por parte del 
virey, posesión que se fundaba en títulos de dominio, cual 
era la creación del Vireynato que separó del gobierno de 
Chile la dilatada provincia de Cuyo, poniendo como límite 
arcifinio expresamente reconocido por el soberano de 
ambos territorios, la Cordillera nevada : son actos reales de 
jurisdicción ejercidos en sus territorios, los que he referido 
en materia eclesiástica por el obispo de Buenos Aires, y en 
materia judicial por la real Audiencia pretorial. Esas 



14 nübva rbyista de bürnos aires 

poblaciones hacian parte de la grey del prelado, y sus 
veciDos estaban sujetos á la jurrisdiccion judicial de la 
Audiencia y del real consulado de Buenos Aires, creado por 
la real cédula dada en Aragón á 30 de enero da 1794, por 
cuyo artículo X se manda : . 

« El dwtrilo de U jnrítdíceioB d«l consulado será todo el del Vireinato 
dol Bio de la Plata. • 

Y por eso se le comunicó en 1810 que el Rio Negro 
había sido declarado puerto menor por la Junta provisional 
gubernativa en nombre de Fernando VU . 

Los hechos posteriores á 1810 no han cambiado la situa- 
ción legal, porque es el gobierno de las Provincias Unidas 
del Rio de la Plata el que continuó ejerciendo el imperio y 
jurisdicción en esas cost-is marítimas extremidad austral. 
He record ido el hecho de mandar la Junta provisional 
abandonar Puerto Deseado en 1811, la expedición mandada 
en 1817 y los otros hechos ejercidos pública y pacíflcamen- 
te, como señor del territorio, como nación soberana en sus 
costase islas. 

Resulta, pues, este hecho innegable: Chile no pobló 
jamás la costa patagónica, ni el Estrecho, ni el Cabo de 
Hornos, ni la Tierra del Fuego, antes de 1810, y para tener 
derecho á esas tierras debia probar el uíi possidetis de 
ese año. 

Mas aun : por el tratado de amistad, alianza, comercio y 
navegación celebrado entre las Provincias Unidas del Rio 
de la Plata y Chile, el 20 de noviembre de 1826, se esta- 
blece : 

« Las Repúblicas contratantes se obligan á garnutír la integridad Je 
sus territorios y A obrar contra to'lo poder extnuijero qne i. tentó mndar 



DBRBCHO INTBRNACIONaL L ATINO- AMBRtC ANO 15 

))or violencia los liinites de dichas repúblicas reconoeidoa anta de 8h 
emaneipaciony 6 poeteriormente por tratados. > 

Este tratado reconoce por las citadas palabras el pría- 
cipio del derecho público americano del uti possidetis del 
año dieZy lo que fué después coañrmado y ratificado co n 
toda claridad por lel artículo 39 del tratado de 1856. 

Por esta razón, nadie reclamó jamás del gobierno argen- 
tino la jurisdicción que ejercia en esas costas, ora dictando 
reglamentos para la pesca de anfibios, ó prohibiéndola por : 

'que el desorden con que se ha hecho en Ks costas de Patagones, 
ha producido la escases de ellos. » 

Como lo dice el decreto de 28 de octubre de 1829, ó 
creando la comandancia política y militar en las Islas Mal- 
vinas, para hacer cumplir en ellas 1 is leyes de la República 
y cuidar en sus costas de la ejecución de sus reglamentos 
sobre pesca. Los considerandos del decreto de 10 de 
Julio de 1829, son pertinentes y de importancia en esta 
cuestión : 

< Cuando, dice, por la gloriosa reTolucion de 25 de mayo de 1810, 
se separaron estas provincias de la dominación de la Metrópoli, la Bspa* 
fia tenia una posesión material de las Islas Malvinas j de todas las 
deroas que rodean el Cabo de Hornos, incluso la que se conoce bajo la 
denominación de Tierra del Fuego, hallándose justificada aquella pose- 
sión por el derecho de primer ocupante, por el consentimiento de las 
principales potencias moritimns de la Europa, y por la adyacencia de 
estas islas al continente que formaba el Vireynato de Buenos Aires, de 
cuyo gobierno dependían • Por esta razon, habiendo entrado el gobierno 
de la República en la sucesión de todos los derechos que tenia sobre 
estas provincias la antigua Metrópoli, y de que gozaban sus vireyes, 
ha seguido ejerciendo actos de domiuio en dichas islas, sus puertos y 
costas, «pesar de que las circunstancias no hnn permitido hasta ahora dar 
á aquella parte del territorio de la República la atención y cuidados que 
so importancia exige; pero siendo necesario no demorar por mas tiem- 



16 NUBVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

po las medidas que puedan poner á cubierto los derechos de la Repá- 
blica, haciéndole al mismo tiempo gozar de las ventajas que puedan dar 
)o8 productos de aquellas islas, asegurando la protección debida á su 
población, el gobierno ha acordado y decreta, etc. > 

Don Luis Yernet fué nombrado en dicho año coman- 
dante militar y político, y el comandante Pinedo, de la 
goleta de guerra nacional Sarandl le puso en posesión de 
su gobierno. ¿ Qué hizo Chile en presencia de estas pábli « 
cas declaraciones de la soberanía y dominio de la Repúbli- 
ca Argentina ? ¿ Porqué no protestó ? ¿ Por qué no hizo 
valer sus pretendidos derechos á toda la Patagonia ? Las 
Islas Malvinas y todas las adyacentes al Cabo de Hornos, 
las costas marítimas patagónicas, pertenecen al territorio 
de !a República, porque son del continente que formaba el 
Vireynato, en cuya posesión y dominio sucedió al rey de 
España, la República Argentina. El gobierno de Chile 
guardó silencio, por que sabia que las Cordilleras forma- 
ban su límite oriental. 

Es evidente que los presidentes de la Capitanía general 
de Ghile, no podian poblar ninguna de las costas marítimas 
del Atlántico, ni del Estrecho de Magallanes, por que sepa- 
rada de la gobernación de Chile en 1776 la dilatada pro- 
vincia de Cuyo, como lo habia sido la de Tucuman, Juries 
y Díaguitas en 1563, quedó reconocido que la Cordillera 
era el limite arcifinio de la capitanía general, como así 
se estableció al crearse en 1783 las intendencias de San- 
tiago y Concepción. Los presidentes de aquella Capitanía 
ni sus autoridades, no trasmontaron jamás la Cordillera, 
porque en infinita serie de notas oficiales, reconocieron 
siempre que ese era el límite oriental de su gobierno. En 
la frecuente y extensísima correspondencia cambiada entre 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO-AMERICANO 17 

las autoridades de la Capitanía geneial de Chile y las 
del Yireyoato^ con motivo de las relaciones con los indios, 
de los parlamentos que aquel gobierno celebró con ellos, y 
aun el de la defensa de las costas de uno y otro mar, se 
reconocerá que la Cordillera era el límite divisorio de los 
dos distritos gubernativos. 

El presidente de la Capitanía ni podía invocar, ni invocó 
jamás ningún título, orden ni comisión del rey, para 
ejercer jurisdicción en el Estrecho de Magallanes, ni en 
las costas marítimas patagónicas. La jurisdicción guber- 
nativa estaba limitada á las costas marítimas del Paciñco, 
pues la intendencia de Chile continuó sujeta al virey de 
Lima. Por el contrario, los gobernadores y después los 
vireyes de Buenos Aires, ejercían jurisdicción y dominio 
en todas las costas é islas del mar Atlántico hasta el Cabo 
de Hornos, por que ese era el distrito de su gobierno. 

Malvinas y la guarnición de la Soledad era, debía ser y 
fué el apostadero marítimo del mar Atlántico, la recalada 
necesaria para los viajes anuales de esploracion y recono- 
cimiento en las costas patagónicas hasta el Cabo de Hornos: 
su gobernador era subordinado y dependía del vírey, y 
esas islas haciaa parte de la diócesis del obispado de 
Buenos Aires, de la jurisdicción judicial de la Audiencia 
Pretorial y del Real Tribunal del consulado. • 

Por consiguiente, en ningún caso podía por autoridad 
propia el presidente de la Capitanía general de Chile, ejer- 
cer jurisdicción y dominio en las costas patagónicas y 
extremidad austral, puesto que hacían parte del distrito del 
Vireinato. La jurisdicción de aquel presidente fué limitada 
meramente á las costas del mar Pacífico, en !a parte que 
baoa los distritos de las intendencias de Concepción y San- 

TOMO IZ 2 



18 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

tiago, territorio perfectamente limitado y al eual se cir- 
cunscribia el mando del presidente, una vez que en 1783^ 
ese gobierno fué em mcipado por el rey de la subordinación 
y dependencia en que habia estado del virey de Lima. Ya 
entonces se reconocía que la acción de esos gobiernos debia 
ejercerse en mares distintos, porque eran diversos los inte- 
reses que el rey les eníomendó guardar, conservar y 
defender ; hecho que reconoce el señor Vicuña Mackenna 
corao resultado de las necesidades geográficas y de la confi- 
guración del territorio. Ni en la época colonial se entro- 
metieron los de un lado con los del otro; ejercian su acción 
gubernativa diferente teniendo como valla la gran í3ordi- 
llera, que los separa geográficamentej pero que no los 
constituye en pueblos enemigos, sino á la inversa, en pueblos 
vecinos, ligados por el comercio, con producciones distintas, 
que el uno produce y el otro consume. Intentar alterar ese 
límite, violar el derecho histórico y geográfico, es descono - 
cer la misión que á uno y otro pais corresponde. El señor 
Vicuña Mackenna en su artículo ya citado, ha caracterizado 
bien esa misión ; pero la .lógica y el patriotismo le obliga- 
ban á reconocer que su gobierno no puede trasponer la 
Cordillera para salir al Atlántico, que él confiesa está reser- 
vado á los argentinos, por la historia, por la geografia y por 
el lUi possidetis de derecho del año diez. 

Dados estos antecedentes, perfectamente exactos, funda- 
dados en documentos oficiales y resoluciones de S. M., es 
evidente que el gobierno del reino de Chile no ejerció ni 
pudo ejercer acto alguno de dominio en las costas patagó- 
nicas, porque habria violado las leyes de Indias metiéndose 
en eldominio, en el distrito de otro gobierno, y desde luego 
no tenia posesión en 1810 de territorio alguno de este lado 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO-AMERICANO 19 

de la Cordillera de los Andes. No tuvo posesión in actu, 
pero ni la pudo tener in potentia; no puede alegar ni el 
hecho, ni el derecho. 

La República Argentina puede alegar á su favor la pore- 
sion efectiva y el derecho para tenerla, bastándome citar 
como título el de la creación del Vireinato. La i'eal orde^ 
ñama de intendentes de 1782, estableció que fuese gobier- • 
no intendencia de la capital el territorio de la diócesis, que 
como se sabe, comprendía la costa patagónica y Malvinas, 
y por tanto, ese era el distrito de la intendencia, cuya esten- 
sion geográfica no fué alterada, apesar de haberse supri- 
mido el empleo de intendente general sub-delegado de 
real hacienda, puesto que el gobierno-intendencia en 1 is 
cuatro causas de hacienda, policia, guerra y justicia fué 
ejercido por el teniente-gobernador, don Garcia Cárdenas, 
y por los nombrados después de la revolución como gober- 
nadores intendentes h'dst'x 1818. 

He espucsto, apoyándome en numerosísimas pruebas, 
que la diócesis de Buenos Aires (1) comprendía la Patago- 
nia, que los establecimientos de las costas marítimas hacian 
parte de la grey del prelado, y que por tanto, ese era terri- 
torio de la intendencia misma de la capital, conio lo era de 
la jurisdicción de la Audiencia. Numerosas, terminantes y 
repetidas son las resoluciones del rey que declaran que los 
comisarios superintendentes de dichos establecimientqs esta- 
ban subordinados al virey, de la misma manera que todos 
los demás del distrito del Vireinato. Tan cierto es esto, que 
el virey Vertiz ordenó que el comisario superintendente del 



(1) Véase «obre estn mot-ría el libro: — Vireinato dbl Rio de La 
Plata, 1776-1810. 1 v. iu 8^ mayor de 664 pAg , Buenos Airud, imprenU 
de Biedma^ 1881. 



I 



20 NURVA RBVISTA DE BUENOS ÁIRBS 

Rio Negro tuviese jurisdicción hasta el 44 grado, y el que 
residia en San Julián hasta el Cabo de Hornos, resolución 
qae fué espresamente aprobada por el rey. Esas eran por 
lo tanto costas marítimas del Yireinato, de la misma manera 
que las tierras interiores de este lado de los Andes, espío* 
radas por Amigorena, por Esquibel Aladoco, y cuyos indios 
hasta las partes mas lejanas, ocurrían á las fronteras de 
Mendoza en acatamiento de la autoridad á que debian obe- 
diencia, pues para ellos mismos, las parcialidades que mi- 
raban de este lado de las Cordilleras no debian obediencia al 
presidente de Chile, y las de aquel lado de las Cordilleras 
tampoco reconocían sujeción respecto de los del Vireinato. 

El procurador síndico del cabildo de Buenos Aires, soste- 
nía que los territorios del sur pertenecian á la ciudad y 
provincia, y por eso en 1803 pretendía establecer poblacio- 
nes en lo interior para dar mayor importancia á los esta- 
blecimientos de las costas marítimas patagónicas, y asi lo 
reconocia el Cabildo mismo, por cuya razón apoyó la soli- 
citud cerca de S. M. y del consejo de Indias. 

Todos estos hechos prueban que esos ' territorios hacian 
parte del distrito gubernativo del virey, que constituí a n el 
territorio de su mando, cuyo limite arciñcio y legal era la 
Cordillera de los Andes. En estas comarcas no hubo, no 
pudo legalmente existir mas autoridad que la del señor del 
territorio, que era el representante del soberano, en su cali- 
dad de virey; así lo reconocian, repito, hasta los mismos 
indios, justificando la tradicional división legal de indios de 
Chile y Cuyo, de Tucuman, Paraguay y Rio de la Plata, 
según fuese el territorio donde vívian, división que estible- 
ció la misma Recopilación de Indias. 

Bajo múltiples aspectos se presenta la cuestión guberna- 



DERECHO INTEBNaGIONAL LATINO -AMERICANO 21 

tiva, ora como gobierno militar, político y civil, como inten- 
dencia, como diócesis de obispado, como jurisdicción terri- 
torial de la Audiencia y del real Consulado y bajo todos 
estos aspectos, el distrito geográfico en que deben ejercer 
sus funciones las diversas autoridades, tiene los mismos 
límites geográficos tomándolos de la topografia de los luga- 
res, de la forma geográfica de las comarcas; y por eso, la 
gran demarcación del Vireynato tiene al occidente la Cordi- 
llera, al oriente el Océano Atlántico, y dentro de esos mis- 
mos limites, la Intendencia de la capital, la Audiencia preto- 
rial, el Consulado y la diócesis de Buenos Aires; y á 
principios del siglo en 1807, la de Córdoba, de la que hizo 
parte la provincia de Cuyo, que se dividió del obispado de 
Santiago precisamente para que la Cordillera fuese el límite 
de todas las autoridades y en todas materias. La historia 
de la colonia, en las complejas relaciones de una adminis- 
tración tan vasta y complicada como la del Vireinato, pro • 
porciona los elementos que establecen la certidumbre 
respecto del uti possideiis de derecho del año diez. En 
efecto, la creación del Vireinato del Rio de la Plata tuvo 
por objeto satisfacer necesidades políti(:as, para evitar los 
posibles peligros de la conquista extrangera y para conte- 
ner la ambición lusitana. Como era natural, se tomó como 
base lógica, prudente y racional para esta gran división de 
los dominios de la corona, los límites arcifínios que acentua- 
sen la fisonomia física del gran reino que S. M. quiso formar 
en la América meridional. Era necesario tener en cuenta 
loa intereses del comercio, la influencia que ejercería ó 
debería ejercer en el desenvolvimiento de la agricultura y 
de la industria esta grande y trascedental reforma. Y 
tanta y tan grande fué la importancia que se quiso dar al 



22 NUEVA REVISTA DB BUENOS AIRES 

nuevo Vireinato, que se le dio nada menos que el célebre 
y tfibuloso Potosí: todo el Alto Perú, con el prestigio de su 
antigua Audiencia de Charcas, sus ricas ciudades, sus minas 
prodigiosas, y al mismo tiempo la ciudad mercantil de la 
embocadura del Plata, como asienfo del gobierno del vírey. 
Mirando sobre el mapa las grandes líneas de este vasto 
pais, ocurre suponv-^r que podia ser tal vez un reino futuro 
en el cual quizá soñaba algún ambicioso levantar un trono, 
y constituir en América las ramas coronadas de la familia 
reinante en la península, y este fué, en efecto, el pensamiento 
del conde de Aranda. 

* 

Parece evidente que el rey, que así agrupaba á los terri- 
torios de sus grandes dominios, que separaba del mando del 
virey de Lima todo el Alto Perú, no pensó, no podia pen- 
sar, que él, monarca absoluto, señor soberano de la América ' 
española, no pudiera hacer libromenfe la mejor división 
gubernativa de los mismos, porgue en la primera época del 
descubrimiento, cuando no se cjnocia la geografía de 
paises que se trataba de descubrir, hubiese señalado gober- 
naciones con límites imaginarios, inconvenientes ó peligro- 
sos. Tal idea pueril y necia, no pudo preocupar á ninguno 
de los miembros del consejo de Indias, y nadie ocurrió á los 
archivos de la cancillería para consultar las antiguas capi- 
tulaciones, cuy la obligaciones se hablan cumplido ó extin- 
guido, porque no se daban gracias perpetuas, sino la pro- 
piedad de la tierra y los títulos nobiliarios. 

Pues bien ! lo que á nadie racionalmente pudo ocurrir, es 
lo que ha ocurrido á los encargados de sostener las preten- 
siones de la República de Chile. Invocan como título de 
dominio, el nombramiento de gobernadores ! Lt gracia del 
rey en favor de un súbdit , quieren convertirla en. título 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO- AMERICA NO 23 

de dominio en favor de la República, cuya acción heredita- 
ria no se conoce ! ¿Qué importa que á don García, Aldereto 
ó Quiroga, diera el rey ó quien derecho tuviera, estos 6 
aquellos límites para su gobernación ? ¿Es esto por ven- 
tura enagenacion de la soberania ? ¿ Se obligó S. M. á no 
cambiar jamás esas demarcaciones ? Si el rey es el sobe- 
rano, él y solo él tiene el derecho de decidir como monarca 
absoluto cual es la demarcación territorial que conviene 
para sus propios dominios. Esto no admite controversia. 

Y sin embargo, en discusiones diplomáticas, se ha inten- 
tado hacer valer un contrato para el descubrimiento ! un 
titulo de empleado ! para derogar reales cédulas. . . . 

En la discusión sostenida entre el ministro de relaciones 
exteriores del Perú, con el del Ecuador, pretendiendo este 
que la real cédula de 17 de julio de 1802 que separó de la 
presidencia de Quito el gobierno y comandancia general 
de Mainas para incorporarlo al Vireinato de Lima, no debió 
cumplirse por cuanto el presidente de Quito, barón Carón - 
delet, habia suplicado de esa disposición fundado en la ley 
24, lib. II. tít. 1. Recopilación de Indias — decia el ministro 
peruano lo siguiente : 

« En el rógímeu absoluto de los Reyes de España, eu que las leyes 
emanaban de una autoridad suprema, que no reconocía mas límites que 
su propia voluntad, los intendentes y vireyes de sus colonias no podian 
contradecir, ni negHrse al cumplimiento de los decretos, órdenes reales ó 
cédulas dictadas con toda la fuerza de una ley, sin trastornar en sus bases 
el sistema absoluto. Afirmar lo contrario, seria conámdir lastimosa- 
menta la potestad inadmisible de esos cuasi -autócratas con la simple 
facultad de hacer observaciones ó de suplicar, concedida en la ley de 
Indias citada. 

« Olvidaríanse, por otro ludo, los principios de la ciencia administra- 
tiva, si se concediera al vi rey de una colonia, mero delegado de la potes- 



24 NUEVA REHSTA DE BUENOS AIRES 

tad real y del gefe mismo de la metrópoli, de qaíen le Tenia toda la 
autoridad, el derecho de dar ó no pase á las células, como asegura 
el fleñor Matta de la de 1802; porque esto seria considerar iguales en la 
facultad de mandar al monarca absoluto de las Españas y ¿ un virey, 
seria tratarlofs como á soberanos independientes. Por consiguiente, sin 
dar á la palabra pase una significación que choca con el sentido común, no 
se puede deducir que la cédula ce 1802, que era verdadera ley, cuya 
modificación solo era dada al que tuvo el poder de dictarla, debiese 
quedar sin efecto, para asegurar que lo que son derechos legítimos 
del Perú entren en la condición de simples pretevMofies» ¿ Cuál ha sido 
el gefe de a!gnna de las diferentes secciones de las antiguas colonias 
españolas que, armado del veto^ haya detenido las diversas desmembra- 
ciones y circunscripciones territoriales ordenadas por el soberano abso- 
luto, en cuyos dominios jamás se ponia el sol ? • ¿ Quién, que no hubiese 
sido ca 4igado como un rebelde, si al erigirse en vireinato la presidencia 
de Santa Fé en 1718, al extinguirse luego, a! restablecerse después en 
1789, ó al separarse del Perú é instituirse en 1776 el vireinato de 
Buenos Aires, no hubiese dado cumplida y perfecta ejecución á las de- 
terminaciones del gabinete de Madrid ? » 

Ahora bien, si es incontestablemente exaota la doctrina 
legal espuesta por el señor ministro del Perú, en un debate 
diplomático con el Ecuador, mucho mas clara y evidente 
es la doctrina que sostengo, de que las cédulas reales no 
podían ser derogadas por .capitulaciones anteriores para 
el descubrimiento y conquista ni por los nombramientos de 
gobernadores y de adelantados. El presidente del reino 
de Chile no suplicó al rey, cuando éste desmembró de su 
gobierno la dilatada provincia de Cuyo, y no bastaría que 
hubiese suplicado, seria preciso probar que el rey aten- 
diendo la súplica hibia derogado la real cédula de 1° de 
agosto de 1776 que creó el Vireynato de Buenos Aires, así 
como decia el ministro del Perú al dirigirse al del Ecuador, 
seria preciso probar que el virey de Santa Fó ó el presiden- 



DBRECHO INTfiRKAGIONAL LÁTINO-AMBRICANO 25 

te de Quito, suplicaron á S. M. y queá mérito de ello modi- 
ficó ó alteró la cédula de 180.3; pero lejos de eso se vé 
que el rey ratificó esta cédula, cuando por real orden de 
7 de octubre de 1805 aprobó la erección pontificia del 
obispado de Mainas, lo mismo que aconteció cuando en 
1783 creó la Audiencia pretorial de Buenos Aires cuyo 
distrito judicial lo componían las provincias de Buenos 
Aires, Paraguay, Tucuman y Cuyo, y cuando en 1807 se 
erigió el nuevo obispado de Córdoba, segregando del de 
Santiago la misma provincia de Cuyo. 

De . manera que es una doctrina recibida en los debates 
diplomáticos entre los Estados hispano-americanos, que 
las desmembraciones territoriales contenidas y espresadas 
en reales cédulas, constituyen un título de dominio inter- 
nacional en los nuevos Estados. 

El plenipotenciario del Brasil, señor Pereyra Leal, en el 
debate con motivo del tratado de límites celebrado entre 
Venezuela y el Imperio, decia : 

« El virey de Nueva Granada cumplió termioantemeDle la real cédula 
de 1802, y no le ocurrió cosa alguna que representar acerca de la segre- 
gación de Mainas dd Vireinato, é incorporf.cion al Perú. Al conirfirio, 
da dos razones en favor de la separación : una la distancia á que se 
hallaba Mniuas de Bogotá y hasta de Quito, y otra, lo gravosa que 
era su dependencia de Nueva Granada. » (1) 

Exactamente lo mismo que aconteció cuando la segre- 
gación de la provincia de Cuyo, ni el virey del Perú, ni el 
capitán general del reino de Chile suplicaron por esa des- 
membración, y la súplica del Cabildo de Santiago fué 



(1) Memoria ofrecida á la connderacion de los honorables senado- 
res y diputculos etc , Caracas, 1860, pág. 176. 



26 NUEVA RBVISTA DB BÜBN03 AIRES 

anterior á la creación del Vireynato ; y lejos de ser aten- 
dida fué desoída, pues el vírey de Lima convenia en la 
imposibilidad de gobernar tan dilatados territorios. Cito 
la opinión del ministro del Perú, me apoyo en la de un 
diplomático brasilero, para demostrar cual es la doctrina 
internacional en la materi i. con arreglo á la cual se celebró 
y aprobó el tratado de 5 de Mayo de 1859 entre Venezuela 

« 

y el Brasil. 

Cualquiera que sea, pues, el tenor del titulo de nombra- 
miento de gobernador de Chile, ese título es una gracia del 
rey que en su calidad de soberano podia revocar, y que con 
frecuencia tenia término fijo. El rey no pudo demembrar 
su soberania, no quiso, no consintió un minidio majestatis 
ni crear señores feudales en América, que pudieran hacer 
sombra al poder absoluto del rey de España, que habia ya 
unificado la monarquía en la península y destruido el feuda- 
lismo anárquico. Los adelantados, los gobernadores, eran 
empleados de S. M.; de él recibían la gracia de su nombra- 
miento, y es evidente que pudíendo revocar el nombramien- 
to mismo, con mucha mayor razón podia desmembrar y 
dividir el territorio de las gobernaciones 

Se pretende por ventura que esos nombramientos son 
título traslativo de dominio ? ¿ Enagenó el rey su sobera- 
nia ? Evidentemente nó. 

De manera que, repito, sean cualesquiera que fueren los 
límites que S. M. señalase para la gobernación de don García 
Alderete ó Quiroga, esos títulos no pueden oponerse con 
buena fé, al tenor espreso de las cédulas y resoluciones del 
rey, que hizo después otras divisiones administrativas, 
según entendió que convenia al interés de su corona y de 
sus vasallos. Para sostener que esos títulos de gobierno 



DERECHO INTERNACIONAL LATÍ NO- AMERICANO 27 

eran perpetuos y limitaron la soberanía del monarca, 
seria preciso suponer que el feudalismo vencido en la me- 
trópoli por la uniflcacion del reino bajo la corona de los 
reyes católicos, renacia en América por la propia voluntad 
de los monarcas, lo que es inverosimil ó históricamente íalso. 

Si se supone que el rey hizo las nuevas divisiones guber- 
nativas de la Capitanía general de Chile y del Vireinato de 
Buenos Aires en perjuicio de terceros, cuyos derechos per- 
judicados no podia atacar, ocurre preguntar ¿quién repre- 
senta esos derechos y cual el título para la representación ? 
El rey no enagenó jamás la soberanía eminente de sus do- 
minios, aun sobre aquellas tierras que transfirió á la pro- 
piedad privada; el dominio eminente y el imperio es atri- 
buto de la corom, y de ello no se desprendió, no pudo 
desprenderse, sin crear gobiernos independientes, ó feudos 
señoriales. Mientras tanto, las capitulaciones para el des- 
cubrimiento y la conquista, eran contratos para descubrir 
y poblar ciertas porciones territoriales que se fijaban, y cuyo 
gobierno se daba por dos ó tres generaciones á favor de los 
descubridores, sus descendientes ó quien su derecho hubiere; 
pero tales territorios continuaban pert )neciendo á los do- 
minios de la manir juia, y el dominio eminente y el imperio 
no fué nunca materia de tales contratos. 

Por consiguiente, vencido el término, retrovertia á la 
corona hasta el derecho mismo de nombrar gobernadores, 
adelantados, capitanes generales, vireyes y presidentes, y 
es fuera de duda que el rey tenia pleno derecho, como 
soberano, para ampliar, restringir ó modificar el distrito 
geográfico de esos gobiernos de sus mismos dominios. 

No es rebuscando los contratos ó capitulaciones para la 
conquista, ni los nombramientos de. gobernadores concedí- 



28 NÜKVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

dos por real gracia á favor de éste ó de aquel, que se ba de 
probar el uti possideíis de derecho del año dier; único 
])unto capital en la presente controversia. Y mucho menos, 
si aquellas capitulaciones ó nombramientos de gobernadores 
están en contradicción con reales cédulas posteriores, con 
el hecho mismo de la posesión que debe probarse. 

La discusión diplomática debió contraerse exclusivamente 
con arreglo al artículo 39 del tratado de 1856 y á la regla 
jurídica de derecho internacional americano, á probar cual 
era el tUi possideíis de derecho del año diezy porque ese 
hecho constituía por mutuo convenio los límites de am- 
bas naciones. La discusión no debió separarse de este 
objetivo. Se trataba de probar un hecho, valiéndose como 
es natural de todos los medios de prueba, reales cédulas, 
disposiciones reales, correspondencia oñcial de las auto- 
ridades, informes, declaraciones de testigos ; pero seria 
absurdo que al hablar de disposiciones legales, se preten- 
diese que solo tienen fuerza de ley las recopiladas en el 
Código de Indias, por que las posteriores quedarían dero- 
gadas por quien no tiene derecho para hacerlo. La ley es 
argumento capital, pero muchas leyes de la Recopilación 
han sido modificadas ó abrogadas por resoluciones reales 
posteriores á su publicación, que por tanto no pueden 
figurar en aquel código, pero que tienen fuerza de ley, 
puesto que han sido promulgadas y cumplidas. Entre 
éstas figuran las reales cédulas y las reales órdenes, las 
ordenanzas, las pragmáticas^ las resoluciones de S. M, 
cualquiera que sea la forma externa. Todos estos docu» 
montos son los medios legítimos de prueba. 

£n esta materia, las resoluciones posteriores derogan las 
anteriores : una real cédula de fecha posterior puede doro- 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO-AMERICANO 29 

gar expresamente otra anterior, puede derogarla tácita- 
mente cuando son contrarias. La indagación era muy 
sencilla y el procedimiento muy lójico. ¿ Guales fueron las 
últimas disposiciones de S. M. que demarcaron los títulos 
gubernativos de esta parte de la América meridional ? La 
cédula de V de agosto de 1776 que creó el Vireynato: la 
que aprobó la creación de las dos intendencias de San- 
tiago y Concepción y emancipó la Capitania general de 
Chile de la subordinación del virey de Lima en 1783. 

Luego, pues, probar cuales eran esos límites para esta- 
blecer el título, y probar luego el uti possidetis del año 
dieZf era resolver la cuestión sin complicaciones, sin pasión, 
amistosamente^ como lo establece el artículo 39 del tratado 
de 1856, y con arreglo á la ley internacional americana. 

Ahora bien : el nuevo obispado de la provincia de Cuyo 
fué separado de la Capitania general de Chile, para incor- 
porarlo en el distrito del Vireynato que se creó en 1776. 
Esa provincia, según el auto de la Junta de poblaciones 
de Chile de 20 de setiembre de 1752, estaba dividida por 
la Cordillera del reino de Chile, llegaba hasta el Estrecho, 
de Magallanes y colindaba con Buenos Aires y Córdoba. 
Esa misma provincia fué desmembrada del distrito judicial 
de 1 1 Audiencia de Santiago cuando se fundó en 1783 la 
Real Audiencia pretorial de Buenos Aires, cuyo distrito 
se formó de las cuatro provincias de Buenos Aires, Tucu- 
man, Paraguay y Cuyo. Y por último, esa misma provincia 
de Cuyo faé dividida del obispado de Santiago, para for- 
mar en 1807 el nuevo obispado de Córdoba, con la exten- 
sión y territorios del gobierno-intendencia del mismo 
nombre, uno de los del Vireynato. Es evidente entonces 
que el límite arciflnio occidental fué la Cordillera de los 



30 MUKVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

Andes. Así, pues, en 1810 no pudo tener posesión alguna 
de este lado de las Cordilleras la Capitanía general porque 
este era el distrito del Vireynato. 

El territorio de la gobernación de Chile ha tenido una 
serie de desmembraciones, en virtud de las necesidades 
de los habitantes, y de los obstáculos que la geograña ofre- 
cia para la comunicación de uno y otro lado de los Andes. 

En 1563, Felipe 11 le desmembra las provincias de Tucu- 
man, Jurios y Diaguitas, teniendo en consideración preci- 
samente las dificultades que la Cordillera oponia para que 
desde Chile fuesen éstas gobernadas. En 1776, le separa 
el rey la dilatada provincia de Cuyo, por la misma dificul- 
tad de la Cordillera, cerrado su paso entonces durante seis 
meses del año, y por último es expresamente separada de la 
audiencia de Santiago y del obispado del mismo nombre. 

El territorio de Chile quedó reducido y estrecho, como 
ló decia el cabildo de Santiago cuando suplicaba á S. M. no 
separase la provincia de Cuyo de aquel gobierno. Formó 
asi esa histórica y conocida foja de territorio, cuyos límites 
han sido trazados por la naturaleza, como lo confiesan los 
escritores chilenos, los historiadores, su^ hombres de esta- 
do, el eminente Portales, entre otros. 

Cuando el rey quiso que ese tsrritorio tan estrecho, tan 
poderosamente deslindado por las cordilleras y el mar, 
gozase délos beneficios délas reformas administrativas que 
habia. introducido en la administración del Vireynato, por 
la nación de los gobierno-intendencias, comisionó al virey 
del Perú, caballero de Croix, y al intendente 'jeneral y 
8ub-deiegado de real hacienda en aquel Vireynato, don 
Jorge Escobedo, para que estudiasen la forma de establecer 
intendencias en aquella capitanía general. He historiado 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO -AMERICANO 31 

la manera como procedieron, los informes que recogieron, 
todo lo que dio por resultado que fundasen las intendencias 
de Santiago y Concepción en 1783, con los mismos distri- 
tos de los obispados, teniendo por límite oriental la Cordi- 
llera de los Andes, puesto que la dilatada provincia de 
Cuyo hacia ya parte del distrito del Vireynato de Buenos 
Aires. Para completar la reforma, emanciparon la Capi- 
tanía general de Chile de la subordinación en que estaba 
del virey de Lima, menos Chile que continuó haciendo 
parte de aquel Vireynato. Estos son los antecedentes 
legales para que la República de Chile pruebe cual es á 
su respecto el uti pomdeiis del año diez. Esas reformas 
estaban de acuerdo con el nuevo principio aceptado en el 
Congreso de Berlín — los límites arcifinios y las conve- 
niencias de los habitantes. 

Algunos escritores hispano-americanos pretenden que 
esas demarcaciones gubernativas eran arbitrarias, pero 
equitativas, inconvenientes, olvidándose que eran en la 
mayor parte de los casos, la consecuencia del estudio geo- 
gráfico del territorio y de los accidentes topográficos del 
suelo. 

• La España no siguió jamás iin sistema uniforme en el gobierno 
luterior de sus colonia», dice el señor Moncayo, y esta falta de unifor- 
D)idad ha producido gravísimas dificultades en los arreglos '^que han 
querido hacer posteriormente para establecerse y consolidarse defíniti- 
ramente. La jurisdicción creada sobre ciertos distritos territoriales no 
estaba siempre de acuerdo con las uecesidades é iutereses verdaderos de 
los pueblos que 16 habitaban. No se cousultnban las distancias ni los 
embarazos y dificultades que opouian los ríos caudalosos, las moutafiaa 
y los desiertos para la comunicación y comercio de los pueblos entre sí. 
No se atendía al origen du uua población, que aunque de una misma raía, 
editaba libada por afecciones de familia y por recuerdos locales no fáci'^ 



32 NUBVA REVISTA DB BUENOS AIRES 

lea de borrarse y extinguirse. No se adoptaba en fin, n¡n|[*tiiia de aque- 
llas medidas que sirven de fundamento á la uacionalidad de uu pueblo 
y de lazo á las diversas secciones de que se compone. Se creaban gran- 
des poderes para satisfacer grandes ambicionen y se dejaban fluctuando 
los intereses públicos A merced de la ignorancia y el despotismo. > (Ij 

Precisamente para corregir esos errores se creó el Virei- 

nato de Buenos Aires formándose un espediente, oyéndose 
á las autoridades civiles y eclesiásticas y tomando por base 

para la demarcación, los límites arcifínios. Por eso la Cor- 
dillera de los Andes fué el límite natural del nuevo gobierno, 
al que incumbía la jurisdicción y conservación de las esten- 
sas costas marítimas del Atlántico, y se creaba un. gran 
poder y una alta autoridad, para contener los avances de 
los portugueses, con tan excelente previsión y éxito, que 
creado el Vireinato en 1776, el año siguiente se firmaba en 
San Ildefonso el célebre tratado preliminar de limites entre 
las coronas de España y Portugal en 1777. No es, pues, 
absolutamente cierta la dogmática aseveración del señor 
Moncayo, puesto que la historia demuestra todo lo contrario. 
Si en los primeros tiempos las demarcaciones gubernativas 
fueron erradas, después y con empeño digno de alto elogio, 
el gobierno español trataba de corregir esos errores, y por 
eso en el distrito gubernativo del Vireinato, coinciden la 
jurisdicción militar, la política y la eclesiéstica, pues en 
1807 se demembraba el obispado de Santiago de Chile y se 
separaba la dilatada provincia do Cuyo para formar el 
nuevo obispado de Córdoba del Tucuman. Se procede asi, 
por las mismas razones que esponia el Marqués de Sobre- 
monte, gobernador intendente de Córdoba; para hacer 



(t) Colombia y el Brasil, Colombia y el Pem. Cuestión de limy 
ts$ por Pedro Moucnyo.— Vulparhiso, 18G2, 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO -AMERICANO 33 

desaparecer los inconvenientes que ahora recuerda el señor 
MoBcayo. 

Hay un falso criterio al referir los hechos de la época 
colonial; los errores disculpables, casi naturales de los 
primeros tiempos, se presentan como hechos normales, 
nacidos de propósitos menguados, de un despotismo sin 
contrapeso y sin ideas. Esto no es cierto: el gobierno colo- 
nial, apesar de gravísimos errores, hizo lo posible para 
los justos progresos en su sistemí administrativo coloniah 
abrió los mercados coloniales al comercio, descentralizó 
el poder, constituyó autoridades fuertes, pero sujetas al 
juicio de residencia, y el edificio administrativo, lo tundo 
dando por base los cabildos, el gobierno municipal con 
vastísimos poderes y erradamente con funciones políticas y 

judiciales, pero al menos, ese era el gobierno de la ciudad, 
la base popular y embrionaria del gobierno propio. 

De manera que no es — 

« sobre un edificio mal construido que preteuden Rlgunos gobiernos 
asentar la nacionalidad de las nuevas Repúblicas tomando por base el 
principio de la jurisdicción territorial, dice Moucayo, sin tener en cuenta 
que es tan variable é incierta como el sistema despótico de donde emana. 
La jurisdicción no guardaba mayor uniformidad que el sistema guber- 
nativo. En nnos distritos estaban separados el poder civil 7 adminis- 
trativo del poder eclesiástico, judicial 7 militar: en otros estaba repar- 
tida la jurisdicción política entre otros poderes que eran participantes 
de la misma autoridad, aunque no en el mismo grado de fuerza 7 
estension: en algunos el territorio estaba unido en cuanto á lo político 7 
judicial 7 dividido en cuanto á lo eclesiástico 7 militar. • 

Tampoco es imparcial y verídico el señor Moncayo: de 
algunos hechos aislados, deduce generalizaciones equivo« 
cadas. 

TOMO U Z 



34 nübva rbvista de buenos aires 

Quiero concretarme al territorio del Vireinato, y al de la 
Gapitania general de Chile. 

Dentro de los limites del Vireinato, el gobierno español 
trató de hacer coincidir Ja jurisdicción judicial, y creó en 
1783, la Audiencia pretorial de Buenos Aires, desmem- 
brando de la de Chile la dilatada provincia de Cuyo, sepa- 
rada por la Cordillera de los Andes, y asignó á la nueva 
Audiencia como su distrito judicial, las provincias de Buenos 
Aires, Paraguay, Tucuman y Cuyo. Por razón del : 

« considerable aumento y extensión que ha toaiado el comercio de 
América con la libertad concedida por mi augusto padre (dice la ceda* 
la de 80 de enero de 1794) en su reglamento del 12 de octubre 
de 1778. > 

No bastaban los dos únicos consulados en Lima y Méjico 
á causa de la dilatada extensión de ambas Américas, y 
por ello creó el real Tribunal del consulado de Buenos Aires, 
para cuyo distrito jurisdiccional se señaló el de todo el 
Vireinato del Rio de la Plata. 

Quedaba empero una irregularidad en la jurisdicción 
eclesiástica. La provincia de Cuyo estaba entonces sujeta 
á la diócesis de Santiago de Chile, y los inconvenientes 
administrativos que este hecho producía, fueron espuestos 
al rey por el marqués de Sobremonte, gobernador-inten- 
dente de Córdoba, y por corregir el mal se decidió aquella 
diócesis, se formó la nueva de Córdoba del Tucuman, 
con la provincia de Cuyo, de Córdoba y la Rioja, y creo 
que Santiago del Estero. Así quedaron, pues, completa- 
mente concordantes todas las jurisdicciones civil, militar, 
eslesiástica, de real hacienda y judicial, en el distrito del 
Vireinato, separado de Chile por la Cordillera de los Andes. 
Este hecho histórico prueba que el señor Moncayo comete 



/ 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO-AMERICANO 35 

un error en la generalización con que se expresa en las 
palabras que he transcrito. 

La Capitanía general de Chile fué separada del Vireinato 
del Perú en 1783, precisamente para las necesidades del 
buen gobierno, y por las exigencias del territorio, que fué 
dividido en dos intendencias, la de Santiago y Concepción, 
con el límite de la Cordillera, que fué el mismo de los obis- 
pados. 

Se ve, pues, que no hay verdad en la manera como se 
espresa el señor Moncayo, aunque como guia pueda citar- 
se como excepción uno ú otro hecho, como el que señala de 
que la provincia de Jien de Bracamoros dependió en lo 
político, militar y judicial del gobierno y Real Audiencia de 
Quito, y en lo eclesiástico, parte de la diócesis de aquella 
ciudad y parte de la de Trujillo j pero en 1802 fué agrega- 
da al obispado de Mainas, sufragano del arzobispo de 
Lima, agregándose al Vireinato del Perú la jurisdicción de 
ese gobierno, que fué desmembrado del Vireinato de Santa 
Fé, de cuya Real Audiencia también fué separado. De 
modo que el gobierno político, judicial y eclesiástico tuvie- 
ron los mismos límites territoriales, y esta mejora, que 
era un verdadero progreso administrativo, por la unidad 
territorial y gubernativa, es la mejor prueba de que el 
gobierno español corregía los errores, y estudiaba las ne- 
cesidades de sus colonias. 

De manera que, los gobiernos deslindados tal cual se 
encontraron en 1810, constituyen en general, demarcacio- 
nes convenientes para fundar nuevos Estados, y por ello, 
natural y espontáneamente se ha aceptado el principio 
jurídico del uti possidetis de derecho del año diez, para 
deslindar los territorios* 



33 NUBYA RBVISTA DE BUENOS AIRES 

El Vireinato de Linai sufrió grandes y sucesivas des- 
membracioneSy y algunas anexiones posleriores. 

La Real Audiencia de Quito fué creada en 1563, con las 
provincias desmembradas del Perú, sin que esta medida 
del rey atacase deret^ho alguno, puesto que era el sobera- 
no del territorio. 

« A nuestro modo de ver, dice un escritor sud- americano, la España 
en esa época hizo cabal y leg»il uso de sus soberanos derechos sobre 
estn parte de la América; sobre esos territorios descubiertos, conquis- 
tados 7 poblados por subditos suyos y por espediciones ordenadas por 
BUS TÍreyes de Lima. Ninguna ley quebrantó la Espafia, ninguuotí dere- 
chos atrepelló : y el propio Moncayo es de nuestra opinión pues nos 
dice que la España tranHfírió los derechos de la conquista á Quito. 
Pero si la España en 1663 tuvo el pleno derecho para disminuir los 
territorios del Vireinato del Perú, y formar un nuevo gobierno : el de 
Quito ¿ Porqué á la España se le niega ese mismo derecho, esa misma 
soberanía, cuando en 1802 restituyó parte de esos territorios, la pro- 
vincia de Mainas al Perú? Si en 1563, en que aun se ignoraba la 
verdadera geografía le estos vastos territorios ; en que sus circunstan- 
cias y conveniencias eran casi desconocidas, el gobierno español ordenó 
una demarcación, y esta es juzgada y aprobada como útil? porque en 
1802, en que ya se tienen mas conocimiento de las localidades y distan- 
cias, y se palpan con mas fundamento las ventajas ó desventajas de 
cualquiera medida, se le quiere negar á la España ese mismo derecho, 
y hacer creer que procedió atropelladamente y sin conocimiento de 
causa ? En 1663 se procedió á la separación sin formación de espe- 
diente, y sin recibirse los informes necesarios de las autoridades locales: 
en 1802 se procedió en virtud de un espediente que se había estndo 
formándose durante cinco años, y que habia sido apoyado por las mismas 
autoridades lócalos — separación que según veremos, la apuraba el mismo 
Virey de Bogotá y el Presidente de Quiso. Pero supongamos que los 
territorios de Muinas fueron cedidos en toda plenitud del derecho á Quito 
— ¿ por ésto quedó la España privada del derecho de soberanía, y de 
poder transferir esos mismos territorios áotra Audiencia ó Vireinato.» (1) 

El rey hizo en 1802 con la proviiicia de Mainas lo mismo 



(l) Aun las cuestiones de limites del Ecuador 6 sea Pudro Moncayo 
y su nuevo folletOy etc., por E. P., Lima 1862. 



DBRBGHO INTERNACIONAL LATlNO-AMBRlCANü 37 

que ejecutó en 1776 al separar de Chile la dilatada pro- 
vincia de Cuyo, como en 1563 habia separádole las pro- 
vincias de Tucuman, Juries y Diaguitas á causa de los 
inconvenientes que ofrecia la Cordillera de los Andes, por 
cuya^razon formó de uno y otro lado de las montañas dos 
gobiernos, perfectamente independientes entre sí. El rey 
ejercia un derecho soberano, y los subditos no tenian dere- 
cho para oponerse. Lo mismo que hizo en 1807 al des- 
membrar del gobierno- intendencia de Potosí la provincia 
de Tarija para agregarla á la intendencia de Salta, y 
constituir en su demarcación el nuevo obispado de ese 
nombre, desmembración que fué obedecida por don Fran- 
cisco de Paula Sauz, entonces gobernador-intendente de 
Potosí. 

Establecidos estos antecedentes históricos con estricta 
sujeción á las resoluciones del rey,, paróceme que se 
simplifica la cuestión entre la República Argentina y Chile, 
puesto que queda reducida á probar el hecho real de la 
posesión efectiva ó civil en 1810. 

Es de esta manera, según mi juicio, que ha debido colo- 
carse el debate internacional, puesto que solo e\uti possi- 
detis del año diez puede ser materia de controversia. 

Inútil considero por lo tanto la fatigosa indagación histó- 
rica en que se ha entrado sobre las capitulaciones, que ni 
es la historia de la conquista, ni mucho menos puede servir 
al esclarecimiento del debate sobre los límites pactados por 
el artículo 39 del tratado de 1856. 

Tal indagación es inconducente, contraría la regla jurí- 
dica del derecho internacional aceptada en los Congresos 
de plenipotenciarios americanos, en los tratados parciales 
y en las discusiones internacionales sobre esta materia en 



38 NÜBYA REVISTA DE BUENOS AIRES 

la América española; principios de derecho público que 
no pueden desconocerse y naucho menos cuando han sido 
expresamente incorporados á los tratidos de 1826 y 1856, 
precisamente por Chile y la República Argentina, y cuyo 
olvido llevarla á alterar las demarcaciones territoriales que 
se basan en la geografía y que han señalado límites arci- 
fínios entre las dos naciones. 

Y si no pudiera probarse, hablo hipotéticamente, el 
hecho posesorio por ninguna de las dos naciones — ¿ cómo 
podria resolverse la dificultad? — Paréceme incuestiona- 
ble q'ie sujetándose á las últimas resoluciones del rey, que 
señalaron las demarcaciones de los dos diversos gobiernos, 
es decir, por la posesión civil fundada en el título que creó 
el Vireinato, completando su organización interna por 
reales cédulas posteriores, y por la creación de las dos 
intendencias de Santiago y Concepción, fundamento para 
independizar el gobierno de la Capitanía general de Chile 
de su subordinación al Vireinato del Perú. 

Y la prueba es fácil y múltiple. Para probar que los 
mismos presidentes de la Ccipitania general de Chile, reco- 
nocieron que la Cordillera era el límite arcifínio oriental 
á su respecto, me bastarla citar en tr^ otros documentos 
ofloialcs, los parlamentos celebrados por las autoridades de 
Chile con los indios en 1775, 1783, 1793, y 1805, deque 
he hecho ya la historia detallada. Además, recordaría las 
numerosas notas oficiales de los presidentes de aquella 
Capitanía, en las cuales reconocen y confiesan que la Cor- 
dillera es el límite divisorio entre los dos gobiernos. Este 
es el comentario mas auténtico que puede ofrecerse á las 
resoluciones dictadas por el rey. 

Es doctrina no contradicha, que los líínites arcifinios son 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO -AMERICANO 39 

una necesidad y conveniencia tratándose de naciones ex- 
trangeras : doctrina de derecho internacional de que es ar- 
diente campeón el principe de Bismarck. El rey buscó ese 
limite, previo estudio sobre la topografla de los territorios, 
y teniendo en vista la conveniencia de la administración de 
las poblaciones y el bien del Estado, y por eso ordenó que 
la Cordillera dividiese el gobierno del Rio de la Plata de el 
de Chile. Si esa necesidad de la geografía y de la historia 
influyó en la resolución de S. M., tratándose de gobiernos 
de una misma monarquia, esas causas son mas poderosas y 
evidentes cuando se trata de los límites de dos naciones di- 
ferentes, perfectamente constituidas por la topografía de los 
territorios, para vivir en armenia y en paz, pero indepen- 
dientes entre sí. 

{Concluirá) 

♦ ♦ * 



ESTUDIO ME QUIEBRAS 



SEGÚN EL CÓDIGO DE COMERCIO ARGENTINO (M 



Be la declaración de quiebra j de aus efectos 

I — Para el estado de quiebra ¿basta la supension de pRgos ó e« ne- 
cetano una declaración judicial? II — Tiempo y tribunal en que se 
ha de hacer la manifestación del estado do quiebra 7 sus requisitos. 
— III. Casos en que se debe declarar la quiebra d^ oficio. IV. — 
Quiebra póstuína y sus requisitos. V. — Efectos de la quiebra de 
una sociedod. VI. — Efectos extra-territoriales de la quiebra; doc- 
trinas sobre ehta materia. VII. — 

I. — La cuestión, hoy, meramente histórica que forma 
el argumento del presente número, nos conducirá por un 



(l) VéaHe «NUEVA RK VISTA» t. II. p. 604-626, donde el ilustrado pro- 
fesor de la Universidad de Córdoba se o^upó del estado de quiebra y 
de 8U8 diferentes clases 6 sea del tit. I., lib. IV. C6d. de Com. Arg. 
El presente art y el que le seguirá tratan de la declaración de quie- 
bras y de sus efectos^ que es la materia del tit. Ii. del libro IV. Oód. 
de Com Arg. E^te nuevo art. del doctor Castellauo es, pues, la con- 
tinuación del anteriormente publicado por In «nueva revista.» Inútil 
parece recordar que las interesantes ^Leccvines sobre el Código de 
Comercio Argentino» del doctor CistelUno (de las cuales solo el t. 1. 
ha sido publicado — véase «nueva revista» t. I., p. 169) son el texto 
de la materia en la Uaiverctidad de Córdoba. 

N. de la Direc. 



BSTODIO SOBRB QUIERRAS 41 

camino sencillo al conocimiento claro de la diferencia entre 
el estado de quiebra y el de cesación de pagos, regla- 
mentada por los arts. 1521, 1532, 1533, 1534 y 1540 de 
nuestro Código. 

La jurisprudencia de los tribunales italianos y la opi- 
nión de sus principales jurisconsultos que, como hemos 
dicho, sirvieron de modelo á las primeras ordenanzas y 
edictos comerciales de Francia, no requerían declaración 
judicial para el estado de quiebra; la quiebra se deter- 
minaba por sí misma. (1) 

De este sistema resultaban dos dificultades 1" ¿ que he- 
chos ; qué actos era necesario que tuviesen lugar, para que 
pudiera decirse que un comerciante se encontraba en 
estado de quiebra ? Y, como el estado de quiebra producia 
ciertos efectos jurídicos en los actos anteriores ejecutados 
bajo su influencia, resultaba también un segundo inconve- 
niente, para establecer ese período anterior á él, sujeto á 
su influencia. 

De este caos surgió la siguiente declaración ó mas bien 
exclamación de los jurisconsultos — 

« No hay r«>gla determinada en derecho para probar la quiebra, iii la 



(1) Huy á eüte respecto discordancia entre los autores italianos : 
Ansaldo afirma : que la quivbrn, como escepcion legal, no podía invo- 
carse sino cut^udo habiu precedido una cesión formal de bienes^ 6 una 
sentencia; Stracchaufírma que: según la Constitución de Florencia el 
juez debia declarar en quiebra al que no pagaba á sus acreedores dentro 
de cierto término : Otros jurisconsultos italianos, entre los cuales 
figuran Cm aregis y Scaccia, afirman, por el contrario, que no era nece- 
saria declaración judicial ; que para probar la quiebra bastaba la fama 
ó notoriedad pública ; la confesión del mismo quebrado ó una solicitud 
ó petición de él. Madsé < Droit Commercial » t. 2^^ núm. 1166. 



42 NUEVA RBVISTA DB BÜBNOS AIRBS 

haj tampoco para fijar cuando uno se encuentra próximo á ella. •• (1) 

Eran en efecto, insalvables estas dificultades, por que 
I que hechos ; que actos constituirían el estado de quiebra ? 
— ¿ La falta de pago de una deuda evidente ? — Pero, 
cuantas veces un comerciante, para evitar este hecho paga 
con mercaderías ó renueva el plazo de su deuda, con con- 
diciones onerosas, ú ocurre á alguno de tantos medios que 
pueden emplearse para ocultar una verdadera insolvencia ? 

Quedaba, después de esto, el otro hecho ¿ Cual seria este 
tiempo anterior á la quiebra, que afectara de nulidad los 
hechos en él ejecutados ? La diversidad de opiniones que 
sobre él se manifestaron, prueba la absoluta carencia de 
reglas para fijarlo — Algunos creian que cuatro diaSj otros 
diejSj otros quince^ otros cuarenta etc. (2) 

No eran estos los únicos inconvenientes de la antigua 
legislación j no habiéndose establecido reglas que deter- 
minaran los efectos de la quiebra en los actos anteriores á 
ella, las opiniones de los jurisconsultos sobre esta materia 
eran en estremo divergentes ; pero girando, dice asi, al 
rededor de estos dos sistemas. El uno que estendia la 
incapacidad de el quebrado al tiempo anterior, inmediato 
á la quiebra ; el otro que reconociendo que la incapacidad 
de que la quiebra afecta al fallido no puede principiar sino 
desde el momento en que se encuentra en quiebra ; pero, 
reconociendo también que la perspectiva de la quiebra 

(1) Palabras de Casarrgis >' del cardenal de Luca, citadas por Massé 
* DroU Commercial • i. 2, p. 804 uúm 1147. 

Uno de los jurÍBConsaltos mas notables de aquella época, Gaearegis, 
es autor del siguiente aforismo « Entre la quiebra y la proximidad á ese 
estado no hay diferencia alguna en derecho. » 

(2) UñMé * Droit Commercial > t. 2. núm. 1211 y 1212. trata de 
esta materia y cita numerosas opiniones de tos jurisconsultos mas distin- 
guidos de Italia. Menochius, Casaregip, Straccha y otros. 



ESTUDIÓ SOBRE QUIEBRAS 43 

obliga al que se encuentra amenazado por ella, á ejecutar 
actos que pueden perjudicar á sus acreedores ; no decla- 
raba nulos los actos anteriores, sino cuando causaban estos 
perjuicios. (1) 

Los edictos y reglamentos mercantiles dictados en Fran- 
cia durante los dos siglos que trascurrieron desde 1609, 
(época de un edicto de Enrique IV) hasta 1808, en que se 
sancionó el CJódigo de Comercio, no ofrecen ninguna resolu- 
ción sobre las anteriores cuestiones. (2) 

El Código de 1808 estableció, por su art. 441 y siguientes, 
la necesidad de la dedaracion judicial^ para el estado de 
quiebra; autorizó al juez para determinar la época en la 
cual habia principiado la cesación de pagos y dispuso que : 
todos los actos verificados por el fallido con posterioridad 
á la época de la suspensión de pagos, eran nulos. Abrazó 
aun mas : fijó otra época de diez dias, anteriores á la 
cesación de pagos y dispuso que, los actos ejecutados en esa 
época podian ser nulos ó anulables, si se probaba fraude. (3) 



(1) ¡A»s&é id id núm. 1211 y 1212. 

(2) Se advrerte, sin nembargOi en estas disposiciones, cierta tenden- 
cia á someter los actos del fallido, ejecutados con prozitnidad á la q'iie- 
bra, á reglas especiales, diferentes de las establecidas por la acción 
pauliana, que se concedía por el derecho romano á los acreedores. 
Massé núrn. 1213 ; v. f. lib. 42 lít.. 11 1, quas in fraudem creditorum 
facta 8unt ut restituantur. 

Antes del Edicto de EnriqíielVy mencionado en el texto; desde 
1536, épo3a de Francisco 1*^, se habían dictado otras disposiciones 
generales sobre quiebra ; pero estas leyes solo se contraían á castigar 
la quiebra con atroz severidad, descuidando la parte relativa á loa 
intereses civiles de los acreedores. Renoird « Bancarrotas y Quiebras » 
tít. 1" p. 38, donde cita varias de estas leyes, todas anteriores á las 
Ordenanzas de 1678. 

(3) Massé analiza con erudición y habilidad estas instituciones en 
el núm. 1214 de su obra * Droit Commercial • t. 2. 



44 NUI2VA REVISTA DB BÜ&NOS AIRBS 

Estas disposiciones ddolcciaa de un doble error : Si la 
interdicción del fallido debia principiar desde la fecha del 
autx) que lo declaraba en quiebra, claro es que en la época 
anterior á este auto no había estado privado de la adminis- 
tración de sus bienes y que por consiguiente, sus actos 
fueron válidos, á menos que por circunstancias especiales 
algunos de ellos debiesen ser rescindidos ¿Cómo es entonces 
que la ley los declaraba nulos en su totalidad ? 

El otro error es relativo á la calidad de rescindibles que 
la misma ley atribula á los actos celebrados dentro de los 
die^ dias que precedieron á la época de la suspensión de 
pagos. En estos die^ dias el comerciante no se hallaba en 
suspensión de pagos : su giro marchaba con regularidad ; 
el que trataba con él no podia notar ninguna perturbación 
en la marcha de sus negocios, porque esta perturbación 
no había ocurrido tod¿ivia. Si esto era así ¿ qué fundamen- 
to podia tener la doctrina sobre estos diez dios, establecida 
por el Código ? (1) 

La ley de 28 de mayo de 1838, que modificó las disposi- 
ciones del lib. III del Código de 1808, reparó en parte los 
defectos que hemos censurado. 

El art. 443 de la indicada ley, estableció la interdicción del 
fallido en la administración de sus bienes «á partir desde 
su fecha >. Y el art. 446 de la misma, mirando hacia los 
actos anteriores á esta declaración, dispone la nulidad, no 
de todos sino únicamente de aquellos que, por sus circuns- 
tancias especiales, inducen sospecha de haber sido practi- 



(1) La critica qne hacemos al Código francés del año 8 está fundada 
en las opiniones de MaRsé, t. 2 núm. 1214, citadas, y este autor disculpa 
esta doctrina, atribuyéndola á una modificación introducida por el Con- 
sejo de Estado, sin uniformarse con el proyecto priojitivo. 



ESTUDIO SOBRB QUiEBRAS 45 

cados con el designio de preferir á algún acreedor siempre 
que hayan sido ejecutados. 

« Después de la época fijada por el tribunal á la cesación de pagos ó en 
los á\ez dias que la hubiesen precedido. » 

Estos artículos se habrían arreglado á la crítica hecha al 
Código de 1808, si no hubiesen incluido dentro de la época 
de la suspensión de pagos, esos diejs diaSf que por tradición 
venian conservándose en las diversas leyes y obstando á 
una perfecta reforma. (1) 

Felizmente el Código Argentino ha tomado solo la parte 
justa y equitativa de esta ley francesa. Ha dispuesto que 
la quiebra no produce efectos legales sino en virtud de sen- 
tencia. Art. 1521. Y ha dispuesto también que la inter- 
dicción del fallido, solo principia desde la fecha del auto de 
quiebra, art. 1533, 1534, 1535 y 1537 del Código. Aunque 
ciertos actos estén sujetos á ser anuladas, siempre que 
hubiesen sido ejecutados entre la época de la cesación de 
pagos y la de la declaración de quiebra. Art. 1540 del 
Código. (2) 

U. —En los arts. 1522, 1523 y 1524 nuestro Código se dis- 
pone : que la solicitud del estado de quiebra, cuando fuere 
presentada por el mismo fallido, sé haga dentro de tres 
dias desde la cesasion de pagos ; que se presente ante el 
tribunal del domicilio del fallido ; y que si fuere sociedad 



(li Massé en el núm. 1215 < Derecho Comercial > trató de la reforma 
introducida sobre esta materia por la Uy del año 38 j opina, que sus auto- 
res no comprendieron bien la diferencia ebtre el ouevo sistema y el anti- 
guo 7 que por eso conservaron esos diez dias anteriores á la cesasion de 
pagos, como parte de ese periodo. 

(2) El sistema seguido sobre esta materia por el Código de Fernando 
Vil es sumamente confuso. V. art. 1035, 1086, 1089 y otros del mis- 
mo tít. 3». 



46 NCETA lUmSTA DE BURNOS ÁIRBS 

con varias casas de comercio, se presente ante el tribunal 
á cuya jurisdicción estuviere sujeto el principal estableci- 
miento : debiendo llevar, en este caso, 1 1 ñrma y domicilio 
de todos los socios colectivos que estuviesen presentes ; 
que la manifestación debe contener la exposición de las 
causas que hubiesen motivado la quiebra, é ir acompañado 
de sus comprobantes, y también del balance. Agregan- 
do : que el escribano en cuya mano se pusiere esta solici- 
tud, debe poner constancia en ella del dia y hora en que le 
fué presentad¿i y dar de esto, si se lo pidiere, un certi- 
ficado. (1) 

La manifestación de quiebra es el fundamento de un 
juicio general, cuyo dos objetos capitales son : la distribu- 
ción de los bienes del fallido entre sus acreedores y la 
investigación de las causas que han producido la quie- 
bra. (2) 

Hé ahí por qué es necesario el balance y la esplicacion 
de las causas que han motivado la quiebra. No porque 
estos antecedentes suministrados por el fallido constituyan 
una prueba completa sobre estos hechos, sino para que 



(1) La necesidad de consignar la hora de sa presentación en la 
solicitud, no tiene otro objeto que el de estimular al escribano á cam- 
plir con el deber de presentarla en la oportunidad nías próxima , pues si 
el tribunal actúa á las doce del dia, una solicitud de quiebra presentada 
alas 11, deberla haber sido sometida al Juez en las horas de de9pacho 
de ese día. 

La mayor parte de estas prescripciones se contienen también eu los 
arts. 438 y 489 del Código francés ; comentados por Alauzet e'i el tU. 
6. p. 63 y sig. de su obra. 

En la p. 81 del i^. vol. de estas c Lecciones* hemos dado una idea 
del balance é inventario. 

(2) V. el núm. 111 del tít, anterior. < nueva rrvista • t. II p. 
e04 625. 



ESTUDIO SOBRE QUIEBRAS 47 

sirvaD de punto de partida á las investigacioDes que el 
tribunal debe hacer sobre ellos. 

Los bienes y los acreedores pueden ser mas 6 menos de 
los que en el balance presentado figuren y las causas de la 
quiebra diversas también de las manifestadas en la solici- 
tud. El Juez lo comprobará, usando de las facultades que 
se le acuerdan en el tít. 111 de este Libro. (1) 

La firma del fallido, sociedad ó individuo, es necesaria y 
no puede suplirse por la de un factor ó gerente, porque la 
presentación en qiiiebra es un acto trascendental y que no 
entra en las facultades de los gerentes, administradores ó 
factores de comercio. 

Pasemos ahora á ocuparnos de otras disposiciones mas 
fundamentales, contenidas en estos mismos artículos, que 
aun son para la ciencia problemas no resueltos. 

Designa el Código, como competente para declarar 
la quiebra, el tribunal « del domicilio del fallido > y dice 
que, cuando el quebrado fuere una sociedad, con diversos 
establecimientos de comercio dentro de la República, suje- 
tos á diversos tribunales, deberá formarse un solo concur- 
so y este deberá tener lugar ante el tribunal « donde se 
encontrarse el principal establecimiento. » (2) 

Obsérvase, en primer lugar, sobre esta doctrina : que el 
Código prescinde del domicilio realj que siempre es único 



(1) Bravard • Droit Cormnercial » t. 5 pág. 44 y sig. esplica estos 
requisitos, qae eran exigidos por la8 Ordenanzas de 1673» 

(2) Aanque es claro el sentido del Código, )>ara que no haya sobre 
esto duda algnna, el Congreso Nacional dictó una ley, en 2o de Agosto 
de 1878, por cuyo art 2 dispuso que en el caso de diversos establecí- 
míen tos comerciales, situados en diversas provincias, la quiebra se ins* 
tancie en aquel tribunal á que perteneciere el principal establecimiento. 



48 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

y existe donde la persona reside con ánimo de permane- 
cer^ (1) y somete el juicio de quiebra al domicilio legal ó 
de derecho^ que es diverso de el de la persona y que puede 
ser múltiple; pues es propio de actos determinados ó de 
establecimientos determinados (art. I"*., in. 2 y 4 yart. 12, 
tít; ^Dei domicilio » C6d. Civil Arq.) 

Aunque el Código de Comercio solo habla del caso de so- 
ciedad, con diversos establecimientos, la ley nacional, de 23 

de Agosto de 1878, no deja lugar á duda que la misma dis- 
posición debe aplicarse al caso en que los diversos estableci- 
mientos de comercio, sujetos á tribunales diversos dentro 
de la República, pertenezcan, no á sociedad, sino á indivi- 
duos. Art. 2 de la cit. ley. 

Estas disposiciones, que tienen por objeto reunir en 
un solo concurso diversos establecimientos comerciales 
cituados en la República, cuando uno de ellos ha suspendi- 
do pagos, parecen opuestas 4 la doctrina del art. 1531 del 
mismo Código : que legistando sobre la eztraterrUoriali" 
dad de la quiebra, ni dá efectos en la República á la que se 
ha declarado en país extranjero, en perjuicio de las perso- 
nas residentes en la República, ni permite que los concursos 
extranjeros se tengan en cuenta en las quiebras declara- 
das en nuestro país. 



(1) . Art. 1 tit *Del domicilio» Cóviigo Civil— Savigny, Derecho Boma- 
no^ t. 8 p. 61; — Story «Oíj coi\ftict etof Latos» C. lU §§ 39 á 48 observa, 
que tanto por las leyes romanas como por las opiniones de algunos eminen- 
tes jurisconsultos, siempre deben concurrir, para constituir domicilio : 
hecho é intención. En el } 46 analiza, el mismo antor, la cuestión de si 
una persona puede, á la vez, tener mas de un domicilio^ y demuestra, 
con laa sólidas razones delJuez Shw, que esto es incompatible con la su* 
micion que el domicilio impone á las ley**s, que pueden en el caso 
propuesto ordenar cosas opuestas^. 



ESTUDIO SOBRE QUIEBRAS 49 

Como sobre esta importante y difícil materia nos ocupa- 
mos en el núm. VI del presente tít. nos vamos á limitar, 
ahora, á breves observaciones sobre las relaciones ínter- 
provinciales, en materia de administración de justicia, 
según la Constitución Argentina. 

Nuestra Constitución nacional, conservando la uniforroi- 
dad de legislación qu'e existia, jr comprendiendo que la 
prosperidad y crédito de un país está fundada, en gran 
parte, en la perfección de sus Códigos, sometió al Congreso 
Nacional la facultad de dictar los Códigos Civil, Comercial 
Penal y de Minas que debian ser leyes para toilala Repú- 
blica, quedando encargada su aplicación á los tribunales 
provinciales. (1) 

Así puede decirse que nuestra legislación común es uni- 
tariay su aplicación es federal. 

Siendo leyes de la nación las que se aplican en cada pro- 
vincia, los fallos de los tribunales de provincia deben tener 
completa autoridad en el territorio de las demás provincias ; 
• y así lo dispuso la ley nacional de 26 de Agosto de 18o3. (2) 

Esta doctrina, que concentra en un solo juicio de quiebra 
los diversos establecimientos comerciales pertenicientes á 



(1) Art. 67, iuc. ll, Const, Nac* 

Este sistema es recoiueudado por Alberdi t Elementos del DerecJiO 
Público Provincial Argentino » { 1° Gobierno interior. 

(2) Ed los Estados Unidos, cada Estado se da sus Códigos, la 
declaracioQ de quiebra hecha en cualquiera de ellos, es reputada eu los 
demás como hecha eu pais extranjero, y tanto los derechos que la 
quiebra confiere ú sus síndicos, como lu influencia que ejerce en Ins 
obligaciones, no pueden invocarse sobre bienes situados eu otro Estndo 
u¡ contra acreedores que no se hallen sometidos á las leyos del Estado 
en que la quiebra está radicada— Wheatan •International Law • \ 144. 
iioUs 93 y 94. 

TOMO iz. 4 



50 NUEVA RRVriSTA DE BUENOS AIRES 

unas misnas personas, parece propio dél sistema unitario 
ó centralizado. (1) y simplifica el trámite haciendo que 
todos los bienes de las diferentes casas de comercio, formen 
una sola masa y que esta se distribuya equitativamente^ 
entre todos los acreedores de las diferentes casas. 

Bravard t. 5 p. 42 dá, para esta unidad otra razón que 
no me parece de aplicación general, él dice : la quiebra 
afecta á las personas, y siendo las mismas personas, no 
debe haber diversas declaraciones de quiebra tendentes á 
colocarlas en un estado, en el cual se encuentran ya colo- 
cadas por la primera declaración. 

Pero, este fundamento no puede aplicarse á las socieda- 
des anónimas, que creo hallarse sujetas á la misma unidad 
de quiebra á que lo están las otras. 

Por lo demás, juzgo que, sometiendo la ley francesa e! 
juicio de quiebra al tribunal del domicilia realj ha teni- 
do en vista, principalmente, los efectos personales que la 
quiebra produce. 

III. — Además de la manifestación de quiebra que puede 
hacer el mismo fallido y déla solicitud con que los acree- 
dores pueden pedir la declaración de quiebra, nuestro Códi- 
go agrega otro tercer medio de iniciar el juicio de quiebra. 

« La quiebra también puede ser declarada de ofíci>>, á instancia del 
ministerio público. . . » Art. 1627 del Código. (2) 



(1} En Francia^ el art. 488 Cód. de Com. dispone también, que en 
el caso de varios establecimientos en diversas comunas {arrondisse- 
ments ] la quiebra se someta al tribunal del domicilio. No dice como 
nupptro Código, «donde estuviere situaf'o el prirtci/^aZ establecimiento» lo 
que es mas perfecto — Bravard « Droit Commercial > t. 6 p. 42 j 43. 

(2) También el art. 440 del Códiyo Com. francés permite la declara- 
ción de quiebra « de oficio » Véase Bravard < Droit Commercial • t. 
6, p»g 58. 



ESTUDIO SOBRE QUIEBRAS 51 

La intervención de oficio, de parte del ministerio público 
y del juez, en asuntos meítamente civiles, cuando no hay 
intereses privados vulnerados, que reclantien la protección 
de la justicia, parece infundada; y asi lo ha juzgado recien- 
temente la Inglaterra, omitiendo en su ley de 9 de agosto 
de 1809, la intervención espontánea del poder público en 
la iniciativa del juicio de la quiebra. 

A esta observación pudiéramos agregar la siguiente : Si 
ni el fallido ni sus acreedores solicitan la quiebra, es, sin 
duda, porque á ninguno de ellos les trae utilidad, y, en tal 
caso ¿ en protección de qué intereses puede el poder públi- 
co declararla de oficio ? 

Veamos la contestación que dan á esta objeción algunos 
autores : 

Puede suceder que los acreedores presentes, con propó- 
sitos egoístas, no quieran h:icer público el mal estado de 
su deudor; pero, como la quiebra tiene por objeto evitar 
preferencias, sometiendo á todos los acreedores á iguales 
condiciones, en estos casos la declaración de quiebra podría 
favorecer á los ausentes y esto b ist iría para justificarla. (1) 
Pudiéramos agregar otra razón mas, en apoyo de la 
quiebra de oficio^ y es la siguiente : Si uno de los objetos 
del juicio de quiebra es castigar la culpa ó crimen en que el 
fallido hubiere incurrido; « su fuga ó clausura de sus alma- 
cenes » que son los casos en que debe declararse la quiebra 
de oñcio, hacen bastante sospechosa su conducta, y son fun- 



(2) Delamarre et P. t Droit Cammercial* t. 6. p. 82, núm 11, 
Bravard tomo cit. p. 68, 63 y 114 hace sobre esta materia inleresnntes 
observaciones, refiriendo en la nota 1* á la p. 69, que en el tiempo 
C(>rrido desde 1861 á 1860, sobre cada mil quitbias decl iradas eu 
Francia, 68 lo fueron de oficio. 



52 NUEVA RE3VISTA DE BUENOS AIRES 

damentos bastantes para que la autoridad pública proceda 
á investigar la conducta de es€? comerciante. 

Nótese, sin embargo : que para que el juez pueda proce- 
der á la quiebra de oficio, deben preceder especiales mani- 
festaciones que la hagan suponer de parte del fallido : 
fuffa ú ocultación^ acompañada de clausura de sus estable- 
cimientos— Sirt 1527 de Cóií. Sin estas precauciones habría 
el peligro de declarar en quiebra al que no hubiese sus- 
pendido sus pagos, infiriendo, con este hecho, gran daño á 
su- crédito y precipitándole en un estado en que no se 
encontraba antes. (1) 

Esta quiebra de oficio tiene una especialidad, que debe- 
mos hacer notar. 

La ocupación de las pertenencias del fallido : de sus 
libros, papeles y documentos de su jiro, ordinariamente se 
decretan por el mismo auto en que se declara la quiebra — 
art. 1549 del Cód. Lo cual parece lógico j pues si la ocu- 
pación dé los bienes del fallido, tiene por objeto completar 
la desposesipn de él (me permito emplear esta palabra, por 
sec la única que representa el objeto de este acto, expre- 
sado en la lejíslacion francesa con la palabra daiásestse- 
f/^ení) y trasmitir la administración de sus bienes al con- 
curso ; no puede esto tener lugar sino después ó en eí 
mismo acto en que se declara la quiebra. (2) 



(1) Hemofl observado anterioi mente ( < nubyá retistá » t. Il p* 
604-626 que, cuando un acreedor solicita la quiebra, debe presentar 
documentos para acreditar la suspensión de pagos, j uó prueba 
testiii\ODÍal, por ser esto tan peligroso. Por análogos motivos no debe 
fundarse la declaración de oficio en pruebas <S hechos dudosos. 

(2) Massé < Droit Commercial » t. 2, {>. 368, ndm. 1202 esplica 
el objeto de esta medida. 

£1 art. 455 uel Cód franc. dispone como el art. 1549 del nuestro, tjue 



ESTUDIO SOBRR QUiEBRAS 53 

Mas, en la quiebra declarada de oQcio, se principia por la 
ocupación de los bienes del fallido, pfovisorianiente orde- 
nada, antes de declararse la quiera— art. 1528 delCód. (1) 

La razón de este procedimiento es: que estos bienes 
están abandonados y es urgente evitar su pérdida asegu* 
rándolos. Puede decirse que esta es una medida adminis- 
trativa, mas bien que judicial. 

IV. — Vamos á tratar de una disposición de nuestro 
Código, que tiene un origen moderno. 

El art. 1529 dispone que. 

« La quiebra puede ser declarada después del fallecímieato de na 
comerciante, cuando la muerte se ba verificado en egtado de cesación de 
pagOB. Sin embargo, continua, la declaración de quiebra no podria 
ser reclarada por los acreedores, ni pronunciada de oficio, sino dentro 
de nn afio contado desde el dia del fallecimiento. » 

Esta disposición que no se encontraba en el Oidigo fran- 
cés del año 1808, fué consignada en la reforma que de él 
se hizo en la ley del año 38, concebida en los mismos térmi- 
nos de nuestro artículo. 

Tres objeciones se han hecho á esta disposición : ■ En 
primer lugar, si uno de los objetos de la quiebra es. afectar 
con cierta interdicción la persona del fallido, después de la 
muerte de este, la quiebra carecería de uno de sus mas 
importantes ñnes. En segundo lugar : una quiebra pos- 
tuma, que ocasionaria la rescicion de los actos que el fallido 
y sus herederos hubiesen practicado después de la cesación 
de pagos, dejaría en la mayor incertidumbre los derechos 



la ocupación de las pertenencias del quebrado se ordene por el auto en que 
se declare la quiebra. 

(1) Lo mismo dispone el art. 467 del Cód. de Com. franc. V. Bra- 
▼ardy t* 6. p. 114, esplicando esta disposición 



54 NUEVA REVISTA DB BUENOS AIRES 

adquiridos á consecuencia de estos. En tercer lugar, se 
ha dicho: después, de la muerte del comerciante hay 
grives dificultades morales para declararle en quiebra, 
desde que ya no le es posible ni defenderse, ni esplicar los 
actos que se interpretan como suspensión de pagos. (1) 

A estas objeciones se ha contestado. En primer lugar : 
que la quiebra, aún cuando afecta á la persona, también 
afecta sus bienes y que, con este objeto puede haber utilidad 
en declararla después de la muerte. En segundo lugar: 
que par¿i impedir los efectos perniciosos de esa incertidum- 
bre sobre los derechos adquiridos después de la muerte de 
el que es luego declarado en quiebra, puede establecerse 
para esto un término que no sea demasiado largo (como 

lo hace nuestro art. y el 437 del Cód. francés)— En. tercer 
lugar, se ha contestado : que la falta del fallido en el juicio 
que se promueve después de su muerte, debe suplirse con 
la cordura y prudencia del juez, para interpretar como 
suspensión de pagos hechos que no tonian este carácter. 

Salvadas así las objeciones, quedaba en pié este hecho, 
que ha servido de fundamento á la disposición que nos ocu- 
pa : un coiperciante en suspensión de pagos y el interés 
de sus acreedores en declararle en quiebra, trayendo á la 
masa sus bienes y simplificando la distribución de ellos, 
antes que ocurrir á diversos juicios para hacer efectivos 
sus respectivos derechos. (2) 



(1) Bravard « Droit Commercial » t. 5. p. 13 j 8Íg. trata esta 
materia con mucha erudición y talento. 

(2J Naniur « Code de Comnierce Belye • comentando el art. 437, 
atribuye el origen de esta disposición al Cód. de Wartemberg^ que pre- 
viendo el caso de que un comcrciunto abandonóse su profesión, después 
de la cesación de pagos, con el objeto de evitar la quiebra, .dispone 



ESTUDIO SOBRB QUIEBRAS 55 

La quiebra postuma ofrece también otra especialidad: 
ella solo puede ser declarada de oficio ¿ á solicitud de los 
acreedores. De oficio, cuando la suspensión de pagos se 
manifestó con las circunstancias indicadas por el art. 1527 
< fuga del comerciante ó clausura de sus almacenes. » 

Como se vé, los herederos del fallido no pueden pedir la 
quiebra de su instituyente (salvo el caso en que, siendo 
acreedores, hubiesen aceptado la herencia con beneficio de 
inventario.— Art. 15, tít. € Aceptación de la herencia:!^ 
Cód. Civ. Arg. 

La razón de esto es obvia : el derecho de solicitar la quie- 
bra es personal y propio del fallido, fundado en su profe- 
sión ó estado de comerciante y en la cesación de sus pagos ; 
circunstancias que no pueden trasmitirse á sus herederos, 
por mas que estos lo representen en sus derechos y obliga- 
ciones. (1) 

Siendo el término de un año prefijado por la ley, dentro 
de él se debe solicitar la quiebra por los acreo'lores, aun 
cuando se declare después, y si fuese declarada de oficio, 
deberá Serlo dentro del año. Art. 1529 del Cód. (2) 

V. — Aunque al legislar el Código, en el libro II., sobre 
las obligaciones comerciales, ha reglamentado detenida- 
mente la naturaleza de cada una de las cinco especies de 
sociedades mercantiles, tratándose en el libro IV., de la 



que : si la cesación de pagos tuvo lugar en la época en que se ejercia el 
comercio, podrá declararse la quiebra aun cuando haya dejado de ser 
comerciante. 

(1) Bravard, *Droit Commerdal^y t. V p.. 34 j nota 2 á la mis- 
ma; Massé, •Droit Commercicl,* trata brevemente de esta materia, en 
el t, II., núm. 1174.. 

(2) V. la cita anterior y el art. 487 C. francén. 



56 



NUBVA RBVISTA DB BÜBNOS AIRBS 



quiebra de estas sociedades, no ha debido creer que basta- 
sen aquellas reglas referentes á las obligaciones, para 
deducir de ellas, en el caso de quiebra de una sociedad 
colectiva ó anónima, los principios adecuados á esta clase 
de personas. 

Hay, en efecto, en fe sociedad colectiva, la responsabili- 
dad pecuniaria de la sociedad, que es directa y principal, y 
la de los socios que la f«)rman, que eí subsidiaria, (art. 
506.) (1) Pero, tratándose de la responsabilidad moral^ 
déla cual no puede prescindirse en el juicio de quiebra, 
toda ella recae sobre los socios que componen la sociedad, 
según la conducta de cada uno de ellos. 

Esta diversa situación moral de los socios debe producir 
sus efectos, no solamente en el juicio de clasificación de la 
quiebra, sino también respecto á esos derechos de carácter 
meramente civil que la ley de comercio acuerda á un fa- 
llido : tales como alimentos, vestido, facultad de celebrar 
concordato etc. Arts. 1577, 1598 y 1615. 

Do esta faz, en que debe considerarse la quiebra de una 
sociedad colectiva, ha prescindido nuestro Código, limitán- 
dose á disponer que : la quiebra de una sociedad colectiva, 
constituye en quiebra á sus socios colectivos y que, por el 
contrario, la quiebra de uno, de varios ó de todos los socios 
colectivos, no importa necesariamente la quiebra de la so- 
ciedad: Art. 1530 del Cód. (2) 



(1) Delamarre « Droit Comtnercial > tít. 3 p. 38 núm. 26 j Bravard 
€ Droit Commercial», t. 1», p. 210 y 437 y vol. I. de estas < LeC' 
ciones » p. 136 núm. VLÍ. 

(2) Aunque el articulo no menciona el cnso de quiel)ra de «todos los 
socios» no he Viicilado en conRÍgiiarlo, por que, evidentemente: si la so- 
ciedad DO ha suspendido pagos, no puede ser declarada en quiebra, 



ESTUDIO SOBRE QUIEBJIAS 57 

Pero, si, como ordinariamente sucede, la administración 
de la sociedad que quiebra, estuvo conñada á uno ó á algu- 
nos de sus socios, ó si la imprudencia ó el dolo de algunos 
de ellos fué la única causa de la quiebra ¿ Cuál deberá ser 
la condición de los socios inocentes ? y si alguna diferen- 
cia debe establecerse entre ellos í cómo deberá procederse 
para no confundir los créditos contra la sociedad con los 
que afectan á cada socio particularmente ? 

Esta materia creo que no estuvo reglamentada por nin- 
gún Código hasta que, en 1838, al reformarse el Código 
francés, se sancionó el siguiente art. : 

« Caando una Bociedad de comercio se encuentre en quiebra, loe acre- 
edoies podrán no celebrar concordatos sino en favor de uno ó de algunos 
de los asociados. 

« En este caso todo el activo social permanecerá bajo el régimen dé 
la unión. Los bienes personales de los socios á quienes se hubiere 
con<!edido concordatos serán excluidos de ella, y el contrato particular 
celebrado con ellos no podrá imponerles obligación de pagar dividendos, 
sino de valores estraños al capital social. 

«El asociado que hubiese obtenido un concordato particular será des- 
ligado de toda solidaridad. * 

Este art. después de sostenidas discusiones, fué incorpo- 
rado'al Código de Comercio bajo el núm. 531 y se encuentra 
filológicamente comentado en Renouard y en Ala «zet (1) 
cuyas esplicaciones vamos á exponer. 



aun cuando todos los socios, en sus negocios particulares, los hayan 
suspendidos y se encuentren en quiebra. De un estado semejqnte nace- 
rian, sin duda, difícultatles, que deberian producir la disolución de la 
sociedad. Porque si la sociedad colectiva necesita del crédito de sus 
miembros ¿ cómo darle existencia cuando estos están en quiebra, ni 
cómo permitirles ejeicer el comercio por medio del gerente de la sociedad, 
si su ejercicio le está prohibido ? 

Semejante sociedad se disolverla ; pero no estaría en quiebra. 

(1) Renouard, ^Faülites et Banqueroutea,» t. 11. , desde la p. 132 ; 



58 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

Aunque es esencial á la socíeJad colectiva que sus obli- 
gaciones graviten, subsidiariamente^ sobre cada uno de los 
socios y que, como consecuencia de esto, queden obligados 
á las deudas sociales los bienes pertenecientes á cada uno de 
ellos ; sin embargo, como estos bienes particulares son, á 
la vez, la garantia de las obligaciones individuales del socio 
á quien corresponde ; y como cada uno de los diferentes 
socios coljBctivos puede tener diferentes acreedores parti- 
culares, se sigue, como consecuencia de esta circunstancia 
que estos bienes no pueden entrar á la masa del concurso 
y quedar confundidos con los bienes de la sociedad ; que es 

indispensable formar sobre los bienes propios de cada socio, 
un concurso especial, compuesto de los acreedores sociales 
y de los particulares de dicho socio. 

Dividida, en esta forma la liquidación ó administración 
del concurso de una sociedad colectiva, en virtud de la 
esencia misma de la sociedad, veamos lo que dispone el 
citado art. 531 del Código francés. 

Su doctrina puede considerarse así: T. Es permitido á 
los acreedores sociales, formar concordatos especiales con 
uno ó varios de los -socios colectivos : 2\ Los socios^ que 
los celebrasen, quedan escluidos de la quiebra y sus bienes 
particulares, únicamente, sugetos al pago de los dividendos 
estipulados en dichos concordatos: 3". El socio ó socios con- 
tratantes quedan exentos de la solidaridad. 



Alauzet, •Code de Commerce^* t. IV., p. 457 defide el núm. 1228. 
Adviértase que por el mismo hecho de permitirse coDcordatos con 
alganos socios, sin qae estos tengan lugar respecto á otras, la ley, aunque 
esplicitaniente no lo dice, parece admitir diferencias entre los socios 
respecto á la calidad de la quiebra; pues el ait. 510 Cód, francés no 
permite celebrar concordatos con el quebrado fraudulento {banqtte 
routier Jrauduieux ) 



ESTUDIO SOBKE QUIEBRAS 59 

La 1* disposición tiene este fundamento, que ya henios 
insinuado: es justo eximir de las funestas consecuencias 
de un concurso al socio ó socios que por su conducta se 
haya hecho acreedores á esta distinción. 

La 2" disposición puede esplicarse así : Si es justo 
favorecer á un socio, debe hacerse esto sin perjuicio de los 
demás ; no debe entonces disminuirse la masa de los bienes 
sociales, que pertenece en común á todos los socios y es la 
garantia de las obligaciones sociales; admítase, en buena 
hora, que el socio contratante no concurra con sus bienes 
particulares al pago de las obligaciones comunes, así como 
tampoco los grava con sus deudas particulares, disminu- 
yendo ademas de las deudas sociales, la parte que en virtud 
del concordato pesa sobre él, exclusivamente. 

3* Disposición : En virtud del derecho que la ley civil 
acuerda á los acreedores de varios deudores solidarios, para 
eximirá cualquiera de ellos de la solidaridad, (1) el art. 
de que nos ocupamos lo acuerda también á los acreedores 
de una sociedad colectiva para excluir de la solidaridad á 
cualquiera de los socios. (2) 



(1) Art. 1203 á 1207 Cód. CÍ7. francés; Mourlan •Code Napoleón» 
t. II, p. 655. núm. 1247. También el art. 6, tít. De las obligaciúnea 
solidarias Cód. Civ. Arg., permite al acreedor eximir, á uno ó varios 
de los deudores folidurios, de la soliduridad. 

(2) Se ha objetado contra esta facultad de los socios: que puede traer 
perjuicio á los derechos de los socios entre si, siempre que el socio 
eximido de la solidaridad, tenga, sogun el contrato social, una .responsa* 
bilidad en las deudas de la sociedad mayor que aquella á que se somete 
en virtud del concordato celebrado. 

Pero esta obligación se desvanece al mas breve análibis: pues es sabido 
que la solidaridad solo se considera en las relaciones entre deudores y 
acreedores, sin que «n nada se modifiquen las que existen entre los deu- 
dores entre sí-; que se reglan según las causas de la obligación manco* 



60 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

Es conveniente advertir, en conclusión, que la escepcion 
de la solidaridad, acordada á uno ó varios socios, desliga al 
concurso de la porción civil de li deuda correspondiente á 
los socios aceptados. (1) 

He aquí la breve exposición del importante art. 531, que 
desearíamos ver consignado en nuestro Código, 

Vamos ahora á ocuparnos de la quiebra de las socieda- 
des anónimas. (2) 

La índole especial de esta sociedad, que hace necesaria 
la intervención del gobierno para su creación, y también su 
vigilancia durante su existencia, nos dará la clave para 
distinguir las disposiciones del Código relativas á la disolu* 
cion de las que se refieren á su quiebra. (3) 

En efecto, una sociedad puede disolverse para su liquida- 
ción y puede disolverse, también, en virtud de quiebra ; la 
liquidación es un acto de la sociedad, procurado por ella 
misma, cuyo objeto es, disolver, por medio del pago, los 
vínculos jurídicos que la ligaran con teceros, (4), acreedores 
ó deudores de ella; para distribuir entre los socios los bene- 
ficios obtenidos, ó hacerles contribuir á las pérdidas sufridas. 

Como la liquidación es un acto de la misma sociedad, él 



niunada, art. 28, tít. De las Obligaciones DivUnhles é Indivisibles y 
uota al art. 10', tít. De las Obligaciones Solidarúts, Código Civil. 

(1) Alauzet, t. VI. núm. 2T¿0. 

(2J La erudita y bien meditada mouografía del doctor Erneftto Que- 
aada, aobre La quiebra . de las eocierladet anónimas^ publicada en la 
Xlll entrega de la KUkYA kkvista iuü ha sugerido, al mitiino tiempo 
que mucbfis ideas útiles, el pensumieuto de ocuparme brevemente de este 
asunto. 

(3) V. p. 92, núm. VIH. dol primer volumen de estas Lecciones. 

(4) No debe olvidarse, que no es incompatible con el carácter de 
socio, el de acreedor ó deudor de la misma sociedad. 

V. p. 127, uúm. VII, primer volumen de estas' Lecciones. 



ESTUDIO SOBRE QUIEBRAS 61 

se veriüca por los mismo socios 6 por mandatarios suyos, 
y nunca deben tomar parte en el nombramiento de liquida- 
dores otros que no sean socios (art. 497 del Cóí.) (1) 

La liquidación no suspende la exigibilidad de ninguna 
deuda social, ni altera los plazos y condiciones en que deben 
ser pagados. (2) 

La quiebra, por el contrario, que solo puede fundarse en 
la cesación de pagos, tiene objetos muy diversos, y un trá- 
mite adecuado á su objeto. 

La administración de la masa, destinada á ser distribuida 
proporcionalmente entre todos los acreedores comunes, se 
confía á mandatarios judiciales y después que los créditos 
están verificados, pasa á manos de síndicos definitivos, 
nombrados por los acreedores. Arts. 1533, 1534, 1549, 
1643 y 1644 del Código. 

En el nombramiento de estos administradores, el fallido 
no toma parte alguna. 

Como, ordinariamente, todo pla^o acordado á un deudor 
se funda en la confianza que el acreedor tiene en él, y como 
esta confianza debe desaparecer si el deudor faltase á su 
compromiso, la ley de quiebras ha procedido con justicia 
disponiendo que : todos los créditos contra un fallido se 
hacen exigibles en virtud de la suspensión de pagos, que 
cnuse el estado de quiebra. Lo cual no sucede en la li- 
quidación. 



(1) y. niSm. III., p. 149, primer volumen de eataa Lecciones j las 
cítaa en él hechaa. 

(2) A esta regla general, aplicable aja liiiuidhcion, se ha introducido, 
en beneficio de loa sócius, una prescripción mas breve que la que rige 
las Qbligaciones sociales en la g<ineralidad de loa casos, art. 1008, inc. 2^ 
del Código de Comercio, sobre \t\ cubl héínos tratado en el primer volu- 
men de estas Lecciones^ p 103, uúni. V j p. 837, núm. V. 



62 NUEVA REVISTA DB UIÍENOS AIR.KS 

Por Último, la quiebra, fundada en un hecho que puede 
ser culpable, investiga la conduela del fallido y pronuncia 
sobre ella su juicio. Tratándose de la liquidación no pue- 
de esto tener lugar.. 

Después de recordar estas diferenci is entre la quiebra y 
la liquidación de una sociedad, veamos dos artículos que 
sobre la liquidación forzada y la quicb a de una sociedad 
anónima trae el Cód. de Gom. 

Tratando de la liquidación de una sociedad anónima, sea 
esta forzada ó voluntaria, con tal que no provenga de quie- 
bra, el Código dispone que se haga. 

• por los directores ó a Iministraiores, si no se dispone otni co^a por 
los estatutos » nrt. 423. 

Tratándose de la quiebra, dispone, en el lib. IVart. 1505» 
que si el quebrado fuere una sociedad anónima — 

« las diligencias prevenidas en los ait^. 1563 y 1564 ( L'i ocupación de 

los bienes y pertenecias del fullido ) solo se practicarán en los estubleci- 

« 

mietttos ó pertenencias de la sociedad ♦. 

Esta disposición del Código no permite dudar que : aun 
cuando la quiebra de Qna sociedad anónima no puede, ordi- 
nariamente, tener efectos personales y que, aun cuando sus 
gerentes ó administradores pudieran reputarse estraños á 
sus consecuencias, sin embargo, la ley les priva de la ad- 
ministraeipn, y entrega los bienes de la sociedad á síndicos 
y Juez comisario, como se procede en los demás casos ordi- 
narios de quiebra. (1) 



(1) En la erudita monografía del doctor Ernesto Quesadit, sobre 
quiebras de las sociedades anónimas^ de que ya hornos habludo, se men* 
cionan disposiciones de los Códigos de Bélgica, ItHÜa y Alemnuia, que 
imponen á los gerentes de ebtas sociedades los niis'uos deberes que al 
fullido. 

Gsta doctrina, tiene» por lo monos, poderosos vHKnnos en su apiyo: 



ESTUDIÓ SCBRB QUIEBRAS 63 

VI. — El art 153 del Código Cora, resuelve una cuestión 
de suma importancia, que tiene aun divididas las opiniones 
de los tribunales de los paises mas adf^lantados en materia 
de derecho internacional y también la de los mas eminentes 
jurisconsultos. (1) 

Este art. decide Ij cuestión con franqueza, en uno de los 
sentidos de la agitada controversia. 

La quiebra declarada en el extranjero, dice en sustancia, 
no puede invocarse en la República, ni para impedir que los 
acreedores de este país hagan efectivos, sobre los bienes 
que el deudor tuviese aquí, los derechos que les correspon- 
den, ni para anular los actos que se hayan celebrado con el 
fallido. Declarada también la quiebra en la República (2) 
no concurrirán á ella los acreedores que el fallido tuviese 
fuera del país ( el texto dice los acreedores que pertenezcan 

« 

al concurso extranjero ). 

Por fin, agrega en su 2° § : que pagados íntegramente 
los acreedores del país, el sobrante se entregará, por los 
síndicos del concurso del país, á los síndicos del extran- 
jero. (3) 

Según esto, la quiebra no tiene efectos extraterritoriales : 
el que ha sido declarado en quiebra por los tribunales del 



Los directores desempeñnii en la sociedad Anónima un rol casi indepen- 
diente, que no tienen los gerentes en otros casos; 7 los socios eo las 
sociedades anónimas, tienen un rol pasivo j casi estra&o, á que no 
eatiÍB sugetos en otras sociedades. 

(1) Wheatou's, International Law^ I 144 y 88 7 su nota á Story, 
On Coítflirt of Laws, J 407 7 siguientes 

(2) Sustituimos á la palabra Estado^ que usa el Código, la palabra 
Bepúbliea, porque en virtud de su DacionalizHcion, á esta debe equi- 
valer. 

(3) Si no hubiese concurso en el extranjero^ este cobrante deberin ser 
entregado al miimo fallido, art 1CG1 dtl Cótligo de Comercio. 



64 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

país, no queda privado, por este hecho, de capacidad para 
celebrar actos jurídicos, relativos á bienes y créditos situa- 
dos fuera de la República. (1) 

La parte del art. relativo á los bienes remanentes en la 
República, después de pagados los acreedores del país, no 
ofrece diílcutad, y es generalmente r^uelta en la forma 
que lo hace nuestro artículo. (2) 

Como se vé: el sistema de nuestro Código localiza la quie- 
bra ; la sircunscribe al recinto de la nación ; mientras que, 
por el otro sistema, sus efectos salen del territorio y afec- 
tan los bienes y créditos situados fuera del país en que la 
quiebra se encuentra radicada. ¿ Cuál de ellos es preferi- 
ble, por su conformidad con los principios de derecho 
internacional y los obtáculos que suprime para el libre 
ejercicio de los numerosos é inconciliables derechos que 
se manifiestan en el caso de quiebra ? Veamos. 

Los dos sistemas principales y antagónicos, pueden deno- 
minarse : el de la unidad ó universalidad de la quiebra, y 
el de la hcalizacion ó aislamiento: el, primero es seguido 
por las naciones mas comerciales del continente europeo j 
el segundo, por los Estados que forman la Union ameri- 
cana. (3) 

Veamos ahora los fundamentos de cada uno, en los prin- 
cipios jurídicos y en las conveniencias mismas del comercio 



(1) Como lu interdicción que la quiebra produce no tiene otro objeto 
que impedir al fallido iu enageuacioo de sus bieues, con perjuicio de sus 
acreedores, ella uo tiene otro alcance que este; no lo despoja pu^s de 
los demás derechos personales (la paternidad, el derecho de esposo, de 
hijo, etc. y aun la administración de los bienes que no entran en la 
masa)'— Drotí Commercial, t. 6, p. 120. 

(2) Moreno, Dibertacion sobre quiebras, núma. 85, 86 y 87. 
(8) Story, *0.4 confliel of law,* M<í7 á 410. 



ESTUDIO SOBRE QUIEBRAS 65 

En favor del sistema de la unidad, se puede decir : 
Que como la declaración de quiebra recae sobre la persona 
del fallido, afectándola con cierta incapacidad, y como la 
capacidad de las personas se rige por las leyes de su 
domicilio ; en el caso de quiebra, estas leyes deben, extra- 
limitando el territorio del Estado en que el fallido se encuen- 
tra domiciliado, seguirle á todas partes. (1) 

Otro de los principios jurídicos en que también se cree 
apoyada la unidad de la quiebra es : el que somete los 
bienes muebles y los créditos á las leyes á que se encuentra 
sujeta la persona del propietario de los primeros ó acreedor 
de los* segundos. (2) 



(1) Whefiton, •International Zaw,» } 83 y 84. Kn el cual, espresA- 
mente menciona, entre las cansas que afectan la capacidad, el estado de 
quiebra; Cód. Civil Arj^., art. 6 y 7, lít- 1^ De las leyes; Sangny 
*Dnfit Romain^» t. VIII. p. 121 y sig.; Hertius — De Confiict-^Ley 
cit. por Story, p. 5 2 61 al fin, donde dice: •Hinc status et qualitas 
personcB rejitur a legibus loci^ cui ipsa per domicilium sese subjecit. 
Quando lox im personam dirigitur, respiciendum est ad leges iUins 
diHtatis, quoB personam habet subjectam. 

(2J Como los muebles no tienen lugar fijo y cambian de sitio, según 
la 'voluntad de su dueño; sucediendo esto, mas visiblemente, cuando 
sus propietarios viajan y cuando, siendo mercaderías, las envían á otro 
país, pasando por diversos puertos y territorios, no es posible que la 
ley encuentre respecto á ellos principios fijos á que someterlos en los 
diversos actos jurídicos que á ellos se refieren, y es en virtud de este 
carácter, qne se rigen por las leyes del domicilio del dueño, tmobilia 
ossibfMvnheoerenty» art. XI, tít. 1® «De las leyes.» Cód. Civ, y sus notas, 
el mismo Story tConfiict of Lato,» { 877 á 878. --Respecto A los cré- 
ditos del fallido, parece muy concreta y terminante la opinión de Mr. 
Lívermore en su «i>¿á5r¿acton, » p. 162, {211, que contiene las si- 
guientes palabras : « Mas la común opinión parece estar bien fundaba, 
que, considerado (el crédito) activamente, con relación al interés del 
acreedor y de sus representantes, debe considerarse unido á la persona 
del acreedor» V^ } 899 de Story Confiicto de loa Leyes y su núm, 2, 
donde se bailan varÍM doctriua«| entre ellas, la que dejo traacrlta.-^ 

TOMO IX 6 



66 NUBTA REVISTA DB BUENOS ÁIRBS 

Aunque la masa de una quiebra se compone de todos los 
bienes que pertenecen al quebrado, muebles é inmuebles y 
créditos, no puede desconocerse que, en el comercio tienen 
grande importancia las mercaderías^ y que es necesario 
fijar con exactitud los principios á que se encuentran su- 
getas. (1) 

El tercer fundamento principal en que se apoya la unidad 
de la quiebra, está tomado de los inconvenientes que oca- 
cionaria el aislamiento de los concursos; pues, en estos 
casos, ya sea por que la declaración de quiebra hecha en un 
país, no produciría efecto en el estrangero, ó por que las 
diferentes casas de comercio del fallido podrian encontrarse 
en diversos estados ó situaciones y seria fácil á un comer- 
ci irte previsor concentrar en una de ellas una cantidad de 
mercaderías de los otros ; prefiriendo, por este medio, á los 
acreedores de la primera, ó retardar en unas la declaración 
de quiebra, por medio del pago hecho con las mercaderías 
tomadas en otras casas. (2) 

Examinemos ahora los principales fundamentos del sis- 
tema de nuestro Código, ó sea: del aislamiento de las 
quiebras. 

El argumento tomado de la capacidad del fallido que se 



Varios arta, del Cód. Cív. A.rg. revelan conformidad con las doctrinas 
anteriores: — art. 6, tít. <De la sucesión» con su nota de Savigny; art, 
24 tit. * Extinción de las obligaciones» j art. 24 «i>e la cesión de 

trédüd. » , 

(1) Hemos dicho que el comercio tiene por materia los muebles, t. I. 

de estas Lecciones^ p. IV.; p. 11 y p. 168. 

(2) Etilas son las principales razones en que se apoyu la unidad de la 
quiebra, calificándose, el sistema opuesto, de inequitativo y opuesto al 
Interés general del comercio, Story «Cai^icf of Law^» } 406. 



ESTUDIO SOBRE QUIEBRAS . 67 

encuentra sigeto^ esclusivannentey á las leyes del lugar de 
su domicilio, DO puede tener aplicación general en el caso 
de quiebra, sino en las pocas ocaciones en que ella fuera 
declarada por el tribunal en que el fallido estuviese dorai- 
cialiado. Si un comerciante, por ejemplo, en la Repú- 
blica Argentina, que tuviese casas de negocio en Montevideo 
y el Brasil, suspendiera sus pagos en alguna de estas casas, 
la quiebra declarada en alguno de aquellos paises no afec- 
taría su capacidad, por que su domicilio se encuentra fuera 
de ellas. 

De aqui resultaría que aquellas quiebras no privarían al 
comerciante de su capacidad para disponer de sus bienes, á 
lo menos, de bienes situados fuera de los paises en que se 
hubiese declarado su quiebra. (1) 

Veamos ahora el segundo fundamento de la teoria de la 

unidad de la quiebra. 

Los muebles, que por lo regular constituyen el capital 
de un comerciante, se rigen por las leyes del domicilio de 
este. 

Esta doctrina, en principio, como regla general, es exacta 
cuando se trata, por ejemplo, de disposiciones de última 
voluntad ó de cesiones inter vivoSj las leyes que rigen en 



(1) Establecemos esta HmiiacioD, porque, como luego veremos, no se 
pni-de aplicar una ley ó una voluntad sobre bienes situados en un pan 
extranjero sino, cuando esa ley ó voluntad no perjudica á los derechos del 
país extranjero ó de sus subditos. Asi, un país puede prohibir la estrac- 
cion de cereales, cuando una epidemia lo exige; puede impedir el pago da 
créditos eztrai^jeros, cuando esta perjudica á los de sns propios subditos. 
Story, « Cot^iet (f Lav?, • cap. IX, { 388, donde cita la respetable 
0|»inion de Hubero, Savigny, ^Derecho Romano^» t. VIII, { 3G6. 



1S8. NÜBYA. REVISTA DB BÜSÑOS AIRES 

el domicilio del propietario de ésos bienes rigen el acto, 
aun cuando te refieran á muebles situados en otro país. (1) 

Mcis en el comercio, para facilitar y asegurar sus opera- 
ciones^ se establece un domicilio especial, en cada casa de 
comercio, con relación á los actos ejecutados en ella. Y 
esta regla es tan importante, que los principios que sirven 
de fundamento á la reivindicación mercantil están fundados 
en la garantía que ofrecen á los acreedores de cada esta- 
blecimiento comercial, los efectos y mercaderías que se ha- 
llan en sus almacenes y depósitos. (2) 

Así pues : si un comerciante domiciliado en la República 
Argentina, tuviese casas de comercio en Montevideo ó el 
Janeiro, confiadas á factores, los contratos celebrados en 
aquellas casas, ahí deberían ser cumplidos, con los capitales 
pertenecientes á ellos,. con prescíndencia del domicilio de su 
dueiío, que en nada influiría sobre el cumplimiento de edos 
contratos. (3) 



(1) Art. V. tít. 'De la Sucesión,» Cód. Civil Arg. y Sayígny 
•Derecho Roman*},y t. VIH, U 376 y 876 en cuyo 2» { advierto que la 
Ifiglaterra y los Estados Unidos someten los muebles á las leyes del 
domicilio, pero dejan los raices sogetos á las leyes del país de su 

situación. 

La misma disposiciou establece el Cód. sobre la ostensión de los dere- 
recbos qnt el matrimonio confiere, en los bienes-muebles, sngetándolo á 
las leyes del domicilio matrimonial: cuando esta regla no se modifica 
por pactos ó por cambios de domicilio, art. 2, 8y4 *Del matrimonios 
Cód. Civ. doctrina que confirma Story ^Co^/liet of lato» } 160 y 161, 

entre otros. 
¡2; Art. 41 Cód. de Com. y art. 1159 id. •d¿ la Reitindicacion'^» 

Delnmaie, t. VI cap. 4, p. 283 y 335. 
¡3; Massé, •Droit Commereialt» t. IL náni. 1008. 



ESTUDIO 80JBRB QUIEBRAS 00 

Aplicando ahora estos principios al caso de quiebra, pode- 
mos decir : que si ese comerciante hubiese sido declarado 
en quiebra por Ips tribunales de su domicilio, el concurso 
formado en la República no podría distraer los bienes que 
forman el capital de las casas situadas en Montevideo y el 
Janeiro^ para formar una sola masa, con perjuicio de los 
acreedores especiales de aquellas casas. 

De suerte que : en este caso, aunque el estado de quiebra 
afectase la capacidad de la persona del comerciante, en 
nada pertubaria la regularidad de las operaciones ejecu- 
tadas antes de la quiebra, por los factores de las casas 
situadas en países extranjeros. (1) 

Este sistema fecilitaria también la liquidación de bienes 
inmuebles, que pueden pertenecer al comerciante, y que, 
en caso de quiebra deberían ser incorporados á la masa, 
distribuyéndose su valor según las leyes del pais en cuyo 
territorio estuvieran situados. (2) 

Vamos á contestar al último de los tres argumentos que 
se han hecho en favor de la universalidad de las quiebra y 
debemos confesar : que si ¿1 no está apoyado en principios 
del derecho internacional, que directamente lo confirmen, 
presenta á lo mismos, apariencias de mayor equiedad, que 
seducen el ánimo. 



(1) Es necesario no oWidsr qae las reglas establecidas por el derecho 
civil, sobre el lagar eo que debe cumplirse una obligación, dependen de 
las estipulaciones de los contratantes j de la materia de 1^ obligación, 
art. 45, •De las Obligaciones de Dar» y art. 24 ^Del Fago,» Gód. 
Civil. 

(2) Art. 1668 in 4» Gód. de Com., art. 10 •De las Leyes» Cód. Civ. 
7 Wheaton * International La/w,» { SI; Story, <0n Confliet of L(^9^» 
I 424. 



70 NUBVA REVISTA DB BUENOS AIRBS 

La base de este sistema es la completa igualdrtd entre 
todos los acreedores de un fallido, cualquiera que sea el 
lugar en que se hayis adquirido ^su crédito. Seria injusto, 
se dice, establecer preferencias ; todos los acreedores de un 
comerciante deben ser pagados con igualdad y para ello es 
indispensable reunirlos á todos en un solo concurso. (1) 

Este argumento seria incontestable y resolverla funda- 
mentalmente la cuestión, si no tuviese en contra otros prin- 
cipios, derivados de la soberania de cado Estado, sobre los 
derechos de sus subditos en las personas y las casas situa- 
das en su territorio. 

Así, pues, en defínitiva : si un Estado permite que los 
créditos extranjeros se satisfagan con bienes (muebles ó 
inmuebles ) situados dentro de su territorio, á él toca exclu- 
sivamente fijar las condiciones y limitaciones con que este 
derecho deberá ser ejercido; y, ordinariamente, esto no se 
concede, sino en cuanto no perjudique los derechos de los 
subditos del estado que €Lo que la ley protege tiene 
derecho de reglamentar » : (2) 

Además de esto : esté principio, de equidad^ que tan de- 
cisivo nos parece, se debilita ante la consideración de que, 
los actos de un comerciante, que ha estendido sus opera- 
ciones en diversos paises, pueden considerarse aislados, 
independientes los unos de los otros ; porque cada una de 
esas casas forma, como ya lo hemos dicho, un domicilio es- 
pecial, estraño al domicilio real de la persona del comer- 
ciante á quien pertenecen. (3) 



V 

(1) Story, «O» Conflict of Law8,* J. 406. 

(2) Story, wOn Ca^fUct of Laws,» g 388. 
(8) Art, I® *Del domicilio,» Cód. Civ. Aig. 



ESTUDIO SOBRE QUIEBRAS 71 

De estos precedentes deducimos : que la doctrina norte- 
americana, con la cual se armoniza el art. 1531 de nuestro 
Cód. Gom. es preferible á la iloctrina contraria. (1) 

(Continuará). 

NicÉFORO CASTELLANO. 

Córdoba, NoYÍembre de 1883. 



(4) No he creído conYeniente analizar en el estudio de esta impor- 
tante cuestión, las opiniones que Wbeaton expone en el { 144 y en la 
nota 94 del mismo { de su obra ^Ley Intemacumal» por que estas opi> 
niones no forman la base de esta cuestión; son ánicamente deducciones 
de otras ideas mas fundamentales, de las cuales nos bemos ocupado 
en este estudio. 



EL PERIODMO ARGENTINO 



(1877-1883) 



Comptez les journaux d^un peuple^ 
V0U8 aurez son rang dans l'échelU 
de la civilisution. 

E. LABOULArie. 

El curioso lector que recorra estas páginas estimará 
quizá que este estudio es demasiado retrospectivo, y si ha 
seguido cocí atención el movimiento de diarios y libros en la 
República, encontrará que siendo entonces el que esto 
escribe Director interino de la Biblioteca Pública de Buenos 
Aires, publicó en la Memoria de aquella repartición (1) un 
capítulo referente á la cuestión que hoy le ocupa, y aún que 
en diarios de esa época (2) dio á luz varios artículos sobre 



(1) Memoria de la Biblioteca Pública — 1877, (por Nicolás Míwaa 
y Ernesto Quesada^ Directores interinos) — Buenos Aires, 1 v. ia. 8<) 
de 600 pp. 

(2) Véase La Nación de esta Capital, núms. de setiembre 4 al 18 
del año 1878. Anteriormente, me habia ocupado del mismo asunto en 
«üa Nación» del 19 de agosto dé 1877. 



BL PERIODISMO AROBMTmO 73 

el particular. Pero aquellos antecedentes se han perdido, 
durmiendo unos ese sueño reposado y rarísima vez inter- 
rumpido de las publicaciones oflciales, condenados otros 
al olvido que, como hado fatal, aguarda siempre á esas 
hojas deleznables de papel que ejercen tan considerable 
influencia en el momento, pero que son por su misma 
naturaleza, fugaces y solo pocas veces— únicamente por 
alguno que otro coleccionista ¡rara avis ! — son guardadas 
para que las generaciones venideras se enteren de las mil 
fluctuaciones que agitan cada momento de la vida de los 
miseros mortales. Y sin embargo, la materia es interesante, 
y quizá constituya un barómetro para conocer la intensidad 
de la vida intelectual argentina en aquella época. He 
ahí la razón por la cual me he decidido á escribir las pági- 
nas que siguen. 

Pero el artículo hubiera sido en extremo incompleto si 
me hubiera concretado únicamente á estudiar el perio- 
dismo argentino durante 1877. En aquella época, como 
se verá mas adelante, los datos que obtuve me flieron 
mandados directamente de todos los periódicos en respuesta 
á una circular que les envié. Acaba ahora de aparecer en 
una publicación particular (1),- una lista de los periódicos 
que ven la luz pública en toda la República en el a&o 
corriente, y el año pasado apareció, aunque con bastantes 
diflciencias, una lista análoga. Aunque estas listas estén- 
desprovistas de los datos que solicitó y obtuve en 1877, 
empleando el mismo método en los cálculos y basándome 
en los resultados de entonces, vpy á emprender estudio 



(1) En el t. IV. del Ánuatio Bübliográfico, 



74 NUEVA REVISTA DB BUENOS AIRES 

análogo sobre el periodismo argentino en 1883, á fln de 
compararlo al terminar con el de 1877, y ver cual es el 
adelanto ó las modificaciones queso puedan comprobar. 

Esta cuestión es excepcionalmente importante en la 
República Argentina, donde se leen no muchos libros, 
menos revistas, pero en cambio enormemente los diarios. 
La forma republicana de gobierno; las tradiciones y la prác-- 
tica de una prensa que gozó — salvo raras excepciones 
— de una libertad que á veces pudo creerse rayaba en 
desenfreno : la pública discusión de los negocios de interés 
común, la ardiente vida de partidismo, y la tendencia de 
cada argentino á emitir su voz y voto en cada cuestión de 
grande ó mediana importancia^ — son otras tantas causas 
innegables que han influido considerablemente para formar 
el temible poder de que entre nosotros goza el diarismo. Y 
aunque á veces se sepa que el partidismo impone de ante- 
mano una opinión determinada sobre hombres y cosas, 
sin embargo, la gran masa de la población argentina acepta 
aun como evangelio lo que le llega cada mañana en forma 
negra sobre fondo blanco, despidiendo ese olor caracterís- 
ticamente embriagador del papel húmedo todavía, recien 
sacado de las prensas, y cuya tinta á veces fresca, deja en 
los dedos una marca significativa. Leido el diario, cada 
partidista tiene ya su opinión formada, y considera asunto 
de honor el sostenerla á todo trance, y he ahí cómo se forma 
esa terrible «opinión pública,» tan intolerable en sus 
juicios como tiránica en sus fallos, tan exajerada en sus 
favores, como inconstante en su perseverancia. 

Alfredo de Vigny ha dicho en alguna parte que el ciuda- 
dano de Paris es un rey que tiene cada mañana, al des- 
pertarse, un adulador complaciente, que le refiere veinte 



BL PERIODISMO AROBSNTINO 75 

historias : no está obligado á invitarle á almorzar, le hace 
callar cuando se le antoja y le devuelve la palabra cuando 
le place. Ese amigo dócil le agrada tanto mas cuanto que 
es el espejo de su alma, y le dice todos los dias su opinión 
en términos algo mas correctos que los que él mismo hu* 
hiera empleado : quitadle ese amigo, y le parecerá que el 
mundo se detiene. Ese amigo, ese espejo, ese oráculo, ese 
parásito poco costoso, es su diario. — Y bien, eso es tan 
cierto en París como en cualquier parte del mundo, y es lo 
que pasa en Buenos Aires. Aquí todo el mundo lee los 
diarios, no uno, sin6 varios; desde el mas encumbrado 
personaje hasta el mas humilde changador, todos leen 
gacetas. Por la mañana, todos las tienen en sus casas, 
y en las primeras horas del dia difícilmente se encuentra 
una persona sin su diario. Por la tarde, el espectáculo es 
característico : á las 2 p. m. principia la Jiora del diario : 
los muchachos agolpados tumultuosamente á la puerta de 
las imprentas del « Nacional^ > < Diario » y c Libertad » 
apenas reciben los paquetes, húmedos todavía, corren en 
todas direcciones, atrepellando á los caminantes, aturdién- 
dolos con sus gritos, deteniéndose un instante para vender 
los números que llevan, — todos los paran, todos quieren 
devorar ávidamente esas hojas impresas. Cualquiera diría 
que hay algo importante, alguna noticia que se espera ; 
nada; comunmente después de recorrer el diario que 
acaban de comprar, las caras toman una cierta espresion 
de disgusto, pues no se ha encontrado nada, absolutamente 
nada que interese y sin embargo, todos los dias sucede lo 
mismo y sucederá probablemente siempre asi. 

Véase, pues, cómo se forma lo que ha dado en llamarse 
« opinión pública. » y cómo se mantiene ese temible < cuarto 



76 NUEVA RBYI6TA X>B BÜBNOS 4IRBS 

poder, > que constituye una verdadera necesidad de la vida 
en los pueblos libres. 

Este hecho se compruebí fácilmente, observando la 
estadística comparada : el periodismo, en efecto, está en 
razón directa de la libertad y del régimen republicano, y 
en inversa del régimen autocrático y de la censura. En 
los Estados Unidos •— donde la libertad se torna á veces en 
licencia — hay un periódico por cada 7.000 habitantes ; 
mientras que en Rusia — el país clásico de la censura — 
hay uno por cada 530,000 almas. En Suiza — el país mas 
libre de la Europa, patria de todas las utopias, de las bue- 
nas como de las malas^ — hay uno por cada' 8.000 ciuda- 
danos : mientras que en Turquia — prototipo del fanatismo 
religioso y de su consecuente ignorancia — hay uno por 
cada 300.000. En Bélgica — la monarquía mas constitu- 
cional del mundo — hay uno por cada 15.000 ; y en Austro- 
Hungría — imperio absorvido por las raz hs eslavas — hay 
solo uno por cada 105.000. Y podría seguir indefinida- 
mente citando ejemplos análogos. 

La República Argentina, que tiene 4. 195,500 kilómetros 
cuadrados de superficie, contaba en 1877 — según cálculos 
bastante exactos — 2. 437.000 habitantes, y tenia 148 perió- 
dicos diversos, es decir uno por cada 15. 700 almas. Esta 
proporción era altamente halagüeña, pues daba á la Repú- 
blica el 4'' rango en el mundo, por su prensa periódica (1) 



(1) He aquí, efectivamente, la proporción de las últimas estadisticas. 
Se puUioa un periódico por «ada 7,000 habitantes en Est. Unidos 



8,000 


— 


Suiza. 


16,000 


— 


Bélgica. 


16,000 


— 


Holanda. 


23,000 


— 


Fcaaei». 



fiL PERIODISMO ARGENTINO 77 

En 1882 la población era, según el notable estadista 
Latzina, (1) de 3.026,000 almas, y se publicaron 224 perió- 
dicos, es decir uno cada 13,509, lo que equivale al 3° 
rango! Segdn otros cálculos existían entonces 215 perió- 
discos, luego corresponde uno por cada» 14.075 almas. Pero 
estos cálculos son meramente aproximativos, pues no 
existen medios oficiales para controlarlos: los de 1877 
puedogarantirlos, pero ignoro de que medio se han valido 
los demás para obtener los que dan. El doctor Latzina es 
jefe de la Estadística Nacional, y sus datos tieoen basta 
cierto punto carácter oficial, pero no los detalla, sino que 
los dá en globo. 
Las minuciosas estadísticas de Woerl (2) me permitirían 



Se publica uu periódico por cada 23,000 habitantes en Inglaterra. 



.26,000 


— 


AlemaDÍa. 


44,000 


— 


ItAlia. 


105,000 


— 


Austria. 


800,000 


— 


Turquía. 


630,000 


— 


Rusia. 



Estos cálculos son también aproximativos, porqué en 1826 Balbi 
calculaba el número de los diarios que se publicaban en el mundo entero 
en 3.168, de los cuales 2.142 eran europeos j 978 americanos ; en 1867 
B. Hatin dio como cifra total 12.600 ^ y en 1877 era de 25.000 ; re- 
partidos asi: Europa, 14.000; América, 10.000; Asia, etc. 1000. 

Pero solo se tienen datos rigurosamente exactos de los Estados Unidos. 
Hatin, siguiendo á Steiger, calcula que los 10.000 diarios tiran 
21.000.000 de números, ó sea cada diario un tiraje medio de 2.000. 
Sise acepta la misma medida para los otros 14,000 diarios europeos^ 
se tendrán 30.000.000 de ejemplares por dia. Como se verá mas ade- 
lante, esa medida proporcial, no puede convenir á la República Argen- 
tina. 

(1) La República Argentina — Dead'ipcion eatadistico-geográfiea del 
país y de sus recursos — 1883 con un mapa. 

(2) Leo Woerl. — Die Publicistik der Qegenwart — Eine MundS' 
chau aber das gesammte Fresse der WeU— WUrehurg 1879 — 1688. 



78 MUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

estender aun mas mi demostración hasta llegar á comparar 
las diversas provincias y ciudades de un país. Pero quiero 
concretarme á la República Argentina : el primer periódico 
que en estas regiones se publicara, data de 1801 (r de 
abril,) y sin seguir paso á paso la historia de nuestro perio- 
dismo, diré que al estallar el glorioso movimiento de Mayo, 
Buenos Aires contaba apenas con 6 periódicos, de los 
cuales 3 tenian ya algunos años de existencia ; hasta 1815 
el periodismo permaneció casi estacionario, pero en 1820 y 
1821 contaba ya con 17 ó 18 órganos de publicidad. El 
movimiento creciente y decreciente de nuestras luchas 
políticas se refleja en la prensa periódica, tanto, que durante 
la Urania de Rosas, hay un casi completo mutismo. Mas 
tarde, y aun en los tiempos contemporáneos, se nota una 
afluencia considerabilísima en las publicaciones periódicas 
que ven la luz pública, para cruzar muchas cual rápidos 
meteoros y desaparecer casi instantáneamente. Hay 
momentos de verdadera plétora de periódicos, pero en la 
lucha implacable por la existencia so!o los sólidamente 
organizados y que responden á verdaderas necesidades, 
tienen la probabilidad de poderse conquistar un porvenir 
glorioso por lo menos, si bien jamás — salvo raras excep- 
ciones, y esto en el diarismo — producen lucro suficiente 
para poder exijir la atención completa de sus redactores. 
Los hombres de letras no existen aun en nuestro país^ y 
los literatos, — entiendo por esto los que casi viven de su 
pluma — son plantas exóticas en estas regiones, y no ha 
habido ejemplo de escritor alguno que — sin apelar á la 
prensa diaria — haya podido vivir esclusivamente de sus 
producciones, sea que estas revistan la forma de libros, 
folletos ó revistas : de ahí que el dilettantismo literario sea 



EL PERIODISMO ARGENTINO 79 

la regla dominante, que imprime un carácter peculiarísimo 
á las obras argentinas, pues son pocos los que — como don 
Juan María Gutiérrez — pueden considerarse como verda- 
deros y genuinos literatos, en la mas noble acepción de la 
palabra. 

Cuando se estudia la prensa periódica argentina en 1877, 
y se observa que se han vendido periódicos por valor de 
2. 415,000 ps. m^c por mes, ó sean 28.980,000 por año en 
toda la República, lo que representa una proporción de 
1 1 ps. mjc. por cabeza, — se comprende inmediatamente 
el enorme poder que representaban aquellos 148 periódicos 
diversos, de los cuales 134 eran nacionales y 14 extrangeros. 

Y lejos de disminuir vá en asombroso aumento tan notable 
influencia, pues los 224 periódicos que se publicaban en 
1882, representan el gasto asombroso de 3.622, 700 ps. 
m[c. por mes, ó sea 43.952,400 al año. La capital de la 
República representa en las cifras de 1877, 83 peiiódicos, 
en los que gastaba 1.485,000 ps. mensuales, ó sea 
17. 820,000 anuales, lo que dá 59 ps. por alma ; mientras 
que en 1882, tenia 103 periódicos, es decir, un gasto de 
1.842,721 ps. mensuales, ó sean 22. 112,640 ps. al año, 

Y si es verdad que el diario mas antiguo de la República es 
El Constitucional de Mendoza, que cuenta 33 años de 
existencia, el decano de la prensa bonaerense. El Nacional, 
tiene casi la misma antigüedad, pues data de 1852. No es 
menos cierto, sinembargo, que las cifras anteriores denotan 
verdadero desequilibrio en el desenvolvimiento argentino, 
pues la predominancia — en este solo ramo — de la Capital 
sobre el resto de la República es simplemente enorme. 

Las cifras por si solas, son generalmente elocuentes, pero 
la estadística, no consiste en agruparlas ciegamente, sin 



80 NUQVA RBYXSTA DB BUENOS AIRES 

deducir las consecuencias que se imponen, por decirlo asi, 
tiránicas é imperiosas al imparcial observador. Desde 
luego no puede negarse que la política absorve la savia 
intelectual argentina, pues es relativamente extraordi- 
naria la desproporción existente entre las publicaciones de 
ese género y las relativas á otras materias. 

Asi, los 148 periódicos de 1878 eran, en cuanto á su con- 
tenido : políticos, 88 y de diversas materias, 60, pudióndo 
subdividirse estos á su turno en 45 serios y 15 jocosos, 
proporción que permite aun ser fraccionada en 13 literarios, 
y científicos,? administrativos, 5 jurídicos, 3 religiosos, 2 
históricos, 1 pedagógico, 2 musicales ; 1 1 satíricos y 4 
fíi\olos. 

En 1881 aparecieron 165 periódicos, de los cuales 92 
políticos y 73 no-políticos, subdividiéndose estos en 10 lite- 
rarios, 16 agrícolos é industriales, 6 pedagógicos, 6 cientí- 
ficos, 4 religiosos^ 7 administrativos, 3 artísticos, 7 satíricos 
6 históricos, 2 geográficos, 2 jurídicos, 2 bibliográficos, 1 
estadístico y 1 de arte militar. En 1882, de los 224 perió- 
dicos que se publicaron, 124 eran polítícos, y el resto de 
diversas uiaterias. 

Pero antes de entrar de lleno á la faz estadística de la 
cuestión comparando el periodismo en 1877 y 1882, vuelvo 
á hacer presente que los cálculos que desarrollo resp(3cto de 
1877 tienen una base casi segura, mientras que no podria 
garantir lo mismo respecto á los de 1882. En efecto, de- 
sempeñando — como he dicho al principio — interinamente 
la Dirección de la Biblioteca Pública, en compañía de mi 
honorable amigo, el doctor Nicolás Massa, pareciónos á 
ambos que serici curioso, conocida la población de la Re- 
públicHi averiguar-cuantos periódicos diversos se publican, 



BL PERIODISMO ARGENTINO 81 

qué particularidades tienen, en qué* idiooia están escritos, 
ci^al es su modo de aparición, cual su antigüedad, cual su 
'circulación, su costo y su producido, cuantos redactores y 
operarios tienen, los capitales que sus imprentas represen- 
tan, cuantos hombres encuentran su subsistencia en ellos, 
qué cantidad de papel se consume, etc. Y á la verdad, las 
Bibliotecas Públicas están en el deber de archivar esas 
hojas fugaces, cuyas colecciones adquieren después un valor 
inestimable, y que constituyen una fuente preciosísima para 
la historia nacional, pues reflejan, con sus variantes y sus 
prisma?, la accidentada vida del momento. De ahí que 
concebir la idea enunciada y enviar á la prensa entera 
circulares solicitando aquellos datos, fué obra de un mo- 
mento. Y bien ! la contestación fué- deficiente, unos apenas 
respondieron á algunas preguntas, otros exajeraron visi- 
blemente ciertas respuestas, ^pesar del fárrago informe 
de datos discordantes obtenido entonces, logré, poco á poco, 
llegar aun resultado bastante satisfactorio, como se verá 
mas adelante. 

De los periódicos de que rae ocupo en este artículo, no se 
conservan muchos en la Biblioteca, y si las faltas no son 
mayores hay que agradecerlo á la generosidad de varias 
empresas, no imitadas de todas. Solo los menos son en- 
viados á la Biblioteca, y aunque esta trata de suscribirse á 
los que puede, falta la mayor parte, apesar de que con esto 
se perjudiquen á sí y á sus colaboradores. De nosotros se 
puede decir lo mismo que de otros paises : — 

« ¿tan duro sacrificio, tan grave pérdida, tan costóse donativo seria 
privarse de un ejemplar nif-s en una tirada numerosa? ¿seria tan injusto 
que una legibhcicn previsora supliese con el mandato la imprevisión, la 

TCXO IX. 6 



83 NUfilVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

indolencia, la estrechez de ánimo de algún Director, qae vende luego al 
peso las existencias del periódico desfavorecido ? > 

Preciso es, sin embargo, proceder metódicamente en esta- 
clase de investigaciones. Me propongo, pues, examinar 
cual es el estido del periodismo argentino en 1877 y 1882 
bajo dos puntos devistJ: V puramente tomando la faz 
económico-estadística : 2\ tratando de analizar las tenden- 
cias á que responde. Sé bien que. los datos que aduciré no 
serán rigurosamente exactos, pero conviene hacerlo, siquiera 

« 

para invitar á los que tengan los medios de información re- 
querida, emprendan un verdadero estudio sobre la materia. 
Nadie para esto mejor preparado que el dc»ctor Latzina, 
actual Director de la « Estadística Nacional ». La Exposi- 
ción Continental celebrada el año pasado debia haber sido 

■ 

la ocasión de un trabajo de ese género. El famoso € mo- 
numento » en conmemoración de la imprenta argentina, 
debió también haber producúdo igual resultado. De todos 
modos es una necesidad reunir datos estadísticos, á fin de 
< hacer hablar las cifras >, para usar la enérgica espresion 
de RQmelein. 

El periodismo es un poder verdadero en la República 
Argentina. En esta época, la pluma piiede hacer la for- 
tuna de un hombre y la historia de Walter Scott y de La - 
martine seria suficiente para demostrarlo. Recien entre 
nosotros parece que el diarismo entra en esa via. Lis em- 
presas han tomado un desenvolvimiento extraordinario, y 
el personal empleado en la redacción de un diario es hoy 
dia competente. y numeroso, pagando fuertes sueldos á 
distinguidos, literatos extr mjeros para que envien regu- 
larmente correspondencias políticas ó literarias. Rivalizan 
verd ideramente los diarios en este . progreso, siendo el 



BL PERIODISMO ARGENTINO 83 

público quien sale ganoso, y las mismas empresas, gracias 
á una hábil dirección económica, compensan y superan 
aquollos sacrificios con el desarrollo, mayor cada dia, que 

« 

están dando á la publicidad, lo que les produce pingües 
ren'tas y atienden las necesidades generales del público, 
cuida ndq esmeradamente de la parte comercial, noticiosa 
y literaria, sin dar á la política aquella absorbente pree- 
minencia de que gozaba antes. 

La índole de nuestro periodismo es una mezcla de lo que 
sucede en los diferentes paises del mundo. Es una prensa 
en pdrte de propaganda, como la francesa, ó de partido, 
como la inglesa, ó de especulación, como la norte-ame- 
ricana. En ella han escrito ó escriben casi todo los hom- 
bres distinguidos del pais en ciencias, letras y artes, ya 
con su nombre ya sin decirlo. Entre nosotros reina una 
libertad omnímoda en miteria de prensa.* Esto no ca- 

* 

rece de inconvenientes. 

Pero Ul 'es )a naturnlcza de la infliitncion : permitir qne puela 
escrihirse cuniito se necesita <^ quiera, de lugar á la publicación de lo 
que tal vez couv^ndna no difundir; sirve más fá.'i!, mas pronto y 
segurumente para el aMque que para la defensa. El an('>nimo, arma 
peligrosa de manej.ar, está en la prensa á veces en manos mas atrevi- 
▼idns que prudentes : en beneficio, en defensa del derecho público se 
^ b< eticne, y á cada pa.«o sirve para molestia, vejamen, ó grave daño de 
intereses particulares Ei hombre de bien usa de ella con tino * el ma- 
Itgno, la emph'a siu moderación, y sin responsabilidad casi siempre; la 
lucha suele ser desigual: por un lado, el qne combate de oficio, auxi- 
liado de UUH redacción, á* veces numerosas, por otro, el solo individuo, 
ignorante por lo común del uso del arma, y qne ha de habérselas con 
antagonistas nguerridos y que no suelen tener tarea mas grata en que 
ocupan e: juego viene á ser en ocasiones la prensa periódica, donde 
sirve mejor á quien mejor la maneja. (1) 



(l¡ Ferió IÍC08 de' Madrid ^ obra premíala por la Blbloteca Nácio' 
nal. Madrid 187tt. 



84 nubva revista de bubkos aires 

Reflexiones son esas hechas respecto de España por el 
eminente Hartzembusch : — ¿ son quizá aplicables á la 
República Argentina ? . . . 

Para someter los datos que he reunido á un examen 
fructífero, preciso es justificar primero el método que 
he creido conveniente adoptar. 

Los periódicos, según la opinión mas autorizada en la 
materia, pueden dividirse en dos grandes grupos: los 
periódicos políticos, que se ocupan esclusivamente de po- 
lítica y á vez de comercio é industria; los periódicos 
no-políticos, que se ocupan de asuntos literarias, artísticos 
ó cientidcos, ó que se proponen meramente deleitar. 

Las publicaciones comerciales ó industriales tienen que 
clasificarse bajo el rubro de periódicos políticos, porque en 
estos se distinguen P los diarios^ que tienen voz delibe- 
rante en las cuestiones del momento, y en los cuales pre- * 
domina el elemento noticioso á la par que el político^ y 2** 
las revistas, que son las que profundizan las cuestiones 
políticas y económicas, cuyo estudio es imposible que sea 
exijido de los diarios^ á causa de la rapidez con que.tienen 
que ser escritos. Los periódicos políticos se subdividen, 
pues, en tres grandes secciones: V políticos propiamente 
dichos ; 2"" comerciales é industriales ; 3"* mixtos, en que 
ambas clases se hallan reunidas independientemente. 

Los periódicos no-políticos se han divididos en 2 clases : 
1" serios; 2'* jocosos. Los serios comprenden todos los que 
se proponen instruir de cualquier manera que sea ya re- 
solviendo problemas de historia, ciencia, literatura ú otro 
tema cualquiera de los conocimientos humanos. Los joco- 
sos, encierran aquellos que tratan de deleitar ó explotar 
pasiones poco nobles, englobándose entre estos últimos los 



BL PERIODISMO ARGENTINO 85 

que son realmente inmorales, como Doña Mariquita y 
otros que aparecían en 1877. 
De ahí pues que la clasificación de los periódicos se^ : 

FUBLIOACIOyCS PERIÓDICAS — 

A.— Periódicos politices 

1. políticos propiameDte dichos 

2. Comerciales é industríale;. 
8. mixtos. 

B. — Periódicos no políticos 
1. sériofl 

a. históricos. 
h. científicos. 

c. literarios. 

d. jurídicos. 

e. filosóficos. 
3*. jocosos 

a. satíneos. 
5. frÍTolos. 
e. burlescos. 
d, inmorales. 

Este cuadro desarrolla solo la clase bibliográfica á que el 
periódico tiene que pertenecer, y en efecto, no hay periódico 
alguno que no pueda incluirse en algunas de esas subdivi- 
siones, cuyo número no se reduce al citado sino que puede 
aumentarse mucho mas, según sean los puntos especiales á 
que haya de referirse. 

Pero, cualquiera que sea el carácter predominante de un 
periódico, este tiene una cierta manera de publicarse, esto 
es : ó sale diariamente, ó cada semana, etc. Desarrollando 
estas consideraciones se obtiene el cuadro siguiente : — 

FDBLICACIONXS PERIÓDICAS— 

A, Diarios 



86 



NUEYA. RBTISTA DE BUENOS AIRES 



B. Periódicoa 

a. trí-semaiiBles. 

b. bi-semanalefl. 

c. semADales. 

d. tri- mensuales. 

e. quincenales. 
/. mensuales. 
g. bi-mestrales. 
A. tri-mestrales. 
i . semestrales. 
j . anuales. 

C. Irregulares 

Del mismo modo se obtienen cuadros análogos conside- 
rando á los periódicos V — según el lugar de su aparición ; 
2° — su nacionalidad ; y 3" — idioma en que están escritos. 

Aplicando, pues, ese sistema de clasificación á la prensa 
argentina en 1877 y 1882, se obtienen los resultados si- 
guientes : — 



I, — En cuanto á las materias 



1877 



1882 



PÜBMCACIOKES PKRIÓMCÁS 

A. Periódicos políticos. . 

B, Periódicos no politices . 

1. serios .... 

a. históricos 

b. cieutifícos 
e, literarios 

d. jurídicos 

e. filosóficos 

/. pedagógicos 
g, ariisticos . 
h. administrativos 

2. jocosos , 



148 


216 


88 


146 


60 


88 


45 


80 


2 


5 


7 


13 


18 


13 


• 5 


6 


8 


6 


1 


7 


2 


4 


7 


7 


15 


8 



EL PERIODISMO ARGENTINO 



87 



11,— En cuavto á su modo (le aparición 



1877 



A, Diarios, 

B. Periódicos, 



a. trí-Bemanales 

6. bi'Sem anales 

c. seinaoales . 

d. iri-meiifiualeg 

e. quincenales. 
/. mensuales . 
g. tri-meptrales 
j. anuales . . 



C. Irregulares 



111, --En cuanto al lujar de su publicación 



A. Capital. ,' 

'B. Provincias 

1. Buenos Aires. . 

a. Azul. . . 

b. Ayacucho . 

c. Bahia Blanca. 

d. Baradero . 

e. Balcarce . . 
/. Barracas al Sud 
g, Belgrano . 
h. Bragado 
i. Cañuelas 
j. Chascomús. 
k. Chivilcoy , 
/. Dolores, 
m. Las Flores 
n. La Plata . 
o. Mercedes . 
p. Morón . . 
q. Pergamino, 



1882 



84 

■ 


46 


114 


169 


14 


11 


22 


86 


62 


62 


1 


3 


18 


22 


6 


19 


• 


1 




2 


6 


13 



83 


103 


65 


112 


25 


39 


4 


8 


— 


1 


1 


1 


1 


— 


— 


1 


1 


1 


2 


2 


— 


1 


— 


1 


— 


1 


2 


2 


8 


8 


1 


1 


— 


1 


2 


8 


— 


2 


1 


2 



88 



NÜHSVA REVISTA DE BUENOS AIRES 



1877 



1782 



r. Quilines . • . 


2 


1 


8. San José de Fio 


res. — 


1 


t, San Fernando. . 


1 


1 


X. San Pedro. . , 


— 


1 


y. San Nicolás . . 


2 


4 


B. San Martin . . 


— 


1 


aa. Saladillo . . 


, . — 


1 


bb. Tandil . . , , 


2 


1 


2. Santa Fé 


6 


11 


a. Santa Fé . . . 


8 


2 


6. ^Rosario. . . . 


. . 2 


7 


c. San Urbano . . 


1 


— 


d, Esperanza. . . 


— 


2 


8. Corrientes. . . . 


. . 4 


11 


a. Corrientes. . . 


8 


6 


b. Bella Vista . < 


— 


1 


c. Caa-Cati . • 


. 


2 


• d.' Goya . . . 


. . 1 


1 


6. Mercedes . . < 


. . — 


1 


/• Monte Caseros 


. . — 


1 


4 Entre Rios. . . . 


. . 16 


23 


a. Paraná . ^ . 


. . 8 


8 


b. C. del Uruguay 


6 


9 


c. Colon 


, . — 


2 


d. Concordia . . 


. . 2 


— 


6. Coronda . . . 


. . — 


1 


/. Gualeguay . . 


. . 1 


1 


g. Gualeguaychú . 


. . 2 


2 


h. Nogoyá . . . 


1 


8 


i, Victoria . . . 


. . 1 


2 


5. Córdoba .... 


. . 3 


18 


a. Córdoba. . . 


. . 3 


16 


6. La Paz . . . 


. . — 


1 


c. Rio IV . . . 


. . — 


1 


6. Catamarca . . • 


. . 1 


2 



EL .PESRIODISMO ARGENTINO 



89 



1877 



1782 



del 



Estero 



a. Gataiiiarc& 

7. Mendoza. . 

a. Mendoza 

8. San Luía .' 

a. San Luis 

9. San Juan . 

a. San Joan 

10. Rioja . . 

« 

a., Rioja. 

11. Santiago . 

a. Santiago 

12. Tucnman . 
a. Tucuman 

18. Salta . . 

a. Salta . 
14 Jujaj . . 

a. Jojuy . 
IV.— En cuanto á su nacionalidad 

A, Nacionales 

B, Extranjeros 
y .--En cuanto al idioma en 

a. Castellano 
h. Alemán . . 

c. Francés . 

d. Inglés . 

e. Italiano . 



que se 



publ 



1 


2 


1 


8 


1 


^ 


2 


2 


2 


2 


— 


8 


— 


8 


1 


1 


1 


1 


1 


8 


1 


8 


2 


3 


2 


8 


2 


1 


• 

2 


1 


— 


1 


— 


1 


184 


192 


14 


28 


ican 




136 


197 


3 


4 


1 


3 


3 


8 


5 


8 



Pero, antes de entrar á examinar estos datos, falta ave- 
riguar i° — cual es el tiraje medio de la prensa argentina ; 
2" — cual es su costo con relación al público ; 3° — cuanta 
gente vive de la prensa. 

En cuanto al tiraje medio de los diarios ; no existiendo 
UQ control oficial, es muy dificil saberlo á punto fijo. En 
las respuestas á la circular enviada por mi en 1877 á toda 



90 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

la prensa, los datos á este respecto eran maniflestamente 
abultados, y tanto que era diflcil hacer un cálculo exacto. 
En la actualidad hay diarios en esta Capital, cuyas tnáqui- 
ñas señalan automáticamente el número del tiraje y en ellas 
se puede ver que uno tira 8.700 ejemplares, pero que 
hay varios cuyo tiraje es de 5.O0O. Este dato es sinem- 
bargo excepcional entre nosotros, pues la circulación de 
nuestros diarios es limitada,. y la de los de fuera de la 
Capital, mas aun. No sucede coijao en otras partes, el Bra- 
sil por ejemplo, cuya « Gazeta de Noticias » tira • 24.000 
números, y el « Jornal do Commereio » 18.000. De ahí 
que, para no pecar por exajeracion, y teniendo en cuenta 
los diarios de la Capital y los de los pueblos de campaña, 
puede adoptarse, — cifra inferior á la realidad — como 
término medio, 1500 ejemplares. 

Aplicando ese cálculo al número de periódicos señalado, 
resulta que su circulación en toda la República ha sido. . 

1877 1882 



Por día . . 


222,000 ejp. 


322,600 


<»J8. 


Por mes. . 


. 6 550,090 — 


8.062,600 


— 


Por afio*. . 


. 66.600,000 — 


96.760,00 


— 



Efectivamente, si tenemos en cuenta los dias feriados tanto 
civiles como religiosos, puede calcularse que el mes peiío- 
dístico se compone de 25 dias, lo que hace concordar el 
precio ordinario de la suscricion que es, térmio medio, de 25 
ps. m{c. Luego, pues, resulta que en la circulación de la 
prensa argentina, puede calcularse el número al valor de 
1 ps. m¡c. porque si bien los periódicos cuentan siempre 
mas, su circulación en cambio baja de 1.500 ejemplares, 
de mod,o que — tomando siempre cantidades inferiores á la 



BL PERIODISMO ARGENTINO 91 

realidad — es permitido aceptar 1 ps. míe. como costo de 
cada número. 
Asi., pues, resulta que la prensa argentina cuesta. 

1877 1882 



Por dia . . 


222,000 ps. mic. 


322,500 ps. míe. 


Por mes. . 


, 5 6/=.0,000 — 


8.062,500 — 


Por año. . 


. 66.600,000 — 


96.760,000 — 



Este resultado no es en manera alguna exajerado, 
porque tomo un término medio entre la circulación y el 
costo. El precio mas ínfimo de un periódico es de 1 ps. 
míe. y el superior de muchas Revistas es de 50 ps. míe. 
cobrando la generalidad de ellas 30 ps. míe. Aunque la 
lirada de una Revista sea muy inferior á la del diario, 
sinemb^rgo su costo es superior : así, un diario, término 
medio, he calculado tira 1.500 números, lo que al fin del 
mes hace 37,500 ps. míe. 6 sea representa *un tiraje medio 
de 1,250 ejemplares de una Revista^ lo que es inferior á 
la media proporcional. 

Sinembargo, concretando el cálculo á los diarios, en los 
cuales el tiraje medio de 1,500 es evidentemente inferior á 
la realidad, y el precio mensual de 25, también, puesto que 
el menos cuesta eso y una gran parte pide 30, — se obtendrá 
el siguiente resultado: 

1877 1882 



Diarios ^ 34 36 

Circulación 7 costo— por dia— 51,000 ps. mic 69,000 ps. mío. 

— —por mes— 1.275,000 — 1.725,000 — 

— —por año— '15.300,000 — 20.700,000 — 

Considerando al resto de las publicaciones periódicas en 
su conjunto, se vé que predominan las tri*semanales> bi-se« 



02 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 



• 



males, y semanales estando en menor número las demás. 
Adopto, pues, como término medio, el del semanal, sabiendo 
que es en mucho inferior á la realidad, y como tirada media, 
paréceme que la cifra de 500 es igualmente muy baja, 
pero, para que no se tachen de exajerados estos cálculos, 
aplicando esa media proporcional, resulta. 

1877 1882 



Periódieos. .... 114 169 

CircalaoioQ por semana., 57,000 ejemp. 84,600 ejemp. 

— rae». . 228,000 — 888,000 — . 

— año. . 2.736,000 — • 4.056,000 — 

Pero, como el mas barato de los periódicos cuesta 15 ps. 
y el mas caro 50 ps. me parece igualmente adoptar una 
cifra baja al aceptar 20 ps. por mes, ó sea 5 ps. por cada 
ejemplar. Asi, sé tendría. 

1877 1882 



Costo por semana . 285,000 ps.. mic. 422,500 ps. mic 

— mes . . 1.140,000 — 1.690,000 — 

— año . . 18.680,000 — 20.^80,000 — 

Uniendo á los periódico con los diarios resulta que la 
prensa argentina ha costado, por lo menos. 

1877 1882 



Mes .... 2.415,000 ps. m[c i< 415,000 
Año ... . 28.980,000 — 40.980,000 

Ahora bien, la proporción de este gasto con el número 
de habitantes es la siguiente: 

Años Gastos en periódicos Habitantes Proporción 



1877 28.980.000 ps. mic. 2.437,000 11 ps. mic. por alma 
1882 40.980,000 — 8.026,000 13 ll2 — — 



EL PERIODISMO ARGENTINO 93 

¿ Cuanto gastan las emprensas en sus diversos periódicos ? 
Cuando recojí los datos á que he aludido respecto de 1877, 
notó en esto una no muy grande exactitud porqué, com- 
parando unos con otros, las diferencias son muy considera- 
bles entre el tira'je probable y el costo mensual. Habia 
empresas que pretendían gastar mcnsualmente de 140, á 
170,000 ps. mic. mientras otras oscilaban entre 30 á 40.000 
ps. mjc. — esto por lo que se refiere á los diarios, pues en 
cuanto á los periódicos, los gastos se computan de 5 á 7.000 
ps. mic. pues la redacción, dirección y administración gene- 
ralmente es gratuita, aspirando las empresas á que la 
suscricion cubra tan solo los gastos materiales de la empre- 
.sa. En cuanto á 1882 el doctor Latziua cita diarios que 
gastan anualmente 3.000.000 ps. m|c. teniendo en circula- 
ción un capital de 15.000.000 ps. míe. Pero esto es excep- 
cional, pues solo se refiere á uno ó dos diarios : á La Nación 
y á La Prensa^ los dos colosos del periodismo argentino. 

Siguiendo siempre la tendencia de adoptar una media 
proporcional inferior á la realidad, puede aceptarse sin 
vacilar la cifra de 50,000 ps. m[c. como costo mensual de 
los diarios y la de los periódicos en 6,000 ps. míe. Resul- 
tar¡¿i, entonces los siguientes : — 

CORTO 

Años Diarios Público Empresas Pérdida aparente 



1877 84 16.800,000 ps. mic 20.400,000 ps. mic 6.100,000 ps. role 
1882 46 20.700,000 — 27.000,000 — 6.900,000 — 

Evidentemente este cálculo necesita completarse, pues 
no podría subsistir empresa alguna con semejante pérdida 
anual de 150,000 ps. míe. 



94 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

Ahora bien, desde que en 1867 don A. J. Bernheim tundo 
La Bepública é inauguró el sistema de lamenta de núme- 
ros sueltos á 1 ps. mic. se operó una verdadera revolución 
. en nuestro periodismo. Los gastos de redacción, corres- 
ponsales, impresión, etc. no podrían cubrirse únicaraéfite 
con una suscricton mensual de 25 ps. mío. por eso antes de 
aquella épocí cualquier diario exijia 40 ps. m[c. monsuíiles 
a sus suscritores, y hoy mismo esto pasa en muchas provin- 
cias, pues en el Rosario, p. e., los diarios cuestan exact-i^^ 
mente el doble de los de Buenos Aires. Pero introducien- 
do en la confección del diario una hábil dirección mercantil, 
de manera de multiplicar los avisos de todo género, con el 
objeto de cubrir el déficit posible, y facilitar la circulacioi^ 
del diario,, podria rebajarse su precio. Hoy es cosa sabida 
quo cuanto mas barato es un diario tanta mas circulación 
tiene, y cuanto más circula se aumenta la publicidad de 
los avisos que en él se inserten, de manera que en realidad 
son los avisos los que mantienen á un diario. Pero las 
diversas empresas se empeñan en no revelar cumto les 
preducen los avisos, por manera que solo se podrá hacer 
un cálculo aproximativo, comparando el valor de . la linea 
en La Prensa ó La Nación con el que tiene en diarios 
mucho inferiores : la cifra que he podido obtener parti- 
cularmente varia entr^ 250 y 120,000 ps. m[c. mensuales 
como producido de los avisos tanto particulares como 
oflci'iles. Asi en el diario que tenga como producto de 
avisos 250,000 ps. míe. su renta líquida subirá á 100.000 ps. 
rofc. mensuales, una vez pagos todos los gastos, mientras 
que en los de 120,000 resultarla una pérdida real, lo que ex- 
plica la vid i lánguid i de algunas diarios, ó sino los recursos 
extra-populares de que viven, y hasta pueden progresar. 



EL PERIODISMO ARGENTINO 95 

Haciendo el cálculo relativo á los periódicos con la media 
proporcional aceptada mas arrijba, resulta : 

COSTO 

Años PeH'coB l*úblico Js/tnyrenüH Ganancia aparente 



1877 114 13.680,000 ps. m|c 8.248,000 ps. mic 5.432,000 ps. míe 
188^ 169 20.280,000 — 12.168,000 — 8.112,000 — 

Este cálculo, como el anterior, no se puede aceptar sin 
completarlo, pues resultaria de él que en 1877 cada perió- 
dico ganaba anualmente. 45,894 l[2ps. ra[c., y en 1882, 
48,000 ps. m[c., lo que á todas luces es inexacto, pues cono- 
cida de todos es la gran dificultad oon que lucha. entre 
nosotros la paensa periódica para poder aclimatarse. 
Sin embargo, todas esas ganancias se reducirían á 3,824 ps. 
mensuales en 1877, y á 4,000 en 1882 : — no es, pues, asom- 
brosa, pero por experiencia propia puedo garantir que ni 
eso siquiera es exacto, y la explicación muy probablemente 
se encuentra en el hecho de que si bien la circulación es la 
verdadera, su costo es nominal, pues muchos son los suscri- 
toros y los agentes que reciben entregas y que después no 
pagan. Tan es así que cuando se logra balancear los 
gastos con lo producido, las empresas periódicas se con- 
ceptúan felices, pues el favor popular para esa clase de 
publicaciones desgraciadamente solo alcanza á eso !' 

De ahí resulta que la prensa periódica esté obligada á 
vivirde la caridad de los escritores, pues no podría pagar 
ni el mas pequeño artículo, mientras que el diarismo paga 
ya bastante á sus redactores y corresponsales. Esto im- 
pide que las revistas tomen el desarrollo natural que han 
tenido en las demás partes del mundo, é influye además en 
haoer mas difícil la profesión del hombre de let'*as, que no 



96 NUEVA RtíVISTA DE BUENOS AIRES 

encuentra auxilio efectivo sino algunas veces en el diarismo 
y poquísimas en la venta del libro, por lo regular escasa ó 
casi nula. 

Ahora bien ¿qué número de personas viven del perio- 
dismo? 

En el diarismo, término medio, puede considerarse que 
se emplean en su redacción, entre redactores, noticieros, eu- 
c argados de secciones especiales, etc., por lo menos 4 per- 
sonas, lo que con el administrador, dá un total de 5. En 
la impresión del diario, término medio, se emplean 15 per- 
sonas, entre regenta, componedores, cajistas, pone •plie- 
gos, maquinistas etc. 

Con arreglo á este cáculo, vivian del diarismo : — 

Ano 1877 Redactores, ele. 170 operurioB, etc. 510 Toial 680 
1882 — 230 .— 690 — 920 

En cuanto á los periódicos se simplifica notablemente la 
parte referente al personal de redacción é impresión y así 
resulta : -r 

Año 1877 Redacción 228 Impresión 570 Total 798^ 
1882 — 338 — 845 — 1183 

Sin contar entre estos á los repartidores y vendedores al 
por menor, que sin exajeracion alguna, calculados á 10 
individuos por diario, y á 3 por periódico, arrojan un total, 
de : — 

Año 1877 Diarios 840 Repartidores, etc. 342 ToUl 682 
1882 — 460 — 607 — 967 

Luego, el resultado total es : 

AQo 1877 Redacción 680 Impresión 798 Repartición 682 Total 2170 
1882 — 920 - 1,183 — 967 — 3070 

Es decir que viven actualmente del peri )dismo 3,070 per- 
sonas, y en 1877, eran solo 2,170. Este cálculo es segura- 
mente bago, pero por eso mismo mas fidedigno. 



EL PERIODISMO ARGENTINO . 97 

De todos los cálculos desarrollados anteriormente, re- 
sulla que hoy dia en la' República Argentina casi no hay 
víUorio de alguna importancia que no cuente con uno 6 
varios órganos de publicidad, los que se imprimen, sea en 
la misma localidad, sea en la ciudad mas cercana. Predo- 
minan los escritos en español, por ser no solo la lengua 
nacional y estar en ella redactados los documentos de mas 
importnncia, sino porqué los extranjeros que en tan 
gran número vienen á establecerse entre nosotros, pronto 
aprenden el castellano, y llegan á asimilárselo con suma 
facilidad. La inmigración extranjera entre nosotros es, 

sin embargo, tan extraordinaria, — puesto que desde 1870 

• 

á 1882 el saldo á nuestro favor ha sido de 555,122 

• 

inmigrantes — que en las ciudades forma agrupaciones 
compactas á las que impropiamente se las dá el nombre do 
colonias, manteniando sus diarios y periódicos no tan solo 
en las idiomas mas generales, sino aun en dialectos, como 
el slavo, el catalán, el vascuence, etc. Naturalmente, los 
174,506 inmigrantes diseminados en las 78 colonias de 
Santa Fé, Entre Rios, Buenos Aires, Córdoba, Chaco y Pa- 
tagonia, tienen sus diarios y periódicos especiales, muchos 

■ 

de los cuales, como La Luna que en 1877 se publicaba en 
la < Esperanza > tenia por redactor, tipógrafo, prensista, 
repartidor, etc. á una sola persona ! 

No aparecen periódicos sin embargo, sin tener un pú- 
blico cualquiera, y solo subsisten y prosperan aquellos 
que llenan necesidades sentidas y que responden á objetos 
dados. Esto es lo que esplica cómo anualmente hay una 
plétora tal- de periódicos que nacen y desaparecen sin Ua- 
marla atención de la generalidad, y sin dejar tras si ras- 
tro alguno de su precaria aparición. Si solo prosperase coa 

TOMO \X 7 



98 NUEVA REVISTA DE SUEÑOS AIRES 

efecto, los periódicos que cumplen coa una misión cual- 
quiera, pues hay que convencerse de que el periodismo no 
es únicamente una especulación mercantil, sino que ante 
todo debe ser un apostolado. Entre nosotros la prensa, 
por regla general lo es, ai>nque de las ¡deas mas diversas 
ó de los propósitos mas antagónicos. El diario es efec- 
tivamente considerado por todos como el agente inevita- 
ble y necesario de toda idea ó de toda opinión que tienda á 
abrirse camino en el mundo y desee tener éxito. En la 
Repúblitia Argentina es perfectamente exacto lo que decia 
recientemente un publicista europeo. 

• Sucede rara vez que se visluubre ana solacion política ñnaociera de 
cierta importancia, sin que inmediatamente sarga un órgano nuevo, des- 
tinado á hacerla conocer, á alabarla, A dirijirla, á defenderla de tal mo- 
do que para hacer la cuenta exacta de \o% principales acontecimientos de 
nn año y seguir las Íhcrs diversas por las que han pasado las fortunas 
ó las opiniones, bastará con frecuencia hacer pura j simplemente el in- 
ventario de loa diarios que han aparecido ese año y recorrer los que ya 
existían ». 

El mas antiguo de todos los periódicos argentinos es « El 
Constitucional » de Mendoza que se encuentra en su ano 
XXXIIj sigue « El Nacional )^j de Buenos Aires, que 
está en su XXXI años, fundado el P de Mayo de 1852. 
Cosa rara! por orden de antigüedad viene enseguida la 
^Revista Farmacéutica:^, fundada el V de Octubre de 1858, 
y está en su XXV año. € The iSíancíarrí» fundado el 3 
de Julio de 1861, está, pues, en su XXIII años. Recien 
después viene « El Eco de Córdoba » que está en su año 
XXI años. « El Mosquito:!^ le sigue, pues cuenta XX años, 
habiendo sido fundado el 20 de Mayo de 1863. * La € Re- 
vista Médico Quirúrgica » fundada el 8 de Abril de 1864, 
está pues en su XIX años. Los « Fallos de la Suprema 



EL PERIODISMO ARGENTINO 99 

Cor fe Nacional "^j fundados en Setiembre de 1884, cuentan 
también XIX anos. Siguiendo siempre el mismo orden de 
antigüedad se encuentran : — < Le Courrier de ¡a Plata > 
fundado el 1° de Julio de 1865, en su XF/Zi añosj los 
^ Anales (h la Sociedad Rural y> datan del 30 de Setiem- 
bre de 1 8C6, y tienen X VIL Después viene « La Ca- 
pilaly>áe\ Rosario, que está en su año XF/, y la sigue 
« La Voz de Cuyo » de S m Juan, que se encuentra en su 
añoXF. « I/a Prw5a » de Buenos Aires, fundado el 18 
de Octubre de 1869, tiene pues XF años. « La Nación » 
de Buenos Aires tiene en su presente época, haciendo abs- 
tracción de € La Nación 'Argentina)^, tiene X/F años, 
pues, fué fundada el 4 de Enero de 1870. « La Razón », 
de Tucuraan y ^El Progreso -^ de San Nicolás ( Buenos 
Aires ) tienen respectivamente XII años. « hl Correo 
Español » de esta Capital, fundado el 29 de Julio de 1872 
está, pues, en su XII año. Vienen después « L'Operaio 
Italiano >, fundado el V de Marzo de 1873, y « La Liber- 
tad )^j del V de Julio del mismo año; tienen pueí«, XI años. 

• Haciendo abstracción por un momento de la Capital, se 
observa en seguida que en las demás provincias ía prensa 
periódica data de muy pocos años, pues en Entre Rios, los 
mas antiguos de sus periódicos -son « El Argentino i^ < El . 
Paranaense Industrial y^, que cuentan X/Xaños j en Cor- 
rientes, « La Verdad », que tiene VIII] en Salta, « La 
Reforma », de IX años ; en San Luis, ^*El Oasis » de 

Villanos ; y en la de Buenos Aires, además de « El Pro-- 

» 

greso » de San Nicolás ya mencionado, que tiene XZ/años, 
« El Eco del Azul ^ j tEl Norte de Buenos Aires » (do 
San Nicolás) cuentan XI años. 
Pero lo apuntado basta para probar que si bien es 



100 NÜBVA RBVISTA DE BUBNOS AIRES 

cierto que la política sea la deidad querida de los argentinos, 
sinembargo las ciencias, las industrias, el derecho, la litera- 
tura y aun las bellas artes tienen representantes antiguos 
y caracterizados en el periodismo, de los cuales la mayor 
pnrte dirijidos á una clase social determinada, gozan de una 
próspera rida y saludable influencia. La gran fuente de 
riqueza del país — la industria ganadera — cuyos princi- 
pales estancieros formm la benemérita < Sociedad Rural » 
tiene órganos antiguos ya y numerosos hoy. Y la tenden- 
cia satirico*burlona de nuestra sociedad, casi siempre ejer- 
cida en materia política^ está de manifiesto por la larga 

vida de que gozan sus órganos. 
No es estraño que casi todos los periódicos mas impor- 

tantes aparezcan en esta Capital, pues ella es, á la verdad, 
un foco de activísima vida intelectual. Siempre ha ido en 
aumento la prensa en la Capital : en 1854 habia II perió- 
dicos; en 1872, 40; en 1875, 47 ; en 1877, 83; en 1881, 86 ; 
y en 1888, 103. 
Debo reservar para otro artículo la parte mas 

curiosa de estos estudios, que se refieren á la Capital de la 

República comparada bajo el aspecto del periodismo) con 

el resto del país. 
Pena profUnda causa cuando se hacen estos trabajos, 

que ni gobierno ni particulares se preocupen de reunir, 
coleccionar y guardar en alguna Biblioteca tanto periódico. 
Tarea noble y patriótica seria esa, porqué la prensa perió- 
dica refleja de una manera indeleble los diferentes estados 
de la opinioQ pública en un pais, siendo por lo tanto nece- 
sario recurrir á ella, siempre que se quiera saber lo que 
pensaba ó lo que hacia un pueblo en un momento dado de 
su historia. Este hecho es innegable, -y un publicista 
argentino lo ha dicho: 



EL PERIODISMO ARGENTINO 101 

• 

« No puede ponerfe en duda 1a importancia dn la prenFn periódica 
para el historiador. Ella revela Ias agitaciones y Ins pasiones del 
momento, muestra hasta en su misma exojeracion las tendencias de 
los partidos 7 las necesidades de una época- » 

Y sinembargo casi nada se ha hecho entre nosotros sobre 
el particular ; si se exceptúa un pequeño folleto publicado 
en 1865 por don Acisclo M. Cabot, las importantes « Bi- 
bliografias » de don Antonio Zinny, y alguno que otro capí- 
tulo en publicaciones de otro carácter. 

Un notable historiador de la Revolución Francesa ha 
dicho con razón : — 

< Tengo hoy convicciones laboriosamente adquiridas, y opiniones bien 
claras acerca de los hombres y de los acontecimientos. Esas oonviccio- 
oealas debo mucho mas á la lectura de las hojas periódicas de los 6 á 7 
años de nuestra regeneración social que á todas las « Sistoriaa • ó 
c Memorias > publicadas sobre esa época. Asi repetiré aqui lo que ya he 
dicho muchaa veces : en las hojas políticas solamente es donde se encuen- 
tra los materiales propios para reconstruir la historia de nuestra gran 

• « 

Revolución. > 

¿ Que dirán los futuros historiadores argentinos 

cuando estudien nuestra época y sepan cuan poderosa y 
multiplicada era nuestra prensa, pero no encuentren Ar- 
chivo ni Biblioteca donde poder consultarla ? 

Ernesto QUESADA. 



EL mm\im intelectual brasilero 

En los illtimos diez años 

I 

El aventajado escritor brasilero señor José Verissimo, 
ha publicado en la interesante Revista Amazónica^ un 
estudio sobre el tópico del epígrafe. Creemos que servi- 
mos al desarrollo de las bellas letras latino-americanas, 
traduciendo aquel trabajo, separándonos un poco de la 
forma de discurso con que fué dado á luz, cuando lo pro- 
nunció el autor en la Sociedad protectora de la Ins- 
trucción. 

El crédito de que justamente goza este escritor, el natu- 
ral interés que inspira todo lo que se refiere al desarrollo 
intelectual en Sud-América, y sobre todo, los lazos que 
unen y deberán unir estrechamente á las naciones limítro- 
fes, explican que nos apresuremos á reproducir en nuestras 
columnas todo lo que pueda servir para conocer cual es 
el estado de las bellas letras en lospaises vecinos. En 
ello cumplimos nuestro antiguo programa, á cuyo exacto 
cumphmiento nos encontramos mayormente obligados • 
por las singulares demostraciones de confraternidad lite- 
raria que nos han prodigado los hombres de letras en el 
Brasil. 



BL MOVIMIENTO INTEL.B:CTÜAL BRASILERO 103 

El señor Verissimo, dice con acierto, que enuna confe- 
rencia es imposible dar á una materia tan compleja, todo 
el desenvolvimiento que merece, por cuya causa se limita 
á exponer una síntesis del asunto, que . es tan lleno de 
atractivos y novedades. 

Cedérnosle la palabra, en lo que ganarán los lectores, 

II. 

No fué por mero capricho, dice, que escogí la época 
posterior á 1873, para estudiar el movimiento intelectual 
brasilero. 

Lo hice de propósito, porque, como lo ha observado un 
crítico cuyo nombre tendré que repetir con frecuencia, el 
señor Sylvio Romero, es desde esta fecha que el Brasil 
pareció entrar en el movimiento intelectual que he se- 
ñalado. 

El autor se refiere á la introducción de su discurso. 

Lo diré sin ambajes, continúa, hasta el año 73 fué 
limitadísima nuestra vida intelectual, concretada respecto 
á las cienci/^s á algunos trabajos do erudición histórica y 
jurídica, ahogada en la corte del Imperio por la idolatría 
romántica, y por e\ fetiquismo que la Juventud profesaba 
por los decrépitos representantes de aquel movimiento/ 

La ciencia no existia sino en la repetición lámenos origi- 
nal de los libros franceses, hecha en los cursos superiores 
de matemáticas y de medicina, y para decirlo todo, en el 
año en que me matriculé en la antigua Escuela Central, 
hoy politécnica, se estudiaba matemáticas exclusivamente 
por Lacroix, y los compendios de Jas ciencias naturales 
traían esta advertencia en el frontispicio : — Aprouvé par 
Monseigneur VArchévéque de Paris^ y en ellos, el de 



104 NUBVA REVISTA DS BUBNOS AIRBS 

» 

mineralogía de Bendant, negaba — 1874 — la existencia 
del hombre fósil ! 

En nuestras academias, que eran y no podian dejar de 
ser, dado nuestro estado social, el centro único del movi- 
miento científico, los estudios de esperimento y de obser- 
vación, bases de toda ciencia de una importancia capital 
y exclusiva para su desarrollo, se hacian sin laboratorios 
ni gabinetes ó en gabinetes pobrísimos, lo que importa' 
decir que, á penas existían en nuestros programas ofi- 
ciales. 

En una palabra, desde la independencia hasta 1873, no 
hay, DO conozco á lo menos, á no ser quizá la Flora Flu- 
minense de Velloso, un solo trabajo de valor para la 
ciencia brasilera. 

Nada, bajo este aspecto, la estagnación era completa. 
Es claro que se hallaban los sabios oficiales, creados por 
la opinión pública ó por simples coterieSy sabios que sabian 
mucho, según era fama, pero que nada producían para 
que la critica, que es á su vez una ciencia experimental, 
pudiera juzgar de su merecimiento. 

En fllosofla teniamos maestros de esa disciplina, y 
manuales, pero ningún filósofo, pues tal nombre no lo me- 
recen Mont' Alverne, ni Ferreira Franca, ni Patricio 

Muñiz. 

El único que podría justificar ese título era Magalhaes, 
pero no hizo sino repetir á los idealistas católicos de su 
tiempo, sin producir ni ideas, ni críticas originales. 

Reinaban como maestros respetados el ecléctico Víctor 
Cousin, tan ilustre en ^u tiempo cuanto hoy está completa- 
mente olvidado, Maine de Biran, y todo el idealismo 

francés. 



BL MOTIMIBNTO INTBLBCTÜAL BRASILERO 105 

La literatura se hallaba completamente fuera do su vida^ 
por la falsiñcacion del movimiento que aquí si tenia razón 
de ser no fué bien comprendido el movimiento romántico, 
en vano luchaba por encontrar su camino y su porvenir. 

Gomo q1 romanticismo íuera en Europa, bajo una forma 
literaria, una revolución democrática, que se sublevó, por 
una parte, contra el pasado medieval eq el cual el estado 
' llano iba á encontrar el origen glorioso de su formación, 
por otra, contra los orígenes poéticos y tradicionales 
del sentimiento popular, siguiendo la corriente creada por 
los hermanos Grimon, en Alemania, ios Thierry y poste- 
riormente Michelet en Francia, Garret y Herculano en 
Portugal, nuestros literatos no encontrando ó no viendo 
tras sino al indio, al salvaje, estentieron hacia él el pasado 
brasilero, y se pusieron á cantarlo en prosa y verso, fal- 
seando la etnograña del pais que se forjaron al sabor de 
su imaginación, reviviendo la tradición épica de Basilio de 
Gamboa é Durao, en la ConfederaQao dos Tamoyos y en 
Jos Timbiras. Esto por lo que respecta á la primera faz 
del romanticismo, porque la segunda, inspirada por Musset 
y Bjrron, salió aun mas del camino al fin del que podia 
encontrar la verdad y produjo los nostálgicos de la desgra- 
cia, ospecie de Mantredos manqtds como Alvarez de Aré-* 
valo, Aureliano Lessa, Junqueira Freiré y muchos otros, 
pudiendo continuarse hasta 1873 en Yarella y Castro 
Alv^s. * 

Es principalmente en la poesía y en el romance que se 
ha manifestado en todos tiempos la literatura brasilera. 

De este movimiento embrionariamente esforzado, se 
salvan á penas los poetas cuyos nombres cité y cuyo valer 
es incontestable, el primer lírico nacional Gongalves Dias, 



106 NUEVA REVISTA DB BUENOS AIRES 

y la mas poderesa organización literaria que hayamos 
tenido, José de Alencar. 

Eq ese período, mientras tanto, un hombre de verdadero 
talento y de extraordinaria instrucción literaria, Martins 
Penna, echa en el Irmao das almas y en otras comedias 
las bases del teatro nacional. Desgraciadamente su nom- 
bre no tenia autoridad, y sus tentativas murieron ahoga- 
das por los aplausos que festejaban los monstruos llamados 
Antonio José.^ Olgrato, OthelOj que el romanticismo nos 
exhibía por la grande voz de Joas Castaño; el célebre actor 
nacional. Y nunca mas tuvimos teatro, y aun hoy la 
critica no descubre una sola esperanza en el campo de 
nuestros escritores que cultivan ese género. 

En 1873 — si es posible asentar en los estrechos límites 
de un año la iniciación de un movimiento del género del que 
me ocupo — en 1873, una evolución saludable é inespera- 
da, porque seria difícil encontrarle antecedentes en el pais 
se produce en la inteligencia brasilera. Investigando las 
causas generadoras de este fenómeno — que no podía 
dejar de tenerlas — las hallo todas en los hechos estraños 
por decirlo así de la vida intelectual : la guerra contra el 
Paraguay, el movimiento republicano de 1 870, la guerra 
franco -prusiana, y por fin, la cuestión impropiamente lla- 
mada religiosa, que en verdad no pasó de una cuestíoncilla • 
* 

sin alcance alguno fliosóñco, entre la sacristía y las logias 
masónicas. • . 

Todos estos movimientos, despertando cada uno por su 
parte la conciencia nacional, llamáronla á la realidad de 
los grandes intereses que se debatían fuera de aquí en el 
mundo moral; la pusieron en comunidad de sentimientos 
consigo misma. 



EL MOVIMIENTO INTBLBOTUaL BRASILERO 107 

La guerra contra el Paraguay, como lo dije en una con* 
ferencia en 1880 — sobre la constitución de la unidad 
brasilera, tiene en nuestra historia modérua — y Hamo 
nuestra historia moderna la de nuestra vida después de la 
independencia — una importancia capital: — la de haber 
contribuido para la consolidación de nuestra unidad. Por 
la vez primera de la emancipación política del pais, el 
pueblo'brasilero que hasta entonces vivia segregado é igno- 
rándose recíprocamente las provincias, divididas por menos 
que mezquinas rivalidades, se encontró fuera de las men- 
cionadas preocupaciones del campanario del barrio, en el 
mejor de los campos para estrechar la confraternidad de un 
pueblo — el campo de batalla. Las ideas y los sentimien- 
tos se trasmitieron de provincia á provincia, las relaciones 
del campamento se prolongaron después de la guerra, 
hubo en fin una vasta comunicación interprovincial del 
norte para el sud, cuyos efectos, que no puedo analizar 
extensamente, se hicieron sentir forzosamente en lá nueva 
orientación de la inteligencia nacional. 

El movimiento republicano produjo una nota discordan- 
te y bastinte aguda para hacerse oir en todo el pais, en el 
acuerdo de nuestras funciones públicas despertóse la 

conciencia política de los ciudadanos que, como el Pangloss 
de Voltaire, se creian en el mejor de los mundos posibles, 
Al frente de este movimiento, efímero pero significativo, 
se encontraron hombres que pertenecian á la escuela de 
nuestros publicistas y oradores, como SaldaLha Mavinho, 
Christiano Ottoni, Flavio Farnesi, Lafayette Rodrigues 
Pereira, actualmente presidente del Consejo de ministros, 
(lo que prueba qi'e hay muchos caminos para ir á Roma,) 
Limpo de Abren, Quintino Bocayuva, Salvador de Mendo- 



108 IffUEVl RBYISTA DR BUBNOS AIRB8 . . 

Qa, A^maral y muchos otros, que por la autoridad de sus 
nombres y la respetabilidad de su carácter, reúnen en torno 
suyo, en el mejor diario que bubo hasta ahora en el Brasil, 
la primera República^ una juventud jenerosa, á la cual 
una nueva idea política abria también nuevos ideales lite- 
rarios. Las adhesiones que llegaban de las provincias, 
entre las cuales se contaba la nuestra con el Futuroy ensan-- 
chaban er círculo de acción de ese movimiento. 

La guerra franco -prusiana tuvo grande importancia en 
la evolución á que me reñero, dislocando por un momento 
la supremacía intelectual que en el mundo civilizado, y 
principalmente entre nosotros, ejercía la Francia. 

En efecto, esta guerra formidable, llamó la atención de 
todo el mundo para la Alemania que al mismo tiempo que 
vencia la basta entonces invicta Francia y consolidaba su 
unidad nacional, revelando una superioridad de cultura 
sobre su rival, que sorprendió á todos. Y cosa curiosa ! 
fueron aun los libros franceses inspirados por la ciencia y 
la critica alemanas, ó los libros alemanes traducidos pcur 
franceses, como las obras de Buchnor, Moleschott, de Scho- 
penbaner, de Strauss, de Hartman, de Virchow, de Hcekel, 
los que nos pusieron al mismo tiempo una nueva forma 
mental, generalmente ignorada por nosotros, la cual tuvo 
grande influencia en la mencionada evolución. 

Por otro lado la misma Francia teniendo la conciencia de 
la decadencia á que la había llevado el infausto gobierno 
del segundo imperio, pretendió levantarse por la recons- 
trucción de las ideas^ la cual gracias á la libertad que 
encontró bajo su actual forma de gobierno, dio mayor 
expansión, volviéndose á el casi olvidado positivismo de 
Comte renovado por Littré, ya -para las teoría inglesas 



EL MOVIMIENTO INTELBCTÜAL BRASILERO 109 

del transformismo darwinísta ó del evolucionismo sper>- 
ceniaDO) ya en ñu, para el monismo alemán. Los nuevos 
libros por tanto, que nos llegaban de Francia, que hasta 
entonces fuera nuestra maestra exclusiva, nos traian un 
soplo naas vasto, y en donde la poetividad inconsciente de 
nuestras mejores inteligencias halló el elemento de que 
precisamente carecii para tener consistencia. La cultu- 
ra alemana influyendo igualmente en Portugal, de cuyos 
autores selectos recibíamos también lecciones, creó allí 
una pléyade brillante de escritores, como Teófilo Braga, 
Adolfo Coelho, Joaquín de Vasconcellos, Ramaílo Ortigao, ' 
Autero de Quentil y Luciano Cordeiro, cuya acción — 
dígolo por propia experiencia — no fué pequeña en la 
inteligencia brasilera sostituyéndose á la délos antiguos 
retóricos que nos daban leyes del otro lado del Atlántico. 

Con éste impulso que se daba á nuestros espíritus y 
que tenia por principal,, sino por arena única, los cen- 
tros académicos, de donde se irradiaba en artículos 
efímeros . de diarios y- revist is de poca vida, coincide la 
llamada cuestión religiosa, provocada por insignifican- 
tes luchas de sotanas y opas, por obispos, el de esta 
provincia y el* de Pernambucó, hoy fallecido, que sos- 
tuvieron pretensiones inspiradas por el moderno Código 
de la iglesia católica — el SyUabus — pretensiones que los 
regalistas encontraron desacordadas. 

Entre tanto, á pesir del ningún alcance filosófico ni 
social de la cuestión, la conciencia nacional se alarmó, 
porque vio con justo presentimiento que detras dé una 
mera y ridicula querella de sacristía, existían intencio- 
nes que, dado el carácter vigoroso y absoluto de quien 
las poseía, podían comprometer, no la inviolabilidad de 



lio NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

las leyes del placeta lo que es cuestión de menor im- 
portancia, mas el desarrollo en el sentido moderno, del 
espíritu nacional. 

La prensa de todo el pais — con excepción de media 
docena de diarios clericales — se levantó unánime para 
condenar el procedimiento de los obispos, y abriendo 
lucha con ellos aconteció lo í^ue siempre sucede cuando 
se combate á los ministros de una religión, fueron dis- 
cutidos la misma religión y sus dogmas, por vez. pri- 
mera, de una manera general del norte al sur del 
Imperio. 

Pera sostener la discusión, se habrían los libros « im- 
pios », se estudiaban los modernos exegéticos del evan- 
gelio, los críticos religiosos y los escritores menos parciales 
de la iglesia. Por vez primera aparecieron despertando la 
curiosidaiy atrayendo nuevos lectores, los nombres de 
Renán, Strauss, Drapper, Quinet, Michelet, Littré etc. En 
las Academias, principalmente en la de Pernambuco, á la 
cual como lo demostró el señor Sylvio Romero, cabe la pri- 
macia en el movimiento que es el objeto de esta conferencia, 
la juventud pedia en la lucha dialéctica de todos los dias, 
las creencias de su romántico idealismo cristiano, y hacia 
de los libres pensadores sus guias y mentores. 

En aquella ciudad la « Palavra >, un diario de combate 
dirigido por Franklin Tavora, Sylvio Romero, Sousa Pinto, 
Tobias Barreto y otros, discutia, sino con profundidad, con 
sinceridad y buena fé, todos los problemas de ciencia, de 
literatura, Je arte y de política, según el criterio de la 
nueva orientación filosófica, y en Rio de Janeiro La Idea^ 
revista mensual de Miguel Lemos y Teixera de Sousa agru- 
paba en sus columnas, por este mismo tiempo y en estos 



BL "MOVIMIENTO INTELÉSCTÜAL BRASILERO 111 

mismos principios^ lo que había de mas distinguido en el 
cuerpo académico de aquella ciudad. En el parlamento 
algunas voces elocuentes, sirviendo muy apropósito la com- 
viccion de incolora - metañsica constitucional, mantenían 
este útilísimo alboroso en los espíritus. En los principales 
diarios de Rio de Janeiro, el Jornal do CommerciOj El Dia^ 
rio do Rio de Janeiro y después el Gloho^ un polemista 
ardiente, el representante mis autorizado de la masonería 
brasilera y del partido republicano, mantenía, bijo el fa- 
moso seudónimo de Ganganelli, en artículos que toda la 
prensa del Brasil reprodujo, la lucha anti- clerical. 

No se negará lo mucho que actuó en los espíritus con 
estos artículos el señor Saldanha Marinho ; nunca escritor 
alguno en estopáis fué mas leído y apreciado, mas el espí- 
ritu de secta con que estaban escritos y la falta de una 
dirección filosófica sistemática hace que los tres gruesos 
volümenos en que fueron compilados los artículos bajo el 
•título de Iji Iglesia y él Estado, sean hoy apenas un 
documento importante para la historia de aquella lucha, 
sin mas valor teórico. A este trabajo, se juntaron ade- 
más otros libros y folletos entre los cuales es preciso seña- 
lar dos : Igreja no Estado del señor Consejero Fito Franco 
d'Almeida y el Direiio contra Direito del señor doctor 
Antonio Macedo Costa, obispo de esta diócesis. 

El principio realista de las prerogativas del Estado? 
encontró en el señor d'Almeida un habilísimo desfensor, 
entretanto, el principio estrecho, tratado bajo una forma 
jurídica, hacia de la cuestión un mero negocio de po- 
lítica. 

A la juventud no agradó este libro, empero erudito 
y bien hecho, prefiriendo siempre el del señor Sal- 



112 NUEVA REVISTA DE BUENOS A.IRES 

danha Marinho que, en medio de la coníusioa de las 
ideas del rasionalismo metafísico, tenia á sus ojos dos 
grandes méritos; el de levantar la bandera de la sep?:- 
racion de la igle§ia y del Estado, y el espíritu del libré 
pensamienío que á veces resonaba. De cuantos volúme- 
nes, entretanto, aparecieron en esa época sobre esta 
cuestión, el mas importante, el que mas penetró en el 
espíritu público fué el del obispo de Para, el ya citado 
Direito contra Direito, porque está escrito con .dia- 
léctica vigorosa, palpable sinceridad de convicciones, y 

una laudable franqueza; tiene además en sí mismo ser 

« 

perfectamente lógico. Las nuevas generaciones que des- 
pertaban ló aplaudieron, pues esa obra, en la cual el 
enemigo se descubre con honrosísima lealtad y cuyas 
conclusiones, que son perfectamente lógicas, llevaba fa- 
talmento á este dilema: ó la iglesia libre en el Estado 
ó separación de una y otra — la mas bella aspiración, en 
este orden de ideas, del pensamiento moderno. 

Apesar de los ataques de Ganganelli, y de la vigo- 
rosa y erudita refutación del señor Fito Franco en artí- 
culos publicados primero en el Jornal do Commercio, 
bajo el seudóminp O Canonisid y mas tarde compilados 
en un volumen, el libro, con sus verdader.i conclusiones, 
quedó en pié. 

La instrucción públici entró á ocupar de una manera 
seria los gobiernos y el público. La Tipografía Nacional 
imprimia en un volumen las traducciones de los trabyos 
de Hippeau sobre instrucción pública en los Estados Unidos, 
en Inglaterra y en Prusia, reformábase el Colegio de Pedro 
II, estableciéndose conferencias y cursos públicos, y en fin, 
en 1874, el gobierno reformó el apitiguo curso de Inge- 



EL MOVIMIENTO INTELECTUAL BRASILERO 113 

nieria en la Escuela Central, creando la Escuela Politécnica 
y en ella ademas de los cursos de las artes del ingeniero 
civil, manufacturero 6 de minas, las dos importantísimas 
secciones de ciencias físicas y naturales y de ciencias físicas 
y matemáticas, haciendo venir de Europa profesores como 
Guignet, el mineralogista Gorceix, á quien incumbió después 
fundar la « Escuela de Ouro Preto, » el flsiologista Couty, 
dotando al mismo tiempo mas generosamente los laborato- 
rios y gabinetes y enviando profesores á Europa, para que 
estudiaran los perfeccionamientos de las materias que 
enseñaban. En el nuevo programa por la vez primera 
aparecian en los cursos académicos, los nombres de cier- 
tas materias, como biologia y otras. 

Al mismo tiempo, en las provincias, se notaba igual 
movimiento en los espíritus. 

Ya hablé de Pernainbuco, donde la juventud académica 
antes que la de Rio de Janeiro leia y criticaba á los mo- 
dernos pensadores; en Ceará, en torno de un joven prema- 
turamente fallecido y de quien hay un libro postumo con 
el título Litter atura y Crítica^ Raimundo da Rocha Lima, 
agrupábanse otros como José Alencar, Capistrano de Abreu, 
inteligencia poderosa y después autor de los Esticos da 
historia do Brazil no seculo 16; Tomás Pompen, orador 
afluente y agradable, y otros. En Rio Grande, tampoco 
quedó perdido este ejemplo, la inmigración alemana que 
hacia allí se dirigia, impregnaba de germanismo á los 
escritores y periodistas, al frente de los cuales estaba Carlos 
Koseritz. 

De allí surgió en 1874, el Fin da Crea^ao de Araujo 
Ribeíro, la primera obra francamente darvinista, sino ma- 
terialista, escrita en el Brasil. 

TOMO IX. 8 



114 NUEVA RBVISTA DE BUENOS AIRES 

En San Pablo, un pensador solitario, un médico de Jaca- 
rehy, el señor Pereira Barreto, estudia y propaga la fllosofla 
positivista, publicando en 1874 el primer volumen de su 
obra, todavia no concluida, As tres philosophias. 

En esta reseña, que no puedo prolongar, es imposible 
encontrar el Para, al cual, lo digo con pesar, la civilización 
brasilera nada le debe, ponqué la misma cuestión religiosa 
que si no nació aquí á lo menos aquí tuvo enorme repercu- 
sión, no pasó en nuestra provincia de una insignificante y 
mezquina lucha de facciones, mantenida en la prensa diaria 
en una serie de artículos sin alcance, ni novedades. Si 
alguna cosa produjo, fué un falso y estúpido sentimiento de 
nacionalidad que engendró, para vergüenza nuestra, el 
diario y el menguado partido de la Tribuna. 

No debemos entretanto dar á esta agitación mayor im- 
portancia que la que realmente merece. Existe, es cierto, 
y actúa fuertemente en las inteligencias, pero se despar- 
rama, se dispersa en el diarismo del pais entero, en panfletos 
leídos y luego olvidados, en efímeras revistas y periódicos 
académicos, en conferencias y discursos públicos, en las 
discusiones de las sociedades literarias que, en los centros 
principales como Pernambuco, Rio, San Pablo, Rio Grande 
del Sud y Babia, germinan como sabandijas después de la 
lluvia. 

Jamás se condensó en una corriente unida y fuerte, 
que produjese grandes resultados, esto es, grandes obras, 
de esas que hacen la gloria de un hombre y la honra 
de una literatura. Para ello hay una causa de un valor 
capital; el no poder el escritor brasilero vivir de sus 
obras, lo que le obliga forzosamente á no ser sino un 
simple aficionado, un dilettante. En la literatura como 



EL MOVIMIENTO INTELECTUAL BRASILERO 115 

en la ciencias, como en el arte, el aficionado es por 
regla general un ente sin valor, de influenci¿i perniciosa. 
Es solo el ejercicio de la profesión lo que hace tan 
grandes personalidades, literarias ó científicas, por el 
trabajo de todas las horas, por el continuado é incesante 
estudio. Es t¿into que nuestros sabios y nuestros lite- 
ratos solo disponen de sus ocios, de las horas desocu- 
padas, hurtadas ciertamente á las ocupaciones diarias 
que dan de vivir. El país donde l.i inteligencia queda 
así sin base material, no puede aspirar á producir un 
movimiento intelectual fecundo en resultados. Sin embargo 
— y sea honra hecha á nuestros literatos que sin 
recompensas, ni, las mas de las veces, la de la consi- 
deración pública, no desmayan en la labor — apesar del 
medio poco propicio al estudio, el movimiento se acentúa 
en la literatura — tómese esta palabra en su mas lata 
acepción — y toma un desarrollo hasta entonces nunca 
visto aquí. 

La reforma del Museo Nacional de Rio de Janeiro 
puso ahí en honra los estudios esperimentales é hizo 
aparecer por vez primera de un modo sistemático en el 
país al estudio de la antropologia y de la etnografía. 
En los 5 volúmenes publicados de los Anales de aquella 
importantísima institución, se encuentran ya excelentes 
trabajos originales de antropologia por los señores Lacerda, 
Filho y Peixoto, por los señores Ladislao Netto y Ferreira 
Penna; de fisiología botánica por el mismo doctor Ladislao 
Netto, ademas de otros de naturalistas extranjeros al servi- 
cio del Brasil, como el profesor Hartt, Orville Deroy, Ch. 
Wiener, Fritz MuUer etc. 
En nuestros Ensaios de Sciencia^ cuya primera entrega 



116 MUBVA REVISTA DE BUBNOS AIRBS 

apareció ea 1873, el doctor Bautista Gaetaoo d'Almeida 
Nogueira, revelóse un digno discípulo en este pais de la 
ciencia de los Bopp y de los Schleichery y por la primera vez 
el estudio de las lenguas brasileras se hizo según los 
métodos de la ciencia del lenguaje. 

Barbosa Rodríguez, de regreso de su expedición cíentíflca 
al Amazonas, publica, ademas de Sertum palmaum nova- 
rum^ en donde estudia y describe 62 especies nuevas de 
palmeras, diversas é interesantes monograflas sobre los va- 
ríos afluentes del gran rio que él esploraba, enriqueciendo 
la ciencia con nuevos datos geográficos, botánicos, zoológi- 
cos, arqueológicos y etnográñcos de esta inmensa región. 
Al mismo tiempo que los Archivos do Museu ven la luz 
los Annaes da Bibliotheca Nacional do Rio de Janeiro 
para revelarnos la importancia basta entonces desconocida 
del establecimiento que poseíamos y que se hizo tan notable 
b¿go la administración de su último bibliotecario el doctor 
Benjamin Franklin Rimiz Galvao, un erudito de raza. 

Los Annaes de los cuales hay publicados 9 volúmenes, 
honran sobre manera á aquel establecimiento, y tienen artí-^ 
culos de elevado valor literario. En los tomos 6 y 7 se en- 
cuentran dos obras de largo aliento del antes nombrado Dr. 
Almeída Nogueira: — el Esbozo grammafical do abanée y el 
Vocabulario guarany^ traducido por él de un manuscrito 
dejado en aquella lengua por los P.P. Jesuítas. 

Esta última obra, verdadero trabajo benedictino, en otro 
pais habría dado celebridad á su autor, sin la cual, entretan* 
to, murió nuestro sabio lengüísta. En las Academias co- 
menzaron á ser sustituidos los espositores franceses por 
compendios de los mismos profesores, en los cuales empero 
se observa que aun falta la originalidad, sino en la exposi- 



EL MOYIMIBNTO INTBLBCl^AL BRASILKRO U7 

cion^ en Iob hechos analizados, lo que prueba una gran po- 
breza de estudios origínales. Entretanto era un paso dado, y 
es de esperarse que la introducción de estudios esperimenta- 
les en el Brasil y la nueva organización de nuestra enseñanza 
médica y la de las ciencias físicas y naturales, cree entre 
nosotros algunos verdaderos hombres de ciencia, que pue- 
dan señalar sus propios esperimenlos, hechos y leyes por si 
mismos observados, estudiados y descubiertos. 

La literatura, por su parte, abandonaba las ilusiones ro- 
mánticas, procurando, en la novela principalmente, realizar 
el ideal de una literatura verdaderamente nacional. De la 
primera época habian sobresalido dos novelistas conocidos, 
José de Alencar y Macedo. El primero, gracias á su organi- 
zación femenina, de una nerviosidad estraordinaria, á quien, 
parece, repugnaba la realidad, no pudo jamas acertar con 
ese ideal que, por otra parte, mas que nadie procuraba, Y 
es justamente esta tendencia la que salvará á Alencar del 
olvido, porque ninguno se esforzó aun tanto como por la 
creación de una literatura brasilera, ni combatió con mas 
energía nuestra subordinación literaria á Portugal. Infe- 
lizmente, Alencar, por la razón dada, falseaba todo lo que 
tocaba, por una necesidad de crear, de idealizar, ingénita 
á su organismo, mas, que pugnaba forzosamente fuera de la 
verdad. Entretanto, si hubiéramos de admitir lo inverosí- 
mil en el arte, el grande novelista nos dejó dos obras primo- 
rosas que honrarían aun á las literaturas mas ricas; el Gua- 
rany y la Yracema. 

Macedo, á quien no faltaba la vocación literaria, carecía 
sin embargo de un principio dirigente, lo que hizo que no 
fuese, á pesar de poseer dotes incontestables, el creador de 



118 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

la novela genuinamente brasilera. Después de Penna, ñi¿ 
el mas perfecto autor dramático, que hayamos tenido. 

Lo que prufiba, sin embargo, una nueva orientación de las 
idens en nuestros novelistas, es que el mismo José de Alen- 
car, deja su ilusión indiana para estudiar desde 1873 un me- 
dio mas brasilero en el Gaucho, en el Tronco do Ipé y en 
el Sertanejo. Al mismo tiempo aparecen las novelas de 
Sylvio Diñarte (EscragnolleTaunay) y las de Franklin Ta- 
vora, que, aun cuando cada uno comprende el naturalismo 
á su manera, vienen á concurrir para el completo abandono 
del culto fantasistd, por el estudio del drama y los actores 
mas nacionales. 

Mientras tanto este segundo período no tiene en poesía 
un émulo de Gonzalves Dias. 

Castro Alves murió, en 1872, Varella exhausto publicó 
su Evangeílio ñas Selvas, la doctrina cristiana puesta en 
magníficos versos sueltos pero sin otro valor. 

Hoy hay una nueva generación de poetas, vivaces y al- 
gunos vigorosos, como Teófilo Dias, Alfonso Celso Júnior, 
Mucio Teixeira, Valentin Magalhaes, Arturo de Oliveira y 
algunos mas, pero á no ser Mucio Teixeira, ninguno cuenta 
aun obras bastante firmes por las cuales podamos augurar 
á la literatura brasilera un gran poeta. 

Entre los escritores de todo genero, historiadores, críticos, 
prosadores, ocupándose de ciencias, de filosofla ó de arte, 
no debo olvidar los nombres de Tobías Barrete de Meneses, 
Sousa Bandeira Filho,Capistrano de Abren, Pacheco Júnior, 
Machado de Assis, Escragnolle Taunay, Franklin Tavora, 
Sylvio Romero, Araripe Júnior, que representan, cada uno 
conforme con su temperamento y educación, las modernas 
tendencias del intelecto brasilero. 



EL MOVIMIENTO INTELECTUAL BRASILERO 119 

Paréceme escusable de que hable de arte. 

Está claro que dependiendo la existencia del arte nacional 
de la existencia de una corriente de tradiciones históricas, 
literarias, étnicas, artísticas, que todas concurran para'ah'- 
mentar el sentimiento estético, no puede existir en el Brasil 
el arte brasilero. Poseemos algunos grandes artistas de que 
podemos enorgullecemos, como Carlos Gomes en la música, 
Victor Meirolles y Pedro Araerico en la pintura, Bernardelli 
en la estatuaria, mas no tenemos arte, porque todos esos son 
italianos ó franceses, conforme á las escuelas que estudiaron 
y á las tendencias de su espiritu. 



Es imposible juzgar con equidad y con acierto del desen- 
volvimiento literario y científico de un país, de su progreso 
ó decadencia, sino se tiene en cuenta el médium en que se 
mueven los hombres de ciencia y de letras; pQrque la mejo- 
ra de un producto cualquiera, resultado del trabajo humano, 
depende de la demanda y del consumo. No hay progreso 
sino hay ocupación lucrativa, que haga factible el vivir es- 
elusivamente consagrado á mejorar la producción. 

Suponer que en la América latina se realice el prodigio 
de producir libros, sin provecho ni honra para el autor, es 
pretender lo imposible. La situación embrionaria de las 
literaturas latino-americanas, tiene por causa la escasez de 
lectores, ó en otros términos, el reducido número de compra- 
dores: el talento es frecuente, la capacidad de producir in- 
negable, pero mientras el hombre de letras no pueda vivir 
de la venta del libro, no se le puede exigir ¿1 perfecciona- 
miento y la dedicación necesaria. 

El eminente crítico señor Verissimo lo dice terminante- 



130 NUBYA RBViSTA. DB BUENOS AIRBa 

mente: el escritor brasilero no puede vivir de sus obras, y de 
allí resulta que solo se encuentren aficionados, dülettanttu 
El distinguido brasilero señor Tavora, decia en otra ocasión: 

< EiS aeceaario que e. Tipleemos K propaganda en favor del libro nm* 
eional, por medio de la prensa, de asociaciones, conferencias, y hatta 
en el seno de las familias, como se hace actualmente con el café. . . > 

Nosotros habíamos sostenido á nuestra vez. (1) 

« No es posible que la^ literatura nacional entre en su período de bri- 
llo, si el público, que se llama suscritores, da la espalda á toda empresa 
que intenta activar el movimiento literario, que actualmente vive del 
diario 6 del libro, 7 éste, con rarísimas escepciones, solo se edita por 
medios artificiales, por suscriciones oficiales. » 

En toda la América latina los hombres de letras no viven 

desu trabajo literario, por lo mas, no existe esa profesión 
sin la cual, lo dice un autor — el señor Verissimo — no se pue- 
den formar las grandes personalidades literarias ó cien- 
tíficas. Los aficionados se agrupan aqui y allí, fundan aso- 
ciaciones y crean Revistas^ que mueren por falta de sus- 
cricion. Este desden público, esta culpable indiferencia, 
limita los horizontes de la actividad intelectual, que se con- 
creta á ocupar sus ocios como higiene moral ó como resul- 
tado de la superabundancia creadora, para escribir trabajos 
improductores para el autor. Para curároste mal, para dar 
vida propia ala lozanía intelectual, los brasileros acaban de 
fundar la Asociación de hombres de letras dd Brasü. Es 
un grande esfuerzo, y como lo dice el libro publicado: A 
festa litteraria (2). 



(1) V. uKUBVA RBViSTA» pág. 454 j Siguientes, tomo V. 

Í2) 80 de Agosto de 1883 — a fksta uttbkaria por occasao de fun- 
darse na capital do Imperio á Ásaociagao dos Homens de lettras do Bra- 
zil — Rio de Janeiro — Tipogruphia í^acioual 1 vol. de 166 p. con apéndice 
de 12 fojas. 



EL MOTIfiilBMtO INTALESCTÜAL BRASILEBO 121 

« QRO de los mayores aconteeimientos, desde 1830 basta koj, por lo 
que respecta á las letras nacionales. » 

En efecto, basta conocer las tendencias de esa asociación 
para darle su verdadero lugar entre los movimientos . so- 
ciales de un pueblo fuerte ó ilustrado. 

« Trátase de hacer de la profesión de los hombres de letras una rea- 
lidad, se dice en el notabilísimo prefacio del citado libro: de crear para 
el hombre que ha de ejercerla, la posición que solo ha de tener cuando 
pudiese Tivir del producto de sus obras. Trátase por tanto, ante todo» 
de dar lectores á estas obras; de dar al libro no público cierto, con qne 
el libro pueda contar como cuenta el diario; nn público qne por las le- 
yes del gusto, por los hábitos j educación literaria, procure el libro ap^ 
ñas anunciado, aun cuando la prensa diaria guarde silencio sobre él; un 
público, que haga independiente al literato no solo del editor interesado 
7 voraz, mas también del diarista que guardando silencio, ú hostilizando 
la obra, no hace uso equitativo de la fácil superioridad que le da la na- 
turalesa de su profesión. • 

Esta es la gran revolución literaria y social que empren* 
den en el Brasil un grupo de hombres inteligentes, á los 
cuales anima la fé del creyente. Ese movimiento que ha 
de dar frutos positivos, va á imprimir un gran impulso á 
las bellas letras brasileras, y desde que profesan la frater- 
nidad literaria lalino-americana como fin de su noble tarea, 
darán bases estables y seguras á las relaciones internacio- 
nales y pacificas con sus limítrofes. Es la mas noble de las 
empresas la que han emprendido y en su éxito están inte- 
resados todos los lat¡no*americ<inos. Ese ejemplo no ha 
de ser desdeñado y han de responder en todas partes al 
llamado de aquellos obreros decididos. 

Si se mejoran las razas de animales, si se estimula la 
producción agrícola en exposiciones y con premios, es pre- 
cisamente porque el trabajo del hombre encuentra su com- 
pensación en la mayor venta de su producto. Pero no 



122 KÜBVA RR^STA DB BUENOS ÁIRBS 

sería posible crear una literatura mientras el público no 
se habitué á comprar el libro nacional: crear el mercado al 
libro impreso en América es resolver el problema. 

Bn el Brasil ingenios brillantísimos como Escragnoile 
Taunay, Sylvio Romero, Frankiin Tavora y otros, no se han 
dedicado esclusivamente á la literatura; porque esta no 
produce allí medios de vivir, y la política y la administración 
esterilizan estos talentos; porque la política y la adminis- 
tración tienen sus halagos y su porvenir. Las letras solo 
ofrecen en perspectiva la envidia de algunos, el desden de 
los mas y el aprecio de pocos. Pero la Asociación de los 
hombres de letras del Brasil, se propone combatir aquel 
estado de cosas, y si no se desaniman cojerán el fruto de su 
noble tarea. 

La «KüBVA REVISTA» que se fundó para combatir el 
aislamiento literario de las naciones latino-americanas, 
aplaude con entusiasmo el esfuerzo de los hombres de letras 
del Imperio, y espera la aparición de la Revista del BrasUy 
porque estas dos publicaciones tienen análogos propósitos 
y este esfuerzo mancomunado ha de producir resultados 
halagüeños. 

La síntesis que ha hecho con elevado criterio el escritor 
señor Verissimo del movimiento literario en el Brasil en los 
últimos diez años, evidencia el progreso de las letras brasi- 
leras por el aumento de los escritores. La calidad de los 
libros publicados y los estudios esperimentales emprendidos. 

Ahora este progreso tiende á consolidarse, desde que se 
agrupan los obreros aislados y buscan en la acción colec- 
tiva los medios de crear la profesión del hombre de letras, 
creando el mercado al libro naoional y buscando el cambio 
de los productos similares con las naciones latino-america- 



BL MOVIMIENTO INTELECTUAL BRASILERO 123 

ñas. La mera tentativa es un síntoma de innegable progreso 
y una prueba de vitalidad intelectual. Compárese esta 
situación con el punto de partida que señalaba el señor 
Verissimo, y no podrá negarse que el movimiento intelec- 
tual brasilero lleva una marcha ascendente. 

Para que esta demostración pudiera hacerse de una 
manera matemática seria necesario que los brasileros publi- 
casen un Anuario bibliográfico de las obras brasileras, 
y esa tarea debe emprenderla también la Asociación de 
los hombres de letras. Con el inventario anual de !a pro- 
ducción literaria, se harán las demostraciones que compro- 
baran que va en aumento, y por lo tanto, que se desarrolla 
el gusto literario, que el pueblo lee mas desde que compra 
mayor cantidad de libros. Es indispensable, mientras tanto, 
la propaganda activa, porque sin ella no se levanta el 
espíritu público. La lectura de la notable introducción del 
libro A Festa Utteraria señala con acierto las necesi- 
dades que es necesario satisfacer y los medios de llenarlas; 
cuando el mal y la causa que lo produce son conocidos, es 
fácil el remedio. 



LA VIDA INTELECTUAL MEXICANA 



POETAS Y ESCRITORES MODERNOS EN MÉXICO 



RKVISTA CRÍTICO BIOGRÁFICA DEL ESTADO INTELECTUAL DE LA 

REPÚBLICA MEXICANA 



(ContiniMcion) (1) 

Pablo Sandovai. — Presentó á la sociedad Netza- 
hualcóyotl y los publicó en el periódico de esta, algunos 
trabajos literarios de mucho mérito. Hubiera sido un 

gran poeta y un profundo escritor, si causas que ignora- 

« 

mos, no le hubieran obligado á seguir la carrera eclesiás- 
tica dentro de la cual no sabemos si continúa pulsando la 
lira, cuyas primeras notas fueron tan inspiradas. 

Hemos hablado ya de la «Sociedad Nezthualcoyotl» y cum- 
plido este deber, seguiremos ocupándonos de otros escrito- 
res mas ó menos notables. Distinguense entre ellos, José T. 
de Guellar, Joaquín Tellez, Juan A. Mateos, Manuel de 
Olaguibel, Nicanor Contreras Elizalde y el obispo de Tamau- 
lipas, Francisco Montes de Oca. 



(1) Véase el toiuo VIH. pág. 650 á 679. 



POSTAS Y ESCRITORES MODERNOS BK MÉXICO l25 

Deliberadamente hemos puesto al último de estos nom- 
bres que debe preocupar desde luego nuestra atención. 



El Obispo Montes de Dea — Es un literato de los que 
ya no quedan sino muy pocos. Profundamente conoce- 
dor de los clásicos griegos y latinos; poseyendo á la 
perfección la lengua española; inspirado como poeta, 
conciso y elegante como prosista, honra con su talento á 
nuestra patria, donde es admirado y querido hasta de aque- 
llos que no son partidarios de sus idees políticas y religio- 
sas. Ha publicado hace pocos dias, una obra que será 
eterno galardón de su sabiduría, tesoro de nuestras biblio- 
tecas y testimonio ante los extranjeros de nuestros adelantos 
literarios. Esta obra es la traducción de los Poetas 
Bucólicos Griegos hecha en verso español, con una fidelidad 
y con una sencillez admirables. 

Lo primero que conocimos del Obispo Montes de Oca, 
fué la traducción de unos idilios griegos publicada en el 
Renacimiento y dedicada al señor don Ignacio Altamirano. 

No somos capaces de juzgarle, pero podemos asegurar 
que la opinión que aquí asentamos es la de personas com- 
petentes, pues jamás en casos como este nos entregamos á 
nuestro propio raciocinio. 

José T. de Cneiiar^ Conocido por Facundo, se dis-» 
tingue como novelista de costumbres ; muchas de éstas 
publicó en una colección titulada La Linterna Mágica y 
son dignas de leerse, por lo fielmente copiados que están 
los tipos de sus principales personages. 

La Ensalada de Pollos, Chucho el Ninfo j Las 



126 MUBVA RBVISTA DE ÜUKNOS AIRUS 

Gentes que son así, fueron recibidas con entusiasmo por 
los lectores. Cuellar ha escrito multitud de versos; su 
comedia Natural y Figura fué muy aplaudida; su ins- 
piración no se agota y su reputación es en cada vez mas 
valiosa. 

» 
Joaquín Telicas—Por SUS trabajos literarios es muy 

conocido en nuestra República desde hace muchos años. 
Chispeante y epigramático, busca siempre las cuestiones de 
oportunidad como asunto de sus versos. Militar, periodista y 
poeta, su vida ha estado sembrada de acontecimientos tan 
variados como romancescos. 

Ha publicado la colección de sus poesíiis con el título de 
Batos Perdidos^ y de ellas se han hecho ya tres ediciones. 
Tellez siempre tiene un chiste en los labios ; rie de todo, y 
en medio de ese carácter estoico, abriga un corazón dis- 
puesto siempre á todo lo generoso y lo bueno. 

Juan A. Mateos — Novelista, poeta y dramaturgo, 
ocupa desde hace varios años un lugar muy distinguido en 
el parnaso mexicano. Fantástico y soñador, ha gustado 
siempre de escribir romances y leyendas que en todas sus 
ediciones se han agotado, y novelas que como las de Riva 
Palacio, brotaron después del triunfo de la Repuljlica y 
fheron inspiradas por los acontecimientos mas notables de 
la guerra contra la intervención y el imperio. 

Mateos escribió en compañía de Riva Palacio, algunas 
obras dramáticas que corren impresas en una colección 
titulada Las Liras Hermanas. 

Hace muy pocos dias que dio á la escena un drama social 
al que puso por nombre El Otro y cuyo argumento inte- 



POBTAS Y BSCRITORBS MODERNOS EN líÉXlCO 127 

resantísimo, sus diálogos espirituales y su tercer acto levan- 
tado y hermoso, le han valido grandes ovaciones ; repre- 
sentándose la obra, distintas veces á petición del público. 

Después de El Otro tuvo lugar en el Teatro Principal 
la representación de Los grandes Tahúres, drama social 
que valió á Mateos calurosos aplausos y sinceras felicita- 
ciones. 

Después de Los grandes Tahúres, se estrenó su otro 
drama intitulado Los Dioses se van. Ataca duramente 
el abuea á que dan lugar varias prácticas prevenidas por 
nuestras instituciones, pero concede á estas todo lo que 
merecen. Dicho drama ha provocado serias discusiones, 
pero aquellos que lo juzgan anti-liberal, están engañados, 
Mateos es liberal y en todos sus escritos defiende y sostie- 
ne su causa. 

Próximamente se estrenará su drama de grande aparato 
El hombre que rie y después sus atrás comediad La 
Polonesa Crema, Los Fanfcrrones y Los Predestinados 

Mateos, que vive retirado ahora de la política actual de 
la que no es partidario, ha sido aplaudido y felicitado en sus 
triunfos, lo mismo por sus amigos que por sus mas grandes 
adversarios. Esta será siempre su mayor satisfacción, por 
las conquistas de su talento. 



Manael Mateos — Hermano de Juan, era como poeta 
una brillante esperanza para la patria. Astro luciente, 
cuando ascendía á su zenit glorioso, fué apagado por la 
sacrílegamanoqueen Abril de 1859, babrió la hecatombe 
de Tacubaya. Con él y sacrificado igualmente^ murió Juan 
Diaz Covarrubias, poeta cuyos versos y leyendas son leidos 



128 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

con ternura por todos sus compatriotas. Hay en México 
una sociedad literaria «Juan Diaz Covarrubias», compues- 
ta de jóvenes consagrados al estudio de las bellas letras, 
que honran dignamente la memoria del poeta mártir. 



Manael de Olairaiiiel— Nació en México el 21 de no- 
viembre de 1845 é hizo sus estudios de abogado en el Cole- 
gio de San Juan de Letran. Es un prosista elegante y un 
poeta modesto. Sus artículos publicados en varios perió- 
dicos renombrados como jE?/ Domingo y El Artista ^on 
de innegable mérito. Publicó en 1872 la colección de sus 
versos y en 1873 un volumen de artículos titulado « Des- 
pués de la lectura >. Las dos obras son muy estimadas y 
dignas de ser puestas en todas las manos. Olaguibel fué 
nombrado en tiempo del señor Juárez, Tesorero de Instruc- 
ción Pública. Lleva ocho años de desempeñar el cargo de 
abogado de pobres y era, hasta hace muy poco. Secretario 
de la 3*. Sala del Tribunal Superior de Justicia. Como 
literato tiene gran preferencia por la bibliografía; ha hecho 
varios estudios interesantes sobre esta materia y pronto 
dará á luz una obra conteniendo todo lo relativo á Biblio- 
grana mexicana. 

Poeta y prosista notable es, Gastabo IL. Baxt 

Juntos escribimos nuestros ])rimeros versos en los dias de 
la infancia ; al par hemos crecido, y tengo para él ese 
culto que arraigan en el corazón, los mas tiernos re- 
cuerdos de la vida ; las esperanzas del porvenir ; los 
suefios de la juventud. Gustavo ha escrito la Historia 
dd Ferro^Carril Mexicano^ obra monumental, ilustrada 



POETAS Y ESCRITORES MODERNOS EN MÉXICO 129 

con muchas hermosas litografías : la Vüía de Juaresj 
gran volumen in foUo^ llena de consideraciones tan pru- 
dentes y acertadas, que la hacen veliosa. 

Ha escrito muchos juicios sobre poetas mexicanos y un 
extenso estudio sobre La Literatura Espatlola. Ha dado 
i luz dos tomos de poesías, que no podemos calificar impar- 
ciálmente. 

Tradujo el drama de Sardou, Fernanda y ha escrito 

un drama histórico Celos de mujer. 

Gustavo A. Bazse encuentra en París actualmente ; cree- 
mos que su talento sabrá recoger todo lo bueno que encuen- 
tre á su paso, y que observará, estudiará y escribirá en 
provecho de su país. 

Hermano de Gustavo es Maxlmiltaiio Bas, estudioso y 
original en sus escritos. Ha traducido un drama francés, 
Los Escépticos y es mas dado á los estudios bibliográ- 
ficos é históricos, que á los demás géneros literarios. Ha 
publicado muy poco, pero nos prometemos mucho de sus 
buenas dotes. 

Se ha distinguido en nuestra época como poeta dramá- 
tico el SEÑOR DON José Peón y Contreras, (1) que en 
menos de año y medio, ha dado al teatro mas de diez obras, 
de mas ó menos mérito, pero que han sido todas aplaudidas 
con entusiasmo. 

Sus dramas principales son : La Hija del Rey que le 
Vcilió una pluma de oro y una corona también de oro, 
puestas en su mano con gran solemnidad y en presencia 



(1) Véase el art. sobre Peón y Gontreras publicado por la <( NUcrA 
ticviBTA,» t. V. p. 188 á p 220. 

TCMO JX. 9 



130 KtmVA REVISTA DB BUBNOS AIRBS 

de los mas distinguidos literatos. Hasta el Cielo j El 
Sacrificio de la vida, Gil González de Avüaj Luchas 
de Honra y Anior^ Esperanza^ Antón de Alaminos^ 
Un amor de Hernán Cortés^ y El Conde de Peñalva, 
representado últimamente por la compañía que dirige el 
actor español Gabriel Galzi en el Teatro Principal. El se- 
ñor Peón y Contr eras, ha merecido ovaciones que ningún 
otro poeta dramático mexicano habia alcanzado con tanta 
frecuencia, y en el diploma honorífico que se le dio en la 
noche de la representación de La Hija del Rey se le 
llama Restaurador del Teatro, en la Patria de Alarcon 
y Goroztiza. Su última comedia representada es Entre 
mi tio y mi tía. Está por estrenarse su drama Por él 
joyel del Sombrero. 

Como poeta liri'jo, Peón es inspirado y tan correcto, que 
sus versos tienen por decirlo asi, un sabor clásico muy 
marcado. Ha obtenido el premio que el redactor de un 
periódico ofreció al que escribiera la mejor oda en honor 
de Hernán Cortés y su nombre está muy bien reputado en el 
extranjero. 

Actualmente existe en México una sociedad literaria con 
el nombre de « Sociedad Peón Contreras » que cuenta en 
su seno jóvenes de buenas esperanzas. 

Alfredo Chav ero —Literato muy conocido por sus 
buenos escritos históricos y bibliográficos ; ha dado á la 
escena con éxito un drama que tituló Xóchitl y cuyo 
argumento está basido en episodios de la historia antigua 
mexicana. 

Chivero ha intentado demostrar con documentos y he- 
chos, que Cortés no .)uemó sino que hundió su flota; que 



POETAS Y ESCRITORES MODERNOS EN MÉXíCO 131 

fué quien mató á Guatimoc y que Moctezuma murió de una 
estocada. Ha escrito un estudio sobre la gran piedra vul- 
garmente llamada calendario Azteca y se dice que tiene ya 
concluida una tragedia nombrada Qtietzacoaíl, que habrá 
de alcanzar triunfos como la Xóchitl. 

Los versos de Chavero se asemejan á los de Peón y 
Contreras, aunque sin la difícil facilidad que se nota en 
los de éste poeta. Sus últimas obras representadas son : 
La Ermita de Santa Fé^ escrita en compañia de Peón Con- 
treras, y Bienaventurados los que esperan. 

Isruat^lo Herrera de lieon — Joven poeta, tan mo- 
desto como estudioso, presentó al teatro su drama « Entre 
dos Deberes » que acaba de publicarse. 

Es uno de sus primeros ensayos y el público le aplaudió 
con gusto. Herrera habia dado otro drama en San Francisco 
de California, Entre amor y celos^ locura^ donde fué como 
periodista constante, defensor del buen nombre de nuestra 
patria. Es actualmente gacetillero de El Mensajero. 

Jesé Bafael Alvares - Amigo leal y decidido parti- 
dario de todo lo que sea en bien del progreso de su patria, 
se ha levantado por sí solo, hasta ocupar hoy un puesto 
honroso en el Congreso de la Union. Alvarez escribe en 
El Mensajero y sus artículos se distinguen por la mane- 
ra especial con q le comenta y discute las mas enojosas 
cuestiones. 

Amante de la bella literatura, ha escrito algunos versos 
y es hoy poseedor de una magnífica biblioteca, que pro- 
bablemente pondrá á disposición de los literatos mexicanos. 

Alvarez merece grandes consideraciones por su gran 



132 HUUVA RQVjLSTA DS BUENOS AIR&6 

corazón y su levantado espíritu político. El conquistará el 
puesto que merece y que en medio de su modestia va alcan- 
zando ya. 

El drama del señor Mateos titulado El Otro^ inspiró 
á don Luis Muñoz Ledo, otro drama soí^ial al que puso 
por nombre Por el Otro. Con un argumento muy sen- 
cillo, alegrado mantener aunque débilmente el interés de 
la obra durante los tres actos que tiene. 

En Yucatán, que ha sido patria de muchos y muy céle- 
bres poetas, nació Hicanor Contreras Ellsalde» cuyo 
estro ha tenido valiosas manifestaciones^ y una de las 
mas notables, es indudableftiente su libro titulado El 
Arpa Bíblica. Lástima es que un escritor de tanto mérito, 
publique sus composiciones con tan grandes intermitencias. 

También en Yucatán, nació Franci8e# Sosii» que ha 

dado á luz varios versos; ha tomado parte en la redacción 
de acreditados periódicos, y se ocupó durante algún tiempo, 
en hacer la critica de teatros. Actualmente publica una 
obra, titulada El Episcopado Mexicanoj y se dice que 
está escribiendo un Diccionario BiográficQ Mexicano. 
Sus leyendas forman un volumen publicado en el folletín 
de la Patria. 

n. Manuel Peredo — Ha sido durante algún tiempo 
censor de teatros, y sus juicios mas notables, entre ellos el 
del EdipOj se encuentran en el Domingo. Gon muy pocos 
trabajos literarios, ha logrado tener una gran reputación, 
y debe á la purez i de su estilo y á sus conocimientos en 
lengua española, ser tenido como autoridad en esta materia. 



POETAS Y tCSCRITORBB M0£>BÍIK0S BN MÉXICO 13^ 

Don José líeiMiBtiati 9effiii*a— Que desde bace mu- 
chos años viene engalanando con sus versos las columnas 
de los periódicos literarios, es uno de los escritores que 
merece grande» y calurosos elegios. Como poeta es ele- 
gante, correcto, clásico. Gomo autor dramático, ha demos- 
trado en 8Q comedia Ambición y CoquetismOy que posee 
facultades capaces de conquistarle un puesto al lado de) 
célebre Moratin* SuS poesías forman un gran tomo lujo- 
samente impreso. 

Don Jone Mi Roa Báreena — Ha publicado última- 
mente un cuaderno, conteniendo sus mas escojidas com- 
posiciones. La prensa hizo un juicio favorable de esta 
obra, y el señor Roa Barcena, debe estar satisfecho, porque 
los periódicos liberales fueron los que mas le elogiaron. 

Es un poeta tan distinguido como erudito* 

Manael caballero — Poeta muy joven, tiene versos 
dulcísimos, ha escrito un pequeño poema El Testamento • 
de un Ángel sencillo y conmovedor. Acaba de entregar 
al teatro su primer drama, titulado Luchas del Alma. 
Ha sido periodista, y sus revistas dominicales tienen un 
estilo fácil y correcto. 

Franolseo A. licrdo — Ha publicado una pequeña 
colección de romances, que yo llamaré acertamente Un 
ramo de moletas. 

Con esto creo haber hecho su juicio. 

l^i«6nte Moraieft — Actualmente encargado de la 
gacetilla del Monitor^ ha publicado varias novelas, entre 



134 NÜBVil REVISTA DE BUENOS AIRES 

ellas Ernestina^ Süveria íf Epinay^ Gentes de Historiaj 
Historia de un Jugador, y próximamente dará á la luz 
pública, con prólogo de don Ignacio M. Altamirano, su última 
obra El Excéptico, que nos dicen es muy buena. 

Muy conocedor de nuestras costumbres y de los males 
que devoran á nuestra sociedad, tiene en todos sus escritos 
un fondo filosófico, útil y bello. 

Ha dado al teatro un drama titulado Patria y Honra, 
que le valió grandes aplausos ; y ha escrito otro que se 
llama Sofía, que se representará dentro de poco. 

Como periodista, tiene ese tacto especial, que hace á 
un escritor digno del aprecio de todos. 

Anueimo Aifaro — Que desde hace poco tiempo está 
dando sus versos á la prensa, revela en ellos delicadeza de 
sentimientos. Su primer novela publicada con él título de 
Leona, tiene prólogo nuestro. Estando unidos el y yo, por 
un lazo de profundo cariño desde los primeros dias de la 
vida, no puedo juzgarle; creo que conquistará un puesto 
envidiable, pues ya revela sus dotes literarias. 



Fernandez de Lara — Poeta que reside en Pue- 
bla, ha fundado allí una sociedad con el nombre de Rodrí- 
guez Galvan. Es un escritor elegante ó inspirado, y tiene 
el mérito de mantener siempre vivo, en medio de la socie- 
dad en que se agita, el fuego sagrado del amor por las 
bellas letras. 

Fernandez de Lara, tiene un buen lugar en la bohemia 
literaria, y sus triunfos le van llevando al puesto merecido. 

En Puebla, y retirado de la vida pública, está hoy uno de 



POETAS Y ESCRITORES MODERNOS EN MÉXICO 135 

los escritores jóvenes de mas esperanz is, cuyo t dentó se 
conquistó grandes simpatías, alcanzando no solo una repu* 
tacion brillante, sino ademas, muy honrosos puestos en la 
política ; me refiero á Víctor Banaet. Sus artículos en 
prosa, entre ellos Miriam^ Una Gota de Tinta^ La Vio- 
leta^ Amor entre Copas j y Mi Filosofía y mi Sombrero, 
publicados en la Iberia, fueron aceptados con beneplácito 
por los amantes del buen gusto literario. 

Banuet,como Selgas y Carrasco, tiene escuela propia» 
y un estilo sui-géneris. Sus artículos, ademas de su origi- 
nalidad, son muy estimados por su filosofía. Recuerdo que 
el dia 15 de setiembre de 1868, Banuet llevaba la comisión 
de pronunciar en nombre de los estudiantes de Derecho un 
discurso patriótico en el Teatro Nacional ¡ Nunca he visto 
mas aplaudido á ningún otro orador! Aquel discurso hizo 
época, y Banuet desde entonces vio agrupados en su derre- 
dor, á todos los literatos jóvenes. 

Su cuarto de colegio siempre estaba lleno de poetas, y 
de allí salieron periódicos y otras publicaciones juveniles, 
que son un testimonio de que algo valia aquel grupo de 
pensadores. 

Banuet, ultra-liberal y amante de su patria, .combatió 
siendo muy niño, contra la invasión francesa; volvió á 
México á continuar sus estudios de abogado, concluyó su 
carrera, y fué electo Diputado á la Legislatura de Puebla. 
Ha dejado la pluma, pero le hemos visto hace poco, y aun- 
que abatido por las circunstancias políticas, y por enferme- 
dades graves, tadavia conserva su inteligencia, aquel vigor 
y aquella galanura, que le ha dado un lugar de honor en la 
bohemia literaria. 



133 NUBVA REVISTA DB BUENOS AIRES 

Banuet cultivó la literatura al lado del rey de los nove-- 
listas mexicanos, de josé m. ramxrez. 

Bamlre» -A quien todos Mamamos el viejoy ha escrito 
una novela titulada Una Rosa y Un Harapo^ de la que 
se han hecho en México y en España varias ediciones. 
Avelina^ y OabrieLa^ publicadas en París j otras novelas, 
Los PícaroSj Ellas y Nosotros, Celeste, El Viejo y la 
Bailarina, multitud de artículos de costumbres y versos 
sueltos. El estilo de Ramírez es original; quien Comienza 
á leer algo suyo, tiene que concluirlo. Escribió en el perió'- 
dico La Orquesta, fundado y sostenido maravillosamente 
por Vicente Rivc^ Palacio, cuando hacia las caricaturas el 
malogrado y sin rival Constantino Escalante. 

Ramirez se ha abandonado á su habitual noñchalance, y 
ya es muy rara la vez en que toma la pluma. 



Compañero de Víctor Banuet, fué Martin F. de 

resal poeta y escritor de mucho avcince, que ha dado 
muerte á sus inspiraciones, viviendo en el mas lejano y com- 
pleto aislamiento. El género á que mas ardorosamente se 
ha consagrado,.es el del romance de costumbres mexicanas. 

jo«é iionroy— Después de la muerte del insigne poeta 
sevillano Gustavo A. Becquer, se despertó en toda España 
y poco después en las Américas latinas, el gusto por la es- 
cuela poética alemana á la que tanto lustre dieron Ruckest 
y Kerner, Heine y Uhland. En México fué aceptado, y aún 
se cultva con entusiasmo este género que si á primera vista 
parece de gran sencillez, es en el fondo difícil por la pro- 
funda filosofía que encierra. 



POETAS Y ESCRITOBBIS MODBRNOS BN MÉXICO 137 

Uno de nuestros poetas que con notable acierto ha escrito 
bajo la forma de esta escuela^ es José Monroy. 

No hace mucho tiempo que dio á luz pública un libro in*- 
titulado Ecos de Amor; descúbrese en él una rima tan fácil 
y sobre todo una brillantez de imágenes tan digna de enco- 
mio que bastan para acreditarle como verdadero poeta. 

Monroy debe seguir cultivando ese género. En su larga 
c^^rrera literaria ha conquistado triunfos halagadores y nin« 
guno tan justo como el que le valió su último libro. 

Sus obras poéticas principales son Memorias y Lágrir 
masj Álbum de Maria y Ensayos Literarios. Ha escrito 
varios poemas y son de notarse los que hemos mencionado; 
Armonias de Ultra Mundo y Cardos de un Cautivo* 

Su poema y su drama Churubusco fueron bien aceptados. 
Ha escrito últimamente El Libro de Hebertj cuyas páginas 
inspiradas por la muerte de su hijo en edad tiernísima, están 
llenas de lágrimas y rebozan esa ternura que solo se des- 
pierta en el corazón, cuando se llora la eterna pérdida de un 
ser t m íntimamente adorado. 

Hemos escrito un prólogo para esta delicada producción 
de Monroy y allí hacemos mas extensas nuestras opiniones 
sobre su mérito. 

Sabemos que dentro de pocos dias publicará El Mal de 
la Vida poema que aun no conocemos. 

Ha dado al teatro una comedia denominada La Otra Yir 
da que obtuvo buen éxito. 

Monroy ocupa como poeta un lu^ar distinguido entre no- 
sotros. 



Joaquín Cromes Versara— Ha sido oflcial de la Le- 



138 nüqva revista db buknos aires 

gacioD de México en España; empleo que vamos á desempe- 
ñar nosotros. Es digno de considerarse como buen escritor; 
sus Fotografías á la Sombra, son buenos cuadros de cos- 
tumbres, y en sus versos hay mucha inspiración. 

Al lado de Gómez Vergara está Juan HIJar y Haro, 
también literato. Ambos han sido recibidos con entusiasmo 
por el Círculo Literario de Pedro A. de Alarcon, en Madrid. 
Gómez Vergara ba escrito buenos artículos en defensa de 
la causa de México. El señor Hijar y Haro, posee un gran 
talento, y merece sin duda alguna, el honroso puesto que 
desempeña. 

Franeific4^ de 1*. Ouxinau — Gomo hablista y como 
conocedor de los clásicos latinos y españoles, se ha hecho 
muy notable. 

Pocos versos ha publicado, pero en los que yo conozco, 
se revela su maestría y bastan para acreditarle de la fama 
que goza. 

Bafael de Zaya» Unrlquex-- Poeta veracruzano, pu- 
blicó en Lima la colección de sus versos; ha dado al teatro 
algunas obras, entre ellas. El Expósito representado por la 
compañía de don José Valero y El Esclavo. Como periodis- 
ta liberal Zayas Enriquez se ha distinguido bien. Hoy es 
diputado al Congreso de Veracuz. 

Vicente Daniel Llórente — Poeta también veracruza- 
no, es muy joven, y ha producido muchos y muy inspirados 
versos. Su estilo en cada día se mejora y es de esperarse 
que será lo que sus talentos prometen. 



POETAS Y BSCRITORBS MODERNOS EN MÉXICO 139 

Veracruz, como Yucatán, ha producido muy buenos poe 
tas, y de los modernos y mas notables son José Maria 
Esteva y don Hf annel Diaz Mirón. 

Esteva como cantor de costumbres nacionales se ha dis- 
tinguido mucho. Ha publicado últimamente la colección de 
sus versos que encierra bastantes bellezas y que le dan de- 
rechos á llevar el título de buen poeta. 

DON MANUEL DÍAS MIRÓN, como poota do entonacíou 
elevada, y como vivamente inspirado, merece el renombre 
de que goza en toda la República. 

üalvador Díaz Mirón —Ha publicado varios ensayos 
poéticos, y lo mejor que se le puede desar es que sea tan 
aplaudido como su padre. 

Rieardo Uomiu^ucz — Poeta de Jalapa, tiene en sus 
versos la melancalía agradable que despierta en el ánimo 
la contemplación de las selvas. 

En Yucatán, está ahora Diego Bencomo autor del 
poema Juárez y de varios versos líricos que han sido publi- 
cados en distintos periódicos. Bencomo es modesto y esto 
realza su mérito. 

üoberto Kiitova — Escritor elegante, ha dado á luz va- 
rias poesías líricas, y al te itro dos dramas Los Maurel y 
El Hombre Adúltero. Siendo muy joven ha ocupado un 
asiento como diputado en el Congreso de la Union, y ha ob- 
tenido como tribuno, aplausos y consideraciones. 

Gonzalo Rstcva — Hermano de Roberto; ha llenado con 



140 NUEVA RBVISTA BB BUBN08 AIRBS 

SUS versos y sas leyendas, las columnas de periódicos acre- 
ditados, como El Renacimiento y El Domingo. Es un buen 
escritor y poeta. 



Jorire Bomineek^n— Fundador y redactor del Artis^ 
tüy ha escrito multitud de estudios literarios y artísticos, 
muy notables. Siendo muy joven aun, reúne á sus vastos 
conocimientos históricos, un talento muy claro y una esme- 
rada dedicación al estudio. 



Eduardo S. Herrera — Prosista de mérito; debe ser 
consignado como una gala de la juventud literaria. 
Prosista absolutamente original es Francisco Bnlnes i 

sus escritos llenos de novedad, las mas veces sarcásticos, 
son leidos con gusto. 

Historiógrafo de la comisión que dirigida por el eminente 
astrónomo Francisco Dias Covarrubias, fuó al Japón á ob- 
servar el paso de Venus por el disco solar, Bulnes escribió 
á su regreso una obra de la que se han publicado catorce 
entregas con el título de Once mil leguas sobre el Hemis- 
ferio Norte. De sentirse es que haya quedado trunca esta 
obra, porque en ella hay páginas que no se desdeñarían de 
firmar los mas chispeantes autores franceses. 



José Xearref e-Corao Bulnes, tiene un estilo ameno y un 
talento claro. Sus Historias color de Fuego y algunos otros 
folletos que se le atribuyen, le han hecho acreedor á la fa- 
ma que goza actualmente. Negrete debia aprovechar su 
buena inteligencia en bien del teatro y de la novela. Conoce 
bien la literatura francesa y es lástima que gaste las mejo- 



POETAS Y BSCRITORBS MODERNOS BN MÉXICO 141 

res inspiraciones de su cerebro en publicaciones que no tie- 
nen mas vida que la que les dan las circunstancias. 



Hodolfo Talayera — Le hemos visto desde ipuy oiqo 
escribir fáciles versos, manejando la rima con notable faci- 
lidad. Seria hoy un poeta de renombre, si la añcion que ha 
tenido á defender determinado sistema político, no le hubiera 
absorvido la atención de tal modo, que parece gustar sola- 
mente de escribir en periódicos de oposición. 

Talavera, á quien siempre desde sus primeros pasos lite- 
rarios, distinguimos y estimulamos es hoy nuestro enemigo, 
y ha criticado acremente nuestras obras. Nosotros que no 
hemos tomado en cuenta estos ataques, le deseamos todo lo 
bueno á que puede hacerse acreedor. 

Julio Zarate — Distinguido escritor mexicano, nació en 
Jalapa el ano 1844; allí hizo sus estudios literarios, conclui- 
dos estos, se dedicó á la industria fabril en el estado de 
Puebla. Durante la intervención y el Imperio, combatió 
este orden de cosas, en un periódico republicano que fundó 
y escribió en Atlixco, intitulado el Eco del País. Trabajó 
activa y ardientemente por el triunfo de la República, y á 
la restauración de ésta, fué electo diputado al Ciongreso de 
la Union por el Estado de Puebla en 1807; en 69 fué electo 
para igual cargo por los Estados de Puebla y Yeracruz, op- 
tando él por la representación del segundo; en 71 lo fué por 
Puebla, en 73 por el Distrito Federal, y en 75 por el Distrito 
por segunda vez. En los cinco Congresos referidos, fué 
nombrado tres veces Secretario^ dos Vice-presidente y dos 
Presidente* Fué miembro de la Comisión Mexicana de 



142 NUBVA REVISTA DE BUtfNOS AIRBS 

ExposícioDes, y es ciudadano del Estado de Morelos por 
decreto de la Legislatura del mismo. 

La Sociedad de Geografía y Estadística la Filarmónica 
en su sección literaria, la Minera, el Liceo Hidalgo y otras 
mucbaS) le cuentan entre sus socios. 

Ha escrito en el Artista una serie de artículos sobre la 
Convención, Miguel Ángel, Rafael y Diocleciano (estudio 
histórico. ) 

En la obra titulada Hombres Ilustres Mexicanos^^úbMcó 
las biografías de Acampi&tli, Axayacatl, D. Luis de Yelasco 
y D. José M. Morelos. La biografía de Morelos, es en 
nuestro juicio, uno de los mejores trabajos literarios de 
Julio Zarate. Con notable criterio^ con datos precisos é in- 
teresantes^ y con elegancia de estilo, hizo esta obra que 
forma un volumen de 171 páginas, ilustradas con varias 
láminas litográflcas. 

En la edición literaria del Federalista^ pueden verse 
sus Estudios sobre los Historiadores antiguos^ Julio 
César ^ SalüstiOj Tito Livio, Tácito^ Tucidides y Jervo- 
fonte. Sabemos que próximamente publicará el de Hero- 
doto, y que está escribiendo los de Gibbon^ Mariana, Thierry 
y Gantú. 

Julio Zarate tiene gran preferencia por este género, en 
el que ya es tan notable, y que tantos triunfos le ha valido, 
no solo porque revela sus vastos conocimientos, sino porque 
demuestra su acierto para tratar las mas delicadas cuestio- 
nes que tienen por base la filosofía de la historia. 

Ha publicado muchos artículos políticos en el Siglo XIX^ 
del que fué redactor desde 1870 basta 1873, y mas tarde 
( de Julio de 74 á Diciembre de 75 ), redactor en jefe. 

Siempre ha estado aüliado en el partido liberal progresista 



POETAS Y BSCRITORES MODERNOS EN MÉXICO 143 

y SU fama de bueD orador, la acreditan sus elocuentes dis- 
cursos patrióticos y parlamentarios. 

Julio Zarate, por sus antecedentes, su talento y sus virtu- 
des cívicas, está llamado á figurar notablemente en la poli- 
tica del país. 



Eduardo Emilio Eárate — Nació en Jalapa en 1853, 
alli hizo sus primeros estudios y en 1867 escribió en un pe- 
riódico intitulado el Demócrata y siendo nombrado por el 
Ayuntamiento catedrático de gramática en el colegio de 
NiñaS; y de lectura de la Escuela de Artesanos. 

El año de 1868 pasó á Puebla, y aili comenzó en el Cole- 
gio Garolino, la carrera de abogado; escribiendo al mismo 
tiempo en el Porvenir y la Voluntad del Estado. 

En 1871 fué nombrado redactor del Periódico Oficial^ y 
en 1 872 oficial mayor del Congreso del Estado. Se trasladó 
á México, para terminar sus estudios profesionales, y ha 
escrito en varios periódicos políticos y literarios; ha sido re- 
gidor del Ayuntan)iento de la capital en 1875, diputado su- 
plente por Jalapa, al Congreso de la Union, y Secretario de 
la Comisión Mexicana de Exposiciones. Es miembro de la 
Sociedad de Oeografi¿i, Liceo Hidalgo, Alianza, Netzahualcó- 
yotl, Filarmónica, Porvenir, Círculo de Obreros en calidad 
de honorario y de otras asociaciones literarias, industriales 
y de auxilios mutuos. 

Ha escrito multitud de versos, publicados en distintos pe- 
riódicos, y que forman una colección valiosa. Sus artículos 
políticos y literarios, revelan su buen juicio y una serenidad 
para apreciar y comentar asuntos difíciles, rara en la ju- 
ventud. 



144 NÜBVA REVISTA DE BUENOS AIRESS 

Eduardo E. Zarate, razona como un hombre que hubiera 
pasado largos años entregado á serios estudios. 

Sus discursos patrióticos y literarios, merecen ser bien leí- 
dos porque están bien escritos. 

Hay un poeta, cuyas obras causaron gran sensación el 
dia en que se publicaban, y continúan siendo desde entonces 
el tema de muchas conversaciones^ la causa de muy estranos 
comentario» y el punto en que converjen las mas contra- 
rias opiniones. Este poeta es Antonio Plana — Sus gran- 
des desengaños; dolores mas ó menos íntimos, y el hastio 
que produce la contemplación de amargas realidades, han 
hecho de Plaza, un poeta filósofo, descreído, desesperado, 
que sin colocarse ante los ojos el prisma color de rosa de las 
ilusiones, ha visto á la humanidad pequeña y viciosa y sin 
embozo ni miedo le ha bochado en cara su pequenez y sus 
vicios. 

Creen algunos que Plaza no es poeta y se equivocan la- 
mentablemente. Quien lea sus versos con detenimiento se 
convencerá de que si hay algo en esas hojas que amarga y 
que lastima como todo grito de quej h; hay en cambio mucho 
que revela una inspiración rica y una alma tan herida como 
grande. 

Los que luzgan á Plaza pequeño también se engañan; su 
extraordinaria dignidad le ha llevado á la pobreza y en me- 
dio de las tempestades del destino es como el sándalo que 
aviva mas su perfume en cada nueva herida que recibe. 
Se han hecho dos ediciones de la colección de sus versos 
altándose todos los ejemplares. 

México. (Conduwá) 

Juan de Dios PEZA. 



L.4 VIDA LITERARIA EN lA AMÉRICA LATINA 



(noticias bibliográficas acerca DB las i5LT1MA8 PUBnCACinKlCS ) 

Las reflexiones hechas en mi Revista Bibliográfica anterior con mo- 
tivo de la novela del señor Ocantos se me vienen de nuevo A la mente, 
en presencia de las tres interesantes obras qae acaban de aparecer en 
Santiago de Chile. Son tres novelas: Emüiu Reynals^ por Vicente Grez 
Enteban por Pedro N. Cruz, y Angela por Bruno fjarrain. 

El señor Grez es un distinguido literato conocido ya por sus Mujeres 
de la Independencia^ su Combate Homérico y sus Báfajos . Su última 
obra 60 ana novela de costumbres santiagueñns y al mismo tiempo una 
historia de amor. Es su primer ensayo. 

Pero esas obras apenas han logrado tener eco duradero entre nuestros 
vecinos y son totalmente desconocidas entre nosotros. Es preciso allende 
como aquende los Andes prescindir del dicho de Espronceda: 

Caro lector^ al otro libro espera • 
El cual sin falta seguirá^ se entiende 
8i este te gusta y la edición se vende. 

La vida literaria en Chile se asemeja extraordinariamente á la nuestra, 
en lo que se refiere á la falta de protección. 

El señor Grez, á cuya obra acabo de referirme, ha escrito sobre esto 
una página curiosa, tan aplicable á la República Argentina coma á Chile; 

«Cuando trataba de publicar mi primer librito, Las mujeres de lalíi' 
dependencia^ estaba yo completamente engañado sobre lo que era el 
mercado literario en esta tierra de promisión. 

TOMO IX 10 



146 MUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

« 

Mí libro, decía, podrá ser mal escrito ( cosa que en mí interior no 
creía, ni cree ningún autor que da á luz nn libro; ) pero indudablemente 
despertará alguna curiosidad. Es un tema nueyo, de gran interés his- 
tórico 7 nacional, que va á dar á conocer la influencia que ejerció 7 el 
papel que desempeñó la mujer chilena en la reYoluciou de 1810. Hablo 
ahí de tantas mujeres ilustres 7 do7 á conocer tantos sacrificios sublimes I 
Aun cuando el público no compre mi libro en gran número, ( cosa que 
tampoco creía, pues me imaginaba que kc io iban á arrebatar ) bastará con 
que io adquieran los descendientes de mis heroínas, para que se agote 
nna edición numerosa. 

Todas estas consideraciones las hacia con el manuscrito en la mano 7 
en marcha para la impreuta. 

Llegué á la imprenta preferida, situada en ano de los barrios mas apar- 
tados de Santiago, 7 que lleva el nombre del descubridor del mas útil 7 
i;rnnde de los prodigioK, el nombre inmortal de Qutemberg. • 

— Servidor de asted. 

—Servidor de usted. 

— DestíO que usted me imprima este líbrito. 

— Con macho gusto. 

Y sin mas diálogo, entregué el manuscrito al jóveu director 7 propie- 
tario de la impreuta. 

Este lo tomó con ciertt^ cortesía, contó Iris hojas, le7Ó ana que otra 
frase, encontró mu7 bueno el libro 7 me preguntó el número de ejem- 
plares que necesitaba. 

— Dos mil, le contesté. 

— ¿Dos mil? repitió él, como Bicre7era haber oído mal. 

—Dos mil; ¿ encuentra usted poco ? 

— Según 7 conforme^ eso lo podrá estimar usted. Si el Gobierno le 
▼a á tomar algunos ejemplares para texto de lectura en las escuelas de 
mujeres, lo que sería una magnífica idea, porque el libro parece á propó- 
sito para el objeto, usted puede calcular su edición por el número de 
ejemplares que le tome el Ministro, dejando algunos para vendar al pú- 
blico. 

— No he hecho arreglos con nadie. 

^Pero podría usted hacerlos. 

— No tengo empeño para con los ministros, ni lo quiero. 



LITERATURA LATINO-AMBRICANA 147 

— Eso es otra cesa. Estimo entonces demasiado numeroga la edición. 
Disentimos el punto qne era importante para mí, j el honrado impre 
sor me convenció. 

Cerramos trato; quedando acordada la edición de ochocientos ejem- 
plares. 

Un mes después, no recuerdo la fecha, apareció el famcso libro. 
Mi fortuna fué ciega Cba voz; brillantes plumas lo temaron bitjo su 
protección, Ricardo B^'cerra escribió lui artículo en Los Tiempos, ha- 
ciendo gran les elogios de él; Aügunto Qrrego Luco, idf m en El Ferro- 
carril'^ José Antonio Sofñn, Julio Bañados EspinozA, idem,idem, en otros 
diarios. Y para que el éxir.o fuera completo, M. Fernandez Rodella 
tradujo al libro al francés. 

Aquello fué una verdadera lluvia de flores. 

Parecía mas bien el beneficio de ana piima donna que el estreno de 
un oscuro literato. 

Yo estaba un tanto avergonzado; pnrecíame que las gentes iban ¿ creer 
qne habia andado de puerta en puerta solicitando esos aplausos; pero 
ellos saben qne no hice semejante barbaridad y qne á nadie mnndé en 
pruebas mi libro, como lo ha hecho raiamig) P. G. con su lindo tomo 
de poesías. Aquellos aplausos eran siaceros, porque eran expontáneos , 
y mientras viva los agradeceré. 

Tun inesperado éxito me hizo creer que la edición se ogotaria en pocos 
dias, y me arrepentí de no haber realizado mi primitiva idea de los dos 
mil ejemplares. Pero en fin, el muí no era irremediable; una segunda 
edición mas numerosa lo* salvaría todo. 

SedaciJo por una perspectiva tan halagtiefta, me dirigí á la librería del 
se&or Servat, que habia tomado A su cargo la venta de algunos ejemplares. 
— i Autor afortunado! — me dijo Servat al verme. 
— Esto quiere decir que el libro se vende. 

•—Magnífica venta,— -.-Qe contestó, ya puede usted ir pensando el astmto 
de nn segundo libro. 

— Y eu la segunda edición de este ? 
—No, todavía no; mas piano, 
— ¿No dice usted que la venta es magnífica ? 
Veamos, ¿cuantos ejemplares ha vendido ? 
— *Lo menos cincuenta. 



146 NUEVA R1SVISTA DR BÜBNOS AfRGS 

Y progHüió á mío de sas depondiidntea. 

—i No 86 habrán vendido cincaenta ? 

—Tal T<»z cincuenta ó sesenta ! 

-~A eso llamaba usted magnifica venta ? le dije desencantado. ¡ Sesenta 
ejemplares en quince días 1 

— Amigo mió, dijo Servat nn poco picado, se conoce que usted publica 
su primer libro. 

Y me señaló agrupados en una vidriera loí ejemplares de la última 
obra de uno de nuestros mas emiueules escritores, tal vez el mas ilusr 
tre, añadiendo. 

— De ese libro solo he vendido veinte ejemplares, y usted se queja. 

— Dispen&e usted, le dije confundiJo, yo ignoraba lo que era vender 
libros entre nosotros, creia que hubia mas facilidad, mas entusiasmo, mas 
lectores 

Iba á retirarme, á no ocuparme de este asunto, cuando Servat me dijo: 

Estoy haciendo el reparto para provincias. ¿Conoce nsted algunos 
agentes á quienes mundarles su libro? Pero han de ser gentes seguras, 
porque de lo contrario 

— No conozco k nadie; haga U* el reparto como quiera. 

-—Vea usted, añadió Servat, he mándalo su libro á toios estos puntos. 

Y me leyó esta lista: 
Valparaiso— veinte ejemplares. 

— i Veinte ejemplares 1 una ciudad de cien mil habitantes 1 
•^ \¿é gente que poco se ocupa de bellas letras, sino de letras de cambio 
y de valores efectivos. 

Y continuó leyeudo la lidta. 
Talca— veinte ejemplares, 
-—i Tantos como Valparaíso I 

— Los talquinos son los mas literatos de Chile. 
Chillan — diez ejemplares. 

— Bíuy pocos, observé, Chillan es la patria de María Cornelia Olivares, 
una de las heroínas de mi libro; mande por lo menos cuarenta. 
Deje los diez, dijo Servat, y ojalá que se vendan. 
¿ Por qué continuar la lectura de esta lista monótona ? 
El totiil de ejemplares enviados á provincias alcanzó á ciento. Parece 



LITERATURA LATINO -A MBRIC ANA 140 

que el consumo literario del país, con excepción de Saniingo, no ezcoie de 
esta snma. 

Cuando me retiré de la librería de Serraf, encontré A nn doctor amigo 
mío, qne por fnrtana eatá ahora en Europa. 

— AdioB amigo ! me dijo, no me ba mandado el libro 1 

— Mafiana irál le grfté jo;pue8eBta8 cosas ya no me chocaban: tanto 
me habia acostumbrado á que todos leyeran gratis mi libro. 

Otro me dijo: 

— Recibí su Hbrito; le doy las gracias. Pero se le oWidó una cosa; no 
me lo mandó empastado, como lo hizo ni amigo A. V. con el suyo. Pero 
de todos modos se lo agradezco. Cuando publique otro no se olvide de 
su amigo; pues yo tengo mucho interés por todas estas publicaciones na- 
cionales; bago colecciones. Tengo muchas I 

T Juan Lanas, es decir, el qne esto escribe, le ha seguido mandando. 

Epilogo — Hé aquí ahora el resumen general de las entradas y gastos 
á que dio lugar la impresión y venta de mi famoso primer libro Las mU' 
jeres déla Independencia. 

OoMtos—'Por impresión de 800 ejemplares $ 126 

Entradai'-'IQO ejemplares obsequiados 00 

150 '— vendidos á 80 centavos ejemplar, deducida la co- 
misión del 20 «lo 96 

550 — que no se lo que se han hecho, que estarán en las 
agencias, en los despachos, en cualquiera parte mencs en mi 
poder, y cuyo valor no he recibido hasta la fecha, ni recibiré 
jamás 00 

$ 96 

Saldo en mi contra 29 

Hé aquí la historia de todas las publicaciones nacionales, con excepción 

de los textos de enseñanza, que es obligatorio comprar y á los que se 

fijan precios enormes. 

* 

La porción conyugal según el Código Civil chileno por don José Cíe- 
mente FAbres. — 1 voK de 158 págs.— Imp. Nac. 

Ha aparecido con el titulo que encabeza estas líneasi una obra inte* 



150 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

refAntisima para todos los que se dt'dican al eRtudio detenido y detallado, 
no menos que filosófico 7 práctico de las disposiciones del Código Civil 
de Chile. 

Estamos seguros de qne t-anto los abogados como los estudiantes de 

leyes encontrarán en ella una fuente fecunda de sanas doctrinas y de 
útiles lecciones. 

El ilustrado profesor ha cumplido con esta publicación una antigua 
promesa A sus alumnos. Sin ella, es indudable que la habría destinado 
con eppecialidad A estos últimos, atendido su jeneroso amor á la ju- 
ventud, su proverbial benevolencia para con ella, su empeño laudable 
por la difusión y dilucidación de las teorios del Derecho Civil. 

En testimonio de admiración y gratitud, el eefíor Fábres ha consagrado 
en su primera página una manifestación — « á la memoria del eminente 
jurisconsulto, elocuente orador, hábil diplomático y grande hombre de 
Estado, don Mariano de Egaña. • — aludiendo á los servicios prestados 
á Chile por este distinguido ciudadano. 

Recuerda con oportunidad, entre otros, el haber sido el señor Egafia 
miembro de la Comisión de Legislación del Congreso Nacional, consti- 
tuida por ley de 10 de setiembre de 184o« Nos parece justo que no sea 
olvidada por la posteridad aquella cooperación asidua con qne el ilustre 
sAhio favoreció los trabajos de la primera Comisión Codificadora de 
Chile, cnya alma fué el inmortal Bello. 

El libro empieza por algunas generalidades tendentes á poner de re- 
lieve el carácter y naturaleza geuuina de la porción conyugal, correspon- 
diente al consorte pobre en la herencia del cónyuje premuerto, y su ori- 
ginalidad en la legislación chilena, que ha organizado esta institución de 
un modo completo, lógico y sistemático. 

Continua en segnidu la exposición razonada d^ los artículos del Código 
Civil referentes á la materia, desarrallando una doctrina copiosa y nutrida 
sobre un objeto tan digno de estudio y profundizacion. De esta manera, 
los comentarios se engolfan en el desenvolvimiento de otros muchos 
artículos que se relacionan de cerca con el párrafo 2^, título 6^ del 
libro 80 del Código. 

Entre éstos, y tratando de determinar la cuantía de la porción con- 
yugal, cuya regla general está en el art. 1178, se cuentan los arts. 1185 
y 1190, en que detenida y coucienzudumente ge expone la teoria com* 



LITBRATORA LATINO-AMttRICüNA 151 

pleta de Ion acervos ¿ masas de bienes hereditarios. Con ocasión de 
¿Btos se dilucidan las graves caertiones á qne dá origen su formación y 
la extracción de la porción conyugal. 

Esta parte del trabajo del señor Fábres tiene una importancia especial 
paia la época en qne se verifiqne la revisión del Código Civil chileno, y 
se haga así práctico el pensamiento del legislador de 1868. 

£n efecto, las modificaciones qne propone son dignas de tomarse en con- 
sideración en este futuro caso, por las justicia que la ilumina, la lógica que 
las fortifica y el profundo espíritu jurídico-fílosófico que las da autoridad. 

Ha sido explayado con la fuerza de una sólida argumentacian todo 
lo que atañe á la naturaleza y extensión de las diversas responsabilidades 
qne competen al heredero y al legatario para el pago de las deudas here- 
ditarias y testamentarias. Llama la atencioo, A este respecto, el notable 
estudio sobre la responsabilidad subsidiaria, que se explica por extenso 
en los diferentes casos que pueden presentarse. La razón de este deteni- 
miento se comprende por el principio previamente sentado de que es esta 
última la que corresponde al cónyuge asignatario de porción conyugal, no 
obstante qne tal asignación es por lo común á título universal. 

Finalmente, se da cabida á doctrinas de tanto momento como el sis- 
tema de prelacion de créditos testamentarios y la responsabilidad que, 
en orden á esta materia, incumbe á la porción conyugal en las diversas 
situaciones á que da origen la naturaleza de ella. Kn esta parte, como 
en todas, se admira un criterio claro y penetrante, iluminado por el 
conocimiento del Derecho qne hace del señor Fábres una de las notabili- 
dades del profesorado de la Universidad de Santiago. 

La ilustración del Código Civil debia ya al señor Fábres trabajos que 
constituyen un titulo de honor para la literatura forense de Chile : su 
nueva obra, cuya extructura acabamos de bosquejar someramente, le 
hace digno de figurar en primera línea entre los hombres de ciencia 
legal que, — « sin el interés engañoso del litigtiute ó del abogado, • — 
se consagran á los estudios propios del juriaconenlto. 

Notamos con satisfacción que, de algún tiempo á esta parte, al Derecho 
Civil de la República chilena, se dirigen interesantes investigaciones, entre 
las cuales se distinguen las prolijas Explicaciones de Código Civüj que 
está publicando la Academia de Ley es y Ciencias Políticas de aquel pais. 



152 nübvá rbtvista de bübnos aires 

Hace doB seroanAF,— dice un periodista sulvadorefio— recibí un libro 
voluminoso : venia de Chile y era una larga biografía de don Andrés 
Bello, escrita por sn admirador don Mignel Lnig Amunátegni. Pocas 
veces he leido con tanto placer un trabajo literario con tanto interés 
la reseña de la vida de un hombre distinguido. En mi opinión, ademas 
de ser Bello el patriarca de la bella literatura americana, ha sido el ana- 
lista mas consumado y el pensador mas profundo entre los muchos é 
ilustres promovedores de la civilización de la América latina. 

Amunátegui no ha escrito en ese tono lírico que enardece la fantasia y 
despierta emociones y busca fuertes sacudimientos; ha retratado al per- 
sonage según era, ha pintado sn carácter, su idiosincrasia, su tempera- 
mento, su alma; le ha revelado eu su noble sencillez, en su candorosa 
modestia, en su honradez que no pudieron vulnerar los envidiosos ni los 
émulos sin delicadeza. El autor hace asistir á los primeros pasos del 
ilustre literato y reformador, y conduce al que lee á través de las peri- 
pecias, de las vicisitudes, de la pobreza y de la redención del que llama 
su maestro y su guia; le defiende de acusaciones menguadas que se lanzaron 
sin ninguna prueba y qne solo se alimentaron en bajas pasiones; da 
cuenta de sus labores, tan complejas y gruves, que sus trabajos semejan 
•á los trabajos del Hércules qne los helenos divinizaron; y nos muestra en 
fin todos los sesgos de su existencia, todos los repliegues de su alma bon- 
dadosa, todos los frutos do una de las inteligencias mns útiles que han 
nutrido nuestro siglo y que mas han forcejado en pro de la civilización y 
del saber. Bello no estaba «masado eu el molde de los genios brillantes, 
sino en el molde de los genios reflexivos; entre la audacia y la paciencia 
que se reparteu los éxitos humanos, habia recibido de la naturaleza 
•la dote de la paciencia, del tesón, de la testarudez sublime que llega 
siempre á su objeto auuque tenga que salvar una cadena de abismos. 
No ocupó en el mundo una posición eminente por el oro, por el poder ni 
por la influencia quo suelen dar las circunstancias á otros de menos mere- 
cimientos; los destinos que desempeñara fueron inferiores á él y él los 
honró; sn fortuna ni en los mejores tiempos pasó de acomodada me- 
diania, ni gustaba del fausto y de los relumbrones tras los cuales se han 
corrompido tantas conciencias y se han arrastrado por el cieno tantas va- 
-nidades. Nhcíó en cnna humilde, pero la suerte que le negaba bienes 
materiales, le dio un tenaple de alma y una energía moral que habrían de 



LITERATURA LATÍNO^AMBRIGANA 153 

compensar en exceso otro Hnrige de herencia. A medida que aprende 
ensefin, y cuando lee esta lia, y comenta y ja/.gay subiendo cada día mas 
alto ensancha loa horizontes de su espíritu é invade la literatura de todos 
los tiempos, el derecho, la política, la moral, la filosofía, la historia. 
Cuando la vida es mas robusta, cuando la jnventud se halla en ese período 
dichoso de la omnipotencia, y el mundo parece un ramillete de flores sin 
espinas, en ese instante de luz y de esperauza, vio Bello surgir un pueblo 
de la colonia eu que había nacido, y un campo dilatadísimo para trabajar 
en la obra geuerosa que reclamaba la América independiente. Hasta en- 
tonces sus ideas no estaban definidas: era una naturaleza en incubación; 
se formaba despacio como todos los organismos que han de ser fuertes y 
duraderos. Amante de la libertad, sediento de porvenir, vivía sin em- 
'bargo en el retiro pensando en los problemas que luego desenvolvería con 

un tino superior. 
Ni en lo que había leído acerca de la vida de Bello, ni en el libro Amuná- 

tegui encuentro qne se trate un punto que quisiera ver debatido; esto es, las 
cansas de la aversión de Bello á la política militante. Qne el insigne gra- 
mático profesaba un credo así en política como en filosofía, es indudable: 
-inteligencias como lu suya no esperan que se les dé el trubnjo hecho, ni 
saben juzgar solo por estraña autoridad. Pero nunca dijo la última palabra, 
nunca formuló uu código de principios qne le definieran en una escuela 
ó partido. Divulgaba, si, ante lodo y sobre todo, la necesidad de la 
instrucción y á ella consagró toda su existencia: ¿creía acaso el ilustre 
gramático qne todas las teorías se disuelven en suelo estéril sin reprodu- 
'Cirse en bienes hasta que se forman conciencias vigorosas? ¿Esperaba 
'de la educación mas que de una propaganda política, y de la moral mas 
que del nombre y letra de Ihs instituciones ? ¿ Pensaba como Sócrates, 
que dirigida la juventud por un plan cieniífíco, y solo por él, cabría realizar 
lod ideales de la libertHil y Ihs Hspiraciones de un perfecto derecho ? 
Hay quien asegura que amargado por las calumuiíis y las intrigas de los 
envidiosos, se retiró espontáneamente de un campo en que la buena fó 
acostumbra á sucumbir á manos déla libertad ó de la perfidia; y quien dice 
que pagó el desden con el desden, y que fuera proscripción voluntaría 
su alejamiento de la política activa por habérsele desconsiderado en 
puestos subalternoH que le confiaran Venezuela y Colombia. El carác- 
ter de Bello desmiente las dos últimas veisiones; ni sabia vengarse ni 



154 NU£VA RBVISTA DE BUBNOS AIRES 

negaba su tributo á los deberé» que las circunstancias le imponían. En las 
revueltas y choques de los primeros años de la independencia se separó de 
las agitaciones de los partidos, y tremoló una bandeja mas hermosa 
que todas las que se disputaban el poder, la bandera de la instrucción, del 
progreso, de la justicia; no fuó un batallador de las calles ni de los 
campos; guerrero contra la ignorancia, contra los abusos, contra las malas 
leyes, hizo una cruzada de medio siglo avanzando siempre sin descansar 
mas que para tomar aliento y acometer con mayor empuje. En la 
•Biblioteca Americana» en el * Repertorio Americano» en el < Araucano^» 
planteó magistral mente los problemas qne habian de entraftar interés 
mas vivo para el nuevo mundo. Amigo de la independencia y de la 
República, aspiraba á unir esos bienes con un orden de junticia que ele- 
vara al continente sobre las formas y modos de la tradición; la América 
grande y viril que soñara, la buscaba en la cultura individual, en ana 
educación esmerada, robusta, ennoblccedora, que fecundase la opinión y 
la elevara en honor de la patria y de la libertad : veia quizá en el tempe- 
ramento latino, desnaturalizado y débil á causa del autoritarismo, una 
dosis de irreflexión y de ligereza perjudicial á su porvenir y generador de 
achaques y turbulencias que no le dejarian florecer en época cercana, 
y enseñó con el ejemplo á discurrir profundamente, y á solicitar con 
empeño lo útil y lo justo sin miedo á lo dilatado de la tarea y sin descon- 
fianza por los resultados. Desde las obras sobre la lengua, hasta loa 
trabajos de filosofía, todo concurre á fortalecer y sentar el juicio, á 
organizar modos lógicos que guien la vida particular y mejoren los 
procedimientos morales de los hombres y de los nuevos pueblos. Antes 
que ningún otro habia propuesto las reformas legislativas aconsejadas 
por el cambio de cosftS en América. Pasaron muchos años sin que se 
le oyese, y al promover Chile la reforma, aun le dejaron solo, vién- 
dose obligado á presentar el Código Civil que completara á espalda del 
cansancio ó la pereza de sufi cologns; y mientras trabaja en tan dificil 
empresa, encamina los estudios desde el rectorado de la universidad de 
Santiago de tal manera, que fuera prevaleciendo el dictado de la razón y 
del libre examen sobre las imposiciones autoritarias que han cortado el 
vuelo durante mas de tres siglos á toda la raza latina. Y cuando sin salir 
de su posición modesta y dt las costumbres de gabinete, ayudaba podero* 
sámente á Chile á colocarse entre las primeras de las nacionalidades del 



LITERATURA LATINO-AMERICANO 155 

Snr, sostenía la nrgencia de modificar la gramAtica de la lengaa con 
demostraciones tnn claiasqne puede angnrarse una completa yictoria mas 
6 menos pronto. Y como si esos trabaj is capaces de absorver el tiempo 
del hombre mas dedicado no fueran bastante, escribe de derecho ínter* 
nacional con tanta fortnna que notables tratadistos le roban sus ideas 7 
las incrustan en el Código general de las naciones. A* la yez enseña 
filosofía, compone pequeftos poemas, diserta 7 hace memorias, dicta las 
notas de la caucilleria chilena que pueden con las mejores competir en 
belleza á*i estilo, en dignidad 7 en sanos principios, se comunica con 
sus amigos, recuerda en versos de inefable dulzura las impresiones de la 
patria, promueve la reconciliación de Espafia 7 Chile, 7 tacto trabaja 7 
de tantas cosas se ocupa qne pocos pueden gloriarse de llegarle; ninguno 
de aventfljarlo. No* siente la fatiga, no sabe lo que es el cansancio, ni hace 
alto en los desengaños, ni le diatraen las animosidades, ni quebrantan su 
actividad crueles infoitunios 7 pérdidas dolorosas. Ha7 muchos hom- 
bres de talento, muchos que han e nitido opiniones brillantes de mil 
distintos temas, pero en lo que Bello ha comentado, no dejais de oirle, 7a 
conozcáis el dictamen de mas ruidosas celebridades; sus juicios se 
afirman en una erudición pasmosa 7 en espíritu recto, sagaz, extraordi- 
nariamente penetrador: no conozco un crítico de este siglo que supere 
A Bello en dlscresion 7 capacidad para el consejo: fácil para distinguir 
todos los repliegues de uua cuestión, lo es para exponer los motivos, para 
demostrar 7 conocer. 

La escena en que don Andrés Bello representó su mas impottante 
papel era limitada singularmente en el principio de la segunda paite de 
su gloriosa ct«rrera; pero siempre se mantuvo á considerable altura, 7 
creció teniendo por émulo en la América 7 en Europa á todos los que mas 
han contribuido á emancipar la inteligoncia 7 á civilizar á nuestro siglo. 
Bello ha sido grande, no 7a considerado como ciudadano de una Repú- 
blica pequeña aunque iUiKtrada, sino considerado en cualquier relación 
con los merecidos prestigios de la época : Alemania, Inglaterra ó Fran- 
cia le habiian decorado con los títuloa morales mas halagüeños, 7 se 
honrarian ie contarle entre sus hijos. 

En las obras de Bello ha7 una cosa que por ebcepcional siempre me 
llamó la atención. FS^e hombre admirable jamás ha publicado una sola 
línea, una oración que desdijera del conjunto de sus trabajos, ui uua 



156 NUIÜYA REVISTA DB BÜSN08 AUtBS^ 

idea de moralidad dudosa, ni una fórmula aventurada qaé le acuse de 
distraido ó de indiferente. Bello era un árbol que no daba mas qae 
frutos saludables, nn talento creador que siempre dejaba huellas de bien, 
enseñanzas útiles, lecciones de verdad. Su genio tranquilo, me^arado, 
sin grandes explosiones pero también sin caidas ni debilidades, es de esaa 
composicionee* estra&ns que participan de caracteres opuestos; á una fan> 
tasia ardiente se une un sentido nnalitico sutil; á la tendencia de buscar 
emociones dulces y aéreas, el instinto del examen y del detalle; ¿ la poesía 
la matemática, y la imaginación á la reflexión; no predomina en ello 
árido y seco de una anatomía científica, ni lo vago y soñador arbitrario; 
define, atrae, llama, obliga á fijarse interesando el espíritu ó el corazón. 
Sus tareas mas trascendentales y que embargaron mas horas de lu vida, 
versan sobre la gramática, estudio cuya importancia revela Bello mejor 
que ninguna academia, libro ó corporación. Se le encuentra raras veces 
en caminos trillados, pero cuando los recorre, halla motivos que otros no 
hallaron y bienes que pasarán desapercibidos para la generalidad. Poeta, 
se eleva sin desprenderse de la naturaleza; analítico, profundiza sin re- 
currir jamás á lo trivial; legislador, comprende lo mejor sin dejar de 
tomar de las circunstancias el coutingente necesario; filósofo, restablece 
la crítica racional y la libertad absoluta del pensamiento, sumo sacerdote 
y juez último en los procesos de la vida. Su influencia ha sido eficasísima 
en Chile, notable en toda la América latina y en el mundo literario y 
pensador. España reconoció la grandeza del ilustre hijo de Caracas y le 
tributó especiales homeuajes en vida y dístingniios honores en muerte. 
Los que amen nuestra lengua, atnnrán siempre á Bello; le amarán 
cuantos creen en el destino de nuestra raza que él contribuyó á regene- 
rar; le respetarán como maestro y apóstol de la civilización, aquellos 
que' estudien el movimiento de la época, y penetren á través de las 
borrascas y tempestades de medio siglo, como se condensa y toma 
formas un mundo llamado á cumplir altos fines en la historia de la 
humanidad. 

Murió Bello en 1865 á los ochenta y cuatro años de elad. fin 
Chile dejó una pléyade de discípulos ilustres, y allí y en todas partes nume- 
rosos admiradores para quienes siempre será cara su memoria. Sus 
nobles labores irán encarnando cada dia mas en la conciencia americana. 

(Cimtinuará) 



REVISTA BIBLIOGRAFÍCA 



Literatura indígena americana — El drama quechua « Ollantay • 

Ijos lectoroB de la • nukva rg718ta > recordarán el notabitislmo arttr 
c\ilo que, bajo el título de Ollantay -Estudio sobre el drama quechua 
— publicó por vez primera el general D. Bartolo lué Mitre en el tomo 1. 
página 66 á 25. Ese articulo era una verdadera sorpresa - para lo^ 
americanistas, y ha tenido una repercusión extraordinaria. 

La cuestión era la siguiente. De la civilización de los Incas no que- 
daba un solo monumento literario. En 1837 eu el Museo Erudito,pñ- 
riúdico publicado en Cuzco, D. Manuel Palacios reveló la existencia 
de un drama quechua, que demostraba que los peruanos ante- colombia- 
nos hablan tenido una literatura perfectamente floreciente. El sabio 
D. Mariano Eduardo Rivero, en sus Antigüedades Peruanas, escritas en 
UTiion con elDr. Juan Diego de Tuchudí, j publicadas eu Vienaen 1861, 
dio dos muestras del drama original. El Dr. yon Tschudi, en el apén- 
dice de BU libro Die Kechua Sprache, publicado en Viena en 1858, in- 
sertó el testo integro. El Sr. Clemente R. Markham (1), publicó eu 
1871 en Londres sa Ollanta, an ancieni Inca Drama, traducido del 
texto original que le fué da lo en 1858 por el presbítero Justiniani.. Pero 
«ntes, en 1868, el Dr. D. José S. Barranca publicó en Lima su libro 
Ollanta, ó sea la severiddd de un paire y la clemencia de un rey^^ 
y en 1876 el poeta D. Constantino Carrasco publicó en la misma cia. 
dad ana TserioD poética de aqael drama, basada en la tradnocion de 



(1) De nna de cuyas recientes obras dio cuenta la • küsta bkymta • 
tomo Vil pagina 221-286. • 



160 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

la nntenticidad de un drama reconocido hoy generalmente por apócrifo, 
y macho mas despaea de la pobre defensa de Markham que lo acaba de 
enterrar. » 

Markham, efectiyamente, confiesa en su refutación que su versión ea 
taba errada 7 que sus conocimientos del iJioma quichua son incompletos. 
Pero faltan dos autoridades: el sabio alemán Von Tschudi y el filólogo 
peruano Pacheco Zegarra.. Este último quiza es el mas importante por 
que desde su niñez habla el quechua tan bien como el español. 

Cuando se pronuncien estas dos autoridades, será ocasión de volver 
sobre la cuestión. Entretanto bueno es recordar estos autecedentes para 
demostrar á los lectores de la « nubva revista » cual es la importancia 
del debate, y el papel prominente que desempeña en él, el trabajo del 
general Mitre dado á luz recien en eita misma < rbvista. » Se trata 
ademas, como se ve,]de uno de los mas graves problemas respecto de la 
civilización ante-colombiana y del aucochtouismo ó no- autoch tonismo de 
las razas americanas. (1) 

* 

Escuela práctica para el servicio de la infantería de campaña en el 
ejército de la República Argentina^ por J. Ignacio Garmendiu — segunda 
edición corregida y considerablemente aumentada con nuevos materinleg 
y con los ej^cicios de comdo^e.— Buenos Aires 1888, en 8«> de 398 pág. 

Encabeza este libro un elogioso juicio del general Mitre, publicado en 
^ La Nación », con motivo de la primera edición, y con el cual tene- 
mos la satisfacción de estar plenamente de acuerdo. Pero lo curioso es 
qne esta obra, aun(]ue puramente militar, tiene para el profano un ver- 
dadero interés, pues lo inicia en el conocimiento del arte de la guerra 
con nn estilo fácil y galano. 

El autor, en extremo versado en la literatura militar, y poseedor de 
la prActka que da una larga carrera, desarrolla con claridad las teorías, 
demostrando su razón de ser y evidenciándolas por medio de ejemplos 
apropiados. 



(1¡ Véase acerca de las interesantes cuestiones relativas al amertca- 
nismOt la exposición hecha en la extinguida Bevista de CienciaSt Artes 
y Letras de esta capital, bajo el título de: — Estudios americanistas en 
Europa — Congresos y Anociaciones, png. 126— 148 y 202—219. 



REVISTA piBLIOORÁFICA 161 

Estadía primero \ob diferentes sistemas de ftcflntoiíAmientós, vivaos y. 
campamentoe, explicando como 6e deben de eBtublecer y que realas deben 
observarse. T por medio de láminas apropiadas, enseña como se insta- 
lan los vivaos cuando el batallón está en columna ó en linea. 

Con muchísima esteusiou se ocupa en seguida de las avanzadas, cen- 
tinelas, retenes y gutirdiiis, espeeifícaudo con minuciosidad las reglas re- 
liltivas á los centinelas en los diversos casos en que pueden encontrar.'^e. 
Se ocupa después de las grandes guardiaF, de los puestos destacados, de 
las patrullas y rondas. Esta pRrte del libro no polo es completa, sino 
que continuamente se refiere á los hábitos y práctica del ejército argen- 
tino, ilustrando con láminas los puntos difíciles en las avauzndRs con y 
sin reserva, en el orden de marcha de las patrullas, etc. 

En la tercera parte de su obra, se ocupa el Coronel Garmendia de lo 
relativo d los reconocimientos de los diversos lugares, incluyendo un 
modelo del parte de reconocimiento. 

La cuarta parte está dedicada á la instrucción práctica sobre el servi- 
cio de marcha, desde la reunión de las tropas, medidas preparatorias, 
huta lo relativo á la vanguardia, cuerpo principal y retaguardia. 

En la quinta parte se estudia lo relativo á Iob convoyes y á las pe- 
queñas operaciones de guerrB, como requisiciones, sorpresas y embosca- 
das, destrucción de los caminos de fierro, lineas telegráficas, vias de co- 
municación, etc. 

Recien en la sexta parte se ocupa el autor de los ejercicios de com- 
bate, desde la elección del terreno, hasta los ejercicios de ataque, de-* 
fenea, retirada, etc., tanto de las mitades como de los grupos, batallones, 
regimientos y brigadas. 

Tal es el libro con que el Coronel Garmendia ha enriquecido la litera^ 
tura patria del arte de la guerra. El mótodo observado no puede ser 
mas lógico, como se ha visto, no solo en las grandes divÍKÍones prinoi'^ 
pales, sino en el desarrollo de cada una de las materias. En cuanta a^ 
estilo con que está escrito este libro, no necesita especial alabansa parii 
los lectores de la « kubva rstista » que ya lo han podido apreciar. (I 



(1) Véase 'NUETa revista» t. III p. 329-340. 

TOMO IX 11 



163 NUBVA RtjSVISTA DB BUENOS AIRES 

Memorias de los consulados de la República de Bolivia, residentes en 
la República Argentina, correspondientes al a fio ISS^^-^publicaeion 
ordenada por la Legación de Bo^ivia —Buenos Aires 1888, en 8<* de 
164 páginas. 

La República de BoUvia ha estado últimamente muy bien representada 
entre nosotros, por el Dr. ü Modesto Omiste (1), el Dr. Santiago Vaca 
Ouzman (2), y el Dr. D. Samuel F, Sánchez, el primero como Ministro', 
como Secretario de Legación el segundo, y el tercero como Cónsul Ge- 
neral. Los doctores Oiuidte y Shucho?. encuéntranse á la fecha en Cara- 
cas, 4 donde fueron en la Legación especial con motivo del Centenario 
de Bolívar. Estos distinguidos caballeros han propendido, por medio 
de repetidas y útiles publicaciones, á hacer conocer á Bolivia del públi- 
co argentino. 

El año pasaio, la Legación de Bolivia celebró una hermosa fiesta, de 
la que se ocupó toda la prensa, en conmemoración de la independencia 
de aquella República, proclamada, como es sabido, el 6 de Agosto de 
1825. Con ese motivo publicó im interesante volumen, titulado nAlbum 
ptUriótico » (3) conteniendo la crónica de la fiesta y los discursos y com- 
posiciones leidas en aquella velada literaria por el Dr. Omiste, la Sra. 
Juana Manuela Oorriti, D. S. Estrada, D. J. A. de Escudero, Dr. Sán- 
chez, D. N. A u telo, F. Carranza, Dr. Pefia y Santiago V. Quzman, y 
reproduciendo al final del libro el himno nacional boliviano. 

En el libro que ahora nos ocupa, se encuentran los informes de los doc- 
tores Sánchez, Cónsul General en Buenos Aires; Matienzo, Cónsul en 
Tucuman, Davales, en Salta; y Ortega, Vice-consul en Humahuaoa. En 
seguida, en forma de Apéndice vienen varias notas referentes á la con- 
vención postal y telegráfica, derechos de importación, etc. 

El informe del Dr Sánchez es un interesante documento, pues no solo 
86 ocupa del comercio y rentas argentinos, sino con detención de la cues- 
tión monetaria. Caminos, Correos y telégrafos. Exposición Continental, 
Congreso Pedagógico, Instrucción secundaria. Universidades y otras ma- 
terias. 



(1) Véase ckutcva rkvista» t II p. 692 603. 

(2) Véase cnukva rkvjsta* t. JIl pág. 25-46 y t. IV pág. 621 649. 

(3) Burnos Aires 1882, en 8^ de 150 piiginiui. 



RBVISTA BIBLIOGRÁFICA . 163 

. Ed Boma, el libro es curioso y contiene sanas y sagaces observaciones 
qoc deben tenerse en cuenta. Merece por su publicicioa un sincero elogio 
la Legación de Bolivia, y seria de desear que las de otros paises hicie- 
ran análoga cosa. 

* 

Compendio de la historia de la geografia, por IVófilo Lavallée, ira- 
diiciio del francés por Eudoro Diaz— Rosario, 1883, en S*^ de 138 p. 

El traductor de esta útil obrita, profesor de Historia y Geografía de 
América en el Colegio Nacional del Rosario, ha tropezada en la enseñan- 
za con la falta de un buen texto para recomendarlo á sus alumuos, y 
para obviar este iucooveniente, ha traducido este compendio de la obra 
del clásico Mate Brnn. 

El señor I>iaz observa con razón en su prefacio, que los programas de 
U asignatura de geografía son diferentes en cada Colegio Nacional, y 
que por lo tanto, se decide á adoptar como texto el libro de Lavaliée. 
Sin duda alguna los programas tienen que ser diferentes en los diversos 
Colegios Nacionales da le República, por<|U0 no puede haber uniformidad 
posible en el método de la enseñanza, desde que la preparación de 
los alumnos es diversa según los distintos centros. Asi no podria ló- 
gicammte exigirse que se dictara con igual desenvolvimiento ni análogo 
plan un curso de una materia dada eu Buenos Aires ó en Jujuy óRioja 
pues hasta las condiciones de ingreso de los alumnos á los Colegios 
Nacionales varian según las localidades: — para el de Buenos Aires, por 
ejemplo, se exige hayan cursado hasta el 4° grado inclusive de la educa- 
ción común, ó que den examen sobre lo mismo y en los demás colegios 
solo se necesita saber leer, escribir y contar para ingresar á ellos. 

Por eso justamente los programas y los textos adoptados en cada 
Colegio son una demostración evidente ce la manera como se enseña cada 
materia, y por lo tanto del grado de elevación á que se encuentra la 
educación secundaria en cada centro. En este sentido, la adopción como 
texto, en el Colegio Nacional del Rosario, del Compendio de Lavaliée, es 
una prueba de la manera adelantada como allí se enseña la geografía. 
El texto es para el curso de á^ año y abarca una verdadera revista de la 
geografía, en el sentido de que se ocupa desde el Egipcio de los farao- 
nes hasta los últimos viajes en la primera mirad del siglo XIX. 



164 NUEVA RETISTA OQ BUBN08 AIRES 

El sefior Diaz no se ha concretada á traducir aimplementa el libro d» 
LcThllée, 6Íuó á completarlo en muchos puntos, agregando netas opor- 
tunas. 

Tratado del ganado vacuno por don Manuel Prieto 7 Príeto^Madríd 
1883, en 8© de 870 pág. prox. 2 vols. 

La casa editora de Cuesta, conocida en el mundo de los letras madri- 
lefiüs, acaba de editar esta última obra, que tiene para la República Ar- 
gentina muy especial interés. 

Su autor es catedrático de la escuela de Veterinaria de Madrid 7 de reco- 
nocida competencia en la materia, 7 la obra en dos gruesos pero manuables 
▼olumeues que acaba de publicar, es un tratado completo de ganadería, 
pue$ comprende el estudio de la conformación 7 modo de ser de las reses 
▼acunas; cruzamientos; medios de mejora de la ganadería; alimentación, 
cria 7 cuidado; razas mas notables, españolas 7 extranjeras; caracteres; 
particularidadv^s 7 productos de las de lidia, de labor, de sebo 7 lecheras; 
enfermedaies que padecen 7 pueden ser socorridas de momento por los ga- 
naderos; con otros conocimientos tan útiles como necesarios á los mismos 
ganaderos, 7 á los aficionados 7 tratantes en la compra 7 venta de estas 
reses. Ciento un grabados ilustran ademas la obra. 

En la República Argentina, una de cu7as industrias roas importantes 
es la g»naderia, esta obra ha de encontrar favorable acogida en el gremio 
de los hacendados. 7 ha de ser bien apreciada por la « Sociedad Rural Ar- 
gentina », como bien juzgada por los « Anales » de dicha sociedad, « El 
Estanciero » 7 tantas otras publicaciones especiales. 

Al señalarla al público, después de haberla examinado con detención, no 
se puede menos de reconieudarlH en la seguridad de que ha de ser útil é 
interesante para los estancieros 7 todos lo.s que del ganado vacuno se ocu* 
pen entre nosotros. 

E. Q. 



CÓDIGO DE POLICÍA URBANA Y RURAL 

PARA LAS PROVINCIAS 
DB LA 

REPÜBLICA ARGENTINA U) 

(continüáciok) 

Art. 97 — Loa Departamentos de Policía en I09 tres primeros casos del 
art. anterior y cuando no sea el de injurias greves, se limitarán á la apren- 
hen^íoa de los delincnenies, al secuestro de las armas que se les bailaren j 
á la imposición de una multa de veinticinco á doscientos pesos fuertes. 

fin el 4® j 6^ ctisos del mismo artículo, la acción del Departamento de 
Felicia se limitará á la aprenheusion de los autorea y cómplices en el de- 
lito, al secuestro de las armn^ que se les fuesen halladas y á la organización 
de li^e primeras diligencia del sumario, que, con los presuntos delincuen- 
tes, se pasará al Juzgado del Crimen á fin de que puedap ser juzgados 
eon forme á derecho. 

Inerndlo 

Articulo 98 — Es atribución del Departamento de PoIícír, conocer en 
los CASOS d«l delito de incendio, sea ocasional 6 voluntario, cuando el 
daño causado no esced», al parecer, de doscientos pesos fuertes ó bien 
cuando la indemnización que se demande no exceda de dicha cantidad. 

En cualquiera de enos casos y cuando no sea posible álgun arreglo entre 
el damniñcado y danmificador, el Departamento de Policía, en cnanto á 
la apreciación del daño, procederá ex equa et bono y por lo que resulte 
del sumario. 



(O Véase el tomo VIU- p. 493 697. 



166 líUBVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

Art. 99— Guando el duflo causado por el iucendio sea yn de mayor 
w^nsideracion, la acción del Departamento de Policía se limitar* á las pri- 
meras diligencias del sumario já la aprehensión délos autores del delito 
7 sus cómplices, á quienes, con el sumario, se les pondrá á disposición del 
respectivo Juzgado de! Crimen. 

Art. 100— El incendio voluntario ó causado con intención 6 plena de- 
liberación, impone el deber de la indemnización j será ademas penado con 
una multa de veinticinco á cien pesos fuertes. 

Art. 101 — El ÍQcei^dio ocasional ó causado sin intención y por no ha- 
berse tomado todas las medidas necesarias ptra precaberlo, impone igual- 
mente el deber de la indemnización y será también penado con una multa 
de diez á cincuenta pesos fuertes. 

Art. 102 — El incendio casual, ageno completamente á la voluntad y 
producido por un descuido ú omisión inculpable, no impone responsabili- 
dad alguna de carácter penul. 

Art. 103 — Los propi:ítario8 ó poseedores de campo cuando necesiten 
incendiar alguna parte de los de su pertenencia, deberán solicitar un per- 
miso escrito del Juez de Paz ó Comisario de &u distrito, quienes, según 
lo creyesen conveniente, lo darán ó denegarán, designando, cuando lo 
concedan, el día y hora en que pueda darse principio á la quemazón. 

Art. 104 — Cuando por el Juez de Paz ó Comisario se conceda aqnel 
permiso, el interesado lo comunicará á sus vecinos colindantes, con tres 
días de anticipación, para que hagan sus observaciones, para que en todo 
caso estén prevenidos, y para que en el dia designado puedan concurrir 
a presenciar el hecho y tomar todas las precauciones que consideren cou- 
venieutes para evitarse cualquier daño. 

Art. 106 — La falta de ese permiso y aviso á los vecinos que se prus- 
criben en el art. anterior, como la del aviso úhicamente, ó la del permiso, 
harán que el incendio se considere como voluntario. 

Art. 106— Es prohibida la quemaron de campos valdios de propiedad 
pública, sin previa licencia escrita del respectivo Departamento de Policia 
bajo las penas antes designadas. 

llaterlasi Inflama Mes 

Articulo 107^En los centros de población, no es permitido el depósi- 



CÓDIGO DB policía URBANA Y RURAt 167 

10 di) pólvora, agaardíentes, agnarras, alquitrán, vitriolo, breft) kerosene 7 
demás materias fácilmente inflamables. 

Las casas en qne se espendau esos ariSculos, solo podrán tenerlos en 
cantidad bastante para su consumo y con el acuerdo del Departamento 
de Policía. 

Art. 108 ~Los infractores, ademas de la reponsabilidad para en el caso 
de causarse algún daño, sufrirán una multa de veinticinco á cien pesos 
fuertes, 

Art 109 — En el caso de producirse incendio, se tendrá este por volun- 
tario ú ocasional, según que se hayan observado ó no los requisitos an- 
teriormente determinados; y será el caso de la competencia del Departa- 
mento de Policía, siempre que el dafio no parezca esceder de la cantidad 
de doscientos pesos fuertes, 6 cuando no sea major la indemnización que 
se demande. 

lüseAndalo 

Art. 110 — Lo causan los que en los templos 7 manifestaciones del 
culto católico, no guardan la comportacion, moderación y respeto debidos, 
los que en los parages público ó en las reuniones de carácter pública, pro- 
fieren palabras ó ejercen acciones obscenas, indecorosas ó de algún modo 
ofensivas á la moral; los que 6n las mismas reuniones concitan el desprecio 
ú odio contra los ministros, contra los magistrados y demás funcionarios 
públicos ó profieren palabras que amengüen su decoro ó le sean ofensivas 
ó deprimentes; los que en los parages públicos aparezcan dcHnudos ó no 
se escusen de actos qne ofendan el pudor; las mugeres que perteneciendo 
á las casas de tolerancia se presenten en los paseos y demás parages pú- 
blicos, haciendo ostentación de lujo ó <n carrnage descubierto. 

Art. 111 — El escándalo público será según su gravedad penado con una 
multa de seis á cincuenta pesos fuertes. 

CAPITULO IV 

Disposiciones complementarias. 



Del eneterro, pastoreo y ronda 

Art. 112— K^a prohibido el de las haciendas de toda especie, dentro 



% 



168 ' NUBYA RBVISTA DG BUENOS AIRKS 

d«l radio que abarcan las quintas ó chacríia cercadas y contiguas á las 
ciudades y pueblos de campafia. 

ArU 118— Los animales destinados á la labranza ó faenas de algan esta^ 
blecimieuto industrial, inclusive las lecherías, deberán mantenerse á pasto- 
reo fuera del radio antes designado, y bitjo pastor de dia, y encierro en la 
noche. 

Los infractores de esta disposición, sufrirán la multa de un peso fuerte 
por cada animal. 

ArU 114 — Aun fuera de ese mismo radio, pero dentro de los ejidos de 
las ciudades y demás centros de población, comprendiéndose bajo la ejidos 
loa terrenos inmediatos que son «S sean declarados de pan llevar, — nadie 
j^uede mantener á pastoreo mas de doscientas cabezas de ganado mayor 
bajo la multa de nn peso fuerte por cada un animal. 

Art. 116— Las haciendas cuyo pastoreo se permite, inclusive las boya- 
das con que se hace el permiso de las carretas, no pueden ser conducidas 
á beber, sino es por el camino ó senda de que para ello se sirvan el due- 
fio ó dueños de los terrenos por donde deban con tal motivo transitar ó 
por el que los mismos les designen, bnjo la multa de un peso fuerte por 
cada nn animal. 

Art. 116^-Es absolutamente prohibida la ronda, debiendo las haciendas 
de pastoreo ser atadas en la noche, cuando no sea posible su encierro. 

Los infractores sufrirán la multa de un peso fuerte por cada nn ani* 
mal. 

Art. 117 — Los dueños de las haciendas que en conformidad con la pre- 
senté ley se mantengan á pastoreo, serán también responsables por los 
daños que las mismas causaren. 

Corresponde á los Departamentos de Policía, determinar ex equo et 6o- 
no, la indemnización que en tales casos deba hacerse á los damnificados, 
cnando el daño causado no esceda de doscientos pesos fuertes. 

(Concluirá, 

EuiLiAKO garcía. 



VUELTA A LA PATRIA 

(al través de on hemisferio) (1) 



I 



1 . Partida de Albany y despedida de las costas Australianas — 2. El 
Mar lodico — Los Hindus — Estadios sociales á bordo del 5 Siam > 
— El Larrikinismo ÁnstraliaDO. — 3. Peces volantes — Teoria cli- 
matérica y estática de los Mares-^Mares Montañas — Mares Pam- 
pas—Mares ebiillentes — Celajes y perspectivas — 4. Llegada á 
Ceylan-^ Aspecto de esta isla, sus producciones y cultivos- 
Visita de Hoeokel en 1882: sus pinturas animadas — Estension y 
producciones actuales de Ceylan — 5. Gran maro golfo Arábigo — 
Recuerdos y pensamientos sobre la antigua Arabia de Job, de 



(1) La «KUKVA REVISTA» comiecza á publicar un interesantísimo 
escrito del seuor don Juan Llerena, que acaba de dar la vuelta al mundo 
en un viagc de estudios cien tifíeos. Las páginas que siguen son las 
notas mismas de viage, escritas en el papel que las circunstancias pro- 
porcionaban, en ferro- carril, en vapor ó á lomo de animal. Son, pues, 
las impresiones frescas, del lugar mismo, que respiran vida verdadera, 
y no el lento trabajo del gabinete. Esos estudios esttín llenos de interés, 
porque el vingero, perfectamente preparado, va dilucidando con motivo 
de su viage^ los mas graves problemas hiitóricos y científicos. 

Debe prevenirse que las páginas que ahora publica la «nuuva revista > 
servirán para la confección de una parte de los trabajos oficiales enco- 
mendados á su autor. En efecto, el señor Juan Llerena emprendió ese 
viage como secretario de la comisión nombrada por la Provincia de 
Buenos Aires, para que practicara estudios agrícolas y ganaderos en 
Inglaterra, Estados Unidos y Australia, con el objeto de fomentar loa 

TOMO iz, 12 



170 NUGYA RBVISTA DE BÜBNOS AIRBS 

Salomón y de Antar — 6. Costas Eihiópicas — Recuerdos eplsódicot 
de Osiris y de Isís— Muchas cosas nuevas respecto de estos TÍejos 
personajes lejendarios é históricos, fundadores de la civilización 
antigua y de la moderna, por consiguiente. 

1. Costas Australianas hasta Albany 

Las costas Australianas siguen elevadas y graníticas, 
salpicadas de islas é islotes también graníticos, á partir de 
Glenelg y de los golfos de San Vicente y Spencer, golfos 
que como hemos dicho, sobre todo el último, penetran hasta 
muy adentro del continente Australiano, formando como 
una de es^s profundas fjiordas noruegas, abiertas por 
los hielos, los vientos y las olas bravas de los mares 
del norte. Son aquí los mares Australes igualmente bravos, 



intereses sólidos de nuestro pala y para co.operar k los nobles fíues de la 
Sociedad Rural Argoiitiiin. Dicha comisión, cuyo presidente era d(>n 
Ricardo Newton, debia recojer datos y hacer estudios sobre los sistemtuí 
agrícolas y ganaderos puestos en práctica en los susodichos países, 
para darlos á couocer por la preusa y eu conferencias especiales. 

Se han publicado ya el primer y segundo volúmenes de la obra ^- 
crita por dicha comisiun, en forma de correspondencias enviadas desde 
las comargaa que visitaba. Varios diarios de esta capital han publtcudo 
paulatinamente y siguen publicando todavia dichas correspondencias. Rl 
primer tomo estudia en seis largas correspondencias á la Inglaterra; el 
aegui^do en otras 6 á los Estados Uuidos, y el que estÁ todavia iuédito 
contendrá 10 correspoudencius mas, á saber: una sobre las islas Sandwich, 
otra sobre las de Nueva Zelandia y 8 [sobre Australia y sus industrias 
ganaderas. De este modo saldrán por lo menos, 4 gruesos volúmenes 
con 22 correspondencias. 

En cuanto al señor don Juan Llerena, los lectores de la «kdevji 
REVISTA» le conocen ya por su art. : — Una escursUm en el pasado 
geológico y arqueológico de San Luis (t. I. p. 240-248), y en la <£e- 
vista de Buenos Aires* habia publicado sus Cuadros descriptivo -esta- 
dUticos de la provincia de Cuyo (t. IX. p. 105, 273, 339, 567~t. X. 
p. 89, 263, 898, 677^t. XI. p. 62, 280) y su Estudio sobre el mine- 
ral de Fatnatini^ (t. XXIII. p. 66). 

(JV. de la Diree,) 



VUELTA A LA PATIUA ITl 

los que han abierto ese profundo entalle en la masa de las 
rocas volcánicas que, por ese lado, han constituido un 
inmenso archipiélago en la época en que Australia Central 
se hallaba sumergida bajo las olas. La prueba de esto se 
halla en que todavia el estrecho y prolongado golfo de 
Spencer penetra tan adentro del continente, que so liga 
con el sistema de lagos salados interiores, vestigios de los 
antiguos mares; y aun es probable que se estendiese tierra 
adentro, dándose la mano con el Golfo de Carpentaria, otro 
entalle poderoso. Ya en nuestras correspondencias ante- 
riores algo hemos dicho sobre el particular. 

Loa mares que recorremos son ordinariamente bravios ; 
mas por el momento, á nuestro paso, forman una llanu- 
ra mansa, igual, sin azul ni verde, sino con ese color gris 
sombrío, característico de los mares tempestuosos, como 
los ojos grises caracterizan los temperamentos biliosos. 
Antigua estación de balleneros, éstos se han cuidado de 
no dej ir ni una sola ballena ni foca viva, de donde el que 
esos mares se presetiten t \n desolados y desprovistos de 
vida animal marítima, como un desierto terráqueo se 
halla desprovisto de vida animal terrestre. Los bárbaros no 
han dejado ni las crias ; pero la culpa no la tienen esos 
animales d¿iñinos, llamados lobos de mar^ que salen á 
caza de cetáceos y focas. La culpa la tienen los gobier- 
nos, que no legislan para la conservación de las especies ; 
porque los gobiernos son la providencia, la inteligencia 
y por consiguiente la previsión de las naciones. Las nacio- 
nes no viven un día, viven siglos; y ellos deben vigilar 
para que un uso moderado del^ presente, deje siempre 
ocupaci(»n y alimento para las generaciones venideras. 
Todos los gobiernos cuidan de que en ciertas estacionen 






172 KUBVA RBYISTA DE BUENOS AIRES 

se dejeD reposar los animales de caza^ para permitirles 
multiplicarse^ y para que su cria do se extinga. Lo mis- 
mo deberia practicarse con la pesca de toda clase. Pero 
probablemente los gobiernos no harán caso de mí concejo 
y seguirán cómodamente dormidos sobre sus dos almoha- 
das, de cuyo grato sueno no despertarán sino para ful- 
minar algún decreto de exterminio contra los 

socialistas, esa bestia negra de los gobiernos modernos. 
Es el conejo que ellos cazan ; pero le dan el nombre de 
oso bravOf para darse ellos el aire de cazadores de fie- 
ras. En algo necesitan imitar á esos déspotas de Oriente 
que cuelgan hombres y ensartan fieras por pasatiempo. 
Es tan agradable para esos señores, darse los aires de un 
Tamerlan ! Gengis Kan es el ideal de los déspotas, como 
llosas es el ideal de nuestros gauchi-politicos. Son dos 
entidades que se parecen. 

Mas pasado el archipiélago de Nuyts, el inmenso golfo 
abierto llamado Austr alian Bight se ensancha y profun- 
diza; las altas costas graníticas desd()arecen ; y la llanura 
azul del abismo, y el blanco cielo, el bicolor de nuestra 
bandera, nos rodea por todo, arriba y abajo. Nada mas 
expléndido que ese espectáculo. Dos ó tres pares de 
gaviotas blancas, con alas negras, nos siguen dias y dias, 
jugueteando sobre las olas. De qué son esos animales 
que no se fatigan jamás? ¿Son como la arpías^ animales 
^e acero con alas de bronce ? pero sus ojos animados y su 
grito penetrante, ronco y gutural, nos indican que son de 
carne y hueso. Luego la carne y el hueso pueden hacer- 
se mas infatigables que el acero y el bronce ? Sin duda, 
con el ejersicio incesante, de generación en generación, 
desde que se nace hasta que se muere. Solo asi se com- 



VUELTA Á LA PATRIA 173 

prende el soldado espartano y el soldado romano, esos 
cuerpos de hierro, con garras de acero, como dijo el 
profeta Daniel, 600 años antes que los romanos se mostra- 
sen, en su famosa visión de las Bestias apocalípticas. La 
dura disciplina y el duro ejercicio ! Ello es duro como el 
acero, pero es un instrumento maravilloso de poder y de 
voluntad. El hombre es libre, es independiente y hace su 
voluntad con gloria. Pero también Esparta y Boma eran 
Repúblicas ; y en cuanto cesaron de ser de hierro y de 
bronce ; en cuanto su voluntad se dejó subyugar por la 
molicie, la República cesó de ser, y junto con la Repú- 
blica la libertad y la gloria; vino el tirano, esa bestia 
cruel y sin alma ; vino el César, ese ser corrompido, intri- 
gante y astuto, que dice con Augusto, al tiempo de morir : 
« i Qué tal he desempeñado mi papel ? » El comprendía la 
vida y el Imperio como una farsa ! farsa de mala ley, mala 
para los otros : entretenida para el que tiene poder y que 
goza en el poder. Tiberio que le sucedió, fué también un 
farsante por otro estilo. Pero el farsante de los farsantes 
fué Nerón. Joven, hizo farsa de la virtud y la religión 
con Céneca y Burrus; hombre, hizo farsa de todo ; se con- 
virtió en un verdadero histrión ; y mientras con un costado 
de su faz bifronte, ensayaba el payaso en los teatros de 
Grecia y Roma, con el otro cortaba cabezas y destrozaba 
cuerpos humanos. Horrible magostad gesticulante, ridicula 
y atroz á un tiempo ! ¿Vale la pena de deponer el acero y 
el bronce glorioso de la República, para incurrir en tal do- 
minación ? Nó ! Prefiero ser gaviota eternamente ! 

El Mar Indico comienza pues, bien ; comienza con azul 
y blanco; y muy luego veremos mezclarse el oro de su sol, 
que produce el dátil y la banana, esas dos delicias (jLe los 



It4 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

trópicos. Pero no nos adelantemos ; Albany, en la parte 
mas occidental de Australia, en una latitud un poco mas al 
Sud que nuestro Buenos Aires, nus espera aun. Solo 
partiendo de allí podremos entrar á su tiempo, en los mares 
arrulladores, de oro y azul; en los trópicos. Entonces 
comenzaremos á pisar mares clásicos, y á ver cielos clási- 
cos también : porque todo nuestro hemisferio, es un hemis- 
ferio nuevo, parvenuej desconocido de los antiguos maes- 
tros de lo bello y de lo grande; pero una vez en Ceylan, ya 
podremos recorrer los mares que surcaron las naves de 
Aziongaber y Tharsis, desde antes de Salomón ; que hablan 
surcado antes las naves de Semiramis y Niño; que surcaron 
las de Ramses Meiamoun y las naves de Clearca, aquel 
teniente de Alejandro que este destacó desde el In:lus. 
Y las naves de Gama, de Alburquerque y de Jos nave- 
gantes españoles que les sucedieron ? Cuan glorioso pa- 
sado, y para nosotros, cuan triste presente ! Pero nó, la 
civilización domina hoy esas regiones, y recorre esos ma- 
res: que ella sea la bien venida, bajo los pendones de 
la gloriosa Albion! 

Tres di as enteros con sus noches, hemos empleado en 
recorrer el vasto piélago azul interpuesto entre Adelaida y 
Albany, el puesto avanzado al Sud-de Australia Occiden- 
tal. Tin enorme es esa inmensa bahia abierta que con el 
nombre de Australian Bight forma el gran arco de la 
curbatura Austral del continente Australiano. Un hecho 
notable se nos presenta de la geografía del globo. Todos 
los continentes viejos y nuevos, presentan esta inmensa 
curbata en el Oeste: África en el Golfo de Guinea; América 
en el Golfo de Arica; Austr¿ilia en su Gran Bright. Este 
es un hecho demasiado general para ser casual, no hablen- 



VUELTA A LA PATRIA 176 

do una curbatura análoga en ningún continente en otra 
dirección, en el este, por ejemplo. Pero de esto hablare- 
mos mas adelante. En la tarde del tercer dia de nivega- 
cion, cuando ya estábamos fatigados de la monotonia del 
horizonte marítimo, hé ahi que al salir del Gran Bight, 
donde sus. bajas y arenosas riberas han permitido al océano 
carcomer y escavarse un vasto lecho de refosilacion para 
sus inquietas olas; hé ahí, decimos, que al dominar esas 
playas arenosas de un blanco ameirillento, salpicadas de la 
sombría vegetación Australiana de los Eucaliptus, las pri- 
meras alturas graníticas vuelven á asomar en forma de 
remotas cuchillas; en seguida las alturas de Cabo Pasley, 
Howick Hill, eminencia volcánica, coronada de un mogote; 
el promontorio culminante de Punta Hood y en retirada al 
Oeste, Mount Bland y otras cuchillas elevadas, alzándose 
en grupos ó cadenas sobre el agitado horizonte del mar. 
¡Qué bellas son esas costas, esas protuben) ncias mon- 
tañosas, asi vistas á la distancia, como un punto de reposo, 
en medio de la agitación de las olas, y presentándose azula- 
das, elevadas, accidentadas, pintorescas, á los ojos sor- 
prendidos y encantados ! 

Por de pronto y á la vista, dos hechos sobresalen : el uno 
es que ya las costas han perdido su monotonia Austra- 
liana; por su elevación, por su accidentacion, por sus rasgos 
audaces y movimentados, esas costas son mas bien Neo 
Zelandesas que Australianas: no son las costas de un conti- 
nente en reposo; son las riberas exaltadas, atormentadas, de 
un mundo que surge ó que se abisma. El otro hecho, en 
medio de las vastas accidentaciones de las costas, son dos 
cadenas principales de montañas graníticas. La cadena 
cortesa que se recorta en pirámides y grupos, en promon- 



176 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

torios y cuchillas sobre las altas riberas, cuyo pié bañan 
bramando las espumantes olas; y la cadena interior, acci- 
dentada, elevada, pintorezcamente recortada en verdaderas 
sierras, con mogotes que se elevan hasta las nubes, y recor- 
tes que descienden hasta el suelo; una cadena Argentina por 
sus bellos y pintorescos recortes, mas que cadena Austra- 
liana, uniforme, baja, igual, monótona, como tapia de 
potrero cuyano. Esa cadena es evidentemente volcánica y 
reciente. La cadena costera; aunque granítica, no es de 
ese viejo granito redondo y gastado de la edad Laurentina 
del globo; es un granito nuevo, joven, audaz, que se 
eleva y se baja; se recorta en picos y pirámides de escarpa- 
dos flancos, fraccionándose en grupos, cuchillas, pabellones, 
islotes é islas sobre las costas. Las aguas se ven correr 
por sus quebradas, formando cascadas. Es todo un mundo 
recortado, identado, alzado, rebajado, solevantado, añadido, 
quebrado; grandioso y pintorezco en medio de las mugien- 
tes olas. Cuan diferente idea nos habian dado los viageros 
y las geograflas ! Creiamos aproximarnos á una Arabia, á 
un Sinai, á un Sirtes, yes una costa ^íhilena ó norte-ameri- 
cana, la que enamora la vista ! 

Pero lo que mas nos encanta son las altas cuchillas 
azulados del interior, que se empinan sobre los macizos 
hombros de las macizas cadenas del litoral^ para enseñarnos 
su talle esbelto de lázuli, y su corona estrellada de zá- 
firos y ametistas. Esas cadenas nos encantan por su 
conformación y las reminiscencias que despiertan en noso- 
tros. Su aspecto es Argentino, no es Australiano, hemos 
dicho : en efecto, ellas se recortan en verdaderas sierras, 
con mogotes semejantes á los de Tomalasta, de Intigua, 
de Yerba Buena, en Córdoba; y no presentan esas líneas 



VUELTA A LA PATRIA 177 

uniformes de las lomas graníticas Australianas, que por 
irrisión han recibido el nombre de Montañas Azules, Piri- 
neos, Alpes y que se yo que mas. Pues bien, las Lomas del 
Alto Pencóse, son mas elevadas que esas Montañas Azules; 
y las sierritas de las Palomas y del Jigante, son mas altas 
que esos Pirineos y esos Alpes Australianos. Pero aquí no. 
Hé ahí verdaderas sierras altas, ásperas, empinadas, cul- 
minantes, identadas, erizadas, dominantes; y esas sierras 
se estienden á la distancia en vastas líneas, en sistemas, en 
cordones, en grupos destacados. ¿Porqué un hecho tan 
notable no ha recibido todo su realce de los viageros y 
geógrafos ? Será prec^iso que nosotros, que nada valemos, 
vengamos á reparar el frror de otros, que valen mas que 
nosotros? Porqué los ingleses ocultan esas bellezas, y 
desfiguran esis circunstancias tan notables? Porqué lla- 
man desierto inhospitalario, á un Paraiso ? Como quiera 
que sea este misterio, la verdad se halla en lo que hemos 
espuesto. Las grandes alturas de Australia ; las alturas 
aparentes y culminantes ; las alturas borbotantes de ríos 
y de arroyos aqui en el Norte, no en el Sud; ó mejor, 
aqui en el Oeste y no en el Este. Por lo demás, las olas 
azules del Gran Bight se han vuelto de un color sombrío al 
aproximarse á la tierra; y multitud de aves mas terrestres 
que acuáticas, en bandadas innumerables, salen á nuestro 
encuentro. 

Daremos una idea de la identacion a«¿cidentada y román- 
tica de las costas, describiendo una de sus ensenadas ó 
bahias mas interesantes y pintorezcas, la de King's George 
Sound, por ejemplo. Es una entrada profunda en la costa 
granítica. El primer acceso del puerto, antes de entrar, es 
magnífico. Primero sale al encuentro el alto promontorio 



178 NUBVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

granítico de Bald Island, peñasco calvo é inmenso que las 
olas baten espumantes. En seguida, recostada en la costa 
en forma de media luna, viene Port Two People, con un 
islote de peñascos clavados de punta, en medio de las 
olas que braman en sus contornos, formando la vista 
mas estrañi y romanesca. La costa se baila dominada 
por promontorios de montañas, una granítica en forma de 
pirámide colosal; la otra porñridica, formando como el 
cono de un volcan extinguido; y por su cráter conver- 
tido en quebrada resonante, se ven precipitar las aguas 
que caen al mar en cascada. King s George Sound se 
compone de dos ensenadas ó bahias engastadas la una en la 
otra, y ambas rodeadas de pintorescas costas graníticas 
muy movimentadas, formando cuchillas, promontorios y 
valles que.permiten á la vista internarse y contemplar las 
crestas fantásticas de las altas sierras azuladas del interior, 
Stirling Nange, una de ellas y la otra que llamaremos la 
de los Mogotes, situada mas al Sud-Este, de un carácter 
volcánico evidente, presentando en sus altas cimas una serie 
de mogotes como el de Yerba Buena, en la sierra de Cor- 
doba. Dos magníficos, dos inmensos peñascos en forma de 
esfinge, guardan la entrada de la primer bahia. Son 
verdaderas esfinges Egipcias, de piedra masiza, semejante 
á la gran esfinge enterrada, ó mejor, enclavada cerca de la 
gran pirámide de Gessen, en el Cairo. Ambas se hallan 
rodeadas de agua, en forma de islotes, con tres canales á 
sus costados. Nosotros pasamos por el del medio. La 
primer bahia presenta costas altas y costas bajas, promon- 
torios y playas arenosas, y á lo lejos, cuchillas graníticas, 
y las crestas azuladas de las sierras del interior. Todas 
estas costas se hallan vestidas de un denso manto de ver- 



VUELIÁ A LA PATRU 279 

dura, formado de altos bosques eucalipticos á veces; pero 
!o mas, formado de matorrales del teatree y de otras yer- 
bas que forman un manto de perpetua verdura, un tinto 
sombrío. Rocas desnudas, muestran su calva frente aquf 
y allí, coijtrastando con el aterciopelado manto de la ver- 
dura general, uniforme y sin brillantes flores. Las aguas 
de la bahia no presentan ni el verde pulido de la turque- 
sa, ni el verde brillante de la esmeralda: son de un verde 
botella sombrío. La entrada de la segunda bahia, engas- 
tada en la primera, es muy estrecha, entre dos altos y 
peñascosos promontorios, en uno de los cuales, en el de la 
derecha, se alza un blanco faro entre blancos caseríos; en 
el otro del lado interior, se alzan diversos edificios pertene- 
cientes á la población de Albany. El aspecto de la segunda 
bahia es bellísimo; es de forma circular elíptica, con su 
eje mayor dirigido hacia el sol poniente; y sus verdes y 
pintorescis costas se componen de altos promontorios y 
colinas, de playas bajas y de elevadas cuchillas : es un con- 
junto encantador de alturas inmóviles, de aguas quietas 
y de perspectivas grandiosas. Una cuchilla contrasta por 
su blancura en medio del verde general : es una quebrada 
de sierra volcánica que^el viento ha llenado con las blancas 
arenas del desierto, traidas bajo sus alas. Albany que, 
como sabemos, es el gran puerto de acceso de Australia 
Occidental, se estiende coqueta, blanca, graciosa y fla- 
mante, entre dos verdes y elevadas montañas de granito, 
ocupando el valle que se estiende entre ambas. Tiene 
buenos muelles, pero los grandes vapores no atracan á 
ellos. Albany, como sabemos, se halla unido con Perth, la 
capital^ por un gran ferro-carril de 240 millas de largo, 
que se ha terminado recien este año. Concluida la gran 



180 MUBVA REVISTA DB BUBNOS AIRES 

empresa del ferro-carril, necesariamente viene de por si 
la empresa de formar un grande y cómodo puerto, en que 
puedan atracar los grandes vapores ; para lo que la bahia 
presenta grandes facilidades: esto es solo cuestión de 
tiempo. 

La última noche que pasamos en el puerto de Albany, 
fué una noche serena y apacible, de una magnificencia 
Oriental. Era un>i despedida del bello cielo Austral, que 
íbamos á dejar atrás en nuestra vuelta al otro hemisferio, 
hasta tornar de nuevo á la distante patria. La bahia se 
estendia callada, clapoteante y serena á nuestros pies, ro- 
deada de pintorescas alturas, negra como la tinta, que dise- 
ñaban bien los contornos elípticos del Sound, con el nivel 
rielante de un gris sombrío de la bahía, como disco. En el 
zenit brillaba la magnífica constelación de Orion, con 
las tres grandes estrellas de su cinto: constelación que ella 
sola por su esplendor, merecería un cielo aparte; mas 
arriba, pues ya se inclinaba un poco al Occidente, brillaba 
el ojo de la constelación Canis Major^ la famosa estrella 
Sothis, la moderna Sirio, con un brillo centellante é inmacu- 
lado, mayor que cuatro estrellas juntas de las otras. Cru- 
zando diagonal mente el cielo, en la dirección del Sud, se 
estendía la blanca banda de la espléndida Via Ladea 
Australy resplandeciente como la banda recamada de oro y 
pedrerías de la gran reina, sentada sobre su trono. Cerca 
de ella, hacia un lado, se destacaba la bella Cruz del Sud, 
esa espléndida constelación austral, que en la gran edad de 
los descubrimientos, Andrea Corsali y Yespucci llamaron 
Crose maravigliosa ; y de que el Tasso habla por inspi- 
ración, sin haberla visto jamás, en versos que solo recorda- 
mos vagamente : 



VÜBJ-TA A LA. PATRIA 181 

lo mi volH á mia destra e vidi porsi 
Qli cuatro stelle al firmamento affette 
Non viste mai fuor ch'alle prima gente. 

Y el Tasso oo la conocía; hablaba de ella como por una 
intuición proíética. Qué seria si hubiera podido contemplar 
esa bella cruz poética y dulce, un poco inclinada hacia su 
hemisferio, tan conspicua, tan solemne, tan espléndida y 
bella aun en medio de otras constelaciones mas grandes y 
tan magnificas como ella? Estas constelaciones son el 
Centauro, la Nave Argos y tantas otras ; sin que aun la 
misma via láctea, con su propio esplendor concentrado en esa 
región, y constelada de estrellas y asterismos magníficos que 
llegan hasta formar una especie de sol estelar múltiple, como 
los soles eléctricos que alumbran las plazas déla gran ciudad 
de Nueva York ; y que llegan hasta producir una sombra 
en los objetos, como las luces roas positivas. Todos esos 
esplendores del cielo Austral, allí concentrados, y hasta las 
magnificencias del inmediato Orion y del Canis Mayor ^ 
quedan como quien dice, ofuscados ante esas cuatro estre- 

* 

Has modestas, suaves, pero de una luz y una atracción ma- 
jica. Esplendores del cielo y de la tierra, que difícilmente 
llegarán á borrarse de mi imaginación y que por esa vez, 
sentado en la proa del navio inmóvil , contemplaba estático 
y melancólico. Cruz! todo es cruz en el universo para 
las grandes almas: solo las almas vulgares y viles no 
conocen ese martirio del alma, que enciende las grandes 
luces de la conciencia y de la inteligencia del ser pensante. 
Yo también tengo mi cruz y quien no tiene la suya ? Es- 
cluido de su legítimo Paraíso por el enemigo de su bien, el 
hombre no tiene sino una cruz en que reposar. Cruz de 
martirio cierto; de redención dudosa. A quien han redimido 



182 NUBVA REVISTA DK iiUBNOS AIRUS 

las otras cruces de la tierra ? Poesía ! la redeucion del 
alma ! la creación, la redención del espíritu ! Pero esto 
se ha comprendido bien desde antes de Sócrates; y Herodo- 
to al referir los errores y los dolores de la humanidad en 
las inmortiles pajinas de su historia, ha encendido una an- 
torcha para el espíritu humano, que no se apagará nunca. 
Pero el espíritu existe, y es lo único libre y bueno. El ha 
encontrado al fin la significación del universo y ha co- 
menzado á obrar prodigios ! Peor para los pueblos que no 
lo comprenden, ellos serán los judíos de la la edad mo- 
derna; judíos destinados á desaparecer, como esas creacio- 
nes de monstruos de las edades geolójicas. 

¿Que es un cuerpo sin espíritu, sin alma, como el que la 
Inquisición ha, hecho de la España, de la raza espóuiola ? 
Una cosa mas despreciable iuñnitamente que un espíritu sin 
cuerpo. Que cosa mas despreciable para el hombre po- 
deroso, que un elefante, que un rinoceronte, que un buey ? 
y sin embargo, esos seres tienen espíritu, mucho espíritu. 
El hombre, las naciones que nada pueden valer por su espí- 
ritu, son pues inñnita mente mas despreciables que esas 
montañas de carne sin alma, un elefante ó un buey. El cielo 
es espíritu, y los mundos respiran ese espíritu. Solo el es- 
píritu los comprende y viaja por ellos. Amad el espíritu ! 
buscad el espíritu que él os dará todo ! 

La salida del Kings George Sound no presenta el mismo 
interés y variedad que la entrada, componiéndose de costas 
graníticas accidentadas, movimentadas, recortadas, en ca- 
bos, cadenas, identacíones, islis é islotes, pero vestidas de 
un uniforme tapiz de verdura sombría, formada por el 
teatree ó por el mallee y tal vez por ambos: es un tapiz 
de terciopelo uniforme que h^ce agradable, pero no muy 



VÜBLTA Á LA PATRIA 183 

variado su aspecto, solo alternado por uno que otro 
maDcbon blanquisco de arena de médano. Y á propósito 
de médanos, aqui en esta costa se prueba la verdad 
de nuestra teoría, de que la arena es hija del agua y no 
del viento, como algunos teoriza-ntes sin ton ni son, han lle- 
gado á figurárselo y á sostenerlo á propósito de la formación 
del Sahara. La costa, hemos dicho, es formada de granito, 
de gneis y acaso de algunos estrados de arenácea primitiva 
ó siluriana, todas rocas sumamente compactas, de las cuales 
aun soplando por siglos, apenas se llegarla á arrancar uno 
que otro grano suelto. Entre tanto los vestigios de la des- 
composición de las rocas por el agua de las lluvias y la hu- 
medad atmosférica son evidentes sobre las costas Oc(;iden- 
tales de Australia, como sobre las costas Africanas y Arábigas 
Al correr, el agua ha carcomido las rocas formando canaletas 
y cavicades ; mientras la humedad atmosférica y las alter- 
nativas del calor y del frió, han acabado con el tiempo por 
desmenuzar una parte de su superficie. Aqui tenemos una 
causa inces¿xnte de la formación de la arena en grande 
cantidades ; pues la arena no es otra cosa sino el cuarzo 
del granito ó la arenácea desmenuznda y redondeada por 
el agua que la arrastra de largas distancias sobre las rocas. 
Solo después de formada la arenáj el viento la arrebata y 
la conduce á los bajos ó á las cavidades de las quebradas. 
He ahi una verdadera esplicacion natural y significante de 
la producción de los inmensos arenales de los médanos y 
los desiertos. Pero se dirá ¿ puede haber una arenácea 
tan blanda, que el viento pueda disolverla ? Si, pero esta es 
la escepcion y no la regla, y el viento no deshace ni aun 
esa arenácea blanda, existiendo sobre las costas de Ber- 
bería peñascos de arenácea deleznable desde hace millares 



184 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

de años, que el viento dí ba derruido ni ha desmenuzado. 
Y aun asi mismo, esa arenácea blanda de donde viene ? Es 
claro que del mar. Es pues en d unitiva y de todos modos, 
el agua y no el viento la que ba formado la arena de los 
médanos y de los desiertos. 

Salidos de las reposadas aguas de la Babia de Albany, 
las gr¿»ndes ondas de mará fuera volvieron á recuperar su 
presa; nuestro grueso síeamer que se avanza abora en la di- 
rección del noroeste recto, buscando la punta en que termina 
la península Indica y la bella y famosa Isla que es su 
apéndice, Ceylan ó Trapovana^ como la llama Ptolomeo, el 
antiguo geógrafo. Muy pronto perdimos de vista las cos- 
tas recortadas, y los cabos, islas, islotes rocosos de Australia 
Occidental, estando en pleno Océano Indico. Mas al Norte 
las riberas que el vapor costea por algún tiempo, recobran 
toda su monótona uniformidad Australiana, cesando de 
accidentarse, quebrarse, dividirse, alzarse, bajarse y recor- 
tarse en islas, islotes, peñascos y arrecifes pintorescos, co- 
mo en los contornos de Kings George Sound. Sin eoibargo, 
pasado el cabo de Leuwin, la costa se accidenta de nuevo y 
á la distancia asoman los mas bellos tintes de jacinto y ama 
tisto, en medio de la purpura mate de las olas Indicas ; y 
entre sus promontorios y cuchillas; entre sus islas y cabos; 
se presentan otras, ai través de las cuales en azulada lonta- 
nanza, se perciben los bosques Eucalypticos y los picachos 
en pirámide de las sierras del interior. Pero desde el Cabo 
Naturalista ya comenzamos á desviarnos, asumiendo una 
dirección decidida al N. O. y en adelante comenzamos á ale- 
jarnos de las últimas costas Australianas, que asomaban aun 
cual ligeros celages hasta desaparecer tras la llanura mo- 
viente de la mar. 



VUELTA Á LA T»ATRIA Í85 

Henos aqui engolfados en el mar Indico, y vogando en lá 
dirección de la India ; en un Mar Indico de azul y de oro 
como nos lo habíamos figurado y de la India, ese pais que 
aman los germanos como la causa de sus antepasados y que . 
erradamente á nuestro entender, como lo demostramos en 
trabajos especiales, la Europa sabia considera como la cuna 
del género humano. La India es uno de los paises mas 
nuevos del globo, como lo prueban sus altas montanas 
y sus razas aun semisalvages, ó mejor semi-bárbaras, aun 
después do tantos siglos de contacto con la civilización y 
su completa falta de tradiciones fidedignas y de monu- 
mentos antiguos. 

2. Los Hindus. Mar Indico y sm Islas. 

La mayoría de la tripulación del Siam en que hacemos 
nuestro viage de vuelta (al globo), se compone de Industanis; 
durante nuestra larga travesía hemos podido pues estudiar 
nuestros industanis, en su físico, como en s'i moral. Estos 
industanis pueden distinguirse en tres razas bien distintas : 
los industanis Ethiopes, que son probablemente la población 
mas primitiva del país, los que lejos de haber colonizado la 
Ethiopia de África, como lo pretenden los bulls de la ero* 
nolojia histórica, son probablemente los descendientes de los 
• Ethiopes Africanos que con Osiris-Baco conquistaron y co- 
lonizaron la India unos 6.000 años antes de J. C, cuando el 
período (geológico moderno de nuestro planeta, apenas tenia 
10,000 años de emergido de las sombras y hielo del periodo 
glacial. Es probablemente la población mas antigua de la 
India que en el período aludido, cuando los Ethiopes de 
Meroe, ya contaban millares de anos de civilización anterior 

TOMO fX 13 



186 NUEVA REVISTA. DE BUENOS AIRES 

se hallabí recien eraerjida de la acción de los volcanes y ma- 
res que le han dado su actual configuración. Después del 
Indus Ethiope, viene el Indus Draviadiano, mezcla de Mala- 
yo, Ethiope, Ar¡ iiK) ó S 3mítico; y por último el Indus noble, 
el Indu Ariano ó Noachita, de la raza de los conquistadores 
de la India, mas blanco que los otros congéneres ; son razas 
inteligentes, activas, nerviosas, con todos los elementos pa- 
ra formar un gran pueblo; pero les falta la energía de alma, 
la entereza de carácter, que hace del europeo el rey del 
mundo y el rey de los Indus. 

Una cosa hay de noble en estos Indus ; por sus rasgos tí- 
picos se semejan mucho á las razas Canaka y Malaya y 
por consiguiente á nuestros paisanos indígenas civilizados 
del interior (Riojanos, Catamarqueños, Santiagueños.) Ya 
hemos dicho y lo vamos á repitir aun, pasando sobre el temor 
de fastidiar á nuestros lectores, que en América hay dos 
razas indígenas bien distintas : una Mongoloide primitiva, 
especie de raza tártara Americana, á la que pertenece el 
Indio Pampa, el Guaraní, los indios del Brasil y de las Gua- 
yanas y probablemente los indios Canadenses y los Norte 
Americanos. La otra que puebla generalmente las costas del 
Pacífico, incluyen á los Araucanos y á las razas que habitan 
las faldas Ojcí lentiles de los Andes : á los Changos, á los 
Quichuas y Aymarás del Perú; y á las antiguas tribus civili- 
zadas de Colombia, Centro América, Méjico, California y 
Missouri {Missouri Mounds). La primera es una raza 
esencialmente bárbara, vagabunda de instintos y de carác- 
ter, inconquistable para la civilización. L'i otra es una raza 
mas inteligente ó mas dócil, y á ella pertenecen los pueblos 
civilizados ó á medio civiliz ir, que los conquistadores de 
América hallaron establecidos en s i suelo. Son estos últí- 



VüfiLTA Á LA PATRIA . 187 

mos los que presentan evidentes muestras de comanguinida 
con los Cannkas y los Indus y Malayos. Son estos proba- 
blemente á los que el doctor López aplica el nombre de 
Arianos de América; y en efecto, en América como en el 
viejo continente, los Arí mos han venido á sobre|)Onerse ó 
espuUar á los Mongoloides primitivos, primera emigración 
tartárica venida del Noroeste del Asia, cuando América y 
Asia estaban unidas y formaban un solo cuerpo continental; 
que visto el carácter volcánico reciente de esas regiones, no 
debe pasar de ñnes de la edad cuaternaria y principios de 
la moderna^ esto es, ahora 18.000 años si hemos de estar á 
la cronología geológica de Lyell. Los Arianos no han venido 
en su origen del N. O ; ellos han venido por mar del Oeste ó 
del Este, aquí está el problema y la dificultad. Si han venido 
del Oeste, es de la India de donde estos Arianos proceden; y 
ellos han venido de isla en isla, al través del Pacífico, hasta 
poblar las costas Occidentales y las cadenas Andinas en 
todas sus ramificaciones y sus faldas Occidentales y Orien- 
tales. Si han venido del Este, y nos inclinamos á esta última 
conjetura, ellos han venido del centro común de todas las 
razas Noachides; hecho problemático que los Egipcios anti* 
guos conservaron y que Platou nos ha trasmitido ; pero que 
es tan positivo y tan real para todo el que prorundiza la 
historia, como lo hemos demostrado en las correspondencias 
XIII y XIV, que su demostración ha surjido en este siglo en 
Europa y se ha "revelado á los espíritus ilustrados del viejo y 
del nuevo continente, según trabajos importantísimos publi- 
cados recientemente por la prensa Europea y Americana . 
Los descubrimientos hechos recientemente en e! Alto Perú 
por algunos Ethnólogos europeos como Herr Falb, en las rai- 
ces de los idiomas Quichuas y Aymará, tenderían á poner eu 



Í88 • NUEVA {IGBVÍ8TA DE BUENOS AIRES 

evidencia esta verdad encubierta bajo tradiciones vagas hace 
tantos siglos. En este ultimo caso, y esta es la verdad evi* 
dente, los Hindustanis no son los padres del género humano y 
solo forman una rama degenerada y mixta de la familia Noa- 
cbide, que tiene su tronco, no en el Asia, como se ba creido 
erradamente, sino en la Atlántida, ese continente hundido, 
como tantos lo han estado por un fenómeno geológico muy 
repetido; como las capas geológicas lo demuestran; y como 
los recuerdos mas remotos del género humano lo prueban en 
la forma tradicional de diluvio^ que solo ha existido en esa 
forma, en forma de sumersión. 

Daremos un resumen de nuestra compilación de datos al 
respecto, los que recapitularemos de memoria, porque es- 
cribimos al vaivén de las olas del mar índico, sin libros, ni 
testimonios comprobantes ; y que no obstante, tal es su ver- 
dad y exactitud, pueden servir de base á una cronologia 
m¿is veraz y exacta de la conocida hasta boy. Por lo de- 
mas, los materiales de un trabsgo mas detenido al respecto, 
están preparados, siendo su publicación solo para mi cues- 
tión de tiempo y de. . . . recursos. La Atlántida ha existido 
como se deduce de las tradiciones Egypcias trasmitidas 
por Solón y Platón, los dos sabios mas veraces de la anti- 
güedad, y los cuales no han podido inventar un hecho, 
que en nada atañe á sus principios, ni á su interés personal. 
La Atlántida ha existido en el Oeste de Europa cuando 
el Sahara era un mar y cuando las costis berberiscas, el 
Atlas y la Peninsula Española, eran islas de un Archipié- 
lago, inmediato ó conexionado con el continente Atlántico. 
Que la España ha sido Isla, está visible por el hecho del 
brazo arenoso de mar que ligaba el Golfo de León con el de 
Viscaya 



VUELTA A LA PATRIA 189 

La AtIáDtid¿i ha sido la cuna del género Lunoano civili- 
zado y alli floreció la dinastía de Atlas (Atlam ó Adam se- 
gún la pronunciación Semítica) que gobernó y dio leyes al 
país y á la raza de los AtlamUs, que según Platón, florecía 
y ei'a muy civilizada, poseyendo una poderosa marina y colo- 
nias unos 11,544 años antes de J. C. Estos Atlantís colo- 
nizaion la España, las costas de África (islas entonces) la 
Ethiopía poblada primero por los Ethiopes de Lemuria, y el 
Alto Egypto, Islas, cuando aun el continente Africano no 
h (bia emérjido en su totalidad. Ellos conquistaron también 
y poblaron la Grecia (los Pelasgos) el Asia Occidental, la 
Aseyria, la Arabia y la India. La catástrofe del hundimiento 
de la Atlantida de que Platón hace una viva y aterrante 
pintura, relación que él recibió de los Sacerdotes Egypcios, 
debió tener lugar al comenzar la edad moderna, 8á 9.000 
años antes de J. G. Sigamos Oí^ta fecha, porque hasta esa 
época suben las tradiciones post-Atlantis en forma de las 
leyendas de Atlas, de Prometeo, de Perseo, etc. Los turde- 
tanos de España, al tiempo de la conquista Fenicia, tenian 
leyes é historias escritas en verso que subian 6.000 años an- 
tes de J. C. y cuyo origen Atlántico es fácil trazar. Otro 
testimonio se encuentra en las tradiciones Druídicas. Se- 
gún estos, los Celtas, los Galos, esto es, los Arianos, son ver- 
daderos Atlantis, venidos de la Atlantida en calidad de 
colonos, ó como refugiados en sus naves, inmediatamente 
después de su hundimiento. El nombre de Galos, según 
ellos, es un sobrenombre (Gailos) ; y su verdadero nombre 
patronímico y de raza es Atlantis. Platón fija una fecha 
mas alta que el año 8.000 antes de J. C; pero esta fecha 
puede referirse á ¡a preponderancia de los Atlantis, de su 
comercio, de su marina, de sus colonias y no al hundimiento 



190 NülfiVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

de SU isla ó continente. Los Atlantis, dice Platón, adoraban 
en un principio un solo Dios, creador de todas las cosas: mas 
esta crencia establecida bajo el reinado del primer Atlas 
(Atlam ó Ad.im) fué después sostituida por el Politeslmo, 
siendo su principal dios Neptuno, á quien habian erigido 
magniflcos templos de bronce y mármol ; y se comprende, 
que Neptuno sea el principal Dios de un pueblo mercantil y 
marítimo como los Atlantis. 

Como quiera, hundida la Atlantida en el año 8000 antes 
d3 J. C. ó en un período anterior, según Platón, quedaron sus 
colonias y los que escaparon al hundimiento. La civilización 
Atlantis solo floreció en la Ethiopia y el Egypto, porque es- 
tas eran las colonias mas antiguas de los Atlantis, que re- 
corrían con sus naves el mar Saharico y sus islas y proba- 
blemente comerciaban con los viejos continentes Lemuriano 
y Pacifico, desaparecidos también, de una civilización tal voz 
mas antigua y atrasada y que fueron los primeros poblado- 

• 

res de Ethiopia, de donde las semillas Arianas y Ethiopico 
Ariana sembradas en el Sud del Asia, en el Japón y en todo 
el Pacífico. La América, á la parte Occidental, fué sin duda 
colonizada también por los Atlantis y de ahí sus rasgos co- 
munes de idioma y r iza con las castas Noachides. Los Athn- 
tis ó sus descendientes, después de la gran catástrofe, se 
barbarizaron también en Europa, Asia y América, donde sus 
colonias se hallaban en estado embrionario y naciente. 

Después de las grandes catá^strofes de la naturaleza ó del 
hombre, la civilización retrocede siempre y se paraliza. En 

nuestro país, después del terremoto de Mendoza, los Mendo- 

zinosque antes se distinguian por su cultura y civilización, 

se atraznro:) también en los años siguientes. Pero el 

tipo de la civilización Atlantis se conservó elevado y fijo eu 



VUELTA Á Lk PATRIA 191 

Meroe y el Alto Egypto, porque estas eran las mas anti^fuas 
y adelantadas colonias de los Atlantis; y lejos de decrecer 
su civilización con el desaparecimiento de la Atlantida, no 
hizo sino progresar y consolidarse; hasta el grado que 2,000 
años después de la catástrofe, el gran conquistador Sacer- 
dotal Oriris, salia de las márgenes pobladas y civilizadas 
del Nilo, y mascón cánticos y con danzas y festines^ que con 
las armas, subyuga^ civiliz i y coloniza la India, la Asiría* 
la Mosopotamia, el Asia Menor y la Siria; hasta que de 
vuelta á su país fué la victima de ana atroz conspiración del 
perverso Tiphon. El fué llorado y vengado después por 
su esposa Isis y por su hijo Oros. 

Los Hindus por otra parte, jamas han sido un pueblo con- 
quií^itidor y civilizador : ha sido un pueblo siempre conquis- 
tado, atrasado y semi-salvage. ¿ Como pues serian ellos los 
padres de la civilización Egypcia, de la civilización Asiática 
y de la civilización Europea, si jamas han conocido ni la 
civilización, ni la audacia de las razas conquistadoras emi- 
grantes ? Los rasgos pareutales, físicos y lingüísticos que 
los Hindus presentan de un lado con los Malayos y pueblos 
del Estremo Oriente , y del otro con las razas civilizadas dd 
Occidente, se debe á ser ellos descendientes de colonias es- 
tablecidas en épocas muy remotas, por las razas mas civiliza- 
das de Occidente (Egypcios, Asirios, últimamente Griegos). 
Su parentesco linguísticoy de consanguinidad con los Oc- 
cidentales del viejo continente de un lado, con las razas 
indígenas de América del otro, les viene de un tronco común 
mas antiguo y civilizado, de los Atlantis, establecidos en un 
continente ocupando un punto céntrico, de donde irradió al 
Este y al Oaste. Es también evidente que son estos Atlantis 
los que con su bella patria, civilizada y rica, han dado lugar 



192 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

á las tradiciones de la calda del hombre, del paraíso perdido 
y del pecado original que trajo esas desgracias. La Atlan- 
tida y su civilización era un paraiso que se perdió para siem 
pre, dejando en pos de su luz y de su cultura, solo tinieblas, 
barbarie y desiertos. 

Las tradiciones posteriores del diluvio y de la arca de Noe 
se comprenden también. Las naves que servian á los 
Atlantis para su vasto comercio, debieron ser el medio 
para la salvación de muchos, que son las familias Noachides 
de la Tradición.— Por lo que al grupo de las razas Mon- 
goloides y Malayas, ellas pertenecen á otro grupo de linage 
humano, el cual junto con el tipo Ethiope Africano bárbaro, 
han debibo tener centros de creación y floración diferentes 
no obstante pertenecer al mismo tronco originario ; al Átalo 
adivinado por Hoeckel y de cuya existencia Herodoto, el 
padre de la historia, da un testimonio irrefutable. Mongo- 
les, Malayos, Ethiopes, Hotentóticos no vienen de la Atan- 
tida : su centro de desarrollo ha debido ser la Lunuria, el 
Pacifico, de donde se han estendido al Asia. Sin embargo, 
ellos han podido descender del polo Norte, de donde también 
han bajado los Atlantis en otra dirección, arrojados por los 
hielos del período glacial y estableciéndose en las zonas 
meridionales y habitables en esa época. Si el hombre Mio- 
ceno ha existido, como todo parece probarlo, el ha existido 
en las regiones polares, en esa época cubiertas de bosques de 
pinos y cipreses gigantescos. AI comenzar los hielos del 
periodo glacial; debidos á la formación del último planeta 
y al estrechamiento del disco del sol, han podido emigrar 
á las regiones del medio dia, ocupando las regiones de la 
Atlantida, las islas del Medio dia del Asia (esta no formaba 
continente entonces) y los viejos continentes de la Lemuria 



VUELTA Á LA PATRIA 193 

y del Pacifico. ¿ No es esta en realidad la única doctrina 
que los hechos geológicos, tradicionales é históricos del 
globo y de la raza humana permiten adoptar ? De otro 
modo la historia es una fuente de contradicciones y dispa- 
rates garrañiles, en contradicción con los hechos y con las 
conjeturas mas evidentes de la antigua geograña física, 
de los monumentos geológicos^ de las tradiciones y de la 
historia. 

Los Hindus tienen sin embargo una cronología que asus- 
taba á los sabios de Europa del siglo pasado, y que se com- 
pone, no de series de siglos como las cronologías aun las 
mas avanzadas de los otros pueblos; sino de millones de 
años. En este caso la ciencia moderna ha probado que la 
cronología Hindú se acerca mas á la verdad, que la crono- 
logia de los otros pueblos : el mundo por la parte que menos 
cuenta hoy 500 millones de años desde que se desprendió 
en forma de gaces opacos de materias metálic is, del ecua- 
dor solar; y la cronología mas avanzada de los Hindus lle- 
gaj creo, hasta 350 millones de años. Este mayor acierto 
cronológico no viene de la mayor ciencia, ni de la mayor 
antigüedad de los Hindus: sino de que su literatura y cos- 
mogonía es mas poética, mas imaginativa y primitiva que 
la de los otros pueblos; y la poesía y la imaginación tienen 
como la iniuicion de la verdcid. Solo que los Hindus llaman 
dioses A las generaciones de monstruos que precedieron á 
la creación del hombre (por la evolución) , mientras noso- 
tros sabemos por los monumentos de la geología que no 
mienten, que eran reptiles y mamíferos monstruos. Pero 
los monstruos son dioses para la supertíoion, testigos los 
Egypcios, que queriendo congraciarse con la divinidad, que 
se reia de ellos con esa risa inestinguible de espíritu superior 



19 i NURVA REVISTA DB BÜBSNOS AIRB^ 

adoraban todo, hasta el cocodrilo; y los catpiicos, que ado- 
ran una cosa aun mas monstruosa que el cocodrilo, la cruel, 
cobarde é infame Inquisición. 

Ya hemos salido de los mares resonantes y alborotado- 
res de las zonas antarticas, y nos acercamos y muy luego na- 
vegaremos en los quietos mares azul y blanco, lázuli y plata 
de los trópicos : llanura de zafir engastada en un cielo de 
ópalo, móvil, quieta, suive, poética. Sin embargo, ellos se 
irritaran á veces bajo el tremendo soplo de los Ciclones, y en- 
tonces su mansedumbre suave se convierte en un furor loco 
y esterminador. Justamente un profeta cualquiera, habia 
predicho en Australia antes de nuestra salida, una tempes- 
tad, un ciclón espantoso que debía devorarse media Aus- 
tralia. Consulta al astrónomo patentado ; este contesta que 
en efecto la luna, el sol y todos los grandes astros influyen- 
tes del globo (nosotros los pt'.queños astros no contamos para 
nada) entran en conjunción en lis zonas ecuatoriales, siendo 
probable por esta razón algún grueso sacudón atmosférico ; 
pero que no asegura nada y que la predicción puede re- 
sultar falsa, pues las borrascas solo pueden preveerse con 
uno ó dos días de anticipación. Sin la predicción, nosotros 
hemos navegado sobre los mares mas quietos y apacibles de 
la tierra, con el tiempo mas bonancible ; llega el nueve, al- 
gunos supertíciosos tiemblan ; llega el 10 ; un ligero viento 
que se levanta hace morirse de espanto á las nodrizas \ llega 
el 11, el tiempo y el mar cada vez mas bonancible : no tene- 
mos otros compañeros que algunas gaviotas. Ni una vela 
sobre el quieto y puro horizonte azul del mar ; ni una nube 
gruesa sobre el reposado firmamento de nácar: cielo de pla- 
ti, mar de zafir, hé ahí el bicolor de nuestra bandera: los 
marinos también visten de blanco y azul, que son sus coló- 



VütóLTA A LA. PATRU 195 

• 

res simpiticos. En fin, contando con que los profetas hu- 
manos pueden ser creídos, sin ser exactos, espérennos pre- 
venidos : el hombre marcha siempre con su catástrofe flnal 
á su lado. ¿Que cosa hay mas frágil que la vida del hombre? 
Hoy si, mañana no; hoy vida, mañana un puñado de polvo. 
Tal vez de la vida, el mayor bien es la muei-te. El hombre 
sabio y justo no tiene porque temer á la parca. 

Tell que /a arbre que la nature^ plaza sur la courant det eaux 

é 

lU ne redúutte pour aes rameaux ni la aquilón, ni la Jroidure\ 
Dan íon tempa^ ü donne de$fruits par la main de Dieu reproduUe$/ 

Ya estamos b^go el trópico y nuestro grande y poderoso 
síeamer se desli/a plácido, sereno y sin sacudidas sobre un 
mar de un bello azul ultramarino de 3,000 metros de pro- 
fundidad; el mar, es azul sombrio sobre un abismo de 4,000 
metros; y sobre uno de 5,000 el azul ¡ndigo marino, se 
jaspea de sombras negras. Aun no sentimos calores ; el 
sol se halla lejos de los dos trópicos y próximo á entrar 
en el Ecuador en 10 dias mas; la temperatura en que vivi- 
mos es igual y suave como la temperatura del paraíso 
terrenal, donde Eva no necesitaba otro vestido que su cabe- 
llera de oro. Vivimos al aire libre con puertas y ventanas 
abiertas; nada del nauseabundo renfermée de los camarotes 
cerrados en los dias borrascosos: dormimos á la orilla de 
la onda mansa y penetr¿inte. Mientras duermo en la noche, 
me basta eistinr la mano por la abierta ventana de mi 
camarote para alcanzar la onda de lázuli: así el mar, 
la vida, la naturaleza, todo es poesia, dulzura y calma. 

Bueno : la naturaleza es una bellacosa ; pero la socie- 
dad humana puede ser ♦ambien materia de estudios y obser- 
vaciones interesantes. No somos personales; como escri- 
tores, jamás nos hemos deshonrado con personalidades que 



103 NUBYA RBVISTA DB BÜBN08 ÁlRBS 

soD el grito de la intriga, la envidia ó el despecho. Para 
nosotros, las pers«)nas son sagradas, como las propiedades : 
si se respeta la propiedad, con noas razón debe respetarse 
la persona, esto es, la vida, la primera de todas las propie- 
dades ó el honor, que vale mas que la vida. La prensa 
solo degenera en licencia, cuando degenera en personalida- 
des ; este es el gran crimen de la prensa en malas manos. 
Gjando la envidia, la intriga ó las malas pasiones de los 
circuios no pueden derribar una reputación ó una per- 
sonalidad que les incomoda, se valen de la mala prensa, 
esto es, de la calumnia y de la denigración, que es una 
arma vedada en manos de la mala prensa. Las personali- 
dades debieran castigarse por l.i ley, tengan ó no razón. 
La prensa es el campo para la discusión de las ideas, de 
los principios, no de las personas. Para la delincuencia hay 
tribunales. Pero la prensa, como toda dictadura, tiene sus 
jacobinos, esto es, sus genízaros, que hacen de la lengua 
y de la pluma el uso que el asesino hace del veneno ó del 
puñal. Ellos asesinan moralmente con la calumnia, las 
reputaciones, los caracteres y los talentos mas distinguidos, 
creando la esterilidad en el campo de la política. La raza 
española és una raza caballerezca, valiente, llena de inteli- 
gencia y de fuego. ¿ Porqué las naciones de raza española 
tienen tan pocos honíbres de Estado y tan pocos sabios ? 
Solamente porque la prensa d j esa raza es una prensa per- 
sonal y provocativa. El sabio, el hombre de estado temen 
el ser mortalmente asesinados por esa prensa venenosa y 
rastrera, a! servicio del cualquier reptil de influjo, apoyado 
en sus malas pasiones. Por nuestra parte, nosotros ataca- 
remos siempre lo malo, lo corrompido, lo desleal, lo funesto; 
pero jamás atacaremos las personas. Los malos principios 



VUELTA A LA PAtRIA 197 

son causas, y son las malas causas que deben atacarse^ no 
]os efectos: ahora bien, una persona no es sino un efecto; 
jamás es causa. 

Hemos dicho que vamos á acometer estudios sociales, y. 
ninguna parte es mas favorable pira esto, que en la vida 
confinada de abordo. AHÍ acabamos todos por penetrar- 
nos, por conocernos á fondo. El alma salta al semblante, 
á los ojos, á las maneras. Un carácter elevado y bonda- 
doso se revela en todo, hasta en la decencia y la dignidad 
del porte, no importa cual sea el físico. No se necesita 
ser bello para ser bueno y lo bueno siempre será bello á mis 
ojos. En la vida lo que mas cuesta es la bondad; por- 
que la bondad es casi siempre la víctima sacrificada por 
la ignorancia, la malignidad y la estulticia humana. Un 
maligno jamás será bello, sino en cuanto consiga engañar : 
la primer punta de malignidad que asoma, hecha por tierra 
todo el edificio penosamente elevado por su hipocresia : lo 
maligno acaba siempre por ser feo y al fin por ser ridículo? 
que es el colmo de lo feo. Ciertas personas de carácter 
sencillo, no son para mí ridiculas; todo lo contrario, son 
respetables. Lo sencillo es lo natural y nada mas bello 
que la naturaleza. No es pues lo sencillo, lo que puede 
chocar á las personas de buen gusto en una sociedad, es la 
malignidad, la intriga, la corrupción lo que ofende. 

Guando llegamos á Australia, la ilustrada prensa de aquel 
pais inglés, entre otras muchas cuestiones (allí la prensa 
no tiene nada de personal) se ocupaba de una cuestión 
social, el Larrikinismo. Esta palabra inglesa suí generis 
y muy moderna, se podría traducir por piUuelismOy si 
ambas palabras no tuviesen un valor distinto. El pihuelo 
francés ó español es burlón, pero en el fondo es bueno, es 



198 NUEVA REVISTA DB HURNOS AIRES 

generoso, es valierte. El mal está en él, en U superflcie, 
no en el fondo. El LarrWn inglés es de otro temple; el 
es burlón, pero burlón de mal género; se burla de lo 
.noble, de lo bello, de lo grande, de lo bueno, de lo que hace 
el bien y la admiración de la humanidad; y por eso él no 
tiene corazón, ni gusto, ni modldíi. Es un pilluelo feroz, 
un tigre pichón, que desgarra torpemente, pero sin piedad 
á su victima. La prensa se quejaba de la impunidad en 
que el gobierno dejaba el Larrikinismo. Jóvenes entre 15 
y 20 años se reunían en las calles mas concurridas en los 
paseos públicos, en los parques, en los templos y allí burla - 
ban, ultrajaban y perseguían con sus rechiflas de mal 
género, jóvenes^ damas, caballeros^ ancianos que no eran 
de su parcialidad. En los paises ingleses la prensa tiene 
eco en el gobierno, en la magistratura, en la opinión, en 
todo: porque allí la prensa se ha conservado en una esferi 
elevada de ilustración y cultura, y jamás desciende al terre- 
no sucio de las personalidades. En esos dias, una pandilla 
de larrikines estacionada en un parque, insultó á una seño- 
rita que pasaba despreciándolos; la corrieron, la alcan- 
zaron, la estropearon y le robaron cuanto llevaba, todo por 
via de chanza y de risa, por de contido. Pero la magistra- 
tura velaba; los larrikines fueron aprendidos, juzgados 
y. . . . condenados á trabfíjos forzados por 7 años. Pena 
severa, pero merecida por esos bribones. El larrikinismo 
se dio por advertido, y esa juventud ociosa, haragana' 
maligna, fué á llevar sus burlas y tropelías de mal género á 
otra parte. 

Y no se crea que esos Larrikines malignos son gentes del 
bajo pueblo ; no. El bajo pueblo, chicos y grandes, niños, 
jóvenes y viejos, tienen que trabajar pira vivir, como dice 



^ VUELTA A LA PATRIA 199 

la € Nación Españoláis. En las colonias inglesas no es 
permitido vivir de limosna, y el que roba vá irremisiblemen- 
te á galeras. Los larrikines son generalmente hijos de 
familias decentes, que tienen como vivir; que estudian en los 
colegios, que hacen la rabona, y recorren las calles y paseos 
divirtiéndose á costa del prójimo. Pues bien, uno de esos 
larrikines, ó mejor, dos ó tres que se le han agregado (lo 
malo es pegajoso como el momo de brea) vienen á bordo 
con su padre ó parientes y va sin duda á completar sus 
estudios (de larrikinismo) á Londres. Los larrikines appi 
ran siempre á ser los leones en toda reunión; levantan mas 
la voz; tienen ademanes mas libres; no respetan nada y se 
ven siempre apoyados por pichones de larrikin, hombres y 
mugeres de su edad, que admiran sus ha^añas^ como Can- 
tagruel admiraba las hazañas de Gargamtua. Desde e' 
principio, el larrikin gefe comenzó á estudiar el terreno, sin 
avanzarse mucho. Reconocido este, y apoyado por otros dos 
ó tres mozal vetes de tan poco seso ó de menos seso que él, 
comenzó á reirse y á hacer jarana de todos. No conozco 
gente mas desgraciada, que aquellos que se condenan á 
vivir de la risa. Tienen que reirse siempre y que reirse de 
todo, aun de aquello que menos se presta á la risa. Son los 
presidarios de la risa; se hallan encadenados á la ris i y 
tienen que reirse siempre, aunque tengan en realidad mas 
ganas de llorar ó de rabiar. 

Desgraciadamente, el vulgo de la humanidad se parece 
roas bien á la majada de Panurgo, que á Panurgo su pastor. 
£1 rey de ellos es el miedo; no para odiar al tirano que se lo 
impone, sino para sometérsele y adularlo. A esas gentes, 
la risa les inspira un miedo cerval. Se rie un larrikin, esto 
es^ un tonto de capirote ? Pues todos largan la risa por 



200 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES ^ 

temor de que se puedan creer que el larrikin se ríe de ellos, 
Prefieren hacer creer que junto con el larrikin, ellos se ríen 
de alguna otra víctima. Así el larrikin llega á imponerse, 

á ser el rey, el emperador de ellos. Las victimas son 

las que conocen y desprecian al larrikin y al larrikinismo. 
Hay una dama que no corresponde á sus galanterías de 
mal género; que lo desprecia ? Pues la guerra con ella ; y 
el larrikin y sus pájaros tienen tarea para reírse siempre 
sin ton^ ni son, de una manera afectada y sin gusto, de la 
pobre víctim^i. Todo esto por cierto, es jugarreta y jarana^ 
y los carneros de Panurgo, que no comprenden nada del 
juego ni de su objetivo, festejan las gracias del larrikin. 
Larrikin es pues, por la gracia y la elección unánime de 
nuestra majada Panúrgica, el rey de abordo; el manda, 
domina, hace y deshace. Pobre del que se atreva á opo- 
nérsele 1 Todas las malignas miradas, todas las lenguas de 
víbora de los payasos de larrikin, serían en el acto asestados 
contra él. Por la gracia pues, de nuestro soberano, esta- 
mos condenados abordo á reimos sin saber porqué, ni de 
quien; á reimos sin ganas; á reimos á troche y moche; á 
reimos siempre; á ser los forzdti de la risa, solo porque al 
larrikin^ nuestro soberano, se le antoja reirse sin ton ni son 
y á cada paso, venga 6 no venga al caso. 

Queréis el retrato de este nuestro soberano ? Pues bien 
es un hombrecito de tipo sajón, nariz chata, un poco 
respingada, grande pata y y grande oreja. . • . ojos s il- 
íones; piernas tuertas y descuajaringadas; voz que, aun- 
que de un joven de ¿2 años, manifiesta por su bronquedad, 
haber tenido mas de un contacto, no con el dios panzudo de 
Manjbrinus, sino mas bien con ese dios que se destila del 
alambique y del maiz amohosado, que se llama Wückey: sus 



VUELTA Á LA PATRIA 201 

dos Ó tres colaboradores y payasos son ciertamente mas 
buenos mozos que él; pero como la materia es siempre do- 
minada por el espíritu y jarrikin tiene espíritu adentro y 
audacia afuera, les impone su yugo y los domina arrastrán- 
dolos en su séquito. Hé aquí unas de las mas notables 
hazañas de nuestro Larrikin. Estamos comiendo: Larri- 
kin traga todo el dia y no tiene apetito á la hora de comer. 
El pues, se ocupa de hacer pelotillas de su pan, con sus 
dedos sucios de cachimbo y acaso wiskéy. Los proyectiles 
están fabricados; el bombardeo comienza. Zas ! la primer 
pelotilla, una gruesa bomba de á 80, va á dar á las respeta- 
bles narices de una matrona, madre feliz de dos preciosas 
niñas; como la pelotilla ha sido' lanzada á la distancia, pica, 
y la dama lleva la mano á la nariz para rascarse. ... ya 
sabéis, cada uno se rasca donde le pica. Risa de Larrikin 
y sus payasos! Risa general. La dama se pone colora- 
da .... y se rie j qué otra cosa puede hacer la pobre ? 
Otra bomba ! Cae en el plato de la niña mayor, que comia 
un bocado de su gusto. . . . plato perdido, imposible de to- 
carlo. Risa de Larrikin y sus acólitos; risa general: la 
interesada. . . . acaba por reirse. Qué otra cosa puede hacer 
la pobre ? Una tercer bomba va á dar á la calva de un 
viejo, que serbia su caldo en su rincón. El llevaba la mano 
á la cabeza para hacer un reconocimiento .... Risa de 
Larrikin; risa general. El viejo rie también — ¿ Cómo hay * 
de gracia y de chiste en todo esto, no es verdad ? Pero 
tenemos un rey, un Larrikin, elegido por la mayoría 
Panúrgica, y hay que obedecerle! 

Pero me diréis ¿qué mal hay en esa chuscarreria que 
viene á dar un poco de animación y de vida á esa sociedad 

inglesa tan fria^ tan compasada, tan esclava del formalís** 
TcMo a. 14 



202 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

mo; en donde no es permitido ni reírse, ni moverse, ni 
hablarse fuerte; donde en un salón ó en una mesa, una flia 
de convidados, ó mejor, las dos filas de convidados, se ocu- 
pan en mirarse unos á otros, en estudiarse unos á otros en 
silencio, haciendo in petto las mas maliciosas observaciones, 
que se traducen en sonrisas maliciosas y en observaciones 
saugrenues ? No por cierto, no hay mal en el hecho desde 
que él se contenga dentro de ciertos límites. Pero los Larri* 
kines son muy aud'aces y malignos y jamás su propósito ha 
sido animar ó divertir gratis una sociedad fastidiada ó fas- 
tidiosa. Tengo para mí que el Punch no inventa sus cari- 
caturas; las copias del natural. Larrikin es uno de esos 
tipos mas populares del caricaturista espiritual de la Gran 
Bretaña. El sirve para representar el tipo raugh puré 
sangue; el tipo ya raro y que muy luego será una cosa 
estinta y fósil como dice nuestro amigo Zuviria; es el 
mozalvete aturdido y calavera, con las mangas de la levita 
y las piernas del pantalón muy cortas, el chaleco muy largo, 
el sombrero todo echado para atrás. Nuestro Larrikin, 
último sobreviviente de este tipo, es un hombe que se 
divierte, sí, pero se divierte malignamente. Estáis leyendo 
ó escribiendo? El viene y se os sienta al lado; habla con 
sus compinches que lo siguen como sus ocho satélites 
siguen á Júpiter, con voz atronadora y ademanes acompa- 

. sados, y rie no con las risas y sonrisas que solía 

prometer cierto Fígaro fastidioso, sino con carcajadas raras, 
gruesas como las rocas del Caucase; mas atronadoras que el 
Niágara; mas insulsas que el corcho ó que el beso de una 
vieja como dice el reflan español; mas lluviosas que una 
tromba de verano, y el todo con su acompañamiento .... 
porque sus payasos se ríen imitándolo. En estos casos, 



VUELTA Á LA PATRIA 203 

uno envia su libro, su lápiz, su papel ó á Larrikia á todos 
los diablos y se levanta . • . ! á ir á tonaar el fresco de 
cubierta. Seria ridículo ocuparse de Larrikin con otro 
objeto que para reírse. El es el ser anti-sório y anti-filosó- 
flco por excelencia. La vida es para él una grande, una 
prolongada farsa, una arlequinada, una mueca y u. a zanca- 
dilla. Hay pues que tener paciencia y soportir. Larri- 
kin aianda. Se ve pues que Larrikin no es solo una ñgura 
divertida, es también una figura molesta; una de las doce 
plagas no mencionada por Moisés; un chichón, todo lo 
que queráis de desagradable: solo es divertido para la 
majada de Panurgo, que celebra sus gracias. ... de los 
dientes afuera. El se burla de los maridos delante de sus 
mugeres y se toma familiaridades con las hijas á las barbas 
de los padres: pero quién va á decir nada al rey Larrikin ? 
la majada rie, aunque adentro rabie. 



Juan LLERENA. 



(Continuará) 



TREINTA AÑOS ANTES ^'^ 



( COSTUMBRES CORDOBESAS ) 

.... débese tan 60I0 discutir la 
idea, no el individuo; el sistema, no el 
hombre; la obra, no el obrero 

lüon Tourguenrff, 

Contemplaba en esta ciudad la silueta azul de las 
sierras sobi'e el fondo rojizo del cielo, y los esplendores de 
una tarde de octubre, cuando llegó el correo de esa y vino 
á mis manos, entre la correspondencia de la capital de la 
República, el diario La Libertad del 2 del mismo mes. 
Decia la redacción, con admirable dogmatismo, que tenia 
nuevos motivos para añrmar que mi nombre de bautismo 
es un seudónimo, que yo no tengo una existencia real, y 
que quien escribe bajo tal nómbreos el doctor don Vicente 
G. Quesada. Pobre acoigo ! dije para mi — ni lejos del pais 
h'in de dejarlo en paz. Y holgándome sobre manera de 
que mis escritillos fuesen atribuidos á tan distinguida per* 
sona, resolví escribirle consultándole si debia desmentir 
formalmente aquel aserto. Estamos tan lejos ! que mien- 
tras van y vienen las cartas, se pasa la oportunidad para 
una rectificación. 



(1) Véase la « kuxta rbtisti.» t. VIII. pág. 524.649. 



TRBINTA AfiOS AKTB$ 305 

Por otra parte, rae dy e — ¿no hubo otro periódico de esa 
ciudad^ que tiene la pretensión de noticioso y bien informa • 
dO) que aseguró en marzo último, que conocia desde el 
primer momento el verdadero nombre de Víctor Gal vez, 
que era un joven que se había criado en casa del doctor 
Olaguer Felíú, en una palabr/i, ¿ no sostuvo que era el 
doctor José M. Qrimau ? 

Tan bien informado está el uno como el otro. 

Fué el doctor Grimau quien se apresuró á desmentir tal 
afirmación, rechazando con justo enojo la indebida paterni- 
dad que le atribuían. De modo que mis pobres y mis 
insignificantes articulejos tienen padres diversos, solo 
para despojarme de los frutos humildísimos de mi cosecha, 
ora señalando como padre á un hombre maduro, ora á un 
joven inesperto. 

Sea! — díjeme por fin, no teniendo autorización para 
hablar en nombre de mi amigo, ni aun para desvanecer una 
duda, rectificar un error, desmentir una falsedad, debo 
limitarme á usar de mi derecho de propiedad literaria, 
declarando una y mil veces que mis escritos, buenos ó 
malos, me pertenecen en absoluto, y que por ellos respon- 
de quien los firma. Mas aun, debo declarar que, si hubiere 
necesidad legal de probnr mi existencia real, ofrezco 
hacerlo presentándome en persona, si mi salud quebran- 
tada lo permitiera, ó recurriendo á la prueba testimonial 
por testigos mayores de toda excepción, que presentaré 
ante juez competente. A lo que no estoy dispuesto es á 
que el Mosquito me ponga en la galería de sus ilustres, 
pues no quiero que conozcan ni mi nariz^ ni mis orejas. 
Ya pasó la época de encontrar curiosas ; y para ios qm 
visten gabán, no tengo el deseo de complacerlos. 



206 KÜBVA REVISTA DB BÜBNOS ÁIRBS 

Ocúpense, si les place, de criticar mis artículos ; pero 
dejen al hombre en paz, analicen la obra y no al obrero, 
como decia con justicia el ilustre ruso, cuyas palabras me 
ha ocurrido poner al frente de lis líneas que escribo, en 
la ciudad á la cual he vuelto después de tantos años. 

Vienen á mi memoria en confuso tropel los recuerdos de 
la infancia, de la escuela y del colegio de Monserrat, y 
á la vez que rejuvenecen mi edad madura, me convencen de 
la ausencia eterna de casi todos los que he amado. Mi casa 
está en ruinas. Sobre su techo de tejas crecen las yerbas 
dañosis, y las goteras han podrido el cañizo y manchado 
los tirantes que estuvieron blanqueados. Me fui al cemen- 
terio para buscar las humildes cruces que señalan la tumba 
de los mios 



Hace treinta años que dejaba por tercera vez esta ciudad 
para marchar al litoral. Córdoba acababa de salir del 
dominio de López « Quebracho, » aquel guazo que gober- 
nó esta culta ciudad y su provincia, con el apoyo de don 
Juan Manuel de Rosas, el entonces ilustre restaurador de 
las leyes, que hullaba sin piedad en su provecho. El 
pobre guazo se habia cortado la coleta para entrar á ser 
gobierno, ó en romance, para recibirse del cargo de gober- 
nador y capitán general de la provincia, como se titulaban 
en ese tiempo los que gobernaban las catorce provincias 
argentinas. 

Yo habia vuelto á esta ciudad después de abandonar 
para siempre el Hospital de Hombres en esa, cuyo admi- 
nistrador creo era el señor don Francisco del Sar. Vine 
precisamante para librarme de las impertinencias de mis 
condiscípulos, de sus observaciones y comentarios, y en uso 



TREINTA AÑOS ANTES 207 

del derecho inalienable de hacer de mi capa un sayo. Volví 
aquí, pues, para encontrar al cabo de cierto número de 
años, á mi Córdoba tal cual la dejé en mi niñez, con los 
arenales de sus calles calentados por el sol de verano, 
otras cubiertas del pedregullo rodado del rio, que tan 
escaso de agua se arrastra, en ciertas épocas del año, 
delante de la primera Universidad de la nación, ¡ Cuan atra- 
sada me pareció la ciudad! Qué silencio y qué calma! Ningún 
edificio nuevo, á no serla casa de don Félix de la Peña, cuya 
barraca tenia cierto movimiento é importancia comercial. 

Las antiguas familias se habian reconcentrado entre sí, 
y solo aspiraban á conservar lo que tenian. Los Diaz vivian 
pro-indiviso en la propiedad jesuítica adquirida por sus 
antepasados, prescindían de la política y del comercio. El 
rijo Lastra continuaba acumulando caudales; el viejo 
Cáceres no le iba en zaga, porque amó siempre los pata - 
conos de columnillas y las onzas de oro selladas. Los 
Ocampos mantenían comercio activo con esa plaza, y ya 
estaba avecindado el francés Barrellier, socio del hijo 
mayor, conservando siempre su aspecto burdo y su aire 
acriollado. Los Lozano, los Fragueiro, los Tejerinas, los 
Olmedos y otros, no se ocupaban de la política. El doctor 
Warcalde y Posse y el médico inglés, y éste y aquél asistian 
á sus enfermos, los boticarios despachaban las recetas^ los 
almaceneros y tenderos dormían siesta y los polizontes 
andaban mal uniformados. Todo era lo mismo, nada esta- 
ba alterado. Las campanas tañian al despertar el dia, á 
media noche llamaba con lúgubre acento la voz de bronce 
de los conventos de monjas ; á las doce y á la oración, 
tañian de nuevo; todo era la misma rutina, las mismas 
costumbres, la misma soledad. 



208 NÜBYA RBVISTA DB B'JBNOS AIRES 

Córdoba era todavía la ciudad de la colonia, con ese 
aspecto de indolencia, de silencio, de quietismo y de pere- 
za, que caracterizaba á las buenas y hospitalarias ciudades 
del interior. 

No babia hoteles sino casas para huéspedes, dirigidas 
por cordobesas, servidas por cordobesas, por criadas des- 
calzas pero limpias, cuyas enaguas endurecidas por el 
almidón, producían al caminar un ruido, que se asemejaba 
al que se oye cuando se rompe papel engomado ; y esas 
enaguas blancas, á veces color azulado por el añil del 
lavado, les cubrian hasta los pies, que no conocían los 
zapatos y asentaban libres de todo reato sobre el piso 
enladrillado, sobre la arena calentada por el sol ó sobre el 
pavimento de las calzadas. 

Recuerdo perfectamente que en ese tiempo echaban 
azúcar á la ensalada de lechuga, azúcar á los guisos y tal 
vez hasta en la sopa y el caldo. Cada empanada cordobe- 
sa, grande y de sólida masa, contenia un sabrosísimo 
picadillo, con aceitunas y cebollas; el abundoso jugo cor- 
ría por la mano de quien emprendía la tarea muy agra- 
dable de comer aquél manjar. Una empanada era un 
almuerzo verdadero y suculento. Se vendian en tableros 
limpios, cubiertos con paños blanquísimos y las abrigaban 
con un tejido de lana para conservarlas calientes. Les 
formaban un lecho abrigado, del cual era preciso sacarlas 
para que el comprador sin pérdida de tiempo le hincase 
ávidamente el diente. Y á fé que entonces tenían buen 
apetito y excelente estómago los felices habitantes de la 
ciudad fundada por Cabrera. En efecto : empanadas por 
desayuno, mazamorra y locro, puchero henchido de legum- 
bres, natilla, arroz con leche polvoreado con canela, ú 



TREINTA ASOS AOTBfi 209 

orejones de durazno con azúcar, á la postre — tal era la 
comida general, variándola con la carbonada, el chupe ó 
guisos de salsas de la cocina española pura, que se conser- 
vaba gracias ano conocerse aun la cocina extranjera, el 
cosnQopolitisroo culinario, que hace que nuestra mesa 
moderna conceda hospitalidad á todos los buenos platos al 
uso de otros pueblos estraños. Solo la cocina inglesa no 
se ha podido aclimatar, pues los roast^beef casi crudos y las 
salsas picantes, como si tuviesen fuego en polvo, si éste 
fuese posible pulverizarlo, no han recibido carta de ciuda- 
dania: todas las demás, hacen acto de presencia en la 
cocina burguesa. 

Bebíase leche sin tasa ni medida^ y en la campaña se 
apetecia la leche de cabra, que es leche gorda y pesada, y 
la daban con tortas fritas calienticas, porque á la sazón no 
era muy abundante el pan. 

Se hacia n variados y apetitosos platos con el maíz, esa 
cereal tan agradable como nutritivo. El choclo fresco, 
lechoso y blando, se asaba al rescoldo y se comia caliente : 
la humita azucarada, era envuelta en la chala del ma(z ó 
bien en guiso; el maíz frito, las rosquillas de maíz y las 
mil confituras de su harina, todo lo cual era muy gustoso, 
aunque á veces quedaba seca la garganta, y se buscaba un 
sorbo de agua fresca. 

El maíz seco se desgranaba y se arrojaba el maslo, que 
era excelente para el fuego, los granos se metían dentro 
del gran mortero, formado del tronco de algún árbol, al 
que escavaban el corazón, para reducir á polvo el maíz 
con el pisón de madera dura, que alzaba para machacar 
la mulatilla vestida de lana azul, y ese movimiento era 
cadencioso para acompañar su dulce cantiña, mostrando 



210 NUEVA RUTISTA DG BUBNOS AlRBS 

en ese movimiento, cómo la naturaleza habia desarrollado 
su poderosa pubertad. 

Ese maíz así pulverizado por la roano de la criada^ 
mano pequeña y bien hecha, parecia en esa época mas 
sabroso que la harina del maíz molida mecánicamente hoy 
por cientos de almudes en los innumerables molinos de las 
provincias. La fuerza motriz mecánica ha suprimido los 
cantares populares de las pisadoras de maíz. 

Ya las campañas han iniciado su evolución transfor- 
mista; pero no anticipe la vagabunda pluma, á lo que aun 
no deba ser escrito. 

Y dígolo al pasar - en lo que escribo nu hay lógica, 
porque los recuerdos no tienen otra regla que la mera 
cronologia, y como son múltiples y complejos, tengo que 
desviarme de la línea recta y hacer curvas y zig- 
zag para trazar sobre el papel, todo lo que mi memoria 
recuerde. Y este aparte es para contestar á ciertos críti- 
cos, maestro-ciruelas, que sostienen que es ilógico y sin 
método cuanto escribo; que mi estilo tiene algo de la 
maciega inculta, y en fin, que mejor fuera quemar el campo 
para que brote la verde grama, lo que quiere decir, que 
deje que mis nietecitos escriban. Pero, como soy solterón, 
ya no estoy en tiempo para meterme en casorios y por 
ello no tendría quien por mi cuenta borronee papel. Les 
diré por último, en respetuosa poridad : — hagan ustedes 
mejor y muéstrenme con el ejemplo la pureza en el decir, 
la corrección en el hablar, la elegancia castiza en la frase 
y la galanura y brillo del estilo. En cuanto á mí, solo 
quiero contar lo que sé, y me importa un bledo decirlo ó nó 
con elocuencia, pues solo aspiro á hacerme entender. Soy 
sencillote, no me gusta el acicalamiento ni el afeite, me 



TREINTA AÑOS ANTES 211 

causan risa los tacones, aunque sean taquito?, pues es ridi- 
culo caminar haciendo piquisicos como pájaro que no vuela 
sino salta — Y sobre todo ; yo escribo como me da la rega- 
lada gana; desde que está convenido y declarado que no 
soy hombre de letras. 

Punto aparte, y continúo mi narración. 



La comida de aquella época era apetitosa pero pesada, 
y para ayudar la digestión^ decian que era necesario 
beber el vino tinto español, que recuerdo que no pocas 
veces era un verdadero vinagrillo. No hablo del vino 
criollo ; porque ese vino era algo de espantosamente malo ; 
algo como el vino que en España guardan en pellejos, algo 
como ese vino de que habla Cervantes, que si cae sobre el 
mantel deja una mancha negruzco-violeta, oliendo todo á 
ensalada trasnochada. Recuerdo haber visto, sin intentarlo 
probar, el vino que hacian del mistóla eso se parecia á arro- 
pe diluido en agua turbia, digno brevaje para salir de una 
farmacia de losBethlemitaB. Aquella bebida me recuerda 
las tomas de l.e Roy, administradas por Terrero, el último 
ÍHuático del sistema depurativo ad infinitum» 

Conste por lo tanto, que en aquel tiempo, según mis 
afirmaciones, se bebia en general mal vino. Seguro estoy 
que si me oyese cierto condiscípulo, me haria un silogis- 
mo para probar que el vino de la Rioja y los de la provin- 
cia de Cuyo, eran néctar de los dioses idos, y que por tanto, 
ahora no encuentra bodega para sicar una empolvada 
garrafa, y convencer con una cepita mi incredulidad paga- 
na, en materia de vinos criollos, treinta anos anteriores á 
la época en que escribo. Yo le propongo me convenza 



212 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

por medio del vino de Salta, con algunas garrafas del 
añejo de Gafayate, y canto la palidonia. 

Suprimido el vino de la mesa burguesa de antaño, ó be- 
bido con económica parcimonia, se dejaba á discreción la 
mas pura y rica agua de manantial. Esta se servia en 
jarros, que á las vegadas eran de plata; 6 cuando mas un 
gran vaso, no siempre bien limpio y del mas ordinario 
vidrio. De tal suerte y calidad eran, que no fué prudente 
tocar la parte exterior del fondo, porque era posible lasti- 
marse los dedos, por mas engrasados que estuviesen de 
comer la carbonada ensopando con ellos el pan en la ape- 
tecida salsa. Algunos coetáneos seguian la moda francesa 
y se chupaban los dedos, para dejar menos arabescos en 
los manteles, porque las servilleticas eran meros aparatos, 
genuinas miniaturas, comparadas con las actuales servi- 
lletas. 

Ese era un momento en que se llegaba al linde de la 
vida colonial y á los principios de la vida independiente, 
que no lo babia sido tanto, pues los derechos de tránsito — 
que los buenos de los gobernadores y las mas buenas de 
las legislaturas de provincia, imponían sobre toda merca- 
dería ó artefacto que conducian desde el litoral las tropas 
de carretas ó las arrias cuyanas, por el mero hecho de 
transitar el territorio provincial — era una prueba de falta 
de libertad. Cuando las carretas ó las muías pasaban la 
valla fronteriza de la provincia limítrofe, era preciso volver 
á pagar otro impuesto, pues se aplicaba ^^1 dicho — < nadie 
para sin hablar al portero. » Los porteros provinciales 
eran las aduanas inter-provinciales. De manera que, si la 
mercadería debia buscar su mercado consumidor en Salta» 
el valor era aumentado en esta forma : derechos pagados 



TRBINTA AÑOS ANTES 2l3 

en la aduana única de Buenos Aires, derechos de tránsito 
en las provincias de Santa Fé, Córdoba, Santiago del Este- 
ro y Tucuman, y por añadidura, los meses empleados en 
recorrer al paso del buey los cientos de leguas entre los 
dos mercados. Ese era el pobre y embrionario est ido del 
comercio, que reflejaba la mísera situación de las poblacio- 
nes y justificaba la siesta y la pereza del interior. 

Así no es de sorprenderse que el vino europeo que se 
consumía en las provincias mediterráneas, fuese malo, y 
que de una pipa de vino carlon legítimo, hicieran doce los 
pulperos y almaceneros, echando agua, pasas y campeche, 
y vendiendo en vez de vino, un brevíge fantástico, detes- 
table y dañoso. 

Esos derechos de tránsito que hacian languidecer el 
comercio del interior, fueron suprimidos después que 
Rosis fué vencido, y dio comienzo la nueva y próspera 
era, en que hoy se halla la República bajo el régimen 
constitucional. 

La mesa estaba en relación con las costumbres. 

En loncos se sentaba á la mesa en mangas de camisa, 
desabrochado el cuello y sin corbata, arremangadas las 
mangas para no ajar los puños. El mantel de tela tejida 
en las provincias, al fin de la semana era un mapa curioso, 
por las chorreras de grasa, las manchas de vino, las gotas 
del almíbar, arrope ó miel con que comían el queso criollo, 
y no pocos los vestigios amarillentos del zapallo cocido, ó 
del quibebe, plato criollo. 

Se economizaban los zapatos y botas de vestir, y del 
calzado viejo se hacian chinelas, recortando de un modo 
apropiado la parte posterior^ para la fácil entrada del pió 
desnudo, porque se sacaban las medias. 



214 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

Los pequeños, los muchachos, los niños, como se quiera 
llamárseles, andaban en camisa y descalzos con el pelo no 
siempre peinado, las caras frecuentemente sucias, como 
los pies. 

Las señoras eran en aquellos tiempos enemigas del corsé 
anti-higiénico, y se vestían holgadas; pero se ponian un 
pañuelo para no mostrar el seno al desnudo, dejando em- 
pero que la naturaleza no tuviera cortapiza que limitara el 
crecimiento. Se peinaban con dos gruesas trenzas, caidas 
hacia atrás ; pero no pocas veces lucian una flor en el 
lindo cabello negro. Confieso en tanto que la mujer fué 
mas cuidada en el traje, porque siempre tuvo instintos 
coquetos, y quiero decir todavia, porque yo hablo de las 
costumbres burguesas, reconociendo que habia excepciones 
de elegancia y de lujo. 

Supongo que las damas usaban también chinelas, pero 
en esto mi testimonio no es de visu. No me dejaban verles 
el pié, y á fé que mas de una vez hubiera querido saber 
si el pié estaba en relación con la lindísima mano, de mas 
de una de las mocitas de mi tiempo. Lo único que veía 
era la mano al natural, pues no calzaban guantes en la vida 
ordinaria. 

Los criados servian descalzos. El comedor no tenia en 
general estera ni alfombra, y sobre el ladrilo por ser mas 
fresco, cada, cual ponia sus pies, y no faltaba alguno, mal 
educado, que por accidente abandonaba las chinelas para 
dar aire al pié desnudo.— Estoy haciendo copias, el colorido 
es natural. 

La comida ó la cena enr»pezaba por un rezo y terminaba 
por otro. El comedor era una pieza sin adornos, á las 
vegadas alli colocaban la tinaja, llena de agua clarísima, 



TREINTA AÑOS ANTES 2lS 

donde metían el jarro de plata á medida que se vaciaba. 
Plena libertad se concedía para beber agua. 

Las sillas eran de madera, sin esterilla ni tapices. El 
asiento era duro pero fresco. La mesa duraba lo necesario 
para comer, pues la conversación no era salsa muy usada. 
Cada cual despachaba su plato, y luego un buen jarro de 
agua, que se servia por turno y todos ponían los labios 
sobre el borde del jarro de plata. El señor, en los inter- 
medios, fumaba su cigarro, y los útiles para hacerlos, 
como el yesquero, los tenia sobre la mesa. Ese humito 
era ciertamente poco agradable, pero era la costumbre. 

Los jóvenes no tenían permiso para terciar en h\ conver- 
sación, y ésta era entre sus mercedes, los padres y abue- 
los; porque entonces era moda tener abuelos vivos, y ellos 
tenian cuidado de marcharse del mundo lo mas t^rde 
posible. Hoy es tan exijente la vida moderna, que no hay 
descanso, y los pobres viejos se van apenas se han inuti- 
lizado para el trabajo. Hay menos viejos, y la región de 
los muertos se puebla con mas frecuencia . Es tan grande 
la manía de los viajes y de lo desconocido, que algunos se 
suicidan solo para ir al otro mundo, aburridos de la mono- 
tonía del presente, en el que no creen en nada. 

La vida de esos tiempos debía ser paradisiaca; todo era 
sereno, hasta el sueño. Lo único que podía recordar el 
purgatorio, eran los criados, con los cabellos sin peinar^ 
dando al descuido un manotón para rascarse. El sueldo 
era muy barato, pero era el traje tan sencillo ! .... Me 
parece que no usaban sombrero, lo que creería lógico 
desde que no llevaban calzado. Lo justo era tener descu- 
biertas las extremidades, los pies y la cabeza. Pero esto 
no lo a&rmo, es un razonamiento por inducción. 



216 NUEVA RENTISTA DB BUENOS AIRES 

Recuerdo que los señores tenían un sombrero por año, 
es decir, que eu el presupuesto figuraba el gasto de som - 
brero por cabeza, durante los 365 días. A veces el sol 
ponía la negra felpí de color annarilloso, 6 bien la grasi- 
tud había ascendido hasta la mitad de la copa y por los 
bordes de las alas ; pero mientras no terminase el año, do 
se iba á la sombrerería á comprarnuevo sombrero. Ni la 
forma influía ni modificaba el precio : se buscaba solo la 
duración. 

Si exajero, no es mia la culpa, puesto que no hago foto- 
grafías, y pintando de memoria tomo los colores que en- 
cuentro en mi paleta. Esti es una salvedad que mi 
conciencia exije. 

En esos buenos tiempos se oía misa los domingos y días 
de fiesta, y como éstos eran muchos, frecuente era la tarea 
de cumplir con el culto divino. Los padres llevaban á la 
Iglesia á los muchachos endomingados, vestidos frecuente- 
mente con la ropa usada de sus mayores, que la madre 
arreglaba á la buena de Dios, sin preocuparse mucho de 
la figura de sus hijitos. Estos, ya pollos grandes, queda- 
ban dentro de la leva del padre, como palo vestido, pues 
la m^dre solo cortaba las mangas y los faldones y metía 
mas adentro los botones. A veces abrían los cinco dedos 
de las manos para contener la larga manga de la camisa 
palerna, que forzaba por salir fuera. Le metían luego 
sobre la cabeza, mal peinada, el sombrero, un poco hacia 
atrás, y el pobre muchacho doloridos los pies encarcelados 
el domÍQgo después de la libertad de la s^wiana, esperaba 
al padre para ir á misa. Todos iban por delante, en 
silencio y prisioneros por aquella vestimenta. Los mas 
espertes se habían engullido una «empana la, tratando de 



TREINTA AÑOS ANTES 217 

no chorrear la leva para impedir el pellizca maternal 6 el 
mogicon paterno. El escuadrón se ponia en marcha al fin^ 
ora á Santo Domingo, ora á San Francisco ó á la misa 
cantada en la Catedral. 

Los sermones eran también flestis obligadas para 
hombres y mujeres. El clero era á la sazón influyente y 
respetado. Clérigos desempeñaban el rectorado de la 
Universidad y del colegio de Monserrat. Los frailes aun 
coservaban su antiguo prestigio, y aunque no eran ricos, 
vivian en santa holganza. 

Pero las monjas Teresas y Santa Clara, poseian consi- 
derables caudales colocados á censo en las propiedades 

m 

urbanas, y de ahí resultaba el ferviente entusiasmo de ser 
síndicos ó administradores de los bienes conventuales. Si 
habia intrigas para ser nombrados, era todo por amor de 
Dios, que el dinero no fué aliciente ni tentación de síndico 
de convento de monjas. Así lo decian ellos, así me lo con- 
taron, y en Ja misma forma lo cuento á mi turno. 

La ciudad de Córdoba de hace treinta años se parece á 
la actual como huevo á una castaña. Todo ha cambiado 
radical y profundamente. 

La vieja Universidad de aquellos dias lejanos, continua- 
ba con su antigua aureola prestigiosa. Sin embargo, 
pobrísima fué la enseñanza, aunque muy superior á la 
Universidad porteña del tiempo de Rv^as En aquellos 
claustros de origen jesuítico, se d iban cita los hijos de las 
provincias. Algunos llegaban sin perder aun ei^pelo de 
la dehesa, vestidos por verdaderos sastres de aldea, y con 
figura digna para estudiantes de zarzuela ó peti-pieza. 
Todos recibían como bautismo estudiantil, el apodo ó sobre 
nombre, con el cual serian reconocidos en el mundo de sus 

TOMO IX 16 



218 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

condiscípulos. . Entre los recien llegados en ese tiempo, 
habia uno pequeño de cuerpo, á quien llamaban el chismo- 
so. Este recibia diariamente su .merecido, ora por el 
chiste pasado, ora por el chisme futuro. El marchaba 
lloriqueando al cuarto del doctor Arellano, rector á la 
sazón, y denunciaba al culpable. El grave clérigo, oia y 
respondía: — díles que no te pegusn ! Y volvia el delator 
nuestro á pronunciar la fórmala s ibida : — dice que no me 
peguen ! . . . . Cansados ya de esta tarea, una vez bañán- 
dose, dos condiscípulos lo sumergieron en el agua, que 
tragó con angustia, y le notificaron la sentencia — si 
denuncias tragarás otra vez tanta agua hasta que no vuel- 
vas mas á la tierra de los vivos. El remedio fué eficaz. 

Etitre los* condiscípulos, encontré todavia á Emiliano 
Garcia, á Filemon Posse, á Tomás Garzón, á Leónidas 
Echague; ya se habia marchado Wenceslao Díaz Colo- 
drero ; entre los menores recuerdo á los Lobos, hijos de 
Tucuman. 

Yo habia llegado huido, puede decirse, derrotado 6 como 
quiera decirse, abandonando el Hospital de Hombres de 
Buenos Aires. Gárecia de prastigio literario, creo que 
tenia fam?i de porro, y á mi se me daba un pito aquella 
fama, desde que ni entonces ni ahora, pensé mandar al 
mercado con la susodicha fama. Habia aprendido á tocar 
el piano y la guitsfrra, y t^nia llave de oro para las muje- 
res; alas cuales divertía con la música. 

Habia venido en fin, porque me daba la gana y podia 
hacer lo que mejor me ocurriera. Todo me parecía color 
de rosa, en tinto cuanto nadie pudiese obligarme á apren- 
der lecciones de memoria. Nunca me esplique la pacien- 
ci i de Germán Vega, y me sorprendía mucho, cuando veia 



TREINTA AÑOS ANTES 219 

en el Hospital á Mateo Luque, con su sobretodo de paño 
color cafó y leche, erguido como tambor mayor, afortunado 
en las filas de Cupido. * 

Manuel Ocantos y Federico Serna, que vivia éste frente 
á San Francisco, no podian soportar mi haraganeria y mis 
bromas groseras. Hoy pasan á mi lado y se hacen los 
desconocidos. Los sermones del buen maestro doctor don 
Martin Garcia, como la seria y dogmática actitud del doctor 
don Claudio M. Cuenca, me causaban escozor ; quoria no 
verlos mas, á pesar de haberles cobrado afecto, pero nunca 
S'ibi/i la lección y esto me daba fastidio. 

Venia, pues, para vivir en el regazo maternal de la 
pereza, y la beatífica y prolongada siesta, al calor que 
derrite y obliga á estar panza arriba en las salas de teja, 
cuyos viejos tirantes constituian una distracción de los 
haraganes de antaño. Queria vivir satisfecho de las 
. regularidades de mis digestiones: ninguna ambición me 
ajitó. Vine y dormí ¡Cuánto he dormido! Me parece 
que la mitad de mi vida ha sido un sueño continuado. 

Y ¿ porqué hablo y me ocupo de mí mismo ? ¿ Cuántos 
somos los adoradores del yo ? Lo ignoro, pero creí que 
era epidemia cuyana, y yo soy una excepción. 

Tenia frailes amigos, pues profesaba la misma doctrina 
que Picot, aquel charlatán descreido, que sé comia los santos 
y frecuentaba la casa de los curas, para comer de balde. 
' • Yo lo hacia por amor á mis iguales, es decir, á los que 
se holgaban satisfechos en la santa y dulce contempla- 
ción de la Naturaleza, sin leer ni escribir, y tal vez sin 
pensar en cosa seria. 

Los claustros en los que habia sin disputa frailes muy 
notables, albergaban á ia vez á los bonachones holgazanes 



S20 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

que vivían para engordar, y éstos, precisamente éstos, 
eran mis amigos. Solo no trabé relación con el mal famo- 
so Marsoa, por que pasaba de castaño oscuro. 

Me acercaba rara vez á los locutorios de las monjas, 
pero me d¡ á la caza de las confituras de las beatas, que 
me procuraban confites, esas petrificaciones de azúcar, 
canela y nueces : tomaba mate en las sacristías y chocolate 
en los entierros. Lo hacia por gusto, jamás por econo- 
mía. Tal era mi vida entonces. 

Y sobre todo, si no era la mia, era la de muchos, pues 
era un tipo social, y yo no escribo mi auto-biografla. 

Frecuentaba las t3rtulias de la botica, las tiendas de la 
plaza, las reuniones para el juego de cartas, donde se pasa- 
ban hor^s fumando y jug indo, para ganar algunas onzas 
de oro. Se jugaba,, era una distracción de aquella mono- 
tonía que mata y desespera. 

En esta época empezaban los centros politiqueros á 
hacerse de moda, porque ya comenzaba la vida pública y 
libre. Los mas adictos partidarios de López «Quebracho » 
se habían convertido en sus mas enérjicos detractores ; era 
una reacción de los serviles emancipados. El pobre 
gaucho viejo, después de ser puesto.en libertad, se había 
asilado en Santa Fé, donde creo murió pobre y oscurecido. 
Oscuro debía morir porque no era de esos que viven á la 
luz: era ... . uno de tantos productos de la sociedad 
aaómala de la épooa. 

A mi llegada la revolución estaba triunfante : Todos rebo- 
zaban de alegría, y la vieja Córdoba se sentía rejuvenecer. 

Ensebio Ocampo que habia venido de esa buscando no 
sé qué, habia tomado la grave actitud de un periodista, se 
envolvía en los trece números de El Padre Castañeta^y 



. 



TRUNTA aSOS ANTES 221 

se hinchaba como el redactor y director de aquel periódico. 
Hacia valer aquellos trece números, como trece títulos 
para justificar trece pretensiones. Hombre de talento y 
de chispa, era buscado en los centros políticos : creo que 
sonó con la diputación por Córdoba. 

Las elecciones para el Congreso General Constituyente 
de Santa F¿ eran codiciadas por una multitud ; pero enton- 
ces, como ahora, he observado que habia muchos niños 
para un trompo. 

La generación á que pertenezco, iba á decir á que 
tengo la dicha .... pero reflexiono que si de mí depen- 
diera, habría' preferido venir al mundo en los albores del 
siglo XX j la generación esa, ha presenciado la transfor- 
mación mas profunda y trascedental del pueblo argentino — 
la evolución social de los gobiernos irresponsables de la 
época de Rosas, al régimen constitucional de la Constitu* 
cion que fué jurada en 1853. 

De ese Congreso hicieron parte, como diputados por 
Córdoba, los doctores don Juan del Campillo y don Cle- 
mente Yillada. Estos no eran emigrados, y mostraron 
que conocian las instituciones federales. Pertenecieron 
desde luego al partido federal doctrinario, que es todo lo 
contrario del partido resista. 

Gobernaba la provincia el distinguido ciudadano doctor 
dou Alejo Guzman, y era su ministro el doctor Santillan. 

La elección de don Juan del Campillo disolvió una tertu- 
lia ; pero se abrieron otras, porque comenzaba la ebullición 
política. Todos querían la vida pública y la pobre patria 
necesitaba de todos. Y digo pobre, porque una vez que 
fueron suprimidos los absurdos derechos de tránsito^ se 
quedaron sin un cuarto. Haciendo de la necesidad virtud 



222 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

empozó la diflcil y lenta organizaoion de las rentas provin- • 
cíales para constituir verdaderas economías federales. 
Era trabajo patriótico, porque el pueblo se encontró en 
pobreza, y era preciso crearlo todo, y todo fué creado al 
calor del patriotismo viril de pueblos y gobierno. ¡ Patrió- 
tico era el espectáculo ! 

4 

Los correos en aquellos tiempos eran un verdadero 
mito. Los correistas andaban á caballo, que tomaban y 
cambiaban en las postas, sin pagar; pero los maestros de 
posta no se hubieran atrevido á negar caballos á un correo 
ó á un chasque enviado por Rosas, ni despachado* por López 
ú otro cualquier gobernador de provincia. 

Les he oidol tmemtablos hi:.toriis de aquella continuada 
estorsion. Los caballos eran de la propietlad particuUir del 
maestro de posta, ó de mcircas no conocidas, y esos caballos 
debían ser cuidados para el beneficio del correo, sin pagar 
alíiuiler, sin que el Estado contribuyese para los gastos. 
Ese maestro de posta no podía renunciar tal cargo, porque 
hubiera incurrido en el error de mostrarse desafecto al 
gobierno y enemigo de los que mandab :n, loque loponia 
fuera de toda protección. Solo los pasajeros pagaban, y 
como no era muy frecuente el tránsito, las. entradas, eran 
eveutu ilos. Bajo tal régimen era imposible mantener la 
moral administrativa : se obadecia por miedo, p'iesto que 
nadie tenia medios para hicer ejecutivo su derecho. 

Postas, correos y ^caminos eran necesidades que no aten- 
día el ^gobierno. Las pocas rentas provinciales no bas- 
taban para pagar los módicos sueldos del gobernador, su 
ministro y demás empteados. El atraso en el pago era lo 
normal, y las sumas que se entregaban eran á cuenta de 
los sueldos vencidos. 



TREINTA AÑOS ANTK8 223 

Era una sociedad desquiciada, que se reorganizaba por 
un esfuerzo patriótico. Sancionada y pronaulgada la cons- 
titución nacional, las provincias dictaron sus propias cons- 
tituciones y crearon sus ren.tas. He sido testigo de esta 
evolución, la he seguido en su desarrollo, y treinta años 
después, estoy complacido y satisfecho de los resultados. 
La nación se ha consolidado, se ha enriquecido, está en 
pleno crecimiento. La población, la ganadería, la agri- 
cultura, todo ha tomado un vuelo halagador. 

Guando desde Córdoba venia al Rosario para embar- 
carme en algún buquecito de vela ó en los primeros vapo- 
res que se iniciaban en la navegación de. los ríos, tenia 
que atravesar la Pampa de Santa Fó, que era imponente 
en. su soledad solemne. Aquella planicie ondulada no 
tenia árboles, ni accidentes que distrajeran la vista del 
viajero. El horizonte en todas direcciones lo limitaba la 
tierra y el cielo^ el verde del campo ó el color amarillento 
y polvoroso en tiempo de seca, se unia en la línea del 
horizonte con el azul del cielo. Daba miedo perderse en 
aquella llanura solitaria; se caminaba por el rumbo, pues 
el camino endurecido por el tránsito era polvoroso, y el 
viajero marchaba envuelto en una nube de tierra pulve- 
rizada. Cabalgaduras y ginetes quedaban cubiertos de 
tierra, que se mezclaba al sudor y secaba la garganta. 

No habia poblaciones, cortijos, chacras ni labranza. La 
soledad era únicamente interrumpida por las tropas de 
carretas ó las arrias de muías, espuestas á ser atacadas y 
robadas por los indios. Los correos y los chasques recor- 
rian el desierto de posta en posta, con la atención sobre- 
excitada por los movimientos de los animales silvestres, 
porque son signos de que en el' desierto hay indiada que 



224 NUtí^TA REVISTA DE BUENOS AIRES 

marcha^ y para mejor cerciorarse, el gaucho baja del 
caballo, se echa al suelo y pone el oido sobi% la tierra para 
oir el ruido lejano, los cascos del caballo que corre ó 
g^ílopa, y levantarse luego, cabalgar tranquilo ó agitado, 
según el resultado de su experiencia. La mirada del 
gaucho es penetrante y profunda, y si aparece silencioso es 
por que vive en la constante observación de la naturaleza 
que le rodea ; y en esa vida, su único maestro es la natura* 
leza misan. El hombre del desierto ó el que por necesi- 
dad ó por otras causas lo recorre con frecuencia, es un tipo 
original y fuerte. La conservación de la vida se la debe 
á sí mismo, él tiene que proveerlo todo y bastarse para 
llenar sus necesidades. Por ello observa las yerbas y los 
animales silvestres, se flja hacia que lado vuelan las aves 
ó corren 1 is gamas y venados, y cuando empiezan las 
sombras de la noche, su libro está en el cielo, las estre- 
llas le guiín y rumbeando siempre bajo la dirección amiga 
de los astros, cabalga con la tranquilidad del que conoce 
su objeto. 

Ahora bien, este estado de cosas y esos medios de loco- 
moción representaban gráficamente el atraso del comer- 
cío, la pobreza del pais y lo escaso de las producciones que 
alimentiiban el tráfico embrionario. 

El desierto era aun mas imponente cuando el incendio, 
la quemazón, las llamas ccrrian sobre las yerbas secas 
como olas de fuego; era una inundación del elemento 
terrible, con ruidos estraños y aterrantes del chisporreteo 
de los pocos arbustos y de las altas pajas que ardian. Se 
hubiera creído que la quemazón era general, y que avan- 
zaba formando un inmenso círculo; el viajero queda enton- 
ces bajo la impresión de una angustia indecible. Los 



. * TREINTA AÑOS ANTES 225 

caballos sudosos parece que tiemblan, y el hombre que 
duda donde encontrará una salida para escapar de las 
llamas, se siente conmovido. Que sed ! No se veia agua 
en parte alguna en aquella llanura presa del voraz incendio, 
y el cielo mismo nebuloso y con los reflejos rojizos de las 
llamas aumentaba el pavor. 

He visto muchas veces aquel espectácnlo, viniendo del 
litoral ó yendo desde esta ciudad, pero la primera vez 
me quedó en la memoria como si fuese un cuadro en relie-^ 
ve, iluminado por Satanás. 

Pues bien, ese desierto de treinta años antes, está hoy 
surcado por ferro-vías. El gran central y sus colonias han 
dado fisonomía culta á la llanura antes agreste y triste, y 
los productos opimos de aquella tierra feraz, compensan 
los sudores del hombre de traba jO; que abre el surco y 
deposita la simiente por medios mecánicos por exigirlo así 
las grandes labranzas. 

Belle-Yille es una riente ciudad, de tipo extraqjero. El 
Fraile Muerto ostenta hoy. un establecimiento nacional 
importantísimo: el indio ha desaparecido, y sus tribus 
disueltas y prisioneras se han fundido en las familias 
cristianas, y se han reincorporado como individuos al pro- 
greso social actual. 

La evolución ha sido radical y profunda. 

Ci^doba, la pacífica y tranquila C¡órdoba, es hoy un 
depósito para el intercambio del comercio. Allí llegan y 
de allí parten varias lineas férreas : al litoral, á Cuyo y 
al Norte. La actividad de sus calles es notable, la edifica- 
ción moderna le ha impreso ahora un sello de riqueza y de 
vida ; y el antiguo villorio del Rosario, es una ciudad comer- 
cial, en cuyo puerto se contaban sesenta buques de ultramar. 



226 NUBVA RBVISTA DB BUBNOS AIRBS 

La provincia de Santa Fé es hoy una colonia extranjera : 
^'illa8 y ciudades han surgido del seno del desierto : la 
harina, el maíz, el maní, el lino y miel, nuevos productos 
agrícolas, ,dan para cargar las embarcaciones extranjeras 
que llegan á su puerto del Rosario. 

La agricultura se ha extendido de tal manera y au- 
menta en proporciones tan rápidas, que alimenta ya el 
tráfico de las ierro vías construidas, y las que se están 
construyendo, pues los terraplenes adelantan y se colocan 
los durmientes, y se ponen los rieles, para que sobre ellos 
corran las poderosas máquinas norte-americanas. 

La República entera se ha heóho una inmensa íacto- 
ria La ganadería se transforma; el ganadero cerca su 
propiedad rural, introduce animales de raza y se preocupa 
de -la mejora de los ganados, — vacunos, caballar, lanar y 
borrico. Ya se piensa en abrir canales y asegurar por 
medios científicos, un riego regular y constante, que satis- 
faga la sequía de los campos bajo los rayos del sol de 
estío. 

La transformación, repito, es profunda. 

Las antiguas tapias que cercan las viejas heredades, 
como las de Jesús María y Sinsacate en Córdoba, van 
desapareciendo con la subdivisión de la tierra por las nece- 
sidades de la colonización. Ahora comienzan ya los setos, 
pues abunda la madera de los bosques, y las cercas de 
piedra que pudieron construir los jesuítas, no satisfacen 
al agricultor que necesita del seto barato. Mas tarde 
será reemplazado por el seto vivo, con las plantas de que 
abunda Córdoba y Santa-Fé, así como en Mendoza lo forman 
las hileras de altos álamos. 

Por todas partes, la actividad y el trabajo del hombre, 



TREINTA AfiOS AKTSS 227 

graba sobre la tierra su dominio de propiedad, y la ríqaeza 
privada, acumulándose y generalizándose, se hace riqueza 
pública. 

En Córdoba ya desapareció la siesta que entorpece la 
actividad; ahora apesar del sol, ya se trabaja el dia entero, 
menos dos horas para comer y dar alivio al trabajador. 
Ya no son las boticas el centro de las tertulias: hay 
clubs y asociaciones. 

La Academia de Ciencias tiene levantado un verdadero 
templo, donde antes .no se veían sino iglesias y conven- 
tos. Las viejas preocupaciones, el fanatismo intransigente, 
se transforma con el progreso de la intelectualidad .de 
la población.— Excelentes profesores dictan los cursos de 
sus facultades, numerosas enseñanzas abren horizontes 
nuevos á la juventud que frecuenta las aulas, y el pré- 
sente es una preparación para los mas grandes desarrollos 
en lo futuro. 

Tucuman, Santiago y Salta se dan al cultivo de la caña 
azúcar, y los grandes ingenios y las máquinas modernas, 
han centuplicado las fuerzas productoras; y azúcares y 
aguardientes argentinos satisfacen en gran parte el consu- 
mo nacional. 

El Correo se ha organizado, comenzando por el edificio 
que ostenta la Capital de la República. Ya se encontró 
lenta la comunicación por cartas, y se ha levantado una 
buena red de telégrafos que ponen en comunicación las 
provincias entre a¡ y con la capital, con el exterior por • 
Chile, Montevideo y Brasil. El pais nuevo, si así puedo 
llamarlo, se ha convertido en activo, emprendedor y enér- 
gico. 

Cuando veo estas cosas, y cuando recuerdo que hace 



228 NUEVA. REVISTA DE BUENOS AIRES 

treinta años be pasado por el desierto, temiendo el ataque 
de los indiosj que he vivido en las ciudades sin saber cuando 
habia cartas y sin contar con la comunicación periódica y 
regular, y ahora se sabe hasta el acontecimiento en Europa, 
acaecido horas antes — me parece que estoy soñando. 

En los treinta años trascurridos, la nación se ha trans- 
formado, lo repito. Del viejo régimen no quedan sino ves- 
tigios, y nosotros que estamos ya entre los que vienen y 
los que se van para el largo viage de la muerte, miramos 
complacidos el indisputable progreso nacional. 



¿ Qué era el Rosario, esa sociedad mercantil ahora,- esa 
puerta del comercio interior y esa entrada para el del 
exterior ? 

La ciudad del Rosario era un villorrio. Los ranchos de 
paja comenzaban, puede decirse, en la misma plaza. No 
habia una sola calle empedrada ; el alumbrado era la se- 
mi-oscuridad, y la pobreza, hija primogénita de la haraga- 
nería, se veia por todas partes. 

Recuerdo que vi esa pequeña villa embanderada de rojo 
y blanco, en celebración del triunfo de Caseros, de la 
caida del tirano Rosas. 

El desierto comenzaba en las afueras de la villa ó ciudad; 
los suburbios eran la Pamjja. , 

No habia propiamente labradores, y los ganaderos se 
hallaban empobrecidos por los frecuentes robos de los 
indios. Las postas que señalaban el camino para Córdoba 
y las otras provincias, estaban rodeadas de fosos, para 
defenderse contra los indios, guardadas por guardias mal 
vestidos y por pequeños cañones. Los indios tenian el 



TREINTA AÑOS ANTES 229 

dominio del desierto, y el soldado dentro de los cercos 
foseandos. Esto es característico. 

Todo era erial: el pobre gaucho, apenas habia dejado 
el chiripá punzó, la camiseta punzó y el gorro jcolorado; 
soldado de caballeria, te.iia su lanza y su sable, y á veces su 
mala c/^rabina. Con esas armas habia guerreado años. A 
su vuelta no encontró su hogar, sino la tapera á la sombra 
del ombú, amigo de sus mocedades y alegrías. Qué tristes 
eran aquellas señales de poblaciones arruinadas, de las 

m 

cuales solo quedaba la tapera y el ombú. . . . 

Se decia que era malo el gaucho de aquellas campañas, 
que era pendenciero y montonero por hábito, por tradición 
y por amor. Mientras tanto, era un desgraciado despojado 
de todas las garantías que hacen posible la vida estable, 
por el respeto del hogar y de la propiedad. Ese gaucho 
no podia ser nada, ah 1 tal vez deseaba vengarse de los que 
lo condenaban á no tener hogar ni propiedad. Guando lo 
arruinaba todo la guerra civil, él quizá hubiera querido 
arrasar lo poco que quedó en pié. la familia de los otros, 
la propiedad ageua! 

Pues bien, apenas el orden constitucional comenzó á dar 
sus frutos, se vio un aumento rápido en el valor de la 
propiedad territorial. 

La vieja villa se apresuró á tomar el rango de ciudad • 
y del interior, del litoral y del extranjero, afluían poblado- 
res. Se improvisaban aasas y negocios, y el milagro de San 
Francisco de California, se reproducía en escala modesta, en 
presencia del pueblo regenerado por la esperanza de radi- 
car el imperio de la Constitución sancionada en Santa-Fé 
en 1853. 

A'|uella ciudad fué creciendo. Los eriales vecinos se 



230 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

convirtieron en quintas y los especuladores en tierras 
hacían fortuna^ hasta que el exceso de la especulación 
de tierras, que no daban renta, paríilizó el negocio y causó 
la ruina de no pocos Para crear allí un mercado comer- 
cial se hicieron grandes esfuerzos. 

El .primer ensayo de transportes, regular y periódico, fué 
la empresa de las Mensageriis de Fillol y Gordillo, que 
puso en contacto el norte y el oeste de las provincias. 

La administración central de correos, establecida en el 
Paraná, aunque dirigida por el modesto don Benito del 
Puesto, comenzó á ordenar la expedición de la corresponden- 
cia. Las oficinas del Rosirio y Córdoba se hicieron im- 
portantes. 

Parecia que el pais entero se desperez.iba de una larga 
siesta y entraba de lleno y 'íon brios en los nuevos caminos 
de la civilización. Mostró tener conciencia de sus esfuerzos 
y capacidad para realizar el bien, para trabajar y producir. 

La ciudad del Rosario creció robusta y fuerte. Pero 
como habia faltado experiencia administrativa municipal, 
trazaron calles estrechas relativamente, y pocas plazas, en 
una ciudad cu3^a planta* pudo ser modelo de higiene, de 
belleza y comodidad. 

Con todos los defectos de su origen improvisado y eos- 
mopolita, la ciudad del Rosario se hizo un centro comercial 
importante. La aduana fué la primera después de la de 
Buenos Aires. Durante la primera presidencia constitución 
nal del general Urquiza, se contrató el trazo y estudios del 
ferro-carril central de Córdoba, pero las prórog/isse fueron 
sucediendo, hasta que se construyó durante la presidencia 
del general Mitre. 

La primera colonia de Santa-Fó se llcunó La Espe^ 



TREINTA A Sos ANTES 231 

ranza^ planteada por don Aaron Castellanos, la que fuá ex- 
propiada por el gobierno del Paraná para atenderla con 
mayores recursos. Esa colonia, ciudad rica y floreciente 
hoy, fué el primer paso en la ancha via de poblar el pais por 
la inmigración. 

Ahora mismo, la inauguricion de la pi:imera sección 
hasta Candelaria, de la ferro-via del Oeste Santafecino, es 
la mas evidente prueba de lo que ha crecido la población 
y de cuanto ha aumentado la riqueza. 

Don Carlos Casado, cuya actividad justifica su fortuna, 
actuil empresario de la construcción de esa nueva via 
férrea, es un ejemplo de lo que puede la inteligencia bien 
dirigida. En catorce meses ha construido 75 kilómetros 
de ferro-via, cuando ni aun estaban hechos los estudios de 
la traza. Esta actividad es digna de un pueblo viril, que 
llama, atrae y funde en su sociabilidad, los ricos ele- 
mentos que están ayudando á la gran transformación 
económica. 

Durante este breve tiempo, empresarios, ingenieros y 
personal ocupado en la construcción de esta via, han hecho 
verdadoios prodigios. ' A tal extremo se llevó esta acti- 
vidad, que se construyó un kilómetro por dia, en los últi- 
mos tiempos. 

Compárese este esfuerzo titánico con la vida y con 
los elementos de hace treinta aiíos ! Entonces hubiera sido 
un desvario predecir que habia de presenciarse este gran 
desarrollo industrial, esa lucha triunfante de la inteligencia 
con la naturaleza j el dominio del desierto por las ferro- 
vías y la población agrícola haciendo maravillas en las 
leguas y leguas sembradas de cereales. 

Asi, pues, en esas colonias se ha hecho posible beber 



232 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

vino, buen vino europeo y no el horrible vinagrillo de hace 
treinta años. Todos los géneros, mercancias y produc- 
ciones europeas se consumen en aquellas poblaciones, 
cuyos pobladores, enriquecidos muchos y en la holganza 
burguesa todos, hace posibles satisfacer los gustos y con- 
sumir lo que se produce fuera. 

El desierto salvaje va desapareciendo ante esta ola huma- 
na que avanza sin cesar, lo ocupa y lo transforma. 

Aquí se oyen las lenguas extranjeras : el alemán, el 
francés, el italiano, y el gaucho inteligente, nacido ya en 
aquel médium y en contacto diario con los nuevos po- 
bladores, habla aquellas lenguas, tiene los gustos y ios usos 
que ha aprendido por el ejemplo, y se mezcla por el matri- 
monio á las familias extrangeras. Es una época de transi- 
ción. Todo marcha con vertiginosa celeridad y cada cual 
quiere apropiarse la tierra para cultivarla. 

El teniente general Roca, que no conoció el pais de 
ahora treinta años, porque es muy joven, pero que se edu- 
có en el colegio del Uruguay, es decir, al calor de las 
instituciones federales, desembarcaba en el Rosario con un 
séquito de ciento y cincuenta personas para la inaugura- 
cion de la ferro-via del oeste santnfecinoj él vé como 
marcha el p lis bajo el impulso de su administración. El 
general Victorica que ha sido testigo ocular de esia gran 
evolución en treinta años, podría decirle en presencia de 
este movimiento extraordinario, cual fué el modesto punto 
de partida. El gozaba, como t mtos otros de su tiempo, 
porque han sido factores del progreso actual, contribuyendo 
¿radicar la Constitución de 1853, reformada ligeramente 
después y todavía vigente. 

El presidente desembarcó en el muelle, pi'imer hecho 



TRÜINTA AÑOS ANTES 233 

tangible de que el país babia entrado en las vías de 
la vida moderna, facilitando el eaibarque y desembarque, 
el tráfico. Antes, no se conocía la obra del hombre, no 
habia muelles, y la naturaleza inculta era la que brindaba, 
por el dulce clima y la feracidad, á los trabajadores del 
mundo entero, acogiéndoles como hermanos. 

El domingo inmediato todas las calles de la ciudad del 
Rosario, y sobre todo las del sud este, en las inmediacio- 
nes de la esticion de la nueva ferro-vía, ofrecían un her- 
mosísimo espectáculo. El gentío era inmenso, la estación 
estíiba embanderada, y el tren con s .s seis wagones de 
primera y ocho descubiertos, todos adornados con banderas 
esperaba la señal para partir. 

Partió al fin / llegó á Villa Casilda, allí tuvo lugar la 
ceremonia oficial, y los que hemos asistido á esta fiesta no 
la olvidaremos nunca. En ese sitio, hace poco, dominio 
del indio, se habia improvisado un galpoh y en tres mesas, 
paralelas, se sent iban los convidados, para celebrar este 
triunfo de la civilización sobre el atraso. 

Tuve el placer de estrechar la mano de viejos amigos, y 
de beber con el general Victorica, que se hallaba satisfe- 
cho y entusiasmado. 

El presidente Roca que ha sabido convertir sus prome- 
sas en hechos, hizo presente que pronto la ciudad del 
Rosario contaría con los muelles necesarios para n cesi- 
dades de su antiguo comercio. 

Pero no es solo bajo el aspecto material que me com- 
plazco en reconocer la transformación que han sufrido las 
provincias — su desarrollo intelectual ha seguido los mis- 
mos rumbos. 
Como una prueba, y concretándome en este momento 



234 NUEVA. RblVISTA DBS BUENOS AIRES 

á la ciudad del Rosario, recuerdo los Juegos Florales^ en 
esas fiestas. 

Espléndido espectáculo fué aquel. La simpática señorita 
Casilda Casado mereció ser elegida reina del torneo in- 
cruento, y colocada bajo el rojo docel, entregó la simbó- 
lica rosa al vencedor en la lid, el joven salteuo don Joaquín 
Castellanos. No tengo espacio para dar noticia de todas 
las composiciones premiadas j pero recuerdo el hecho, 
porque él prueba que se cultivan y se honran las bellas 
letras. 

Mientras esta fiesta pacífica y honrosa tenia lugar, el 
presidente y el general Victorica seguian vi'age, el primero 
hacia Tucuman y el segundo para quedarse en la Villa 
Maria y tomar la lerro-via del Andino hsesta Rio IV, donde 
debia asistir á la inauguración de la fábrica de pólvora. 

Esta fábrica construida bajo la dirección del ingeniero 
Garulla, está montada con todos los perfeccionamientos de 
la ciencia: la maquinaria y todos los aparatos han sido 
expresamente construidos para este establecimiento, toman- 
do como modelo la fábrica real dq Inglaterra. 

El ingeniero Garulla, dijo en aquel acto : 

• Ruego H DioH que los productoi de esta fábrica, sirvan siempre para 
el fomento de nnestra industria, para dar fuerza á los armas del ejército 
contra la barbarie j para el sostenimiento del honor nacional. » 

El general Victorica ha dicho : 

« .... Se acaba de recordar que en estos lagares donde ha sido 
dado fundar el primer establecimiento militar digno del progreso que 
ha alcanzado la República, era ayer no mas, cruzado por el salvage 
que iba á amenazar con su chusa nuestras poblaciones empobrecidas y 
amedrentadas ....<» 

Todos atestiguan este progreso, y queda asi bien estable- 
cido que, solo bajo el régimen constitucional los pueblos se 



TREINTA. AÑOS ANTES 235 

enriquecen, porque el trabajo no es posible donde no hay 
garantías civiles y políticas. 

Yo asistía extasiado á tales fiestas; me mezclaba entre 
la concurrencia en virtud de la amable invitación del 
señon Casado: me creia transpórtalo á otra región, cuando 
por un esfuerzo de mi memoria reproducia lo que era el 
Rosario hace treinta años, lo que eran las campáñis de 
Santa-Fé y Córdoba. Hubiera querido tener una voz 
estentórea para decir á aquella multitud, de donde había 
partido al entrar bajo el régimen de la constítucion nacio- 
nal, y á donde podrá irse treinta años mas tarde. 

La Pampa ha perdido su agreste soledad : las poblaciones 
se escalonan á los costados del gran central ; y las ferro- 
vias que ponen en comunicación las provincias entre sí 
y el litoral, es decir, el exterior, han impreso un movimiento 

relativamente activísimo en las transacciones comerciales, 

* 

creando nuevas fuentes de riqueza, desenvolviendo los gér- 
menes que existían en embrión hace treinta años, como los 
ingenios de azúcar. 

Los viñedos se aumentan en las provincias al pié de los 
Andes, y los vinos de Cordero empiezan á llevarse al lito- 
ral. Esto es todavia embrionario, necesitan mayores ele- 
mentos, grandes bodegas y vino estacionado. 

Se vé, sin esfuerzo alguno, como el pais ganadero se 
transforma en agrícola. Tucuman lo es ya. Santíago lo 
seria, en ciertos departamentos,; si tuviera agua y riego. 
Salta hace la misma evolución. Nada digo de Cuyo, que lo 
fué siempre. 

La íerro-via del norte se prolonga, pero error grave 
fuera no ligar á la ciudad del valle de Lerma con esta 
arteria poderosa; llegará á Jujuy, y cuando toque el límite 



236 NUEVA REYI^fA DE BUENOS AIRES 

de Bolivia se habrá hecho ana obrH de consolidación mate- 
* rial, de unidad y centralización de fuerzas. 

De manera que, no son únicamente las mejoras reaü- 
zadas, los beneficios que reducidos á números muestran 
como ha progresado el pais, sino mas todavía, que se 
hace cuanto esfuerzo es humanamente posible pr.ra dar 
mayor vigor á este progreso. Es una elaboración ciclópea, 
digna de un gobierno previs(jr y de un pueblo viril, que 
ha terminado la evolución de sus luchas internas, y ahora 
ha emprendido con el mismo fuego la lucha por el trabgo. 

Treinta años han bastado para dar otra vida á toda la 
nación. 

La conquista de la Patagonix para el trabajo, la desapa- 
rición del indio* como elemento de barbarie, es un hecho 
culminantísimo en los anales argentinos. La futura cam- 
pfina al Chaco y el sometimiento de las indiadas que 
allí habitan, coronará los grandes trabajos para dar á la 
nación una vida vigorosa y digna de su destino. 

Para encontrarse satisfecho por la marcha realizada en 
las escabrosas sendas de la vida de un pueblo, es necesario 
recordar el punto de partida, y comparar el pasado y la 
actualidad. La juventud que ha nacido b£go la Constitu- 
ción-nacional, no se da cuenta de lo que se ha andado, 
y olvida que los grandes lineamientos de las montañas 
carecen de grandiosidad si falta la perspectiva. Allí y 
aquí, y mas allá y acullá, se estravian á veces en las renci- 
llas envidiosas, calumniando hombres y cosas^ ora por 
interés de bando, ora por antipatías personales y olvidan que 
la armonía del conjunto es la que forma la patria, que 
DO es grande jamás para los calumniadores. 

Córdoba 7 uoviembie do 1888. VÍCTOR CALVEZ. 



I 



EL DOMINIO TERRITOBIU 



■M Lá 



AMÉRICA I.ATINA 

(X8TUDI08 DB DBRKCHO INTERNACIONAL I.aTINO-AMISRICAKO ) (1) 

{Concluítion] 

Es muy sabido que tratándose de las fronteras interna- 
cionaleS; el derecho de ocupación no puede invocarse cuando 
hay límites arciñnios reconocidos. 

Numerosos tratadistas de derecho internacional sostienen 
que las fronteras arciflnias son la mejor garantía para la 
independencia de las naciones vecinas, y de aquí la conve- 
niencia de rectíficarlas, cuando sea posible, utilizando los 
limites naturales ; y así fué también estatuido en el Congre- 
80 de plenipotenciarios americanos en 1856. 

« Lo qne la nataraleasa ha hecho no debe ser contrariado por los hom- 
brea. Las montaRao dividen dos pueblos, j los dividirán á pesar de las 
convenciones, de las anexiones, de los tratados. > 

Esta doctrina ha tenido completa sanción en las resolu- 
ciones del Congreso de Berlin, que ha modificado la geogra- 
fia política de la Europa, y repito, fué sancion¿ida en el Gon- 



(i) Véase «nubva revista» en este mismo tomo, p. 8 á 89. 



238 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

greso de plenipotenciarios ya citado, reunido en Lima ; pero • 
la rectificación de fronteras es materia de tratados y nego- 
ciaciones. 

En el presente caso no se trata de indagar ouál es la 
mejor frontera, si no simple y sencillamente cuál fué la que 
señaló el rey, y cuál es, sobre' todo, el uti possidetis de 
derecho del año diez, que tiene providencialmente como 
base fronteras arciflnias. 

Si se desconocen las resoluciones del Rey que deslinda- 
ron esasgobernaciones, si no fuese posible tomar como base 
para el deslinde, ni la creación del Vireirato en 1776, ni lo 
resuelto por el virey del Perú y aprobado por el rey para 

la emancipación de la Capitania General de Chile de su go- 

« 

bierno de Lima, en 1783 — ¿ cuál seria el medio de arribar 
á una solución ? Supóngase que no estuviese estipulado por 
el tratado de 1856, que ambas partes contratantes recono- 
cen como sus respectivos límites el hecho posesorio del año 
de 1810; entonces en vez de e.«ta base cuyo fundamento es el 
simple hecho posesorio, seria'preciso recurrir al título, al 
derecho. ' 

En esta situación sumamente hipotética ¿cuál seria el 
criterio jurídico ? Si se tomara por fundamento originario 
las capitulaciones celebradas por el descubrimiento y con- 
quista del Rio de la Plata y Chile, y se pretendiese todavía 
que esos contratos contenian obligaciones inmutables, juz- 
gando sus disposiciones con independencia de las circuns- 
tancias que esplican su origen y duración, tales capitulacio- 
nes equivaldrían á una abdicación parcial, á una verdadera 
minutis majestatis del poder soberano del rey que las firmó, 
lo cual es hist' ricamente falso y contrario al texto mismo 
de esos contratos. 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO-AMERICANO 239 

En esta serie de hipótesis imposibles por absurdas, se 
vendría á este resultado:— á comparar los títulos primitivos 
de las concesiones ó capitulaciones para el descubrimiento 
y conquistado arabos países, y aun en este terreno hipoté- 
tico, se tendria que, la República Argentina tendría el de- 
recho perfecto de reclamar la ostensión territorial de dos- 
cientas leguas de costa sobre el océano Pacífico concedidas 
á Mendoza y luego espresamente ratificada la concesión en 
las capitulaciones celebradas con Ortiz de Zarate, cumpli- 
das por él y su sucesor don Alonso de Vera y Aragón, como 
fué judicialmente resuelto en pleito contencioso. 

Chile á su turno, haría valer la ampliación de la conce- 
sión hecha á Valdivia, las ciento setenta leguas de costa 
hacia el Cabo de Hornos, con cien de ancho, de manera que 
pretendería el derecho de propiedad á las trescientas se- 
tenta leguas con la anchura ya recordada. En esta hipó- 
pótesis resultaría: V que parte de las provincias de Tucu- 
man, Yuries y Diaguitas estarían comprendidas dentro de 
la referida área, mientras tanto Felipe II las desmembró por 
su voluntad soberana del gobierno de Chile en 15(»3: ^° que 
la dilatada provincia de Cuyo hasta el Estrecho, que fué 
separada de la goternacion de Chile en 1776, quedaría den- 
tro de la misma área ; y la simple enumeración de estos 
dos hechos, mostraría que la hipótesis conduce al absurdo, 
y no es ni puede ser base racional de una discusión diplo- 
mática, ni aun de una mera disputa de escolásticos. 

Por consiguiente, no es posible de sostener la vigencia de 
tales capitulaciones, cuya inateria de contrato, es decir, el 
territorio, ha sido después dividido y subdivídido por el rey, 
en ejercicio del dominio eminente y del imperio. Mas aun, 
esas mismas capitulaciones ó contratos para la conquista de 



240 NCEVA REVISTA DE BÜKÍÍOS A TRES 

Chile, conteniaii unacláusala condicional y limitativa, co- 
mo consta en la ampliación que el rey concedió á favor de 
Alderete, á saber— « que no fuese en perjuicio de los límites 
de otras gobernaciones. > Tal perjuicio es innegable, y fá- 
cil es su demostración. Li gobernación del Rio de la Plata 
comprendía desde este rio hasta el mar del Sur y doscientas 
leguas de gobernación en las costas de este mar. De ma- 
nera que resultaria en este caso, hablo siempre en hipóte- 
sis, que la gobernación de Mendoza y por tanto, la de Ortiz 
de Zarate, que no tiene cláusula limitativa ni condicional, 
sino la de respetar las concesiones de Silva y Serpa, tendría 
que ser primeramente integrada de las dos grandes áreas 
que contiene el contrato ó capitulación, es decir, de todo el 
Rio de la Plata, mas las doscientas leguas de costa sobre el 
mar del Sur. Como el contrato es anterior á la ampliación 
hecha á favor de Alderete, y como ese contrato ó capitula- 
ción fué revalidado por una serie de otros hasta el celebra- 
do y cumplido por Ortiz de Zarate, después de la fundación 
de la ciudad de Buenos Aires, que es el acto público de la 
posesión civil y simbólica de todas las tierras concedidas de 
este lado de has- Cordilleras, es innegable su derecho prefe- 
rente para ser integrado de ambas áreas territoriales. Pero 
el contrato entre Ortiz de Zarate y la corona tenia tér- 
mino, y sobre todo— ¿quién representa, y en virtud deque 
título legal, los derechos que pudieran tener los herederos 
de Ortiz de Zarate ? ¿ Quién representa la herencia de Al- 
derete, cuál es el título hereditario que se quiere hacer 

valer ? 

Esos contratos ó capitulaciones no podrían en ningún ca- 
so servir de título de dominio. Los Estíidos hispano-ame- 
ricmos sostienen que han sucedido en los derechos y obli- 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO- AMBRICA.KO 24 1 

gaciones del rey de España, después de la emancipación ; 
y si aquellas capitulaciones imponían obligaciones á la co- 
rona, las repúblicas contrajeron el deber de cumplirlas No 
pueden, pues, invocar derecho en contra del soberano, en 
cuyos derechos han sucedido, porque nadie se reclama á sí 
mismo su propiedad, luego seria preciso que un heredero ó 
sucesor de Alderete ú Ortiz de Zarate reclamase de Chile ó 
de la República Argentina la propiedad territorial que por 
aquellos contratos pudiera corresponderles, y como el rey 
no sufrió minuíts majestatis resulta en pleno vigor el do- 
minio eminente y el imperio, y es claro que seria entonces 
cuestión de propiedad privada, y nada mas. 

Es, pues, absurdo invocar por uno ú otro gobierno un 
fundamento legal de su derecho á contratos 6 capitulaciones 

que concedian acciones civiles á los herederos de los con- 
» 

tratantes, en cuyos derechos privados no pueden suceder 
ni Chile ni la República Argentina, que por el contrario, 
sostienen haber sucedido en los derechos del gobierno 
español, 63 decir, del otro obligado civilmente en los ante 
dichos contratos. De manera que, los derechos que se 
basan en tales capitulaciones son derechos privados, y 
mientras no se pruebe la personería de quien intente 
hacerlos valer, no pueden racionalmente ser invocados, 
alebrados, ni discutidos. 

Por otra parte, esas capitulaciones ó contratos solo con- 
ferían el gobierno territorial por dos ó tres generaciones, 
vencido cuyo término, el rey como señor y soberano de 
los mismos terriotorios pedia nombrar para gobernarlos á 
quien mejor viere convenirle ; y por lo mismo, podia. am- 
pliar, dividir ó desmenbrar el distrito gubernativo de dichas 
gobernaciones. Así lo hizo en efecto, y lo hizo con sólidos 



242 NUBVA REVISTA DB BUBNOS AIRES 

fundamentos, obedeciendo al derecho histórico y geográ- 
fico, á la necesidad y conveniencia de los habitantes y á 
los intereses permanentes de la corona. Nada ni nadie 
podia impedir que señalase como límite divisorio entre Chile 
y el Rio de la Plata, la Cordillera de los Andes, y que las 
costas marítimas patagónicas hasta el Cabo de Hornos fue- 
sen comprendidas en el distrito gubernativo del Rio de la 
Plata, como las del mar Pacífico lo fuesen de la Capitania 
General de Chile hasta encontrar el territorio del Perú, 
i Quién puede negar al rey el derecho de hacer estas de- 
marcaciones? ¿Qué título se invoca contra las espresas 
resoluciones de S. M.? ¿Quién puede reveerlas y anu- 
larlas ? 

Claro es que si esas demarcaciones perjudicasen los de- 
rechos que pudieran haberse adquirido por las capitula- 
ciones para el descubrimiento del Rio de la Plata y Chile, 
la acción para pedir justicia, es una acción civil, cuyo ejer- 
cicio requiere la prueba legal de la personeria de quien 
intenta ejercerla ¿Contra quien podia deducirse esa ac- 
ción ? Contra el rey de España ó su gobierno que hizo 
las demarcaciones, que se supone violatorias de derechos 
que él concedió á aquellos que celebraron contratos para 
la conquista. Como los nuevos Estados hispano-america- 
nos han sucedido en los derechos y obligaciones del rey, 
sería contra estos que debería ejercerse la referida acción 
civil. ¿A quien corresponde ese ejercicio? Al sucesor 
universal ó particular del contratante, y en este carácter, ni 
Chile ni la República Argentina podrían racionalmente in- 
vocar semejante título. Luego, pues, es absurdo discutir 
bajo la base de la ubicación de los territorios comprendidos 
en dichas capitulaciones; tal discusión no es pertinente, 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO-AMERICANO 843 

porque no conduce á ningún fin práctico ; mis aun, se dis- 
cute entre los que no tienen tirulo legal para ejercer acción 
alguna, aun en la hipótesis que alguna hubiera, que no 
estuviese ya extinguida y prescripta. 

Si esas indagaciones históricas solo tienen por objeto 
estudiar el des¿\rrollo de las poblaciones y las modifica- 
ciones administrativas y comerciales para robustecer el 
derecho y esplicar el uti possídetis del año diez^ induda- 
blemente que facilitan las soluciones tranquilas, porque 
sirven de comentario al derecho histórico y geográfico, 
que ha resuelto los problemas gubernativos hispano-ame- 
ricanos basándose en la geografía del territorio y en el 
progreso de los pueblos. El derecho á que me refiero no 
es precisamente la ley escrita, los teoremas y párrafos de 
los textos, sino el derecho necesario, histórico, esencial- 
mente progresivo, cuya legitimidad se funda en la natu- 
raleza de las cosas y recibe la sanción de reales cédulas, 
órdenes y mandatos del rey y sus ministros. Está en la 
conciencia de todos que es necesario buscar la manifesta- 
ción poderosa de este derecho, cuya sanción principal y 
definitiva se encuentra en la organización geográfica de 
los vireinatos y capitanías generales, y no en la retrógrada 
pretensión de la inmutabilidad de las demarcaciones para el 
descubrimiento y conquisti de América. 

Pero si en vez de ese objetivo, se discute la ubicación de 
aquellas áreas; y se pretende movilizar los deslindes, des- 
atendiendo el desenvolvimiento natural y necesario de las 
poblaciones durante siglos, es evidente que solo sirve para 
oscurecer la cuestión, para enredarla y para fomentar y 
promulgar un debate enojoso é ineficaz. La única cuestión 
en tela de juicio, la que debe exclusivamente debatirse, es el 



24 i NUBVA REVISTA DB BUENOS AIRB8 

hecho de la posesión, el tUi possidetis de derecho del año 
diezj regla jurídica del derecho público americano, estable- 
cida en los Congresos de sus plenipotenciarios, en los trata- 
dos parciales de los Estados de este continente, y por último, 
en los tratados de 1826 y 1856 celebrados entre la Repúbli- 
ca Argentina y Chile. 

A los políticos honrados y á los juristas corresponde ilus« 
trar, aclarar y definir estas cuestiones, para encontrar una 
solución racional. 

Por eso se explica el enojo del señor Vicuña Makenna 
contra los jurisconsultos y los abogados, porque instintiva- 
mente presiente que estos colocarian la cuestión en el ver- 
dadero terreno legal, y por eso también su propaganda de 
que la Patagonia es res nnllius. La charlatanería callejera 
al ser\icio de las turbas, mendigando popularidad por 
medio de la política sentimental, esa es la malhadada 
historia de este extraviado debate diplomático. 

Por las brevísimas observaciones jurídicas que he hecho, 
creo haber demostrado el abuso á que conduce la discusión 
de las capitulaciones, la manera de ubicar las áreas, los títu- 
los de los gobernadores y adelantados del tiempo del descu- 
brimiento, puesto que todo ello, no es aplicable al punto que 
debe discutirse, á la prueba de la posesión civil en 1810. 

Este es, pues, el terreno firme en que debe colocarse el 
debate, con buena íé, sin pasión, con toda la amistosa defe- 
rencia posible, cuando solo se trata de probar un hecho. 

El principio del uti possidetis del año diez tiene un origen 
antiguo en el derecho público americano. 

« Una de las cueBtiones mus importantes de que el Congreso de 
Panamá ttivo que ocuparse, dice don Carlos Calvo, era la de la sobe- 
ranía de los territorios del nueVo continente. E^tos territorios podian 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO -AMERICANO 245 

ser objeto de nuevas colonizacioDes por parte de los Estados europeos ? 
El hecho de no estir aún ocupados ó de constituir un primer desca- 
brímíento bastará para justiñcar la toma de posesión ? 

« Las Repdblicas de la América del Snd comprendieron inmediata- 
mente la ventaja de unir su causa ó la de los Estados Unidos de la 
América del Norte, y de confundir en esle punto en una sola política' 
esterior todo el Nuevo Mundo. Adoptaron pues, pura y simplemente 
la doctrina de Monroe, pusieron así la cuestión de derecho como pi 
ella estuviese ya resuelta en principio, y se limitaron en consocuencia á 
discutir los medios con ayuda de los cuales se podría, de acuerdo con 
los' Estados Unidos, llegar á hacer efpctiv-i la declaración presidencial 
del 2 de diciembre de 1823. » 

El Congreso de Panamá se reunió en 1826^ en el que 
estuvieron representadas las Repúblicas de Colombia, Mé- 
xico, Guatemala y el Perú, cuyos representantes sostuvie- 
ron que era preciso ponerse de acuerdo con los Estados 
Unidos del Norte, para declaiar que no se consentirian 
nuevas conquistas. 

«La soberanía esclusiva, dice el doctor Bermejo, de las naciones emau« 
cipadas en el continente umcricano, quedó entonces reconocida por el 
derecho público, como lo hHbia silo yá por el ministro Adams, por Clay 
y el publicista Madison. > 

Muchas veces los Estados Unidos han sostenido la doc- 
trina Monroe, y especi tímente con motivo de la cuestión de 
límites del Oregon y de la anexión de Tej'^s. El presidente 
Polk en los mensajes que dirijió al Congreso de Washing- 
ton, espresó que á su juicio en la situación era preciso dar 
nueva fuerza á aquella doctrina, y propuso que como esta- 
ban dispuestos á respetar los dt^rechos de las naciones 
europeas, se hiciese entender en todas partes que no permi- 
tirían ninguna nueva colonia europea en el continente de la 
América del Norte. 

El Estido de Yucatán en 1848 solicitó la intervención 



246 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

del gobierno de los Estados Unidos, por cuanto no habia 
podido do iñar la sublevación general de los indios del 
interior, y habia en vano pedido protección á la España y 
á la Inglaterra, ofreciendo en cambio de li protección soli- 
citada, trasferirle la jurisdicción y soberania de la penín- 
sula. Se acordó la intervención, aun cuando no tuvo efec- 
to, precisamente para impedir que una nación europea lo 
hiciera. Con este motivo quedó establecido, según don 
Carlos Calvo : 

< l'^ Que el bistema colonial europeo es innplicable á la nueva situación 
de la América, porque todas las partes d( 1 continente americano están 
habitadas por naciones civilizedus, que tienen respecto de su soberania 
ó independencia por otro, absolulameuteel mismo título que las nació- 
ne^ii europeas ; 

« 2^' Que his cuestiones de limites entre los antiguos establecimientos 
europeos y los nuevos Estados americanos no pueden ser resueltas sino 
según los principios generales del derecho internacional ; 

« 80 Que el hecho de primera ocupación ó de primera exploración no 
crea mas hoy derecho soberano sobre los territorios americanos, cuja 
posesión de derecho no podria resultar en lo porvenir sino de un tratado 
ó de una guerra. Bajo este último punto de visto, puede decirse que 
el derecho público de América es el mismo que el de la Kuropa y reposa 
exactamente sobre las mismas basee. (1} 

El presidente Montt de Chile, ha dicho : 

« Las demarcaciones antiguas de los vireyr.atos que deben servirnos 
de regla hnn de comprobarse en cuanto es posible por manifestaciones 
auténticas de la voluntad soberana. » 

El gobierno argentino en las instrucciones dadas en 1824, 
al ministro que envió á los Estados Unidos, le recomendaba 
hiciese que la doctrina de Monroe fuese ampliada, por este 



(1¡ Le droU international tJUoviqne et practique^ ya citado, edlc. 
de 1880. 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO -AMERICANO 2 Í7 

otro principio: ninguno de los gobiernos nuevos en este 
continente^ mude por violencia sus límites reconocidos al 
tiempo de la emancipación. Y este principio fué espresa- 
mente establecido en el tratado celebrado entre la República 
Argentina y Chile, en 20 de noviembre de 1826. 

i Cuál es el origen de la soberania y dominio de las nacio- 
nes descubridor, s y colonizadoras en América ? El señor 

don Carlos Calvo manifiesta que no solo reposa en las 
decisiones de la Santa Sede y en los preceptos del derecho 
canónico — 

« 8¡nó que tenia aún otro fundamento, el del descubrimiento, que la 
niisnm España mas de una vez ha invocHdo en apoyo de sus derechos 
sobre Us territorÍDS cuyos atrevidos nayegítntos llegaron á tomar pose* 
sion. Era difícil que la Francia, la Inglaterra y la Holanda, dominadas 
por el deseo de crearse un dominio colonial y abrir nuevos mercados k 
su comercio, no se prevaliesen de loe mismos principios, y es por ello 
que se les ha visto estallaren guerras sangrientas marítimas qtie han 
durado casi todo el siglo XVII y una parte del XVIIL t 

El mismo publicista recuerda varios hechos históricos. 

Entre la España y la Inglaterra ocurrió un comflicto á 
fines del último siglo con motivo de la ocupación del paso 
de Nootka-Sound. Fundándose sobre !a proiridad del des- 
cubrimiento y sobre una larga posesión sancionada en 
1713 por el tratado de Utrech, la España reclamaba la 
costa oriental de la isla Vancouvert, reivindicaba la sobe- 
rania esclusiva de la costa nor-oeste de la América hasta 
e! Estrecho del Príncipe Guillermo. La Inglaterra á su 
turno sostenia que la tierra pertenocia al primer ocupante, 
que según sus necesidades puede ocupar esta ó aquella 
parte no poseída realmente. 

Ambas naciones convinieron al fin: 



248 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

« 1® que lii Dnvfgacioii j la pesca seriíi permitiJa á los inglesf^S) coa 

prohibición <i\e hacer ilícito com«»riio con Ihs colonias pppnñolus : 2® que 
el derecho de navegncinn y pe/ica se ejercería á distancia cuando menos 
de diez leguas nn^ximas de las cobtns ocupadas- por la corona de Castilla: 
3" que habria reciprocidad de comercio entre las colorías españolas é 
iugleáed sobre la costa uor-oeste de la Ainérica, des le 1789: 4<* qup eu 
los mismos parajt-s uo podrían fundarse nuov.-is colonias. (1). 

De manera que se reconocía conno título de dominio el del 
descubrimiento, y no se exigíala posesión efectiva. 

Gonflitos no menos graves refiere el mismo publicista, sur- 
gieron entre la Rusia y los Est idos Unidos desde 1821 á 
1825. El gobierno del Czar dictó un ukase en setiembre 
de 182i proclamando su soberanía esclusiva sobre toda la 
costa nor-oeste de América desde el Estrecho de Behraig 
hasta el 54* do latitud, sobre todo el grupo de los Aliocienes, 
sobre el lado oriental de Siberia y sobre los Kuriles desde 
el cabo sud hasta el 15^ 51 m. latitud norte. Imvocaba como 
título la prioridad en el descubrimiento y la posesión semi 
secular, posesión civil bien entendida ; por cuya r ^zon pro- 
hibía la pesca y la navegación en esa zona, y declaraba 
que los m tres que bañan las posesiones de la Rusia en Áfri- 
ca y América debían considerarse 3omo cerrados. 

Estas resoluciones perjudicaban á las naciones maríti- 
mas y comerciales como la Gran Bretaña y los Estados 
Unidos, y en consecuencia el gabinete de Washington, en 
una nota célebre, dice el señor Calvo, declaró que desd^ Cj 
dia que los Estados Unidos se constituyeron en nación in- 
dependiente, sus naves habían navegado libremente en los 



(1) Le droit intcrnatio7ial théorique et pracfiq'ie* por Carlos Calvo 
edic. de 1876 — Ue citado las dos ediciones, y por eso cuido de fijar U 
ftfcha^sr-gun ss ri íif ra ú una ó áotia, 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO-AMERICANO 249 

mares que ahora se pretendía cerrarles, y que sus natura- 
les tenían el derecho de comerciar con los indígenas que 
habitan esas costas. En la misma nota se hacia sentir 
que la Rusia no tenia ningún título válido á la posesión de 
his tierras americanas situadas mas alia del 55", límite de 
los descubrimientos hechos en 1799, lo que era opuesto á 
todos los principios y á la sana razón pretender cerrar 
aquellos mares, que entre los dos continentes teuian una 
anchura de 4,000 millas. 
Esta discusión terminó en 1824 por una convención es- 

■ 

pecial, en la cual se estipulaba que los subditos de ambas 
naciones podian navegar en toda la ostensión del Océano 
Pacífico : los Estados Unidos se bbligaron á no fundar nue- 
vos establecimientos al norte del 54° 40' de latitud, ni en 

« 

zona comprendida en medio de esta linea, pudiendo dur¿inte 
diez años pescar y navegar libremente los subditos de una 
ó de otra nación. 

En 1825 la cuestión entre la Gran Bretaña y la Rusia 
terminó por la celebración de un tratado de límites. Con- 
viene recordar que en la totalidad de los territorios no habia 
posesión efectiva; era mera posesión civil fundada en es 
título del descubrimiento. 

El señor Calvo en su importante obra, tan necesaria 
como útil, que me complazco en citar siempre y cuyal 
doctrinas son respetadas en el mundo europeo y americano» 
dice: 

« Apropóaito de la cuestión del titulo de una uacíon al dominio 
soberano de un territorio, debemos mencionar aun una discusión muj 
importante: la que tuvo lugar entre la Inglaterra y los Bstados Unidos 
con motÍTO del Oregon : los Estados Uoidos reclamaban la poaesioo de 
este territorio fundándose sobre '— 

TOMO IX 17 



250 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

,« 1<* prioridad en el descubrimiento y posesión ; 

M 2^ La adquisición per el tratado de 1819 de todos los títulos que el 
descubrimiento de este territorio por subditos españoles, antes que 
ningún otro pueblo hubiese tenido conocimiento, habia conferido á la 
corona de Castilla ; 

u 30 El reconocimiento implícito de los títulos de los Estados Unidos 
á la posesiou del Oregon por el gobierno inglés, con motivo de la 
resiitucion del puente Qeorges BÍtu;ido en la embocadura del rio 
Columbia. » 

El gobierno inglés hacia valer por su parte : 

« 1^ Que el Columbia no hnbia sido descubierto por un americano, sino 
mas bien por el lugnr.teniente Mease de la marina inglesa. 

« 2<> Que las estipulaciones del tratado de 1819 no acordaban A los 
Estados Unidos sino el goce pleno y completo de los derechos que 
pertenecían á la España, es decir, la facultad de establecerse sobre tddos 
los puntos del territorio, de navegar y de pescar en los mares qae los 
rodean, y de comerciar cou los indígenas. 

u 30 Qoe la entrega del puente Georges habia tenido lugar bajo la 
reserva de los derechos soberanos de la Inglaterra sobre el territorio. » 

Esta discusión terminó en 1846 por la demarcación de los 
territorios disputados, teniendo en consideración la posesión 
civil y sin que se hiciese cuestión de la posesión efectiva, 
comprendiendo tierras poseídas por indios é incluidas en 
los territorios de uno ó de otro Estado. 

Resulta, pues, de estos antecedentes, que el descubri- 
miento en América se tiene y considera como título de 
dominio en íavor de la nación descubridora, y desde luego 
en los territorios que hoy son materia de la controversia 
entre la República Argentina y Chile, no h^iy comarcas 
res mdliuSj y que basta la posesión civil, que en este caso 
tiene origen en las divisiones administrativas y políticas 
fjUe el rey de España hizo de sus dominios, para establecer 
el uü possideíis del año diez. Pr¡u::ipi3 reconocido y 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO-AMERICANO 251 

universalmente aceptado por todas las naciones hispancy- 
americaDas, como resulta tanto de las declaraciones hechas 
en los Congresos de plenipotenciarios americanos, como en 
los tratados parciales entre las diversas naciones y eviden- 
temente entre la República Argentina y Chile; por los 
tantas veces citados, celebrados en 1826 y en 185o. 

De manera que, la posesión civil es decisiva, y esta se 
prueba por la demarcion del soberano al crear el Vireinato 
en 1776, y la aprobación de la erección de las Intenden- 
cias de Santiago y Concepción en 1783, base bajo la cual fué 
emancipado el territorio de la Capitania General de Chile de 
la sujeción al virey de Lima; y como por ambas resolu- 
ciones reales se establece la Cordillera como el límite 
arciflnio entre las dos naciones, el uti possidetis de dere- 
cho del año diez queda legalmente comprobado. A lo cual . 
se agrega la posesión efectiva de parte de la costa Patagó- 
nica y de Malvinas en la época de la emancipación. 

Como las naciones americanas han sucedido en los dere- 
chos de dominio y posesión que tenia la España, la contro- 
versia es de fácil solución : la averiguación de un hecho y 
el establecimiento del título legal. 

£1 ministro de Bolivia, señor OlañetH, ha dicho : 

« Inútil fuera recomendar á V. E. que loa Estados A nericanos recono- 
cen en materia de limites, las antiguas demarcaciones de los Yireinatos 
que fundó la metrópoli *. 

Esta es, pues, la verdadera doctrina de derecho público 
americano sobre esta materia, — el reconocimiento de las 
demarcaciones de los vireinatos. Capitanías generales, go- 
bierno-intendencias, y por lo tanto, la implícita desaproba- 
ción de las fatigosas indagaciones sobre las capitulaciones 
ó contratos para el descubrimiento y conquista, porque las 



252 NUEVA. REVISTA DE SUEÑOS AIRES 

gfobernaciones que portales contratos fueron convenidas, 
han sido modificadas. Estas divisiones posteriores son la 
base que los gobiernos de la América Española han reco- 
nocido como regla jurídica para decidir las cuestiones sobre 
límites, las cuales se pueden concretar en el equitativo y 
conciliador principio del uH possidetis de derecho del año 
diez. 

Chile no tuvo otras poblaciones de este lado de ios Andes 
que las que fundó e.i la dilatada Provincia de Cuyo, por 
medio de tenientes gobernadores desde la época de don 
Garcia. No entró tampoco en posesión real de los territo- 
torios de Arauco, poseidos por los indios, y conocida y 
famosamente lúgubre es la historia de la guerra mante- 
nida con aquellos indios. Después, cambió de táctica, la 
. limitó á la guerra defensiva, y luego entró én las relaciones 
amistosas que lo condujeron á celebrar con los indios los 
parlamentos á que me he referido, en todos los cuales re- 
conocieron aquellos presidentes de la Capitania General, 
que la Cordillera era el límite divisorio con el Vireynato. 

De este lado de los Andes, las autoridades de la frontera 
de Mendoza se hicieron famosas en las guerras y explora- 
ciones de los paises del Sur. Don José Francisco de Ami- 
gorena, gobernador de armas de Mendoza, fué un activísi- 
mo cooperador para asegurar la paz con los indios de las 
llanuras lejanas; exploró los territorios en varias espedi- 
ciones, y he referido ya la notable de Esquivel Aldao que 
llegó trescientas y tantas leguas al sur de Mendoza, 
mientras en las costas marítimas patagónicas se hablan 
fundado poblaciones por orden del virey, á cuyo distrito 
gubernativo correspondían, y el procurador síndico del 
Cabildo de Buenos Aires solicitaba se fundasen nuevas 



DBREICHO INTERNACIONAL LATiNO-AMBHICANO 253 

« 

poblaciones en bs tierras interiores patagónicas de la 
piudad y provincia, para asegurar la existencia de las 
establecidas en sus costas marítimas. 

Después que el rey segregó de la Capit mia General de 
Chile la dilatada provincia de Cuyo, ninguna población 
fundó ni trató de fundar de este lado, y el viaje para ex^- 
plorar la ciudad de los Césares, no fué acto de dominio, 
puesto que esas exploraciones se hacian también desde 
Córdoba, y se daba cuenta al gobierno de Buenos Aires ' 
por los mismos exploradoras que salieron de Chile ; y en 
cuanto á viajes y exploraciones, anualmente se hacian en 
las costas marítimas patagónicas hasta el Cabo de Hornos, 
por orden y bajo la jurisdicción de la autoridad de 
Buenos Aires, á cuyo distrito gubernativo y judicial perte- 
necían. • 

Las demarcaciones del Vireynato en 1776, y de la Ca- 
pitanía General de Chile en 1783, son el título y el funda- 
mento del uti possidetis del año diesr^ cuya posesión civil 
ge convirtió en posesión real por los nuevos establecimien- 
tos de la costa marítima patagónica. Es un principio de 
derecho civil y de derecho público, que la posesión pacífica 
adquirida se conserva por la voluntad de su continuación, 
mientras no se pruebe el ánimo contrario, ó se ejecuten 
hechos. que la alteren ó perturben, siempre que haya título 
hábil para poseer, que lo sea pacífica y públicamente. 
Ahora bien, Jas poblaciones de la costa marítima patagóni- 
ca son actos posesorios ejecutados en nombre del virey de 
Buenos Aires, invocando como título hallarse dentro del 
distrito de su gobierno, y esa posesión no fué protestada, 
ni alterada. Se intentó también públicamente fundar un 
puerto de recalada en la Tierra del Fuego, y se enviaron 



254 NüEv\ REVISTA, dh: buenos aires 

allí misioneros, como también se hizo para explorar la 
voluntad de los indios del Estrecho de Magallanes. Cierto 
es que algunos de esos establecimientos fueron abando- 
nados á causa del enorme gasto, pero bien luego el virey 
del Rio de la Plata, el marques de Loreto, recibió órdenes 
de S. M. de mantener y fomentar dichas poblaciones; 
todo lo que prueba el ánimo de sostener la posesión toma- 
da, paia cuyo fin se conservó el gobierno de Malvinas, 
dependiente del virey, con el objeto que anualmente hiciese 
explorar las costas marítimas hasta el Estrecho y Cabo de 
Hornos, é impidiese que naciones estranjoras se establecie- 
sen allí, y se abstuvieran de la pesca de amfibios. 

Estos hechos, pues, constituyen la prueba del uti posside- 
tis legal, pues en 1811 re Jen fué abandonada la población 
de San José á causa de la revolución de 25 de Mayo 
de 1810, habiéndose creado en 1808 la parroquia del Car- 
men de Patagones en el Rio Nogro, perteneciente á la 
diócesis de Buenos Aires, cuyo puerto menor fué habihta- 
do en 1810, por la Junta provisional gubernativa en nombre 
de Fernando Vil, al cual debían arribar forzosamente los 
buques negreros. 

Es sabido que el que posee una parte del territorio se 
entiende qfie posee el todo, y esa posesión civil compren- 
de en América los desiertos y comarcas pobladas de indios, 
dentro do la demarcación colonial del gobierno. De mane- 
ra que, el uti possidetis de derecho del año diez^ está 
plenísimamente demostrado á favor de la República Ar- 
gentina. 

Chile, cuyo territorio fué tantas veces desmembrado, 
quedó reducido en 1783 al de las dos intendencias de 
Santiago y Concepción, limiüidas ambas por la Cordillera, 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO-AMERICANO 255 

y el territorio de esas dos intendencias fué lo que constitu- 
yó definitivamente la Capitnnia General de Chile. 

Sin embargo, su gobierno actual pretende que su dere- 
cho de dominio arranca de la concesión hecha á favor de 
Alderete, de cuyos derechos privados se pretenderá suce- 
sor, para hacer valer su acción hereditaria y reivindica- 
toría — ¿ ante quién ? — No teme sin duda alguna que se 
le oponga la excepción de falta de personería ! Por mas 
absurdo que lo parezca, tal es la pretensión de aquel 
gobierno. 

El ministro de R. E. de esa República, don Adolfo 
Ibañez, en nota de 15 de marzo de 1873, dirigida al minis- 
tro argentino, decia: 

« Yo declaro terminantemente á V. S., que el gobierao de Chile cree 
tener derecho á toda la Patagonia, j que IKgado el caso de hacerlo 
▼aler, presentará los títulos en que apoya ese derecho, sin perjuicio de 
exhibirlos á Y. S. en la contestación que sobre la materia debo darle. » 

De manera que este señor quiere una parte de una 
parroquia del obispado de Buenos Aires, como el Rio Negro,. 
y quiere parte de la diócesis, puesto que he probado que 
los establecimientos de la costa marítima patagónica y 
Malvinas, pertenecían á la grey del prelado de la diócesis 
de Buenos Aires, que estaban dentro del distrito judici.il 
de la Audiencia Pretorial de la capital y del Real Consulado • 
de Buenos Aires, y por último, que ese era territorio d.^I • 
gobierno-intendencia del mismo nombre, gobierno que per- 
maneció con su jurisdicción territorial hasta el año de 1818. 

El señor ministro de Chile prescinde autoritariamente del 
uti possideíis de derecho del año diez^ olvida ó aparenta 
olvidar el artículo 39 del tratado de 1856; de cuyo cumpli- 
miento precisamente se trat iba. Se le ha ocurrido disputar 



253 NUEVA REVISTA DK BUENOS AIRES 

á la República el territorio de su soberanía, parte del que 
formó uno de los gobierno-intendencias del Vireinato, 
comprendido en el distrito jurídico de la Audiencia de Bue- 
nos Aires, como la dilatada provincia de Cuyo, parte inte- 
grante del Vireinato del Rio de la Plata, y se le antoja 
desconocer que esis costas eran del distrito que el rey 
asignó al Vireinato, cuando señaló por límite al occidente 
la Cordillera de los Andes. Pretende un cambio en la 
geografía política del continente. 

Para desvanecer el error de este buen señor, bastaría 
que le recordase que según el auto de la junta de pobla- 
ciones de Chile, de la cual hacia parte el mismo presi- 
dente y el obispo y el decano de la Audiencia de Santiago, 
reconocieron en 1752 que la provincia de Cuyo estaba 
separada del reino por la Cordillera, que lindaba con el 
Estrecho de Magallanes, Buenos Aires y Córdoba; y como 
en 1776, el rey quiso desmembrarla del territorio del go- 
bierno de Chile, para formar con ella, y muchas otras mas, 
el Vireinato del Rio de la Pl.ita, resulta que el señor ministro 
no puede tener título alguno legal y subsistente que oponer 
á la real cédula citada. No puede dudarse que el rey 
persistió en esa resolución, puesto que después separó la 
mi?ma provincia del distrito judicial de la Audiencia de 

• Santiago, para que formase,, junto con otrag tres, el de la 

• Real Audiencia Pretorial de Buenos Aires en 1783, y por 
último, que en 1807, S. M. de acuerdo con Su Santidad, 
dividió el obispado de Santiago, le separó la misma dilatada 
provincia para formar el obispado de Córdoba, en el gobier- 
no-intendencia del mismo nombre, perteneciente al Virei- 
nato del Rio de la Plata; precisamente porque el rey quiso 
que la Cordillera de los Andes fuese el límite que dividiese 



DERECHO INTERN ACI ON AL LAHNO- AMERICANO 257 

para siempre el gobierno temporal y espiritual del Rio de 
la Plata de el de la Ca pitania General de Chile. 

El señor ministro de Chile, pues, no tiene, no puede tener 
título legal que derogue las disposiciones del rey de Espa- 
ña, todas las cuales S. M. quiso fuesen comunicadas á 
su gobernador en Chile, para su exacto cumplimiento y 
obediencia. 

Llama título sin duda aquel buen señor, á las capitulacio- 
nes, á los nombramientos de gobernadores de Chile; pero 
como las capitulaciones íijabau término para gozar del 
privilegio de mandar las tierras' con quistadas generalmente 
durante dos ó tres generaciones: ese término está cumplido. 
Y ¿n cuanto al título que como empleados del rey, mere- 
cieron don Garcia, Alderete ó Quiroga, S. M. que conservó 
el dominio eminente y el imperio sobre toda la monarquia 
española y sus colonias, creyó conveniente dividir y modifi- 
car los distritos geográficos de las gobernaciones, como lo 
hizo oreando el Vireinato en 1776, é independizando la Capi- 
t.inra General de Chile del gobierno del virey del Perú en 
1783, de manera que esos papeles viejos, son recuerdos 
históricos, que no puede exhibir en una discusión diplomá- 
tica, cuando se trata del cumplimiento del art. 39 del 
tratado de 1856. Se ha equivocado en el objeto del debate, 
solo puede tratarse en él del tdi possidetis legal del año 
diez. ¿Pretenderá que Chile poseia en ese año toda la 
Patigonia? .Si tal pretende, lástima, es que no presente 
pronto la prueba de su descubrimiento, mas dificil que el 
del Nuevo Mundo, puesto que tal hecho no ha tenido lugar, 

Si no fuese posible que se produzca amistosamente la 
prueba del hecho de la posesión en 1810, lo importante y 
lo esencial seria designar con toda claridad la materia que 



258 NUEVA REVISTA DE BOENOS AIRES 

debe ser sometida al arbitrage de un gobierno amigo, como 
se ha convenido en el ya t mtas veces citado artículo del 
tratado, concordando con lo estipulado en 1826. 

En mi libro La Patagonia y las tierras australes^hice la 
historia de las capitulaciones, reproduje los documentos 
para servir á la historia antigua, y esas investigaciones las 
completo ahora, al analizar la estensa obra del señor Amu- 
nátegui, y en la que trato de los limites de la antigua 
Provincia de Buenos Aires. Todo ese cúmulo de documen- 
tos históricos pudo quizá suprimirse en el debate, puesto 
que no es indispensable para probar el hecho de posesión 
en 1810; pero fundado también en esos infinitos documentos 
oficiales, resulta evidenci ido, á mi juicio, que hay un terri- 
torio que no puede entrar en el litigio, como es la costa 
marítima patagónica, las tierras comprendidas entre los 
Andes y el Océano Atlántico. Discutir el dominio de esa 
comarca, seria poner en duda toda la propiedad del territo- 
rio nacional, seria entrar en una investigación inconducente, 
difusa, sobre una materia que no está, que no puede 
estar racional y equitativamente sub lite^ puesto que 
esos territorios hacian parte integrante del Vireinato, en 
cuya tranquila y pública posesión se encontraba el año 
diez. 

En efecto, no es equitativo ni justo que se ponga en tela 
de juicio la validez de las demarcaciones del Vireinato, ni 
de la C¿ipitania Genei*al, puesto que no se trata* de reivindi- 
car territorios, ni de rectificar fronteras, sino de probar la 
posesión en una época señalada. ¿ Bastará acaso que el 
gobierno de Chile pretenda dominio hasta el Rio Negro, 
cuando la Patagonia estaba poseida por el Vireinato en el 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO-AMERICANO 259 

año fijado? Evidente es que no; luego debe empezarse 
por probar la posesión, puesto que esta prueba excluye 
todo reclamo, cualquiera que sea el título que se invoque, 
desde que este punto ha sido convenido por un pacto ínter • 
nacional, de cuya ejecución y cumplimiento se trata: con- 
venio que es ley para los contratantes y ademas regla jurí- 
di.*a invariable en el derecho público americano. 

Si el simple reclamo de uijO de los contratantes pudiese 
convertir en litigio el territorio reclamado, es evidente que 
este seria el medio de eludir las obligaciones del tratado, ó 
introducir un cambio en la geografía política americana. 

Pero, quiero hipotéticamente suponer que fuese posible 
una discusión pertinente sobre materia contraria á lo esti- 
pulado en un pacto internacional; y en esta gratuita hipóte- 
sis — pregunto — i cuál es el titulo que invoca Chile para 
reivindicar los territorios poseídos como distrito del Virei- 
nato, como diócesis del obispado de Buenos Aires, como 
parte de 1 1 provincia metrópoli, creada en intendencia 
desde 1782 ? ¿Ese título de dominio es anterior ó posterior 
á 1810? He analiz ido antes de ahora con toda detención 
los títulos anteriores á esta fecha, y ninguno le confiere el 
dominio, y como títulos posteriores, solo conozco los de orí- 
gen argentino, por ejemplo, la ley de Mendoza de 1834 y la 
constitución del Est ;do de Buenos Air^s en 1854. Ninguno 
fijó los límites argentinos en el Rio Negro, ni en el Diaman- 
te, todos los fijaron en la extremidad austral, puesto que 
en 1827 el comandante militar y político de Malvinas, Costa 
Patagónica y Tierra del Fuego, fué nombrado por el gober- 
nador de Buenos Aires, cuya jurisdicción era pública é 
incpntestada, ejerciendo actos de dominio, transfiriendo la 
tierra á particulares cúino á Pacheco y á Vernet, dictando 



260 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

reglamentos para la pesca de anfibios, enviando á sus costas 
marítimas buques de guerra, autoridades y pobladores. 

Pero quiero conceder la hipótesis que el gobierno de 
Chile tenga verdaderos y antiquísimos títulos de dominio 
otorgados por el rey, y concedida esta hipótesis, digo: 
ese mismo soberano, usando del imperio y de la sobera- 
* nia eminente, separó del gobierno de Chile la provincia de 
Cuyo en 1776, y declaró que la Cordillera era el límite divi- 
sorio de los dos gobiernos, del Rio de la Plata y Chile, y el 
virey tomó posesión de las costas marítimas patagónicas 
fundando varias poblaciones, algunas que permanecen 
todavia y otra mandada levantar en 1811. Ahora bien, 
siguiendo la hipótesis, base de mi raciocicio, seria preciso 
pretender que el rey experimentó de propia voluntad minu- 
tis magestatiSf abdicando su soberania eminente, lo que le 
impedia el hacer esa demarcación, porque contraria U 
abdicación parcial de su poder soberano, cuya prueba 
guarda sin duda el gobierno de Chile — y vuelvo á pregun- 
tar: ¿porqué no usó Chile de su derecho, ante quien y 
como viese convenirle para anular esa demarcación ? Si 
no hizo uso de su acción, es evidente que está proscripta, 
por bueno que fuese su-derecho, puesto que la prescripción 
es medio de adquirir el dominio. Pero ¿cómo puede supo- 
. ner leálmente ese gobierno que es posible reivindicar terri- 
torios que pertenecían al dominio de la corona, cuando el 
mismo soberano hizo domarciones que s^^pararon esos terri- 
torios de aquella gobernación ? El título que invoca ema- 
nará indudablemente del rey, y como este por resoluciones 
posteriores modificó ó derogji la concesión primitiva — 
¿que acción válida quiere hacer valer hoy? ¿Ante quién 
pretende ejercitaría ? ¿ Cuál es su personería, en una pala- 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO -AMERICANO S6Í 

bra, s¡ se pretende arrancar ese título de los contratos para 
la conquista? 

El escritor boliviano señor Gutiérrez, sostiene la teoría 
que las colonias americanas al enianciparse de la Metrópoli 
no han heredado ningún derecho de la España. 

* Edtas al nacer al mundo, dice, han cr^Atio su derecho propio, hnn 
formftdo por si mismüs su organización individual, se sugetaron á las 
condiciones que han creido indispensables á su nutonomia, y al romper 
Bus ligaduras, renunciaron por entero á sus tradiciones y al derecho 
público antiguo que las regiu. No, ellas no h:in podido Cteerse sugetas 
á ningún pacto, ú ningún compro niso a que las ligó la Metrópoli. Algo 
mas, al invocar el dogma de la soberanía popular, al agruparse btijo 
e<;te principio en diversas nncionalidades, han debido aplicar esta doc- 
trina de noa man -ira absoluta en todas sus consecuencias. Lo único que 
constituye el pacto nacional de los diferentes Kstados de la América 
latina es la voluntad de las distintas provincias, de las distintas pobla- 
ciones que se han reunido al centro que han tenido por mas con- 
vtniente. » (1) 

Si esta teoria fuese aceptable, Chile no tendría ni som- 
bra de título en que fundar su reclamo : siendo heredero 
de la Metrópoli ¿qué título puede invocar? Durante la 
revolución y después de la independencia, la República 
Argentina ha ejercido dominio y soberania en esos mares 
y costas; su derecho ha sido rectínocido por las grandes 
naciones marítimas. Sostuvo con los Estados Unidos pri- 
mero, con la Gran Bretaña después, ruidosos debates, por 
que ambas naciones atacaron sus naves de guerra en Mal- 
vinas, su guarnición; y la última se apoderó de Malvinas en 
plena paz, por la fuerza. 

Bien, pues, el gobernador militar y político de Malvinas 



(1} La cuestión de limitea entre Bolioia y el Brasil, etc., por Jodé 
B. Gutierres. 



262 NUEVA REVISTA DE BÜKNOS AIRES 

ejercía jurisdicción y vigilancia en las costas patagónicas y 
esíremidad austral del continente; de minera que, si algún 
derecho hubiera trasmitido la Metrópoli, la nueva nación lo 
habría adquirido con la jurisdicción ejercida, sin que nadie le 
negase el derecho á la soberanía y dominio de esas comarcas. 

Qué hacia intertando Chile ? Se preocupaba de su ter- 
ritorio entre la Cordillera y el mar, no habiendo hasta hoy 
podido efectuar la ocupación efectiva, porque los indios de 
Arauco se oponen á su dominio. 

La teoria del señor Gutiérrez ha sido rebatida en los 
siguientes términos : 

9 Pasaudo ahora á considerar, como lo hace el fulletieta, las condlcio- 
Des bnjo las cuales se organiziiron Ins repúblicas sud-emerícniírut de origen 
eFpnñol, se vé que nqnellns desde sus primeros pnsog en la guerra de 
la emancipación, tienden á establ<^cerbe, por un hecho naliiral, en la cir- 
cunscripción del territorio que en el régimen de la Metrópoli coustituia 
las provincias, boj o los nombres de capitanias generales ó vireitatos. A 
Teces uua ó mas provincias se unen p>>ra formar un solo Ksta*lo como 
sucedió en Colombia*, otras, se separan las provincias de una de esas 
circunscripciones para formarla cnda una por hí, como en las Provincias 
Unidas del Rio de la Ptnts. Mas en uno ú otro caso, conserva cada 
República la posesión del territorio que correspondía A las grandes divi* 
siones coloniales ó á las sub-divisioues de estas. Un hecho igual se 
observa, cunndo á las «tgregacioues ó unión de diferentes provincias en 
los primeros tiempos ha Sf^guido, como en Colombia, la separación. Cada 
una de las nuevas entidades políticas ha c'^nservado la posesión del 
territorio correspondiente á la antigua provincia colonial. Es en virtud 
de este hecho general observado en toda» ellus, que las repúblicas de 
origen español han rrconocido para el arreglo de sus limites, el princi- 
pio de que • las repúblicas sud- americanas tienen por límites los mismos 
que correspondían á las demarcaciones coloniales de que se formaron, 
y esto es lo que se ha Ihmado el uti po8Si(UtÍ8 dd año diez. • (li 

(1) Bolivia y el BiahíI. —Cuestión de límites por unos boUvianoa,— « 
Ti.cim, 1668. 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO-aMERICANO 283 

Tan evidente es esta doctrina, que el Gran Mariscal de 
Ayacucho por notas oficiales dirigidas al mariscal Arena- 
les en 1825, declaraba que si la provincia de Tarija habia 
pertenecido á la Intendencia de Sulta en 1810, esa era la 
regla á que debia someterse el caso, y en virtud de esa 
regla, el Libertador Bolivar, mandó entregarla á la Repú- 
blica Argentina. 

La doctrina del señor Gutiérrez, subversiva de todo orden, 
eminentemente perturbadora y disolvente, tiene por mira 
contestar el mismo decreto del Congreso boliviano de 9 de 
octubre de 1826, mandando reincorporar á Tarija á Bolivia, 
cuando ese territorio habia sido evacuado militarmente y 
entregada por Bólivar á la República Argentina, antes de 
la formación del Estado iridependiente de Bolivia, que se 
formó bajo condiciones espresas, en virtud de la ley argen- 
tina de 9 de mayo de 1825, que autorizó á las provincias 
del Alto Perú para decidir de su suerte, y separarse en 
consecuencia de la ciudad territorial del Yireinato del Rio 
de la Plata. Es pues, para disculpar ese atentado, ejecutado 
por la violencia, faltando á la fé prometida y á solemnísimas 
declaraciones oficiales, aprov;^chando el estado de guerra 
con el Brasil en que se encontraba la República Argen- 
tina—que ese escritor boliviano, por otra parte tan distin- 
guido, sostiene doctrinas que harían insegura la suerte 
de los Estados, y doctrinas que ahora le aplica Chile, 
fundándose en el derecho de la fuerza, quitándole á Boli»- 
via todo su litoral marítimo. Así la nación que nacía come- 
tiendo una iniquidad, es ahora castigada duramente por la 
guerra, y queda geográficamente conden ida á la impo- 
tencia. 
La teoría del sonor Gutiérrez no puede aceptarse en 



264 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

absoluto, por que es contraria á li historia. Los nuevos 
Estados se formaron precisamente tomando como base las 
demarcaciones coloniales, y por eso h% surgido el principio 
internacional americano áel uti possidetis de derecho dd 
año diez; porque de otra manera quedab.i solo la anarquía 
ó la violencia como b.)se p.xra la organización de láS auto- 
ridades colectivas que aspiraban á formar Estados sobe- 
ranos como luminosamente lo expuso el Plenipotenciario 
Arjentino general Alvear, á Bolívar y á Sucre. En la misma 
historia de las cuestiones de límites el derecho público 
convencional, y las declaraciones de los Congresos de ple- 
nipotenciarios latino-americanos, buscaron un principio 
conservador del territorio de la soberanía de los nuevos 
Estados, y ese principio fué el uti possidetis de derecho 
del año diez; las demarcaciones territoriales de la colonia, 
los límites que el rey señalara á sus dominios. La sobera- 
nía del pueblo no es el olvido del derecho histórico y geo- 
gráfico, sino por el contrjrio, su reconocimiento, su 
observancia, porque es equitativo, racional y justo. 

El mismo señor Gutiérrez recono^^e que el uti possidetis 
es un principio que ha consagrado el derecho público 
americano; pero fijado en una época señalada, en la de 
la emancipación, porque tiene por base la demarcación 
colonial, como título, y no la mera posesión. El dogma de 
la soberanía del pueblo partió de esta base : fué soberano 
él pueblo de cada nuevo Estado dentro de la demarcación 
que tenia en 1810. Esta es la historia, el derecho y la 
justicia, y esto forma el derecho geográfico histórico lati- 
no-americano, que no conviene abrogar, en bien de todos 
los Estados. 

En las cuestiones de limites que han surgido entre las 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO-AMERICANO 265 

repúblicas hispano-americanas y el Brasil, este principio 
no ha sido, ni ha podido ser aplicado en toda su ple- 
nitud. 

En el tratado celebrado entre el Imperio del Brasil y el 
Perú en 1851, se ha establecido como principio el iiti pos- 
sidetis actual. En el celebrado entre Bolivia y el Imperio 
en 1857 se ha reconocido el mismo principio; y en las 
discusiones entre los plenipotenciarios brasilero y paragua- 
yo en 1856, convinieron en dar por abrogados los tratados 
de 1777 entre las coronas de España y Portugal. 

Pero estos principios no pueden ser aplicados á los Esta- 
dos de un origen común; sin la excepción á la regla 
jurídica internacional del uti possidetis del año diez en 
materia de límites entre los nuevos Estados. 

En el presente caso Chile y la República Argentina están 
ligadas por el tratado de 1856, de cuya ejecución se trata; 
y en ese tratado se ha pactado espresamente el reconocí - 
miento de la posesión en. la época de la emancipación. 
No puede, pues, discutirse la doctrina, sino simplemente 
aplicarla á los hechos de cuya prueba se trata. 

• Eiror imperdonable es pretender discutir hoy, dice el escritor boli. 
viano doctor Jalio Méndez, el valor de la legislación administrativa espa- 
fiola, que produjo tal ó cual demarcación. Lo único que cabe es ave- 
riguar histórica y no jurídicamente el hecho de la demarcación. La 
cuestión es, pues, de hecho y no de derecho. No estamos delante de 
los títulos sino del efecto producido por ellos. Nuestra posición es 
análoga á la del jurista que investiga el ddrecho en la cosa juzgada y no 
los títulos que la motivaron. Remontar á la discusión de los títulos, 
es incurrir en un anacronismo legal; es objetar la ley española, como 
si fuéramos contemporáneos de ella. El vUi po88Í(ktÍ8 de 1810^ es nu 
hecho administrbtivo elevado á la altura de derecho internacional; y como 
TONO IX. IS 



266 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

hecho histórico es tan cierto, que no es dudoso siuó para el qae quiere 
imprimirle á toda costa tal carácter. » (1) 

Ahora bien, si por la cláusula de un tratado internado • 
nal se ha convenido en reconocer como límites respectivos 
la posesión de 1810, toda la cuestión consiste en la prueba 
del hecho posesorio. Y seria mucho mas absurdo discutir 
hechos reconocidos explícitamente por los mismos pre- 
sidentes de la Capitania General de Chile, por los presi- 
dentes de la República y por todas las constituciones 
políticas de aquel Estado. 

No es posible, pues, que á aquel gobierno y sus ministros 
mal informados les ocurra ahora disputar el dominio de 
toda la Patagonia, que nadie disputó al Vireynato, ni á 
las Provincias Unidas del Rio de la Plata ó República 
Argentina; y no basta que por sostener tan irregular pre- 
tensión, ese territorio sea ni pueda ser sometido al juicio 
arbitral. 

Tan absurda seria esta pretensión, como lo seria por 
parte del gobierno argentino, si pretendiese reclamar las 
dosciet)tas leguas de costa en el mar Pacífico, fundado 
en las capitulaciones pura la conquista del Rio de la 
Plata. 

Ni uno ni otro gobierno pueden hicer valer título algu- 
no contrario á las últimas resoluciones del rey, que fija- 
ron los límites del distrito del Vireynato y de la Capitania 
General. Por otra parte, los tratados 1826 como el de 
1856, han hecho imposibles tales gestiones, puesto que 
ámbás partes reconocieron como sus límites respectivos 



(l) Realidad del equilibrio hiapano-america/io y necesidad de la neu' 
tralizacion pfrpétua de BolivifXy etc , por Julio Méndez. — Lima, 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO-AMERICANO 267 

los que poseían en 1810. Seria preciso anular esos tra- 
tados para cambiar la materia del arbitraje, es decir, para 
someter á la decisión de un gobierno amigo, cual es el 
título que debe prevalecer, en vez de decidir sobre la pose- 
sión de 1810. Y como tratándose en esta discusión de 
demarcaciones territoriales de los dominios de un mismo 
soberano, la resolución posterior que modifica las antiguas 
divisiones, es la válida y subsistente, es incuestionable que 
es título mayor aquel que el soberano expidió al crear 
los gobiernos del Vireynato é independizar con señalado 
territorio la Cipitania General de Chile del mando del virey 
de Lima — que todo lo que pudiera alegarse fundándose 
en capitulaciones para el descubrimiento y conquista, y 
menos en títulos de gobernadores nombrados por el mismo 
soberano y amovibles á su voluntad. Esto es evidentísi- 
mo, pues es inherente al dominio eminente y al imperio 
la facultad de dividir el territorio en la forma que quiera 
el soberano. 

La colonia que el gobierno de Chile fundó después de 
1810, no le da título al dominio territorial, porque esa no 
era la posesión en el año diez. 

Y sin embargo de la claridad evidente de estas doc- 
trinas elementales del derecho, el señor Ministro de 
Relaciones Exteriores de Chile, en nota oficial de 15 de 
marzo de 1873, y dirigida al Ministro Arjentino, decía : 

«Pero yo pregunto: ¿ei lo qae se discute uo es la Patagonia, que 
es lo que en realidad se discute? » 

Me permito contestar, señalándole el articulo 39 del 
tratado de 1856:— se discute el hecho de la posesión, el 
uti possidelis de derecho del año diez^ nada mas. Y por 
lo tanto, como la República de Chile no poseia la Patagonia 



i 



268 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

en dicho año, y por el contrario, estaba en pública y pací- 
fica posesión del gobierno del Rio de la Plata, en prueba de 
lo cual la Junta provisional gubernativa en nombre de 
Fernando VII declaró en ese año, que el Rio Negro era 
puerto menor, y, en 1811 mandó levantar la población del 
puerto de San José; es evidente que ese territorio no puede 
ser reclamado por Chile, cualquiera que sea el título que 
invoque. 

Paróleme justo que se recuerden los principios de dere- 
cho público que ha sostenido siempre el gobierno de Chile 
en sus cuestiones de límites con Bolivia, porque son los 
que deben aplicarse en la presente discusión. 

El señcT Montt decia: 

• Las demarcaciones antiguas de los vireinatos que deben servirnos 
de regla, han de comprobarse en cuauto es posible por manifestaciones 
auténticas de la voluntad soberana, y solo cuando est&s callan, j cuando 
una larga y pacíñca posesión no las corrije ó suple, es permitido apelar 
á la dudosa luz de las descripciones suministradas por escritores par- 
ticulares. » 

Es un chileno el que habla oficialmente. 
El ministro Urmeneta ha dicho: 

«r . . . . poseyendo Chile la parte habitada y habitable entonces de 
cfse territorio, lo poseía todo y en su consecuencia hasta el 23^: porque 
para poseer una estonsion de territorio cualquiera, un desierto, etc., no 
es necesario ni posible poseer materialmente cada una de sus partes. > 

Perfectamente claras son las doctrinas de derecho pú- 
blico americano expuestas oficialmente por chilenos, y 
desde luego aplicándolas á la presente controversia, la 
resuelven en justicia y equidad. 

La demarcación del Vireynato es auténtica; pues consta 
por la real cédula del V de agosto de 1776, y como comen- 
tario he publicado la resolución comunicada á Cevallos, 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO-AMERICANO 269 

dicióndole S. M. que los territorios del nuevo Vireynato 
estaban separados de Chile por la Cíordillera. La creación 
de las dos Intendencias de Santiago, y Concepción en 1783, 
contiene espresamente los límites que comprenden, y esos 
territorios formaron la Capitania General de Chile que se 
separó del gobierno del virey de Lima, actos oficiales que 
el rey aprobó por resolución comunicada oficialmente. 
Luego, pues, con arreglo á los mismos principios del señor 
Montt, no puede ponerse en duda que la Cordillera es el 
límite divisorio entre el Rio de la Plata y Chile. En cuanto 
á la posesión, apliqúese la doctrina deUrmeneta y resultará 
perfectamente simplificada y resucítala cuestión. En 1810 
el Gobierno del Rio de la Plata tenia la población de 
Puerto Deseado en la costa patagónica y el Carmen de 
Patagones, y como reconoce que basta poseer la parte 
habitada para que se entienda que poseía todo el territorio, 
por ser materialmente imposible poseer cada una de sus 
partes, resulta probado el ufi posssidetis de derecho del 
año diez en favor de la República Argentina, pues poseia 
toda la Patagonia, con arreglo á las mismas doctrinas 
¿Pretenderá acaso el gobierno de Chile sostener doctri- 
nas. Diferentes, según sea la República de cuyos límites 
se trate ? 

Para probar el uti possidetis de derecho del año diezj 
basta la posesión civil, pues las naciones americanas no 
han tenido posesión real de los territorios ocupados por 
los indios ; pero es doctrina de derecho público, que esos 
territorios comprendidos dentro de las demarcaciones de 
los gobiernos, se consideraban en posesión civil de la 
nación que se creó al emanciparse de la metrópoli, como 
lo reconoce el chileno señor Urmeneta, en las palabras 



270 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

que he reproducido, puesto que poseyendo parte del ter- 
ritorio habitado se entiende poseerlo todo, incluso los 
desiertos. 

« RniaR doctrinas confírmadas en Norte- A»nérica, por repetidas sen- 
tencias de la Corte Federal, han sido igualmente sostenidas por los 
gobiernos de Inglaterra y España, desde la época del descubrimiento 
de América. • (1) 

Por el tratado de Utrech celebrado en 1713, la Francia 
cedió á Inglaterra la Acadia ó Nueva Escocia, dice el doctor 
Bermejo, ocupada en su mayor parte por los indios indí- 
genas. 

Por el de 1763 entre estas mismas naciones, la pri- 
mera cedió á la segunda todo el pais que se estiende al 
este del Misissípi, aunque los indios ocupaban en él una 
vasta región, mientras que la Gran Bretaña cedió por su 
parte todas las pretensiones al pais del Oeste, en el cual 
no poseia una sola pulgada de territorio. 

« De la misma especie han sido las cesiones de la Florida y la Lui- 
BÍana, y las trasmisiones de dominio hechas por la Inglaterra y España 
á los Estados Unidos de la América del Norte. * 

El doctor Bermejo establece que, recordados estos ante- 
cedentes, resulta que el derecho público reconoce el dominio 
y soberania de las naciones americanas sobre los territorios 
ocupados por los indígenas. 

En efecto, nadie ha negado que Arauco pertenece á la 
República de Chile, y los Estados-Unidos y la Gran Breta- 
ña tampoco desconocieron el dominio y soberania de la 
República Argentina en las costas marítimas patagónicas ; 
y en la secular cuestión entre las coronas ''de España y 



(1) La cuestión chilena y el arbitrage^ por el doctor Antonio Ber- 
mejo. — Buenos Aires, 1870. 



DERECHO INTERNACIONAL LATINO- AMERICANO 271 

Portugal sobre sus dominios de América, se pactaron des- 
lindes en territorios no poseídos realmente por ninguna de 
ellas. En la hipótesis que los territorios ocupados por los 
indios, no pertenecieron á las repúblicas dentro do las 
demarcaciones que hizo el rey de España ¿ á quién perte- 
cerian? Evidente es que á sus actuales ocupantes, es 
decir, á los indios, y Chil^ entonces no tendría dominio 
en Arauco, ese problema que tanto preocupa al parecer al 
señor Vicuña Mackenna. ¿Se querría hacer valer por 
ventura, los parlamentos ó tratados celebrados con las 
tribus indígenas ? Aun en este mismo supuesto, los indios 
de este lado de las Cordilleras no reconocieron jamás vasa- 
llaje á las autoridades de la Capitanía General, sino por el 
contrario, obedecían á las del Vireynato, como lo he demos- 
trado por una larga serie de documentos oficiales. Mas 
aun, al establecer la población en el Río Negro, las auto- 
ridades del Vireynato pactaron con el cacique Negro de 
las tribus del sur, la cesión del territorio y el reconoci- 
miento de la soberanía á favor del rey, como lo refiere 
D' Orbigny en sus viajes. 

El derecho público americano ha estiblecido ya princi- 
pios fijos, los que no puede cambiar la voluntad de los 
señores ministros chilenos, y como algunos de ellos lo 
reconocen, poseída una parte del territorio se entiende 
poseído el todo. Es evidente que en 1810 la Junta provi- 
sional gubernativa de las Provincias del Río de la Plata en 
nombre de Fernando VII, mantenía poblaciones en la 
Patagonia formaba allí puertos y ejercía otros actos de 
soberanía y resulta plenísima mente probada la posesión 
real y civil de la Patagonia en el distrito en que se formó 
después el gobierno de las Provincias Unidas del Rio de la 



L^ 



272 NUEVA RBYISTA DE BUENOS AIRES 

Plata, emancipándose de la España por. la declaratoria de 
su independecia en 9 de julio de 1816. 

La Capitania General de Chile tiene una demarcación 
espresa y bien definida, pues los territorios de las Inten- 
intendencias de Santiago y Concepción, cuyos límites estu- 
dió Escobedü y el virey del Perú caballero de Croix, fueron 

• 

señalados al oriente por la Cordillera de los Andes, lo que 
fué expresamente aprobado por S. M. Ese límite tradi- 
cional é histórico es el mismo á que se refieren las leyes de 
Indias cuando hablan de los indios de Chile y Cuyo como 
de dos comarcas diferentes. Los presidentes de esa Capi- 
tania asi lo reconocieron, cuidaban de espresarlo en los 
parlamentos con los indios, y en la copiosa y frecuente 
correspondencia oficial con las autoridades del Vireynato y 
el ministro universal de Indias. De manera que los Con- 
gresos de aquella República al fijar los límites de la nación, 
tuvieron por antecedentes el derecho histórico y geográfico 
y las resoluciones del rey. Nadie pudo obligarlos para que 
hiciesen la demarcación geográfica del territorio de la sobe- 
ranía de la nueva nación, pero una vez que así fué señalado y 
reconocido aquel pais, como una personalidad constituida en 
el derecho de gentes, la fé pública y las obligaciones inter- 
nacionales contraidas exijen sea mantenido ¡y respetado 
por sus propias autoridades, salvo las modificaciones que- 
el derecho internacional permite, sean por tratados, cesio- 
nes ó aun conquista. 

:|c 4c :|e 



ESTIDIO SOBRE OUIEIAS 



áEGUN EL CÓDIGO DE COMERCIO ARGENTINO 



De la deelaraclon do quiebra j de mn% efectoá (l) 

(conclusión) 

SUMARIO : VII. — Diferencia entre el estado de quiebra y el de cesa- 
ción de pRgOB. VIII. -«• Cual e& el alcance de la declaración de quiebra, 
con relación á loa bienes y derechos del fallido. IX. — Derechos del 
coocarso en las herencias repudiadas por el fallido. X. — Naturaleza 
especial de la acción pauliana concedida á los acreedores de un comer- 
ciante en suspensión de pagos. XI. — Fundamentos de la exigibilidad 
de los créditos contra el concurro. XII. — Requisitos para la compenia^ 
cion, én el caso de quiebra. XIIL — Efectos de la quiebra en las deudas 
mancomunadas, solidarias 7 afianzadas. 

VIL — La diferencia entre el estado de quiebra y el de 
cesación de pagos quedaría esplicada con la lectura de 
los art. 1533 á 1535, que establecen los efectos de la 
declaración de quiebra^ con relación á la capacidad del 
quebrado para administrar sus bienes, para defenderlos en 
juicio, y para obligarse como mandatario ó mandante, y la 
del art. 1540, que refiriéndose á los efectos de la cesación 
de pagos, los esplica con suma claridad en sus diversos 
incisos. 



(1) Véase la « nuefa revista » en este tomo, pág. 40*71. 



274 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

De estos artículos se deduce : que en el intervalo entre la 
ces'icion de pagos y la declaración de quiebra, el comer- 
ciante no está privado de la administración de sus bienes, 
ni del derecho á defenderlos en juicio ; ni del de constituir 
apoderados para su administración ó ejercer él mismo po- 
deres de otras personas, que pueden impornerle obliga- 
ciones. (1) * 

Examinando los actos que, por el art. 1540, están prohi- 
bidos al comerciante que se halla en cesación de pagos, se 
nota en todos ellos una circunstancia que justifica la prohi- 
bición, y es que casi todos ellos modifican obligaciones 
preexistentes, ó en el plazo, anticipando el pago ; ó con 
respecto á la suma debida, pagándola en especies; ó en 
orden á las garantias, agregando hipotecas ó prendas á 
obligaciones contraidas sin ellas. Solo en las enagenacio- 
nes gratuitas no se nota esta modificación; pero ellas 
perjudican mas que las otras, disminuyendo el patrimonio 
de un comerciante que no alcanza á satisfacer sus deudas. 
Nemo liberalisj nisi liberatus. 

Así pues: los actos de un fallido, verificados después 
de la sentencia que declara su quiebra (2) son nulos por 



(1) Se comprenderá sin esfuerzo que en estos obligaciones, contraí- 
das por el mandalario, nos referimos á las que proceden de faltas de 
cumpliraieiito, que le someten á indeuinizaciones en fayor del mandante.— 
Art. 36 «Del Mí.rylato» Gód. Civil. 

Téngnpe pro-sente que la incapacidad del fallidcs para ser apoderado, 
es simultánea con la declaración de quiebra, aun cuando él la ignore 
y que, la nulidad de los actos de sus mandatarios solo existe desde 
que ellos conocen la declaración de quiebra de bu mandante. — Massé, 
«Droit Commerciali)^ t, lí. pfig. 350 y 357. — Véase también las doc 
trinas que sobre esta materia hemos recordado en el primer volumen 
de estas « LeccUmes )\ png 54 y sus notas 1* y 2*. 

(2) Como la incapacidad que la quiebra produce afecta la persona 



ESTUDIO SOBRE QÜ.E1RA8 275 

falta de capacidad para disponer de sus bienes. — Art. 
1521, 1533, 1534 y 1535 del Cód. de^Com. Mientras 
que, los que ejecuta después de la suspensión de nagos, 
pero antes de la declaración de quiebra, no se anu- 
lan por un defecto de capacidad en la persona, sino por 
vicios ó defectos en los actos mismos, que hacen suponer 
ánimo de preferir á algunos acreedores con perjuicio de 
otros, después de conocer el mal estado de sus negocios. (1) 
La naturaleza de estos actos, enumerados en el art. 1540 
y prohibidos al comerciante que aun no se halla en estado 
de quiebra, es tal, que no puede menos de hacer sos- 
pechar connivencias entre el comerciante y sus contra- 
tantes, revelando conocimiento de parte de estos de un 
estado precario y difícil en el comerciante, desde que 
toman precauciones para asegurar sus créditos. Precau- 
ciones que, por una justa equidad, se anulan en bien de la 
masa y en perjuicio de los que procuraron optenerlos, con- 
tra los intereses de aquella. (2) 



mismndel fallido, aun cuando ella y los terceros ignoren la declaraeiou 
de quiebra, y como por otra parte, esta declaración no indica la hora en 
que se ha dictado, se ha declarado por Tarins Cortea de Francia, que la 
incapncidad afcctn A todos los acto) ejecutadoa desde la fecha de la 
quiebra, ann cuando lo hayan sido antes de la hora en que se declaró. 
Massó « Droit Commercial • t. 2® núm. 1181. 

(1) La brevedad del término que, btjo pena de ser declarado culpable^ 
fija el nrt. 1622 al comerciante que se halla en cesación de pagos, para 
que 80 presente en quiebra ; término que, aunque se estiende á tres diaF, 
debe emplearse en formar el balance, la lista de acreedores y el me- 
morial á pedimento que debe elevarse al tribunal, esplicando las caasas 
do la quiebra ; demueatra el justo rigor con qne la ley exíje que no se 
demore la declaración de quiebra, prolongMtidose un estado tan anormal 
y pf'ligroso, como el que sucede á la suspensión de pagos. Art. 1623 
del Cód. 

(2) Aunque en el núm. X. del presente articulo, trataremos de la 
uccipn paulianay especial, que la ley de comercio ha establecido para 



276 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

El inc. 3° del art. 1540 de que nos ocupamos, previene 
que, no seria nulo el pago de deudas vencidas, verificado 
con « papeles de comercio. » 

Después de tan numerosas como importantes disposicio- 
nes con que el Código ha procurado rodear de seguridades 
la circulación de las letras y pagarés endosables (art. 801, 
823 y 824) después de mostrar que quiere hacer de ellos 
una especie de moneda; art. 849, 846 y 912, no era, sin 
duda, necesario establecer la disposición que equipara los 
pagos verificados con ellos á los que se efectúan con el 
dinero mismo. (1) 



impedir el fraude en el comercio, es conyeniente advertir : qae la 
nulidad establecida por el art. 1540 de nuestro Código, con rela- 
ción á los actos que él enumera, tiene analogías con la acción que 
estableció el pretor romano, pRra impedir el fraude en las enagenaciones 
civiles ; pero se distinguen en un punto fundamental : la acción pauliana 
requeria connivencia de parte del que recibía por causa onerosa, con el 
deudor que enagenaba, y nuestro art no lo exige ; deduce la nulidad del 
acto objeiivamente considerado, sin investigar las intenciones de sus 
autores. 

Gomo prueba de lo que acabamos de decir, puede leerse el art. 640 del 
P. de Gód. para el Brasil, que es casi literalmente nu3stro art. 1640; 
pero con la obligación de probarse connivencia 6 fraude %\\ el que recibe, 
como lo requiere el mismo Cód. en el art. 63'^. 

Con respecto á las concordancias que en los Cód. de Com. puede tener 
este art. p.e encuentra el art. 446 Cód. de Com. francés, que, como 
hemos observado antes, declara la nuliJadde estos actos, no solo cuando 
se ejecutan después áe la suspensión de pagos, sino dentio de los 10 
dias anteriores á ella. 

Renoird, ^FaiUites et Banqucroufes». Tít. 1, pAg. 21 cita, con referen- 
cia á Scaccia ana disposición de la constitución de Florencia que declaraba 
bajo la presunción de simulación todos los actos ejecutados por el falli- 
do, después de hacerse notoria su quiebra. 

(1) Para ampliar las reflecciones y estudio cobre el car/icter de los 
papeles de comercio, puede verse el tratado dedicado á ellas en el pri- 
mer volumen de estas (^ Lecciones » desde la pAg. 200, y en Pardessui 
i<Droit Commercial, » t. I. p. 807, núm. 1,120. 



ESTUDIO SOBRE QUIEBRAS 277 

Por fin : para condensar en pocas palabras la diferencia 
entre el estado de quiebra y el de simple cesación de pagoSj 
debeoQos decir: que el quebrado nada puede hacer que 
obligue sus bienes ; mientras que el que solo se halla en 
cesación de pagos, puede hacer todo, menos lo que se le 
prohibe en el art. 1540. 

Observaremos también otra circunstancia, digna de 
retenerse, sobre estos dos estados {quiebra y cesación de 
pagar) que ambos existen en virtud de declaración judicial ; 
pero que esta declaración tiene, con respecto á la quiebra, 
un efecto futuro y en orden á la cesación de pagos un 
efecto pretérito ó retrospectivo; con relación á este, la 
sentencia mira hacia atrás; con respecto á la quiebra, mira 
hacia delante. Art. 1532. (1) 

El uno es pues un estado de hecho, reconocido por una 
sentencia posterior á él: el otro es un estado jurídico, que 
no p:iede existir también sino en virtud de una sentencia 
anterior; art. 1521 del Cód. 

VIII. — El estado de quiebra ha sido comparado por un 
autor, con mucha propiedad, al que produce la catalepsis 
en el sistema físico del hombre, impidiendo de tal manera 
los movimientos de sus músculos, que estos conservan du- 
rante todo el acceso de la enfermedad, invariablemente, la 
posición en que se hallaban en el momento del ataque. (2) 

Pero esta i na movilidad del estado jurídico del fallido, 



(1) Véase ademas la n Disertación sobre quiebras» del doctor Mo- 
reno, Qúui. 246 j 249. 

Aun con respecto á la facultad de ceder un crédito, el Cód. Civil la 
niega al que se encuentra en quiebra y la concede al que solo se halla 
en suspensión de pagos. — Arta. 31, t&t. « De la cesación de créditos » 
Cód. Civil Arg. 

(2) Delamare « Droit Commercial^ » t. 6, p. 183, 



278 KUBVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

consiste en que, desde el momento de la quiebra no puede 
enagenar parte alguna de sus bienes, por actos posteriores, 
ni dar en pago, ó en cumplimiento de contratos anteriores, 
ninguna parte de ellos; pues desde ese momento cesa la 
administración que tenia; art. 1533 y 1534 del Cód. de Com, 

Pero el fallido no queda privado por la quiebra de la 
capacidad de ejecutar actos jurídicos, con tal que sus con- 
secuencias no aféele i los bienes y solo creen obligaciones 
que puedan cumplirse sin diminución de la masa. 

Puede por consiguiente, celebrar nuevas convenciones 
para cuando llegue á mejor fortuna ; queda también su- 
getoal pago del déficit que resulte despuiS de distribuid i la 
masa; al de los intereses de esos mismos crédilos, deven- 
gados durante el juicio de concurso y después de él — art. 
1662. Cód. de Cori\ 

Para mayor claridad, podemos decir que pueden consi- 
derarse dos personas en virtud de la quiebra : el fallido^ 
inhibido de la administración de sus bienes y el concurso^ 
persona ficticia de existencia precaria, que representa los 
derechos del fallido y sus obligaciones, en la medida de Li 
masa de bienes; persona que desaparece y se extingue, en 
el momento mismo en que se aprueba la liquidación pre- 
sentada por los síndicos — art. 1660 del Cód. de Oom. (1) 

(1) A este carácter transitorio y fu^nz del concurso, llegun k shcriñ- 
carse algunos derechos individuales ; nsí, el acreedor moroso, que ocurre 
por su crédito, después de haberse distribuido los bienes de la masa, no 
puede repetir cosa alguna de los síndicos, y solo conservar sus accionas 
contra el fallido. Y si el acreedor moroso fuese hipotecario, y el valor 
del inmueble afectó á su crédito se hubiese distribuido entre los demss 
Acreedores, apesar del largo tiempo que dura, según el derecho común, 
la ftccion real procedente de la hipoteca, él no podria ejercitarla contra 
el que hubiese adquirido la fínca, en virtud de la venta her-ha por el 
coucurso. — Arts. %r)i2 Cód de Com j Moreno « I>Wf ríacion uohrt 



ESTUDIO SOBRE QÜIBBRaS 279 

Los intereses no corren contra el concurso, por los créditos 
comunes; art. 1,543 pero corren contm el fallido las enage- 
nacionesque el fallido hace, contraviniendo á lo dispuesto 
por el art. 1540, son nulas con relación á la masa ; pero 
producen obligaciones, respecto ala persona del fallido. (1) 

Como entre los créditos contra un fixllido los hay que 
tienen priviligio, general ó especial y otros que se encuen- 
tran garatizados por prendas ó hipoteca y como por la 
naturaleza misma del privilegio, los créditos que lo disfru- 
tan deben ser pagados con prelacion á los comunes, y en 
orden á los prendarios ó hipotecarios, también deben serlo 
sobre los objetos que les están afectos; el Código permite 
excluir estos créditos del concurso general y formar con- 
cursos especiales sobre los bienes que les están sugetos. 
Art. 1534 del Cód. de Com. (2) 

M is, estos concursos especiales no pueden tener lugar 
antes de la veriflcacion de estos mismos créditos: que 
debiendo comprender á todos, no puede excluirse ninguno; 
art. 1599, 1600 y 1601 del Cód. (3). Sin embargo, si al 



Quiebras)^ núm. 300 y Iluebra « Tratado de Quiebras >>y pág. 83 y 
art. 6«, lít. « De la prescripción de las acciones en particular » Cód. 
Civ. Arg. 

(1) Masfié nDroit Commerciah> i. 2 núm. 1193, ocupándose de la 
capacidad del fnllido, dice: que In nulidtid de 1o8 actos que ejecuta, es 
solo respecto á la masa y que elia no impide las responsabilidades perso- 
nales que se deriben del acto. 

(2) Esta disposición está apoyada por los arta 63 y 64 del Cód. 
Civ. Arg , tít. « De la preferencia de los créditos » y por los arts. 
571 y 672 CÓd. francés; Aiauzet lo comenia en la pág. 691 de su obra 
« Cade de Commerce, » véase taiubivu Bravard « Droit Conimercial » 
t. 6 pág. 130. 

(8) Moreuo « Disertación sobre Quiebras » núm. 287 demuestra, 
fundado cu las teorias de Henoird : que la verificación debe ser contrck" 
dictoria^ pronta^ generil y di-finitiva. 



280 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

tiempo de declararse la quiebra, estuviese pendiente algu- 
na ejecución, fundada en estos créditos privilegiados, esta 
ejecución deberia continuar contra el síndico, sin necesidad 
de verificar el crédito en que se fundase, según la forma 
adoptada para elc^sode quiebra. (1) 

Así, en resumen podemos decir : que los créditos privi- 
legiados 6 garantizados, no se sugetan, como los comunes, 
á la distribución de dividendos : que las ejecuciones sobre 
ellos, se continúan contra los síndicos del concurso, cuando 
estaban pendientes antes de su declaración y que, si estas 
ejecuciones no estaban iniciadas cuando la quiebra se de- 
claró, la verificación de estos créditos debe ser sometida á 
las reglas generales que se observan en caso de quiebra. 
— Tít. VI. del Cod. (2) 

IX. — No creo extralimitar el modesto objeto c.o estas 
« Lecciones > haciendo algunas breves observaciones so- 



(1) Aunque hemos de tener que tratnr, ni ocnpnrnos de las prefe- 
rencias de los créditos, del orden y reglas que se deberá seguir eu esta 
materia, creo útil indicar la cita en que se consignan los fundamentos 
que el autor del Cód. Civil insinúa al cnp. III. tít « De la preferencia 
de Ion créditos )> para decidirse en favor de uno de los sistemas que 
se debatian sobre esta importante materia (nota a). 

Come una muestra de los principios relativos á los créditos hipote- 
carios, puede mencionarre que Bravard ^iDroit Commercial» opina que 
el estado de quiebra no los hace exigibles antes del plazo. 

(2) No fin vacilación, por falta de antecedentes, nos atrevemos á 
vertir la opinión de que: los créditos que se encuentran en ejecución, 
cuando la quiebra se declara, si ha pasado el juicio del momento en que 
el juez de apacha el mandamiento de embargo, que importa declaración 
de que el crédito existe y trae fuerza ejecutiva, tienen, en este auto, 
un fundamento suficiente de su verdad y no es necesario que sean 
nuevamente sometidos al voto de la junta de verificación. Se entiende 
que se trata de créditos privilegiados, prendarios ó hipotecarios y aun 
de las ejecuciones de créditos comunes, si la quiebra se declarase, des- 
pués del embargo de bienes necesarios para su pagoj porque este embar- 
go produce les efectos de la prenda. 



ESTUDIO SOBRE QUIEBRAS 281 

bre el origen é índole del derecho que el art, 1539 del Cód. 
concede á los síndicos del concurso para aceptar, previa 
autorización judicial, las herencias ó legados repudiados por 
el fallido, después de la declaración de quiebra. 

Esta facultad, establecida en los Códigos Civiles de varias 
naciones (1) en fivor de los acreedores de un deudor insol- 
vente, no está fundada en ninguna razón jurídica, pues el 
legatario ó heredero que repudia una herencia, hace uso de 
un derecho y hasta puede proceder sin ánimo de perjudicar 
á sus acreedores y solo por favorecer á los herederos 6 
legatarios, que sucederían en su* derecho, en el caso de la 
hipótesis. Qui suo jure utilur nemini ledit. 

Esta acción es, como dice el doctor Velez, una ampliación 
de la acción pauliana^ que concedia el derecho romano ; 
pues esta no se estendia á los actos de renuncia de derechos 
no incorporados todavía en el patrimonio del deudor, como 
lo es el de una herencia ó legado deferido, antes de estar 
aceptados; sino á los derechos quo. ya formaban parte de 
los bienes del deudor y cuya cesión importaba una verda- 
dera diminución de las garantías de los acreedores. (2) 

Debemos prevenir, acerca del uso de este derecho, de 

parte de los síndicos : que como su fundamento es evitar 
pérdida al concurso, los efectos de la aceptación que este 



(1) GojeDa en el comeotario al art. 881 del P. de Cód. osp. que 
taiubien la establece, dice que se encuentra en loa Códigos de Francia. 
Holanda, Ñapóles, Serdeña, LnÍ8Íana y de Vaud. 

(2) Véase el art. 21, tit. « i>6 los actos jurídicos» Cód. Civil Arg^ 
y su ilustrada nota, lib. 6, ¿^2, t. VIII. — Lib. 42, D. Froinde et qui 
repudiavit heredititem. . . . non est in ea causa. 

Kl art. 18 del mismo tít. y su nota, contiene una exposición histó- 
rica de la acción pauliana y el progreso ó amplitud que se le ha dado en 
los Códigos posteríoresi inspirados mas en la equidad, que en el rigoroso 
formulismo de loB romanos. 

TCMO IX, l^ 



282 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

hace se limitan al valor necesario, en los legados á heren- 
cias, para cubrir los créditos contra el concurso, quedando 
subsistente, en lo demás, la renuncia del fallido. Art. 1539, 
§ 2° (1). 

Nuestro Cód. Civil siguiendo las reglas que establecia el 
derecho romano, para el uso de la acción pauliana, distingue 
los casos en que la renuncia fuese gratuita de aquellos en 
que fuese por causa onerosa, y en los primeros, dá lugar á 
revocación, aun cuando la personn á quien aprovechaba esa 
renuncia ignor¿ise el estado de insolvencia del deudor-; 
mas, cuando esta renunci rfuese onerosa, requiere el Cód. 
Civil que el adquiriente haya tenido conocimiento de la 
insolvencia. Art, 24, 25 y 26 Tit. — € De los actos juri- 
dicos. » 

Esta doctrina, aplicable únicamente á los actos de perso- 
nas no comerciantes, no puede observarse con un comer- 
ciante declarado en quiebra , porque, como lo hemos dicho, 
este estado produce sus efectos, desde las primeras horas 
del dia en que se declara, aun cuando no sea conocido. (2) 

Pudiera el ejercicio de este derecho acordado á los sín- 
dicos, ofrecer, por la especialidad del caso, la siguiente 
dificultad: — la sola renuncia de la herencia, cuando ella no . 
es inmediatamente seguida de un acto de aceptación, de 
parte del coheredero ó nombrado en 2* lugar, deja indeter- 
minada la propiedad de ella; está repudia'da por parte del 



(1) Apenas hny necesidad de advertir que, la herencia 6 legado 
aceptados en beneficio del concurso por los síndicos, deben ingresar á 
la masa libres de sus gravámenei ó cargos, pues estos créditos contra la 
herencÍB, no pueden confundirse con los créditos contra el concurso, 
el cual solo acepta estos bienes con beneficio de inventario. — Pardessus 
« Droit Cammercial^ » t. 3, p. 804. 

(2} Massé i< Droit Coinmerciah> t. 2, p. 35S y 357. 



ESTUDIO SOBRE QUIEBRAS 283 

fallido, pero no ha entrado en la propiedad del norabrade 
en 2° lugar (1) ¿ Será este el momento en que únicamento 
puedan los síndicos pedir la autorización que les concede el 
art. 1539? ¿O podrá usarse, aun cuando después de la 
repudiación del fallido, haya aceptado la herencia el cohe- 
redero ó sucesor que le sigue en el orden ? 

Creemos que aun en el úliimo caso, pueden los síndicos 
pedir la revocación de los dos actos (la repudiación del 
fallido y la aceptación del nuevo heredero) por que la 
acción paúl i ana se daba en derecho romano contra los 
terceros que habian contraido con el fallido ; era acción 
personal contr¿> ellos, cuyo objeto era rescindir un contrato 
válido, derechos ya adquiridos (^ue impedian el ejercicio de 
un derecho anterior. (2) 

X. - Al ocuparnos en el núm. VII de las diferencias entre 
el estado dfe quiebra y el de cesación de pagos, estudiamos, 
como una regla concisa de esta materia, los actos que el 
art. 1540 prohibe ejercer al que ha suspendido sus pagos, y 
como una síntesis de las doctrinas de este artículo, dijimos : 
que le eran permitidos al comerciante en este estado todos 
los actos que no saliesen de las reglas ordinarias ; pero que 
le eran prohibidos todos aqi^ellos en que se manilestara el 



(1) Escepiaamofi de las opinioueB maDifestadas en el tezto/la suce- 
sión entre ai>cend¡enteB y desceodientos, porque la posesión de la heren- 
cia es deferida por la misma ley sin necesidad de acto alguno de 
parte del heredero.— Art. I<> Tit. «De loa derechos y obligacionea del 
heredero » Cód. Civil. 

(2) El Cód. Civil abunda en decisiones sobre esta materia en el tit. 
u Aceptaciotí y repudiación de la herencia » principalmente sobre la 
forma de la aceptación; sus efectos respecto á los acreedores del reuun- 

\ ciftute, arts. 87 á 89 y 41 y 42 y hace extensivo este derecho de revoca* 

cien, á los casos en que el deudor acepta una herencia recargada de 
deudas, cuyo cumplimiento dismiuuiria su putrimouio con perjuicio de sus 
Ucr«'edore8.— Art. 80. 



284 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

propósito de favorecerá alguno de sus acreedores con per- 
juicio délos demás, aun cu'indo no hubiese mala fé en las 
personas ; pues en esta prohibición, la ley toranba por regla 
el acto, en sí, y no la intención de sus autores. 

Después de esto, vamos á tratar ahora de las disposi- 
ciones del art. siguiente (1541) en que se declaran sujetos á 
res3Ícion no prohibidos, corno los que se enumer¿in en el 
art. anterior — todos los demás actos no incluidos en esa 
prohibición, siempre que se pruebe que los que han recibido 
algo del fallido tenían « noticias de la cesación de sus 
pagos ». 

Gomo se vé pues, por esta breve comparación entre 
ambos arts. (1540y 1541) el primero declara nulos ciertos 
actos sospechosos ; el segundo declara sujetos á rescicion 
actos que no son sospechosos pero que se prueba que fue- 
ron ejecutados en favor de persona que conocía b < cesa- 
ción de pagos ». 

Comparemos, ahora, la doctrina del art. 1541 con las de 
los L. L. 6, 7, 8 y 9 del Tít. VIH. Lib. 42 del Dig., que son 
las principales sobre la acción pauliana. 

Este edicto del pretor procuraba evitar á los acreedores 
las consecuencias de todo acto ejecutado por el deudor, 
con mira de perjudicarles : si el acto era gratuito ; y si one- 
roso : requería la )ey, que el que recibía los objetos cono- 
ciese la insolvencia en que el deudor se colocaba, en virtud 
del acto ejecutado. 

Pero, entre los actos rescindí bles, no se comprendían los 
pagos de deudas vencidas. Y con razón ; porque este pago I 

no era espontáneo, sino forzado; era obligatorio para el 
deudor y no estaba en su mano dejar de ejecutarlo. No 
asi respecto á esos actos espontáneos; como las ventas 



. 



ESTUDIO SOBRE QUIEBRAS 5; 85 

arrendamientos etc ; que ningún deber tenia de ejecutar y 
que por el contrario, debia evitar en beneficio de sus acree- 
dores. 

Pero, se dirá, si el acto era oneroso ¿ qué ventaja podia 
traer á los acreedores su rescisión? pues si el deudor vende 
un fundo por una suma, aunque el fundo vendido sale de 
sus bienes, estos se aumentan con el precio que debe recibir, 
y si la rescicion tiene lugar aunque los acreedores consi- 
guieran por medio de ella pagarse coc .el fundo, pero en 
cambio se privasen de su valor, que habría recibido el 
deudor. 

Pero, no eran estas las consecuencias do la acción pau- 
liana ; pues la rescicion solo era en favor de los acreedores, 
los cuales contaban con el objeto enajenado para pagarse 
sus créditos. Respecto al precio recibido por el deudor, 
era una obligación estraña para los acreedores y privativa 
al deudor de ellos, la de restituir el precio de lo vendido ; y 
que debia hacer efectiva sin perjudicar á sus acreedores. 
L. L. 7 y 8 Tit. VIIL Lib. 42 del D. (1) 

Así, pues, se comprende el beneficio que traia á los 
acreedores la rescicion de los actos onerosos ejecutados por 
su deudor. 

Este mismo efecto debe tener la rescicion acordada por 
el art. 1541 del Cód. de Com. 



(l) En la ley 8 del mismo tít. del Dig. se pregunta 8¡ podria reaM- 
luirse al comprador una parte del precio j se contesta: que la cuestión 
pnede someterse al arbitrio de un juez, quien mandará restituir el 
precio « 81 las mone<la8 pagadas he encontrasen en los bienes. » 

Pudriamos aplicar esta misma regla al caso de permuta, cuando 
el objeto dado por el contratatite se encontrare en los bienes del fullido. 
Pues el objeto de esta rescicion pauliann, solo es evitar perjuicio á los 
acreedores, oo el de aumentar la fortuna del deudor, cuando el objeto 
recibido por este se encuentra en especie entre sus bi^^ues. 



28G NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

Pero, según este art. también caen entre los actos rescin- 
dibles, los pagos do deudas vencidas hechas en dinero. 
I Cual es la razón de esta disposición ? ¿Porque se abandona " 
por nuestro Código de Comercio, la doctrina romana, tan 
justa, al parecer, que esceptuabn estos actos? 

Breves observaciones bastarán para justificar la doctrina 
de nuestro Código. 

El comerciante no se encuentra en la misma situación de 
el que no lo es ; desde que un comerciante suspende pagos, 
está en el deber de presentarse en quiebra y de no pagar á 
ninguno de sus acreedores ; sus bienes deben ser distri- 
buidos, con igualdad, entre todos ellos— art. 1522. Si 
faltando, pues, á este deber, pagase á alguno de sus 
acreedores para qnien fuere conocid¿i la situación de su 
deudor, este y el acreedor habrían procedido faltando á un 
deber, y semejante pago no podria quedar bajo la protec- 
ción de aquel principio : síbi enim vigilaviL (1) 

Analicemos un poco mas nuestro artículo. 

Después de consignar las reglas de la rescicion, casi con 
los mismos términos que emplea el art. 447 del Cód. francés, 
nuestro art. agrega al último. 

SaIvo el derecho á los terceros de buena fé para reclamar laa An* 
man de bq pertenecía que hubiesen entrado á la masa *. 

¿ Cuales son estos terceros de buena /e, que pueden re- 
redamar de la masa, las sumas de su pertenencia ? 

Si suponemos que los que contrajeron con el fallido ena- 
genaran á otros las cosas que recibieron de él; rescin- 

■ 

dido este acto, no seria el concurso, sino el que contrajo con 
el fallido la persona intermediaria entre este y el tercero 
quien debería restituir á ese tercero el precio de la cosa 

(l) Este principio está consignado en el J 7 de la L. 6 del tit. j 
Lib. citado. 



ESTUDIO SOBRE QUIEBRAS 287 

de que se vé privado, en virtud de la rescicion pauliana. 
Asi parece disponerlo la L. 9, Tít. VIII. del Lib. 42 del Dig. 
tantas veces citado. 

Me parece, pues, que este caso agregado por nuestro 
Código y no contenido en el Cód. fran. no puede tener lugar 
como consecuencia de la acción pauliana. (1) 

XI. — Es una consecuencia natural, de la desposeswn de 
siis bienes en que el estado de quiebra coloca al fallido la 
exigibilidad de los créditos contra la masa, formada de 
todos esos bienes. (2). Y a un pudiéramos agregar la ra- 
zón, que con tanta exactitud como elegancia indica el doctor 
Moreno, en su disertación sobre el estado de quiebra. 

« Proclama como verdad judicial la pérdida completa de la solvencia 
7 la imposibilidad del crédito». (8) 

De aquí resulta : que todo crédito contra el fallido se 
hace exigible en virtud de la declaración de quiebra — art. 
1,514 del Cód. ; pero, como esta exigibilidad no procede de 
la naturaleza y condiciones del crédito sino de la necesidad 
de que todos participen de los dividendos que han de dis- 
tribuirse; si algunos de esos, créditos estuviese sujeto á 
tan largo plazo, que el acreedor recibiese su valor, antes 
de vencerse, se le harán las entregas — 

« coYi descueuto de los intereses legales correspondientes al tiempo 
que faltase para el vencimiento > — Art. citado. (4) 

Debemos advertir : que este descuento de intereses no 



(1) Véase el com. del art 447 del Cód. de Com. francés en Alauzet 
«< Code de Cammercoi t. 6, p. 137. 

(2) No hablamos de los bienes esceptu'\dos; ó por no pertenecer al 
fallido 6 por estar sngetos al pago de algún crédito privilegiado etc. 

(3) Nota 60, p 64. 

(4) Ta hemos advertido que los créditos conservan sus condiciones 
naturales^ respecto al fullido; pero que, en orden á la masa, se subordi- 
nan á las condiciones que requiere su pronta liquidación. 



288 KUBVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

puede imputarse ala diminución que los dividendos entre- 
gados hubiesen sufrido, en virtud del déficit que la quiebra 
presentare ; pues la quiebra paga íntegramente sus deudas 
pagándolas con el déficit que le corresponde; ella nada 
debe después de distribuir entre los acreedores las cuotas 
que les corresp(»nden, disminuidas en proporción del déficit 

general. (1) 
El 2° parágrafo del art. trata de la forma en que han de 

pagarse las deudas procedentes de prestaciones anuales ; 

p. e. censos; memorias pias; enfitéusis etc. (2) 

Pasemos ahora á examinarlos efectos de la quiebra en 
los créditos del concurso. 

Como observa muy bien Brav¿ird : (3) si es indispensable 
liquidar y distribuir entre los acreedores del concurso la 
masa de bienes que lo constituye, es también esencial 
reunir á esa masa las sumas y objetos que sus deudores de- 
ben entregarle. 

Pero ¿cómo se hará pa,ra obligará los deudores condi- 
cionales, ó á largos plazos, ó que oponen escepciones al 
concurso, para conpelerles á entregar prontamente las su- 
mas debidas ? 

Nuestro Código ha provisto este necesidad, autorizando á 
los síndicos para que con previo acuerdo de los acreedores 
y autorización del Juez comisario. — 

• Puedan enagenar las deudas activas de la masa, que fuesen de 



(1) Esta doctrina, que es fundamental en materia de quiebras, tiene 
aplicación en el caso en que varios deudores solidarios se encnentran 
quebrados; las masas fallidas nada se deben entre sí aun cuando algunas 
garantizan á las otras.— Art. 171« y 1714 del Cód.— Moreno i^Quiehras^* 
núm. 860 A 363 y art. 648 Cód. de €om. francés. 

(2) Casi todos estos contratos están suprimidos por el Cód. Civil y 
Leyes administrativas. 

(3) Bravard « Droit Cammercial » t. 6, p. 166 á 166, 



ESTUDIO SOBRE QUIEBRAS Zí9 

<léficít, liqaidaciou y cobranza, y entrar, á bu respecto, en cualqumra 
transacción ó convenio, que tienda á activar la liquidación. » Art. 1^60 

Estas medidas del concurso con sus deudores, estos 
arreglos y pactos, en que se procura, por medios amistosos, 
allanar las dificultades y anticiparle los pagos, se adoptan, 
por que la exigibilidad de estas obligaciones no sufre el 
menor cambio, en virtud de la quiebra : que es un acon- 
tecimiento estraño á los deudores, impotentes para modi- 
ficar sus derechos. (1) 

Notamos sin embargo de aceptar el medio adoptado por 
nuestro artículo: que no seda participación al fallido en 
estos arreglos, no obstante de dársela en las deliberaciones 
tendentes á la continuación del giro del fallido ; que puede 
comprometer tanto los intereses del fallido como una tr¿m- 
saccion; art. 1647. (2) 

Ademas : creemos que, si la adopción de estas medidas ó 
bases de transacción y ventas de créditos, suscitasen cues- 
tiones entre los que deben adoptarlas, estas deberían ser 
sometidas, no al juez comisario, que solo interviene en lo 
meramente administrativo y económico de la quiebra, sino 
al juez de comercio, que falla sobre los derechos conten- 
ciosos.— Arts. 1555, 1576 á 1579 del Cód. (3) 

XII. — La compensación, considerada como un medio 
general de disolver obligaciones, está sujeta á las/eglas 



(1) ' Bravard lug. eit. y Alauzet « Code de Commisree)) i. 6, p. 687. 

(2) El art. 570 del Cód. de Com. francés requiere la intervención del 
fallido, como condición esenciul. — VÓHBe Alauzet, t. 6, p. cit. 

(3) Bravnrd, « Di'oit Commocial » t. 6, p. 95 y sig. — Moreno « Di' 
sertacion» observa: que el ju^z comisario era uno de los miembros 
del tribunal de comercio. 

Pero, aun cuando asi fuera, no fornibba por sí 'solo el tribunal j 
ademas, eu Córdoba, los jueces comisarios son individuos del comercio. 
—Ley provisional de 1® de junio de 1864. 



290 NÜBVA REVISTA DE BUENOS AIRES. 

del derecho civil. (I) y aunque, como vamos á verlo, el 
estado de quiebra hace exigibles los créditos comunes con- • 
tra el conenrso, esta exigibilidad en nada influye sobre su 
compensación. 

He aquí la regla que p-ira la compensación, en el caso 
de quiebra, establece el art. 1545. 

« La compensación tiene lugar, en caso de quiebra, conforme A las 
reglas establecidas en el título. « De lo8 modoi de estinguirse las obliga- ' 
eUmei. » 

Lo que importa decir • tiene lugar según las reglas ordi- 
narias > pues el estado de quiebra no introduce en las rela- 
ciones activas y pasivas del concurso, ninguna modificación 
que permita la compensación en otra forma de como lo 
establecen las reglas comunes. (2) 

Nos esplicareraos con mayor claridad. 

La exigibilidad que produce el estado de quiebra, sobre * 
las obligaciones del concurso, no basta para hacer compen- 
sables estas obligaciones con créditos del concurso, venci- 
dos ya, ó cuyos acreedores, renunciasen los plazos en que 
podrían pagarlos, para obtener* esta compensación. 

Veamos, con ejemplos, los diversos casos que pueden 
presentarse. 

Juan tiene tiene un crédito líquido y exigible por mil 
pesos, contra el concurso de Diego, de quien es deudor, á 
la vez por otra suma igual, que deberá pagar en el térmi- 



(1) En el Cód. de Crm fígura un tít. sobre los modos de estinguirse 
los obligaciones, como figuran otros muchos, sobre contratas civiles, que 
han sido suprimidos en el proyecto de üefurmas, y en el tít. sobre com 
pensacion, Cód. Civil, se consigna un art. (el 11) sobre la compensación, 
en caso de quiebra, exactamente conforme en sus reglas al art. 1,645 
del Cód. de Com. el cual ha sido omitido en el proyecto de reformas, 
tal vez por este motivo. 

(2) Moreno v Quiebra» núm 73, p. 55. 



ESTUDIO SOBRE QUIEBRAS 291 

no de tres meses ¿ Podría compensar Juan estas obligacio- 
nes, renunciando el término de tres meses que tiene para 
pagar su deuda?-— No podría: vencido el plazo en que 
debiese pagar su. obligación, el concurso se la cobraría 
íntegra y él solo recibiría á cuenta de su crédito, los 
dividendos que el concurso pudiera entregar. 

Si de otra manera se procediera, la compensación facili- • 
taria á muchos acreedores el pago íntegro de sus créditos, 
con perjuicio de los demás. 

Veamos otro caso. 

El crédito de Juan no era exigible ; pero el estado de 
quiebra le dio este carácter; al paso que, su deuda era ya 
exigible, antes que la quiebra se declarase. Se pregunta : si 
esta exijibilidad adquirida por el estado de quiebra, bastaría 
para la compensación. Podemos contestar que nó : y que el 
concurso siempre cobraría íntegramente su crédito y solo 
pagaría á sus acreedores, con dividendos proporcionados 
á la masa. (1) 

Podemos, entonces, sentar como regla constante sobre 
esta materia, el siguiente principio establecido p(»r el art. 
11 Tft. « De la compensación > Cód. Civil que : 

« El deudor ó acreedor de un fallido, aolo podrá alegar compeusacion 
fii cnanto á las deudas que antes de la época legal de la falencia ya 
exÍHtinn, y eran exigíMes y líquidas después de lus deudas contraidns, 6 
que se hicieren exis^ibles y liquidas después de la época legal de la 
quiebra. » 

Y agrega : 

» El deudor del fallido, en este último caso, debe pagar k la masa 
lo que deba, y entrar por su cródito en el concurso general del fallido. » 



(1) Pardessus « DroU Commercialyy núra. 1,126; Massé «Z)roi¿ 
Commercial yy t. 4, núm. 2,306. 



293 MÜKVA REVISTA DB BÜBNOS AIRBS 

Pasemos á ocuparnos del último parágrafo del art. 1545 
del Cód. de Com. 

En él se habla en términos que hacen suponer una escep- 
cion á la regla sobre compensación, establecida en la pri- 
mera parte del mismo art. pues dice : 

» Sin embargo, no podrán alegar cooipeosacion los cesionarios ó en- 
dosntiros de títulos ó papeles de crédito contra el fallido. » 

Esta doctrina, creo que no puede aceptarse en toda su 
generalidad, y creo que debemos distinguir los casos en 
que ella podría admitirse. 

Si por ejemplo: el cesionario del papel de comercio^ 
que lo hace acreedor del fallido, fuese deudor de él á plazo 
vencido ó que se venciese antes de la quiebra y la cecion 
hubiese tenido lugar antes de la época de la quiebra, no 
habría inconveniente alguno p ira la compensación : la cual 
se veriñraria en el momento mismo de la adquisición de la 
letra. 

Si, por el contrario, la deuda del cesionario de la letra 
no se hubiese vencido sino después de la fecha de la quie- 
bra, no podria el tenedor de la letra, por medio de una 
renuncia del plazo de su obligación, verificar una compen- 
sación. Como lo hemos dicho ya. 

En una palabra : si la compensación habia tenido lugar 
antes de ki quiebra, me parece indiferente la causa de los 
créditos y débitos ; puede proceder de endosos, de acepta- 
ción de letras, de ventas, etc. (1) 

Verdad que es sumamente ílcil antidotar un endoso, 



(1) Vénse en el tratado de Ins letras de cambio, en el primer volumen 
de efitns » Lecciones » loa eft ct08 de la quiebra del librador y girador 
cuando tienen lugar antes ó después da la acüptucion, p. 242, núm. \ j 
247, núm. V, 



ESTUDIO SOBRE QUIEBRAS 293 

pudiendo por este medio referirlo á una época anterior á la 
quiebra ; pero esta posibilidad no puede fundar una pro- 
hibición absoluta, pues esto afectaría el curso regular de 
las letras y papeles endosables. (1) 

XIII. — La exigibilidad que la quiebra produce, respecto 
á las deudas del fallido, requiere algunas reflecciones en su 
aplicación á los casos en que, algunos terceros, que no se 
encuentran en quiebr'a están solidariamente obligados con 
el fallido, ó constituyen un-i fianza solidaria sobre lo que 
el fallido debia. 

Según los principios del derecho civil, ni en el caso de 
deuda solidaria^ ni en el de fianza solidaria la insolvencia 
de uno de los co-deudores ó la del deudor principal, pueden 
abreviar los términos del pago, respecto á los otros obliga- 
dos, ó imponerles obligación de dar fianzas. La solida- 
ridadj aunque está fundad i en la unid id del objeto de la 
obligación, admite, sin embargo, diversidad de condicio- 
nes y plazos respecto á cada uno de los deudores. — Art. 4 
Tít. € De ias obligaciones solidarias y^ Cód. Civil y la L. 
7, Tít, III. Lib. 45 del Dig. 

Respecto á la fianza solidaria, el Cód Civil dispone : que 
esta circunstancia, no la desnaturaliza, convirtiéndola en 
obligación principal, será siempre á pesar de esto, < obli- 
gación accesoria» art. 18, 19 y 35 Tít: <De la fianza)^. 

Estas reglas sobre la invariabilidad de las obligaciones, 
cambian cuando es no el deudor principal sino el fiador, 
quien se encuer^tra en quiebra ; pues, como este garantiza 
al deudor principal, tiene el deber de dar otro fiador, para 



(1) Este acto está sujeto i la pena de fHlsificncioD.— Art. 810 del 
Cód dcCom. 



294 NUEVA REVISTA DE BJENOS AIRES 

disfrutar del plazo de su obligación -art 16, del Tit. cit; 
Cód Civil. (1) 

Estas reglas del derecho civil, permanecen invariables 
en derecho comercial, en caso de quiebra; con la escepcion 
que luego vamos á ver. -Art. 1,540, 1,541 y 1542 Cód. de 
Comercio. 

He aqui la escepcion que indicábamos : 

« Los cO'deudores del fuüúlo eu deuda comercial, no vencida al tiempo 
db lu quiebra, solo eatarrtu obligadus á dar fíanzu de que pagarán al ven- 
cimiento, si no prefiriesen pagar inmediutameute. * 

Cuya disposición solo es aplicable al caso de deudas 
simultáneis; pues, cuando es sucesiva, como en los cndo- 
sos, la quiebra del endosante posterior no dá derecho á 
demindar, antes del vencimiento, á los endosantes anterio- 
res.— Arts. 1546 y 1547 del Cód. 

Al leer uno estas disposiciones, tan concisamente espres^- 
das, no puede descubrir el alcance que ellas tienen; no sabe 
si la solidaridad que puede nacer de un documento, de un 
pagaré, por ejemplo, procedente de compra, firmado por 
v¿irios deudores que solidariamente se obligan á pagarlo en 
el caso de quiebra de uno de ellos, podrá exigirse de los 
otros la fianza ó pago anticipado. 

Tampoco dicen estos arts. si en el caso de quiebra de uno 
de los suscritores de una letra de cambio, los endos-uites 



(1) Bravard « Droit Commercial >) i 6, desde la pt^g. 16^ hasta 169, 
se hace cargo de todas las cuestiones que pueden surgir, en virtud de la 
quiebra de uno de los deudores solidarios, ó también de U del deudor 
principal ó de la de su fiador, y, fundado en la opiuion de Pothier 
(ñola 1') sostiene que la quiebra de uno de los deudores solidarios solo 
hace ezigible la deuda respecto á él ; que en los demás casos, la quiebra 
del principal deudor en nada modifica la de su fiador; pero que, la de 
é8l« impone al primero el deber de dar uq nue^o fiador, 



ESTUDIO SOBRE QUIÉBRAOS 295 

posteriores, estarían obligados á dar fianza, para reempla- 
zar esa firma insolvente ; como lo establece el art. 444 del 
Cód. de Com. francés. (1) Pues, tratando de las garañtias 
que pueden exigirae en los papeles de crédito, no encontra- 
mos otras, en nuestro Código, que las establecidas por los 
arts. 828 y 901. (2) ' 

Pero, aun en este estido de vaguedad é incertidumbreen 
que nos deja nutístro-Código, sobre los efectos de la quiebra 
en las deudas simultáneas y mancomunadas, debemos ma- 
nifestar algunas reflecciones. 

Como decíamos : es indudable que, según el derecho 
civil, la quiebra de un deudor solidario, no modifica en nada 
las obligaciones de los demás. 

i Habrá querido el derecho comercial separarse de esta 
regla, imponiendo á los co-dcudores solventes, el deber de 
dar fianza ó de pagar anticipadamente ? 

Así lo cree Moreno, en su « Disertación sobre quiebras^ 
p. 59, núm. 78 observando que: aunque esta disposición es 
opuesta á la naturaleza de la solidaridad, es aceptable eu 
beneficio del comercio. 

Renoird, en el primer volumen de su Tratado sobre 
quiebras; p. 336, núm. 5, impugna esta doctrina, fundan- 
dose en los perjuicios que ella ocasionaria, obligando á un 



(t) Bravard «DroiY Commercial» t. 5 desde la p. 169 hasta la 
178 estudia con fina crítica los efectos que produciría la quiebra del 
girado, antes y despuPb de la acepticion, la del librador y la del 
girador cun relación á los defechos que el tenedor podría usar, contia 
las demás obligados al pago de la letra de cambio y de los vales en- 
dosables. 

(2) Véase lo que hemos dicho sobre esta materia, en las p. 248 y 297 
del primt^r volumen de estas c Lecciones. » 



296 NUEVA REVISTA D2 BUENOS AIRES 

deudor á dar fianzas que él no habría podido preveer, 
con perjuicio de su crédito. 

Me parece, ademas, que la opinión de Moreno y la censu- 
ra misnria de Renoird, no tienen otro fundamento que la 
disposición del art. 448 del Oód. francés del año 1808 que, 
en términos generales atribuia á la quiebra el efecto de 
hacer exigibles las deudas no vencidas^ Disposición que 
fué modificada por el art. 444 de la ley de 1838, limitando 
en su primera parte los efectos de la quiebra á las obliga- 
ciones del quebrado, y en su segunda parte, á ciertas obli- 
gaciones determinadas, en relicion á los suscritores de 
papeles de comercio. 

Así pues : si el modelo de los artículos de nuestro Código 
íué el Código francés del ano 8, pienso que, habiendo sido 
reconocidos sus defectos por la ley del año 38, también nos-^ 
otros deberíamos abandonar la doctrina de los arts. 1546 
y 1 547 del nuestro, y adoptar los principios del derecho 
civil. 

NicÉPORO CASTELLANO. 

Córdoba, diciembre de 1883. 



IMPRESIONES DEL BRASIL 



LA BIBLIOTECA DEL EJÉRCITO EN RIO JANEIRO (1) 

El Brasil se preocupa extraordinariamente de todo lo 
que se refiere á su ejército y marina. En los diversos 
lielatorios presentados anualmente por los Ministros del 
ramo, se encuentran consignados los constantes esfuerzos 
que se hacen por el engrandecimiento de ambas institu- 
eiones, y mensualmente puede seguirse el rápido progreso 
que alcanzan, recorriéndolas páginas de sus dos interesan- 
tes revistas tócnicis: O ExercUo Brazileiro y la Revista 
Marítima Brazileira. 

En sus últimas publicaciones oficiales con motivo de la 
Exposición Universal de Amsterdam en 1883, se encuentran 
resumidos esos datos, que me parece conveniente recordar. 
La fuerza pública se compone del ejército, de la marina de 



(1) Estas páginas forman nn capitalo especial de los XIÍ en que 
he divtdiJo mis Impresiones del Brasil, estudios á que aludí en mi art. : 
< Bio de Janeiro — Apuntes de Víage » ( < nueva rkvista » VIII t. p. 261 
á 298.) Publico este capitulo que llera en la serie el núm. XI, como 
especial homenaje á mi distinguido amigo, el Ezmo. Consejero Frau- 
kiiu A. de Menezes Doria, á cuyo celoso patriotismo se debe U ctea- 
«ion del establecimiento que me ocupa. 

TOMO IX 20 



298 NUEVA RQYISTA DE BUENOS AIRES 

guerra y de los cuerpos policiales. El ejército de paz es de 
13,000 bombreSf. divididos encuerpes especiales: cuerpos 
móviles y de guarnición. El pié de guerra es de 32,000 
bombres. La infantería está armada de fusiles Comblain, la 
caballería de carabinas Winchester y de revolvers Lefau- 
cbeux, y la artillería de cañones Krupp y Whitworth. El 
servicio de la policía es hecho por la guardia urbana, que 
es un cuerpo de 670 hombres en Rio, y variable en cada 
provincia, pues lo determinan las asambleas respectivas. 
En Rio, la guardia urbana tiene además un cuerpo auxiliar 
de 560, organizados militarmente. La marina tiene 59 
navios, de los cuales son 8 lanchas á vapor, 5 buques, 14 
encorazados y 4 en construcción: todos están armados con 
85 piezas de canon lisas y 92 rayadas; siendo su fuerza total 
de 11,180 caballos de vapor. Su personal comprende ofi- 
ciales de marin^i, de administración, desanidad, mecánicos, 
capellanes, pilotos, maestres y contra-maestres. La mari- 
nería forma 30 compañías de 3,000 hombres en tiempo de 
paz. En el de guerra se aumenta con 17 compañías de 
reclutas. El consejo naval está organizado según las 
bases del Almirantazgo francés. Los oficiales son 338. 
Hay 6 arsenales de marina donde se construyen hasta en- 
corazados. Un laboratorio pirotécnico fábríca armas, pro- 
ductos pirotécnicos y construye máquinas. Hay además, 
una fábrica de pólvora. La usina de Ipanema fabrica los 
proyectiles, cañones, armas blancas, y útiles para los arse- 
nales y navios. El arsenal de guerra de Rio tiene 600 
obreros generalmente y con frecuencia 1000, encargándose 
de confeccionar uniformes, equipos, y todo lo que necesita 
el ejército, las fortalezas y los establecimientos militares. 
Sin embargo, debe observarse que no se han dictado aun 



IMPRESIONES DEL BRASIL 299 

los Códigos Militares y Navales, ni las Ordenanzas que 
requiere la época moderna. El Vizconde de Paranaguá 
nombró una comisión con ese objeto, pero tuvo que disol- 
verse. La ley de reclutamiento es también insuficiente. 
Con todo, la Escuela Militar de Rio está perfectamente orga- 
nizada, como la de la provincia de Rio Grande do Sud y la 
Escuela de Tiro de Campo Grande : para ingresar en ellas 
funcionan escuelas preparatorias en los regimientos, ha- 
biendo dado satisfactorios resultados la del batallón de 
ingenieros. Prescindo de las compañias de aprendices 
militares. En Rio, Para, Babia y Porto Alegre funcionan 
regularmente buenos arsenales de guerra, y tanto el labo- 

• 

ratorio pirotécnico de Campinho como la fábrica de pólvora 
de Estrella, dan los mejores resultados. No hablo, por 
cierto, de las colonias y presidios militares del Alto Uru- 
guay, Chopimj Chapecó y Santa Thereza. Existe además un 
notable Archivo Militar con una oficina litográfica. Debe 
también decirse que están bien organizados los Hospitales y 
Enfermerias Militares. 

Creo importante observar, sinembargo, que la guardia 
nacional propiamente no existe en el Brasil. En efecto, la 
ley número 2.395 de 10 de setiembre de 1873 abolió ese 
servicio, salvo en los casos estremos de guerra extrangera, 
rebelión, insurrección ó sedición. Además, el decreto núm. 
2.029 de 18 de noviembre de 1857 organizó, por motivos de 
orden público, las circunscripciones fronterizas. (1) 

Con todo, necesario es observar que se gasta con libera- 
lidad. En el presente año el presupuesto del Imperio sube 



M] Es sabido por otra parte que el partido liberal, en su famoso 
programa de 1869, reclamó la abolición de la guardia nacional, si bieu 
iudicuba 8Q sustitución por una guardia cívica municij^aU 



390 NÜBVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

á 130,185,060 $ 347 reis; el de Guerra absorve 14,657,212 $ 
022, y el de Marina 11,202,930 $ 065. Con todo, los 
brasileros pretenden que hay aun mucho que hacer hasta 
lograr que su organización militar esté á la altura de la 
de Alemania p. e. Todos los Ministros que se suceden 
en las* carteras de Guerra y Marina se preocupan tenaz- 
mente de acelerar el perfección uniento del Ejército y de la 
Armada. 

Entre estos Ministros, uno de los mas notables ha sido el 
consejero Franklin Americo de Menezes Doria, por que se 
ocupó con éxito y provecho de realizar en lo posible esa 
reforma. El consejero Doria es una figura eminente en la 
política brasilera, tanto en la Cámara, como en la presid.^n- 
cia de algunas provincias ó en el Ministerio. Literato nota- 
ble, traductor de Longfollow, es un abogado de fama y un 
jurista respetado, habiendo publicado trabajos como sus 
Questóes jurídicas que bastan para labrar la reputación de 
un hombre. Yerno del vizconde de Paranaguá, goza de-una 
envidiable posición social. . 

Al consejero Doria debe el Ejército muchas reformas 
importantes. Entre otras^ la creación de la Biblioteca del 
Ejército, institución de que quiero especialmente ocuparme. 
El consejero Doria comprendia muy bien que el Ejército 
necesita ser instruido y su oficialidad ilustrada : no bastaba 
para eso la creación de escuelas de regimiento, sino que 
quiso coronar su obra con la creación de una Biblioteca 
Militar. 

Por decreto número 8.336, de 17 de diciembre de 1881, 
se ordenó por el Emperador la creación de la Biblioteca del 
Ejército. El Ministro Doria desplegando extraordinaria 
actividad, habia ya mandado adquirir por intermedio de 



IMPRESIONES DEL BRASIL 301 

las Legaciones imperiales en Europa, una selecta colección 
de obras militares, y de todas aquellas que bajo el aspecto 
de la teoría, ó de la inmediata aplicación práctica, aprove- 

• 

chen á las especialidades de la profesión de las armas. La 
Biblioteca del Ejército, destinada especialmente á los ofi- 
ciales y clases, debia ser una institución auxiliar de todas 
las de instrucción militar. Exitando el celo de muchos ofi- 
ciales y particulares, se obtuvieion también importantes 
donaciones. 

En el Arsenal de guerra de Rio se construyó toda la 
estantería y mobiliario requerido, y por decreto do 19 de 
diciembre se nombró el personal, á cuya cabeza fué puesto 
el capitán de Ingenieros. Tito Antonio da Franca Amaral 
La Biblioteca fué establecida en la plaza da AcclamacaOj 
con entrada por la calle de Mardlio Dias. 

Por fin, pudo ser solemnemente inaugurada el 4 de 
enero de 1882 en presencia de SS. MM. II. y de SS. AA. II. 
En el discurso del Bibliotecario se hizo con elocuencia la 
apologia de la Biblioteca, que significaba un verdadero pro- 
greso, no solo por estar franqueada á la oficialidad, sino por 
estarlo á los simples soldados y aun á los particulares. Al 
inaugurarse contaba ya la Biblioteca con 3.000 volúmenes 
distribuidos en 58 estantes, y de esos, 300 hablan sido 
donados, principalmente por la viuda del coronel Carvalho. 

La Biblioteca ocupa varias salas espaciosas, y está situa- 
da en el primer piso del inmenso edificio que forma uno 
de los lados de esa gran plaza, y que en su totalidad sirve 
para dependencias del Ministerio de Guerra Al subir la 
escalera, á la izquierda está una sal i de lectura para los 
soldados, y á la derecha, después de pasar por las oficinas 
de la Dirección y secretaria, donde se encuentra el retrato 



302 NUBVA REVISTA DB BUfiNOS AIRES 

del fundador consejero Doria, se llega al espléndido salón 
de lectura para los oficiales 
Este salón es cuadrilongo, con ventanas á ambos oosta- 

» 

dos, en el centro mesas, donde se encuentran las principales 
revistas militares del mundo, pero carece de estanteria. 
Pero en cambio, en la pared del frente, al entrar, está el 
busto de S. M. el Emperador, en mármol de Carrara; y á la 
derecha, entre ventana y ventana, sobre elegante y se- 
vero pedestal, los bustos en mármol de S. A. el Príncipe 
conde d'Eu, general Osorio, vizconde de Tamandaré, almi- 
rante Barroso, general Polydoro, general Andrade Neves; y 
del otro lado, á la izquierda, el duíjue de Caxias, conde de 
Porto Alegre, vizconde de Inbauma, barón de Angra, 
vizconde de Pelotas y vizconde de Itaparica. El golpe de 
vista es magnífico é imponente. El espiritu se recoge en 
presencia de los bustos de las grandes glorias militares del 
Brasil. 

. Pasando ese salón se llega A las salas de depósito donde 
se encuentra colocada la estanteria transversalmente á fin 
de ganar espacio y asegurar la aereacion de los libros. Las 
ventanas que darí á la calle están calculadas para impedir 
el polvo, pero que desgraciadamente penetra. 

Inaugurada con 3,000 volúmenes, al año siguiente poseia 
la Biblioteca 7,905, en su casi totalidad relativos á asuntos 
militares, estando 3,540 encuadernados y 4,365 á la rústica, 
sin incluir en ese cómputo las revistas y periódicos nacio- 
nales y extranjeros. En ese corto periodo, la Biblioteca 
del Ejército demostró prácticamente la utilidad de su crea- 
ción, pues en los primeros 4 meses fué visitada por 1,500 
lectores, de los cuales 201 eran oficiales, 736 soldados y el 
resto particulares. 



IMPRESIONES DEL BRASIL 303 

De mayo á diciembre áe 1882 fué frecuentada, según 
estadísticas que tengo á la vista, por 2,906 personas, de 
las cuales 1,237 eran militares, habiéndose adquirido 1,203 
volúmenes, tanto por óompra como por donaciones de par- 
ticulares. 

Tal ha sido hasta ahora la marchi de este establecimien- 
to que no cuenta mas que 2 años de existencia. 

Por supuesto no es esta una Biblioteca que pueda tener 
tesoros bibliográficos, pero la Associagao Promotora 
da Indru(;cao al donar Ijs obras de Alvarenga, envió un 
Mss. de Gon^alves Días, y entre la colección de Mss. se notan 
3 sermones del capellán P. San Carlos. 

El consejero Doria no se contentó con fundar esta Biblio- 
teca, sino que profesando verdadero apego á su creación, 
la organizó personalmente, y continuamente le presta la 
ayuda que le es posible. Aun no se han publicado los catá- 
logos que he sentido no poder examinar detenidamente, por 
haber sido dados ya á la prensa. 

La Biblioteca está abierta al público, durante todo el año, 
desdólas 9 a. m. hasta las 2 p. m. y de las 6 á las 9 p. m. 
exceptuando los dias feriados y las vacaciones, que son del 
25 de diciembre al 6 de enero. La entrada es libre. 

Al entrar cada lector recibe del portero un número de 
orden que entrega al sub- bibliotecario, el cuhI en cambio 
le dá el siguiente : 



304 



NDBVA.- RBVISTA OÍS BOBHOS AIRES 



BOLETIM 



BIBLIOTHEC A DO EXERCITO BRASILEIROl 



Rio de Janeiro, . . , , de de 18. . . 



Título, lugar e data da 
publicagao, e formato da 
obra 



Nome e morada do leitor . 



Estante N». 



NUMERO DA SENHA 



Nome do auctor da obra 
pedida . 



Después de llenar las indicaciones contenidas en el bole- 
tín anterior, lo entrega al ayudante del Bibliotecario, quien 
previa consulta de los catálogos en papeletas, pone en el 
boletín las indicaciones necesarias para que el ordenanza 
traiga la obra pedida. Este ordenanza entrega al lector la 
obra solicitada, anotando en el boletín el número de volú- 



IMPRESIONES DEL BRASIL 305 

menes y si está deteriorada, etc. Al salir el lector entrega 
al portero dicho boletín, que prueba que ha devuelto reli- 
giosamente lo que le fué facilitado. 

Todos los libros del establecimiento pueden ser pedidos, 
pero para obtener tres á la vez, es necesario la autoriza-, 
cion del Eibliotecario. Sinembargo, los libros raros solo 
pueden ser consultados en una mesa especial. Lo mismo 
sucede i^n los mss. estampas y libros que contengan gra- 
bados. E.i esa mesa especial es prohibido el uso de la tinta. 
Para sacar copia de los mss. ó para consultar los que fueren 
reservados, es menester autorización expresa del Ministerio 
de la Guerra. 

Se ha permitido el préstamo de libros, pero solo por un 
término de 15 dias, .y únicamente á los oficiales generales 
del Ejército, á los gefes de las diferentes reparticiones del 
Ministerio de la Guerra y á los miembros de la Comisión de 
perfeccionamiento de) material de guerra. Para ello hay un 
libro especial en Secretaria, donde se responsabilizan bajo 
su firma las personas mencionadas cada vez que toman un 
libro en préstamo. En casos especiales, y mediante orden 
superior, se suele prorogar el plazo.reglamentario.de 15 
dias. 

El inventario del establecimiento está á cargo del sub- 
bibliotecario. Es un libro en el cual se inscribe todo lo que 
entra ó sale de la Biblioteca. El libro está dividido en 1 1 
columnas, que son: V fecha (de la entrada ó salida); 
2° número del registro ; 3"* nombre del autor ; 4" título del 
libro; 5** lugar de la impresión ; 6° fecha de esta; 7"* ta- 
maño; 8° encuademación (pasta ó rústica); 9° origen 
(compra ó donación); lO** costo, IV observaciones. 

El personal de la Biblioteca se compone de 1': un biblio- 



• • 



306 NUEVA RBVJSTA DB BUENOS AIRES 

tecario, 2^* un ayudante del mismo, 3* un portero, 4" un 
guarda, 5"* un sirviente. Los dos primeros son oficiales 
de cualquier cuerpo del Ejército, y como sueldo conservan 
su dotación militar, debiendo observar que el sub-biblióte- 
. cario desempeña igualmente las funciones de secretario. 
El portero es un antiguo soldado, escogido entre los de 
mejor comportacion, y tiene como sueldo 60 $ 000 reis 
mensuales. El guarda, tiend 6 $ 000 y el sirviente 
4 $ 500 también mensuales. Ademas, con frecuencia se 
emplean algunos soldadas de los cuerpos de la guarni- 
ción de Rio, para trabajos de limpieza, y conservación de 
libros, estantes, muebles y otros objetos del estableci-. 
miento. 

Según el reglamento espedido por el consejero Doria, el 
1 7 de diciembre de 1881, al bibliotecario le corresponde: 
P dirigir todo el servicio de la Biblioteca ; 2" representar 
á ésta para con el Gobierno y particulares; 3° velar por la 
conservación de todos los libros, papeles y utensilios de la 
Biblioteca, y proponer las medidas que para ello juzgue 
convenientes, como para la mejora y desenvolvimiento de la 
institución; 4** organizar los catálogos y dirigir los traba- 
jos que debe ejecutar el secretario; 5"* presentar anual- 
mente al Ministerio de la Guerra, en el mes de enero, una 
Memoria de lo que hubiere ocurrido en la Biblioteca, ha- 
ciendo las consideraciones que le parezca convenientes, 
' como presupuestando las cantidades indispensables, tanto 
para la compra de los objetos que deben ir continuamente 
aumentando el peculio del establecimiento, como también 
para los gastos internos del mismo. 

Al ayudante'del bibliotecario incumbe: !• llevar la cor- 
respondencia de la Biblioteca, como los libros de avisos^ 



IMPRESIONES DEL BRASIL 307 

notas, entrada de todas las obras y publicaciones existen- 
tes, y cualesquiera otros trabajos que fueren necesarios ; 
2^ conservar y tener al día un inventario completo de la 
Biblioteca, tanto en lo que se refiere al depósito literario, 
como en lo relativo al mobiliario; 3' por fin, sustituir al 
bibliotecario en sus taitas é impedimentos. 

El portero es el que arregla los libros y papeles, según 
se lo ordenan, siendo auxiliado en ese servicio por el sir- 
viente y por los soldados que estuviesen á disposición de la 
Biblioteca ; y es el que tiene que abrir y cerrar el edificio á 
las horas reglamentarias, y sobre todo, cuidar de los uten- 
silios. El guarda es el que auxilia en todo lo relativo al 
servicio de libros para los lectores, en la forma que he indi- 
cado antes, y el sirviente es el encargado del aseo y limpieza 
del establecimiento. 

Para los gastos de la Biblioteca señala el presupuesto 
de 1883-1884, la cantidad de ?,890 $ 000 reis anuales, 6 
sean pfts. 1445 lo que, como se vé, es bastante reducido, 
sobre todo, cuando se reflexiona que la Biblioteca Nacional 
de ;Rio tiene, por ano, 08,800 $ 500 reis ó sean 34,400 
pesos fuertes 25 c. 

La Biblioteca del Ejército es, pues, una institución nueva, 
pero que será una verdadera gloria para su fundador. En 
efecto, las veces que he estado allí, no he podido menos db 
ver con asombre, en la sala de soldados, á muchos de estos 
leyendo tí anquilamente durante las horas que les acuerdan 
para paseo, y empleando así mejor su tiempo que en las 
tabernas ó en otro lugar por el estilo. Ademas la oficialidad 
tiene oportunidad de ilustrarse leyendo las principales 
revistas militares del orbe y consultando todas las obras 
capitales que están allí á su disposición. Hoy, que el arte 



308 



NUEVA REVISTA DB BUENOS AIRES 



de la guerra no estriba en el arrojo de un soldado valiente 
pero ignorante, sino en las combinaciones de una táctica 
verdaderamente científica, y en el manejo de armas de pre- 
cisión que requieran cierta instrucción, una Biblioteca Mili- 
tar es de incalculables ventajas para un Ejército, pues 
multiplica el valor de cada hombre por el grado de sus 
conocimientos. 

Estas son cosas obvias, sobre todo después de la guerra 
íranco-alemána, en la cual el ejército germánico se mostró 
superior sobre todo por la instrucción de sus soldados y la 
ciencia de sus oficiales. Los países que se preocupan de 
sus instituciones militares saben hoy dia que sus ejércitos 
no valen por el número de hombres, sino por la ciencia de 
los que los componen. 

En h sala de lectura de la Biblioteca Militar de Rio he 
visto sobre la mesa las principales revistas müitares de 
Alemania, las publicaciones del Estado Mayor de.Berlin, 
con las señales evidentes de una compulsa repetida. Prtra 
ello es preciso que la oficialidad conozca el idioma alemán, 
sin el cual es cada dia mas difícil que haya militares ade- 
lantados, pues hoy en todo lo que se refiere á la ciencia de 
la guerra descuella incontestablemente la Alemania, y triste 
es tener que esperar á que una traducción á veces mala ó 
infiel, dé un reflejo de los trabajos originales para cono- 
cerlos recien! .... Y siuembar^ro, una comisión acaba de 
aconsejar al Gobierno Argentino que suprima el curso de 
alemán en !a Escuela Militar de Palermo ! ! 

Antes de terminar, debo hacer una observación : me ha 

llamado la atención que en muchos establecimientos pú- 

• 

blicos de Rio no se encuentre ningún libro argentino, como 
sucede en la magnífica Biblioteca de la Facultad de Medi- 



IMPRESIONES DEL BRASIL 309 

ciña. Pues bien — ¡ quién lo creyera ! — nada argentino 
hay en la Biblioteca del Ejército: ni RevistaSj ni Memorias^ 
ni Códigos^ ni libros, ni folletos, nada. Me pareció tan 
sumamente raro esto, que con marcada incredulidad le 
referí el caso al consejero D;)ri:i, preguntándole si en el 
Ministerio de la Guerra no habia algún departamento re- 
servado para lo relativo á la República Argentina. El con- 
sejero Doria me respondió sonriendo que era esa demasiada 
perspicacia, y que, aunque le era triste decirlo, lo que habia 
yo observado era la verdad. 

Ernesto QUESADA. 



LA poesía 



(i MI ERUDITO AMIGO EL DOCTOR ERNESTO QTTKSADA) 



Tratándose de arte es necesario ante todo fijar con la 
mayor aproximación posil)le las nociones generales de su 
objetivo y sus límites. 

Esta abstracción teórica es como una clave común á to- 
dos los géneros de belleza en sus múltiples manifestaciones. 

Con ella podemos "penetrar en el recinto de todas las ar- 
tes con la seguridad de no prostituirlas violando sus li- 
mites. 

Hay prostitución del arte cuando se abusa haciéndola 
servir para otros fines que los que por su naturaleza se 
propone. 

El pintor que emplea su pincel en las torpes exageracio- 
nes de la caricatura, abusa monstruosamente de su inspira- 
ción dándole una dirección torcida y opuesta al verdadero 
rumbo que debe seguir. Porque nadie dirá que hay pizca 
de belleza en la caprichosa degradación de las formas natu- 
rales. Aqui nohiy arte ni hay nada. El artista lejos de 
elevarse á mas puras concepciones, se arrastra miserable- 
mente complaciéndose en hacer ingratos los elementos cor* 



LA poesía 311 

j)orales que son como las materias primeras que deben pu- 
riflcarse y elaborarse en la imaginación. 

Sucede cosa análoga en las demás artes. 

Todo lo que tiene por objeto mostrarnos las cosas por su 
lado mas repugnante, no puede constituir nunca una obra 
de arte en su verdadero sentido, por mas que se pretenda 
amurallarse en el trivial pretexto de aprovecharse del 
efecto repelente de su desnudez, para ver si consiguen que 
1.1 sociedad ó los hombres privadamente, hag.-ai libro nuevo 
en lo sucesivo. 

No es este el fin del arte. 

En algo se han de diferenciar los poetas, los pintores, los 
músicos, de los misioneros y predicadores. 

L)esgañítense predicando moral en b'iena hora, castiguen 
vicios y satiricen costumbres á mas y mejor; pero no true- 
quen las cuerdas de la lira en guascas y zurriagos. 

El poeta — que debo competir con el cisne en dulzura y 
melancolía en la tierra, y tender el vuelo mas alto y audaz 
que el cóndor en el espacio, — se convierte en un desf^ice- 
dor de entuertos que tiene por profosion dar azotainas á 
diestro y siniestro á fin de «moralizar,» que es la palabra 



I consagrada. 



No concibo la poesía en Persio y en Juvenal— que hoy 
tan poco se leen — enkis epigramáticas burlas de Quevedo, 
de Voltaire, deBoileau— que pronto dejarán de leerse. 

Si no tuviese miedo de faltar al respeto que merece el 
talento — bien ó mal empleado— diría que la sátira podría 
aproximarse mas al templo augusto de la poesía ocupando 
el lugar importante del ostiario, para prohibir, con el látigo 
enarbolado, su entrada, y tocar La solfa á esa «turbamulta 
de poetastros y forjadores de[ sonetos» —pira emplear la 



312 NUEVA RtíVISTA DE BUENOS AIRES 

espresion de Lord Macaulay— que nos atosigan diari \naente. 
Cuánta diferencia entre Aristófanes y Eurípides ó Esquilo 
— entre Moliere y Racine- entre los Moratines y Fray Luis 
de León! 

Y aquí omito todo análisis para hacer resaltar lo inno- 
ble, lo grotesco, lo ridículo, lo risible, lo caricaturado, al la- 
do de lo verdaderamente artítico, elevado, finamente mo- 
delado con altura y dignidad. 

Se engañan lastimosamente los que creen que la poesía 
debe corregir ó enderezar ó por lo menos servir de puntal 
á lo que ya está torcido — y si es por medio de la sátira ó 
el ridículo, mucho menos— ni instruir, ni dar lecciones de 
nada; la poesia solo debe producir belleza, y no se pregun- 
te si enseñará á este tantas cosas que ignora, si hará cam- 
biar de costumbres ó de modus vivendi á aquel, ó si flage- 
lará eficazmente á esotro. 

La belleza, que es el fin del arte, como es sabido es una 
idea de orden absoluto y tiene fundamentos eternos que no 
habrá revolución en el mundo que los conmueva. 

El naturalismo iniciado por Balzac y continuado ardoro- 
samente—léase únicamente— por Zola, y otros, no cabe ni 
cabrá nunca en poesia. 

Y bien, los apóstoles de la nueva escuela, escarbando los 
lodazales, no pueden erguir la frente á la luz del dia sin 
avergonzarse. Tampoco podrían esclamar eureka ! — la 
corrupción, la obsenidad, no son una peculiaridad de nues- 
tra época. 

Muéstrese á las sociedades sus llagas seriamente, ó ríase 
innoblemente de los males que las minan, pero no se haga 
en verso, porque entonces la poesia desaparece para des- 



*^ LA poesía 313 

tinarse la forma, que solo á ella debe contener, á un u'^o 
impropio y estúpido. 

El poeta debe elevar su vuelo á las mas altas regiones 
posible, huir de la realidad déla vida que nos ahoga, que 
nos aturde con su ronco y desapasible estruendo. 

Parece que estas mismas condiciones en que usufructua- 
mos la vida, con todo su cortejo de decepciones, dolores, 
desencantos, mezquindades, golpes de la fortuna, etc., im- 
peliesen la mente en busca de algo mas puro, mas candido, 
mas vaporoso, mas impalpable, mas distante de lo que nos 
abruma y atormenta nuestros sentidos. Entonces el poeta, 
henchido de ansias por algo que no es esto que todos cono- 
cemos y palpamos, batf^ su vuelo en otras regiones, y « pue- 
bla el aire de silfos, el íuegü de s ilamíujdr¿is, el agua de 
ondinas, y el cié. o y el espacio de gerar^^uias de entes in- 
corpóreos, de genios, espíritus, ángeles, anillos invisibles 
que ligan la tierra al cielo, ó el hombre á Dios ; > — concep- 
ción bellísima, maravillosa, que eleva la mente á la fuente 
eterna de toda belleza y toda inspiración. (1) 

Y bien ¿ esto se opone abiertamente á las condiciones vi- 
riles del hombre ó disminuye en algo la vigorosidad que de- 
be distinguir al género mascuUno. 

i Se deja de ser mas hombre, es decir, hay una disminu- 
ción de hombre por cantar una esoena sombria, un idilio 
sentimental ó una congoja del alma ? 

i O acaso se piensa que el poeta, por ser poeta y no por 
otra cosa, ha campado con su estrella — aunque el dolor la- 
cere hondamente su corazón — y que debe por consiguiente 
cantar siempre jácaras y cosas festivas ? 



(O Véase El daaieismo y el romanHcismo por Brneato Qaesacla, tO' 
mu VII de U «Nujeta Rkvuta ok Busnos AiRRa » p. 486-500. 

TOMO JX 2i 



314 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

¿No es el dolor que dignifica al hombre, una de las fuen- 
tes mas copiosas de inspiración ? O es que es necesario 
tener el alma de cántaro, ó de arcilla como quien dice, para 
llamar lloriqueos los hondos quejidos del alma atribulada ? 

Nadie pone en duda la potente virilidad del genio griego ; 
y sin embargo! qué imaginación mas rica, mas fecunda y 
mas llena de fantástico colorido ! . 

También sin perder un átomo de virilidad, comprendían 
los griegos la sublimidad del dolor, y el rugido del Prome- 
teo aun estremece las cumbres del Caucase. 

Pero quizás se cree que el dolor es menos sublime por no 
salir de los pulmones del titán envuelto en blasfemias, mal- 
dicio.;es y conjuraciones. 

Hay mas belleza, mas poesía, en Ero y Leandro, en un 
paisaje, ó en un cuadro cualquiera de Lamartine donde nos 
embriagamos con efluvios suavísimos de célica dulzura y 
melancolía, que en esas descomunales batallas delalliada 
ó de la Araucana, en que pasamos penosamente de un can- 
to á otro, cuando no se nos cae el libro de las manos en lo 
mejor de su lectura, aturdidos por el seco choque de las ar- 
mas, el humo y el polvo y los alaridos desapasibles de la 
soldadezca. 

La idea de la belleza no engendra lo brusco y grosero 
so color de vigorosidad 6 de energía. Lo sublime, lo ira- 
ponente, lo grandioso, no consiste en el estruendo, ni en las 
dilatadas dimensiones, ni en el hueco aleteo, ni en los es- 
tampidos que ensordecen y atontan. 

Tampoco es el ñn de la poesía poner la historia en verso, 
bien que muchas veces le proporciona ésta cuadros bellos; 
ni aumentar la felicidad del hombre, ó disminuir su desgra- 



LA poesía 315 

cia, ó dilatar la esfera de sus comodidades, ó contribuir á su 
bienestar. 

Es un axioma por de másób\io que la poesia está reñi- 
da con todas estas especies. La célebre epístola de Hora- 
cio estaría mejor en prosa que en verso, porque el poeta no 
debe ser profesor, y la verdadera estética y el verdadero 
arte rechazan enérgicamente la doctrina contenida en aquel 
singular distico: 

Omne tulÜ punctum qui miscuit utile dulci, 
Lectorcm delectando pariterque monendq. 

Yo conozco la leyes de Toro puestas en verso por no sé 
qué ramplón ; no conozco los poetas puristas, que supongo 
que debe ser algo por el estilo ; ha caido también en mis 
manos un voluminoso tratado de arquitectura por Arfe y 
Villafañecon preceptos en sonoras octavas reales ¿ y quién 
se atrevería á sostener que hay mas carencia de belleza en 
todo esto que en los preceptos de Boileau, Moratin, Hermo- 
silla ó Martínez de la Rosa ? 

El poeta debe cantar inspirándose en los objetos en que 
existe la belleza sin averiguar si esto amengua su virilidad^ 
6 si instruye dando lecciones sobre el modo de cultivar el 
tabaco, ó si conseguirá á la corta ó á la larga modificar 
costumbres. 

No hay mas virilidad ni mas numen poético en Virgilio 
cuando pone en boca de Neptu no, que vibra airado su tri- 
dente contra los vientos, aquel Quos ego ! . . . que en el 
Dante pintando la escena de Francesca de Rimini y la de 
UyolinOy ó en Shakespeare modelando maestramente aque- 
lla Ofeliuy la obra mas artísticamente acabada. 

Tampoco el poeta debe invadir el campo de la filosofla 
sino en lo que buenamente se da la mano coa ella. Nad^ 



I 

I 



310 NUEVA REVISTA DE BORNOS AIRES 

mas chocante, mas ridículo, mas contrario al arte y al buen 
gusto que la pretensión de aquellos que creen que el poeta 
—comprendiendo el espíritu.de la poesía moderna y vacian- 
do pensamientos nuevos en versos a»%MOí— debe abis- 
marse en raciocinios y consideraciones filosóficas. 
' Aquí no se trata de escuela clásica ni de escuela román- 
tica. Se trata del verdadero carácter de la poesía conside- 
rada como arte bella, muy bella. Todos, sin darnos cuenta, 
admiramos la belleza donde la encontramos. 

No hemos de admirar las torpezas indecorosas de Alfred 
de Musset, ni las obsenidades con que altos poetas han man- 
chado su pluma, á fuer de encerrar una verdad, de conte- 
ner fielmente una escena de la vida ó de reflejar el espíritu 

del siglo. , • x 

Echeverría que es verdaderamente grande cuando pinta 

la majestad de la Pampa en su aparente monotonía, la lán- 
guida melancolía, le mezcla indecible de tristeza y dulzura 
con que muere el día al abismarse el sol detrás de las em- 
pinadas cumbres de los Andes, se arrastra, se degrada, se 
hace pesado é insufrible cuando, creyendo elevarse, des- 
ciende á esa metafísica chavacana, vulgar y hueca, si se 

'^''no basta que en una obra se encierre una verdad de to- 
mo y lomo, ó que se cante en ella inventos, acontecimientos 
ó cosas que reporten grandes provechos á la humanidad:- 
cada y cuando no reúna las condiciones estéticas necesa- 
rias en el fondo y en la forma-que tanto se descuida en 
esta tierra de Dios, que nos afanamos en llamar Atenas del 
Plata -Si no hay dignidad, altura, nobleza y, mas que te- 
do, capacidad poética del asunto,-esa obra no pobrá nun- 
ca elevarse á la categoría de una « obra de arte . por mas 



LA poesía 317 

correctos y fluidos que sean los versos, por mas puro el len- 
guaje, por mas terso y original el estilo. 

« 

Admiren boquiabiertos otros la oda á la Vacuna del ilus- 
tre Quintana, riahse estúpidamente con Quevedo atacando 
el [Matrimonio, ó gocen con el célebre Goldoni alabándolo, 
mientras nosotros nos embriagamos con la Vida del campo 
de Fray Luis de León, que decididamente no es mas prove- 
cbbsa, ni mas útil, ni mas verdadera quizá, que la vacuna 
que nos preserva de la viruela ó que la santa institución 
del matrimonio, cuyos buenos resultados no quiero repetir. 

No es la poesía, como arte, la que está llamada á ocu- 
parse de asuntos que repugnan al arte. 

La agudeza, la farsa, las combinaciones ingeniosas, están 
de todo punto escluidas de su dominio. 

La decadencia de la poesia latina se manifestó por versos 
en forma de vasos, columnas, pedestales, logogrifos, chara- 
das y enigmas. 

Nada importa que el asunto de que se trata sea un acon- 
tecimiento que haya influido en la marchado la humanidad 
notablemente ó que haya operado grandes cambios en el 
mundo. 

Esto nos esplica por qué el poeta permanece hoy día in- 
diferente ante las fecundas revoluciones del vapor y de la 
electricidad. 

La emanciacion de la poesia no es sinónimo de su prosti- 
tución. Es un modo de espresar el pensamiento, pero de- 
terminada clase de pensamientos, y en una forma también 
determinada y circunscrita á sus límites que no es lícito sal- 
var impunemente. 

Nueve décimas partes de las voces del diccionario están 
escluidas, y el poeta que abusa de términos innobles so pre- 



318 



NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 



texto de vigorosidad y de energía, 6 como observa un cri- 
tico, por « la rabia de espresar las cosas con novedad, * se 
aparta considerablemente de la senda florida del buen gus- 
to, para rayar en lo grotesco y prosaico. 

Diré, para concluir, que el fin del arte no es la fria repro- 
ducción de la naturaleza ó de las cosas que afectan los sen- 
tidos. 

La realidad casi siempre está exenta de belleza por si 
sola. 

Si vamos á tratar de pintar las cosas tales cuales son, 
vendremos á cerciorarnos al fln y al cabo de que la poesia 
es una pura quimera, que no tiene razón de ser, porque no 
enseña que los latidos del corazón no son otra cosa que cís- 
toles y diistoles producidos por la sangre al entrar por las 
aurículas y salir por los ventrículos, que los sollozos no son 
sino simples vibraciones del diafragma; y concluiríamos 
por hallar razón á aquel poeta que ha dicho con amarguí- 
sima ironia : 

Los suspiros son aire, y van al aire^ 
Las lágrimas son agua y van al mar. 

Todo esto se esplica claramente si se piensa que las co- 
sas aumentan en belleza á medida que el tiempo ó el espa- 
cio las alejan de nosotros. 

Yo no quisiera ver las estrellas ni las nubes de cerca ; ni 
me gusta aproximarme á un paisaje para mirarlo. 

Todos tenemos la convicción de no encontrar nunca en el 
mundo un rostro parecido á las creaciones de Rafael y de 
Murillo. 

La poesia — como arte que es — no se debe limitar á re- 
producir con la Adeudad de un espejo las escenas de la vida 
poéticas ó prosaicas : debe huir de lo que nos rodea muy 



LA poesía 319 

de cerca, debe purificar y cubrir con májicas vestiduras lo 
que en la naturaleza ó en la vida se le presenta toscamente 
desnudo ó ativiado con grotescos arreos. 

Las cuerdas de la lira deben vibrar con el murmullo de 
las ondas, con el gemido blandísimo con que las auras arru- 
llan á las flores, con el son de esos ecos ignotos que pueblan 
el aire en las tardes de otoño llenando el alma de infinita 
melancolia, con las notas del coro con que los bosques sa- 
ludan á la aurora, con el triste rumor de las hojas que abate 
el torbellino, con la íntima armenia de una música que se 
siente y no se conoce. 

Santiago VALLEJO. 

BoenoB Aires 1888. 



LA VIDA LITERARIA EN LA AMÉRICA LATINA 

( K0TICIA8 BIBLIOORÁFI0A8 ACERCA DE LAS ULTIMAS PÜBLICACIOKIBS ) 

( Continuación ) (t) 

• El Palenque Literario », — ilustrado periódico quincenal de la 
Habana, es una revista digna de las Antillas, cuna de los Heredia, Placido, 
Milanás, Luaces, Zenca, Fornarios, y tantos otros genios^ honra de 1a& 
letras patrias, y donde se ha despertado últimamente un movimiento lite- 
rario que promete ser muy fecundo y provechoso. 

Se ha ocupado últimamente de la obra del marqués de Nadaíllac : L* 
Amérique pré historique\ materia no descuidada per la « kübva revista » 
tanto en su sección principal como en la bibliográfica. (2) 

La historia de la América data de su conquista por los españolea y los 
portugueses. Tenia monumentos inmensos, un lujo desenfrenado. < El 
palacio de Quetzaconl (manarca talteca, América Central), dice el marqués 
de Nadaillac, encerraba cuatro salas principales : la primera se abría al 
Este y se llamaba sala dorada ; las paredes estaban cubiertas de planchas 
de oro finamente cinceladas ; la sala de las esmeraldas y de las turquesas 
estaba al Oeste y, como su nombre lo indica, las paredes estaban incrus- 
tadas de piedras preciosas de un brillo incomparable; las paredes de la 
sala del Sur estaban adornadas de conchas de brillantes colores, embuti- 
das en planchas de plata : la sala del Norte, en fin, era de un jaspe rojo 



(1) Véase la « nueva revista > en este tomo, p¿g. 145-166. 

(2) Véase t. I. p. 240-247 y t. VI. p. 825-880. 



1 



LA VIDA LITE RARIA £N LA AMÉRICA LATINA 321 

trabajado con gusto. En otro palacio ha paredes de cada una de las 
salas desaparecían bajo colgaduras de plumas \ en una, las plumas eran 
amarillas ; en otra, azules, arrancadas á las de un aye llamada 
xeuhtototl ; en la sala del Sur, las plumas eran blancas ; rojas en la del 
Norte ». 

La América estaba muy adelantada en ciertas ciencias. Tenia algunas 
tradiciones ; pero no registraba su pensamiento sino por medio de 
geroglificos que, por otra parte, todavía no se ha sabido descifrar. Si 
se llega á conseguirlo, se tendrán preciosos datos sobre las leyes y las 
costumbres de los pueblos ; pero ciertamente no podrán referir en detalle 
todos los hecbos de sn antigua existencia. 

« La historia solo puede retener hechos que descansan en monumentos 
escritos, en tradiciones serias. Sobre esos cimientos establece la crono- 
logía de los tiempos, la filiación de las naciones. Aquí, todo falta. Los 
que creemos poder designar como aborígenes, eran quizás los vencedores 
de otras razas que les habrían precedido ; después, veDcedores y venci- 
dos, caen en el mismo olvido, y los nombres de unos y de otros quedan 
igualmente borrados de la memoria de los hombres. » 

Así, pues, es preciso conceder á estas palabras América prehistórica^ 
un sentido extremadamente lato. El período que abraza concluye en el 
siglo XVI y comienza .... durante los tiempos cuaternarios. 

El eminente autor del vasto estudio intitulado « Los p^Hnteros hombres 
y los tiempos prehistóricos y » no ha creído terminada su tarea después de 
haber resucitado para nosotros al hombre fósil del antiguo continente. 
Ha llevado sus investigaciones hasta sus contemperan eos de la Améri- 
ca (l) , y, no habiéndose emancipado esas rn^as por sí mismas de su bar- 
barie, el antropologistaha eontinuado muy lejos el camino en que no 
encontraba ningún historiador. 

Los capítulos de la obra de Mr. de Nadaillac, son otras tantas memo- 
rias de novedades de alto interés para la ciencia. Vamos á pasarlos en 
revifita en el orden que les ha dado el autor. 

Establece desde luego que los primeros hombres de América han sido 
contemporáneos, como los hombres de Europa, de animales hoy desapa- 



(1) L'Amérique préhistoriqite, por el marqués de Nadaillac — 1. vol, 
in. 8», 



332 KÜEVA REnSTA DE BUENOS AIRES 

retíos y algunos de los cuales ornn gignn téseos y temibles : el megaterio^ 
nnímAl esencínl mente americano y prodigiosamente coman ; el mylondo^ 
el megaUmax^ el elefante ^ el jadiar mas gr«'inde que el jagnar actual ^ 
080 no menos temible que el oso de las cavernas. Las armas del hombre, 
tan despreciables ante esos monstruos, eran hachas de silex, cuchillos de 
obsidiana. 

Todo inclina á creer que en esa época el hombre ha sido á menudo 
víctima de los elementos, que mas de una vez ha perecido en las convul- 
siones del suelo que han dado lugar á erupciones volcánicas, á solevanta* 
mientes tales como los de las cordilleras, que ha sufrido todos los herro- 
res del periodo glacial, que ha dejado en la América del Norte huellas 
imponentes : rocas estriadas y rizadas, trozos erráticos inmensos. En 
la Nuera Inglaterra se han reconocido estrias glaciales á tres mil pies de 
elevación ; en el Ohio, las mas altas llegan \\ mil cuatrocientos pies ; en 
el lowA, Michigan y Wisconsin, cerca de mil doscientos pies sobre el 
nivel del océano. La acción de los ventisqueros bajados de la Sierra 
Nevada se ha producido en California sobre centenares de millas 
cuadradas. 

Se encuentran en las selvas del Brasil, en los países bañados por el 
Amazonas, como en las vastas sabanas del Meta y el Apura, hloc9 
erráticos de forma cónica provinentes de los grandes ventÍ8|ueros dejos 
Andes. Agassiz constataba esos mismss fenómenos en plena región tro- 
pical en los valles del Amazonas y del rio de la Plata ; á sus ojos eran 
tan considerables, que le parecia imposible no se Iiubiesen extendido 
sobre todo el continente americano. 

Periodos glaciales parecen haberse renovado alli en varias ocasiones. 

La existencia del hombre en esos tiempos difíciles, está atestiguada por 
instrumentos, armas y útiles, y también por osamentas encontradas en 
yacimientos cuaternarioR, y asociadas amenudo con despojos de animales, 
tales como el elephas colombio ó bien especies todavía vivas en el país. 

Ll CRpUu\o de \oa J^okkenmoddings y de las cavernas nos muestra una 

segunda etapa déla humanidad. Ya no se trata aquí «de salvajes 

* 

nómades, vagando sin asilo en las selvas del Norte, en las Pampas del 
Sur. Vamos á ver una población numerosa y aglomerada, habitaciones 
prolongadas en los mismos lugares. La completa diferencia do lu fauna 
permite apreciar mejor todavía la importancia del cambio consumado, y 



LA VIDA LITERARIA EN LA AMÉRICA LATINA 323 

también la larga duración de los tiempos necesarios para su realización. 
Si estos hombres, llegados sin duda despaes de emigraciones repetidas, 
permanecen todavÍH groseros y bárbaros, la permanencia de la mansión es 
ya un progreso c^neiderable, y un estudio atento permite descubrir los 
gérmenes de nna civilización mas adelantada que se desarrollará mas 
rápidamente todavía en los que vendráa á reemplarlos. » 

La palabra kjokkenmoddings, de origen danés, designo, como se sabe, 
el conjunto de restos, de residuos de todas clases acumulados al rededor 
de la morada humana : son inmensos hacinamientos de basuras que con- 
tienen las huellas de la vida de cada din, del alimento, de las costumbres, 
de los viajes, de las emigraciones de esas razas. Los exploradores han 
recogido alli hachas, útiles de toda especie, de piedra y de huesos de 
mamíferos y de ares, espinas de pescados, coochas de moluscos. 

La América como la Europa posee esos hacinamientos. Algunos 
presentan dimensiones considerables. Lyell ha descrito uno situado en 
la isla San Simón, en la desembocadura del Alabama (Georgia) que cubría 
diez acres de terreno (el acre equivale á 40 áreas) con una profundidad qne 
variaba de cinco á diez pies. 

Los kjokkenmoddings de la Florida y del Alabama son mas considera- 
bles todavía. Hay uno en la isla Amelia que se extiende un cuarto de 
milla con una profundidad media de tres pies y un ancho de cerca de 
quinientos pies. £1 de BearPoint cubre sesenta acres de terreno ; el de 
Anerceriy-Poiut, ciento ; el de Santa Rosa, ciento cincuenta. Los gran- 
des árboles, las enredaderas, cubren amenudo esos yacimientos- con nn 
monte impenetrable. 

Muchos kjokkenmoddings justifican la antropología de los americanos 
— Mr. Nudaiiinc se extiende mucho respficto de la horrible costumbre 
que representa tan gran papel entre las razas que estudia, y hablaremos 
de ella mas adelante. 

Digamos solo que los huesos humanos sacados de los restos de cocina, 
hiibian bido quebrantados por el caníbal que quería extraer la médula. Se 
encuentian, por ejemplo, en esos montones del Brasil designados con el 
, nombre de samhaquis. Los Brasileros autotchtones no se han curado 
todavía de su afición por la carne humana, pues se encuentran aun en el 
imperio diez tribus Ciuiíbalna, cuya población alcanza de setenta mil á 
ochenta mil almas. 



324 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

Por otra parte, los í^okkenmoddings indican grandes progresos en la 
industria : se han recogido en ellos armas é instrumentos de silez 6 de 
granito azul, con frecuencia de un trabajo notable, molinos de maiz muj 
semejantes á los qne todavía se usan en el interior del África, instru- 
mentos de asta de ciervo, fragmentos de una alfarería perfeccionada ; 
algunos de estos fragmentos están pintados de rojo, otros adornados coa 
dibujos 7 ornamentaciones. 

* 

Costumbres y tradiciones — por Manuel Fernandez Juncos ^ (Puerto- 
Rico— 1888). 

El distinguido escritor au8tur-puerto<riqnefio don Manuel Fernandez 
Juntos, acaba de publicar en la curiosa Biblioteca de « El Buscapié » 
esta obra que es el segundo tomo de la serie de artículos que bajo el 
rubro de < Oaleria puerto-riqtiefía », brotan con maravillosa facilidad 
de su fecunda pluma, pluma que mas bien parece pincel por lo gráfica 
en delinear lo rasgos distintivos de la físonomia de aquel país hermano. 
Desde que el doctor Alonso rompió el buril con qne dejó grabado en 
< El CHbaro » el modo de ser de los campesinos puerto -riquefios, de 
aquellos bullangueros tiempos del espadín j del zapateo^ nadie en Puerto- 
Rico ha sabido sorprender con tanta perppicacia, y reproducir con tan 
admirable fidelidad, y en un eHtilo tan abundante enviscómica^ los diversos 
detalles que constituyen el carácter especial de aquella isla^ tan poco 
conocida en la República Argentina. La « nukvá revista » tiene 
verdadera satisfacción en dar cuenta de esta obra, no solo por su fisonomía 
especial, puertc-riquefia, sino porque su autor puede decirse que es un 
verdadero pJQtor de genre literario. 

He aquí el índice del libro : — L Al que leyere ; — II. El amor y las 
estacas -- III. En la puerta de la Ijlesia -^ IV. La levita del barrio 

— V. Las fiestas de Cruz — VI. Carta de Juan á Ferico sobre hs 
inconvenientes de las pequeñas poblaciones ; — VII. Id sobre los de la 
Ciudad. — VIII. La moral de antaño. — IX. Por encima de los lentes. 

— X. Aquella casa. — XI* Revista de modas. — XII. Cosas buenas 
maldispuestas. — XIIL La política en imágenes. — XIV. Las fiestas. 
^■^ XV. El juego de camavah^X VI. Cuadros y escenas de la CapitaL 



LA VIDA LITERARIA EN LA AMÉRICA LATINA 225 

— XVIh El arte de expedentear. — X VIIL La noche htiena, — XIX, 
El cementeíio» — XX. El teairo, — XXI, La plazuela de Santiago, 

— XXII. La plaza d^ armas. — XXIII. El paseo de la Princesa, 

— XXIV. La plaza del mercado.- XXV, La Biblioteca. — XXVL 
El dia en que 'se tira. — XX VII. La asa de la justicia, — XXVIIt. 
El cobrador. — XXIX. Costumbres literarias, — XXX, Yo quiero ser 
poeta. — XXXL En él parnaso — X.XXU. — El convtrusionalismo en 
la poesía puertorriqueño. — XXXIII. La garita del Diablo. — XXXI V, 

— La boca del Morro — XXXV, Las once mil vírgenes. 

En Ponce, Puerto-Rico, se publica la interesante revista u El Estudio » 
repleta siempre de materiales interesantes y variados, 7 que refleja el 
movimiento intelectual de aquella isla, de una de cuyas últimas produc- 
ciones acaba de dar cuenta la « nueva revista ». 

En uno de sus últimos números trae « El Estudio » las páginas que 
siguen, y que merecen reproducirse por tan aplicables á la República 
Argentina como á Puerto Rico. 

(< Guttemberg fué, sin pensarlo, ha dicho un sabio, hablando de la 
invención de la imprenta, el artífice de un nuevo mundo ». 

Nadie supondría que de eso pudiera inferirse que el escritor quisiese 
decir que el inmortal caballero de Maguncia añadió, sin pensarlo, un ene- 
migo nuevo á los tres ya conocidos enemigos del alma, mundo^ demonio 
y carne, 

Y sin embargo^ eso que nadie supondría, y que el mismo autor de aquel 
pensamiento rechazaría como una interpretación maliciosa y bastarda de 
su elevado discurso, es un hecho tan claro como lo es que quien inventó la 
imprenta creó, con su invento, el oficio de cajista. 

Un cajista es sin viso alguno de duda, un cuarto enemigo del alma. 

No importa que no lo sea de todas las almas. 

Tal, asi mismo, sucede con los tres ya enseñados por la doctrina del 
padre Ripalda. 

Almas hay, para las cuales el inundo^ por ejemplo, no ofrece sino vasto 
campo de piadosas victorias. ( I Bienaventuradas ellas ! ) Para otras 
muchas, el mismo demonio no pasa de ser un pobre diablo, es decir, un 
buen muchacho. Y en cuanto á la carne^ ¿ quién no sabe qne ni tienta 



326 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

todas las carnes ni la carne tienta á todos, pues no todos somos carni- 

70r09 ? 

Un cajista, pnes, es verdad qae sólo combute á los qne por su medio, 
escriben para el público, pero nara el alma de esos tales es un enemigo 
de perdición, contra cuyas insidias no hay remedio eficaz alguno conocido, 
si es que se h.-i de tratar con él; pues de él pudiera dt^cirse lo que de las 
malas ocasiones : la mejor de todas es huirlas 

Quisiera yo tener espacio y vagar para decir lo que pienso de cómo el 
cajista, en fuerza del hábito de componer y descomponer la palabra, de 
juntar y distribuir las letras, de jugar incesantemente con esos fragmentos 
de ideas que representa cada tipo ; formando al acaso vocablos descono» 
cidos en todos los .idiomas, frases chistosísimas y articulaciones raras, 
difíciles y hasta imposibles, en que se mezcla lo serio con lo jocoso, lo 
grave con lo ridículo, lo sagrado con lo profano, lo sublime con lo 
grotesco, adquiere cierta elasticidad de imaginación, cierta permanente 
disposición de ánimo, socarrona y epigramática, qne hacen de su oficio 
una especie de ballesta, con que se divierte arrojando saetas á diestro y 
siniestro; con el aire mas candoroso del mundo, amparado tras esa natu- 
ralidad con que el escritor y el lector han convenido en llamar erratas 
del cajista^ lo que él, ásn vez, Mamsi error de cajas, y lo que la caja, 
■i hablara, WArnarm trüluinerias del cajista, las mas vecen. ¡ Oh ! y cuántas, 
aún después de corregida una prueba por el autor de un manuscrito, el 
cajista se hace el olvidadizo ó desapercibido de algunas correcciones 
indicadas por aquel, porque no se resigna fácilmente á renunciar al 
placer de que el publicólo acompaQeá festejar á favor del no adoeríido 
error^ algún equivoco que va á provocar la risa, ó algún sarcasmo 
puntante contra el mismo escritor, ó contra algún prójimo aludido lo 
que pnrael cajista es igual, contal que él ria interiormente á costa de 
alguien á tiempo que, con su cara tan seria como las protestas de un 
candidato, ó el no hay de un tesorero, dice que fué error de caja, 

Pero véome forzado á renunciar á tal doseo, mas que todo por la 
estrechez de los límites á que debo acomodar este artículo, cuya intro^ 
duccion ya temo haya quedado demasiado larga y entraré, por lo mismo 
á referir de que modo las malintencionadas erratas de un cajista, hacién- 
dome tomar el cielo con las manos, rae obligaron á retirar de un periódico, 
en la oportunidad de la corrección de pruebas, un articulo que pensé 



LA VIDA LITERARIA EN LA AMÉRICA LATINA 327 

publicar, si es que no sucede cou el preseute otro tanto ; que bien pue- 
de, 8Í el cajifita da en no entender, ó en fingir que no entiende, ó en 
querer que ni el público, ni yo mismo entienda lo que he escrito, todo 
en despique de lo que á él aquí le concierne; lo que también seria capaz 
de llamar sencillamente despique de caja. 

Un amigo, empresario de un periódico, convidóme á escribir algo para 
su empresa. Jumas habia yo escrito para la prensa, y aunque bien 
pudiera no haber olvidado lo que bajo los titulos de Erratas que no lo 
fueron^ Erratas de un cajista^ y otros, habia leído sobre los dolores de 
cabeza que los cnjista ofrecen á los que escriben, en la corrección, 
verdadera piedra de torpie de la profesión de escritor, la vanidad que 
habia despertado en mí la invitación de mi amigo, me hizo pensar mas 
en el placer de ver una producción mia en letra de libro, que en que la 
prueba i que iba á someterme en la corrección de pruebas^ debia ser 
superior á mi temperamento y á mi carácter ; y prometí escribir apro- 
vechando el asunto de mis recientes impresiones con ocasión de un viaje 
que acababa de hacer y en que estuve, según todos los síntomas, muy 
enamorado de una linda joven, perteneciente á una familia en cuya 
compañía viajé durante algunos días, aunque en dos distintos coches. 

Fácil es comprender que una vez escrito mi artículo, en que yo habia 
consignado, en prosa y en veráo, lo mejor que pude, el retrato de mi 
bella viajera, la descripción de interesantísimas escenas de la naturaleza 
campestre, mis emociones y mis recuerdos de dias que lifícilmente podré 
olvidar, habia tomado tal cariño á mi obra, que, al pasar de mis manos 
á las de mi amigo, que la acojió con suma benevolencia, la vi partir con 
una mezcla de pesar y de gozosa esparanza, que me figuro ser lo que 
siente un padre al despedirse del hijo que envía á ilustrarse y hacer for* 
tuna. \ Dios libre á los mios, si alguna vez me los dá, de que les siga la 
misma que siguió á mi artículo, del cual estaba entonces muy lejos de 
pensar que habría de decir en breve, contemplando el borrador : 

« ¡ Oh tú, infeliz, que aún sin nacer moriste I » 

Era la víspera de la salida del periódico, dia que yo esperaba con 
ansiedad, acariciando en mi mente la idea del gozo con que iba á verme 
en mas de un círculo, oyéndome leer á corta distancia, con afectada indi- 
ferencia, como coqueta que oye al posar: {qué ojos tan picantes 1 

—Aquí está la prueba^ dijo, entrando en mi cuarto, el mosq de U 



328 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

imprenta y poniendo en mi mano, que 70 extendí con mal contenida sa- 
tisfacción, dos largas tiras de papel. 

— I Aguarda 1 ¡ espera ! dije cuando las habia desdoblado, corriendo 
en alcance del mancebo, que ja habia partido : trae, que te has equi- 
vocado : me has dado lo que no es para mí. 

— Si, señor, es el artículo de usted. 

— Digo que no, que 70 uo he escrito tal cosa; que mi articulo es Vn 
viaje en dos coches. 

— ¿Y qué? 

— Que lo que aquí dice es Un viejo en dos cachos, 

— Pues cabal, ese es su artículo ; solo que haj un error de caja : 
por eso se le trae para corregir. 

¡ Santa Tecla ! exclamé 70 dándome por convencido con mirar de 
nuevo el papel 7 leer en la primera líuea de lo que no era titulo, el 
«Era una tarde de otoño,» con que 70 habia principiado. Pues, señor, 
vamos á corregir, añadí, espeluznándoseme el cuerpo de imaginar lo que 
habría sido de mi, si por atender á lo restante, hubiese dejado de advertir 
7 de corregir aquel er ratón mortal. 

En todo el primer párrafo, si se exceptúa una g en Ingar de r, que 
convertía la palabra azorado en azogado, una admiración en lugar de 
. nn punto 7 coma, 7 dos 6 tres letras vueltas al revés, no habia por qué 
quejarse de descuido en la composición ; pero no sucedía lo mismo eu el 
segundo, para mí tan interesante, cuanto que hacia 70 en él la pintura 
déla señora de mis pensamientos. ¡Oh! no parece sino que el cajista 
fuese mi furioso rival que, envidioso de mi suerte por no 'poder, como 
70, referir un viage con ella, tomaba su revancha poniéndola de la vista 
de Judas, 7a que 70 la hallaba encantadora 

Ojoaragagos por ojos rasgados ; palo de achuche en vez depilo de 
azabache; cuello perezosamente torcido en vez de primorosamente 
torneado 'y dientes dep^rra donde debió decir dientes de perla \ boca de 
corral ( ¡ qué atrocidad ! ) en lugar de boca de coral, 

i Mentira 1 ¡infamia! ¡ traición I exclamé súbitamente indignado, como 
pudiera quedarlo por la impresión de una bofetada, é iba á hacer pedazos 
el papel, con la misma rabia con que le habría embestido al cajista si le 
hubiese hallado presente \ pero se sobrepuso mi deseo de ver salir á luí 
mi artículo 7 hube de resolverme á hacer triaufar la verdad por medio 



LA VIDA LITERARIA BN LA AMÉRICA LATINA 329 

de la corrección de aquella especie de pasquín inicuo. Continué, pues, 
contribuyendo á apaciguarme el haber notado que en loque segnia, loa 
firrores no eran tantos, ó por lo menos, no eran tan delicados. 

■ 

Mas ahí entramos en los primeros versos ¿ Qué es lo qUe 

dice éste : 

« Ni la lana en el cuero 

LuHo tan bella 
Cual la quería en sus osos 

Matías centella, 

Ni á sus rejillas 
Tu 70 roscas y jaulas 

Laura ramírez. » 

i Cargue el diablo con el cajista y con su lana y su cuero y su Lucio^ 
y sus osos de Matías centella, y su Laura ramireZy y sus jaulas, en que 
JO los metiera de por vida á todos ellos 1 Mire Q. si hay aguante 
para tanto desatino Pero en fío, cachaza y corrijamós : 

Ni la luna en el cielo 

Lució tan bella 
Cual la vi en sus ojos 

Mustia centella, 

Ni á sus mejillas 
Tuvo rosas iguales 

La aurora misma. 

Adelante. Este otro verKO está bueno » . . Ahí no : aquí dice cogollo$ 
en vez de cojellos, — Corregido. 

Otra te pego I La dama iba á empelar. Qué dia» tres habia de empe/ar 
ahi ninguna dama, si no habia ahi ninguna pelona ! La danza iba á 
empezar es lo que he escrito .... Yo cogia para ella las fritas ; son 

fressas I que se hallaban al alcance de mi mona ¡ Mano será que 

no mona I 

¡ Oh 1 este párrafo, si que va á ser necesario rehacerlo. Señor ! ¿ En 

dónde teñiría los sesos este cajista de mil legiones ? Capuz por capaz ; 

destripáronse mis tumores por disipáronse mis temores ; maroma por 

máxima ; chúpatesa por chapiteles ; pegarle los flatos, donde decia 

' TOMO iz. 22 



330 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIBES 

pagarle los fletes ; pentecostes^ en lugar de portentosos ; ratas paridas , 
por ratos parecidos ; ¡garbudo por bárbaro ; llevándose el demonio d dos 
frailes ; por decir llevando su dominio á los frágiles ; voy á proporcio- 
nar á esta señorita o o tabardillo en vez de tamborillo ; saltarines, en ves 
de solterones; tragarse un trabuco, por traerle un tabaco ; coloso, en ves 
de celoso; infusiones de vainillas por ilusiones desvanecidas. 

Aquello era un guirigay, una algarabía, un maremagnnm, la torre de 
Babel, el caos ! Con mucho menos hr\bla para dar al traste con mi pri- 
mera resignación 7 mis deseos de ver impresas mis impresiones de viaje ; 
pero lo que acabó de decidirme, y lo que hubiera hecho perder la 
paciencia al mismo Job, fué el atroz destrozo de los versos con que 
terminaba yo mi malhadado articulo, y en cuyo final habia procúralo 
expresar con todo el sentimiento de que soy capaz, el dolor con que veia 
pasados aquellos dias que hubiera querido hacer eternos. Veamos lo 
que habia escrito * 

Volaron, si, con la esperanza mia 

Volaron, ay ! mis horas de ventura 1 

¿ Por qué la vi, si solo la amargura 

Me queda ya de mi infeliz amor? 
I Oh, si á lo menos su adorada imagen 

De mi memoria desterrar pudiera ! • . . . 

Mas ah ! no, no, que sin su imagen fuera, 

La vida cruel al misero amador. 

Camilo» 

Pero ¿ qué fué lo que el cajista hizo de todo eso, hasta del pseudó- 
nimo de Camilo, con que por modestia firmaba yo mi articulo ? Helo 
aquí : 

Volaron seis con la espumosa niña 
Volcaron ¡ai! mis hojas de verdura! 
¿ Por qué la di tan solo la armadura ? 
¡ Qué queda ya de mi un inglés amar ! 

i Oh, si i las manos su adornado encaje. 
De mi mazmorra destrozar pudiera ! . . . * 
Mas no, no, que sin enaguas fuera 
La viuda cruel al músico armador. 

Camkllo. 



LA VIDA LITBRARIA EN LA AMÉRICA LATINA 331 

Mucho fué que acabara ; pero apenas acabé redaje á menudos pedazos 
el impreso y me arrojé, trémulo de cólera, en mi cama. Tenia fiebre. Un 
momeitto después, entró el mozo de la imprenta. 

Retírese U. ! le dige en nn tono qne le hizo estimar prudente no espe- 
rar á que se lo repitiese, 7 digaU. al Redactor, que he mudado de parecer 
y que Ko ya mi artículo. . . . ! 

(Continuará) 



A NUESTROS SUSCRITORES 



Prima de año nneTO, oíreeida por la < HíUETA. 
REVISITA > á sus faTorecedores, el 1^ de enero de 

1884. 



A FB8TÁ LITTKRiRIA POR OCCASIAO DK FDKDAR-SB NA CAPITAL DO IM- 
PERIO A «ASS0CIA9A0 DOS HOHES DE LBTTRAS DO BRAZIL » — RÍO 

de Janeiro (Typographia Nacional) 1883. — 1 vol. in 8<^ de XXYI 
168 pp. con un Apéndice de 12 pp. 



Los lectores de la « küeya revista » couocen ya los antecedentes y 
los discursos pronunciados en la gran fiesta literaria celebrada en el 
Liceo de Artes y Oficios en la Capital del Imperio yecino, el 30 de 
agosto de 1888. (1) Con le motivo de esa fiesta, la Sociedad de 
hombrea de letras del Brasil, al constituirse definitivamente, decidió pu« 
blicar un lujoso volumen, con todos los trabajos leidos en dicha fiesta y 
precedidos de una Introducción adecuada. 

£1 libro acaba de aparecer y la « nueva revista > se hace un honor en 
ofrecerlo á sus suscritores con la presente entrega del 1° de enero de 1884 
como aginaldo de año nuevo, « en nombre de la confraternidad literaria 
entre los pueblos latino-americanos > para usar las bellas palabras que 
sirven de portada al libro que conmemora aquel acontecimiento literario. 

La Introducción (pAg. VII-XX VI) es una hermosa pieza literaria que, 



(1) Véase In «nukva revista» t. VIII. p. 448 á p 492. 



Á NUBSTROS SUSCRITOKBS 333 

8ÚD cuando no está firmada, es debida ¿ ta pluma del eminente literato 
brasilero doctor Frankliu Tavora (1) 

He aquí algunos párrafos : — - cuando salga á luz rale libro, se habrá 
realizado uno de los mayores acontecimientos, desde 1830 hasta hoy, 
en lo qne se refiere á las letras americanas. Queremos hablar de la 
fundación de una sociedad que se propone la tarea, por cierto dificilísima, 
pero no imposible, de dar vida á la carrera literaria en el Imperio, 
encarando de frente el problema de la existencia del escritor por sus obras. 

« Hecho análogo al que ahora ocurre en el Brasil, sucedió en 1838 en 
Francia, donde aun cuando fuese ya una realidad ía unión de los hom- 
bres de letras, algunos dotados de mayor perspicacia juzgaron conveniente 
estrechar todavía mas, por una asociación que reemplazase al aislamiento 
lo8 lazos de buena amistad y confratemiflad que ligaban á todos los 
miembros cié la gran familia literaria. 

« Ezistia ya la unión, pero el trabajo intelectual no aseguraba Binó 
imperfecta é indirectamente á los hombres de letras la posición á que 
tienen derecho. Resolvieron oponerse, en nombre de su derecho, en el 
interés de los autores, á la reproducción de las obras literarias hecha por 
ciertos periódicos que se mantenían de empréstitos no autorizados. Era 
la consagración de la propiedad literaria. 

« Asi reglamentada, la reproducción no tardó en dar á los autores 
recursos de que hasta entonces hablan carecido. 

* Nuestras condiciones son muy difereiites, y mucho mas ingratas que 
las de Francia. 

< Nosotros ni siquiera tenemos la profesión, y menos la propiedad lite- 
i>aria. Se ofrece por favor la obra á quien quiera imprimirla, y ningún 
editor la acepta. 

< Pocos, casi ningunos son los periódicos, aun aquellos que, por su 



(1) En cuanto á sus obras, véanse la nota de las p. 697, t. VIH. 
El doctor Joao Franklin da Silveira Tavora, nacido e:i Geaiá el 18 de 
enero de 1842, miembpo del Instituto HistórieOy y uno de los prime- 
ros novelistas brasileros, es uu asiduo y generoso colaborador de la 
K NUEVA REVISTA » y por lo tanto familiar ya á sus lectores. Véase 
Sino el t. V. p. 221 á 239, art. Luiz Dolzami-^u VI p. 8-17— art. 
El doctor don Carlos Hipólito de Santa Elena Mag^w—i. VII. p. 243 á 
263 art. El señor don Julio César Bibeiro^i. Vil. p. 17-28 art. 
José Verissimo—i, VIH. p. 697-613. 



C 



34 KUEVA REVISTA. DBS BUENOS AIRES 



estabilidad, estarían en el caso de dar la mano á los hombrea de letran^ 
que publican, remunerándolos, trabajos literarios de antor nacional. El 
escritor brasilero, si le falta tal ó cual posición política, ó admiuistratiya, 
nada vale únicamente por su literatura No tiene, pues, autonomía. 

« Ahora bien, este es un vicio que conviene atacar de frente aun cuando 
el ataque deba provocar, como es natural, una tremenda reacción. No 
se trata, por ahora, de propiedad literaria, porque de buen grado la 
reconocerían aqjaellos que no tienen necesidad de trabajos nacionales para 
sus lectores. 

c Trátase de hacer de la profesión de letras una realidad, de crear para 
el hombre que la ejerce, una posición que solo ha de tener cuando pue- 
da vivir de sus propias obras. Trátase, por lo tanto, antes de todo, de 
dar lectores á estas obras, de dar al libro un público seguro, con el cual 
pueda contar el libro como cuenta el diario ; un público que por las leyes 
del gusto, por los hábitos y educación literaria busque el libro apenas se 
anuncie ; un público que haga al literato independiente no solo del 
editor interesado 7 voraz, sino también del diarista que, guardando 
silencio ú hostilizando la obra, no hace justo uso de la fácil superioridad 
que le dá la uainraleza de su profesión. 

< Trátase de facilitar al escritor medios de publicar sus escritos, y 
asegurarle, sino la totalidad, por lo menos la mitad del producto 
líquido. 

< Pero aun eso no es todo. 

< Gomo es casi cierto que en la lucha por la ezistnncia, en cuanto las 
condiciones del medio literario no se tornen en mas blandas, el escritor 
debe estar espueto á grandes contratiempos, conviene que, acaeciendo 
esta hipótesis, encuentre auxilios contra la conspiración ó la calamidad 
de ese medio. 

< Una sociedad de letras, por lo tanto, que se organizase en el Brasil 
sin prestar seria atención al porvenir del escritor y de su familia, no 
resolverla sino incompI«)tamente el problema. 

« La qne tuvo, pues, su primera manifestación el día 30 de agosto últi- 
mo, no perdió de vista este segundo punto. El hombre de letras en el 
Brasil, nosotros lo esperamos llenos de con6anza en la justicia de sa 
causa, hade tener dentro de algún tiempo quien vele por él — sus pro- 
pios pares. Si llegara á caer en la penuria, una mano amiga le ofre- 



A NUESTROS SUSCRITORES 335 

cera el socorro, menos como jenerosídad que como deber,. Si falle- 
ciere, su viuda é hijos estarán exentes de pedir, en suscriciones para 
muchos importuna?, el óbolo de la cari'^ad sin espontaneidad. En una 
palabra, el patriotismo, la fraternidad y el arte habrán cimentado 
definitivamente en el suelo brasilero los fundamentos de una obra 
mental que la generación fuiurn, superior á los artificios de una mal 
inspirada emulación, ha de revalidur con sn consentimiento y completar 
con su sabiduría ...» 

El doctor Tavora en seguida recuerda todos los antecedentes de la 
fiesta literaria, reproduce los documentos que la originaron, trans 
cribe el acta de la fiesta, y concluye diciendo : — 

« Int«nciom patriótica y purísima en los que la promovieron, gran 
benevolencia y noble animación en todos los que directa ó indirecta- 
mente concurrieron para darle mayor brillo, hé ahí los dos polos entre 
los cuales giró el acontecimiento que ha dn ser fecundo, sea en el 
Brasil, sea en los paises vecinos, á los que servirá de gaje de confrater- 
nidad, dando al sentimiento americano en la literatura, las proporciones 
de la ley cuya ejecución ha de venir á aumentar el renombre de nuestro 
continente ! » 

Los párrofos elocuentes que se acaban de transcribir, j muchos otros 
que es menester callar porque el espacio no permite su reproducción, 
revelan el santo entubiasmo y el color y vivacidad con que nuestros 
hermanos del Brasil encaran las cuestiones literarias, prescindiendo de 
las envidias, de los celos y de las intrigas de menguadas personalidades, 
de falsas reputaciones y de diaristas vanos que prefieren tomar á la burla 
las cosas mas serias porque se acuerda mas con la superficialidad de su 
espíritu el parodiar á derechas y torcidas una mal empleada causticidad, 
que propender de lleno al adelanto de las letras, que pretenden sin 
embargo representar, reproduciendo tan solo el histórico suceso de los 
falsos magos. Los hombres de letras que en el Brasil han llegado á 
formar la grande Asociación, cuya primer señal de vida es el presente 
libro, han de vencer semejantes obstáculos. Pero ello demuestra que 
si en el Brasil es posible que suceda eso, la explicación consiste en que es 
una nación culta y adelantada, cuyas inteligencias privilegiadas no están 
contaminadas con las prevenciones de aldea, y que hace tiempo miran 
mas allá del campanario del lugat en que viven, y saben levantar su 



336 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIKBS 

«spfrito á regiones serenas. No sucede, por cierto, 1c mismo ett otroi 
países latino-Americanos. 

una «sociedad de hombres de letras» en algún otro pais sud -americano, 
provocarla ana sonrisa de amargura ó de incredulidad en los mejor intencio* 
nados y una campafia de chascarrillos y peores cosas de parte de la mayoría. 
En los diarios seria recibida cuando menos con friald&d, ó sino con la 
farsa ó el desprecio. Y esto suponiendo que se arribara á formar nna 
sociedad de ese género, pues como casi todos se creen los primeros, 
desde el origen habrían disencioncs y antagonismos. Es verdad que 
las letras ai j entinas para la majoria de los arjentinoa son objeto del 
mayor desden, y para muchos la peor novela parisiense hecha « pour 
r exportation » vale mas que cualquier producción nacional. Nótese 
qne esto se aplica á cualquier escritor arj entino* ¿ Comprar un libro 
arjentino ?...,. eso no sucede nunca. Si los autores lo regalan 
quiz¿ ni se dignan leerlo. Esto es triste, tristísimo, pero cualquiera, 
de buena fé, que conozca intimamente nuestra vida literaria, sabe que 
es exactísimo lo que acaba de decirse. Sin embargo, los falsos magos 
á que se ha hecho alusión, de cuando en cuando, vierten lágrimas de 
cocodrilo por semejante estado de cosas, y haciendo, alarde de mentido 
chauvinismo y ahogan con el humo de ezaj erado incienso, á alguno que 
otro favorito de una de esas banderías que pretenden representar lat 
letras nacionales. 

Esto es desgraciadamante cierto. Es duro, pero es asi. Hay excep- 
ciones honrosísimas, diaristas notables, eminentes cultores de las letras 
— preciso es reconocerlo é inclinarse con lealtad ante ellos. Pero en 
general, las letras arjentinas no viven, sino que vegetan. Esta es la verdad. 

. . . .Por de contado que á lo anterior se le aplica aquello de la « voz 
que clama en el desierto. )> 

Los diarios viven por la política, por las noticias, por el comercio, 
pero jamás por la literatura. Esta siempre es lo accesorio. Los libros 
se imprimen á costa de sus autores ó de los gobiernos ; en seguida — 
como lo dice espontáneamente Grez en el artículo que publicó la 
« NüKYA Bkvistá » (1) — se regalan, pero jamás se venden, con excepción 



(1) Véase «kükva revista» t. IS. p. 146. 



A NUESTROS íiUSCRITORBS 337 

de los libros de texto. Los peiTódícos apenas se sostienen, pues cuentan 
tan solo con un reducidísimo núcleo de snscrítores : — aspiran á vivir 
sin pérdida, jamás á prosperar. Las sociedades literarias, siempre com- 
puestas de jóvenes estudiantes, tienen eñmera vida y nada producen de 
estable ni de duradero. La indiferencia pública para con las letras 
nacionales es proverbial : prefieren comprar cualquier novela francesa á 
leer el mejor libro arjentino. Los literatos son meros aficionados que 
escriben en sos ratos de ocio, cuando sus otras ocupaciones les dejan 
tiempo : generalmente lo hacen cuando son jóvenes, pues una vez hom* 
bres, la poli tida ó las profesiones los absorven por completo. No hay, 
pues, hombres de letras : carecen de público, de críticos, de estimulo« 
de medios . . • ¿ Qué Eerá, pues, de las letras arjentinas? . . . Pero, 
i se preocupa acaso alguien de ello ? — 

En el Apéndice del libro que motiva estas pajinas, encontrarán Jos 
lectores de la « Nueva Revista » los estatutos de la « Asociación de 
hombres de letras del Brasil » Esos Estatuios se recomiendan como 
un verdadero modelo. Eu la imposibilidad de darlos á conocer por 
extenso, conveniente es transcribir, por lo menos, el capitulo que se 
refiere á los fines de la <c Asociación. » Helo aquí :— (Art. l^) La 
« Asociación de los hombres de letras del Brasil » tiene por fin : -~ !<* 
nnimnr la profesión literaria, reuniendo y utilizando, en el interés común 
y en el de las letras, las actividades intelectuales que el aislamiento 
tiene dispersas; promoviendo ventajas para *lo8 hsociados, y sustentando 
s is derechos; 2<> socorrer al socio cuando éste esté en penuria, y sj 
llegase á fallecer en esas condiciones, continuar los auxilios á la viuda é 
hijos. (Art. 2°) Para coupeguir los fines indicados, la Asociación : I® 
empleará todos los medios de propaganda, principalmente: la conferen- 
cia; el congreso provincial; la publicación de una Bevista^ y de obras 
literarias ó didácticas, originales ó traducidas; la representación á los 
poderes del Estado; la correspondencia con escritores y sociedades litera-- 
rias dentro y fuera del pais. — [Art. 3^) Formará un monte-pio. >* 

Los lectores de la « nueva rbvtst> » pueden por otra parte ver in 
extenso cóos Estatutos en el libro que como prima se les reparte. 

El libro A FEBTA LiTTRRARiA contienc, después de la Introducción^ 



338 NUEVA REVISTA DB BUENOS AIRES 

lo» trabfijos leídos en la fiesta, y cuyo orden conocen ya los lectores de la 

« NUEVA RÍTI8TA ». (l) 

Nada, pues, se dirá sobre los discursos pronunciados por el consejero 
Pereíra da Silva (2), por el doctor don Vicente G. Quesada, (3) y por 
el Director de la «nueva revista.» (4) En el libro A f esta mtteraria 
cada trabfljo va seguido de una suscinta noticia bio-bibliográfica sobre 
cuda disertante. 

En seguida viene el interesantísimo fragmento: Impreeagao do iTidio^ 
poesía lírica, inédita, pero compuesta en la primera mocedad, y recitada 
con entusiasmo el día de la fiesta por su autor, el barón de Paraná- 
piacaba, (6) 

(1) Véase t. VIII. p. 448-492. 

(2J Juan Manuel Pereira da Silva, es uno de.los ma» distinguidos hísto* 
riadores brasileros. Nació en Rio el 80 de agosto de 1817. Sus obras 
principales son: lo Histeria da fundagao do Impef'to brazileiro—1807 
1825— {Z vols. fr. 2« ed.)— 2» Historia do segundo periodo do reinado 
de don Pedro L- 1825 2832— (I vol. 2« ed.)— 8° Historia do Brazü 
durante a menoridade de don Pedro 11.-1831-1840.^(1 vol.)— 4o Va- 
roes alustres durante os tempos co/owtac«— (2 vols. 3« ed.)— 6» Curso 
de Historia dos principales Estados da América—il vol.)— 6» Memorias 
históricas e litterarias— (2 vols.j— ?<> Discursos parlamentares (2 voIp.) 
—8o Manuel de Moraes— romance do sectdo ZF/I.— [1 vol.)— 9® J¿fo- 
nymo Cordereal— romance do secidoXyL—{\ vol.)— lO" Aspasia-ro- 
manee do seculo JFí.— (1 vol.)— 11<> Situation sociale, politique et 
economique du Brésil-'[\ ;ol.)-12o Littératu'e portugaise, son ra»8é, 
son état íícíucZ- (1 vol.)— 13° Nacionalidade, lingua e littevatura de 
Portugal e Brazil—[1 vol.) En cuanto A su discurso, vóafe «nueva 
KKVI8TA» t. VIII. p. 448 á 492. 

<8) En cuanto ni doctor V. G. Quesadn, véase «nueva revista,» 
t. VI p. 669 á 608 y t. VIL p. 341 á 852. 

(4) En cuanto al doctor E. Qnesad», véase «nueva revista» 1. VIH. 
p. 481 á 488. 

(6) Joao Cardozo de Menezos e Souza, barón de Paranápiacnba, 
ilustre literato brasilero y actual jefe del tesoro, nació en Santos, el 25 
dfl^abril de 1827. Sus obras principHles son : P Harpa gemedora — 
colecgao de poesias--18á9—{\ vol. in 4» de VM12 pp.) 2© O christia- 
nismo-^S^ Un sermao na capella imperial— Frei Francisco de Moni 
Alvéme—i^ O sacrificio de Golgofha—1857—b^ Osear d'Alva— poema 
de Lord Byron, traduzido do original^ñ" Tkese sobre coloniza$ao do 
Brazü— relatorio apresentado ao Ministerio^ 187 5— {\ vol. in 8® de 



A NUESTROS SÜSCRITORBS 339 

Viene deípues, el trubajo leído por el señor Sylvio Romero : — O 
elemento popular na litteratura do Braeil\ (l) y la poesía de M. Jesuí- 
no Ferreira: O biftpo mártir, (2) El elocuente trozo : Sttbindo o Jequi- 
tinJionha^ descripción de viage, que fué leido después, pertenece al 
doctor Affonso Celso Júnior. (3) 

El doctor J. Severiano da Fonseca leyó en la segunda parte su 
bella descripción: Os savanas e as florestas] (4) j el venerable anciano 



500 pp.) —7» Jocelyn, poema de Lamar/tti«— 8» Fábulas de Lafontaine 
—9« Classificai^ao das rendas geraes, provinciaes e munieipaes do Impe 
rio—Eelatorio apresentado ao Ministerio^ 1883— {I vol. in 4» de 146 pp.) 

(1) Sylvio Romero es actualmente profesor en el Colegio Pedro II. y 
nació en Sergipe en 1852. Sus obras principales son: P Ethnologia 
selvagem (Recife, 187r))— 2® A philosophia no Brazil (Porto-Alegre, 1878) 
— 30 Cantos do fim do secuto (Rio de Janeiro 1878)— 4® A litteratura 
jrazUeira e a critica moderna (Rio, 1880)— 5» Interpretagao philosophica 
dos f actos históricos (Rio, 1880)— G® Introducgao a hintoria da littera- 
tura hrazüeira (Rio, 1882)— 7» O naturalismo em litteratura (S. Paulo, 
1882) — 80 Ensaio de critica parlamentar (Rio, 1883). Es colaborador 
ademas, de la «nueva rkvista » —Véase t. Vil. p 483-507. 

(2) Manuel Jesnino Ferreira, nació en Babia el 8 de enero de 1832. 
Sus obras principales son: 1® A Bahia na Espoftigao de Philadelphia 
— 20 Annotngoes ao regimentó de cusías — S® Fromptuario eleitoral 
— 4» A questao anglo-brasüeira — 5^ O templo de Guido - traduzido de 
Montesquieu — 60 A divina comedia — iraduzida de Dante. 

(3) Affonso Celso de Aséis Figueireno Júnior, nacido el 31 de marzo 
de 1860 en Ouro — Preto (Minas) actual diputado al Parlamento, es uno 
de los liter&to<4 jóvenes de mayor esperanza en el Brasil. Sus obras 
han sido:— lo üm capricho do doutor O C- traduzido de J, Veme 
il874)— 2t> Preludios (versos) (1876) — 3» Exposigoes industriaes (dis- 
curso) (1876) — 40 Desvaneos (versos) (1877)— 6^ Conferencias (1878)-— 
6» Telas sonantes (versos) (1879) — 7» üm ponto de interrogagao (drama) 
(1878)- 8» Camoes (pstudio crítico) (1880)— 9® Foemetas (1880)— 10» 
Theses de doutoramento e dissertagao (1881). Es además, colaborador de 
la «NDEVA RKViSTA*- Véase t. IV. p 347-351. 

(4) El doctor Joao Severiano da Fonseca, nació el 27 de mayo de 1886 
en Alagoas. Sus principales obras son: Viajem ao redor do Brazil — 
1881-1882 (2 vols. ilustrados) — 2o Memoria sobre a origem das socie- 
dades de estudo (1857) — 3*> Apontamentos sobre a cHmatographia e a 
nosographia de Matto Orosse (1881) — 4^ Investigagao sobre algunos nomes 
da provincia das Alagoes (1872). 



3j0 NUEVA RBYISTA DB BCEKOS AIKES 

J. Norberto de S. Silva, tu sentida poesía: O ber^ Hvre^ (1) ensalzando 
la leí de vientres de 28 de sHiembre de 1871. 

El eminente naturalista doctor Ladiíilan Netto, conocido personal j 
Tpiitajosamente en Buenos Aires, leyó sus hermosos Impresoei de 
viagem. (2) 

Como ya se sabe, el doctor Frankiin Tavora pronanció el discarso 
de clausura. (3) 

Apenas se dá suscinta idea de esto libro, porque gracias á la 
benevolencia de . la « Asociación de hombres de letras dsl Brasil^ » 
como gaje de confraternidad literaria, la c( nubva revista db buenos 
II asa » ha recibido ejemplares suñciente.4 de tan bello como memora- 
tile volumen, y lo ofrece como prima á sus suscritores, en el día de 
año nuevo— 10 de enero de 1884. 



(1) Joaquin Norberto* de Sousa Silva, nació en Rio de Janeiro el 6 
do junio de 1820. Sos obras principales son : !<> Historias das aldeas 
dos itiífioí— 20 Censo geral do Imperio— 8° Historia da litteratura 
brari/etra — 40 Historia da conjura^ao mineira-^b^ Historia das brati- 
letras celebres —^^ Livro de meus amores — 7o Flores entre espinhos^ 
8" Cantos épicos— 9<* Modula^oes poéticas — 10* Can<}oe8 americanas-^ 
lio BrazUéay bíbliotheca dos auctoes nacionaes — 12^ Lusitania -^biblia* 
theca da lingua portuguesa, 

(2) Ladislau de Souza Mello é Netto, Director del uMuseo Nacional^n 
luició en Alagoas; el 27 de junio de 1838* Sus principales obras son : 
— 10 Impressoes de urna viagem as longo da costa de Pemambuco (Rio, 
1860)— 20 Sur la structure anormale des tiges des lianes (1868) - «o Re- 
ft» arques sur les vaisseattx lactiféres de quelques plantes du Brésil (1863, 
y 1866)-^4o A collec^ao das plantas do Brazü para a exposigao bUer- 
national (Paris, 1866)— 60 Addition a la flore bresilienne—Q^ Investi- 
gagoes históricas e scientificas sobre o Museu Nacional (Rio, 1870) — 
7" A Botánica applicada no Brazil (Rio, 1871)— 80 Archivos do Museu 
Nacional (6 tomos) — 90 La teoría de la evolítcion (Buenos Aires, 1882) 
— 100 Aperga sur la theorie de Veuolution (Rio, 1888). 

(3) Véase «nükya revista* t. Vill. 



CÓDIGO DE POLICÍA ÜRBAM Y RURAL 

PARA LAS PROVINCIAS 

DB LA 

REPÚBLICA ARGENTINA H) 

(continuación) 

Art. 118 — Sin previa licencia del dueño de un campo comprendido en- 
tre lo8 declarai'os de pan llevar, es absolutamente prohibido el pastoreo de 
liiB hacieudas que se conduzcan para el abasto ó saladeros. 

Los infractores, ademas de la responsabilidad por el pastage j p^r los 
daños que se ocasionaran y cuya estimación ex equo et bono corresponde 
á los Departamentos de Policía, sufrirán la multa de cincuenta centavo* 
fuertes por cada un animal. 

Art. 119 — Jüs absolutamente prohibido el pastoreo de cerdos en cam- 
pos abiertos y en mayor número de doce animales. 

Los infractores sufrirán la multa de un peso fuerte por cada animal, 
y serán ademas responsables por el daño cuya estimación se hará eX- 
equo et bono por los Departamentos de Policía, en los casos que se de* 
claran de sn competencia. 

Art. 120 — En el caso de repetirse el daño, será penado con doble mul- 
tft ademas de la indemuizacion, 6 bien los cerdos podrán ser muertos 
por el damnificado, con intervención de la autoridad mas inmediata. 

Art. 121 — Los dueños de los campos cercados ó sus poseedores le- 
gítimos, pueden en ellos mantener el número de cerdos que les conven- 
gaj pero serán responsables por el daño que cansaren á sus vecinos, en 
la forma que por la presente ley se determina. 



(1) Véase la «nueva revista» en este roiemo tomo, p. 165-168. 



342 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 



*€axA 

Arl. 122 — Es prohibida en todo el territoiio de la ProTincia y iolo 
podrán permitirla los Departamentos de Policía en los meses de abril mayo, 
junio y julio. 

Es entendido que los permisos que pura U caza se acuerdan por el 
Departamento de Policía, son referentes á la que pueda hacerse fuera de 
los centros de población y en campos abiertos. 

Art. 123 — Es absolutamente prohibida la caza ó batida de avestruces 

« 

aun en campos abiertos y despoblados. 

Art. 124— Los que en contravención de lo dispuesto en los dos artícu- 
los anteriores, cazaren sin el competente permiso, ó con motivo de la 
caza penetrasen en campo cercado sin el consentimiento de su dueño, ó 
hicieren batidas de avestruces en campos abiertos, sufrirán una multa 
de seis á diez pesos fuertes. 

Art. 125 — Toda caza que herida huye á otro terreno ó cae en él ó 
fuere tomada por otro, debe ser entregada al cazador que la hirió, si este 
la fuere siguiendo. 

Los animales que se cazaren en terrenos ágenos cercados ó cultivados, 
pertenecerán al propietario de loa mismos, si al cazador no le hubiera 
sido otorgado su permiso. 

Art. 126'— El cazador será siempre responsable por los daños que 
cause en los edificios, cercos, ftutas, árboles, sembrados, animales de 
servicio ó domésticos. 

Los Departamentos de Policía en esos casos de daños, determinarán 
sn indemnización ex equo et bono\ mas, cuando apareciere que el daño 
esceda de la cantidad de doscientos pesos fuertes, ó cuaudo se hubieren 
ocasionado herid.is graves, el cazador será sumuriado y remitido al res- 
pectivo Juzgado del Crimen. 

Art. 127— Todo dueño, arrendatario ó poseedor de tierras, puede li- 
bremente cazar dentro de ellas, en la época en que la caza se declara 
permitida por la presente ley. 

Pueden los mismos tirar sobro las aves que en la época de las siem* 
bras se posen en ellas; pero en uno y otro caso, serán conforme á U 
presente ley, responKables por los daños que causaren. 



CÓDIGO DE policía URBANA Y RÜFAL 343 



Animales Inirasores 

Art. 128 — Los que aún durante las horas del día y sin causar daño, 
invadan una chacra ó quinta no cercada pero situada dentro de loi 
terrenos declarados de pan llevar, pueden ser retenidos por el pro* 
pietario 6 poseedor del terreno labrado, hasta que el dueño de dichos 
animales ocurra por ellos. 

En tal caso, el dueño ó dueños de los animales invasores, pagarán 
al dueño de la labranza, por los gastos de su conservación, la canti- 
dad de ocho centavos fuertes por dia, si el animal ó animales fueren 
de los de especie mayor, 'y la de cinco centavos fuertes, cuando sean 
de loa de menor especie. 

Si pasaren mas de ocho días sin que el dueño del animal ó anima» 
les ocurra por ellos, el de la sementera deberá dar aviso á la autori* 
dad inmediata, á fin de que dichos animales sean llevados al depósito 
de Policia. 

Art. 129 — Cuando el establecí mentó fuero administrado ó de otro 
modo cercado, ó bien cuando, aun nó estandolo, se halle dentro de los 
terrenos declarados de pan llavar, si los animales hubiesen causado 
daño en los árboles, plantíos, hortalizas ó jardines, se observará el pro - 
cedimien lo anteriormente indicado; debiendo la indemnización del daño, 
determinarse ex equo et bono por el Departamento de Policia, cuan- 
do el causado no exceda de doscientos pesos fuertes. 

Art. 130 — En los casos del articulo anterior, los dueños de los 
animales invasores, ademas de la indemnización, sufrirán la multa de 
un peso fuerte por cada uno de los de especie mayor, y la de cin- 
cuenta centavos fuertes por cada uno de los de menor especie. 

Art. 131 — En los casos en que el dueño de los animales invaso- 
res no sea conocido, serán vendidos por cuenta del Departamento de 
Policia, destinándose su producto á satisfacer con preferencia los gastos 
de su constar vacion, y la indemnización del daño causado, conforme 
con lo dispuesto en los tres artículos anteriores. 

Art. 132 — > Si el daño en las sementeraa, jardines, árboles ó frutas 
fuere causado por aves domesticas, habrá lugar á la indemnización ex 
equo et botu>\ mas, cuando el hecho de la invasión se repita, el 



344 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIKES 

damnificado podrá también matar ó herir las aves pero nó apropiár- 
selas. 

Art. 138 — Es prohibido mantener colmenas dentro de las ciudades 
ó paeblos de campafia, bajo la multa de veinte pesos fuertes. 

Art. 184 — Ausentándose el enjambre, puede su dueño tomarlo ó 
reclamarlo, mientras uo lo pierda de vista, para lo cual podrá seguirlo 
7 cruzar tierras agenas, aun cercadas ó sembradas, siempre que se le 
permita el propietario ó poseedor de ellas. 

Los que sin permiso penetrasen en los terrenos C3rcado8 ó sembra- 
dos, ademas de la indemnización ex equo et bono por el dafío causado, 
fufrirán la multa de dos pesos fuertes. 

Art. 136 — Los propietarios de los terrenos cercados ó sembrados, 
sin constituirse responsables por la indemnización, no pueden denegar 
el permiso de que se trata en el artículo anterior, y que el duefio 
del enjambre en los seis dias siguientes, podrá demandar delaantoridad 
mas inmediata. 

Art* 136 — Cuando el dueño del enjambre, no siga 6 no ocurra á la 
autoridad inmediata en demanda del permiso que por el propietario le 
hubiere 0ido denegado, se tendrá por el hecho el abandono, y el en* 
jámbre pasará á ser propiedad del duefio del suelo en que se haya 
í^ado. , 

EMiUáNO García. 
(Continuará) 



MI TIERRA 



Las campañas y las ciudades 

(la vida en las provincias) (1) 

I. 

Cuando era joven, me forzaron á abandonar los países 
montañosos del interior, la Sierra de Córdoba, que amaba 
con esa atracción profunda de los que han contemplado 
con admiración los contrastes del valle y de las cumbres, 
del bosque umbrío y del erial arenoso, de las quebradas 
floridas y de las cimas elevadas, y desde cuyas comarcas 
mediterráneas no se alcanza á conocer, ni puede concebirse, 
el horizonte magestuoso del mar. De esta tierra, que yo 
llamaba mi tierra, porque entonces se decia — vengo de mi 
tierra, voy á mi tierra; de aquí en fin, me llevaron autorita- 
riamente para que viese por vez primera ese espléndido Rio 
de la Plata, sobre todo visto desde la actual Capital de la 
Nación. No me atrevería á decir ahora que impresión 
me hiciera ese estuario inmenso, pero recuerdo que me 
parecía que el mundo era mas grande, porque lo era tal 
vez el horizonte ante mis ojos. 



(1) Véase esle mismo tomo p. 204 á 286. 

TOMO JX !2á 



3Í6 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

En mi tierra, sobre todo cuando se habita la sierra, el 
horizonte lo forman los perñles desiguales de las montanas,' 
mientras que allí era el rio y el cielo lo que distinguia á lo 
lejos. Si ahora quisiera dar cuenta de aquella impresión, 
diría tal vpz una inexactitud ; pero confieso que me encantó, 
me sedujo y me atrajo aquel cíiudal de agua dulce, porque 
yo solo conocía entonces los ríos de mi tierraj estos ríos, 
que se conocen por su número, cuyas márgenes estrechas 
encajonan el cauce profundo y de rápida corriente. Mien- 
tras que tenia delante de mí un rio estenso como el mar, 
mas lejos el Opéano, el exterior en fin; otras tierras extran- 
jeras y el mundo con sus novedades seductoras. 

Era en aquel tiempo un muchacho, salido apenas de la 
clase de menores de esta vieja y querida Universidad ; mi 
traje olia al provinciano de aquella época, es decir, al 
interior de esos tiempos lejanos, cuando nunca se viajaba, 
porque ni habia buenos caminos, ni eran seguros, ni fáciles 
los medios de locomoción, y se necesitaba plata, plata sella- 
da, que era la que corría entonces, y sellaban aquí mis- 
mo en Córdoba y en la Rioja. Ese metal no abundaba en 
las gavetas de los antepasados ^ que guardaban las onzas 
de oro en botijuelas de barro, cuando tenían que guardar, 
y el crédito era cosa de que nadie ó pocos usaban. 

Las tierras en mi tierra vallan poco, y las casas en mi 
tierra vallan menos; pero todos los criollos tenían tierras 
y casa : las unas para la labranza y la ganadería, aunque 
solo se tuviesen cabras; la otra, grande, cómoda y de teja, 
para que viviesen padres é hijos, tribu organizada bajo 
el santo patriarcado de los buenos abuelos. Aquí, eran 
hacendosas las mugeres en las familias honestas y bur- 
guesas, y como los muchachos vestían únicamente con 



MI TIERRA 347 

camisa, criaban muchachos que era una bendición del 
cielo, según decian aquellos pobres ancianos. Los patios 
de esas casas eran grandes, las puertas también grandes ; 
los naranjos viejos y cargados de azahnres olorosos, las 
diamelas fragantes y el blanco jazmin, perfumaban aquellas 
sombras amigas de los muchachos. . . . Aquí, bajo los año- 
sos árboles, de las higueras, de los manzanos, jugábamos 
los primos con los primos de nuestros primos;' y esas legio- 
nes de muchachos, alegres, descalzos y frecuentemente 
sucia la cara y despeinado el pelo, vivian como en una 
especie de Edén que habitaban los inocentes, los niños. . . 

Todavia conocí algunos negros esclavos, hombres y mu- 
geres, que bacian parte de la familia de los amos, y los 
esclavos chicos jugaban con los amitos pequeños. La 
igualdad era evidente: esos esclavos tuteaban á' los niños, 
que habian vist») nacer, y la esclava les habia servido de 
nodriza, de ama como se la llamaba. ¿Qué esperiencia 
podría tener yo, cuando salía de aquel hogar, sin preocupa- 
ciones, de estos claustros de la Universidad, donde estaban 
mis coetáneos con las mismas ilusiones, la misma ingenui- 
dad, para ir á esa ciudad que gobernaba don Juan Manuel 
Rosas ? 

Tenia el corazón franco y abierto; y como si fuese un 
daguerreotipo, se había grabado en él la imagen de una 
prima, que corría también con los primos. Eran tan bellos 
sus grandes ojos negros, su tez fresca y sonrosada, su 
cabello castaño y abundoso y suave, y que el viento levan- 
taba como si fuese un velo de seda. . . . Marchaba entris- 
tecido porque la dejaba, y no sabia que misterioso vínculo 
me atraía hacía aquella criatura dulce, cuyo afecto me 
dejaba tímido y casto, como sí estuviese arrodillado ante 



348 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

la imagen de María, que guardaba mi pobre madre. Des- 
pués he aprendido que ese sentimiento es amor. No lo 
sabia entonces. 

No tenia voluntad propia, querian que fuese médico y 
querían que lo fuese pronto. De manera que concluidos 
mis estudios preparatorios, aprovecharon la salida de la 
primera tropa de carretas para esa, y pronto con mis 
petacas de cuero, me enviaron á Buenos Aires, que era 
donde se hacían médicos. Querían que los Gálvez tuviesen 
un médico, como tenian frailes y clérigos. El mas empe- 
ñoso era mi tio el cura de San Pedro. Yo como si fuese 
una cosa, inconsulto y forzado, emprendí el lento viaje en 
carretas tiradas por bueyes. 

Cuando he vuelto, la vieja casa está en ruinas ! ya no hay 
flores en la huerta, donde crece la maciega y las yerbas 
silvestres. No he encontrado á ninguno de los de mi tiempo, 
los esclavos como los amos, yacen en la tierra. Mi prima, 
mi dulce prima, murió de tristeza. . . . 

He vuelto muchos años después, y solo las campanas 
tienen el mismo tañido que les oí de niño cuando llamaban 
para orar, ya fuese en las primeras horas de la mañana, ya 
en las postrimeras de la tarde, al toque de oraciones. En 
esto la costumbre no ha cambiado; esas voces de bronce 
fueron las únicas que oí de viejo con el mismo timbre que 
cuando era niño. Yo no fui sordo á aquel llamado, que me 
traia un mundo de recuerdos. . . . 

Una vez en Buenos Aires, el apoderado de* mí familia, 
que ignoro si fué don Manuel Ocampo, don Amánelo Al- 
corta, ó el señor Escuti, de cuyas manos recuerdo haber 
recibido en su escritorio de la calle de la Piedad, cierta 
pensión que me enviaba mi tio q1 cura; el apoderado, 



MI TIERRA 349 

quiso que eo ciertas ocasiones fuese á una estancia para 
fortificar mi pobre cuerpo, enflaquecido por las tareas, y es 
por ello que conocí la campaña porteña y las estancias de 
allí, que eran diferentes de las de la sierra aquí. 

Entonces habia muchas estancias embargadas, como 
propiedad de los « salvajes unitarios », y los ganados de 
esas estancias ni se recogian, ni se marcaban las crias, ni 
se apartaban. De manera que esos «ganados alzados» 
como se les llamaba, eran verdaderos animales salvages, 
sobre todo el ganado vacuno y yeguarizo. Recuerdo haber 
visto enormes toros, cuyo cogote era imponente por el 
aspecto de fuerza y de bravura: eran los toros viejos. 
Esos ganados se reproducirían en libertad salvage, porque 
la autoridad, el juez de paz ó el alcalde, no permitía los 
apartes, es decir^ separar el ganado ageno de las estancias 
vecinas, y vice- versa. 

En tal situación, la propiedad rural no gozaba de verda- 
deras garantías. Poco provecho tenia el que recogía sus 
haciendas y «paraba el rodeo, si sus ganados podían 
mezclarse con los del campo embargado. De manera que, 
el pobre hacendado no podia mejorar su situaqion, ni 
hacer marcaciones completas, en aquellas famosas yerras. 

En ese tiempo el gaucho usaba todavía botas de potro, 
chiripá, poncho, tirador, espuelas grandes y recado ó 
apero. 

Los irlandeses que comenzaban á hacerse pastores, se 
dedicaban al cuidado de las majadas, y conservaban el 
traje de su pais, y á veces no eran ejemplo de limpieza, si 
bien lo eran de economía excesiva. Andando el tiempo se 
han enriquecido, y sus propiedades rurales como el número 
de pobladores, han aumentado considerablemente. El 



350 NUEVA RESYISTA Dlfi BUENOS AIRES 

padre Taby en un tiempo y el canónigo Dillon ahora, 
fueron verdadera potencia sobre esa población. 

Las yeguadas alzadas eran tan numerosas, que se hacían 
tropas para beneficiarlas en los saladeros y utilizar el 
cuero, la grasa y los huesos. La cria caballar habia 
' decaido en calidad ; no se cruzaban ni mejoraban las razas, 
porque cuando habia requisición, J las caballadas de los 
particulares se convertían en caballadas del Estado, cor- 
tándoles una oreja, refrenándolas. Nadie podía reclamar 
contra esas tropelías. 

La frontera era insegura, los indios invadían y robaban, 
incendiaban poblaciones y arreaban las haciendas, alen- 
tados por el mercado de Chile donde compraban lo 
robado. 

El pobre gaucho vivía en su rancho de paja, no plantaba 
ni un árbol, no cultivaba la tierra, no se vinculaba á su 
poblacioncita, porque si habia necesidad de soldados el 
alcalde lo llevaría en el contingente del partido. ¿Qué 
podía exigirse del pobre paisano, del criollo condenado á 
ser siervo del alcalde, del juez de paz, del comandante? 
A veces, montaba en sus caballos y ganaba el desierto, 
en odio á aquellos (¡ue le hacían imposible la vida de 
familia y el trabajo honesto. 

De modo que, un país exclusivamente ganadero, carecía 
de toda garantía en las campañas y la única fuente de 
riqueza se hallaba en deplorable situación. 

El gaucho comía carne en abundancia, pues se daba de 
balde, cuando se. pedía; era exclusivamente carnívoro. 

El mate era la bebida general y popular. El cigarrillo 
negro de tabaco del Brasil, ó el cigarro cordobés, tucumano 
ó correntino, era general. No fumaban en pipa sino los 



MI TIERRA. 351 

vascos. Se consumía vino español, especialmente el 
tinto catalán. 

Pues bien, apenas se ha garantido la propiedad rural, 
se ha transformado la campaña : usos, gustos y costumbres 
se han cambiado. 

Ahora el vino carlon ha sido reemplazado por el vino 
francés. El café y el té hacen competencia al mate, y el 
cigarrillo negro ha sido reemplazado por el tabaco colo- 
rado picado. Se bebe cerveza en abundancia. 

Ya no se dá de balde la carne, se utilizan y venden 
hasta los huesos, se siembran verduras y se comen papas, 
batatas, porotos, arroz, legumbres de toda especie y frutas. 
El zapallo, el melón, la sandia, se han generalizado, y el 
gaucho ha dejado de ser exclusivamente carnívoro. 

El gaucho ya no calza bota de potro, sino bota fuerte 
ó la alpargata introducida y generalizada por los vascos. 
El calzado de género se ha generalizado. El chiripá pasa 
ya de moda, se lleva ahora el pantalón ancho, y desde el 
traje, la comida, los gustos y las costumbres rurales se 
han transformado y se mejoran. 

En esas campañas no habia arboledas, sino rarísimas 
agrupaciones de paraisos, de álamos y algunas quintas de 
árboles frutales en algunas estancias ricas. Ahora se han 
sembrado millones de eucaliptus, que se utilizan para 
madera, para postes, para techos de rancho y las ramas 
para combustible. 

Antiguamente, cada vez que se mudaba el corral de las 
ovejas, el estiércol que depositaban se cortaba en panes 
cuadrilongos y se secaba al sol, y ese era el combustible 
junto con el cardo seco de Castilla, que se reunia y ataba 
en haces, y se vendia para el fuego. Ese estiércol en la 



352 KUEVA RB7ISTA DE BDENOS AIRES 

actualidad servirá de abono para las tierras cultivables, 
puesto que hay otra leña mas barata. 

Cruzada la campaña por ferro-vías, estudiadas nuevas 
lineas, concedidas unas, proyectadas otras, dentro de poco 
todo será transportado por estas vías j los productos ten- 
drán mas fácil salida y las mercaderías extrajeras estarán 
al alcance del consumidor mas pronto y con menos costo. 

La carreta de bueyes fué sostituida por el carro tirado 
por caballos, y al presente son las ferro-vías las que reem- 
plazan á los primitivos medios de transporte. 

No hace mucho que los indios cercaban las tropas del 
señor Mitre en Sierra Chica, y hoy la colonia de Olavarria 
es una población próspera, una colonia fundada durante 
el gobierno de don Carlos Casares, siendo ministro de 
gobierno mi amigo el doctor Quesada; ahora mantiene 
comercio activo con el Azul, donde se consumen sus trigos, 
que alimentan sus molinos. 

Las canteras de esas sierras pudieran dar adoquines 
para las ciud¿ides, piedras para las calzadas, como propor- 
cionan en colores variados para frisos y otros usos de la 
edificación urbana. Esas canteras han asumido ya una 
importancia industrial que solo necesita flete barato para 
su mayor desenvolvimiento. 

La vieja frontera no existe ya. El Azul es una villa 6 
ciudad comercial importante. Los indios desaparecieron y 
las nuevas poblaciones avanzan sobre lo que era el desierto, 
sobre esas interminables llanuras, y llegarán á las riberas 
del Rio Negro, navegado ya. El telégrafo une los puntos 
miUtares de aquellos lugares remotos y la gobernación de 
la Patagonia es la mejor prueba que la barbarie fué 
vencida. 



MI TIERRA. 353 

La tierra baldía no existe ya : primero la especulación, 
después las necesidades agrícolas, el hecho es que se va 
poblando y haciéndola productiva. 

En todos los centros de población, villas, pueblos, aldeas 
ó ciudades de la campaña, se publican periódicos ó diarios, 
y eso significa que hay lectores, y donde hay lectores hay ne- 
cesidades intelectuales que prueban cultura. De manera que 
la campaña se ha transformado material é intelectualmente. 

En efecto, los alambrados son un verdadero progreso, 
porque esos cercos evitan que los ganados se mezclen, 
hacen posible la siembra y por eso se ven ya alfalfares. 
La ganadería ha dejado de ser salvaje, ahora se cruzan 
las razas, se mejoran las crias caballar, lanar, y porcina. 

Mas todavia : la « Escuela Agronómica, » la « Casa de 
Monta » y la « Escuela Veterinaria, » establecidas en Santa 
Catalina, demuestran que la ciencia va á ocupar su lugar, 
y que la ganadería dejará de ser la cria salvaje y á cam- 
po abierto de los ganados. Los pastores antiguos ceden 
su puesto á la ciencia que invade. La inspección de las 
harás en aquel establecimiento, sus edificios adecuados y 
especiales, el número de animales reproductores de las 
mejores razas, todo demuestra que la autoridad dá la debi- 
da importancia á la ganadería. Era una •vergüenza que 
en la República no hubiera una Escuela de Veterinaria, pues 
el subido precio de ciertos animales hace indispensable su 
cuidado. Esa necesidad está llenada. Un país ganadero 
necesitaba de este establecimiento, que fué iniciado bajo 
los auspicios, según entiendo, de la « Sociedad Rural Argen- 
tina, » fué abandonado luego por la escasez de recursos, y 
ahora ha tomado un impulso importante, que supongo es el 
comienzo del período de un progreso sólido. 



354 NUEVA REVISTA DB BUENOS AIRES 

Ya que he hablado de la « Sociedad Rural Argentina, » 
no puedo dejar de elogiar su creación y la utilidad de sus 
Anales^ que debieran generalizarse como lectura útil en 
las campañas. A ese impulso, á esa fuerza colectiva po- 
derosa, se deben las exposiciones rurales, y por todos estos 
medios, la mejora y la transformación del ganadero, su 
bienestar presente y la certidumbre de sus riquezas 
futuras. 

No he tenido ocasión de conocer al señor don Eduardo 
Olivera, á quien el pais debe el desenvolvimiento cientí- 
fico agrario por sus estudios, por sus escritos, por su 
asiduo y constante labor, como iniciador de la Sociedad 
Rural, de la escuela de Santa Catalina y presMente de la 
Exposición Nacional en Córdoba. He visto su retrato, he 
deseado cumplimentarlo; pero cuando he invitado ásus 
amigos, no le he podido encontrar. Injusto fuera si ahora, 
que por incidente me ocupo de- la transformicion de las 
campañas, olvidase su nombre, que no quedará en el olvi- 
do de la posteridad. Sé que él me cree un ser imaginario, 
sea ! Pero al menos quede escrito por mi mano, lo que 
pienso sobre su personalidad^ 

En esas campañas porteñas hay verdaderas ciudades 
importantes, que seria largo enumerar, pero Cha^scomús, 
Mercedes, San Nicolás, el Azul, Dolores y tantas otras, son 
centros de riqueza y de comercio : líneas férreas las unen 
con la Capital de la Nación, y el contacto diario con el exte- 
rior, hace que su sociedad sea verdaderamente culta. 

Bahía Blanca, puerto marítimo del Sud, tiene su muelle y 
pronto la ferro-vía del Sud llegará á esa ciudad. Se pro- 
yectan otras vías férreas, que pongan las provincias de 
Cuyo mas cerca de las orillas del mar. El Sur siente 



MI TIERRA 355 

agitarse sus antiguas soledades por el silbato de las loco- 
motoras, por el pico, la azada y la pala del trabajador que 
terraplena la vía sobre la cual se asientan los durmientes 
y luego se colocan los rieles, para que sobre ellos vuele 
la locomotora arrastrando una serie de wagones. El Sud 
de la República nace á la vida culta, para atraer nuevos 
pobladores á los desiertos que ocuparon las indiadas nó- 
'mades, antes dé la expedición del general Roca. 

Las expediciones del general Yillejas, el estudio de la 
fauna y la flora, los planos levantados, las memorias pu- 
blicadas, todo hace creer que hacia alli tienda la población 
nueva, la gran colonización futura. Las faldas de la Cor- 
dillera, los valles, los lagos, todo es pintoresco y fértil y 
brinda al agricultor con sus frutos generosos. Los puestos 
militares, los telégrafos, la navegación á vapor en el Rio 
Negro, todos son nuevos y poderosos elementos que con- 
verjen al fin común : poblar esos desiertos. 

Ya no se verán los tejidos de los indios, los ponchos, las 
fajas, los quiyangos^ las pieles curtidas, los artefactos rudi- 
mentarios de los aborígenes, sino como objetos curiosos, 
fuera talvéz del comercio. La Pampa donde se corría el 
avestruz silvestre y donde los gauchos hacian las grandes 
boleadas, son ahora propiedades privadas, nuevas estan- 
cias para la cria de ganados. Y á medida que la campaña 
sea cruzada, por vias férreas, la agricultura reemplazará á 
la ganadería. 

De modo que la campaña de Buenos Aires que fué la 
primera que visité, después de haber atravesado las de 
Córdoba y Santa Fé, ha iniciado una profunda y radical 
transformación. Y tan profunda es que ya se siente la 
necesidad de abrir canales^ ya para dar salida á las aguas 



356 NUEVA RBVISTA DB BUENOS AIRES 

pluviales, ya para utilizarlos en el riego y ya como una via 
barata de transporte. La ciencia completará el dominio 
del hombre sobre la naturaleza inculta. 

¡ Qué diferente era entonces la campaña de mi tierra y la 
campaña de la tierra de los porteños ! En la primera, la 
sierra y los bosques daban al paisage diversidad de pers- 
pectivas, su flora y su fauna no eran la misma de aquellas 
llanuras, donde la rarefacción del aire presentaba mirajes' 
fantásticos en esas pampas que ora parecian inmensas 
lagunas lejanas reverberando la luz solar, ora siluetas azules 
de montañas de nubes, asemejando hermosas montañas en 
realidad, ó ciudades blancas con cúpulas de plata y torres 
de bruñido metal. Estos fenómenos eran tan frecuentes 
que no sorprendían ni admiraban sino al que recorría la 
Pampa por vez primera ; pues ahora ya no se reproducen 
con facilidad. Los arbolados y la condensación de lo po- 
blado, hace difícil que se produzca ese efecto de la óptica y 
la luz. 

La llanura ligeramente ondulada de esas campañas, ter- 
mina en los médanos de arena antes de llegar á las orillas 
del mar en las costas del sur, y esa llanura inmensa, 
cruzada por algunos rios como el Salado, por arroyos, por 
lagunas como las Encadenadas y la de Chascomús, tiene 
solo la sierra del Volcan, del Tandil con su piedra move- 
diza, pero no se veia el bosque virgen, umbroso é imponente 
de las campañas del interior; era una planice monótona y 
triste, pero tenia la grandiosidad de la igualdad: 

Y qué decir de Santa-Fé ? Lo he dicho antes; en no sé 
qué parte de estos apuntes, que pudieran ser memorias de 
mi tiempo, sino fueran simples narraciones sin método ni 
lógica. La campaña de Santa-Fé treinta años antes, era 



MI TIERRA 357 

erial y solitaria en la parte del sud, en los lindes con 
Buenos Aires y parte de Córdoba ; pero cuando la he vuelto 
á ver ahora, aquello era diverso: poblaciones, villas, ciuda- 
des,*cortijos, setos, setos vivos, arboledas pintorezcas y las 
leguas y leguas de los trigos espigados, que el viento 
mecía como si agitase aquella onda suave de verdura : todo 
era europeo. La población laboriosa, la forma de los carros 
rurales, el aspecto de las mugeres, sus tipos y sus trajes 
diferentes, hablando en lenguas distintas, me pareció que era 
un cuadro singular, que el mundo europeo se habia 
derramado en estas campañas; pero el campesino labriego 
aqui, no es el burdo, el cretino de ciertos parajes de la 
Europa, donde se ven cuidar hasta los ganzos por mugeres, 
que podrían ser todo, menos la ideal criatura que se adora 
y ama en América. 

El viejo gaucho, altivo y guerrero, va quedando como 
leyenda del pasado, y ahora convertido en agricultor fuerte, 
viril y tranquilo, funda su familia y vive en su hogar. Con- 
serva la misma tradición altiva de la patria, pero ha nacido 
ya bajo el imperio de la Constitución, y tiene la conciencia 
de su derecho escrito. 

No pretendo ciertamente que se ha llegado al mejor de 
los mundos posibles, sino que comparando el tiempo trans- 
currido, no puedo negar la evidencia, y quiero y necesito 
reconocer y decirlo — el pais entero ha hecho progresos 
visibles. . . . 



En uno de mis viajes, allá en las lejanías del pasado, 
cuando me concedían el permiso de volver á mi tierra 
durante las vacaciones, los tres largos meses en que los 
pocos profesores no iban al mas pobre Hospital de Hombres 



358 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

en esa Capital; ea uno de esos tiempos de holganza, en que 
fUí provisto de mas recursos, me qcurrió visitar para cono- 
cerla, la ciudad de Santa-Fé de la Vera Cruz. Remonté el 

• 

Paraná en una goleta de vela, viaje pintoresco es verdad, 
pero lento porque era aguas arriba, es decir, contra la 
corriente. La falta de viento, obligaba á anclar y en esos 
dias de calma^ en los cuales el rio está tranquilo como un 
lago azul por el reflejo azul del cielo, sus islas, bañadas por 
las aguas, invitan á reposar á la sombra de sus bosquecíllos, 
de las seibas de flores rojas y de enredaderas de múltiples 
colores, de sauces verdes y de tantos otros árboles; pero 
esas soledades se hallan defendidas por millones de millones 
de mosquitos, de jejenes, de tábanos y mil insectos zumba- 
dores, cuyas trompas finas hacen un ruido penetrante que 
termina por irritar el sistema nervioso, al dejar la piel 
irritada por las ronchas é hinchazón de sus picaduras. 

Y qué decir de aquellas asquerosas legiones de moscas, 
que terminan por dejar paralizados de dolor los brazos para 
espantarlas con el pañuelo ó con un haz de ramas, para que 
no se peguen al rostro ó á las manos ? Esta lucha es sin- 
gular: en ella el número de los pequeños termina por ano- 
nadar al rey de la creación, que no encuentra contra quien 
combatir, porque las legiones se abren y el haz de ramas 
pasa por el vacio, y se vuelve á unir la legión, y su lucha 
no cesa, sino cuando se mete dentro del mosquitero, vencido 
por las moscas L . . 

Italianos eran los que tripulaban la goleta, de esos que 
nacen al amparo de las leyes de la República, en su terri- 
torio, allí en el Riachuelo y en la Boca y en Barracas; pero 
que viven sin asistir á la escuela que costea el Estado, y sin 
aprender otro idioma que el de sus padres, cuyos dialectos 



MI TIERRA 359 

oyen entre sí, en la familia, entre los compañeros y hasta 
Qn el cura; de esos en una palabra, que por evitar el enrola- 
miento aquí, prefieren ser italianos de la patria de sus 
padres. Mientras tanto, allá no serian jamás sino burgue- 
ses de cordel, y en la República han podido penetrar ya 
hasta en la legislatura y en los municipios. La tierra en 
que nacieron aquí los atrae, y solo ingratos pueden olvidar 
este pais, que les abre las puertas como á hermanos. 

La goleta era pequeña. La cámara era para la tripula- 
ción, porque no transportaban pasajeros, no era su negocio* 
El patrón quería solo cargas y todas las comodidades eran 
para dar mayor espacio para ella, que ponía á veces hasta 
sobre la cubierta. Dije que no habia en ese tiempo lineas 
de vapores, y por lo tanto era preciso optar entre la tropa 
de carretas de bueyes ó la navegación á vela en un pequeño 
buque. Opté por el viaje por agua, era nuevo para mí, y 
algO de poético me imaginé que debia ser el remontar el 
Paraná en esas embarcaciones. 

En efecto, espléndida encontré la navegación, las márge- 
nes del rio, las verdes islas, y yo que estaba saturado de la 
vida de las montañas y de los paisages de la sierra, la vista 
del Paraná magestuoso y sus rápidas corrientes, la ince- 
sante variedad dentro en tanto de cierta uniformidad en el 
escenario, me embelesaba, lo confieso francamente. 

Para mí habia en ello un contraste muy marcado entre la 
carreta tirada por yuntas de bueyes, la carreta tucumana, 
la de pesadas ruedas, altas, sólidas, dirigida por la larga 
tacuara, para aguijonear los bueyes por el tropero echado 
en la carreta misma, bajo sa techo de bóveda; el capa- 
taz de chiripá, el peón que cuidaba la boyada, el dueño de 
la tropa, el muchacho que calentaba agua en las paradas, 



360 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

el asado hecho en el asador, á la llama y al viento, en medio 
de la Pampa, cuando la tropa haci^i alto paro comer y dor- 
mir, el agua potable conducida en los largos tinajones de* 
barro cocido colocados en la parte posterior de cada carreta, 
el chillido que hacian los ejes al girar las enormes ruedas, 
y en una palabra, la agreste soledad de las campañas, del 
desierto — todo, todo era diferente á las escenas y á la vida 
de la navegación. Én la goleta, los mariueros, el patrón, 
los perros, la comida, hasta el idioma, era completamente 
distinto: todo era nuevo para mí, de modo que entre el 
reducido mundo de la tropa de carretas y el de la goleta, 
preferí este para mi viaje. 

Bien es verdad que, apesar que el rio Paraná tiene tantas 
islas, que las barrancas de Buenos Aires y Santa-Fé, y las 
de Entre- Ríos y de Corrientes, y el Chaco en fin, todo está 
al parecer cerca, pues se huele el aire oxigenado por la 
vegetación; sin embargo, si un turbión tumbase la goleta, 
me decia en mi ignorante preocupación, las corrientes me 
llevarían de romanzo en romanzo hasta echar mi cadáver á 
la orilla, sino lo comen las peces. Mientras que, en tierra, 
podria andar en el campo, pero perdiéndome en las llanuras 
solitarias, tampoco tendría salvación. Formas fantásticas 
tomaban los peligros de mi viaje, y mi imaginación les 
daba proporciones colosales, me parecia que tenia algo de 
grande lo desconocido; y tomó, por no sé cuantos pesos, 
mi pasaje, sin ningún documento escrito. Recuerdo que 
el patrón vivía en la calle de Bolívar, cerca de la Residencia, 
de mi barrio de estudiante. 

La comida italianizada de la goleta la hallé sabrosa, 
pues el agua del gran rio me dio buen apetito. En los 
días de las grandes calmas, los marineros se entretenían en 



MI TIERRA 361 

pescar, y luego sazonaban aquellos peces de una manera 
deliciosa. 

Cierto es que la galleta era dura, no para el diente de 
aquella tripulación, capaz de triturar el fierro; pero nunca 
falló el caldo con verduras, y en él empapaba mi ración de 
galletas. Frecuentemente el patrón concedia permiso, 
cuando estábamos amarrados á una isla, para que dos mari- 
neros fuesen á cazar, y en el bote, con la escopeta y dos 
perros, pero con tiempo determinado, emprendían la escur- 
sion. Nunca quise acompañarlos. El sol era abrasador, 
pues preciso es recordar que las vacaciones son en el vera- 
no. Volvian casi siempre con patos, y recuerdo que una 
vez trageron un carpincho^ capirara, pero no lo comie- 
ron. 

No recuerdo el número de dias que duró este viaje, por 
que dias y dias fueron de absoluta calma, ni las hojas de los 
sauces eran agitadas por las brisas, y el calor era verdade- 
ramente tropical, apesar de no hallarme en el trópico. El 
sol reflejando sobre el agua, habia tostado mi rostro, porque 
en ciertas horas la cámara era un horno, imposible de dor- 
mir allí, y por la noche cada cual armaba sobre cubierta su 
cama y su mosquitero. No lo hacia yo, porque era pasa- 
gcroyme servian los marineros, que parecían gente de 
buen corazón. Pero, que contaban, por darme miedo, his- 
torias de tigres que hablan trepado á las embarcaciones 
amarradas y hecho una carnicería con los marineros dor- 
midos. Me tranquilizaban luego, diciendo que los perros 
hablan de dar la senai de peligro. Pero, metido en la em- 
barcación, cualquiera que fuera mi miedo, no habia escapa- 
toria: me hice fatalista y dormía á pierna suelta, ó encogida 
que de ello no tengo recuerdo. Só que me acostaba y lev¿in« 

TOMO u 24 



362 KÜEYA REVISTA DB BUENOS AIRES 

« 

taba como los marineros, en ese pequeño mundo todos 
éramos iguales, la diferencia estaba en la fuerza y me saca- 
ba el sombrero • ante el vigor de los nervios de acero de 
aquellos navegantes de agua dulce. 

Al fin llegamos al Riacho de Santa- Fó, y atando un 
largo cable al palo mayor y prendiéndolo á la cincha de un 
caballo que caminaba por la orilla de la tierra, sirgaban la 
goleta que perezosamente se dejaba arrastrar. 

La ciudad de Santa-Fé de la Vera Cruz está situada en 
unbajo, y elsolquela baña parece que calienta con mas 
fuetza aquel bajo. La vegetación es vigorosa, y los naran- 
jos de la quinta de los Pijgatos dejan fácil acceso para andar 
en carruage bajo su verde techumbre. 

Triste era en aquel tiempo el aspecto de la ciudad; tenia 
esa calma, esa tranquilidad de una población de escaso 
comercio, donde la pereza tiene su culto y los haraganes 
abundan. Algunas embarcaciones menores estaban amar- 
radas en el puerto, y en los contornos habia un movimiento 
de pequeño comercio, mantenido é iniciado por italianos. 
Carbón y leña era articulo de exportación. 

Las calles no estaban empedradas, y como el piso era 
arenoso, el sol calentaba la arena suelta lo suficiente para 
sentir el calor desagradable al atravesarlas. Los cercos de 
las propiedades urbanas eran de tapia, la mayor parte de 
las casas hechas con adobe crudo y todo tenia asi un color 
negruzco, triste y feo. Por encima de esas tapias sallan las 
ramas de los naranjos. Las casas de adobe crudo eran á 
las vegadas revestidas de ladrillo cocido y revocadas y 
blanqueadas, formando así manchas blancas en aquella 
ciudad de barro. 
No era ese el aspecto de la plaza principal. Allí la Igle- 



MI TIERRA 363 

sia Matriz, excelente edificio de tres naves, estaba revocado 
y blanqueado, la casa de Zaballa, con su recova á la misma 
plaza, la que fué de Santa Coloma, que conservaba en ese 
tiempo las puertas pintadas de colorado, y otros muchos 
edificios, todos estaban blanqueados. Babia árboles y 
asientos en la misma plaza, que si no era muy frecuentada, 
presentaba un aspecto limpio. 

Solo la vetusta iglesia de la Merced, mostraba sus viejos 
muros de piedra y tapia, alternándose estos materiales 
hetereogéneos, y el espesor desmesurado de los muros re- 
velaba que buscaron en ella su solidez. Recorrí el patio de 
este convento, entonces sin frailes; sus corredores eran muy 
tristes, bajos, de tejas y las celdas parecían sin luz. Visité 
la Biblioteca, déla que andando el tiempo desaparecieron 
muchos libros sobre la historia antigua de América. No 
recuerdo quien cuidaba la iglesia, ni el abandonado con- 
vento, que visité llevado por el doctor Seguí ó por el doctor 
don Luciano Torrent, quien permanece todavía tal cual le 
conocí hace algo mas de treinta años. 

Los Yturraspes, sobre todo don José, tenia varios nego- 
cios y era muy amigo de mostrar su ciudad, hospitalario y 
franco, su mesa estaba abierta para sus amigos. La fami- 
lia de CuUen, la de Crespo, la de Leí va, la de Iríondo, la de 
Zaballa y tantas y tantas otras, eran muy dables. 

Allí conocí al General á quien llamaban « mascarilla. > 
Visité los cuarteles, y la casa de gobierno; pera francamen- 
íQs noté ausencia de movimiento. Abundaban las iglesias 
que en ese tiempo tal vez no estaban en proporción con las 
escuelas. 

En esa escursion por sus calles solitarias, pero general- 
mente bien delineadas^ observé que en el centro de la ciu- 



364 NUEVA REVISTA BE BUENOS AIR^S 

dad, en la parte mas frecuentada y de comercio, abundaban 
los gallos de riña atados por una pata al poste cercano, ó 
dentro de jaulas de madera colocadas en la misma calzada. 
Todos esos animales tenian desplumada la cabeza y el pes- 
cuezo, parecian avezados á la riña y no en vano era muy 
concurrido el reñidero. Vi que algunos los llevaban los 
galleros, debajo del brazo y tapados con pañuelos; de modo 
que el gallo era un medio de ganar dinero, entreteniendo 
aquella multitud que no tenia otras diversiones. 
No habia teatro, y solo se daban algunos bailes. 
En esta ciudad eran muy generales los naranjos, las dia- 
melas y los jazmines blancos, de manera que en las prime- 
ras horas de la mañana y en las postrimeras de la tarde, el 
aire estaba perfumado. 

Las antiguas familias patricias de Santa-Fó son muy 

distinguidas y las damas hermosas: las niñas no lo eran 

menos. Yo íuí aficionado á mirar en la mejor obra de Dios, 

— la mujer — son perfecciones ideales, las lineas que forman 

la belleza de la estatuaria; pero eso era como conjunto; 

como detalle, lo que decidla siempre en mis impresiones, 

fUeron los ojos negros ó los ojos azules, ó los pardos ó los 

verdosos, pero los lindos ojos. Era un mozuelo sin espe- 

riencia, ingenuamente creyente y candido para suponer que 

por los ojos se podia ver los corazones. Recuerdo que vi 

algunos, que hubiera deseado mirar con mas tiempo y sin 

término fijo. Hoy las propietarias están ya bajo el peso de 

los anos, que ha osado no respetar ni el brillo de sus pupilas 

juveniles, ni el color del cabello, ni los blancos dientes; y 

como ruinas andantes, muestran cuan eíimera es la vanidad 

que la belleza enjendra. Recuerdo algunas de las que eran 

niñas entonces; piréceme que pudiera fijar sus trazos mas 



MI TIBRRA 36& 

salientes, pero la pluma cae en presencia de la magestad da 
las ruinas. Me inclino y paso. 

No estaba aun fundado el Colegio que regentean ahora 
padres jesuítas. La iglesia que babia sido de la Compañía 
tenia algunas particularidades características» como señales 
en la piedra detrás de una puerta, al lado de un altar,, 
decían que había corredores ocultos y escaleras misterio- 
sas, y la leyenda de tesoros ocultos cuando la expulsión de 
la orden por resolución de Carlos III. Vi algunos de esos 
signos, pero no sé mas. 

El aspecto, general de la ciudad de Santa-Fé^ hace mas 
de treinta años, era el de una población sin actividad, soño^ 
lienta y perezosa. No vi gentes en las calles, y solo las vi 
en misa los domingos. 

He vuelto muchos años después para encontrar á aquella 
ciudad en el camino del movimiento comercial activo. Las 
colonias vecinas le han inoculado nueva sangre, y en sus 
calles se ven carretas y carros de las formas características 
á la nacionalidad originaría de cada agrupación de colonos. 
Allí abundan ahora las frutas y las legumbres, la buena 
leche y el sabroso queso, la manteca y las aves de corral. 

El comercio empieza á ser activo, y cuando la draga haya 
limpiado el puerto y canalizado el Riacho, y se hayan ter- 
minado las obras de defensa que han sido mal ejecutadas, 
entonces por ese punto se embarcaráa las mercaderías 
europeas. 

La colonización ha transformado radicalmente á la anti- 
gua provincia de Santa-Fé, célebre en la historia de la 
anarquía; hoy es la población mas cosmopolita, y se enri- 
quece siempre, porque el trabajo acumulando economías, 
forma el capital de reserva. El bienestar es general, &lta 



366 NUEVA REVISTA DB BUENOS AIRES 

buena administración. La juventud santafecina es ilustrada 
y ya cuenta con hombres notibles en las letras, que son las 
armas mas poderosas para el progreso social. 

Sin embargo, todavia el aspecto de la ciudad fundada por 
don Juan de Garay, aquel célebre fundador de ciudades, 
verdadero colonizador en el pasado, aquella ciudad, decia, 
tiene aun el sello de la vieja ciudad colonial. Una ferro- 
via que haga llegar con celeridad los productos agrícolas 
de sus colonias cercanas, la canalización del riacho y las 
obras del puerto, son los medios poderosos para que se des- 
poje de la capa española con que aun se cubre; para tomar 
el sol sentada á la orilla de su rio ó en los poyos de la plaza* 

La nueva vida ha penetrado ya en el Chaco, las colonias 
han rozado el bosque virgen; la selva agreste ha sido sosti- 
tuida por el trigo y por el maiz, por el lino y por el maní. 
El Gran Chaco vecino ha sido explorado por nuestros sol- 
dados, y sus indios están en vísperas de abandonar su secu- 
lar domicilio. 

La próxima campaña que organiza el general Victorica, 
ministro de guerra, completará en el norte la obra civiliza- 
dora realizada ya en el sud, y la República habrá resuelto 
el problema que impedia su progreso tranquilo. De manera 
que los indios, dispersados, distribuidos y mezclados entre 
las poblaciones cristianas, cesan de ser un elemento de 
barbarie. La marcha de la nación es así sólidamente de- 
senvuelta, puesto que resueltas las cuestiones internas, 
unidas y ligadas las provincias entre sí por ferro-vias y 
telégrafos, la unidad nacional se ha consolidado robusta y 
vigorosamente. 

Mi visita á Santá-Fé, aprovechando la estación propicia, 
rae ha dejado satisfecho, con ese contento del patriotismo 



MI TIERRA 367 

que admira la obra agena, y por humiMes que sean mis 
votos, los elevo porque tal situación de progreso no sea 
cambiada. 

La paz interior es garantía de la paz exterior, porque 
una nación próspera no entra fácilmente en las peligrosas 
eventualidades de una guerra; que no puede buscar, porque 
no le conviene, y como no hay racional interés en los veci- 
nos en perturbar este bienestar, que lo es también en los 
limítrofes, mi espíritu se serenaba al verme ya viejo, y lejos 
de los tiempos turbulentos de mi niñez y de mi juventud. 

Después de ana rápida escursion por las colonias, volví al 
Rosario, embarcándome en los vapores de la carrera, porque 
quise asistir á las fiestas oficiales de la inauguración de la 
nueva ferro- via, de que ya he dado cuenta breve. 



Córdoba, en cuya sierra vengo á buscar alivio á mis 
dolores y robustecer un físico enflaquecido, es hoy una 
ciudad con el movimiento y las ventajas de la vida moderna. 
Todo se encuentra aquí, y todavia se goza de la antígua 
hospitalidad, que fué el dulce halago de la vida del interior. 
Esa hospitalidad bondadosa jamás se encontró en la cos- 
mopolita é improvisada ciudad de Buenos Aires, ni en el 
ParanA, ni en el Uruguay, ni en Gualeguaychú. Hijas 
del comercio han conservado en las costumbres el egoísmo 
comercial: cada cual para sí y Dios para todos. 

Córdoba, antigua y culta, ciudad llena de los humos 
aristocrátícos de poseer Universidad y catedral, cuajada 
de doctores vanidosos y de clérigos de campanillas, de 
cogotudos frailes y de monjas ricas, fué siempre jovial y 
ceremoniosa : el comercio no era la ambición de las fami- 



368 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

lias patricias. Esto parecia villano, burgués j lo aristocrá- 
tico era la milicia togada. 

Los viejos doctores, aquellos doctos de otro3 tiempos, 
sabedores del derecho romano y del civil, canonistas y 
teólogos, eximios poseedores del latiu y sabiendo de memo- 

■ 

ria los buenos clásicos ; esos tipos graves, amigos de la 
tradición aristocrática, porque decian que la democracia 
era poner las ollas en la sala y ésta en las cocinas ; estos 
viejos abogados, de bastón de puño de oro, quedan solo en 
la leyenda. 

Ahora son hombres de negocios, de conocimientos mas 
variados, capaces de ser estadistas, preparados para 
tomar todas las carreras : escritores distinguidos muchos, 
oradores fecundos no pocos, jurisconsultos menos en núme- 
ro, todo ese grupo joven, está en aptitud de satisfacer las 
necesidades de la vida moderna. No tienen la gravedad 
cómica del antiguo abogado^ 

Una reunión del claustro entre aquellos hombres del 
pasado, merece convertirse en verdadero cuadro de cos- 
tumbres. Las rencillas y las disputas, las intrigas y aun 
las pasiones, eran sumamente borrascosas en la lucha de 
esas ambiciones pequeñas. Empezaba la ojeriza en la ter- 
tulia de mantilla, en las cofradías, en los entierros, en la 
misa que oían, y terminaba por no darse las buenas tardes; 
por hablar pestes los unos de los otros. Las familias 
formaban en este ó aquel bando, se enrolaban los frailes, 
hacian coro las monjas, y muchachos y viejos estaban 
interesados en que el amor propio, la vanidad, el orgullo 
no (hese postergado ni ofendido. 

El actual Rector de la Universidad, como los hombres 
del gobierno, no provocarán semejante conflicto. Esas 



MI TIERRA 369 

ceremonias hijas de la tradición, han perdido su importan- 
cia social; otras necesidades^ otras exijencias, nuevos 
horizontes en la vida, han gastado al escenario colonial sa 

viejo interés. 

El doctor Guzman, hombre importante por su posición 
social, su fortuna, sus antecedentes, sirve el Rectorado con 
la prudencia que le distingue, y su administración tiene el 
sello de la dignidad de su carácter. 

Le precedió en el puesto el doctor don Manuel Lucero, 
el mas fecundo conversador que he conocido, quien supo 
conquistarse el aprecio del claustro, fué popular entre los 
estudiantes, y su retrato conservado en el establecimiento, 
es la mejor prueba del aprecio que le profesaran. 



Ya que buenos hados me habian traído á la tranquila 
Santa Fé, la colonial y antigua, quise hacer una excursión 
á la ciudad del otro lado, la que por contraposición la 
situaron en la parte elevada de las barrancas, lejos de la 
orilla del rio, no sé si como estratéjia ó como simplicidad. 
Garay buscó una bajo la orilla misma de un riacho, con 
una gran laguna hacia atrás, tan cerca de las aguas la 
situó que estas amenazaron destruirla; mientras tanto, 
los que fundaron el Paraná, huyeron de la orilla del rio y 
se fueron á la barranca elevada. ¿ Cuál tuvo mayor acier- 
to ? Es cuestión que no podría dilucidar ; cito el hecho y 
no hago comentarios. 

Resuelta la excursión, me embarqué en los botes que 
hacian la carrera entre Santa Fé y el Paraguay. AlU es- 
taban las muchachas santafecinas con sus canastas de 
naranjas, con las redondas cajas de dulce de leche, con una 
serie de confituras con que surtían á los golosos empleados 



370 NUEVA REVISTA DR BUENOS AIRES 

(le la capital provisoria. Es is muchachas vivían de ese 
comercio, y diariamente iban y volvian. Las habia de 
lindos dientes, de tez morena y de buenos ojos; las habia feas 
y también algunas viejas. Reian con la alegria ingenua 
de la edad juvenil, y sentado entre sus canastas hice la 
travesia hasta el puerto del Paraná. 

Poco tiempo hacia, en aquella época, que.se habia jurado 
la Constitución ' de 1853, en la cual se señaló como capital 
de la República á la ciudad de Buenos Aires. Entonces 
los porteños no quisieron ni examinar, ni menos aceptar la 

■ 

Constitución, y cuando la revisaron, andando los años, 
suprimieron el artículo que designaba la capital. Mientras 
tanto, ahora, la voluntad del Congreso de 1853 se ha cum- 
plido, y esa ciudad, capital tradicional, es la capital de la 
República, y lo es con el contento general, pues no parece 
que les duela la acertada resolución de los constituyentes 
de Santa Fé. No en var)0 dice el refrán — lo que va de 
ayerá hoy. Basta de digresiones. 

Desembarqué, pues, en la orilla entreriana. Sóbrela 
barranca, hacia la izquierda, habia una casilla blanqueada, 
con su asta bandera. — Era la capitania del puerto. El 
anciano Ballesteros, excelente caballero, desempeñaba el 
puesto de capitán del puerto, y el señor don Demetrio 
Icart, el de jefe de policia. 

Comencé á subir el camino de la barranca. No se veia 
la población, la ancha carretera estaba limitada á ambos 
lados por el seto vivo de las quintas : no habia calzadas y 
el camino era polvoroso y malo. Si mi recuerdo no me 
extravia, creo que subí en alguna carretilla y parado, bien 
agarrado para que los barquinazos no diesen con el cuerpo 
contra el piso, 6 contra los otros pasageros, así me pare- 



MI TIERRA 371 

ce que ascendí, hasta la plaza llamada entóneos de San 
Miguel. 

La Iglesia de este nombre está situada en la cumbre de 
una lomada, pero entonces solo se veian los muros laterales 
y en el frontis la eleyada ojiva de lo que seria la puerta 
principal. La plaza del mismo nombre, de piso irregul ir 
y declive, estaba cubierta de cicuta, planta que abunda en 
' toda la ciudad, adorno de las calles no transitadas y de los 
sitios baldíos ; planta que huele mal, pero de aspecto ale- 
gre por su verde. En esa plaza habia ranchos en el cos- 
tado mas alto, y en la cuesta 6 ladera que formaba el otro 
costado, no habia sino setos vivos, y me parece que unas 
modestas casitas de material. Al lado de la iglesia estaba 
el campo, sin cultivo, con las yerbas silvestres y las tunas y 
enredaderas. La vista era muy hermosa. Se veia el rio, 
las barrancas altas y los valles estrechos ; todo era verde ; 
pero el monte era pobre y raquítico. Ningún árbol que 
impusiera por su tamaño : el espinillo de copa aplastada 
y de finísimas hojas, parecía un parasol para abrigar del 
calor, los demás eran arbustos fragantes muchos, pero 
bajos. No sé si el viento no deja crecer allí los grandes 
árboles, 6 si éstos fueron destruidos por el hombre, que á 
veces solo tiene el poder de la destrucción. Tal cual era 
entonces, la vista era hermosísima, las tunas sucedían á 
las barrancas y todo el terreno era tan profundamente 
accidentado, que las perspectivas variaban y el paisaje era 
nuevo á cada vuelta del camino. 

La calle de San Miguel cruzaba la que se llamaba del 
puerto, seguían las ondulaciones del terreno que era recto, 
bastante bien delineado. En los costados habia casas de 
material, y avanzando algunas cuadras, estaba la de Galán 



372 NUEVA REVISTA. DE BUENOS AIRES 

y enfrente Otaño : tiendas y almacenes, confiterías y fon- 
das, todo estaba allí y en las otras calles centrales. 

Las calzadas eran de ladrillo, y aunque no habia empe- 
drado, las calles parecían algo cuidadas, al menos no se 
dejaba que la cicuta creciera. La edificación urbana era 
bastante compacta, y entre casas y cercos de material, no 
recuerdo haber visto ranchos en esa calle ; pero abundaban 
en otras. 

Aunque habia sido capital de la provincia, era una ciu- 
dad de poca importancia por su población y su comercio. 
Allí residía á la sazón el gobierno delegado cuando yo 
llegué. 

La plaza mayor tenia algunos naranjos, no muy crecidos, 
y la matriz era una capilla sin mérito. En el interior se 
veía el maderamen del techo, en la parte no cubierta por 
chapas de lata pintadas. En esa capilla monseñor Marino 
Marini, delegado apostólico, consagró al obispo Segura, de 
quien fué secretario el célebre fraile fray Mamerto Esquiú, 
después obispo de Córdoba. 

La casa del gobierno de la provincia era de un solo piso, 
y en la calle lateral estaba el salón de sesiones de los 
diputados. Al lado de la iglesia la casa del cura, y en 
la esquina, después se edificó el Senado y el general Urqui- 
za hizo constrtuir su casa-morada; y en fin, la plaza se 
pobló de edificios de material. 

En esa ciudad predominó el elemento español, pero nunca 
fué, durante la colonia, una villa importante, sino una aglo- 
meración de pobladores. De ese origen se resentía la 
sociedad. Entre las familias mas distinguidas, citaré á las 
de Crespo, Nuñez, Puig, Alvarez, Garló, Comalera, Puente, 
Ortiz, Soler y ya olvido tanto nombre, que me recuerdan 



MI TIERRA. 373 

distinguidas y muy lindas damas y señoritas. Don Esteban 
Rams y Rubert, rico entonces, era uno de los antiguos veci- 
nos, ó no sé si conocido de la misma ciudad. Entonces, ó 
poco después, quería explorar el rio Salado para navegarlo, 
y en esas empresas gastó su energia y muchos de sus cau- 
dales. 

En la calle paralela á la de San Miguel, la que si no me 
engaño, se llamaba 3 de febrero, tenia Guinden su herrería, 
su señora, la celebrada casa de huéspedes, de que alguna 
vez he hecho recuerdos. Allí vivian el doctor Victorica, el 
doctor Monguillot y el doctor Quesada. 

A esta ciudad llegaban nuevos pobladores de todas las 
provincias, que venian á s*ervir como empleados en las 
oficinas del gobierno nacional. De Buenos Aires, de Cór- 
doba, de Tucuman y de Salta, habia muchos jóvenes em- 
pleados. Ya era secretario del Senado don Carlos M. 
Saravia. En la época de las sesiones de las Cámaras, la 
ciudad tomaba una animación excepcional, pero luego que 
se cerraban volvia á caer en la tristeza de siempre. Nada 
habia que ver alh', de modo que, yo que fui como curioso, 
pronto satisfice mi curiosidad y quedé espédito para volver 
á Santa-Fé. 

Cuando he visitado después esta ciudad, he notado su 
verdadero progreso. Los alrededores han sido colonizados, 
y esos agricultores no solo proveen con abundancia y bara- 
tura el mercado de la ciudad, sino que pueden hacer sus 
economias y viven en la holganza y la comodidad relativa. 

Cuando la visité por primera vez, el negocio especial 
eran las caleras, y afamada lo fué la llamada Cal de la 
Bajada, que se consumia con estimación en Buenos Aires, — 
El Departamento era exclusivamente ganadero. 



374 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

La residencia del gobierno nacional, durante la presiden- 
cia del capitán general Urquiza y lo que duró la del doctor 
d()n Santiago Derqui, dio un impulso al progreso, quedando 
definitivamente avecindadas muchas personas, entre otras, 
el doctor Malarin, cuyas casas he visto después en la plaza 
Alvear, la antigua de San Miguel. 

El camino del puerto es hoy un hermoso boulevard con 
su tren-via que hace fácil el transporte de pasajeros, bien 
alumbrado por la noche y con sus arbolados laterales: 
la plaza de la Iglesia ha sido ten*aplenada y hoy tiene 
árboles y flores. 



Sin darme cuenta, veo amontonadas en mi mesa una 
serie de carillas de papel, y en eilas garabateada en ren- 
glones iguales, la que ya supongo puede ser especie de 
memoria ó diario de quien, no sabiendo que hacer á la hora 
de la siesta, escribe para no dormir, cumpliendo un compro- 
miso con la redacción de la «nükva revista.» Pero punto 
flnal por hoy. 

VÍCTOR GÁLVEZ. 

Córdobft, 1» de enero de 1884. 



VUELTA A LA PATRIA 

(al través de: un hemisferio) 

{Continuación) (1) 

3. Peces volantes. Teoría climatérica de los mares. 
Mares montañas^ mares ebuUentes^ mares pampas. 

Pero ya navegamos dentro de los trópicos: una. nube 
compasiva nos suaviza el candente sol; una fresca brisa dá 
aire á nuestros hastiados pulmones. Los peses volantes 
vuelan por bandadas sobre la onda azul; estos peses no 
son negros y grandes como los del Pacífico ; son pequeños 
y plateados como los del Atlántico, pero con el lomo mas 
oscuro. Y apropósito de peces voladores, nuestros lectores 
argentinos nos van á permitir una digresión destinada 
sobre todo para ellos que son generalmente poco marinos y 
que entienden poco de peses, si no es para comer las esqui- 
sitas truchas, pejereyes ó dorados de nuestro pais. Hay 
pues peces que vuelan como las aves? dirán, porque la 
gente meditarránea solo sabemos asociar la idea de vuelo 
con las aves, no obstante que, aparte de la innumerable 
tribu de los insectos, hay muchos, aun de los animales mas 



(1) Véase este tomo p. 1G9 á 203. El autor nos envía las si- 
, guíenles erratas que desea rectííicar, y que aparecieron en las 
págs. publicadas anteriormente. Pág. 174, línea 30 dice Brí^Aí, es 
Bigkt; p. 175, dice, cortesa, es costera; p. 178, línea 17 dice, Stirliny 
NangCy es Stiriling Orange; p. 185, linca 4 dice, como la causa, es 
como la cuna; p. 192, línea 11 dice, al Átalo, es al Alalo. 

Por lo demás, el señor Llerena revisa las pruebas de sus artícu- 
los, por manera que emplea, tanto en el texto en castellano, como 
en las citas en iaioma extranjero, la ortografía y puntuación que 
desea «ean observadas. Es por esto que hacemos la escepcion de 
publicar la fé de erratas que nos envía.— X de la Direc, 



376 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

elevados, que gozan de este medio de locomoción; mientras 
existen verdaderas aves como el Penguin (pájaro niño), 
el avestruz y el anterix, que son completamente incapaces 
de volar. Hay ademas entre los mamíferos, el orden de los 
Cheiropteres ó murciégalos, cuyos miembros dependen 
completamente de sus alas para su subsistencia; mientras 
hay otras, como la zorra volante, de que hemos hablado en 
otra parte, que se hallan provistas de una membrana que 
ligan las palas delanteras con las traseras y que sirviendo 
á manera de paracaida, los habilita para practicar con faci- 
lidad prolongados saltos. 

En nuestra edad no se conocen ya reptiles voladores; 
pues el llamado dragón volante, solo posee un doblez dé 
piel que se estiende á sus costados y le sirve de paracaida. 
No obstante, si remontamos á las edades geológicas, encon- 
traremos fósiles una gran variedad de saurios voladores, 
llamados Pterodactiles, y los cuales variaban en tamaño 
desde 18 pulgadas hasta 18 pies Je envergadura de sus 
alas, cuando abiertas. No se conocen batrachyanos que 
puedan volar, ni hay tampoco noti¿;ias de que hayan existido; 
pero se sabe de un curioso zapo ó rana de árbol, habitante 
de Borneo, descubierto por Mr. Wallace, cuyos pulgares 
prodigiosamente prolongados, sostienen una membrana de 
tal ostensión, que con las patas estendidas, este pequeño ser 
desciende desde la corona de un árbol hasta el suelo con una 
perfecta seguridad. Si han habido grandes cocodrilos , 
volantes y hay aun hoy zorras volantes y zapos que vuelan, 
la posibilidad de que los pescados vuelen se hace menos 
increible. 

En efecto, el pescado para volar tiene que salir del agua 
SU elemento, á otro que le es antipático y con las alas moja* 



VUELTA A LA PATRIA 377 

das por el elemento en que vive, volar por el aire: y este 
al parecer prodigio, tiene sin embargo lugar todos los dias 
en el mar, y es muy común en el número y por la variedad 
de especies. Sin embargo, de los peces llamados voladores 
no se puede decir que vuelen como las aveí', ni que floten en 
el aire á la manera de la ardilla voladora. Estos peces 
pertenecen á dos grupos muy diversos, el primero de los 
cuales, que cuenta unas 40 especies, se halla representado 
por el pez volador común, que hemos señalado en otra parte, 
en el Atlántico tropical (Exococtus volitans). Las aletas 
pectorales de este pez, son puntiagudas y muy largas, lle- 
gando hasta la cola cuando plegadas contra el cuerpo. Los 
rayos de las aletas son tiesos, y estendidas estas, presen- 
tan mucho asidero al aire. Algunos creen que este pes- 
cado no hace sino saltar fuera del agua, pero nosotros 
que lo hemos visto volar frecuentemente y por largo espacio 
en el Atlántico, creemos que usa de sus aletas como las 
aves, y su configuración muscular asi lo prueba. Ya 
hemos indicado que el pez volador del Atlántico es plateado 
y azulado en la espalda, y como suele volar en cantidad á 
cierta distancia, parece una bandada de mariposas de plata. 
Se halla cubierto de grandes escamas que se desprenden 
fácilmente, como las del arenque. Abundan en las Anti- 
llas, donde los pezcan para alimento. 

El segundo grupo se compone del pez gurnard volador, 
del que solo se conocen las tres especies que hibitan el 
Océano Indico, donde se halla la especie que hemos indica - 
do, la del Mediterráneo y otra en el Atlántico Tropical. La 
especie del Mediterráneo, de que hablaremos al navegar 
por él, es el DactylopteiiAS volitanSj la mas conocida. El 
gurnard volador es un pescado de mayor tamaño que el 

TCMO IZ. 26 



378 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

otro del Atlántico, según lo hemos observado ya, pues mide 
hasta un pió y aun 18 pulgadas de largo. Al mismo tiempo 
los rayos de sus aletas son mas delgados; asi es que 
este pescado alcanza solo volidos cortos, y tierno no puede 
volar. Este pez se halla dotado de espléndidos colores, 
siendo carmesí arribi y castaño debajo; mientras la cola 
es de un tinte violeta y las aletas de un verde oliva sombrío, 
jaspeado de azul. Su cuerpo se halla cubierto con esca- 
mas espesas y afiladas, y se halla armado de dos espinas 
que se proyectan para atrás de cada costado de la cabeza; 
pero en despecho de esta armadura defensiva, el gurnard 
es comido por el bonito y el delfin. Los hombres sin 
embargo, lo tienen en muy pequeña estimación á causa de 
la viscosidad y sequedad de su carne, y aun cuando á 
menudo se le encuentra en grandes cantidades, rara vez 
se le captura. La llanura azul sigue plácida, estamos en 
las pampas del Océano, después de haber atravesado sus 
montañas en el Océano Austral, y sus ondulaciones y loma- 
das entre Qlenelg y Naturaliste Cape : ya est^mos en eH2 
de marzo y es el astrónomo el que tiene razón, no el adivino. 
El tiempo es de una calma deliciosa, y como el vapor marcha 
con las botas de siete leguas de Pulgarsillo, pronto habre- 
mos pasado de un hemisferio á otro. Muy luego nos apro- 
ximamos en efecto á la zona del calor y de las perpetuas 
nubes ó lluvias, que en el mar, constituyen la verdadera zona 
equinoxial, y que hemos dicho en otra parte, se estiende 
de 10° á 12'' grados de latitud á cada lado del Ecuador. El 
mar sigue siempre con ese azul subido que marca las gran- 
des profundidades : pero ya no es esa llanura apasible de 
lázuli, que el zéflro riza y donde las brisas juguetean. Es 
un vasto mar ebuUente, agitado por no sabemos que espírítu 



VUÍ3LTA Á LA PATRIA 379 

misterioso que lo anima; porque viento no se siente, y él 
está, no obstante, agitado y espumante; sin formar grandes 
olas, pero debatiéndose inquieto no sabemos bajo qué pre- 
ciónos misteriosas. El cielo se muestra, en esa zona, siempre 
turbio y cargado de vapores : esta es una fecilidad ; sin ese 
toldo amigo y refrescante; sin esaajitacion incesante de 
las olas equinoxiales, el sol y el calor nos devorarian. Cuan 
bellas, cuan grandes, cuan seguras son las leyes generales 
que gobiernan la naturaleza! Ellas son invariables y no 
están sujetas al capricho de los elementos, como se habia 
creido en épocas de ignorancias y estulticias ficticias. Hay 
leyes que gobiernan la naturaleza y el universo, y de que 
la naturaleza y el universo no se departen jamás. 

Entre esas leyes inmutables debe contarse la gran ley 
entre todas, la gravedad, que atrae todos los objetos 
hacía su centro. Sin esta ley, el universo creado no exis- 
tiría sino en forma de caos, y soles y mundos se disipa- 
rían en el espacio. Nosotros todos andamos y nos move- 
mos en realidad patas arriba, sobre un abismo infinito ; y 
lo único que nos mantiene y nos permite permanecer sobre 
la superficie terrestre, es la gravedad. Sin esa ley el abis- 
mo del espacio nos absorbería y disiparía. Nosotros pues, 
nuestra nave, nos movemos, somos arrastrados entre dos 
abismos, el mar terreno, el mar de roca líquida; y el mar 
del infinito, el espacio. Pero esa ley de la atracion es dual 
como todas las ley físicas del universo. Por un lado ella 
nos atrae, por otro ella nos repele, como el afecto de una 
coqueta, que no es otra cosa que la muger al natural, la 
muger verdadera. Esas dos atracciones, la centrípeta y 
li centrífuga, conservan todo en su lugar y permite á los 
mundos y á los seres vivos, moverse en sus órbitas asterales 



380 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

los unos, evolutivas los otros. Hoeckel en su admirable obra 
de la Creación Natural, haciendo aplicación de las doctrinas 
de Darv^in, ese Edipo moderno que ha resuelto el enigma 
de la esfinge y alzado el velo que cubria á la misteriosa Isis, 
la Naturaleza, que ningún otro mortal habió levantado 
antes que él; asegura y demuestra que todos los fenómenos 
del universo pueden reducirse á la acción de dos fuerzas, 
la atracción centripeta y centrifuga. 

El amor es la atracción centripeta; la formación, el de- 
sarrollo de los seres es la atracción centrifuga. La primera 
la atracción centripeta hace que nos parezcamos á nues- 
tros padres; la segunda, la centrifuga hace que obe- 
deciendo á la ley de la adaptación circunstancial, difiramos 
de ellos, porque en la naturaleza no existe un ser completa- 
mente semejante á otro; y las diferencias se van acentuando 
con los años y la distancia; de ahí él tranformismo y la 
degeneración de una especie en otras, siguiendo las leyes de 
la evolución concretadas en el dualismo de esa ley fundamen- 
tal. El tranformismo está probado no solo por los fósiles, que 
es al historia geológica de la tierra escrita por si misma, es- 
crita automáticamente, como los instrumentos meteorolójicos 
de Draper, que señalan y marcan ellos mismos sus variacio- 
nes; sino también por los hechos actuales, por los hechos 
diarios, constantes y evidentes del mundo. El hombre de hoy, 
noes el hombre de ayer. Comparad un hombre moderno, con 
un hombre de la edad media : en lo moral, como en lo físico, 
la diferencia es inmensa. El primero es un bárbaro en su 
inteligencia tenebrosa, y como tal superticiosa; y en sus pa- 
siones salvajes ; el segundo es un ser culto, que reflexiona, 
que piensa, que se perfecciona y que desprecia las super- 
ticiones como marcas despreciables de ignorancia y de atra- 



VUELTA A LA PATRIA 381 

SO. Esa es una transformación verdadera en lo físico como 
en lo moral : los Museos de pinturas son justamente como 
los fósiles, que nos han de revelar con el tiempo y marcar 
la evolución gradual y diferencial de esta tranformasion. 

Volviendo á nuestro derrotero, si el lector quiere recor- 
darlo, sabrá que esta és la tercera vez que nosotros pasa- 
mos al Ecuador, debido al estado atrasado de las comunica- 
ciones en nuestro hemisferio ; no habiendo línea de comuni- 
cación circular directas entre las diversas regiones pobladas 
del hemisferio Austral. El hemisferio boreal monopoliza 
hasta hoy las lineas de intercomunicaciones circulares en 
torno de nuestro planeta. No hay líneas de comunicaciones 
regulares por ejemplo entre las colonias Australianos y Bue- 
nos Aires, ó entre Buenos Aires y el Cabo, Madagascar, Tas- 
mania 6 la Australia Occidental. Hemos tenido forzadamente 
que tomar el itenerario que conocen nuestros lectores y que 
condena á pasar cuatro veces el Ecuador ; y dos veces la 
peligrosa boca de la Babia de Biscaya, siempre dispuesta á 
tragarse los buques que de Inglaterra pasan áSud América. 
Pues bien, las tres veces que hemos pasado el Ecuador hasta 
la fecha (ya vendrá la cuarta), hemos hallado constantes las 
leyes que gobiernan las divesas zonas marítimas de nuestro 
planeta, á saber : mares convulsos, herizados, empingoro- 
tados en las regiones mas inmediatas á los polos, al parecer 
los Alpes fluidos de la tierra; la mancion de Eolo y de las 
tempestades ; mares ondulados y agitados en las zonas tem- 
pladas, región de las lomas líquidas •, mares alisados y sua- 
ves bajo los trópicos ; propiamente mares pampas. Por 
último. Mares ebuUentes, pero no bravios ; y nubes y aguas 
perpetuas en la zona equinoxial. Traduciendo esto en un 
lenguaje marino mas práctico; mares agitados por los 



382 ^UEVA REVISTA BE BUENOS AIUES 

grandes vientos cardinales en los estremos ; mares encres- 
pados por los tradewindSy vientos alisios, en ios medios; 
mares de las dulces y soñolentas calmas, en los trópicos ; y 
mares del viento Este, de cu va causa, hemos hablado en 
otra parte, bajo el Ecuador. El espectáculo y la temperatura 
son uniformes y constantes en cada zona. Frío mas arriba 
de los 40** de lat. ; fresco sin frió, entre los 40' y los 22*^ ; aire 
tibio, suave temperatura entre los 22"* y los IP; calor, ca- 
lor insoportable á veces, entre los 11° y el 0^ auno y otro 
costado del Ecuador. Esto es suponiendo el sol en el centro, 
como ahora en el equinoxío ; cuando el sol se halla en sus 
puntos solsticiales, la acción de las temperatura varia un 
tanto ; pero no altera en el fondo sus condiciones normales 
climatéricas y físicas. 

Hé aquí que en estos momentos pasamos la línea equino- 
xial, cuyo centro ocupa el sol; nos hallamos en la zona mas 
calida de la tierra, en el centro mismo de la zona ecuatorial, 
de la gran región tórrida del globo. Pero nubes casi cons- 
tantes, frescas brisas y chubascos instantáneos, que no cesan 
y se repiten á cada paso, pues esta es la región de las per- 
petuas lluvias, nos hacen tolerable una temperatura, quede 
otro mido seria insoportable. La llanura marítima de un 
bello azul gualda, reposa magestuosamente en su mole, sin 
dejar de esperimentar en su superficie esa agitación sorda, 
mugiente, que caracteriza los mares ebuUentes de las regio- 
nes ecuatoriales. Pecesillos alados, vuelan á larga distan- 
cia por sobre las ondas marítimas quietas y agitadas á un 
tiempo, llana, equilibrada, igual; pero vacilante, inquieta, 
móvil, como un alma que duda. El mar, como aquel filo- 
sofo que deoia: cogito ergo sum, debe decirse á si mismo 
me muevOy luego existo ! Todas las veces que hé pasado 



VUELTA A LA. PATRIA 383 

la zona tórrida, no la be hallado de un calor constante ; las 
nubes diluvian por chaparrones, y refrescan; las brisas 
soplan por ráfagas y refrescan; las nubes solo descubren 
al sol por momentos y vuelven á taparlo, como los velos que 
cubren y descubren el hechisero rostro de una odalisca 
oriental. Así, el calor es también por ráfagas y un rato 
de bochorno es sucedido siempre por un fresco soplo. El 
calor del mar no es tampoco uniforme en esta zona; por dos 
ó tres dias hemos traido un mar sombrío, un mar de 4 á 
5000 metros de profundidad. Ahora, bajo la misma linea, 
su color se aclara y resplandece. 

Dos cosas hay admirables en estos horizontes qaaritimos 
que no me canso jamas de contemplar. Primero la esfe- 

racidad visible, patente de la tierra : el inmenso globo se 
diseña al ojo, con sus contornos planetarios, de una manera 
patente y se comprende entonces la esprecion profunda del 
Orbis terrarum de los Romanos, que pierde su verdadero 
sentido al pasar por el ortodoxismo escolástico y bárbaro de 
la' edad media. De esa sola espresion pudo el gran talento 
deductivo de Colon, deducir la forma terrestre y la proba- 
bilidad, masque esto, la certidumbre de encontrar las Indias, 
ó tierras desconocidas navegando al Oeste. Los biógrafos 
del gran Genoves (los Corsos se lo disputan hoy á Geno- 
va) no le hacen ningún favor al suponer que en un viage al 
Norte, el pudo tratar á Scandinavos conocedores de la Vin- 
landia Norte Americana. Todo esto es soberanamente impro- 
bable y Colon no ha podido conversar con los marinea 
islandeses y noruegos, simplemente porque no conocía 
su idioma. Sin embargo, Cristóbal Colon era un sabio, 
un erudito como lo prueban sus cartas; y el no podía 
ignorar las obras de Ptolomeo y Strabon, en donde el Orbis 



384 NUEVA RRHSTA DB BÜBNOS AIRBS 

terrarum de la versión latina, brilla como una antorcha 
para el hombre pensador. El orbis se diseña en el llano 
marítimo, con los mismos matices de luz y sombras que se 
diseña sobre el apex convexo de una bola de marfil ó de 
metal. Lo mismo sucede con el orbe de la luna sobre el 
cielo trasparente de los trópicos, en la atmósfera marítima. 
El orbis se distingue en el pretendido disco tan bien, que se 
percibe en todo el conjunto de su forma esférica, pues la 
transparencia del aire permite ver á un tiempo la parto 
alumbrada y la no alumbrada del orbe lunar, formando un 
globo esférico perfectamente discernible. Es una cosa vi- 
sible, palpable y no deja la menor duda de la forma globu- 
lar planetaria de ambos mundos, la tierra y la luna, y 
entonces la verdadera estructura y conformación del mundo 
físico y planetario, se pone á la vista en un relieve inequí- 
voco. Todo el fanatismo y superstición del mundo, no puede 
desvanecer esa realidad visible, palpable, evidente, de 
relieve al ojo. La ignorancia de los fabricadores de supers- 
ticiones, y el fln interesado de sus supercherías, queda 
puesta en evidencia al ojo menos observador y prevenido* 
y la lógica de esos hechos palpables se estiende al uni- 
verso entero. Si hay planetas, y la tierra es uno de ellos, 
que giran al rededor del sol, los otros soles del universo, las 
estrellas, deben tener necesariamente también por una 
consecuencia natural y lógica, orbes planetarios, con su 
atmósfera, sus mares, sus continentes, sus habitantes; y los 
espacios del infinito se pueblan de brillantes soles y de 
mundos habitados. Y que el sabio Jordano Bruno haya 
sido calumniado, perseguido y quemado vivo, por haber 
pensado y dicho esto, que ahora todos pensamos y decimos, 
incluso sus verdugos, que han quemado á un sabio para 



VUELTA A LA PATRIA 385 

después confesar la verdad de la doctrina que ha sido la 
causa de su persecución y muerte. Y son los ambiciosos 
los que dan armas á esos fautores ambiciosos de ignorancia 
y do superstición, para perseguir la verdad y la luz y man- 
tener el mundo en las tinieblas ! Los infames ambiciosos 
que arman al fanatismo ignorante, interesado é hipócrita, 
para condenar á la ignorancia, al atraso y á la ruina mas 
completa á naciones y razas que han sido antes la luz y el 
centro del mundo, y que hoy son su hez mas ruin, por haber 
adoptado la ignorancia y la superstición por enseña, cuando 
los otros pueblos y razas manejan la luz y la industria, 
que dá el poder y la supremacia ! Y esto dura todavia y 
la ambición no se sacia y el fanatismo no se fatiga de su 
obra de ruina y de mal : por que no hay peor ciego, que el 
que cierra los ojos para no ver. 

El otro fenómeno hechicero y encantador de los horizon- 
tes marítimos, son las nubes y los celajes del sol naciente, y 
del sol poniente. Ya en nuestra correspondencia hemos 
descrito los diferentes aspectos y fisonomías de la mar. 
Aqui nos toca describir los diferentes aspectos y fisonomías 
del cielo marítimo. Una nube que os parece que es ? Un 
simple vapor vesicular desparramado por el aire. No : las 
nubes son generalmente masas, conjuntos de vapores de 
forma globular, sea elíptica, ó prolongada ó irregular. Esta 
forma dada, y los matices de sombra y luz de las nubes 
cumulosas, cirrosas y nimbosas lo indican suficientemente, 
el fenómeno eléctrico y acústico del trueno quedan espli- 
cados y no problemáticos, como ciertos malos autores de 
meteorología y física lo pretenden. Las partículas del 
vapor acuoso, es sabido, son ellas mismas vesículas ó 
pequeñas vejiguillas ó glóbulos, que cuando se encuentran 



286 KÜEYA REVISTA DB BUENOS AIRES 

en el aire, en suñciente cantidad^ se reúnen por la atracción, 
formando también masas globulares y cóncavas, como sus 
componentes. Estas vesículas están cargadas de electri- 
cidad y de calórico. Al reunirse por la atracción natural 
de los cuerpos afines, se estrechan, se refriegan, la electri- 
cidad se desprende, las dos electricidades se combinan, se 
inflaman y estallan: la inflamación es el relámpago; el 
estallido, repercutido de vesícula en vesícula, de una capa 
de vapores, en otra capa de vapores, resuena en prolonga- 
dos ecos en el interior de las vastas concavidades de las 
masas globulares de nubes ; de ahí el trueno y la repercu- 
sión. La electricidad al estallar, disuelve las vesículas que 
desprendido su calórico y electricidad, quedan reducidas á 
gotas de agua que se precipitan. Hay nada mas claro, 
mas sencillo y comprensible que esto ? Todos los fenóme- 
nos de la naturaleza son de la misma claridad y sencillez 
sublime. Pues bien, al caer la tarde, en los horizontes del 
cielo marítimo, las nubes se aglomeran en formas fantásticas, 
llevadas por la atracción del lado por donde el sol sale ó se 
pone. Son los cortesanos de su magostad el espléndido sol, 
que presiden á su let^er ó su coucher. En pago de su galan- 
tería, ellos reciben los mas espléndidos ropages que es po- 
sible imaginar; púrpura, oro, jacinto, záflro, topacio, todos 
los matices y todos los mas ricos y fantásticos bordados. La 
llanura de lázuli del mar remeda su gloria, tiñendo sus 
ondas lívidas con sus tornasoles y púrpuras ; y el cielo de 
un celeste puro en el zenit, se regocija con los mas vivos 
matices zafirinos, baila y llama á las estrellas al espec- 
táculo, que tardias por la enorme distancia de sus viviendas, 
solo ^acuden cuando ya el espectáculo ha desaparecido 
en parle. 



VÜBLTA A LA PATRIA 387 

Las formas de las nubes son generalmente fantásticas ; 
pero á veces son también significativas. Recuerdo hace 
dos años, nos hallábamos de paseo en una estancia del 
interior; estancia formada de bosques de mimoseas en parte; 
en parte de praderas ])astosas, con grandes represas de 
algunos miles de pipas. En estas estancias, el único 
tesoro, y por consiguiente, el único deseo del dueño, era el 
agua. El la pide á Dios, á los santos, al cielo, á la nube 
que pasa. Pero las nubes, poco dóciles á Dios, á los santos, 
al cielo, pasan y pasan, sin enviar la lluvia deseada. Estas 
nubes pasan unas en formas de grandes águilas; de drago- 
nes monstruosos; de batallones de infanterías; de escuadro- 
nes de caballerías; de naves, de hombres, de mugeres gigan- 
tescas flotantes en los aires. Hasta un dia reconocí en las 
nubes el perfil perfectamente diseñado de Gambetta^ con su 
bonete y su ropage de abogado francés. El era entonces 
presidente de las Cámaras francesas y esta aparición fan- 
tástica, yo que tenia alguna esperiencia de los augurios de 
las nubes, la tomé por un anuncio de su próxima elevación 
al poder y • . • . caida, porque no hay nada mas deleznable 
ni frágil que un perfil profetice de nube. Recuerdo de la 
risa del célebre viagero Scytha, Anacarsis, cuando al re- 
correr la Palestina, veia á los hebreos parados en sus 
puertas, estudiando las formas fantásticas de las nubes. 
El los tomó por un pueblo de mentecatos, y sin embargo, 
las nubes tienen sus figuras, sus perfiles, y. . . sus augurios. 
Pues bien, todas esas formas de nubes, nunca dejaban esca- 
par una gota de agua. Mas un dia, una nube en forma de 
ballena, venida de las misteriosas regiones donde el sol se 
pone, que entre nosotros es el lado donde se alzan las 
Cordilleras, y á los pies de ellas, las llanuras móviles y sin 



388 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

riberas del Pacifico; una nube venido de esa dirección, 
decimos, en forma de una ballena muy bien diseñada, pro- 
yectando chorros de electricidad y truenos en vez de agua, 
trajo la lluvia deseada. En adelante, cada vez que veiamos 
á la ballena aparecer, estábamos seguros traia en su vientre 
una abundante y rica lluvia aparejada. Se vé pues, como 
hay nubes fantásticas y también nubes significativas. 

Los Hindus de nuestro bordo, yo los he mirado y estu- 
diado bien. Traen una muger entre ellos: por su color, 
por su voz, por sus formas, por sus facciones, por sus 
maneras, es perfectamente idéntica con los indígenas man- 
sos del interior argentino; es una verdadera india ó china 
cordobesa, santiagueña ó riojana de esas que general- 
mente, en las provincias, tienen para el servicio doméstico • 
la identidad de la raza es indudable por su costado Canaka 
ó Malayo; ó si se adoptan nuestras ideas, por los rasgos 
del tipo primitivo que en la Atlantida forma el tronco de 
todas las razas occidentales del mundo, inclusa la India, de 
este lado del Ganges. La semejanza vendría entonces 
desde el tronco y no seria necesario ir á rastrear su origen 
en emigraciones casi imposibles de Sud- asiáticos sobre 
las costas americanas. El idioma mismo tiene algo de 
semejante con el quichua de Santiago del Estero, ó con el 
aymará del Alto Perú; y un sabio alemán el doctor Falb, que 
recientemente ha estudiado los idiomas quichua y aymará 
bajo el punto de vista filológico y ethnográfico, ha encon- 
trado una similidad de raices entre el sánscrito, que es 
el idioma sagrado de los Hindus, y el antiguo idioma ame- 
ricano de los incas. Estos Hindus tienen un gefe que se 
distingue por una inmensa y delgada cadena de plata, que 
rodea el cuello y cuelga en largas ondas hasta mas abajo 



VUELTA A LA PATRIA 389 

de la barriga. Es una cadena de algunas millas de largo. 
Qué objeto tiene este estraño símbolo ? El para mi repre- 
senta la larguísima esclavitud de esa raza infortunada, 
que todas las naciones han conquistado y subyugado suce- 
sivamente: nación de 252.000,000 de almas que se deja 
someter, no digo por un puñado de europeos inteligentes; 
pero que ha sido sometida por un puñado de Asirios, de 
Persas, de Griegos, de Mahometanos, de Portugueses y de 
cuantas naciones han querido someterlos. Es cobarde esa 
raza ? No. Ella ha dado grandes pruebas de valor tanto 
físico como moral, en todas las épocas. Es solo una raza 
supersticiosa, desunida y egoista: he ahí los vicios que 
constituyen su inferioridad y que la hacen víctima de todas 
las dominaciones estrañas. Es una raza sabia para cul- 
tivar la vida futura, abnegándose á todas las supersticiones; 
pero que no sabe cultivar la vida presente y real. Ella 
vive en un mundo fantástico y deja á sus amos robarles 
todos los bienes positivos y presentes, contentándose con la 
promesa de indemnisarse en el futuro. Pero de todos sus 
vicios, el vicio mas funesto para esta infeliz raza^ son sus 
supersticiones. 

Son ellos seres razonables y consientes ? No. La su- 
perstición les ha ordenado que ellos no deben hacer uso de 
su razón, sino creer lo que sus sacerdotes, sus Brahamines 
les enseñan; y ellos han abjurado de su razón y adoptado 
la fé de sus Brahamines. Pero sepamos primero qué es la 
razón que esos hombres desprecian, y qué es la fé por la 
que han hecho abjuración de la razón. La razón es la 
conciencia de sí mismo, de la existencia, del derecho, de 
la justicia, de la verdad. Es el dote por excelencia que 
hace al hombre lo que es, un ser libre, pensante y podero- 



390 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

so; un ser superior á las bestias y con el poder y el 
deber de dominarlas. Sin la razón, el hombre seria el msjs 
desgraciado de los seres, pues no tendría el poder, ni las 
garras del león; la agilidad del mono, ni la ligereza del 
ciervo; seria el cordero, el pasto, la víctima de los otros 
animales, que se alimentarian de él; en vez que hoy, con su 
razón, el hombre los domina y se alimenta de ellos. Tal es 
la razón, el arma, medio, título y derecho de la superiori- 
dad del hombre, sobre todos los seres creados. Y qué es la 
fé, la opuesta de la razón ? Es el abandono de la razón y 
del derecho, para entregarse á creer lo qua no es, lo que 
no es conveniente que sea; para adoptar creencias absurdas, 
y practicas mas absurdas aun, impuestas por la superchería, 
por la impostura, por la ambición de lucrar y dominar de 
la casta sacerdotal. Esa fó espúra, no es ni siquiera el 
instinto del bruto que puede salvarlo, llegado el caso : el 
bruto, guiado por su instinto conservador, abre sus ojos y 
vé lo que le conviene. El hombrO; que ha abjurado de su 
razón para adoptar la fo, cierra los ojos en vez de abrirlos, 
y entrégase á la ruina, á la esclavitud y á la muerte por 
temor á un ser fantástico, injusto y caprichoso que él mismo 
se ha forjado. Ahora bien, el Hindú es el ser supersticioso 
por excelencia. Sus sacerdotes le dicen: de qué sirve la 
razón que no hace milagros ? (hoy los hace por el intermedio 
de las ciencias, y Dios está en la razón y no en la supersti- 
ción). Esta vida es un engaño. Dejadnos á nosotros, 
sacerdotes de la divinidad, todos los bienes de ella, los 
honores, las riquezas, el poder; y vosotros apresuraos á 
marchar á la otra vida, que allí está vuestra recompensa, 
vuestro bien ! Y esos sacerdotes se hacen adorar, se hacen 
besar los pies y las manos; se hacen dar todos los tesoros 



VUELTA A LA PATRIA S91 

COD el pretesto de darlas á unas divinidades de palo, que de 
nada Decesitan; y se hacen los dioses de este mundo 
dominando á los mismos reyes, con el pretesto de guiar á 
las almas á los bienes de la vida eterna, creencias que son 
las mas absurdas; ellos creen en el trimarti ó trinidad 
Hindú, en que un Dios de tres cabezas, no representa sin 
embargo, sino una sola divinidad ; y en que Wichnou, un 
dios, se encarna y hace hombre pira hacerse adorar y 
hacer adorar junto con él á sus fieles sacerdotes. Y en 
prueba de que esto es cierto y de que su fé es la verda- 
dera, ellos citan una larga sárie de mártires milagrosos 
que han muerto por la fé. 

Pero digo yo, ¿la verdad necesita que alguien muera 
por ella para ser verdad ? No por cierto. Mueran 6 no 
mueran, la verdad es verdad. Y si un hombre viniese á 
decirme: el Sol, no es un sol, son tres soles en uno, y en 
prueba de lo que digo, voy á morir. Ese disparate garra- 
fal, ¿seria mas cierto por la muerte de ese mentecato? 
No por cierto. La impostura, la superchería, el embus- 
te, aunque millones de insensatos mueran para probar su 
verdad, quedará siempre impostura, superstición y error ; 
por que la verdad está en la misma naturaleza de las 
cosas, y no fuera de ellas. Y los infelices Hindus, en vez 
de morir combatiendo por su independencia, por su liber- 
tad, por su honor, por su dignidad de hombres, por el 
bien de sus familias, de sus hijos, que son las generaciones 
futuras, dejan la familia al sacerdote para que la corrompa 
y contamine ; dejan la patria, la libertad, la civilización, 
el poder, al extranjero para que los domine ; y ellos se 
contentan con morir aplastados por el carro de sus ídolos 
y con ir á buscar el bien y la libertad á la otra vida. 



392 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

Y la otra vida, ¿ cual es ? Si solo hubiese una fé, contes- 
taríamos : en el Paraíso de Wichnou, en donde las almas 
que no tienen cuerpos, oyen conciertos y ven y disfrutan 
manjares y glorias celestiales. Pero aquí me salen al 
encuentro los mahometanos que me dicen : esa fé és paga- 
gana, es falsa, no hay mas Dios que dios y Mahoma es su 
profeta; y las huríes del Paraíso son la recompensa de los 
creyentes. Al oir esto, los boudhistas se alzan y dicen : 
Nó, ! la íé de los brahamines y la fé de los mahometanos, 
san falsas. La única fé verdadera es la de Boudha. Solo 
él tiene recompensas en la otra vida, y las dá á los que 
rezan mucho y creen en el Gran Lama y en sus indulgen- 
cias ! Entonces yo quedo confundido, abismado ! Si hemos 
de arrojar á los perros nuestra razón, y adoptar una fé, 
¿cual es la fé verdadera que debemos adoptar? Hay 
tantas feés, como razas, y todas juran que la suya es la 
mejor, es la verdadera, con exclusión de las otras. Y en 
testimonio de verdad citan mártires que han muerto por 
su fé respectiva. Porque mártires tiene el Hindú, el 
Boudhista, el Mahometano : mártires que han muerto por 
su fé respectiva, para probar que su fé es verdadera y las 
otras son falsas ; con la añadidura de los milagros mas 
estupendos. Si todas las fées dicen que cada una de ellas 
es la verdadera y las otras ¡as falsas, ¿ cual es pues enton- 
ces la verdadera fé, la que no nos engaña ? Entretanto 
la razón no es mas que una, no hay como equivocarse á su 
respecto ; ella no hace milagros, y los prodigios que obra 
con el estudio, ' la ciencia, la consagración y la industria, 
no los llama milagros, porque no lo son : sino la obra de la 
razón, de la inteligencia, y del trabajo del hombre. La 
razón modesta, pero verdadera, que no necesita mártires 



VUELTA Á LA PATRIA 393 

porque le basta su propia verdad y justicia : que no nece- 
sita supercherías, ni engaño, porque la verdad es mas bella 
que todos los paraisos fantásticos de la superstición : y 
porque nada que pueda inventar el hombre on su imagi- 
nación, es superior á la verdad del universo real que Dios 
ha creado, y que existe y que se halla de manifiesto á 
nuestros sentidos y á nuestra razón. Poro los hindus nada 
entienden de esto, y por la superstición, que les prohibo 
pensar y c iltivar la ciencia verdadera, solo conocen la 
ciencia falsa de sus sacerdotes, que es la ciencia de la 
ignorancia y del embuste ensenada por principios; ellos 
se conservan bárbaros, atrasados y esclavos del primero 
que quiere subyugarlos. 

Cuatro dias hemos recorrido los mares azules, ebullentes 
de las regiones equinoxiiles, entre los 8°, á uno y otro 
costado del Ecuador, antes de llegar á Colombo, el puerto 
de acceso de Ceylan para los vapores de la M ila : cuatro 
dias recorriendo soledades fluidas, desiertos movientes, 
que el pez volante, brotando de bajo de la onda, es el solo 
signo que hace comprender se hallan pobladas y habitadas 
por seres ajiles, movedizos, que se ajitan y luchan por su 
existencia, como todo cuanto vive y se mueve sobre la 
tierra. Hay pues un mundo que alienta y vive bajo nues- 
tras plantas, que vive en medio de la onda azul y densa 
del mar, como nosotros vivimos y nos movemos en la onda 
celeste mas leve del océano aéreo, como llama Humboldt á 
la atmósfera terrestre. Probablemente nuestra atmósfera 
forma en la esfera superior de nuestro globo planetario, 
una superficie tan tersa, tan lisa, tan pronunciada como la 
del mar, limitada por la atracción terrestre y por el frió é 
impalpable éter del espacio, éter poblado por el espíritu 

TOMO U 20 



;394 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

de los mundos, pues todo el universo tiende incesantemen- 
te á tornar á su punto de partida, el fluido tenue, el cuarto 
estado de la materia, como lo llama Loekyer : la materia 
eterizada de los mundos que se ajitan y se mueven, y el 
resultado definitivo de cuya actividad es el desprendimiento 
de partículas de materia transformada, base de una futura 
nueva creación mas elaborada y perfecta que la presente. 
Porque los mundos, los soles mismos, viven y mueren como 
los individios después de evaporada toda su materia trans- 
formable. Los mundos muertos son la presa del espacio, 
del frió, que acaba por triturarlos y reducirlos á polvo 
impalpable que vá á unirse con la materia eterizada. 
Para esto se necesitan millones de millones de años. Pero, 
¿ qué son los millones de años en esa corriente inmensa 
de la eternidad, el tiempo insondable é infinito, que no tiene 
principio ni fin pues no se concibe principio ni fin en el 
tiempo ? Los antiguos llamaban al tiempo, kronos, el pri- 
mer dios: y el tiempo como kronos ó Saturno, cria y devora 
sus hijos. 

Al cruzar esos mares índicos, poéticos y esplendentes, 
adivinábamos mas bien que veíamos esas Islas de la 
Zonda, con sus sierras volcánicas y sus costas perfuma- 
das y verdeantes, con sus palmeros, su azafrán, sus 
canelos y sus clavos. Por la noche sobre cubierta, yo creia 
percibir el aroma perñimado de sus floridos bosques equi • 
noxiales. Por la tarde* del 19 de marzo, una bella faz de 
oro y de azul, la superficie solitaria de los mares se animó 
con el espectáculo de algunas velas y de la columna de 
humo de un piróscafo. A la distancia, entre las nieblas del 
horizonte y las primeras sombras de la noche, creimos 
distinguir las altas crestas de Geylan dominadas por un 



1. 



»■ 



VUELTA A LA PATRL\ 395 

agudo picacho granítico; el Pico de Adán. Temprano, en 
la madrugada del dia siguiente, las crestas de las altas 
cumbres centrales de Ceyl \n se diseñaron roas claramente; 
y á poco la, costa de la isla orlada de palmeros, de edifi- 
cios y de las últimas luces al ac ibar las tinieblas, desvane- 
cientes, se presentaron á nuestra vista. La isla de Ceylan 
es interesante á la distancia por la culminancia de sus 
montañas ; pero de cerca, el interés grandioso de la pers- 
pectiva desaparece, presentándose solo costas bajas coro- 
nadas de bellos bosques de palmeros, cocoteros, tilos y 
otras palmas intertropicales y algunos otros grandes y 
bellos árboles que asomaban eu los parques y jardines 
ingleses. Antes de llegar á nuestro fondeadero, fuimos 
acostados por multitud de canoas de los naturales, estre- 
chas y con esa contrivance estraña de los salvajes de la 
oceania que equilibran su estrechas piraguas con una viga 
labrada sujeta por dos atravesaños á la piragua que boga 
en el agua haciendo equilibrio á ésta; sin esta contrivance 
estas estrechas canoas zozobrari:\n á cada piso. Y ha habi- 
do quien haya pensado que estos salvajes, cuya inteligencia 
no es superior á sus homónimos de la oceania, son los 
padres de la humanidad culta y pensante ? Esto es casi 
inimaginable, y no queda mas solución para ese problema 
histórico que la que nosotros le hemos dado. Y esto no es 
que creamos este tronco menos digno de la humanidad 
que el alalo de Darwin; sino que dudo que el mono 
tenga menos talento ó capacidad que el hindú; por el 
contrario, lo creo mas racional, puesto que el mono se 
conserva libre en sus bellos y perfumados bosques ; y estos 
miserables viven esclavos de alma y de cuerpo en un 
ciénago de desaseo, atraso é ignorancia. K^i pues una 



396 NUEVA REVISTA DE BCBXOS AIRES 

raza fea y contrahecha ? N6. Es una bella raza de cobre 
ó brcnce, fundida en el mejor molde humano del Creador ; 
I)ero es una raza retrógrada, oscurantista, entregada á la 
superstición en alma y cuerpo. ¿Vale la pena de ser hombre 
y de vivir para cargar esas pesadas cadenas físicas é inte- 
lectuales? Abominamos ese estado moral deloshindus, 
porque él ha prostituido los mejores dotes del Creador : la 
imaginación, la belleza, la ajilidad física, á ídolos funestos 
enemigos de la razón, de la Hbertad y de la dignidad 
humana. 

4. Llegada á Ceylan — Aspecto de esta isla^ sus pro- 
ducciones y cultivos — Vicita de Hceckel en 1882 : 
sus pinturas animadas — Estension y producciones 
actuales de Ceylan. 

Ceylan, la bella isla de los palmeros y del Pico de Adán, 
fué llam ida laprobana por los antiguos, y Singhala por 
sijs naturales; es una gran isla inmediata á la extremidad 
sud de la Península de la India, de la cual se halla separa- 
da por el golfo de Manaar y el estrecho de Palk á 100 
kilómetros de la cost-i de Cqromandel, entre los 5° 36' y los 
9** 50' latitud Norte. Los primeros que conocieron algo de 
la existencia de esta isla, fueron los griegos, después de la 
expedición de Alejandro, cuando enviaron embajadores á la 
corte de Polimbottira. La relación que entonces se recibió 
fué tan exajerada, que se creyó que esta isla era el comienzo 
de un otro mundo habitado per antichthones, esto es, 
antípodas de la Grecia. Ptolomeo, mejor informado, hizo 
de ella una isla cinco veces mayor de lo que en realidad 
es. Strabon la cree situada al extremo occidental del 
Hindustan, del lado de África. Según Ptolomeo, su nombre 



VUELTA A LA PATRIA 397 

nativo era Jalice^ conservado después en el nombre indí- 
gena de Selen-dive del que por corrupción los europeos 
han hecho Ceylan. Ptolomeo asegura ser una isla muy 
fértil, mencionando como sus productos arroz, miel, (acaso 
azúcar) gengibre, piedras y metales preciosos ; también 
habla de sus tigres y elefantes. Pero se calla respecto de 
la canela que hoy constituye uno de los principales pro- 
ductos de la isla. Los antiguos creian sin duda la canela 
un producto del África, puesto que designaban á su costa 
oriental con el nombre de Regio cinnamomifera. 

Aunque el njagnifico laurel cuya corteza suministra la 
mas esquisita de todas las especies de Oriente, es indígena 
de los bosques de Ceylan; sin embargo, como ningún 
autor anterior al siglo XIV hace mención de esta corteza 
aromática entre los productos de la ishx de Ceylan, hay 
poderosas razones para creer que la canela, que en las 
edades primitivas era importada á Europa por el interme- 
dio de la Arelbia, fué obtenida en un principio en África y 
en seguida en las Indias, donde los portugueses que fueron 
en un principio atraídos al Oriente por su fama muy espe- 
cial, estuvieron mas de veinte años en posesión de la 
India antes de hacer tentativas para posesionarse de 
Colombo, prueba de que no debe haber habido nada de 
muy notable en las cualidades de la canela de Ceylan á 
principios del siglo XV, y que la gran reputación actual de 
la canela de Ceylan es de una fecha muy moderna, y que 
debe atribuirse al esmero con que los portugueses la 
hacían acondicionar para el mercado, y después ha podido 
ser el resultado de su cultivo por los holandeses. 

Aun después de la conquista de Ceylan por los europeos, 
la canela solo se encontraba en los bosques vírgenes de 



1^8 NUBYA REVISTA DE BUBKOS AIRRS 

SU interior, donde era cortada y acarreada por los chálias, 
tribu emigrante que en consideración á su locación en 
aldeas, se habia encargado de su corte en los bosques, 
entregando á precios determinados una cantidad de cane- 
la ya pelada y dispuesta para la exportación. Este siste- 
ma permaneció sin alteración mientras el Portugal se 
conservó dueño del pais ; mas hallándose los bosques en 
que esta especie se encontraba, espuestos á las continuas 
incursiones de los kandíanos, los holandeses se vieron en 
la precisión de formar plantíos cercados de su propiedad, 
bajo la protección inmediata del cañón de las fortalezas. 
Los gefes nativos, temieron perder las utilidades que 
obtenian del trabajo de los chalias, que se hallaban adhe- 
ridos como siervos á sus dominios,- y cuyo trabajo alqui- 
laban á los holcindeses; se mostraron al principio en estremo 
opuestos á esta innovación y trataron de persuadir á los 
holandeses de que la canela degeneraba después de 
plantada artificialmente ; el marchitamiento de muchos de 
los árboles nuevos, pareció venir en apoyo de este acertó; 
pero examinado el hecho, se halló que él provenia de haberse 
regado con agua hirviendo las raices de las plantas 
marchitas. Pero habiéndose hecho un ejemplar castigo 
con los destructores, los plantíos pudieron conservarse. 

La estension deí comercio de este artículo, en tiempo 
de los holatideses, puede deducirse del hecho de que los 
cinco grandes jardines de canela establecidos por ellos 
en las inmediaciones de Negombo, Colombo, Barberyn, 
Galle y Maduro, presentaban cada uno de quince á veinte 
millas de circunferencia. Aunque fueron plantados por 
primera vez en el año 1770, sin embargo^ ya antes de 179(5, 
cuando Colombo tué tomada por los ingleses, su producto 



VUELTA A LA PATRIA 399 

anual subia á mas de 400,000 libras de canela, que era 
cuando las exijencias del mercado lo requerían. Las 
utilidades deben haber sido enormes, pues la canela era 
entonces de mas consumo y se vendia diez veces mas cara 
que hoy, lo que hace un producto de mas de ocho millones 
de duros obtenido de la cantidad de canela indicada: 
comercio que se hallaba monopolizado por la Compañia 
Holandesa de las Indias Orientales, no pudiendo nadie so 
pena de la vida plantar, ni vender canela sin su permiso. 
Como á partir de esa época el cultivo del laurel cina- 
momo ha sido introducido en otros paises tropicales, la 
competencia ha hecho bajar los precios, y la canela que 
era antes el principal producto de Ceylan, es hoy de una 
importancia subalterna. 

Hemos siempre alabado el tino y elevación de la política 
inglesa; aqui nos llega el momento de criticarla en algu- 
nos de sus estravios c(»ntra su propio interés. Es claro 
que los grandiosos jardines de canelos, plantados por la 
hábil industria y el esquisito gusto de los holandeses, han 
sido en parte vendidos á vil precio por los ingleses, y 
en parte arrendados á particulares , y aunque aun no se 
ha cumplido un siglo desde que ellos fueron conquistados 
por los holandeses, hoy se hallan convertidos en verda- 
deros heríales, ó mejor, matorrales silvestres. Los que 
rodean á Colombo, que nosotros hemos visitado y que se 
hallan á la alta parte de la ciudad, del lado del interior, 
presentan los efectos de un medio siglo de abandono, pro- 

• 

duciendo un sentimiento melancólico ó disgusto. Los 
bellísimos arbustos que suministran la canela, han sido 
abandonados á la naturaleza salvaje, y en algunos para- 
jes han sido suplantados enteramente por los matorrales 



4{>0 NüBVá RBVISTA des SÜBNOS AIRBS 

silvestres ; mientras en otros se ha formado sobre ellos 
como una funda de heredaderas silvestres y otras ramas 
que los ocultan bajo su musgo de verdura y flores pará- 
sitas. En beneficio de la verdad, debemos sin embargo 
confesar que no todos los antiguos jardines de canela han 
sido entregados á un universal abandono y ruina. Así 
por ejemplo, dos millas al sud de Colorabo, se halla una 
parte de los Grandes Jardines holandeses arrendados á 
Mr. Stewartf, el cual ha sabido conservarlos en un admira- 
ble orden. El suelo de la plantación lo constituye una 
arcilla arenosa rojiza, entreverada de vetas de un bello 
cuarzo blanco. La arena cuarzosa blanca es el mejor suelo 
para el árbol de la canela, pero necesita mucha lluvia, 
mucho sol y muchos ternites, todo lo cual lo tiene en 
abundancia en Ceylan. Esto último asombrará á algunos 
que saben que el taladro ó ternite es el gusano mas funes- 
to para los árboles y para los buques. Pero es el caso que 
sea por el olor ó por la belleza, al canelo ól no lo ataca y 
por el contrario, lo protejo comiéndose las mosiuillasy las 
hormigas que lo invaden; como es un amigo conocido, se 
le deja elevar lo» altos túmulos cónicos que son su hormi- 
guero ó habitación en medio de las plantaciones. Con 
todo, el aspecto de un jardín de canela arreglado con orden, 
os de un orden mas monótono que interesante, pues aunque 
los árboles entregados á todo su desarrollo natural, alcan- 
zan una altura de 40 á 50 pies; sin embargo, como la 
mejor canela se obtiene de los renuevos que brotan de las 
raices después de segregado el tronco principal, que solo 
produce canelón grueso, se les conserva solo hasta cierta al- 
tura, sin permitirlas elevarse hasta mas de diez pies; (tres y 
media var^s.) 



VUELTA A LA PATRIA 401 

Pero hoy en Ceylan no solo se cultiva la canela, se culti- 
tiva también artificialmente la cinchona ó árbol de la 
cascarilla, transportado desde Sud-América á esas remotas 
regiones del Oriente. Porque los ingleses forman el 
pueblo mas inteligente del mundo y ellos nada descuidan 
para su prosperidad y grandeza: todo lo contrario de 
nosotros, que nada descuidamos para hacernos mal á 
nosotros mismos. A mas de la cascarilla, ellos cultivan 
artificialmente en esta, magnifica isla, la bella gemma 
como la llama nuestro amigo, Hoacke que la ha visita- 
do un poco antes que nosotros; la nuez moscada, la pimienta 
y el clavo, esas aromáticas producciones del archipiélago 
Indico, de que forman parte las Molucas. El clavo, la 
pimienta y la nuez moscada, lo mismo que la canela, eran 
ya conocidas del mundo occidental mucho antes de que se 
conociese la menor cosa de los paiaes que los producen. 
En la edad media, y aun en la antigua, los árabes las trans- 
portaban al Ejipto, donde eran compradas por los vene- 
cianos, los cuales las desparramaban en el Oeste, vendién- 
dolas por mas de su peso en oro. Como los egipcios 
embalsamaban sus cadáveres con estas especies desde antes 
de la edad de Oriris, que floreció seis cientos anos antes 
de J. C. y que hay mención histórica de Elamitas, comer- 
ciante en aromas y perfumes transportados en camellos 
por el Egipto desde la edad de Abraham y de Job, dos mil 
dos cientos años antes de J. C. es de creerse que el 
comercio de esas especies sea t m antiguo como la raza 
Ethiope ó Egipcia, ó mejor, como la civilización humana, 
-puesto que los atlaurtis y los pirhuhás sus descendientes 
que florecieron 2,200 años antes de J. C. embal8amai)an 
tius cadáveres con ellos. 



402 NUKViL RttVISTA DB BUENOS AIRBS * 

El árbol del clavo, como el canelo, es bellísimo ; perte- 
nece á la muy difundida familia de los mixtos ; sus peque- 
ñas flores lanceoladas y siempre verdes se semejan á hs 
del laurel y sus ñores crecen en manojos en la extremidad 
de las ramas. Guando se presentan, que es á principios de 
la estación lluviosa, se presentan en forma de largos y 
verdosos vastagos, como las flores del castaño europeo, 
á cuyo extremo se abre la corola de una rosa delicada como 
la flor del durazno ; eaida la corola, el cáliz que queda se 
pone amarillo y en seguida rojo ; en seguida se apalea el 
árbol para hacerlo caer y se seca al sol. Cuando se deja 
el clavo permanecer mas tiempo en el árbol, pierde su 
fragancia ; todo el árbol del clavo es aromático y los pedún- 
culos de las hojas casi tienen la misma fragancia que el 
clavo ó cáliz de las flores. Nosotros hemos recorrido en 
Colombo avenidas plantadas con el árbol del clavo, y por 
su aspecto, por su frondosidad, su belleza, la fragancia 
esquisita con que perfuma el aire, producen al recorrerlas 
el mas esquisito placer que es posible imaginarse bajo el 
espléndido cielo de Oriente. 

El árbol de la nuez moscada es natural de Banda, donde 
los holandeses han luchado en vano por monopolizarlo; 
porque ese pueblo valiente, pero de ideas estrechas y mez- 
quinas, no cree ningún negocio bueno sin el monopolio: y 
ya sabemos lo que los monopolios han hecho de España, 
la última nación del mundo, después de haber sido la 
primera. El árbol de la nuez moscada es de un aspecto 
mas majestuoso que el del clavo. Pertenece á la familia de 
las Myrutraceas, de que se conocen tres especies, siendo la 
principal la murlstica moschata^ ó nuez moscada verdade- 
ra. Ella es cultivada hoy, á mas de en las Molucas, en Su- 



VUELTA A LA PATRU 403 

matra, Maurredo, Borbon. y sobre todo en Ceylan. Su mag- 
nífico follaje es de un bello verde en la superficie estertor 
y de un gris blanquisco abajo; es tnagnífico en sus 
contornos y se ensancha hacia arriba. El árbol dá su 
fruto á los nueve años. Son dicécios, habriendo árbol 
roacho y árbol hembra. Las ñores de ambos son pequeñas, 
blancas y campanudas. La fruta solo la dá el árbol hembra, 
en forma de un pequeño botón rojo. • Madura, su aspecto es 
el de un duraznito de la virgen, ó mejor, de San José. 
Cuando madura, su corteza esterna es semejante á la 
de una almendra, solo que es de una media pulgada de 
grueso, estalla de un lado descubriendo una nuez negra 
brillante, pareciendo tanto mas negra cuanto mas roja es 
la corteza que la cubre. Esta última forma el macis del 
comercio, la cual después de secada á la sombra, es ensa- 
cada y prensada para la esportacion. 

Por lo que es á la pimienta, que hemos visto cultivada 
en Ceylan, ella no es un árbol, sino una enredadera, ó 
mejor, una vid. En el comercio, la pimienta no vale tanto 
como el clavo ó la canela, pero es de un consumo infinita- 
mente mayor. Prodúcela una bellísima vid de la familia 
-'e las piperáceas^ la cual no pudiendo sostenerse á sí 
misma enrosca en torno de una vara ó de un árbol recto 
como el álamo, que en Ceylan es el Mango, puesto que el 
álamo no crece en los paises tropicales. Como este árbol 
es despojado de sus ramas inferiores, la vid de la pimienta 
se envuelve al tronco, rodeándolo de elegantes festones 
y de ricos racimos de pimienta que semejan un tanto las 
uvas pendientes de la parra enredada al olmo. Las hojas 
de la vid de la pimienta son anchas ; se asemejan á las de 
la hiedra y son de un verde brillante. Las flores se muestran 



404 NUBVA REVISTA DB BUBNOS AIRES 

en junio, poco después de comenzar las lluvias ; son peque* 
ñas, de un blanco verdoso, siendo sucedidas por bayas 
aromáticas, que "penden en grandes manojos ó racimos, 
como las uvas ; pero la fruta crece independiente sobre 
delgados pedúnculos como las grosellas. La pimienta 
negra y la blanca son el producto del mismo árbol, no sien- 
do la blanca otra cosa que la pimienta negra remojada en 
agua. 

Pero nosotros estamos en Ceylan y hablamos de Ceylan, 
sin acordarnos de otro viajero distinguido que lo ha visita- 
tado solo unos cuantos meses antes que nosotros. Nos 
referimos al profesor Ernst Hoeckel de Yena, el cual, como 
nosotros, ha tenido el valor de abandonar el suelo natal 
en una edad en que pocos acometen tan largas escursiones. 
Para un naturalista como él, apasionado por la ciencia, 
el aspecto de la naturaleza Hindú, tan rica y tan floreciente, 
ha sido una fiesta perpetua. Es con un entusiasmo sincero 
que habla de esas bellas regiones, de Geylan sobre todo, 
donde permaneció seis meses, (de Diciembre de 1881, á 
Mayo de 1882.) De sus correspondecias con las cua- 
les se ha formado un libro que llegó á nuestras manos 
en San Francisco de California, en vísperas de embarcarnos 
para Australia, de ese libro, decimos, se desprende un 
amor por la naturaleza y un culto por sus magníficiis 
formas vivas, vegetales ó animales, que se espanden bajo 
el cielo de los trópicos, que se hace contagioso para las 
naturalezas superiores : porque Hoeckel es el mas grande 
hombre de nuestro siglo después de Humboldt. Y decimos 
de las naturalezas superiores, porque solo ellas son capaces 
de comprender y admirar al genio ; porque el vulgo humano 
es tan soez y tan ruin, que lejos de comprender y ayudar á 



VUELTA A KA PaTRIA 405 

los grandes hombres y á las grandes naturalezas, mas de una 
vez se ha manchado de un geniesidio (Sócrates, Anacárcis, 
Jesucristo, Ramus etc.;) tan bestial y abominable se conserva 
aun el tronco común de ese magnífico árbol de la humanidad, 
entre cuyas brillantes flores y frutas del ingenio y de la 
virtud, se esconden tantos reptiles y áspides llenos del 
veneno de la envidia, del egoísmo, de la codicia, de la 
ignorancia, de la superstición y de tintas otras malas 
pasiones. 

Volviendo á Hoeckel y á Ceylan, cuando la misma igno- 
rancia, t'in prentenciosa y tan vana de su fortuna ó de sus 
honores usurpados, llega á extasiarse de admiración ante 
las maravillas y prodigios reales de la naturaleza real 
¿ qué será cuando 1 1 que la contempla es una inteligencia 
superior y sabia, que ha pasado su vida entera estudiando 
sus profundos tanto como hechiceros prodigios? En 
nuestro pais, por ejemplo, un espíritu vulgar al contemplar 
viajando el occidente la encañada- de la travesía, al afron- 
tar á las grandes Cordilleras, en los campos de San Luis, 
sentirá sin duda algún placer, alguna admiración mezclada 
de fastidio ante aquel grandioso cuadro de la naturaleza 
sud americana, dominada en lontananza por los jigantes 
picos diamantinos del Tupungado y del Aconcagua. Pero 
el sabio que comprende y analiza, que admirando el con- 
junto de aquel grandioso cuadro^ halla en la comprensión 
de sus detalles goces inefables ; y que al pié del boscoso y 
florido cordón granítico del Alto Pencon,.en el vasto cauce 
disecado de la cañada de la travesía, hoy penoso por la 
falta de agua, reconoce el lecho disecado y terraplenado 
de un vasto Paraná geológico que ha corrido por allí á 
bordes llenos en una edad no remota de la presente, dibu* 






406 NUEVA RBYISTA. DB BUBNOS AIRBS 

janda sus ondas majestuosas bajo la sombra de mi- 
moseas colosales entre los prodigios orgánicos de la 
edad terciaría austral, el meghal jiium, el clítodon, el 
mastodonte, el deleite es tan grande como profundo, tenien- 
do como Dios á la vista á un tiempo el pasado y el presente 
de nuestro planeta, el deleite es sincero, grande y profun- 
do como el espectáculo. 

La ciencia pues, al revelar los misterios de la naturaleza, 
lejos de disecar, de esterilizar nuestras facultades como lo 
pretenden algunos pretenciosos vanalmente, porque aman 
la ignorancia y odian la ciencia sin conocer á una y otra ; 
la ciencia, decimos, ensancha por el contrario nuestras 
facultades, las perfecciona, las embellece y eleva. Porque 
la verdad es que el mundo real es infinitamente superior 
al mundo estrecho de la superstición y la fantasía ; y los 
milagros de la ciencia son reales, son positivos y son ince- 
santes, y el hombre tiene en sus manos el reproducirlos 
desde que obre de conformidad coa los preceptos de la 
ciencia, inseparables de la moral y de la virtud ; mientras 
los milagros fantásticos de la superchería, y la impostura 
no hacen sino usurpar una íé y una admiración solo debi- 
das á la suprema inteligencia, al Ser Supremo. Así, 
mientras mas cultivado se halla nuestro espíritu, mas 
susceptible es de gozar de las grandezas, hechizos y belle- 
zas de la naturaleza. 

Refiriéndose á la parte descriptiva de Ceylan, Hoeckel 
dice : 

« Seria abusar de la paciencia del lector el ensayar de darle por nna 
•eca descripción, una débil idea de los esplendores de la flora tropical 
de Ceylan. Cuando por primera ves me fué dado el contemplarla, 
embí legado con lusauarcs perfuraesi extasiado de admiración, vagué por 



VUELTA Á LA PATRIA. 407 

largas horaü en ese paraUo terrenal, pasando de una planta i otra, de 
un árbol á otro árbol vecino, sin atreverme á decidir á cual consngrar 
primero toda mi atención. » 

Esto sucedía en la tarde del dia 21 de noviembre 
de 1881, dia en que el vapor Helios, del Lloyd austriaco, 
conduciendo al profesor Hoeckel y sus numerosas cajas, 
algunas conteniemlo aparatos cientíñcos, otras vacías para 
la recepción de muestras, amaneció anclado en el puerto de 
Colombo. El describe primero en unas pocas y gráficas 
espresiones, la visión de magnificencia y belleza que se 
ostentó á sus ávidas miradas, así que disipadas, junto con 
la medía luz del alba, las nieblas matinales y la isla con 
su franja de bosques de deliciosos palmeros, y los bosques 
aun mas densos de las mecetas del interior, coronados en 
su centro por la misteriosa cima del Pico de Adán, se 
espandió á su vista bañada por el espléndido y dorado sbl 
de los trópicos. 

En efecto, en el puerto, directamente en frente del ancla- 
dero de los vapores, y dominándolo con sus fuegos, se alza 
la fortaleza ; á la derecha ó sud el bello suburbio de Gol- 
petti en que tienen su residencia la mayoría de los euro- 
peos j y á la izquierda ó norte el Pettah ó Ciudad Negra, 
ocupada por las razas nativas. El profesor Hoeckel fué 
calorosamente recibido al desembarcar por su compatriota 
Herr Stipperger, el ájente del Lloyd austriaco, en cuyo 
Buvgalow (se pronuncia Bangla, especie de cottage rústico, 
de un solo piso con huerto) situado en la parte norte de la 
ciudad, á una distancia considerable del fuerte, y aun mas 
distante de Colppety, él pasó las dos primeras semanas de 
su permanencia en Colombo, que él describe como las mas 
deliciosas de su existencia^ y á la cual hacen relación laa 



408 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

palabras que hemos citado. Su primer escursion en Ceylan, 
desde el fuerte á Wist Bengalow, al través de la Pettah, 
abrió para él, según sus propias espresiones, una sucesión 
de escenas de una magniñcencia oriental. Las chozas do 
arcilla morena de los naturales, cada una con su jardin de 
cocoteros y de plátanos ; la población mixta de Singhalis 
rojizos y de negros tamalis, amontonados en las puertas y 
hacieado todos sus quehaceres doméiticos al aire libre,coii- 
binado con el tinte del suelo de un brillante rojo, produciendo 
los efectos mas pasmosos de sombra y de color, junto con uní 
impresión hechicera de sencillez primitiva, en armenia con 
la naturaleza circutistante. Seria imposible el hacer aun uní 
mención pasajera del singulí y de su vida doméstica sin 
descender á la descripción de su mas valiosa y á veces 
única posesión, el cocotero, el menor de cuyos componentes 
es un objeto de utilidad para ellos. 

El número de palmas de coco existentes en la isla, dice 
Hoeckel, se calcula en 40,000,000, produciendo cada palma 
de 80 á 100 cocos todos los años, de los que puede estraerse 
de 8 á 10 cuartas de aceite. El cocotero no se cultiva en 
la parte septentrional de la isla, ni tampoco en mucha 
parte de la costa Oriental. Su lugar se halla ocupado 
por la planta de la Palmura^ no menos útil (Borassus fia 
helliformí). Este palmero cubre también los ardientes y 
secos distritos del Hindostán, desarrollándose en gran pro- 
fusión cerca de Bombay.» Aun miradas á la distancia, las 
dos palmas varian mucho. La Palmyra es un palmero con 
hojas en forma de abanico, con un tallo negro, fuerte y muy 
recto. El cocotero por otro lado, pertenece á esos bellos 
palmeros con hojas en forma de plumas, con delgados tallos 
blancos de 60 á 80 pies (áO á 2o yardas) de elevación, gra- 



VUELTA A LA PATRIA 409 

ciosameate enoGrbacios y dotados con una frondosa corona 
de palmas en forma de elegantes plumas. La preciosa 
palma Areca {Areca catechu) presenta hojAs análogas^ 
pero mas tiesas y pequeñas y con un tallo cónico á ma- 
nera de tacuan; es un característico invariable de un 
jardín singales, cultivado con esmero por el interés de 
su nuez, la cual siendo mascada junto con las hojas de 
la pimienta del betel, dá un color rojo á los dientes y á la 
saliva. Otra palma, el kitul {kitool en inglés), que es la 
Cariota urens de los botánicos, es cultivada en Jugar de la 
caña de azúcar, á causa de su abundante savia sacarina, 
de la cual se prepara el azúcar de palma (Djaggeri) y el 
vino de palma {Toddy\ el mas agradable para los Ethio- 
pes macrobios, de todos los presentes que Embyese les 
envió. Su fuerte y tieso tallo sostiene una corona de 
palmas á plumas dobles, semejantes á las del helécho de 
pelo de doncella. {Adaníhum capillus tenerte). 

Después de los palmeros, los mas importantes de los 
Arboles que se ven en los pequeños jardines de los Sin- 
gbaleses (tan pequeños que se han visto pleitos suscitados 
por la herencia de una 3^520'' parte de 10 cocoteros!) 
son el árbol del pan y el mango. Hay dos ciases del 
primero, la fruta del árbol del pan ordinario {Artocarpus 
incisa) y el árbol Juan (Artocarpus integrifolia) que se 
cultiva por todo con gran profusión. Es este un gran 
árbol, que solo diñere del árbol del pan en la integridad 
de sus hojas. Su fruta, de un gran tamaño, pesa de 30 
á 40 libras y en medio de su sustancia blanda y ñbrosa 
se encuentran desparramadas las semillas, las cuales los 
Orientales testan y comen, como entre nosotros el maiz 
tostado. Su madera es muy empleada en ebanistería, 

TUMU iz. 27 



410 NUEVA REVISTA DB BOENOS AIRBS 

siendo de un color amarillo, de un grano fino y muy 
pesada, como el palo de nuestro chañar, aunque un árbol 
muy distínto. Otro de los árboles muy cultivados por los 
naturales es el Bombar ó árbol de algodón. Las cápsulas 
de este bello árbol producen una lana corta y flbrosa seme- 
jante á la de seda ó algodón. Mezclados con estos, en torno 
de las chozas de los singhaleses, se alza el magníñco ái-boI 
de banana ó pisang, semejante á una achira gigantesca por 
su forma y cuyos dulces, suaves y perfumados frutos son 
tan conocidos en todas las regiones de la tierra que hemos 
recorrido. Esta bella planta bien merece el nombre de 
Higuero del Paraíso que se le ha dado {Musa paradi" 
siaca) y de Árbol de la Sabiduría (Musa sapientum) 
ambos formando dos especies muy distintas, la primera, 
pequeña, muy sabrosa, perfumada y suave como el beso 
de una dulce boca; y la segunda mas bella, mas grande, 
mas sabrosa, mas aromática, pero no tan suave. Sus 
magníficos y bellos racimos dorados, del peso de un quintal 
ó mas. ofrecen unas frutas deliciosas para comer crudas 
cuando maduras y asadas cuando verdes; conócense mu- 
chas variedades formadas de las dos especies indicadas. 
Magníficas espesuras de sus gigantezcas hojas (que las 
mugeres imitan en sus trages modernos, con las anchas 
cintas que cuelgan de sus caderas), de un delicioso y tierno 
verde, coronando un frágil t¿iIlo de 20 á 30 pies de eleva- 
ción, desde el cual se estienden encorbándose con gracia 
sobre el suelo, dan sombra á las chozas singalhesas, for- 
mando su mas bello adorno natural. Escasamente menos 
atractivas son para la vista las hojas de las aroideas en 
forma de saetas, con especial el caladium^ que se cultiva 
por sus raices suculentas ; hallándose en igual caso que el 









VUELTA A LA PATRIA 411 

♦ 

mandioca {Jaliopa manihot^) con sus bellas espesuras de 
hojas, en forma de manos, pertenecientes á la familia de 
las euforbiáceas. 

Pasaremos ahora á hablar un poco de la población de 
Ceylan según las vistas del profesor Boeckel; las nuestras 
las d¿imos mas adelante. Tanto en el mismo Golombo 
como en todas las crestas tanto meridionales como occiden- 
tales de la isla, con excepción de la parte del noroeste, la 
gran mayoría de la población se compone de singalis ó 
singhaleses (como los llaman los ingloses) propiamente 
dichos, que son los descendientes de los hindustaiiis ó 
indios que invadieron á Ceylan en el siglo VI antes de 
J. C. ; pero la costa oriental, lo mismo que en las grandes 
estensiones de las mecetas centrales, los singhaleses han 
sido expulsados por los malabares ó tamiles de la parte 

sud de la Peniusula Indica, con especial de la costa de 
Malabar. En la actualidad los tamiles comprenden cerca 

de un tercio de toda la población de Ceylan y su número 
aumenta todos los años ; son mas vigorosos y audaces que 
los singhaleses, cayéndoles en lote el trabajo- mas pesado; 
pues los singhaleses mas afeminados solo se ocupan de los 
trabajos agrícolas mas livianos. A esto se añaden los 
indios árabes de Ceylan 6 moros, descendientes de los 
árabes que conquistaron la Isla hace mas de dos siglos. 
El residuo de la población nativa se compone de abori- 
génes salvajes, llamados vedddhs y rodiyahs^ provinientes 
de diversas partes de Asia y África, talvez de los primi- 
tivos etiopes de Oriris, pues los africanos han carecido de 
marina y comercio en las edades posteriores, á los que se 
añaden malayos, javaneses, parin ó banianos, afgaaes, 
negros modernos (provinientes talvez de esclavos traídos 



412 NUEVA REVISTA DB BÜBNOS AIRES 

por los portugueses y holandeses de Zanzíbar) y csfrea, 
traídos también por los europeos; estos últimos pueden 
llegar á unos 25,000. Los europeos solo alcanzan de tres 
á cuatro mil almas, principalmente ingleses y escoceses, 
y este puñado de hombres superiores, basta para man- 
tener en sumisión doce y medio millones de cobardes 
asiáticos ! El total de esta población mixta que alcanza 
según se ha dicho, á 2,500,0fX) de almas, puede distribuirse 
como sigue, según el profesor Hoeckel : 

Singhaleses, prÍDcipalmente buáhístas 1,600,000 

Tamalifl 6 Malabares, principalmente de religión Hindn . 820,000 

Indio-árabes ó moros, de religión Mahometana. . • • 150,000 

Mestizos de diversas razas 10,000 

Asiáticos 7 Africanos (malayos, chinos, cafres, negros) 8,000 

Mestizos, portagueses y holandeses, llamados burgher^ . 6,000 

Europeos, principalmente ingleses 4,000 

7e(2i^« (aborígenes ) 2,000 



Total 2,500,000 

Es en estos últimos 2,000 veddahs que* el cristianismo 
europeo ha hecho algunos prosélitos. Los otros, poseyendo 
una religión perfeccionada mas antigua y popular que la 
europea, son inquebrantables en su creencia. 

Ahora pasaremos á hablar de los bungalow ó cottagea 
de Geylan, (los que nosotros llamamos eremitas.) La habi*- 
tacion de Hoeckel fué en Whist Bengalow, asi llamado de 
uno de sus propietarios muy aficionado al juego de naipes 
llamado Whist Se halla situado en uno de les parajes 
mas pintorescos de las inmediaciones de Ciolombo, la que 
se halla situada al norte del fuerte en el ángulo situado 
entre éste y la embocadura del rio Calany. La descrip- 
ción del paraje en que se hallaba situado el Bengalow y 



i 



VUELTA A LA PATRU 41 S 

de \o9 jardines de su amigo, es digna de ser reprodacida 
en los propios términos del distinguido profesor : 

i< La yentilada baranda (corredor) domina una perspectiva magni- 
fica sobre el mar, eobre la embocadura del Galany y sobre una precio- 
sa y pequeña isla cubierta de vejetacion que forma su Delta. Mas al 
norte, la vista puede seguir una larga zona de b.')sques de cocoteros, 
que se estiende á lo largo de las costas hasta el Negombo. Al sud se 
estieuden los jardines del Bengalow, y mas allá una pintoresca extensión 
de tierras conteniendo desparramadas una cantidad de chozas c'e pes- 
cadores que parecen dornistas anidados á la sombra de elegantes pal- 
meros. En su medio se alza un pequeño templo Biidhista ; y mas 
allá se estíende un ciénago poderoso, cubierto con el follaje del 
PandaniM llamado por los europeos pino de tornillo. De este ciénago 
nace un estrecho cuello ó itsmo arenoso que se estiende al norte hasta 
la embocadura misma del río ; y de tal manera dispuesto que parece 
eucf:rrar un lindo y dormido lago en frente de nuestro jardin. Algunas 
chozas de pescadores se alzan sobre esta lengua de tierra, y de la 
mañana á la noche presenta una costante sucesión de cundros tan ani- 
mados como interesantes. Allí, desde que asoma el dia, antes de salir 
el sol, los habitantes de las chozas se reúnen para tomar en el río su 
baño matinal. En seguida les toca su turno á los caballos y bueyes, 
siendo internados á chapalear en el agua. Infatigables lavanderas se ocupan 
en lavar todo el dia, batiendo la ropa con unas piedras largas y estendiéu- 
dolas á secar sobre la ribera. Los botes pescadores van y vienen conti- 
nuamente y en las tardes, cuando se les saca á la rastra sobre la playa, eslen- 
diecdo al sol sus grandes velas cuadradas, la laguna, con su larga fila de ve- 
las inmóviles, presenta el espectáculo mas pintoresco, con especial cuando 
las brisas de la tarde hincha las velas, y el sol hundiéndose en el mar baña 
todas las riberas con su irradiación de oro, naranjado y purpuro . . . 

« El jardin de Wist Bengalow ha sido convertido por el cuidado y 
buen gusto de su propietario en un verdadero Edén terrenal, conteniendo 
muestras de casi todas las plantas nativas de alguna importancia, y for- 
mando de este modo una valiosísima doleccion botánica, igualmente que 
un delicioso y fragante jardin de placer. En la mañana misma, al dia 
siguiente de mi desembarque, mientras vagaba entre raptos de deleite, 
bajo la sombra de los palmeros, de los higueros columuales, de los 



414 NUEVA. REVISTA DE BUENOS AIRES 

bansnoB y de las acncías, yo pnde formarme nna idea bien compreiifil* 
va de la flora de 1»« llanuras tropicales. AUi la noble familia de las 
palmas, en todas sus yariedades de follaje y fruto, alza sus magnificas 
columnas de jaspe gris ; el cocotero, {cocos nucífera) el talipato, 
palma de abanico {corypJia unihraculifera,) el areca y el borawus, 
la caryota y la pal mira ; allí la banana tiende á la brisa sus gran- 
des hojas eii forma de elegantes plumas verdes, ostentando sus dora- 
dos y fantásticos ramos de preciosos frutos. También las diversas 
clases de la banana común {Musa sapientum) un bello ejemplar del 
árbol del viajero de Madagaacar se presenta igualmerte {üf^ania speciosa.) 
Levántase juntamente en la división de la avenida principal, de donde 
una calle que &e dirige á la derecha conduce á las habitaciones de 
Bengalow *, y otra que se dirige á la izquierda conduce á uua magnífica 
muestra de Bunynno, ó higucro sagrado de la India {Ficw Bengalensis.) 
formando con sus raices pendientes en el aire y sus numerosos tallos 
á manera de una columnata vegetal, del aspecto mas estraffo ; vénse 
abrirse entre sus raices bellísimas arcadas góticas, semejantes á coluro- 
ñas destinadas á soportar la magnifica cúpula formada por la copa 
dura del árbol. Otros árboles de diversos grupos (ferminalias, laure- 
les, mostos, palo de hierso, árbol del pan etc.) se hallan cubier- 
tos ó entretejidos con esas bellas plantas trepadoras, y enredaderas 
que de8>}mpeñan un tan importante rol en la flora de Ceylan. Estas 
pertenecen á las familias mas variadas, pues en los densos bosques 
de esta isla mágica, bajo las favorables influencias de la humedad, 
y del calor, una infinita multitud de plantas trepadoras suben 
y se enredan colgando sus festones florados de los otros árboles, abriéndo- 
se paso á pesar de ellos al aire y la luz superior. 

a Entre los atractivos de este delicioso jardin, deben enumerarse esas 
bellas plantas de grandes hojas llamadas calas ó aroiieas y los elegantes 
heléchos con hojas á manera de plumas, que tanto en su masa inii- 
vidual como por la belleza y magnitud de su desarrollo, ocupan un 
puesto importante en la flora inferior de Ceylan. Desparramados 
entre ellos se presensan muchos de los mas bellos arbustos y plantas de 
flores de los trópicos indíjeuas en parte, en parte introducidas de otrad 
regiones tropicales, con especial de Sud América, pero todas perfecta- 
mente aclimatadiu» allí. Entre éstos se alza el magnifico kibi8cu$y con 



VUELTA A LA PATRIA 415 

prandes flores amarillas ó encarnadas, con grandes flores amarillas y 
rojas ; la acacia flamígera ó con flores que imitan la llama por la viveza 
de SUS matices color fuego {cosalpinia-^ venerables tamarindos con sos 
flores aromáticas, mientras que por las ramas de todas trepan y penden 
convólvulos con jigantescas flores en forma de campana y aristolochias 
manchadas de amarillo y de oscuro. Platas mibiáceas, tales como lirios, 
orqnideas, etc. presentan flores en extremo grandes y bellas ... La 
▼ida animal qne habita este jardín del Edén, no corresponde absoluta- 
mente por su variedad y abundancia con su mundo vegetal ; esto con 
especial acontece respecto á sus mas grandes y notables formas. A este 
respecto, según lo que he podido averiguar, la isla es inferior al conti- 
nente indico y la isla de Zonda ; y aun mas respecto al África tropical y 
al Brasil. Debo confesar qne mi primer impresión fué de gran desen- 
canto que mas bien aumentó que disminuyó cuando llegué á investigar 
mas intimamente su fauna, aun en las regiones silvestres de la isla. 
Habia esperado encontrar los árboles y espesuras cuajados de monos y de 
loros y las plantas floridas con mariposas é insectos alados de curiosas 
formas y de brillantes matices. Pero mis espectaciones no debian reci- 
bir satisfacción ; y me consolaba con el fiasco que debian espérimentar 
otros zoologistas que visitasen la isla. Sin embargo, esmeradas inves- 
tigaciones me revelan al ñn mucho de lo que de interesante y curioso 
presenta aun para el zoólogo ; y en sus principales rasgos la fauna de 
Ceylan aunque no tan brillante y tan rica, es en realidad tan singular 
y característica como su flora. » 

Se vé, pues, que hasta los sabios no se eximen de tener 
ideas y deseos fuera de razón. Desde que el hombre 
existe en el mundo, las llanuras y los bosques no pueden 
pulular con la vida animal. El hombre, cazador primero, 
destruye para sustentarse; agricultor, destruye siempre 
para añadir el alimento animal y vegetal, y destruye tam- 
bién para la conservación de sus cosechas. En una isla 
poblada como Ceylan, no podian los loros y los monos 
cubrir los árboles de la campaña, por una razón muy sen- 
cilla : porque los loros hacen daño en el sembrado y en 



416 NUEVA REVI8TA DB BORMOa AIRBS 

el maiz, y el hombre los persigue y estermÍDa ; por ertd j 
para alimento, (el loro es uu esquisito bocado caKoarío) ni 
monos, porque éstos hacen daño en los huertos frutales y 
el hombre los persigue para librarse de sus depredaciones 
y por su piel que es valiosa en el comercio. Hé ahí por 
qué la vida animal no abunda, no digo en los países pobla- 
dos y civilizados desde antiguo couk) Ceylan, pero n¿ aii& 
en las selvas vírgenes del Brasil; porque allí el salv^ 
y las fieras hacen la guerra á toda la creación y nada 
escapa á sus ataques, y porque las aglomeraciones de 
seres orgánicos dependen de las leyes que rigen su 
alimentación y su régimen de vida. Los loros y monos 
se vén en ciertas estaciones, en los sembrados y huertos^ 
no en todos, ni en todas partes ; y las aves y mariposas en 
los árboles y estaciones que les son peculiares. Pero siga- 
mos al ilustre profesor, el cual con su espresion hábil todo 
lo que toca lo convierte en oro : 

• Los ani malea Tertebrados que primero llamaron mi aiencíon en 
Wist BuDgalow 7 en laa inmediatas yeoindadea de Golonibo, íaeron 
numerosos reptiles de brillantes colores 7 de curiosas formaB, oon espe- 
cial serpientes 7 cigarras, 7 pequeños zapitos ó ranitas de Árbol {Tacalus) 
CUJA nota melancólica, semejante á la campanilla, se hacia oír por las 
tardes. Las principales aves que visitaban el jard i n consistian en estor- 
ninos, cuervos, nevatillas acuáticas 7 caza-abejas ; 7 sobre todo, un dimi- 
nuto colibrí (Neciariniá) que aquí hace las veces del guainambi ; los 
raartines pescadores 7 las garvas abundan en las márgenes del rro. Entre 
los mamíferos el mas ccmuo es una pequefia 7 linda ai*dilla que se la 
vé paitar entre los árboles 7 arbustos 7 que es mu7 mansa 7 familiar ; fui 
color es un gris oscuro con tres listas blancas qne se eatienden por el 
lomo {8ciuru8 tristriatus). Entre los insectos de que por todo se vén 
densos enjambres, los primeros dignos de nota son las hormigas, (desde- 
las mas diminutas bastas las mas jigantescas, incluso los teruites destruc- 
tores ú hormigas blancas.) avispas 7 abejas entre lo8> himenopteree ; 7- 



^UJ&LTA A LA PATRU 417 

mcfcaa j moaiguilot «ntre loa ^pleres» aon (MubiieQ vm) alniíiéaitteft. 

Las mayor w y maa belliw formu' de la vida iofaetlL» Ulea eooio Im 
catangas^ las maripoBas etc. do se preseiitaii en armonio con la nu^gnifica 
flora de la isla . Los orthópteres, cigarras,, grillos, ^^c se presentáis por e^ 
contrario : variados y cariosos por sus formas. 

« Con relaoion á lo» animales articulados, las arañas (Aracknidaf) 
f6rm#i« aqpi¿ una clase tan ÉotereMnte como curiosa ; desde loa mife», 
garrapatoa y piquea mas üfliinatoa, kaeta U aiafia pájaro y el eaco^piíOD». 
Sus pr^Sximos aliadoa los oíentopié» ó miriapodm son muy venenosos y 
de nn tamafio. cojosal, habi^ndaloa hasta de na pié de largo. Yo he 
podido ver una magnifica muestra en la siguiente mafiana de mi llegada 
en el jardki de Wist Bengalow, pero me hallaba demasiado absorto en 
H contemplación de las gK>ríat del dominio vegetal en tomo mió, para 
tener ttempo de hacer un examen, maa detenido del dominio animal. » 

Par lo demás, nuestro activo profesor faé desde ao 
principio objeto de la mayor admiración de parte de los lán- 
gaidos, angk>-bindus y de los haraganes de Singhalies, cuan'- 
do lo reían con. sa blanco traje de brin de hilo y su sombrero 
de paja á la Sala, desafiando los ardores del sol tropical del 
medio dkt, y aun á menudo las lluvias diluvianas de lo& 
trópicos ; á mas de desafiar á cada paso las mordeduras 
de infinitas sanguijuelas y corrochos, y las- picaduras de 
mosquitos y escorpiones ; pero siguiendo imperturbable 
sus investigaciones de la mañana á la noche. Es sin embar- 
go & este constante ejercicio corporal y á su invariable 
temperancia en el comer, que el profesor Hoeckel atribuye la 
perfecta salud que disfrutó en la isla. El sostuvo bien el 
vigor de la raza germánica en los trópicos ; y si ésta está 
llamada á dominar el mundo en pos de la raza inglesa, áa 
seguro que no se mgstrará menos adaptable que ésta í las 
alternativas* de los climas y naturalezas mas extremas. 

Pero la mas interesante parte de los estudios del profesor 
Hoeckel durante su residencia en Ceylan, fué su escursion á 



418 NUEVA RRYISTA DB BUENOS AIRES 

una selva (Jungle) desierta en GeylaD. Esta ñié en conse- 
cuencia la primera y la mas deliciosa escursion del profe- 
sor Hoeckel en Ceylan. Lo primero que hizo fué visitar 
una aldea singhalí llamada Kaduwella, situada á la margen 
izquierda ó meridional del rio Kalami, á unas diez millas 
de Colombo. A la partida, que tenia su punto de arranque 
de Wist Bengalow se unieron todos los alemanes residentes 
en las inmediaciones de Elic House, dirigiéndole al sitio de- 
signado en pequeños carruajes, de un caballo, que son 
universales en Ceylan, tirados por ponys (petizos) burme- 
ses en estremo lijeros, pero que se postran cuando la 
jornada pasa de diez millas. Los caballos son rara vez 
empleados en Ceylan, tal vez por los motivos que Speh 
y Stanley nos revelan en sus escursiones al interior de 
África, á saber, que en la Zona Tórrida el caballo era 
atacado y destruido por unos insectos ó por un mal 
que los destruye con rapidez; los caballos vienen de la 
Arabia, de la India ó de Australia; y mientras viven, se les 
emplea solo en Ceylan para tirar los carruajes de lujo y 
de resorte: el caballo europeo no resiste el clima. Los 
bueyes se puede decir que son los principales animales de 
tiro ó de carga del pais, pues las muías, ó son desconocidas 
ó son poco empleadas aun por los ingleses, no obstante 
saberse que las muías resisten en general mejor al clima 
de la Zona Tórrida que al de las latitudes frias. Así el 
profesor Hoeckel se encontró en su camino con una larga 
serie de carretones tirados por una y por dos yuntas de 
bueyes, siendo éste el principal medio de transporte em- 
pleado en Ceylan después del ferro-carril. Todos estos 
bueyes pertenecen á la clase del zebú ó buey jorobado de 
la India {Bos indicus^) animal horrible de figura, siendo 



VUELTA A LÁ PATRIA. 419 

aun mas feo que el camello, uno de los animales mas inele- 
gantes y feos, con orejas mas grandes que los cuernos y lo 
demás en co-relacion. Se conocen muchas variedades ; 
la mas pequeña es la mas ligera y ájil. Un par de ellos 
sirven para llevar veinte cuartillas de arroz á las montañas, 
volviendo por sesenta cuartillas de cafó á Colombo. El 
profesor Hoeckel anota entre los mas bellos de los pai* 
sajes de las bajas tierras que tuvo que atravesar siguiendo 
el camino de Caduwella, el punto medio que ocupan entre 
el jardín y la selva, entre la naturaleza cultivada y entre la 
inculta, entre el poblado y el desierto ; siendo para mejor 
comprensión entre nosotros, una cosa parecida á los cam- 
pos inmediatos á Villa María y Villa Nueva en el ferro- 
carril de Córdoba: 

« Rodeado, dice HceL-ki'l, por árboles iDAgestaosos, todos con colgadu- 
ras 7 sobre-cargas de trepadoras y enredaderas, uno se figura á veces 
encontrarse en medio de una selva desierta ; pero una pequeña choza 
casi oculta debajo de un árbol del pan, un perro ó un cerdo que salen 
debajo de unos matorrales, niños que juegan á las escondidas detrás de 
1^ hojas del caladio, sirven para recordarnos que solo nos encontramos 
en las quintas chacras de Ceylan ; mejor, en sus jardines rústicos, pues 
aquí no hay nada semejaute ú nuestros cultivos de cereales ó de indus- 
tria. La selva real por otra parte, que no se encuentra por cierto 
muy lejos en medio de esa nfituraleza semi-salvaje, adivinándose su 
proximidad, con su múltiple justaposicion de (oda clase de árboles 
tropicales, con sus orquídeas, clavos, gorios, malváceaa y oirás bellas 
clases de plantas de flores, presentando todas las variendades y el de- 
signio aparente de un costoso jardin de recreo. Esta singular mezco- 
lanza de la naturaleza y del culiivo es visible aun en los accesorios 
hermanos de estos bosques jardines ; pues tan grande es la sencillez de 
BUS viviendas, y del vestido de los singhnlies que las habitan, que aunque 
descendientes de una antigua y civilizada raza, hay poco ó nada en su 
aspecto que los diferencie de los verdaderos salvajes. » 



420 NUEVA REVISTA DB BUSirOS AIRBS ' 

El bombré en la caducidad de su civilización, Itega poes 
á aseoHgarse al salvaje ó la filosofía de los Gímnos, sofistas, 
no es verdadera ciTÍlizacion, sino salvajismo persistente 
y eoocentrado ? 

Llegados á GaduweRa, después de tomar un descanso 
y refrigerio en la Best^Hause (establecimiento con que el 
gobierno suple los hoteles que faltan por completo en Cey- 
Un y en Egipto^ en las principales ciudades) el profesor 
HcBckel bizo una primera tentativa para penetrar en una 
selva hindú; el resultado se vá á saber en sus propios tércui- 
dob: 

« Esta seWa do e», própi Amenté hablando, una selva primitiva, aun 
DO hollada par la planta del hombre civilizado* (que si existen en Geylan 
no deben ser muchas ni de gran estension;) pero corresponde perfecta- 
mente A nuestra idea de nna tal selvs, en el hecho de componerse de una 
densa é impenetrable masa de grandes árboles de toda especie, nacidos 
en desorden y sin la menor regularidad, designio ni trabajo de parte 
del hombre ; hallándose rodeada y abrumada por un desierto de plantas 
trepadoras y de enredaderas, de heléchos, de orquídeas y otros parásitos, 
cnyos interitridos se hallan de tal manera repletos con una masa entre- 
verada de matorrales y malezas, que se hace imposible el despejar una 
planta ó árbol de su enmarañamiento para reconocer y distinguir su es- 
pecie de las otras. Mi primera tentativa para penetrar á través de una 
tal espesura, fué suficiente para convencerme de la imposibilidad de la 
empresa de otro modo que á hierro y fuego. Una bora de duro traba- 
jo á penas si me hizo avanzar unos cuantos pasos dentro de la espesura, 
viéndome forzado á reconocernrie vencido y á declararme en retirada, 
picoteado por los mosquitos, mordido por las hormigas, con las ropas 
desgarradas y los brazos y piernas arañados y ensangrentados por las 
espinas y púas con que las palma enredadera, (calamus) el hibisco 
trepador, el euforbia y multitud de otras plantas de la selva rechazan 
toda tentativa hecha para penetrar á través de su enmarañado laberinto. 

« Pero esta tentativa, aunque vana, no fué del todo infructuosa, pues 
me habilitó para formar una magnifica idea de esa selva en su conjunto; 



VUELTA Á LA FA^U . 421 

con especial de 1» rotgnificencia de sus árboles y enredadaras ; 4 mas 
de introducirme en los roiaterios de muchas variedades distintas de la 
existencia animal j vegetal, qne ofrecían d mayor interés ; allí fué donde 
descubrí la magnifica gloriosa superha, la euredadera-lirio venenoRa 
de Ceylau, con flores eucaroadas y. ámbar ; el espinoHO hibÍ8CU8 radia- 
tuSf con grandes flores crateriformes de color de azufre, que desciende 
al violeta en el interior ; mientras que en torno de ellas revoletean 
delgadas y jigantescas mariposas negras, con manchas de un rojo san- 
guinolento en sus alas en forma de ,cola, junto con insectos y moscas 
dragones que pasan con un brillo metálico. Pero mi deleite llegó á su 
colmo cuando durante ésta mi primer tentativa para penetrar en una 
selva desierta en Oeylan, llegué á encontrarme con dos desús mas carac- 
terísticos habitantes entre sus mas elevadas clases de animales, los loros 
y los monos. Una bandada de loros verdes huyó chillando de la copa de 
un árbol elevado, cuando vieron mis manos armadas de una escopetai 
y al mismo tiempo una gran tropilla de grandes monos negros penetró 
prorrumpiendo en gruñidos, internándose en la selva. No conseguí hacer 
nn buen tiro ni en unos, ni en otros ; parecían hallarse muy familiari- 
zados eon las escopetas. Consoléme sin embargo, asegurando con mi 
primera bala un enorme lagarto, de ana tribu á qne tienen un gran terror 
los supersticiosos hindus. (hidrosawoi ealvaior) Esta enorme especie 
de cododrílo hallábase tomando sol á la orilla de nn charco \ y ases* 
tele tan bien la bala en la cabeza, que quedó muerto en el acto. Si no 
le hubiese acertado tan bien, probablemente se habria sumeijido en el 
agua y no lo habria vuelto á ver mas. Por lo demás, hay que tomar 
sus precauciones para acercarse á una iguana, pues de otro modo se 
puede recibir un guarapalon fatal ; como sn cola es escamosa esa es s'tt 
arma defensiva, y con ella puede hasta quebrar «n miembro. > 

De buena gana citariamos con todos sus detalles la visi-» 
ta de Hoeckel á un templo boudhista que se alzaba sobre 
una elevación boscosa, mas arriba de Kudawella y que 
era el teatro de un constante peregrinage. Había sido 
originariamente formado de uní gruta natural, compo* 
niéndose el respaldo del templo de la roca desnuda, en la 
cual ha sido esculpida la figura colosal de Budha, que se 



422 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES * 

encuentra invariablemente en todos los templos boudhistas. 
Igualmente invariable es la Bagoha adjunta, especie de 
cúpula en forma de campana, sin la menor ventana, con- 
teniendo una reliquia de Gotama. El tamaño de las dago- 
bas varía desde las dimensiones de una gran campana de 
iglesia, hasta la circunferencia de la cúpula de San Pedro 
en Roma. Cerca de la Dagoba se halla jeneralmente un 
gran boga, ó higuera sagrada, /?cw5 religiosa. Estos árbo- 
les de Budha, con sus troncos venerables, sus raices 
fantásticas y su colosal capa dura de follage, forman un 
rasgo prominente del pintoresco conjunto que caracteriza 
los templos boudhistas; sus hojas que son en forma de 
corazón con largos pedúnculos, susurran trémulas á la 
menor brisa, como las hojas del álamo europeo (que es 
nuestro álamo. ) 

Si se nos pregunta qué es Budha y el budhismo, dire- 
mos que es el cristianismo de Asia, mas antiguo que nues- 
tro cristianismo, y el cual por sus frailes ó bonzos se parece 
mas al catolicismo que al protestantismo. El boudhismo 
tiene tantos sectarios ó mas que el catolicismo, y &e calcula 
que él cuenta lo menos en Asia y sus islas unos 300 millones 
de sectarios. El boudhismo es muy estendido en el Hindú 
Superior, en el Tiben, en Tartaria, en China, en Siam, 
la Gochinchina el Japón, las Islas de la Zonda etc. Su 
fundador es Zakia Mouni, que floreció mas de mil años 
antes de J. C. El budhismo no es otra cosa que el brfaa^ 
mismo reformado, como el catolicismo no es otra cosa^ que 
el paganismo imperial de Roma reformado: es como la 
evangelizacion del brhamanismo y de sus odiosas divisio- 
nes de castas y ridículos ayunos y prohibiciones. Desem- 
barazados de observancias pueriles y de preocupaciones 



• VUELTA A LA PATRIA 423 

bárbaras, los boudhistas persisten en el uso de la carne de 
toda clase de animales, y restituyen al hooQbre su dignidad 
humillada por las castas privilegiadas del bbramismo. 
El boudhismo, que nació en la India, donde ha dejado 
monumentos notables, en su lucha con el bhramismo, fué 
expulsado de allí pero se estendió en el resto del Asia. El 
boudhismo proclama la unidad de Dios, la unidad del 
género humano y la abolición de las castas privilegiadas. 
Su principio religioso es : que el alma es un cautivo escla- 
vizado por los sentidos. Según ellos, el alma para obtener 
la libertad, debe adherirse á lo inmaterial, á lo absoluto, 
haciéndose insensible á toda seducción y á todo placer. El 
boudhismo admite una revelación divina de la razón pri- 
mordial y no admite en la creación sino la inteligencia, 
degenerada, pero eterna en su esencia. Puede decirse 
que en la religión de Brahama el Oriente no aspira sino á 
encarnar su dios en todas las cosas; en la religión de 
Boudha, él aspira á distinguirlo, á eliminarlo de todo; ene- 
migo de lo real, insaciable de espiritualismo, de ])rivacio- 
nes, de abnegación, el boudhista se abisma en la vida 
contemplativa, para purificarse de las manchas de la vida 
real. 

Pero de este espiritualismo, último esfuerzo del hombro 
esclavo de Oriente, para escapar á la realidad, no podia 
resultar otra cosa sino una moralidad negativa y una 
sociedad siempre ocupada de su propio suicidio. En efecto, 
desde que este dogma exige la abolición de toda personali- 
dad privada ó colectiva, esta creencia en lo sobrenatural, 
esta íé en cosas que no están en este mundo, conduce 
desde luego á la reprobación de las ide/^s de nación, de pue- 
blO| de estado, de gobierno civil; todo viene á desaparecer 



424 NUEVA REVISTA DB BUENOS AIRES 

y á abismarse ea el desprendimiento de la vida cenobítica : 
así el convento^ el monasterio celibatario es la verdadera 
ciudad del boadhismo, y el gran Lama (el papa de los bou- 
dbistas) su único gobierno. El verdadero creyente no 
tiene mas patria que el convento; y como todo lo que 
recuerda un derecbo individual es contrario al espíritu de 
su religión, la consecuencia es la abolición de la propiedad 
personal. El boudhista pertenece, pues^ por su naturaleza, 
á las órdenes mendicantes : esto bace de la mendicidad 
una profesión, y de la haraganería un mérito. Gomo para 
ellos toda alianza es falsa, excepto con su divinidad, el 
matrimonio es para los boudhistas una abominación. La 
consecuencia directa de esta religión y de este dogma, es 
la condenación de la humanidad, de la vida y de la natu- 
raleza. 

Juan LLERENA. 

(Continuará) 



EL PERIODISMO ARGENTINO 

EN LA 

CAPITAL DE LA REPÚBLICA (i) 

<1877-1S83> 

En mi articulo anterior tuve apenas espacio para sentar 
las bases de este ligero estudio, justificando el cálculo de los 
diversos datos que he creido necesario reunir á fin de pro- 
ceder á un examen comparativo. Los que lean aquel y este 
articulo podrán juzgar entonces de un trabajo que puede no 
complacerles, pero que por lo menos es necesario que sea 
hecho, á fin de que quede alguna constancia sobre el estado 
del periodismo argentino en esta época. Y habría llenado 
satisfactoriamente mi propósito si este estudio diera margen 
á algún trabajo magistral acerca de nuestra prensa perió- 
dica; pues de todas maneras, creo que tendría siempre 
mérito el haber provocado de parte de cualquiera de nuestros 
mas competentes periodistas semejante monografía, sea que 
lleve al pié alguna firma conocida ó algún pseudónimo 



(1) Véase el primer articulo relativo al periodismo en toda la Repd* 
blica, en este mismo tomo p, 72 101. 

TCMO IX. 28 



426 NUEVA REV^ISTA DE BUENOS AIRES 

elegante. Honni soit qui mal y pense. Entro, pues, de 
lleno al estudio de nuestro periodismo, reino de gentes, que 
viven— al decir de uno de los del gremio — 

tf producieado segnn las necesidades del momento ó la novedad del 
día, sin fijarse en la carilla anterior que apenas conclaida ha ido ya á 
las cajas, sin poder leer muchas veces ni en prueba lo que ha escrito á la 
carrera, apurado por la hora, y siu derecho á tomarse ni un minuto para 
prepararse, aunque sea con una erudición á la violeta. » 

Pintura es esta que se refiere al diarismo — y no á todo el 
periodismo — pero que dejo bajo la responsabilidad del que 
la ha hecho. Paróceme, sin embargo, que nuestros diarios 
revelan trabajo mas detenido, pues si bien ios noticieros 
puede que escriban según acaba de verse, los redactores, 
los colaboradores y los corresponsales, es de creerse medi- 
tan con la necesaria calma artículos que con frecuencia son 
notables bajo todos conceptos. 

Se recordará que los datos definitivos del artículo anterior 
eran: 

PffRTODTP MO PUBLICACIÓN 

Años DiarioS' Periódicos República Capital Circulación Costo 
1877 34 114 66 83 2.780,000 28.980,000 

1882 46 169 112 108 4.066,000 40.980,000 

Gente que vive del periodismo— ^S71 : 2,170 
_ — —1882 : 3,070 

Ahora bien, preciso es examinar el estado del periodismo 
en la ciudad de Buenos Aires, hoy Capital de la República, 
en 1877 y en 1882, para poder en seguida deducir las con- 
secuencias necesarias. 

Siguiendo el mismo sistema del artículo anterior, y apli- 
cando idénticas bases de cálculo á la prensa de la Capital, se 
obtienen los siguientes resultados : 



EL PERIODISMO ARGENTINO 



427 



I —En cuanto á las materias 



1877 



1882 



Publicaciones periódicas 



riódicos políticos . . 




riódicos no políticos . 




/o a¿rÍ08 




a. históricos • 




b. científíoog . 




c. literarios . 




d. jurídicos . 




e. fílosófícos . 




/. pedagógicos 




g. artísticos . 




h, administrativos . . 


2» jocosos 



83 


103 


82 


60 


51 


63 


41 


49 


2 


5 


6 


12 


16 


10 


5 


4 


8 


6 


1 


6 


2 


4 


7 


2 


10 


4 



II. — En cuanto á su modo de aparición 

A, Diarios 

B. Periódicos .... 

a. tri-semanales 
h, bi-semanales 

c. semanales . 

d. trí-mensuales 

e. quincenales. 
/. men8Uf\)es . 
g. tri-mestrales 
j. anuales . . 

Irregulares .... 



C. 



26 


30 


62 


66 


4 


— 


2 


1 


81 


23 


1 


3 


9 


20 


6 


16 


— 


1 


— 


2 


5 


8 



27.— JSn cuanto á su nadonalidad (1) 

A. nacionales 69 

B. extranjeros 14 



83 
20 



(1) El cnadro III:— ^J^ cuanto al lugar de su publicación^ ea inútil 
en este caso. 



428 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

7. En cuanto al idioma en que u publican 

1877 1882 

a. castellano .... 
o. aldman . • . . , 
e. francés .... 

d, inglés . ... 

e. italiano. .... 



71 


88 


3 


3 


1 


8 


8 


3 


6 


6 



Ahora, entrando á otro orden de consideraciones, siguien- 
do siempre las bases sentadas en el priiuer artículo, 
resulta : 

1, En cuaiúo á la circulación 





A. 


Diarios 






Añoa 




Dia 


Mes 

• 


Año 


1877 


ejemplares 89,000 


976,0#0 


11.700,000 


1882 


B, 


46,000 
Periódicos 


1.126,000 


13.600,000 


Años 


■ 


Semana 


Mes 


Año 


1877 


— 


26,600 


102,000 


1.224,000 


1882 


— 


86,600 


146,000 


1.760,000 




C. 


Publicacionet 


1 periódicas 




1877 total de ejemplares 


1.000,000 


12.924,000 


1882 


— 


A 


1.271,000 


16.260,000 



2. En cuanto á su costo 





A. 


Diarios 






Años 




Dia 


Mes 


Año 


1877 en 


ps. míe. 


39,000 


976,000 


11.700,000 


1882 


B. 


46,000 
Periódicos. 


1.126,000 


13.600,000 


Años 




Semana 


Mes 


Año 


1877 


— 


127,600 


ftlO,000 


6.120,000 


1882 


— 


182,600 


730,000 


8.760,000 



I 



BL PERIODISMO ARGENTINO 429 

C Publicaciones periódicas 

Años Mea Año 

1877 — 1.485,000 17.820,000 

1882 — 1.850,000 22.260,000 

8. En cuanto á su proporcionalidad 

Años Gastos en periódicos Habitantes Proporción 

1877 17.820,000 ps. mlc 800,000 5*»,40 c. ps.por cío. 
1882 22.260,000 860,000 63,60 c. 

Las cifras son demasiado elocuentes. La Capital de la 
República tiene una preponderancia extraordinaria. En 
1877, de los 148 periódicos que se publicaban en todo el pais, 
83 veian la luz pública en esta ciudad y solo 65 en las 
14 provincias: en 1882, de los 215 periódicos argentinos, 
103 eran de la Capital y 112 de las provincias. Asi es que 
de los 28.980,000 ps. m|c gastados durante 1877 en toda la 
República en periódicos argentinos, correspondia á la Capi- 
tal sola 17.820,000 ps. míe: en 1882, de los 40J980,000 ps. 
mic gastados, 22.260,000 eran de la ciudad de Buenos Aires. 
Es decir, que intelectualmente hablando, esta ciudad repre- 
senta mas de la mitad de toda la República. 

Mas aun: en 1877 comparando á esta ciudad, la Provincia 
de Buenos Aires y toda la República, se obtiene el siguiente 
resultado: 

República Frovin. B. A^. Ciudad 

Periódicos 148 

Gasto mensDal. . . . ps. míe 2.415,000 

Gasto anual 28.980.000 

Námero de babitontos . 2.437,000 

Proporción por habitante. 1 1 , 89 

Relativamente á 1882 no es posible hacer el mismo cál- 
culo, porque las circunstancias político- económicas de 1877 



108 


83 


1.942,000 


1.485,000 


28.810,000 


17.820,000 


596,100 


800,000 


89,16 


59,40 



430 nübva rbtista de bübnos aires 

cambiaron radicalmente con la federalizacion de esta ciu- 
dad para Capital de la República, y la constitución de la 
nueva Provincia de Buenos Aires, sin su antigua capital. 
Por manera que para que sea mas palpable la despropor- 
ción existente entre esta ciudad y el resto del pais, voy á 
comparar á loda la República, á las 14 provincias y á la 
Capital. Asi pues: 

República 14 Provirutias Capital 

Periódicos 216 112 108 

Gasto mensual . . . . ps. mlc. 3.415,000 1.666,000 1.860,000 

Ga^to auual 40.980,000 18.720,000 22.260,000 

HabiUntes 8.026,000 2.676,000 360,000 

Proporción por habitante 18,63 6,99 68,60 

Un solo dato mas: el referente al número de personas que 
viven del periodismo: 

Año República Capital | Año República Capital 
1877 2,170 1,090 | 1,882 8,070 1,808 

Se vé, pues, que no es necesario insistir en demostrar una 
desproporción evidentísima de por sí. La vida intelectual 
en la República no está bien diitribuida, pues la centraliza- 
ción es demasiado evidente. Apesar de haberse creado 
Escuelas Superiores en diversas ciudades, queda siempre la 
Capital como un foco absorvente, pues todo converge á este 
centro, pudiendo decirse que el movimiento intelectual 
argentino es el movimiento intelectual bonaerense. Hay 
ahí un mal que remediar, un problema que resolver, y es 
esa una cuestión interesante señalada al estudio de los 
hombres pensadores que se preocupan de nuestro bien- 
estar y del equilibrio de nuestra organización política y 
social. 



EL PERIODISMO ARGENTINO 431 

Asf, en toda la República se publicaron: 



Añ08 


Obras 


1879 


472 


1880 


697 


1881 


951 



Y en la sola Capital, en 1882, se publicaron £44 obras 
representando un total de 57,796 págs. ! 

Entrando á otro orden de consideraciones, se observa que 
el decano de la prensa diaria en la capital es tEl Nadonah 
fundado el 1° de mayo de 1852, pero hay en la República 
otro mas antiguo: — tEl Constitucionah de Mendoza, que 
cuenta XXXII años. El decano de la prensa periódica en 
la capital lo es igualmente en toda la República: la ^Revista 
Farmacéutica^^ fundada el P de octubre de 1858. El 
órgano mas antiguo de la población estrangera tanto en la 
Capital como en la República es « The Standard^» fundado 
el3dejuliodel861. 

La sátira entre nosotros no solo ha sido una arma 
poderosa para combatir las ridiculeces sociales, sino que 
sobre todo ha servido á los diversos partidos políticos en 
sus luchas electorales. Esto explica la popularidad de 
que goza ^El Mosquito^^ fundado el 20 de marzo de 1863. 
En 1877 aparecieron también « El Arlequín^ » « Antón 
Perulero^ » « Padre Camargo » y « ÍJ/ Porteñito^ » sin 
incluir entro ellos á hojas escandalosas como « Doña Mari- 
quitay'k € Antón Pijotero "s^ y otros. En 1882 circularon 
« El Cencerro^ > € La Matraca » « Las plagas de Buenos 
Aires > y otros. 

La política no absorve en tal grado nuestra actividad, 
que no nos permita cultivar con éxito y perseverancia 
materias de estudio profesional ó científico A esa tenden- 



332 NUBVA RBVISTA DB BUBNOS AIKB3 

cia responde el mas aotiguo de nuestros periódicos, U 
« Revista Farmacéutica^ » y ella también está represen- 
tada en los « Fallos de la Suprema Corte Nacional » que 
comenzaron en setiembre de 1864. Los que declaman 
contra la absorvente carrera de la abogacía, tienen que 
confesar que las ciencias médicas son tanto ó mas cultiva- 
das entre nosotros que las jurídicas, pues que otro délos 
mas antiguos periódicos, anterior á los citados Fallos, es 
la € Revista Médico- Qumijica> fundada el 8 de abril 
de 1864. Sostiene, además, el gremio médico, los exce- 
lentes € Anales del Circulo Médico Argentino » fundados 
el 20 de agosto de 1877. Las ciencias naturales y exactas 
son igualmente muy cultivadas entre nosotros, pues ade- 
más de Sociedades y Academias especiales, mantienen les 
notables « Anales de la Sociedad Científica Argentina, » 
desde el 1° de enero de 1876; sostienen hoy, además, la 
« Revista Científica Ilustrada, » pero la cual es órgano 
especial del gremio de telegrafistas. Por otra parte, se 
publica igualmente en la Capital el notable < Boletin de 
la Academia Nacional de Ciencias, > y las Actas de la 
misma, que tiene su asiento en la ciudad de Córdoba. 

El gremio de curiales y abogados tampoco se contentó 
con los ya citados Fallos sino que, echando quizá de meaos 
la € Revista de Legislación y Jurisprudencia > (1) fundó 
en 1877 la ^Gaceta de los Tribunalesn^ (2) y los « Failos 
de la^ Cámaras de Apelación, » sin contar con los € Acuer- 
dos y sentencias de la Suprema Corte de Justicia de la 



(1) La primera serie comprende de 1869 á 1873; posteriormente se 
intentó hacer una nueva serie, pero después de aparecer algunas entre- 
gas consuma i i regularidad, cesó del todo. 

(2) Pero solo del 23 de agosto al 6 de setiembre. 



BL PBKIODISIIO AKQBNTINO 433 

Provincia de Buenos Aires."^ (1) En 1882 aparecía además 
la € Revista de los Tribunalesj Juzgados de Paz etc. » 
que ha cesado posteriormente ; y los « Fallos y disposi- 
ciones » de las Cámaras de Apelación en lo civil, criminal 
y comercial. 

La educación flié siempre nuestra preocupación fija desde 
la caida de Rosas, y en ella se han invertido muchos 
millones y se han gastado muchas inteligencias. En 1877 
tenia esta tendencia como representante á^El Monitor, » 
fundado el 1** de enero de 1873, y la « Educación Común > 
en 18ÍB2, á la par de la « Revista de Educación^ » órgano 
oflcial del Consejo general de educación de la Provincia de 
Buenos Aires, aparecían la ^Enciclopedia Escolar Argen- 
tina "k y €El Monitor de la Educación Común. » 

Es una cosa por demás frecuente ver aparecer periódicos 
literarios que dejan de existir á los pocos números. Pocos 
son los que salen airosos de la empresa y poquísimas son 
las publicaciones de ese género que cuenten con algunos 
años de existencia. La brillante pléyade de nuestras revis- 
tas tiene contados continuadores: como la € Revista 
de Buenos Aires,"^ (1863-187Í) la € Revista Argentina i^ 
(1868-1872,) €El Plata Ilustrado i^ (1872-1873.) Sin 
embargo, no es por falta de tentativa: continuamente 
aparecen nuevas revistas, de vastísimo programa, pero 
parece que nacieran enfermizas porque se arrastran lán- 
guidamente. He estudiado especialmente esta cuestión en 
un artículo y no insistiré sobre lo mismo. (2) En 1877 apa- 



(1) FuodadcB en 1876, aparecen aun en la Capital, hasta que se rea- 
lice la próxima traslación del gobierno proyincial á la ciudad de la Plata. 

(2) Véase el artículo « El movimiento intelectual argentino — Be- 
vistas y periódicos > — « Nükva Revista, » tomo V. paja. 462-476, y 



434 NÜBYA REVISTA DB BUENOS AIRES 

recieron ^La Alborada del Plata.i^ (1) < El Amigo del 
Hogar y » (2) la « Revista dd Domingo » (3) y la « Ondina 
dd Plata. "^ (4) En 1881 apareciéronla* J/w5íracion-ár- 
qentina^ » interesante periódico, donde colaboran nuestros 
artistas jóvenes, y la « Nueva Revista de Buenos Aires » 
que fundada en abril de 1881, ha logrado reunir los ele- 
mentos suficientes para gozar de una larga vida, habiendo 
cumplido plenamente con su programa, y preparándose á 
mejorar notablemente, pues cuenta su existencia asegurada. 
No me corresponde hacer el elogio de esta publicación en 
cuyas pajinas han colaborado los principales escritores 
argentinos y latino-americanos, pero creo que en empresas 
de esta naturaleza la perseverancia es una cualidad indis- 
pensable, por lo cual puedo asegurar con tranquilidad que 
la « Nueva Revista, » ha de seguir siempre la misma 
marcha sería y circunspecta que hasta ahora, y que tantas 
simpatías le ha merecido no solo en la República Argentina 
sino en el extranjero. 

Las ciencias geográficas son hoy día cultivadas con ardor 
entre nosotros; y gracias á la inquebrantable perseveran- 
cia del doctor Estanislao S. Zeballos, se publica el « Bole- 
tín del Instituto Geográfico ArgentinOy^^ órgano de la 
Sociedad del mismo nombre y que actualmente goza de 



además el titulado : « Las Revistas en América — Los literatos en la 
República Argentinan (Nukva RKrisTA, tomo V. pájs. 454-461.) 

(1) Fundado el 18 de noviembre de 1877, vino recien á sucumbir el 
!<> de mayo de 1878 en su número 19. 

(2) Fundado el l^ de julio de 1877, no tuvo sioó 11 núms. desando 
el 9 de eetiembre siguiente. 

(3) Fundada el 16 de setiembre de 1876, cesó el 14 de octubre de 
1877. 

(4) Fundada el 7 de febrero de 1876, sucumbió posteriormente. 



BL PERIODISMO ARGBNTIKO ^35 

vida propia y próspera. También se publica la « Revista 
de la Sociedad Geográfica Argentina.:!^ 

Las cuestiones rurales y ganaderas fueron siempre objeto 
de costante dedicación. Gracias al señor Eduardo Olivera, 
la Sociedad Rural es hoy dia una importantísima y pode • 
rosa asociación, y sus Anales fundados el 30 de setiembre 
de 1866, subsisten aun con el mayor éxito. En 1882 se 
publicaba además la « Revista de Ganadería^ > €El Pe- 
riódico del Estanciero^ » « The Argentine Uve-stock and 
agricultural reviewj » aZ « Noticiero Agrícola > y el 
notable € Boletín del Departamento nacional de Agri- 
cultura. > 

Aunque nuestra prensa diaria, principalmente la extran- 
gera, pone especial esmero en responder á las exijencias 
del comercio, éste cuenta con órganos especiales. Así se 
fundaron : « El Comercio del Plata^ » el 7 de abril de 1872; 
la € Revista Comercial^ i^ el P de agosto de 1873; €El 
Economista^ "3^ el 15 de enero de 1876; y la € Revista 
Comercial y Financiera^ » el 9 de febrero de 1876. Todos 
estos periódicos veian la luz pública en 1877. En 1882 
existia no solo «/í/ Comercio del Platai^ sino el « Comercial 
de Buenos Air es^ > € La Revista Comercial » de Gandolfl 
y Moss, y el 4c Economista del Plata. » 

Nuestra industiia forma ya un gremio poderoso. La 
Exposición de 1882 ba venido á dejar fuera de duda esta 
verdad. El Club Industrial tiene en la prensa un órgano 
especial ^El Industriáis"^ que data del V de octubre 
de 1875. En 1877 se publicaba también « El Plata In- 
dustrial y Agricola^i^ periódico ilustrado fundado el 1' de 
mayo de 1876. El Centro Industrial Argentino tenia en 



486 NUBVA HISYISTA DK BUENOS AIRRS 

1882 además 4; La Industria Argentina^ » periódico que 
estaba en su año III. 

Conocida es la afición declarada de nuestra sociedad por 
la música^ y especialmente por la ópera italiana, que desde 
hace tantos años se ba connaturalizado entre nosotros. (1) 
A esta tendencia responde « La Gaceta Musical, » fun- 
dada el 3 de mayo de 1874 y cuya aparición anual concuer- 
da generalmente con la permanencia de las compañias 
líricas; y en 1877 apareció igualmente la ^Crónica Teatrah 
que tuvo solo nueve núms. En 1882, además de ese sema- 
nario, apareció « El Mundo Artístico^ » con idéntico pro- 
pósito. 

Nuestro Correo desde que, bajo la administración de don 
Eduardo Olivera, comenzó á reformarse, comprendió la 
necesidad de tener un órgano en la prensa que hiciera 
conocer sus disposiciones del público y de sus numerosos 
empleados. « El Correo Argentino » se fundó efectiva- 
mente el 1° de mayo de 1875. En 1882 ap-ireció el « Guia 
Oficial de Correos y Telégrafosi^j además del < Anuario > 
de la misma Repartición. 

Las cuestiones religiosas que parecen haberse enconado 
últimamente, eran debatidas en 1877 en « El Eco de Atné" 
rica,)^ fundado el 15 de enero de 1876, y la < América 
dd Sudy » fundada un mes después. Actualmente además 
de c La Union > se publica la « Voz de la Iglesia. > En 
las otras provincias la prensa católica tiene campeones 
antiguos, como t El Eco de Córdoba ,» « La Union > de 



(1) VéHee el art. — Zra ópera italiana en Bumu>8 Aire» (Nubta 
Retuta, tomo V. pj. 96-112) y el de la escrilora norte-americana 
MÍ88 Lucy Dowling : — El teatro de Colon — Impresiones de u?ia via- 

m 

Jera, (Nueva Rkvuta; toaio V. p. 80 á p. 95; 



EL PERIODISMO ARGENTINO 437 

Catamarca, « El Argentino > del Paraná y otros. En 
contraposición directa á esa prensa, en 1877 apreció « El 
Centinela^* (1) y vive actualmente con éxito € El Libre 
Pensador. > 

Los estudiantes bonaerenses, si bien son contraidos y 
entusiastas, son demasiado ardorosos. Se apasionan de 
cualquier cosa, y la agitación aumenta por instantes con 
increible rapidez, para volver á decaer á penas se calma 
un poco la excitación del primer momento. En medio del 
arranque acuden generalmente á la prensa y de ahí que cada 
agitación universitaria produzca infaliblemente uno ó dos 
periódicos que duran tanto como la inconstante impetuo- 
sidad á que deben su existencia. En 1877, á estas causas 
efímeras debió su existencia « El Correo universitario^ > 
que apareció el 4 de marzo, pero que sucumbió después de 
7 números, el 29 de abril siguiente. En 1882 los estu- 
diantes parecen haber reaccionado formalmente, pues han 
fundado y sostenido con éxito dos órganos < El Estudian- 
to> y «Xa Universidad^ > aquel mas dedicado á facilitar 
los cursos publicando apuntes y datos, éste con el propósito 
de dar al gremio estudiantil cohesión politica. 

Un aspecto curioso de esta Capital es la vitalidad propia 
de cada parroquia, con su sociedad aparte casi y con sus 
necesidades locales. En 1877^ esta tendencia estaba repre- 
sentada por < El Eco de la Parroquia del Pilar > fun- 
dado el 2 de abril de 1876, « El Demócrata^ » fundado el 
4 de mayo de 1877, y ^El Conquistador^ > cuyo primer 
número es del 25 de aquel mismo mes. En 1882 apareció 



(1) Fundado el 8 de en^ro, pero tuvo solo 6 números; cesnndo el 12 
del mismo mes. 



438 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

€ El Eco de San Cristóbal > hoy reemplazado por « La 
Voz del Oeste > 

Los espiritistas son cada dia mas numerosos entre 
nosotros. En 1877 sostenían < La Revelación • que duró 
hasta el 20 de abril, y * La Constancia » desde el 4 de 
noviembre. En 1882 existia * La Frateryíidad^. 

La clase militar que tantas veces habia tratado de soste- 
ner órganos especiales, tuvo en 1877 < El Boletín Militaría 
desde el P de noviembre, y * El Eco Militar y > desde el 
23 de julio. En 1882 tenia la « Revista Militar y Navaly » 
acompañada por el excelente periódico « El Ejército 
Argentino > y el < Boletín del Centro Naval » 

Nuestra población de color, á pesar de ir poco á poco 
perdiendo la original cohesión que antes la caracterizaba, 
sostuvo en 1877 * La Juventudj^ fiínáaiáa, el V de enero 
de 1876, y * La Broma, » desde el 20 de setiembre. 

Hay un género de literatura de los suburbios suma« 
mente cultivado en esta Capital: me reñero al de las 
alegóricas marítimas. En 1877 tenia por representantes 
& t El Correo de las Porteñasy » fundado el 15 de octu- 
bre de 1876, « El Correo de las Niñas > fundado el 9 
de julio del mismo año, y € El Correo de los Niñosy > que 
data del 22 de octubre de 1876. En 1882 existieron t El 
Teléfono de las Niñas^ * y t El Correo de las Niñas * 

.El Carnaval, durante muchos años, trae consigo la apa- 
rición de periódicos de circunstancias, que se ocupan solo 
de comparsas y canciones. En 1877 se notan tEl Car- 
naval Porteño* y ^El Carnaval de 1877,» que se titulaba 
órgano oficial de todas las comparsas. 

En 1877 además, á causa de la agitación política produ- 
cida por la elección de gobernador de la provincia, reapa- 






BL PERIODISMO ARGENTINO 439 

recio el 14 de octubre « La Presidencia^ > periódico de 
caricaturas, pero no continuó. Igualmente salió entonces 
« Tm Situación > que cesó el 4 de diciembre, después de 
las elecciones. También apareció « El ítalo-Porteño^ > 
pero duró solo 19 números. 
En 1883, debido á causas especiales, salió á beneficio 

de los inundados, el número único del c CharitaSj • imi- 
tación del célebre « PariS'Murcie^ > que apareció en Paris 
en 1879. 

La fiebre de novedades dio nacimiento en 1877 á pe- 
riódicos curiosos como « Él Piálense > que duró todo 
el mes de noviembre, y en el cual se publicaba el extracto 
del contenido de los demás diarios, á la misma hora que 
aparecían éstos ; « El Porteño Comercial^ » fundado por 
la € escritora María > y que tuvo tan solo 15 números i 
y tEl Inti7n0j > que recuerdan todos los que estaban 
interiorizados en la política de entonces. 

Entre nosotros la población de origen estranjero es 
numerosísima y alguna de esas agrupaciones ha adoptado 
con sobrada impropiedad, la denominación de < colonia, > 
cuando en un pais libre como éste, no deben haber sino 
ciudadanos ó habitantes, pero en manera alguna grupos 
extrangeros con organización independiente y constitu- 
yendo pequeños Estados dentro del Estado común. Man- 
tienen, sin embargo, sus órganos especiales en la prensa, 
y muchos de ellos, con verdadero éxito. Ya he dicho 
que el decano es < The Standar dj > pero le sigue « Le 
Courrier de la Plata, » fundado el V de julio de 1865. 

La población de habla inglesa tiene tres órganos en 
el diarismo, pero que responden á la tendencia inglesa, 
irlandesa y norte-americana , < The Standard » < The 



440 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

Southern Cross » y « The Buenos Aif^es Herald, » fun- 
dado el 15 de setiembre de 1876. 

La inmigración francesa además del c Courrier de 
la Plata, > sostiene actualmente « L' Union Frangaise. » 

La agrupación española tiene á t El Correo Español, > 
fundado el 24 de abril de 1872, conocido por la actitud 
hostil que en algunas épocas ha tenido. Por eso en 1877 
se fundó « El Diario Español, > y posteriormente « La 
Nación Española, > 

Los italianos sostienen una prensa numerosa. < L' Ope- 
raio Italiano > fué fundado el 1° de enero de 1873. 
c La Patria » el P de febrero de 1877, y en este año 
aparecieron también ♦ II Maldicente * é ^ II Libero 
Pensiero. > En 1882, además de c La Patria Italiana* 
« L' Operaio Italiano i^ é t II Maldicente, > apare- 
ció € L'Amico del Popólo * é t II Nuovo Educatore. * 

En cuanto á la del habla alemana, en 1877 sostenía 
ya al ^Deustche La Plata Zeitung,> y fundó el 1*" 
abril « Die Heimath, > que el 10 de junio se refundió 
con el otro bajo el nombre de « Heimath^ und Fy^emde, » 
que duró solo seis números, continuando posteriormen- 
te el < Dewstch La Plata Zeitung. * Además, desde 
el 10 de setiembre de 1876 apareció < El Sonntagsblatt. * 
En 1882, además del « Deustche La Plata Zeitung, > 
se publicó el « Wochenblatt > y el < Deutscher Fio - 
nier am Rio de la Plata. > 



Tales son los datos mas interesantes acerca, del mo- 
vimiento periodístico en 1877 y en 1882. He prescindido 
intencionalmente de la prensa política porque ésta mere- 
ce un estudio aparte, que espero poder hacer alguna ve2. 



EL PERIODISMO ARGENTíNO 441 

Sé bien que los datos anteriores son deficientes, que 
sería posible completarlos mas^ y que estos artículos están 
muy distantes de aspirar á ser una monografía del 
periodismo argentino. No ha sido ese tampoco mi pro- 
pósito á pesar de reconocer que un estudio de esa índole 
y adecuadas proporciones, seria en extremo interesante 
y despertarla suma curiosidad. Al escribir las páginas 
anteriores he querido salvar del olvido algunos apuntes 
que acaricié la ilusión de poder completar, pero que con- 
vencido de la dificultad de hacerlo, prefiero publicarlos, 
á fin de que sirvan á otro mejor preparado y dotado de 
las aptitudes de que carezco. Me parece que los datos son 
curiosos y que merecen por lo tanto no caer en el olvido. 

Se estrañará quizá que en las páginas anteriores no se 
hayan caracterizado detenidamente las tendencias y los 
alcances de la prensa argentina, sobre todo, de su dia- 
rismo. Pero ese es un trabajo sobremanera dificil, porque 
se corre peligro de ser involuntariamente inexacto y de 
herir susceptibilidades mas ó menos justificadas. 

Puede decirse, con todo, que la prensa argentina pro- 
gresa extraordinariamente. Los diarios y?» no están tan 
absorvidos por la parte política, y se preocupan mas del 
interés del mayor número de leciores. La transición aunque 
lenta es visible; se abandona el sistema francés pira 
imitar el inglés. Pero esta es uua evolución aun no 
terminada. 

M. Emilio Mermet, el historiógrafo de la prensa fran- 
cesa, decía recientemente: (I) 



(l) Anmutire ele. 1882. pAg IV. 



TCMO IX. '*[• 

44rAM i 



442 NUEVA RR VISTA DE BUENOS AIRES 

« No se dá una comida en casa de cualquier persona i la moda, sin 
que al dia siguiente todo el público sepa no solamente quienes eran los 
invitados y cual el menii, sino aun con frecuencia lo que se ha conversa^ 
do. No se áÁ un baile sin que reporter8y vestidos de frac ó de uniforme* 
diüfnizados ó á cara descubierta, nos canten las gracias de la encantadora 
condesa de * * * que desde hace treinta añOB es la delicia de los salones 
pnr¡4Íense.4j y nos descubran los trajes y los diamantes déla riquísima 
atnericana Mme. * * *. Aun sus adoradores están designados á veces 
por \f\A iniciales . . .- La prensa hoy hace para todos los que quieren 
que se hable de elU^s, lo que Suetonio no habría podido hacer en otra 
época sino de los doce Besares. Solo las costureras aprovechan de 
esta prosa, pues una muj<ir que se respeta no puede dejar aparecer 
dos voces en los diarios la descripción de la mism& toilette» » 

¿S)n aplicables á la prensa argentina esas reflexiones ? 
Dejo la respuesta á los que estas líneas leen. La chispeante 
escritora Eduarda ha escrito sobre ello brillantes páginas 
en los folletines de « El Nacionalj > sosteniendo que se 
ofende el pudor de las damas al someterlas á semejante 
análisis irrespetuoso. El misterioso Víctor Gálvbz que 
publica en la « Nueva Revista » sus Memorias de un 
Viejo^ ha dicho al respecto en uno de sus mejores artículos, 
refiriéndose á su tio Blas : (1) 

« Cuando habla de los periódicos, elogia los de los años 1821 k 1827, 
cuando escribian el Dean Funes, Moreno, Mora, Angelis, los Várela, 
Doirego, Ugarteche y el travieso y fecundo padre Castafieda. Puro 
protcita de que los diarios ahora levanten el inventario de lo que reciben 
las novias, porque dice que eso ataca el pudor y la dignidad de una 
joven, enumerando el valor de los regalos, y hasta las docenas de ropa 
blanca con que la candida virgen cambiará luego su corona de aaahar 
por la casta maternidad . 

(( Mi pobre tio piensa que esa monomaaia de la letra de molde, es 
peligrosa, puesto que es intemperante. Ahora, dice, se publica la lista 
de los que van á los entierros y funerales, á las visitas, á las tertulias, 






I i Art Mi tio Blas — Véase la « Ncbva Rüvista » t. VI. pAg. 227. 



EL PERIODISMO ARGENTINO 443 

á loB cünciertOB, á Iob paseos ; solo fulta que se dé la nómina de los cria- 
dos y el apunte de k ropa sucia I Todo es público, para el diarista no 
hny secretos, 7 la cosa vá tomando tales crece», agrega, que ya no 
designan á las niñas sino por sn nombre de bautismo : — fulaiiita, zuta- 
nita, aunque jamás las hayan tratado, poco falta pnra tutearlas I Eso 
nu es lo que en mi tiempo se acostumbraba, me decia, y que era la 
época de la guerra en la prensa. 

« Ahora un cronista, como lo llaman, decia, cree que puede exami- 
nar á una dama para justipreciar el valor de las joyas, la tela del 
vestido, el costo de sus encajes, y si no se ocupa de lus medias y del 
zapato, es ... . por pereza ! Mañana publicarán el activo y el pasivo 
de la fortuna del marido, 

<« Pero por ese medio, ¿ á dónde se vA ? — Mi buen tío no comprende 
que esto sea progreso. Dice que se han roto las barreras de la buena 
crianza, la vieja y noble galantería de otros tiempos, la respetuosa cor- 
tesanía con qne siempre fueron tratadas las damas por la gente de pro, 
por la que se decia gente decente. 

« El mira esto como el desborde de una libertad de imprenta, que él 
cree qne tiene deberes muy serios que reposan en el honor de los escri 
tores hidalgos, que ni en pensamiento pueden levantar el velo que cubre 
la santidad de nna familia. Es la pnz de las madres, es el honor de las 
hijas, es la honra de los maridos, son las garantías mas elementales de 
la sociedad, las que pueden comprometerse por una chismografía im- 
pertinente y poco sana. No hay talento, ni chispa ni inventiva en esas 
relaciones prosaicas, torneos á veces de vanidades enfermizas y peligrosos 
incentivos para otras vanidades. 

« Mi tio, aunque no sea hombre de letras, cree y protesta que este es 
un desbordamiento de una marea que sube agitada por vientos pesti- 
lentes. » 

Desgraciadamente^ si esas observaciones son exactas, 
hay que confesar que el mal es general y que en todas 
partes del mundo está sucediendo la misma cosa. Li 
prensa diaria de algún tiempo á esta parte, viene siendo 
como esos personajes de cantina que se presentan oficio- 
samente para dispensarnos el honor de tomar una cops^ 



444 NUKVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

con nosotros. Es, en resumen, como ese ojo de que habla 
en alguna parte Víctor Hugo— Caín, amedrentado, erra- 
bundo, le miraba en todas partes. Para huirle, alzó una 
tienda, construyó una torre y edificó una ciudad. Todo 
inútil. 

« De hoy mas quiero habitar bajo la tierra 
Como en su tmnba el muerto > y presurosa 
Su familia cavóle una ancha fosa 

Y á ella descendió al fin. 
Mas debajo esa bóveda sombría^ 
Debajo esa tumba irduibitable 
El ojo estaba fiero ^ inexorable 

Y miraba á Cain. 

La prensa es, ni mas ni menos, como ese ojo. Nos sigue 
á todas partes, y al morir la encontramos adentro del 
sepulcro, contando hasta los clavos que lleva el ataúd ! 

Este es, pues, un mal general : está en la índole de la 
época contemporánea. Y si se compara al diarismo argen- 
tino con el de otras naciones, se observa pronto que aun 
no está en el mismo punto á este respecto. 

Hoy dia la prensa argentina parece haber entrado en 
una verdadera época de adelanto extraordinario. El dia- 
rismo se perfecciona cada vez mas, y La Prema se apre- 
sura á hacer traer de los afamados talleres de Marimoni 
una de las mas grandes máquinas que existen en el mundo, 
y de las cuales solo hay tres en toda la América del Sur. 
Se contratan corresponsales políticos, literarios y científicos 
en las principales ciudades de europa y en los Estados- 
Unidos. Se utilizan las noticias de los principales diarios 
del mundo, y se dá cuenta de todos los acontecimientos 
notables por medio de un costoso servicio telegráfico. 
Las noticias se comprueban con escrupulosidad extrema 



BL PERIODISMO ARGENTINO 445 

antes de darlas á la publicidad. Nuestros hombres prin- 
cipales acuden gustosos á las columnas de los diarios para 

atacar, defender ó hacer simplemente propaganda. 

Parece como si entre nosotros se comenzara á practicar 
la bellísima teoría de que el periodismo es un sacerdocio, 
un apostolado que aprovecha á otros, á todos, á la patria, 
— cuando se ejerce por el amor de la justicia y por el 
entusiasmo de las idess; — y quizá por esa razón háse 
adoptado entre nosotros el sistema de que sea anónimo, 
impersonal, como el público á quien se dirige y para quien 
existe. Propagandista cual ninguna otra institución, ha 
de tener fé en los ideales que proclame, convicción en las 
verdades que sienta, seguridad de que son malas y perju- 
ditúales las cosas que combate: — hé ahi la norma de 
conducta señalada al periodista honrado, porque de lo 
contrario, mas vale dedicarse á otra cosa, y no se corre el 
riesgo de profanar una misión que es la mas noble, la mas 
santa de cuantas pregona la civilización moderna, la que 
mas ha contribuido á las redenciones ya realizadas, la que 
mas seguramente nos guia á la conquista de las reden- 
ciones del porvenir. 

He leido en alguna pai te que los periodistas no deberían 
descansar para hacerse dignos de apellidarse «hombres 
honrados, instruidos en el arte de bien decir» como den- 

nian á los oradores los antiguos. Es tan fácil apasionar á 
la gente incauta y deslumhrarla con las galas de la litera- 
tura, para impulsarla á obrar según las miras particul¿\res 
del periodista ; es tan sencillo apelar á sofismas y argu- 
mentos de mala ley para extraviar el juicio de los que no 
son bastante reflexivos, y por consiguiente no perciben el 
lazo que se les tiende ; es tan llana la senda abierta á 



446 NUKVA REVISTA DB BUENOS AIRES 

quien parece lícito tergiversar el sentido de las palabras, 
interpretarlas como se le antoja y emplear la calumnia en 
vez de la justicia y la razón, para sostener una causa 
inicua y vergonzosa ; ofrece, por último, tantas ventajas e* 
convertir esa augusta institución en un medio de especular^ 
haciendo de ella un vil mercado — que necesitan sin duda? 
muchas y muy elevadas dotes de inteligencia y de corazón, 
los que mediante la pluma de periodistas se erigen en obre- 
ros del bien público. 

Reflexiones son esas muy exactas, pero que estoy lejos 
de creer puedan aplicarse á la República Argentina. Bueno 
es sin embargo, tenerlas siempre presentes. 

Antes de concluir réstame una observación que hacer, 
que constituye un llamado que es probable no sea oido 
por aquellos á quienes va encaminado. 

Cuando mi padre, el doctor don Vicente G. Quesada, 
estuvo al frente de la Biblioteca Pública de esta ciudad, 
encontró, entre otr¿^s cosas, sumamente trunca la colección 
de periódicos argentinos. Esto consta de los documentos 
oficiales publicados anualmente. En las Memorias de e^a 
Biblioteca de 1871 á 1878 pueden verse uno por uno todos 
los pasos dados por el doctor Quesada, tanto como Director 
como siendo Ministro, para suplir esa deficiencia : se pedia 
oficialmente á los particulares, se compraban las coleccio- 
nes que se ponian en venta; se emplearon^ en fin, todos los 
medios posibles para remediar ese mal. Pero esdíficil 
sino imposible rehacer colecciones de los periódicos anti- 
guos, y por otra parte los fondos disponibles eran escasos. 

Sin embargo, el pais debiera convencerse que ese es un 
gasto reproductivo : es constituir el archivo mas fiel de la 
vida diaria. Ningún periódico, por insignificante que 



EL PERIODISMO ARGENTINO 447 

parezca y debe desdeñarse, y se necesita no solo la acción 
oficial perseverante, sino la decidida cooperación de los 
particulares. Aun es lien)po quizá de remediar ese estado 
de cosas : — verdad es sin embargo, que son pocos los que 
en el presente se preocupan del futuro. 

Ernesto QUESADA. 

Diciembre 1883. 



ü m\ INTELECTUAL íñUM 



POETAS Y ESCRITORES MODERNOS EN MÉXICO 



RKYISTA CRÍTICO BIOGRÁFICA DBL ESTADO INTKLKCTUAL DE LA 

REPÚBLICA MBSICAKA 



(ContintMCvyn) (1) 

José Oonealett de la Torre — Correcto en la forma 
y siempre cuidadoso de la pureza del lenguaje, ha publicado 
versos y artículos que le hacen digno de ocupar un puesto 
entre los hombres de letras. Conoce bien algunos idiomas, 
estudio para el cual tiene gran facilidad, y ha hecho última- 
mente un detenido estudio sobre el Ramayanay poema indio 
de Valmiki. 

El señor González de la Torre gusta mas de hablar que 
(le escribir, y en la actualidad dá semanariamente conver- 
saciones públicas, que según hemos sabido, son interesantes. 

Rafael Ángel de la Peña -Sus profundos conocimi- 



1) Véase este tomo pág. 124*144. 



LA VIDA INTELECTUAL MEXICANA 449 

entos en lengua castellana le han valido el nonobrainiento 
de socio correspondiente de la Academia Española. 

ILi dado á luz un notable estudio sobre la formación de 
los verbos irregulares. Es catedrático de gramática en la 
Escuela Nacional Preparatoria. 



m^etor José H. Marroquí — Magnifico hablista y per- 
fecto gramático, dejó la clase de español en la Escuela 
Preparatoria para ir á desempeñar su empleo de C!ónsul 
de México en Barcelona. 

Se dice que Marroqui tiene escritas varías obras literarias 
de indisputable mérito, y debe, si esto es cierto, publicarlas 
para honor de su nombre y de su patria. 



José Rivera y Rio — Ha escrito y publicado versos, 
novelas y libros de enseñanzas. Ha hecho buenas traduc- 
ciones de poesias inglesas y alemanas. A la colección de 
sus producciones píricas intituló Luceros y Nebulosas. 
Entre sus novelas se cuentan El Hambre y el Oro y Los 
Dramas de Nueva-York, Goza de nombre y aceptación en 
los círculos literarios. 



Ai^astin Rivera y Rio — Sigue en el periodismo y la 
literatura la misma senda que su hermano. Los señores 
Filomeno Mata y Guillermo Rivera y Rio, fundaron en 
México el Sufy-agio Libre^ periódico político que hizo 
terrible oposición al gobierno del señor Lerdo; en ese 
periódico escribió Agustin. Publica actualmente, la //¿s- 
toy^ia de la Revolución de Tuxtepec^ por entregas sema- 
narí.'is, ilustradas con láminas litográficas. Su última pro- 
ducción es su Silabay^io IluslradOj notable trabajo 
dedicado á las escuelas primarías. 



450. NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

Joaqain YillaloboA— Desde híice mucho tiempo cono- 
cemos las produccinnes de este poeta popular, que logró 
en una época, conducir á las masas, arengándoles en las 
cal les y plazas públicas, y que ha sido Arme defensor de las 
instituciones republicanas. 

Villalobos ha escrito varias obras dramáticas y liberales? 
ha hecho una guerra tenaz al partido reaccionario; sus 
versos son inspirados, y aunque algunos, por espíritu de 
política, han llegado á negarle el titulo de poeta, nosotros se 
lo daremos siempre, pues en sus poesías hay inspiración y 
buenas imágenes. 

Villalobos ha escrito varias obras dramáticas, y entre 
ellas La Patria^ Saffo y El Aftior de los Amores; han 
obtenido buen éxito, particularmente la primera que se ha 
representado innumerables ocasiones. 

Continúa escribiendo, á pesar de las graves enfermedades 

que lo abaten, y ha enseñado á su pequeña hija Maríi, á 
recitar con especial gracia sus composiciones. Cuando 
esta niña fué presentada á la Ristori; dijo ésta: « Es una 
alma de artista en un cuerpo de niño » . Joaquín Villalobos, 
habla hoy, por los labios de esta inteligente criatura que es 
el consuelo de todas sus amarguras. 



imiieeo AjcuBtin— Abogado distinguidísimo, es como 
periodista también muy notable. Ha colaborado en impor- 
tantes publicaciones, sus artículos encierran siempre un 
gran fondo de utilidad práctica, y para la discusión con 
sus adversarios es leal y caballeroso. 

Actualmente es redactor del Diario Oficial, y en ver- 
dad que nunca habia estado el órgano del Gobierno tan 
imparcial y hábilmente dirigido. 



La vida intelectual mexicana. 451 

Conocemos versos muy buenos del señor Silíceo, que no 
hi querido darlos á luz pública por haberse entregado á las 
ocupaciones de su profesión, ó á sus encargos políticos, que 
siempre han llenado todo su tiempo. 

Darío Balandrano -Fué durante varios años redactor 
del Diario Oficial^ y goza de buena reputación como 
periodista. 

Nosotroí? solo hemos visto pocos de sus artículos, y cree- 
mos que son justos los encomios que se le hacen en este 
sentido. 



Roberto Rodríguez — Muy joven es también, y no care- 
ce de inspiración brillante. Los primeros versos que 
publicó adolecían de un gongorismo que va abandonando 
poco á poco. 

Será sin duda alguna un buen poeta, y mas si como 
c iriñosamonte le aconsejamos, adopta para su estilo la cla- 
ridad y la sencillez, que tanto realzan el mérito do las 
composiciones literarias. Cuenca, como lo decimos en otro 
lugar, empozó quizá mas gongórico que Rodríguez y es hoy 
uno de los mejores poetas jóvenes de México. 



liitii» Cír. Iza— Poeta, periodista y dramaturgo. Bajo 
el nombre áe Arpee/ ios hsí publicado un volumen de sus 
versos y se han representado con éxito su drama intitulado 
Malditas- .sein las Mijercsi y sus Cornelias Reoohicioa 
Frnwnil y San Pedro ó /av pfterlas del Cielo. 



rreneo Paz— Redactó El Padre Cobosj periódico chis- 



452 NUBVA RBVISTA DB BÜBNOS AIRBS 

peante que tuvo grande acogida en las diversas épocas que 
se publicó. Paz ha escrito varios dramas y comedias, cuyos 
títulos son : La bolsa ó la vida, El poeta y la lugareña, 
La manzana de la discordia^ Los héroes del dia sigui- 
ente, Llueven ingleses j El don de errar, Lo mejor de 
los dadosy y otros que no recordamos. 

Su colección de poesias se ha publicado con el titulo de 
Cardos y Violetas. Sus novelas han tenido gran número 
de suscritores. 

Paz tiene un estilo ameno y fácil. Es hoy editor y redac- 
tor de La Patria. 



Jaan deD«DomiiigaeB<-Ha escrito artículos, versos y 
alguna novela; pero su pasión por el teatro le ha inducido á 
escribir obras dramáticas, entre las cuales recordamos 
María, Fernando IV el eynplazado, Magdalena^ La 
Justicia de Dios, El Hidalgo Gabriel Tellez, Ainor por 
Cartas y Fénix de los Ingenios. Dominguez ha alcan- 
zado aplausos en los teatros de Querétaro y México, en la 
representación de sus obras. 



Carlos K»cHdero— Hace un año qne murió este poeta; 
do él nos quedan muy buenos versos y varias obras dramá- 
ticas y cómicas, como son: Mas vale caer en gracia qtie 
ser gracioso, Cada oveja con su pareja. Nerón y Por 
una equivocación. 

Su magnifico drama inédito El Beso basta para perpe- 
tuar dignamente su memoria. Fundó y dirigió durante 
algunos años con notable acierto y haciendo muchos progre- 
sos, la Sociedad Alianza Dramática que hoy se titula So- 



LA VIDA INTELECTUAL MEXICANA 453 

ciedad Dramática Carlos \EAeadero y cd la que se han 

representado por aficionados al arte, mas de cien obras. 

Escudero dejó inédito un tratado de Declamación, que á 
juicio de los inteligentes es una obra de mérito. 



Ufanael Gutiérrez— Ha escrito cosa de diez y seis 
obras dramáticas; desde hace muchos años viene ornando 
con sus artículos políticos y literarios y con sus produccio- 
nes poéticas, las columnas de acreditados periódicos. 



Jaan B. Oariea — Imita con felicidad el género de Ma- 
nuel Acuña y ha escrito un drama social intitulado: Esposa 
y Madre. Garza es catedrático de filosofía en el Instituto 
Literario del Estado de México. 



Ramón Valle— Guanfiguatense, hermano de Juan, el 
notabih'simo poeta ciego, ha escrito multitud de artículos, 
poesías sentimentales y satíricas y algunas obras dramá- 
ticas. 



Gerinimo Batnroni— Veracruzíno. Es articulista 
chispeante y versifica fácilmente. Su pieza cómica Caram- 
bola y Villa y Palos, ha sido api ludida en las ocasiones que 
se ha representado. 

Baturoni redacta actualmente en México un periódico 
burlesco é imparcíal, denominado Fray Gerundio. 



liuis Calderón— Comenzó á publicar su novela Los 
Novios, que quedó trunca. Ha escrito versos inspirados y 
desempeña hoy el <^rgo de Secretario de Gobierno en el 
Estado de Hidalgo. 



454 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

José Patricio :Bíicoli — Se ha distinguido como perio- 
dista. Escribe con galanura y facilidad. 



Slanael Sandiez Mármol — Como periodista ha sabi- 
do captarse las simpatías de sus lectores, por la delicadeza 
de sus escritos. En El Albina de Naridad^ dio á luz 
pública una leyenda sencilla y agradable. 



D. Jnan finia Tercero — Vate religioso y escritor per- 
fectamente castizo, ha sido redactor de La Voz de México 
y es bien conocido en la República por su poema intitulado: 
Netzahualpilli 6 el Catolicismo en México^ que ha merecido 
grandes elogios de todos los que lo han leido. 

El señor Tercero está actualmente en Michoacan y publi- 
ca de vez en cuando sus producciones que son en su mayor 
parte del género místico. 



Tirso Rafael Córdoba — Con buenas dotes, se dedica 
como el señor Tercero, á escribir sobre temas religiosos. 
Ha publicado un volumen de poesías, y últimamente hemos 
visto versos suyos en El Colaborador Católico que se pu- 
blica en Zimora (Michoacan ) 



Francisco de P. ITrgell— Es catalán pero le conside- 
ramos mexicano. Urgell conoce bien la lengua española, y 
particularmente la historia de la literatura. Gusta de es- 
cribir en prosa leyendas caballerescas y populares, imitando 
el estilo Becquer, cuya escuela ha seguido en sus versos. 
Entre sus líedshayixno intitulado Amor que basta para 
darle reputación por la novedad del pensamiento y la sen- 



LA V.DA INTELECTUAL MEXICANA 455 

cillez con que está expuesto. Urgell fundó en compañía de 
Manuel Olaguíbel, Agustín F. Cuenca, Pedro Castora, y el 
que ésto escribe, el Círcíí/o Gustavo A. Beoqucr^ siendo 
uno de los que mas directamente contribuyeron al rápido 
engrandecimiento de esta asociación, creada por inspiración 
suya. 

El Circulo Becquer en su poco tiempo de vida publicó un 
periódico por entregas mensuales con el título de Págmds 
Li ¿erar i asy convocó á un certamen de poetas dando premio 
á los mejores autores de tres composiciones sobre los temas 
siguientes: Dios, Patria^ Amor. Hecho el certamen, me- 
reció el segundo premio en el segundo tema la distinguida 
poetisa L^ureana Wrigth de Kleigmans y el primero en el 
tercer tema la señorita Dolores Salazar de Payan. El 
círculo Becgií^r solicitó y obtuvo del Gobierno del Distrito 
la propiedad del sepulcro de Maíjuel Acuña, con el fin de 
levantarle un monumento. 

Expidió un manifiesto á la prensa nacional, pidiéndole 
que cesaran las polémicas de mala ley y que tuviera pre- 
sente la dignidad de la Patria que se menoscaba, con las 
falsas apreciaciones sigeridas por los rencores políticos. 

A Urgell se debió en gran parte el progreso del Circulo 
Becquer y esto, así comol\ natural simpatía que le hacen 
conquistar su claro talento y su modestia excesiva, le han 
valido el cariño de todos los literatos jóvenes, que le consi- 
deran no solo como á un compatriota, sino como á un her- 
mano. 

Actualmente publica en el folletín de El Mensajero sus 
numerosas composiciones. 



Ignacio J. Dlax— Modesto, muy modesto, ha dado á luz 



456 NUEVA RBVISTA DE BUENOS AIRES 

desde hace algunos años, sus producciones poéticas, suscri- 
tas con diversos seudónimos. Diaz es tipógrafo y en su 
noble arte, ba podido estudiar á los bombres de letras 
mexicanos, y los conoce bien. Amigo y partidario de la 
juventud, goza con los triunfos de esta y sufre con sus infor- 
tunios. 



A^nstin C. Diax —Hijo de Ignacio J. Diaz, ha escrito 
varios dramas que han alcanzado buen éxito, principalmente 
7s7 Oby^ero que le valió aplausos y ovaciones honrosas. 
Diaz vive retirado de todos los circuios literarios, escribe 
aislado y gusta de estudiar las costubres de su patria. 

Tiene inéditas algunas obras dramáticas, entre ellas, 
Juana la Bordador^a y Ouelfos y Gibelinos. Puede ase- 
gurársele á Diaz buen porvenir en la escabrosa senda del 
teatro. 



Aurelio Uorta —Puedo asegurar que nadie me ha sido 
tan dificultoso para emitir mí opinión sobre su mérito lite- 
rario, como Aurelio Hort¿i ¿ porqué ? Le veo á veces escri - 
bir en elevado lenguaje delicados pensamientos; en otras le 
encuentro en el periodismo usando de sátiras punzantes y 
quizá agenas de su carácter; de pronto le juzgo dado á 
filosofar; luego le encuentro romántico i Qué es ? ¿ Una 

mezcla de pensamientos tan contrarios como raros ? 

¡ No ! i Es un poeta, que quiere abandonar sus naturales 
inspiraciones por seguir sendas que no son suyas ? ¡ Lásti- 
ma serta que cambiara por la lira perfumada de rosa, la 
péñola mojada en la hiél del periodismo burlesco ! 



ndefonso Portugal— Era una gala literaria del Estado 



LA VIDA INTELECTUAL MEXICANA 457 

de Michoacan, que ha recogido y guardado con veneración 
su nombre. 

Fué sacriñcado en una de las tempestades políticas. 
Mártir de sus convicciones, resplandeció sobre su frente la 
doble inmortal aureola del poeti y del guerrero. 



Afirnstin V.BonequI- Publicó algunos desús fáciles 
versos en La Lira de la Juventud. Bonequi, consagrado á 
sus trabajos, hace algún tiempo que se ha retraido de la 
vida literaria. 



BenjaminBolaños— Sus versos se han publicado en el 
Federalista y en las Páginas del Circulo Bccqacr^ del 
cual es miembro. Por la consagración á sus trabajos par- 
ticulares, pocas veces toma parta en los de las demás socie- 
dades. Bolaños tiene gran interés y cariño por todos los 
bohemios. 



Joagnin Alcalde y Rivera —Se ha distinguido como 
cantor patriótico y sus composiciones de este género han 
alcanzado buen éxito. Ha escrito una comedia intitulada 
Cardos y Azuxenas y varias leyendas interesantes. 



Joaquín TreJo~-Es poeta muy sentido. Ha publicado 
sus composiciones en la edición literaria del Federalista. 
Son notables algunas de las que pertenecen al Libro de 
María. 



Hilarlo 8. Gavilondo— Entusiasta por las bellas letras, 
que cultiva con especial dedicación, ha dado á.luz varias 

TOMO IX, 81 



453 NUEVA REVISTA DE BafiNOS AIRES 

producciones; próximamente publicará la colección de sus 
versos, y actualmente ha hecho latraduccion.de los poemas 
polacos de Kransinski, i^ue publica por entregas sema- 
narias. Gavilondo revela en sus versos un corazón noble 
y unn alma sensible. Es redactor de un periódico literario 
intitulado La Juventud. 



Federico C. Jeas — Ha leido y estudiado á varios poetas 
alemanes notables, y sobre algunos de ellos ha hecho bue- 
nas apreciaciones. 

Ha escrito un Estudio sobre la poesía alemana que 
presentó* el Circulo Becqner^ y que fué calificado de 
notable. 

Anselmo de la Portilla (hijo.) Dotado de claro talento, 
ocupi muy buen lugar como periodista y poeta. Sigúela 
mismas huellas de su respetable padre, y es muy querido 
de los jóvenes escritores. Sus versos son fluidos y revelan 
sentimientos 

Pedro Castora— Publicó una liyosa edición de sus ver- 
sos con el titulo de Ensumo^y y sobre ellos hicimos un 
juicio que publicó L i Revista Universal. La colección de 
sus artículos sobre la vida minera es curiosa y original. 
Castora es en cada vez mis estudioso de la forma y esto le 
será siempre muy provechoso. 

José «abriel Halda —En su libro La vida Bohemia j 
hizo copia fiel de las amarguras y de las dichas que tienen 
en su manera de ser todos aiuellos que sin los elementos 
necesarios para la comodidad de la vida, van en pos de un 



LA VIDA INTELECTUAL MEXICANA 459 

ideal brillante: la gloria. Malda tiene talento é instrucción. 
Cotno poeta goza de buena reputación. 



Pedro Landásari— Ha escrito poco y sus artículos 
Henos de sensatez, le han dado buen nombre. 



Aüf^el N aflea — Es notable por sus conocimientos en his- 
toria del pais, sobre la cual ha escrito artículos y una carti- 
lla que sirve para su fácil aprendizaje. 

El señor Nuñez, editor y redactor de la Revista Univer- 
«va/ en las primeras épocas de este periódico, mereció 
elogios por el buen tino con que sabe trat ir las cuestiones y 
por su acierto para escribir en la prensa. Ha sido Secre- 
tario de la Legación de México en Alemania, siendo recibido 
perfectamente por el Gobierno y la sociedad de aquel país. 



Nieeto de Zamacoi»— Tantos años ha estado en Mé- 
xico este escritor y poeta español, que le contamos entre 
nuestro compatriotas. El señor Zamacois ha escrito nove - 
lascóme El Jarabe y El Capitán Rossi^ que describen 
costumbres mexicanas, bastante bien, si se atiende á que 
cuando esos libros fueron publicados, el autor aunque llevaba 
tiempo de estar en México, no le era suficiente para fijarse 
en tantos detalles que forman las costumbres íntimas del 
pueblo. Después dio á luz su obra La destrucción de 
Pompeya con láminas cromolitográficas y conteniendo 
curiosas descripciones. Actualmente el Señor Zamacois, 
se encuentra en España y ha comenzado á publicar su 
Historia de México que según dice el prospecto, será una 
obra imparcial, concienzuda y extensa. El señor Z imacois 



460 NUEVA REVISTA DE SUEÑOS AIRES 

ha dado al teatro varias obras y en este género como en los 
demás que ha cultivado, no ha encontrado mala aceptación 
ni disgusto en el público. 



J. F, Jíens — Conociendo á fondo la literatura alemana, y 
hablando con bastante perfección la lengua española, ha 
traducido hace muy poco el drama GriseldU escrito en 
cinco actos por Friedich Halm (Eligius, Barón de Münch- 
Bellinghansen). 

Dicha traducción es tan fiel como buena, y ha venido á 
darnos una completa idea de los progresos dramáticos de 
Alemania. 



Telésforo Oarcfa— Ha escrito en varios periódicos de 
nota como sqv El Federalista j El Bien Público^ La Lega-' 
lidady etc. y es actualmente redactor de La Libertad 
en compañia de Cosmes, Sierra Justo, Sierra Santiago y 
Eduardo Garay. 

Telésforo García ha escrito mucho en el género filosófico, 
y últimamente publicó un folleto titulado, Los Españoles 
residentes en México^ que es digno de su talento y de la 
fama de que ya goza entre nosotros. 

Pedro ISantacilia^Es un escritor distinguido: ha pu- 
blicado entre otros libros El movimiento literario en 
M'^xicOy haciendo un examen de las obras publicadas en los 
años de 67 y 68. Sus Apólogos están llenos de sencillez y 
son de notoria utilidad para la enseñanza moral de los 
niños. 

Joan E, Perea— Publica actualmente un Almanaque 
Estadístico^ lleno de interesantes pormenores. No sabemos 



LA VIDA INTELBCTÜAL MEXICANA 461 

81 el seBor Pérez cultiva las bellas letras, pero eri el género 
á que se ha dedicado, proporciona utilidad para todos. 



ISmilio del Castillo Hiérrete— Concluida su interesan- 
te obra intitulada México en el Siglo XIX, que basta para 
acreditarlo dignamente, ha comenzado á dar á luz un libro 
que se denomina los Oradores Mexicanos. 

El señor Castillo Negrete es un gran conocedor de la his- 
toria del país, y su buen criterio, su inteligencia serena, le 
permiten hacer apreciaciones tan acertadas como impor- 
tantes. 



Sfaime] Rivera Cambas — Su obra IjOs Gobernantes 
de México es monumental: encierra las biografías y retra- 
tos de cuantos han regido los destinos del país, desde el 
primer virey hasta el Presidente Juárez. Única en su espe- 
cie, fué recibida con entusiasmo y es la mejor obra de con- 
sulta que tenemos en ese particular. El señor Rivera Cam- 
bas ha escrito una Historia de Jalapa de la que hemos 
oido hacer buenas apreciaciones. Este escritor, redacta 
actualmente El Combate. Es instruido, liberal y razo- 
nador. 



JoséliOpes Portillo y Rojas — Este joven poeta jaiís- 
ciense, es autor de un libro interesante, titulado: Egipto y 
Palestina^ comprendiendo todos los lugares de estas histó- 
ricas tierras, que visitó el señor Portillo, en su viaje hecho 
hace muy pocos años. Su estilo es elegante, su manera de 
narrar fácil, y en sus versos hay delicadeza é inspiración. 



Alfonso liancaster Jones — Conocemos varias poesías 



462 NÜSVA RHVISTÁ DB BÜBNOS ÁIRB3 

suyas, y todas tienen mérito. El señor Lancaster se ba 
distinguido como orador parlamentario. 

Julio Espinosa -Es muy joven, tiene buenas disposi- 
ciones para los escritos satiricos, versifica con facilidad, y 
es entusiasta por su amor á las bellas letras. Será, sí 
estudia y persevera, un buen escritor humorístico. 



LnisG.Bttbin— El poeta de los obreros. Ha escrito 
poco, y casi todos sus versos tiernísimos, están destinados 
á ciintar las tristezas de su clase, sus esperanzas y sus heroi- 
cidades. Ha dado á luz un pequeño tomo, bajo el título de 
Veladas de Inoierno. 



Aurelio Garay— Poeta de grandes esperanzas; tiene el 
mérito de consagrarse al cultivo de las bellas letras, en 
medio de las fatigas de su noble oficio de impresor que le 
ocupa todas las horas; Garay dio al teatro un drama, intitu- 
kulo Una deuda de gratitud que alcanzó buen éxito. 

Es miembro de la sociedad Juan Diaz Covarrubias 
fundada y sostenida por el joven Manuel L. Acevedo, ayu- 
dado de Manuel Romero, cuyos ensayos poéticos son felica*^', 
y de González Robles que ha escrito varias novelitas 
científicas. Garay promete mucho como poeta y nosotros 
le estimulamos á que no abandone la lira. 



lüanael Riii€*on — Tiene sonetos muy buenos; ha dado 
al teatro una comedia muy bien aceptada y publica con 
frecuencia sus producciones poéticas (jue siempre son 
leidas con gusto. 



LA YIDA INTELECTUAL MEXICANA 463 

Pedro D, Creseeneio Carrillo y Ancona— Es una 

do las notabilidades de Yucatán y á él debe su formación el 
Museo Yucateco que cuenta ya con mas de mil cuatrocien- 
tos sesenta objetos interesantes de arqueología, numismá- 
tica, vistas y cuadros al óleo, bibliografía, historia natural y 
artes, etc. El señor Carrillo y Ancona posee cualidades 
que le hacen ser la gala de su Estado natal. 



Francisco Dlaae CoTarrnbias— Este eminente astró- 
nomo, acaba de publicar un libro sobre su viaje al Japón, 
para la observación del paso de Venus. La obra está ilus- 
trada con grabados curiosos é importantes. Ha ido á Gua- 
temala hace poco tiempo de Ministro de México. 



Joaquin M. Alcalde -^Notabilísimo como abogado y 
conio tribuno, notable también por su palabra acerada, 
su fogosidad, su ímpetu y su oportunidad, ha tomado parte 
activa en las tareas del periodismo, habiendo redactado el 
Siglo XIX poco tiempo después del triunfo de la Repú- 
blica. 

Sus cualidades de orador dan á sus escritos un marcado 
tono de originalidad y frecuentemente son coronados de un 
triunfo. 



Miguel Lira y Ortega— Descendiente, sogun tenemos 
noticia, de una de las mas notables familias aborígenes de 
Tlaxcala, se ha dedicado empeñosamente al estudio de la 
historia antigua y especialmente de la República Tlaxcal- 
teca, haciendo las biografías de sus hombres mas notables, 
algunas de las cunles han visto la luz en un periódico litera- 



464 NUBVA RBViSTiL DB BÜBNOS AIR83 

rio ([ue en Huaraantla so publicaba por los años de 1874 á 
1875 y que desgraciadamente tuvo nauy precaria vida. 



Jnan de Mata Rivera — No es realmente un escritor 
ni en su modestia aspira á ese título, pero merece que su 
nombre se escriba en esta revista, por haber sido quien, en 
unión del señor Francisco de P. González, artesano, redactor 
hoy del Hijo del TrabajOy y de algunos otros trabajado- 
res, fundó El Socialista^ base de la prensa obrera en el 
país y en el que se han dado á conocer algunos escritores 
de las mas humildes clases del pueblo. 

El señor Rivera escribe y á veces felizmente, guiado solo 
por sus buenas disposiciones. Es seguro que si empren- 
diera algunos breves estudios supuesta su aptitud y su 
influencia entre los trabajadores, llegará á ser una fuerza de 
inmensa potencia. 

Enrique L. Abogado— Ha escrito multitud de versos, 
siendo algunos de ellos tan delicados y armoniosos que le 
dan buen nombre. Abogado tendrá el puesto que merece 
por su dedicación al cultivo de las bellas letras. Sus pro- 
ducciones han sido publicadas en distintos periódicos teni- 
endo buena aceptación. 



Frailo Alberto del -Conocemos algunas poesías de 
este modesto escritor que es en la actualidad boletinista 
del Mcmnjcro. Frago tiene la fuente de sus inspiracio- 
nes, como poeta y como periodista, en la buena fé y en la 
nobleza de sentimientos que constituyen su carácter. 

nata Filomeno— Con sus propios esfuer/iOS y sin mas 



LA TIDA INTELBCrUÁL MEXICANA 465 

recomendación que sus relevantes méritos, faa llegado á 
ocupar un asiento en la Cámara de Diputados del Congreso 
de la Union; donde ha desempeñado el encargo de Se* 
cretario. 

Mata es modesto, muy modesto, y las veces en que escri- 
be, oculta su nombre por desconfianza de sus aptitudes 
literarias. Ha sido editor de varios periódicos populares 
como El Sufragio Libre y El Monitor ConstitucionaL 
Hoy es uno de los editores y redactores principales da El 
Mensajero. Mata tuvo la idea de publicar El Anuario 
MexicanOj y á él se debe que haya visto la luz esa obra, 
que por su naturaleza, es nueva en la República. Los 
méritos que Filomeno Mata tiene como patriota son fáciles 
de enumerar, pero ni queremos lastimar su modestia, ni dis- 
ponemos para eso de espacio suficiente. Es muy merecedor 
de laa distinciones que alcanza cada dia. 



CháTarri Enrique— Conocido por el seudónimo J uve- 
nal. Desde hace ocho anos escribe en El Monitor Repu- 
blicano las charlas dominicales y boletines, editoriales y 
artículos de importancia. Chávarri ha llegado á adquirir 
til práctica, que su estilo, al principio difícil, es hoy facilí- 
simo y elegante. Sus charlas son leidas con gusto; sus 
artículos de interés público revelan un criterio claro; la 
facilidad con que escribe actualmente, es digna de aplauso. 

Blos Jaiin Pablo— Desde hace anos publica versos y 
es hoy boletinista del Monitor. Hay entre sus composi- 
ciones algunas que le acreditan bien, y sus escritos perio- 
dísticos se distinguen por su imparcialidad. 



466 NUBVA RBYISTik DB HORNOS JlIRHS 

Literato también muy notable es B. Jo«é H. Tii^tl qie 
ha publicado la colección de sus obras dramáticas con 
el titulo de Flores de Anahuac y que actualmente es 
editor de la Historia de las Indias por Fray Bartolomé 
de las Gasas. 

El señor Tigll es un periodista sensato; como hablista es 
notable y sus escritos revelan buen criterio y vasta eru- 
dición. 

Periodista muy joven y que ha luchado con una constancia 
digna de aplauso en defensa de la causa de la Voz de Mé- 
xico es el señor !>• José Joaquín Terrazas. Comba- 
tido al principio de manera tenaz, ha sabido con su pruden- 
cia y su tacto como escritor, captarse el aprecio público. 
£1 señor Terrazas ha escrito multitud de versos y de estu- 
dios literarios. Se distingue como matemático; sus tratados 
de Aritmética y de Algebra calificados de muy buenos por 
las personas mas autorizadas en esta ciencia, han producido 
una revolución científica, pues haciendo á un lado la rutina 
de otros autores, el señor Terrazas ha empleado un método 
nuevo, tan breve como fácil, para su aprendizaje. Adver- 
sario del señor Terrazas en el periodismo, soy el primero en 
reconocer y ensalzar su talento sin que me preocupen las 
ideas de partido. Acaba de publicar la colección de sus 
poesias y pronto d¿irá á luz su tratado de Geometría. 

Entre los poetas jóvenes, se cuenta á Agapito Silva 
que ha publicado tres tomos de versos, y dado al teatro un 
drama titulado Después de la Falla. Silva ha conquistado 
de los obreros ovaciones y simpatías. Mereció el segundo 
premio en un certamen literario, por su oda á Hernán 
Cortés. 



LA ytbk IKTBLttCTUAL MEXICAKái 467 

Alberto O. Riftnehi— Fandador de la sociedad Mexi- 
cana La Concordia y durante mucho tiempo eDcargadode 
la gacetilla del Monitor ha escrito bastantes poesias Kri- 
casy artículos polítios y tres dramas titulados Maria^ Los 
Martirios del Pueblo y Patriotismo y Deber. Bianchi 
es modesto á inteligente. Su corazón leal y bueno le hace 
muy estimable. Entusiasta por su amor á las letras, ha 
procurado sostener á costa de mil sacrificios la sociedad 
Concordia y es hoy sub-director del grupo de socios acto- 
res en la sociedad dramática Carlos Escudero. 

Dos escritores muy notables se me olvidaba mencionar, 
D« Franei«€o Pimentel j D« Manuel Orozeo y Berra 

£1 primero es un erudito profundo, ha escrito una obra 
sobre las lenguas mexicanas, que ha merecido grandes 
encomios en Alemania y Francia, cuyo Instituto acaba 
de darle un premio consistente en una medalla. Socio del 
Liceo Hidalgo pronunció muy notables discursos, discu- 
tiendo con don Ignacio Ramirez sobre la poesia erótica 
griega. 

Pimentel estudia constantemente y cuando habla en ana 
asociación científica ó literaria, confunde á sus contrincantes 
con multitud de interesantes citas que trae á la memoria 
con facilidad asombrosa. 

Ha escrito muy buenos juicios sobre antiguos poetas 
mexicanos. 

El señor don Manuel Orozeo y Berra, es como conocedor 
de la Historia Antigua de México, una especialidad. Sus 
escritos sobro osa materia gozan de grande reputación. 
Muchas son las cuestiones sobre las cuales ha escrito y 
sabemos que h'i concluido su Historia de México llena de 
muy curiosos é importantes datos. 



468 NÜBYA RBVISTA DB BGBNOS AIRBS 

¡ Ojalá y el gobierno ayudase para la pronta publicación 
de esta obra tan necesaria para todos. 

Dos literatos de buena fama, son los señores Alejandra 
Arftng^o j Eseandon j Joaquín Oarcla Ieaabalceta« 

Su estilo es enteramente castizo; y ambos han dado á luz 
obras de mucho mérito. Enemigos del partido liberal, 
viven voluntariamente alejados de todos los círculos litera- 
rios. El señor Arango ha impreso la colección de sus 
versos, entre los cuales hay algunos que son amargas criti- 
cas al sistema republicano. 

D. lanado Aguaitar y Marocho — Redactor de la Foj^ 
de México es un escritor de gran talento; su fuerte es la 
crítica, se ha distinguido como abogado y es hoy uno de los 
pocos caudillos valiosos del sistema político-religioso. 



£1 Dr. Gabimo Barreda— Fundador y Director de la 
Escuela Nacional Preparatoria, sabio naturalista y eminente 
filósofo, dirige actualmente una publicación titulada Anales 
de la Sociedad Método fila que lleva su nombre. 

El doctor Barreda es catedrático de filosofía positiva en 
la Escuela Preparatoria y de Potologia general en la de 
Medicina. Luchó con mil escollos para ordenar y cimentar 
sólidamente la escuela que tiene á su cargo. 

En los años que lleva de dar oátedra de filosofía, ha for- 
mado notables discípulos que indudablemente seguirán sus 
huellas, y se ha conquistado un puesto honroso y envidiable. 

Casi toda la juventud estudiosa de México en el último 
período de diez años, ha sentido la buena influencia de las 
lecciones de este sabio. A nosotros nos tocó el honor de 



LK VIDA INTELECTUAL MEXICANA 469 

tenerlo por maestro y no encontramos palabras suficientes 
para ensalzarle como merece. 



D, Antonio Oarcift CubAs— Ha escrito su geografía 
de la República Mexicana, ha hecho varias cartas generales 
y las particulares de cada Estado; últimamente escribió una 
obra que fué traducida al inglés — República Mexicana en 
í(976, hablando de lo mas interesante de nuestro país. 

Dicha obra fué remitida á la Exposición Universal de 
Filadelfla. El señor García Cubas, tiene un magnífico lugar 
entre el grupo científico mexicano. 



Hilarión Frias y Soto— Es un escritor elegante y 
poeta inspirado. 

Mannel IKaria Romero — Hijo de don Vicente Romero 
y doña Dolores Arana, nació en México, precisamente en la 
época luctuosa de la entrada de los americanos, el año 1847, 
hallándose entonces su familia en una precaria situación. 

No contando aún catorce años, empleaba el poco dinero, 
que en su casa le daban los domingos, en comprar dramas 
y ¡ cosa mas rara ! su juguete predilecto era un pequeño 
teatro, en el cual se hacían esos prodigios infantiles que van 
encendiendo insensiblemente en el alma el amor al arte, 
culto que dura toda la vida. 

No había cumplido quince años, cuando vio morir á la 
que le había dado el ser, y fué entonces en medio del dolor 
sin nombre que embargaba su corazón, cuando tomó por 
vez primera la pluma y escribió tres cuartetas ¡ Cuántas 
lágrimas fueron las precursoras de sus primeros versos I 



470 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

El ano de 1859 se matriculó en el Colegio Nacional de 
Minería, del cual después de haber hecho con éxito sus 
estudios de primer curso, tuvo que sepirarse por carecer 
de elementos para comprar libros y últiles, y por haberse 
mezclado en una conspiración contra el gobierno conserva- 
dor que en aquella época estaba establecido. 

Su padre, buscando los medios mas fáciles de asegurarle 
el porvenir, le hizo aprender el oñcio de zapatero, del cual no 
llegó á vivir. Aprendió después el de encuadernador, y 
utilizó este oficio en sus propios libros. 

Parece que Romero estaba predestinado á ser el poeta 
del dolor; junto á una tumba sagrada se reveló á si mismo 
su pasión por las bellas letras y pasado algún tiempo, fué 
otra catástrofe la que lo inició en la vida pública. 

Una sangrienta mano acababa de alzar en Tacubaya la 
hecatombe donde están siempre fragantes las palmas del 
martirio, las coronas de la inmortalidad. Acababa de 
morir Juan Diaz Covarrubias, el poeta mártir, y Romero 
esbribió en su dolor sentidísimas estrofas que por la prime- 
ra vez dio á luz en el Boletin de noticias de 1860. 

Las circunstancias de su familia habían mejorado nota- 
blemente y pudo consagrarse á sus estudios mas favoritos 
desde el año de 61 hnsta el de 67. 

En esta época se pasó semanas y meses enteros encer- 
rado con sus libros. 

Fué enemigo declarado del Imperio, pero admirador de 
Maximiliano, de quien no ha escrito sino con elogio y 
respeto. 

Desdefines del año de 67, salió de su retraimiento y dio 
cátedras de francés, italiano y español en varios colegios. 
Fué después maestro de Geografía y para aprender el ale- 



LA VIDA INTELECTUAL MEXICANA 471 

man, estipuló dar clase de español en uq colegio alemán, 
DO podiendo pagar un maestro. 

Romero ha traducido magníficas poesías, leyendas y no- 
velas alemanas, conociendo á fondo á los mas afamados 
poetas de la patria de Goethe. 

Ha redactado sucesivamente El Ferro-Carril^ La Revis- 
ta, La Constitución Social^ La Juventud y El Monitor 
JB^pwfiZícam), teniendo en éste, jurados, pendencias, polé- 
micas, duelos, etc., sosteniendo siempre sus principios 
ultraliberales. 

Romero es un enemigo terrible y un amigo modelo. No 
reconoce términos medios y tiene por la amistad un culto 
firmemente arraigado en su corazón. 

Hoy ocupa un asiento en el Congreso de la Union al cual 
es diputado por el Estado de México. Merece esa honrosa 
distinción y es de esperarse que empleará su talento, su 
buena fé y su lealtad como partidario de la buena causa, en 
provecho del país y del Estado que representa. 

Ha dado al teatro un drama: Catalina de Suecia y es 
como poeta, modesto é inspirado. 

(Continuará) 

Juan de Dios PEZA. 

(México ) 



LA VIDA LITERARIA EK U AMÉRICA ÜM 

( NOTICIAS BIBLIOORXfICAS ACERCA DB LAS ULTIMAS PÜBLICACI0K1ES ) 

{Continuación) (t) 

Historia (le la República de Colombia por Carlos Benedetü — (Barran- 
quilla, imprenta de los Andes, 1883). 

Poco hace publicó en París el señor don Ricardo S. Pereíra, distin- 
guido diplomático colombiano y autor de varias obras estimables, como 
ser BU ii Proyecto de Código inter-andino^^ j otros, su notable libro — 
<<Le8 EtatsUnis de Colombie^ précis d'histoire et, de geograpkie», del 
cual transcribió diversos capítulos la importante <<Eeviie Sud-Amérieai' 
nci) que con tanto acierto dirige en París el señor Lamas. Ese trabajo, 
como el de Tejera acerca de Venezuela y el de Moussy sobre nuestro 
país, hacia un verdadero servicio á la América, dándola á conocer en el 
mundo. 

Acaba ahora de publicarse un libro notable en Colombia. La «ITts* 
torian del señor Benedetti, escrito en Lima por su autor, comprende 
los preliminares inmediatos de la guerra de la independencia y todo el 
periodo de lo que se ha dado en llamar patria boba^ periodo que ter- 
mina con el arribo de \ot terriblen pacificadores al mando da Morillo, á 
fines de 1816. 

Cinco años largos duró esa triste época de errores, que concluyó en 
tragedia espantosa, y fué la humana reproducción de la eterna fábula 



(1) Véase este tomo p. 320-831. 



LA VIDA LITfiRARIA EN LA AMÉRICA LATINA 473 

de loi galgos y podencos y qne no estaba probablemente escrita todavía; 
pero antes de la patria boba hubo ya inconsecuencias y delirios seme- 
jüDtes, como los ba habido después y los habrá en lo porvenir, mien- 
tras las pasiones ejerzan imperio en el corazón de los hombres. 

Bl siglo XIX se presentó para Colombia cargndo de pavorosos presa* 
gios. «El 4 de febrero de 1800 (dice el historiador) nn terremoto 
espantoso sacudió los corregimientos de Biobamba, Ambato y Latacunga: 
pueblos enteros sepultados, montafias enotmes desprendidas de otras 
mas elevadas, valles cubiertos de colinas, la tierra abierta en diferentes 
puntos, tragáLdose hombres, animales y habitaciones ; ríos perdidos y 
otros noevos brotando de las cimas de los montes, tal fué esa espantosa 
conmoción de la naturaleza que duró por dos meses y concluyó con la 
vida de 20,000 personas. Al cumplirse la predicción de Viracocha con 
la segnnda erupción del Cotopaxi, pasando el reino de Quito de mano 
de los indios al poder de los españoles, la naturaleza estremeciéndose 
marcó aquel suceso. No podía ella hacer menos al volver este país á 
manos de sus hijos qne iban A presentarse como ciudadanos libres é 
independientes en el mondo de las naciones después de 800 aftos de es- 
elavitod. > 

Tenia el virey A sos órdenes 8,800 hombrea de tropa de linea de todas 
armas, con 9,000 de milicias. 

Las rentas y contribuciones producían menos de 2 millones y medio de 
pesos; siendo los principales ramos, los estancos, los quintos y fundición 
qne se cobraban sobre el oro y la plata, las aduanas, las alcabalas y 
los diezmos. Las aduanas no alcanzaban á 200,000 pesos. 

« En 1707 (agrega la historia) Carlos IV, rey entonces de las Espaflas é 
Indias, de acuerdo con el reglamento dado por su antecesor en 1778, 
expidió la cédula de 18 de noviembre, permitiendo á los boques de las 
naciones amigas y neutrales, hacer el comercio con sus colonias de 
América. Esta medida nue tenia por objeto aliviar en algo el malestar 
de las colonias, fué anulada en 1800, quedando de nuevo restringido 
su comercio á los puertos y boques de Espafta. » 

Los tiempos de la libersad comercial estaban todavía distantes, como 
lo estaban los de la libertad en todo sentido. A cada dia le basta «m 
propio afan^ dice la palabra evangélica. 

Despu^ de la revolución de los oomuueros del Socorro, (1781) que no 

TOMO u ai 



474 KUfiVA REVISTA DB BÜBNOS AIRES 

tuvo importancia política propiamente dicha, el Vireíoato no mostrnLa 
ninguna veleidad subversiva. Pero en 1793 comenZAron á fijarse pasqui- 
nen eu Sbuta Fé contra el gobierno español, los cuales contenian ideas 
revolucionarias. « Al misnio tiempo (dice la Historia) el español don 
Francisco Cbrrasco denunció la circulación de un papel titulado Derechos 
del hombre que habia visto en manos del estudiante don Juan Muñuz, 
quien lo obtuvo de sn compañero don Miguel Cabal. En seguida la 
Audiencia inició tres procesos : el primero sobre sedición, el segundo 
sobre los pasquines j el tercero sobre la impresión do los Derecbos 
del hombre. Comisionados el oidor don Juan Hernández de Alia para 
el primero, don Joaquin Inclan pata el segundo j don Joaquín de 
Mosquera para el tercero, fueron presos como conspiradores el francés 
4on Luis de Rienz y el portugués don Manuel Froes, junto con Ignacio 
Sundino, Pedro Padilla, José Ayula, Francisco Antonio Zea, y los es- 
tudÍMutes Sinforoso Muiiz, José María Cabal, Enrique Umaña, Pablo 
Uribe y José Maria Duran. 

liesultó de estos procesos que la impresión de los Derechos del hombre, 
fué hecha por don Autouio Nariño, en una imprenta suya á cargo de 
dou Diego Kapinosa. Reducidos ambos á prisión, Nariüo confesó haber 
traducido los Derechos del hombre de un tomo de la historia de la 
Asamblea Constituyeute de Francia, que le prestó el capitán Ramirez, de 
Ih guardia del virey. Eu su defensa presentó nn escrito firmado por su 
abogado don José Antonio Ricaurte, en que demostraba que la impresión 
de los Derechos del lumbre no era un crimen. La Audiencia mandó 
recuger eu el acto cuautas copias hubiese de este escrito y envió inmediao 
tameute preso al doctor Ricaurte á un castillo de Cartagena, confis- 
cándosele sus bienes por orden del virey, al aprobar este la sentencia. 
Nariño fué condenado en 1795 á diez años de presidio en África, la cou • 
fiscucion de todos sus bienes y á destierro perpetuo en toda la América, 
mundándose quemar por mano del verdugo el libro donde sacó los Dere- 
chos del honibrCy junto con la defensa de Ricaurte. 

Nariño, Zea y 14 individuos mas de los comprendidos en los tres 
procesod, fueron remitidos presos á España en diciembre de 1795. Des- 
puüs de hnber sufrido un año de prisión, Nariño logró escaparse al 
\{v¿}iv ú Cá«Íiz y los demás siguieron á Madrid, donde fueron abáueitos 
tu 179'.) al prouunciarse su buuteticia por el Supremo Cunctg'u de íudiodi 



LA VIDA LITERARIA EN LA AMÉRICA LATINA 475 

mas cnfttro de ellos, complícadoB en la cneation de los pasquines, fueron 
condenados 4 Ins presidios de África. » 

La publicación de los Derechos del hombre se hizo á mediados d« la 
adtiiinistracion del virey Espeleta. En la administración siguiente — 
Mendinueta -~habo algunos .movimientos parciales, procedentes de causas 
diversas y al parecer aislndas. La gran marea se acercaba. 

Mendinueta hizo generosos esfuerzos paia obtener el indulto de los 
complicados en la publicación expresada. Este virey, como otros pre- 
decesores suyos, se distiuguió por su elevado espíritu ; pues es craso 
error imaginar que los representantes de la corona de Espafia fueran, 
por regla general, detestables. Algunos de ellos se empefiaron, aun, 
en el fomento de las letras y de laa ciencias como pudiera hacerlo el mas 
liberal gobernante republicano, y mostraron, ademas, singulares virtu- 
des. La época de Venero de Leiva, que duró diez años, mereció 
llamarse siglo de oro de la colonia. Solis, al dejar el mando, hizo 
donación de todos sus bienes al hospital de caridad y tomó el hábito 
de padre franciscano. Guirior fundó la biblioteca pública, Góngora 
estableció cátedras de matemáticas en el colegio del Rosario, organizó 
la expedición de Mutis, en que figuró Caldas, é hizo donación de las 
rentas del arzobispado para reparar, en lo posible, los estragos del terre- 
moto que ocurrió en 1795. Espeleta ayudó á fundar el teatro nacional y 
estableció escuelas parroquialci. 

La persecución contra Narifio y demás comprometidos en la publicación 
de los Derechos del hombre fué cosa enteramente natural en aquellos 
tiempos. Podríamos citar vejaciones semejantes cometidas mas de una 
vez, durante el régimen republicano. Expresas condenas á presidio 
DO ha habido ; pero sí se han destruido las imprentas y se ha perseguido 
mortalmente á los escritores por tnrbas odocráticas ó por sicarios, 
con autorización y complicidad de poderes emanados en apariencia á lo 
menos, del sufragio popular. 

El espíritu de intolerancia y persecución es una enfermedad politioa de 
que ningan sistema en la práctica está exento. Es por la acción de un 
general progreso en las ideas y acaso por la modificación fisiológica ó por 
efecto de nna educación sostenida, que llegaremos á sentir verdadera- 
roei.te por las agenai opiniones, y aun por las agenaa debilidades si s^ 



476 NUBVA RtíSVISTA DE BUENOS AIRES 

quiere, el respeto ó la iudulgencia, qtie para nosotros con tanto empeño 
reclamamos. 

Los Derechos del hombre publicados por Narifio eran la síntesis de 
la revolución francesa que estaba palpitando terrible en aquella miaoiA 
época. Se trataba con ellos de reemplazar todo lo existente j arrai- 
gadu en la Europa feudal ; de abolir la rejedad tal Cx>mo venia funcio- 
nando á través de los siglos. El problema interesaba tanto á la corona de 
España como á la corona de Francia ¿Cómo habria podido un vire^ 
espaüol dejar impune la revolucionaiia publicación? 

Cada uno cumplió con su deber: Nariño inmolándose por poner eu 
movimiento las nuevas ideas redentoras; el rey atajando con todos loa 
medius, que para él eran perfectamente legítimos, la propagación de e^aa 
ideas. 

£1 régimen colonial debia abrigar necesariamente en si mismo los 
vicios fundamentales, no solo por el atraso de los tiempos, sino porqne 
la formación de colonias tiene por objeto p'imario favorec<)r, en diversos 
sentidos, los intereses metropolitanos que, no pocas veces, exigen el 
olvido de la equidad y hasta el de la estricta justicia; pera la emancipa- 
ción de la América española se habria cumplido siempre cualquiera que 
hubiese sido el régimen de gobierno que se le hubiera aplicado. Este 
régimen fué tan liberal como podia pretenderse, atendidas las circunstan- 
cÍH8, en la América inglesa, y sin embargo, esta última región sacudió, y 
antes aun, el yugo de la metrópoli. Ea el movimiento hispano -ameri- 
cano pudo tener influencia la revolución francesa ; pero la emancipaciou 
de nuestros hermanos del norte del continente no fué posterior sino 
anterior á dicha revolución; de manera que mas bien ella fué causa 
que efecto. 

Forma la América española nn territorio demasiado vasto y opulento 
para que pudiese ser su final destino el vivir en dependencia de nna enti- 
dad política lejana, y proporcional mente débil para cumplir la complicada 
misión de dar alimento espiritual, por decirlo así, á la mas dilatada é 
inculta comarca que jamAs estuvo sometida á unas mismas leyes. En 
condiciones de vida colonial mejores, la América inglesa se independiaó 
como queda dicho; y los proligios de prosperidad que ha realizado en ou 
higlo de existencia propia, demuestran que el hecho de su independencia 
te halluba indisolublemente ligado á una extensa y piovidenciul generación 



LA VIDA LITERARIA EN LA AMÉRICA LATINA 477 

d« fenómenos Rocinles, y quf> era, por tanto, ese hf'cho, de ineludible, de 
providencial verifícacion. No ha sido tan rápida la América eBpafíola 
en 8118 progra<^08 mat<*riaIeBf pero ella sirve de teatro, ó laboratorio, á un 
orden de principios que, considvrados excelentes en gí mismos j conté* 
niendo aun probablemente los gérmenes de la política futura universal, no 
es posible ensayarlos en la requerida escala, en el seno de viejas sociedades 
tan llenas de preocupaciones y de intereses hostiles á toda seria regene- 
ración. 

A los pneblos de este continente tocó luchar por su independencia ; no 
precisamente para salir de un régimen ignominioso como se dice comun- 
mente, sino porque la hora habia llegado de que tomasen la toga viril 
y emprendieran camino en busca de mas luminosos horizontes. A no 
estar nuestros pueblos dominados por una misteriosa fuerza impulsiva, 
después de los cinco años de desgracias y decepciones de todo género 
que terminan con la aparición de los pacificadores, ellos no habrían en- 
contrado aliento para empezar nuevamente la desproporcionada y tem- 
pestuosa lucha. 

Hé aqnf lo que dice el sefior Benedetti : 

« Con estos hechos que dieron tal situación, concluye el periodo de 
la revolíACwn de los pueblos de Colombia; período de heroísmo, sufri- 
mientos y desgracias y al mismo tiempo del germen de nuestras discordias 
civiles y que los antiguos patriotas que fundaron mas tarde la segunda 
República llamaron la patria pasada ó la patria bohay porque candidos 6 
cosa semejante fueron sin duda alguna aquellos patriotas de 1810, que 
antes de independizar la patria, pensaron en por quién, y cómo debia 
gobernarse, ocupándose casi únicamente del establecimiento del poder 
civil. Emprendieron una grande y doble obra. Quisieron á nn mismo 
tiempo independizar y hacer libre á su patria, pues que an pais puede 
ser independiente sin gozar de los benefícios de la libertad. Nacidos y 
educados en la servidumbre ; acostumbrados i una obediencia sin examen; 
temerosos hasta de las maq bajas autoridades; imbuidos en falsas máximas 
religiosas en favor del rey de Kspafia; anonadados con los horribles tor- 
mentos de la infernal Inquisición; divididos en muchas clases con in- 
tereses contrarios entre sí; sin disciplina militar, sin armas ni gefes, la 
olva que emprendían era bien difícil, tanto mas, cnanto que los tiranos 
que gobiermui largo tiempo, tienen siempre un partido fuerte y poderoso. 



478 NUBVA REVISTA DB BUENOS AIHfiS 

Cometieron gran des errores; pero por graves que fueran sus faltap, Lay 
que hacerles esta justicia bien rara por cierto: supieron morir. > 

El (rabajo del señor Beno'letti, en general es claro y metódico, la 
inspiración patriótica en él domina, así como un elevado criterio. Con 
mayor copias de datos auténticos, esta importante obra podrá mas tarde 
recibir valiosa extensión. La tarea del historiador tropieza con dos difi- 
cultades: la insuficiencia de los informes, y la insuficiencia del juicio 
del que escribe, uo tanto por falta de entendimiento como por defecto 
de serenidad. Es grato reconocer, que en su escabrosa labor, el autor 
casi siempre se ha mostrado superior á este mismo escollo, que es el 
mas fundamentalmente grave. 



* 



Si^te tratados—por Juan Montalvo — Besan zon 1882, 2 vols. 

Poco conocido es en el Rio de la Plata el famosísimo polemista 
ecuatoriano don Juan Montalvo, cuyas elocuf^ntes y ardorosas Caiilina- 
rias han contribuido no poco á derrocar al tirano Veinteiuilla, y á quien 
unos de los eminentes literatos americanos, don Adriano Paez, ha cali- 
ficado en La Patria de igual de Juuino y de Fourrier. 

Montalvo es un escritor tan castizo como valiente; sus ideas fluyen 
elocuentes y en sonoros periodos; su lógica inflexible escudriña y con- 
vence; su erudición profunda asombra, y el lector no sabe que admirar 
mas, si al brillante estilisista, al valeroso paufletario ó al sesudo escritor. 

Los Siete tratados están lujosamente impresos, aunque bajo el punto 
de vista tipográfico adolecen del grave defecto de carecer de índices. 
Se compone de diversos capítulos en que el autor discurre sobre los 
temas mas variados. 

Sobiesulen entre estos, el capítulo de la nobleza, de laoratofia^ déla 
belleza, del genio, loa héroes de la independencia^ Simón Bolivar y el 
carioso banquete de los filósofos. Termina la obra un trabujo curiosísimo 
en 12 capítulos, titulado El Buscapié, prólogo de uu libro iuédito: «£»• 
sayo de imitación de un libro inimituble, ó capítulos que se le oloidaron 
á Cervantes. > 

Los cervantistas le estarán sumamente gratos al señor Montalvo por la 
manera como estudia al glorioso Manco de Lepauto y á su incomparable 



LA VIDA LITERARIA EN LA AMÉRICA LATINA 470 

Den Quijote de la Mancha. Desde el mngístral estudio de don Juan 
Valei'ft, no he leído en ídionift castellano mas brillante análisis y mas 
entusiasta apología. 

En el capitulo sobre Simón Bolívar traza el autor nn asombroso 
paralelismo solo entre Bolívar j Washington, cosa hecha ya aunque de 
inferior modo por el general O'Leary, sino entre Bolívar y Napoleón, en 
el que se leen páginas sublimes verdaderamente, pues ha sabido pintar 
al vencido en Waterloo con coloree mas vivos que Manzoni, Lamar- 
tine y Víctor Hugo. 

En el capítulo sobre el genio tiene Montalvo rasgos admirables. Hó 
aquí una muestra de su estilo inimitable: — 

« Alfredo Tennyson es bardo de ingenio, pero no es genio, como 
Byron. T si á cualquier hábil Almirante de los que gobiernan las 
notas de la reina de los mares, le ponéis en decena con el vencedor de 
Trafalgar, en vano se habria levantado Nelson sobre todos los hijos del 
Océano mirándolos para abajo, como si la tierra se hallara entre la 
nuestra y la bóveda celeste. Villeneuve, Gavina, don Cosme de 
Churruca, son oficiales valientes y entendidos: Napoleón en tierra firme, 
Nelson en el teatro del agua eterna, son genios. Los hombres de 
ingenio abundan en Italia; los genios allí mismo son raros: entre los de 
nuestro siglo no hay ninguno, sino es en la política el conde de Cavour; 
en las letras humanas Manzoni mismo, ni por alto alcanza las proporciones 
del genio; es hombre superior, eminente, pero no de la talla del Dante, 
el Ariosto, el Tasso ; ¿qué atrevimiento es ese de robarle en Alemania 
á QoTithe la mayor parte de sus grandiosas facultades llamándole ingenio 
á secas? Qocthe es un genio, Schtller otro: Enrique Heine es hombre 
de ingenio, buen poeta. Si ni por noticia queréis apreciar esta diferen- 
cia en haciéndola yo, probad á disputarle á Horacio la verdad de ella, 7 
veamos como os formáis con el padre de las humanidades. 

<No honréis, dice, con el hermoso título de genio sino al ingenio 
sublime qua se espresa en noble y magestnosa manera. » El sublime, 
el sublime de ingenio es requisito indispensable del genio. El ingenio 
puede ser modesto, humilde y hasta bajo: el genio es sublime, siempre 
sublime; y sublimidad no existe sin grandioso atrevimiento, fuerza incon- 
trastable, ímpetu irresistible. El ingenio es juicioso, tímido muchas 
veces; su vuelo ro traslimita el espacio de una apocada sensatez: el genio 



480 NÜBVA RSTISTA DB BCBN08 AIRBS 

86 Mgíttt en ona como demencia celestial, bate laa alas impetuosamente 
j encendidos los ojos, ae dispara, bien como el rej de los aires desde 
la cnmbre del Atlas, 6 como el nuncio de Dios atiaviesa el Universo 
cnal meteoro divino. 

(< El genio, puest-o sobre su trípode, levanta la frente al cielo, sacude 
la melena, devora el espacio con la vista, y exclama: Veni^ creator 
spirituH, El espirita creador desciende sobre él, le ilumina, le posee, 
7 eee mortal divinizado por esa temible visita, echa fuera torrentes de 
inteligencia en forma de poemas, templos, óperas, estátoaa, cuadros j 
batallas. » 

No es posible analizar rigorosamente loa Siete Tratados del sefior 
Montalvo, por la misma razón que es imponible hacerlo con los 
Eneayoe de Mootagne ó laa Máxima» de La Bochefoacauld. 

Pero no quisiera concluir esta rápida noticia, justo tributo pagado por 
la « KUBVÁ RBVI8TA » á lo8 niéritos de nn escritor tan eminente, sin 
dar ¿ conocer los párrafos inimitables en que se refiere el oraifír, Héloa 
en seguida : 

« La elocuencia ha venido á menos en loa tiempos modernos, no qaizá 
porque las facultades intelectuales del género humano hubiesen sufrido 
detrimento, sino porque los términos de sus dominios son tan estrechos 
en el dia, como en la antigüedad fueron espaciosos. Un orador sobre- 
saliente obraba sobre el Animo de un pueblo todo: su teatro era ana 
pinza, ó un edificio de inconmensurables dimensiones, donde su voz iba 
Hubieudo de punto y dilatándose, sin importunas bóvedas ni paredes 
necias que le cortssen el vuelo. Demóstenes, señalando desde el hema 
«1 campo de Maratón donde yacen los huesos de Milciades, es uno como 
dios que remueve en el pecho del auditorio las pasiones maa profundas; 
y Cicerón en la plaza de la Boetri, haciendo temblar y traaadar á 
Julio César, que está ahí colgado de su palabra, es el genio de Roma 
encarnado en un varón hermoso. Ahora ni siquiera existtt la tribuna, 
ese pulpito de la pa.tria donde los girondinos, sacerdotes de la República, 
disparaban sus principios en forma de rayos bienhechores. Digo mal, 
la tribuna ha sido últimamente restablecida en Francia; pero habiéndoae 
perdido los hábitos de Is grande elocuencia; el papel del orador es mas 
sencillo y modesto, y su poder mucho menor que el de los aatígaoa. 
Ni siquiera hay libertad de oido, dando de barato que la hubiese depaU- 



Lk V.DA LITERARIA BN LA AMÉRICA LATINA 481 

bra: un palaoio de dimensiones comunes, una sala de ámbitos mezquinos; 
puertas, baiandages, cerrojos contra el pueblo, estos son los azotes del 
arte subüme con que un hombre solo disponía de millones de almss, y 
arrastraba al campo de batalla á una nación entera. Qué importa 
que la tribuna esté ahí, ouando no baj una voz que resuene por la Francia, 
Bt un pueblo francés que acuda á endulzar los oidos y temblar el corazón 
con sus modulaciones horriblemente armoniosas? La elocuencia, la 
grande elocuencia, se fué como los dioses de Atenas: los oradores de 
nuestros tiempos no son hércules intelectuales que conmueven la Grecia 
y hacen temblar el Helesponto; no son esos enemigos de poder sobrenatu- 
ral que in6aman de cólera á Filipo; no son esos genios visibles, espíri- 
tus palpables que, ardiendo sobre los malos hijos de Roma, les consumeii 
con la palabra prendida en el fuego sagrado de la patria : son hombres 
comunes, casi vulgares, que hablan como de conversación, cada cual 
desde su asiento, sin música en la vos ni fuego en la sustancia, fríos ellos 
mismos^ en medio de un concurso helado. 

La oratoria pierde mas y mas su poesia: la flauta de Gayo Graoo no 
es necesaria para ningún orador; esa flauta con que Lisinio domefiába el 
fuego en que su terrible amo estaba ardiendo en presencia del pueblo 
delirante. Dicen que Marco Tulio principiaba sus discursos en voz tré- 
mula, pálido el rostro, sudando en uno como santo miedo; pero á medida 
que se le iba calentando el alma, ese hombre empezaba á elevarse, libre 
de trabas, poderoso, y subia, y subia, y se quemaba en el sol, abrasando á 
los millares de circunstantes que tenia debajo de su poder olímpioc. 

Nosotros los sud -americanos, que presumimos de entendidos, engafia* 
dos por la ignorancia, hemos dado á la flor de atribuir la palma de la 
elocuencia á cualquier representante ó histrión que echa los bofes con 
los gritos, y se vuelv» pedazos por hacerse admirar del auditorio. Esto 
no es mas que ridiculez; pero hasta las comparaciones razonables son 
absurdas; ¿pues uo hemos visto un buen escrito, donde á tal orador de 
nuestra sangre se le reputa muy mperior á Demósttnef y Cteeronl 
Imposible no seria que naciese un hombre agraciado por la naturaleza 
con las mismas dotes intelectuales que esos célebres antiguos; mas si lo 
seria que llegase á medirse con ellos en el arte de la elocuencia: esos 
tueroii raaestroa consumados á quienes las circunstancias de esos tiempos, 
lai costumbres, las oportunidades y mil cosas que no existen en el dia, 



4S2 NI7BVA RBVISTi DR BÜHN03 AIRES 

▼olvian nnoa como giSnios 6 espiritas corpóreos que no tendrán competid 
dores en nuestros míperables siglos. Castelar nrmy soperior á Demóste- 
nes. ... Y dónde están sus rajos? no es sabido que este Júpiter log 
lanzaba sobre los macedonios, y reducía á cenizas á esos bárbaros enemi- 
gos de Atenas? Superior á Demos tenes ... . Y donde está el béma 
donde se encastille y resplandezca este monstruo seductor? dónde la 
plaza henchida de oyentes ávidos ; dónde Platón, dónde Alcibiades que 
aplaudan ? Castelar superior á Cicerón .... Y donde la espada do 
dos filos con que este campeón de la libertad le abre el pecho á Catilina 
y le bebe la sangre en las fuentes de la vida? dónde la burla seductora, 
la sal ática con que se apodera del ánimo de ios jueces y salva á su 
cliente? dónde el vigor con que persuade, la vehemencia con que con- 
mueve, la sensibilidad con que hace verter lágrimas? dónde el Pompeyo 
á quien admira, el César á quien subyuga, el Bruto á quien exalta? dón- 
de el Capitolio, el Aventino, el pueblo romano ? Cicerón es un gigante que 
se eleva en la antigüedad y hiere con la cabeza el firmamento apoyado en 
dos mil afios. Los predilectos de la fama estin ungidos con el óleo 
cuya redoma encantada guarda un ángel en el cielo ; nadie toca ese vaso 
sagrado, sino algún hijo dichoso de la naturaleza que nace de la inmor- 
talidad, y rompe por los tiempos en busca de la gloria. Castelar es hom- 
bre de talento, cursado en las fórmulas de la peroración; Castelar es 
buen patriota; Castelar ha tenido el mérito y la habilidad de volverse 
conocido en uno y otro continente; Castelor es español, no griego ni 
romano; ¿llevará á mal que nosotros, enemigos de adulaciones estrava- 
gantes y de hipérboles ridiculas, no le tengamos por superior á Demos- 
tenes y Cicerón ? Castelar es, sin duda, hombre de juicio, y concurre 
en el propio dictamen con sus amigos del nuevo mundo. 

En la campiña romana, en esos tiempos felices en que ella estaba 
cubierta de bosques frondosos y salutíferos, se veía sobre una altura 
una casa de campo rodfiada de jnrdines. Las fuentes rústicas, sombrea- 
das por la retama silvestre y el jazmin poético, prestan soledad y silencio 
á las ninfas que en ellas se bañan en desnudez inocente; el sátiro lascivo 
no penetra en ese resinto de la pudicicia, porque Veeta tiene un altar en 
la comarca. Un torrente de plata derretida, crespo y ruidoso, se preci- 
pita por una negra roca, á cuyo pié forma una amable oscuridad el grupo 
de higueras que allí se están gozando de su dicha humilde y retirada. 



hk VfDA L.TER.vaiA EN Lk AMÉRICA LATINA 483 

Largas calles de árboles arrsncan de las puertas de la casa, extendidas 
en todas direcciones, en tanto que las flores, muchas j mny bellas, 
eoncilian color, olor y alegría A .esa mansión de las Masas. Su duefío 
es un filósofo que asi gusta del ruido del Foro y de las cosas públicas, 
como del silencio y el oWido del campo. Reuniéronse en ella un dia 
varios patricios notables, por no decir varones ínclitos de Boma. El 
amo era Lucio Graso, el primer orador de su tiempo ; sus huéspedes ó 
visit»doreS| Mhrco Antonio^ abuelo del insigne picaro que mandó cortar 
la cabeza á Cicerón ; hombre de saber y de bien, perito en la elocuencia ; 
César, antecesor del gran capitán de este nombre; Escévola el juris- 
consulto, y los jóvenes Snlpicio y Cotta, reunidos en esa verde quinta 
con el objeto de hablar y discutir en oratoria. Escévola, un sabio, se 
puso á demostrar que al orador le bastaba un escaso caudal de conocimi- 
entos, como posea el don de la palabra y esté animado por el fuego de la 
patria. Marco Antonio le salió al frente; César hizo fisga de él, y los 
jóvenes Cotta y Snlpicio, con ser que todavía no sabian mucho que 
digamos, protestaron contra el viejo Escévola, califícnndo de absurda su 
proposición. Cuando á Craso le hubo llegado su vez, demostró que el 
orador debía ser una enciclopedia viviente 'y esto es, que debía saber de 
todo, y nada por encima, eiuó viendo y tocando la esencia misma de las 
cosas. Si la lógica es* necesaria para discurrir y convencer, el tanteo de 
bis paciones es indispensable p<«ra conmover. El buen orador posee 
conocimientos altos y profundos: si habla de leyes, es jurisconsulto; 
si de moral, explaya sus principios ; sí de filosofía, no es extrafio á sus 
sistemas, ni sus máximas están puestas en olvido. ¿ Cómo hablará uno, 
por clara quesea su inteligencia, de materias que no ha estudiado ni 
leido? El orador es un hombre de bien, hábil en la elocuencia, dijo 
CatÓJ. Para ser hombre de bien, preciso es el conocimiento y la prác- 
tica de las virtudes ; y las virtudes no proceden de la ignorancia A 
hora, pnes, ¿cómo ser hábil en la olocueucia sin un depósito inmeuso de 
ideas en la cabeza, sin un mar de sensaciones y afectos en el pecho? 
La dialéctica es cadena compuesta de eslabones muchos y preciosos : 
buen dialéctico no puede ser el que no posea la critica, que es la ciencia 
del discernimiento, la lógica, que es la ciencia de las deducciones y las 
conclusiones ; y estas dos ramas del saber humano presuponen noticias 
de las cuales en ninguna manera prescinde el que toma á pechos la defensa 



484 NUBVA. nsrifsTk db bübnos aiobs 

deis justicia, los interesM delapfttnn, el esUbleciraiento de U moni, 
todo formando este gnode, hermoso coijanto que llamamos buena poli- 
tica. El qoo osda sabe acerca de ana materia, ¿ cómo ha de hablar 
sobre ella? Le faltan las ideas, y donde no hny ideas no omrren las 
palabras : ¿cómo han de ocarrir étntas, cuando no hacen sino representar 
hm cosss? Palabras lin fundamento, sin raEon ni sentido, son necedades 
ó locaras. Los insensatos no dejan de hablar, los tontos hablan también; 
esto no es hoja de servicios suficiente para que les hagamos senadores ó 
representantes de la nación. Un buen diputado puede no ser nn buen 
orador ; el don de la palabra es más raro que el numen poético : teme- 
ridad seria ezijir que todos los diputados fuesen oradores admirables; 
bastará que sean personas de buen sentido, juicio recto, espirita elevado, 
ánimo vigoroso, temperamento firme; hombres que sepan á lo menos 
ouál es su encargo 7 cuáles sus deberes para con sus comitentes ; hom- 
bres de bien, aunque n¿ sabios ni filósofos, por lo manos dueños de 
los conocimientos indispensables para el objeto con que se han reunido. 
Pero no hablamos hoy del diputado sino del orador. Guando el viejo 
Escévola hubo eido el parecer de sus amigos, se sonrió y dijo que 
ciertamente él había pensado que podia haber oradores ignorautee y ora- 
dores tontos; pero después del discurso de Craso, no le quedaba duda 
en que esos no serian oradores, sino simplemente tontos é ignorantes. 

Vieron entonces los demás como el viejo ladino se había propuesto 
contradecirles de antemano, á fin de excitar el ardor del concurso, y 
herir, digamos asi, en la palabra de sus elocuentes amigos. 

Un critico moderno sagaeisimo, Sainte-B^uve, pretende que hay pala- 
bros peculiares á ciertos individuos, según el genio ó la Índoles de cada 
cual. Un hombre profundo y sinceramente religioso escribirá DioSi 
inmortalidad^ misericordia á cada paso: un platónico dejará caer el 
ú{/fyttto de sus labios cien veces al dia, e{ espado^ el universo: un poeta 
es familiar con el dolor profundo ^ la esperanza, la desesperación. 
Chateaubriand, Lamartine, Victor Hugo, echan repetidas veces sus voca* 
blos predilectos. Los de este último son grandeza, tempestades, gigantes 
y otros que descubren el temple de ese bardo sublime. Pues nosotros 
pobres gusanillos, por haber dicho gigante una vez, vamos á dar una 
trancada gigantesca, y tragándonos veinte siglos por arte de encanta- 
mento, pasamos de los oradores antiguos á los modernos, de Demóstes 



LA VIDA LITERARIA BN LA AMÉRICA LATINA 485 

nes y Cicerón á Enkíne, Bolimbroke; á Mirabean, Vergniaud. Y todaviA 
no D08 detenemos en ellos ; la estrechez de estas páginas no ofrece 
espacio para tan grandes hombres ; lo que conviene es llegar á nuestros 
dias : ahí están lord Derby, Gludstone, Julio Simón, Gambetta, Pi y 
M&rgall, Salmerón, Ehl y qué haremos aquí con gente tan florida? 
El tomillo del articulo está apretando ya: nuestro deber hubiera sido 
delinear nuestro orador, hablar de él, tomar sus lecciones y trasmitirlas 
A los no muy católicos de instrucción. Demóstenes y Marco Tulio le 
han suplantado, le han robado; picaros! ah! picaros! Nuestro orador, 
el orador ecuatoriano es el que importa, el que vale: é»te con- 
vence, conmueve, enseña y deleita ; cierra con ios tiranos y dá con ellos 
en el polvo ; funda la libertad y la vuelve perpetua ; ora por la patria y 
la engrandece. Los ambiciosos, los insignes impostores, los enemigos 
públicos tiemblan en su presencia. La bayoneta no le asusta menos 
que á Febricio los elefantes de Pirro : la espada no le estrecha, ni el 
empleo le compra, ni la lisonja le desquicia : procomunal ilustración, 
honra, gloría, éstas sus divinidades: por ellas muere. Tenemos Conven- 
clon; pnes le veremos, leyíremos. 

Un romano contrahecho, viejo, feo, malísimo parlante, sube cojín 
cojeando á la tribuna. Craso, el mis no que hemos visto poco há, ex* 
clama al pié de ella : | Por fin llegó el dia de que oigamos á este joven 
y bello orador! — No soy bello, responde el pobrecito; ni estuvo en mi 
mano componer la obrado lanaturalesa: lo que es el entendimiento, el 
alma, mió ha sido cultivarlos.— 'Pufs oigamos, replica el maligno espeo* 
tador, este prodigio de elocn^'ucia. 

No hay que tomarlo en mala parte, amigos: semejantes á los ilustres 
europeos que hoy dan la ley á sus naciones respectivas, no lo podemos 
ser. Semi'bárbaroi menesterosos de nociones filosóficas, morales y 
políticas, plugiese al cielo que descontásemos los errores de la ignorancia 
con los aciertos del patriotismo. Semi-bárbaros, no lo digo yo, Dios 
me perdone; asi nos llaman los pueblos civilizados del viejo mundo, y 
nosotros tenemos la culpa. Sabios no somos tudavia; seamos hombres 
de bien, para ésto no habernos menester la inteligencia de Vul taire ni 
las lucubrucioues de Leibuitz. Si por otra parte nuestras fueraas no 
alcajisan las virtudes de Catón, por lo menos dejemos de ser corrom- 
pidos y canallt^ : hagamos algo por la República, no todo por nae^troi 



486 NÜBVA REVISTA DE BÜBKOS AIRES 

dioses personales; algo por la comanídsd, no todo por el indivídao. 
Hombría de bien, cordura, pundonor, desinterés son también sabi- 
duría. » 

Apuntes iobre la topografía fisiea de la Bepública del Salvador ^Vor 
el doctor David y Guarnan — San Salvador, 1888 — en 4^ ¿e 500 
páginas. 

El movimiento literario salvadoreño es diariamente mas activo, y 
aunque muchas personas de la Amériua Central deseen facilitar la tarea 
de la «Nueva Revista» al proponerse dar á conocer las producciones 
intelectuales de aquel pais, es sumamente difícil hacerlo, porque requie* 
ren las obras que de allí bondadosamente remiten sos aniores, una lecto- 
ra doblemente detenida, por tratar de asuntos de ordinario no muy 
familiares á los que escribimos en el Rio de la Plata. Es así como no 
le ha sido posible aun á la « Nueva Revista » ocuparse de la nueva obra 
«Beaefía histórica de Centro América» (publicada en Guatemala, cuatro 
gruesos volúmenes de 800 páginas) que su autor, el doctor Lorenzo Mon- 
tufar, Ministro de relaciones exteriores de su pais, tuvo la amabilidad de 
mandar. 

La prensa salvadoreña, por lo general ¡lustrada é importante, como 
uLa Bepública» de San Salvador, llega con mucha regularidad. 

La obra del doctor Guzman es sumamente interesante. En sus muchos 
é importantes capítulos se descubre al publicista de recto criterio, al 
escritor entendido y patriota que busoa la verdad con i n tendón sana y 
con fé en el porvenir de su hermosa patria. Con razón varios periódicos 
salvadoreños han tributado sus alabanzas al señor Guzman : « Hombres 
laboriosos y desinteresados necesita el pais, en vez de politicastros fallo- 
nes y malandrines, y opositores por sistema. » Estos conceptos fueron 
espreeados por i< La Juventud» de San Salvador, refiriéndose al señor 
Guzman y á sus libros. 

La industria minera es nno de los asuntos que mas esmerada atención 
ha merecido al escritor salvadoreño. Sus indicaciones serán provechosas 
si se estudian y meditan concienzudamente. Al hablar de las dudas que 
á cerca de ese ramo exi&ten, procura el escritor aclarar los problemas 



LA. VIDA LITERARIA EN LA AMÉRICA LATINA 487 

y dice, entre otras cosas, lo que sigue : «Nos atrevemos A asegurar que la 
explotación de las minas de esta República, si algún dia ésta se trata 
como en los Estados unidos de América, Chile, Brasil y Perú» empleando 
para la dirección de los trabajos capital suficiente y peritos en la materia, 
vendrá á ser, como en aquellos paises, la mas importante de todas. » 

El autor de los Apuntamientos funda su parecer en la riqueza mineral 
que en aquel pueblo existe : sus consejos son muy acertados y aunque en 
sus cálculos quepa quizá alguna exajeracion nacida de cariño por los 
intereses patrios, pues acaso en este punto no esté tan pródigamsnte 
dotado el Salvador por la naturaleza como el Perú y otros pueblos de la 
América, y la agricultura le brinde con mayores ventajas ; sus indica- 
ciones son muy atendibles y merecen pasar al campo de la práctica, 
aprovechándose de ellas los capitalistas ó sociedades que se formen para 
ese género de empresas verdaderamente productivas. » 

En consonancia con tales ideas s^ desarrollan hermosos pensamientos 
al tratar de la industria minera y de las acuñaciones en la sección respec- 
tiva de la i^MematHa de Hacienda» elevada en el presente año á la 
Legislatura ordinaria de la República del Salvador por el estimable minis- 
tro del ramo señor don Pedro Meaendcz, amigo decidido del des .trullo 
de las varias fuentes de riqueza de aquel pais. 

Otro de los estudios en que luce su buena pluma el señor Guznian, es 
el emprendido en el capitulo VI sobre la botánica : las plantas medicina- 
les, las colorantes, testiles, oleaj^inosas y alimenticias del Salvador, están 
detalladas con ese cariño que el asunto inspira al escritor facultativo. El 
árbol del bálsamo es objeto de sus investigaciones interesantes. 

Al ocuparse de la inmigración en el capítulo XIII, presenta el punto 
bajo sus varios aspectos: « Es digna, dice, de fijar la atención, de nues- 
tros gobiernos la relación que exiate entre el crédito nacional de estos 
paidcs en el exterior y la inmigración de activos é industriosos colonos. 
Cualquier sacrificio pecuniario hecho en el sentido de favorecer la inmi- 
gración del pais, no es un dinero arrojado por la ventana, no es un 
desembolso infructuoso y quisiérico. Es un valioso capital que el Estado 
pone A rédito y que está destinado á poner al pais en posesión de nume- 
sas fuerzas productoras, de doude se derivarán todos los desorroUos del 
progreso y de la civilización bajo sus múltiples formas. 

Machis matcritts comprende ese volumen ; en él se discurre lergamente 



488 NUEYA REVISTA DE BUENOS AIRES 

sobre U historia natural del Salvador, sos producciones, indaetríaB, 
comercio é inmigración, climas, estadística etc. etc. Contribuyen á 
adorLarlo algunos hermosos rasgos historíeos entre las razas aborígenes 
de este pais, sus costumbres, religión y gobierno. Ese capítulo merece 
nuestra particular simpatia, la misma con que vemos las obras de histo- 
ria patria de los ilustres centro* americanos don José Milla y don Tomás 
Ayon, que tanta enseñanza encierran. 

Se jé, pues, qne razón sobrada tiene la c Nukvá Revista » para acoger 
calurosamente tan importante libro. 

(Continuará) 



GÚDIGO DE POLICÍA URBANA ¥ RURAL 



PARA LAS PROVINCIAS 



DB LA 



REPÜBLICA ARGENTINA 0) 

(continuación) 

Marchamo, Grulaft y Certlfleados 

Art. 1«S7 — Es prohibida la estraccion de haciendas, cueros cerda y 
lana, sin antes acreditar ^u legitimidad por medio de las guias corres- 
pondientes y por la del marchamo en los cueros de los animales de especie 
ronyor, los cuales, cuando procediesen de la canipafia y no sean de los 
que benefician los abastecedores, deberán traer la contramarca eu la 
parte del cuello ó de la quijada. 

Los Jueces de Paz y comisarios de campafia otorgaran en el papel 
sellado que la ley determina, las guias para la estraccion que quiera 
hacerse, precisamente, en sus respectivos distritos, de toda clase de 
ganados, como también de toda clase de cuerambres y demás artículos 
eonooidos por frutos del país. 



(1) Véase la «kübva rbvista» en este tomo, p. ?4 1-344. 

Habiéndose notado la falta del art. 76 en la publicación del presente 
CódigOy se salva esta omisión trascribiéndolo en 8eguida:-^«Art. 76^- 
T»tnpoco e« permitido mantener perros bravosa otvos aDÍmul<*8. » 
TOMO )X 82 



490 NUEVA REVISTA DE BaSNOS AIRES 

Art. 138— Los Juecea de Paz y comisarlos para eatender esas guiasen 
cuyo cuerpo se harán constar las marcas y señales, el número de anima- 
les ó de cueros, la calidad de ellos, el número de arrobas ó libras de 
lana ó cerda, el establecimiento á que pertenezcan, el nombre del vende- 
dor y comprador, y, en su parte final y en letra, el número de marcas 
y señales que la guia contenga, — deberán referirse á loa certificados 
espedidos por el dueño ó vendedor del ganado ó frutos ó por sus 
m iyordomos ó representantes, los cuales, para el efecto, deberán serles 
presentados por el comprador extractor por quien las guias se soliciten. 

Guando los Jueces Paz ó comisarios no tuviesen pleno conocimiento de 
la autenticidad de los certificados que les sean presentados, ó cuando se 
duduBe de ella, no espedirán las guias que se les pidan sin que antes 
dichos certificados sean á su presencia reconocidos por el dueño ó ven- \ 

dedor de los ganados ó frutos ó por quien á su nombre los haya legitinia- 
nieute espedido, 

En el mismo caso, los Jueces de Paz ó comisarios, tampoco otorgarán 
lus guias que se les pidan, cuando antes no se haya acreditado que los 
correspondientes boletos de marcas y señales no se hallan vencidos. 

Art. 139^Todo comprador de ganados ó frutos, para legitimar su 

adquisición, debe recabar del vendedor un certificado en el cual se hará 

constar el número de animales ó cueros vendidos; sus marcas, dibujadas 

en el cuerpo del mismo documento , sus señales ; el peso de la lana ó 

cerdü y también el nombre del establecimiento á que loa ganado3 ó fruto^ 

pertenezcan ; y cuando suceda que el vendedor no pueda espedir esos 

certificados por no saberlo hacer ó por no saber firmar, la declaración de 

la venta se hará ante el respectivo Juez de Paz 6 comisario, quienes, con 

las esplicacionea debidas, así lo anotaran en el libro especial que para 
esa clase de contratos deben llevar. 

Será en vista de esas anotaciones ó certificados, que los Jueces de Paz 
ó comisarios, puedan legalmente espedir las guias que se les pidan y en 
las cuales deberá también espresarae, si las haciendas son para el abasto * 
saladeros ó cria. 

Los Juece.4 de Phz ó comisarios deberán, asimismo, numerar y 
conservar en sus archivos los certificados correspondientes á las guias 
que espi lan. 



CÓDIGO DE policía URBANA Y RURAL 491 ' 

Art. HO—- Es prohibido trasladar hAciendas ó frutos de un distrito á 
otro, sin las guias correspondientes. 

Las haciendas que en esa condición sean tomndas, serán detenidas 
por el término de ocho dias, á fin de que dentro de ellos puedan pre- 
sentarse sus guias 7 para que cuando ellas no se presenten dentro del 
término designado, pueda procederse en conformidad de lo diftpuesto 
respecto al abigeato. 

De igual modo se procederá cuando sean frutos los tomados en esa 
condición, en cuyo caso serán aplicables las disposiciones referentes al 
hurto. 

Art. 141 — Cuando sean sospechosas las guias de frutos por ser de notorie' 
dad que ellos no puedan haberse producido en el distrito de que proceden, 
serán detenidos por término de ocho dias á fin de que dentro de ellos 
pueda acreditarse su legalidad j y si viniese ese término sin que se haya 
comprobado la legalidad de las guias, se procederá en conformidad con 
las disposiciones referentes al hurto. 

Art. 142 — Cuando en las guias de las haciendas se tengan iguales 
sospechas, se observará lo dispuesto respecto del abigeato; pero, si 
las deficiencias ó diferencias que resultan del cotejo de las guias 
no fuesen de consideración y cuando el conductor de la tropa sea 
un abastecedor de los matriculados, podrá la autoridad permitirle que 
con ella siga su camino, sin perjuicio de continuar las indagaciones 
necesarias para el esclarecimiento del hecho, y también sin perjuicio 
de la consiguiente responsabilidad del abastecedor y de su fiador 
para en el caso de que, por resultar las guias inexactas ó falsas, deba 
procederse en conformidad con lo que por la presente ley se dis- 
pone respecto del abigeato. 

Art. 148 — Es igualmente prohibida la introducción de haciendas 
de las provincias vecinas, sin que vengan con las guias corres- 
pondientes. 

Los Jueces de Pac ó comisarios en bus respectivos distritos deten- 
drán las que sin esa condición se introduzcan, á fin de que dentro 
del término de ocho á quince dias, puedan presentarse sus guias; 
procediéudoso en caso contrario, de conformidad con lo dispuesto 
respecto del abigeato. 
Art. 144— Ningún Juez de Pas ó oomisarío podrá espedir guias para 



i 



492 NaBVA REVISTA DB BUENOS AIRES 

Ja extracción de temeroe orejanos, cuya venta se declara prohibida 
á ménoa de que vayan comprendidas en haciendas vendidas al corte 
y sigan á la madre. 

Art. 145 — Los Jaeces de Paz ó comisarios qne otorgasen guias en 
contravención á lo dispnesto en los articnlos precedentes, serán con- 
siderados cómplices en los delitos por ellos enunciados. 

Art. 14C — ^Las oficinas encargadas del marchamo, deberán exigir, 
para acordarlo, las guias bajo las cuales hayan sido conducidos los 
cueros cuyo marchamo se solicite. 

1^8 que sin las correspondientes guias se llevasen para ser marcha- 
mados, serán detenidos por el término de seis á ocho dias, á fin 
de que puedan ellas presentarse, y para que, en caso contrario, se 
proceda en conformidad con las disposiciones referentes al delito de 
hurto. 

Los encargados de las oficinas de marchamo serán considerados 
cómplices en el enunciado delito, cuando lo otorgasen en contraven- 
ción á lo dispuesto por la presente ley. 

Art. 147 — Desígnanse para el marchamo, los puntos siguientes : 

La ciudad de Santa- Fé, para el departamento de la capital. 

La ciudad del Rosario, pueblo de San Lorenzo y Villa Constitu- 
ción, para el departamento del Rosario. 

Los pueblos de San Gerónimo y Cañada de Gómez, para el depar- 
tamento de Coronda : 

Los pueblos de Santa Rosa, Helvecia y San José, para el departa- 
mento del Rincón. 

Art. 148~Ningun acoplador de frutos del pais podrá embarcarlos 
sin previo aviso al departamento de Policía, á fin de que pueda con- 
currir á inspeccionarlos antes de que sean sacados de las barracas ó 
depósitos. 

Los infractores, sufrirán una multa de veinte á doscientos pesos 
fuertes. 

Art. 149— Los departamentos de policía, cuando lo estimen con- 
veniente, pueden inspeccionar las barracas ó depósitos de frutos del 
paifl; y loa que fuesen hallados sin el marchamo ó guías que acrediten 
la legitimidad de su adquisición, serán decomisados. 



CÓDIGO DE policía URBANA Y RURAL 493 

Lo serán igualmente los que en esa condición sean tomados ó 
sorprendidos en el acto de su embarque. 

Art. 160 — Los que sin las guias correspondientes sean en los dis' 
trítos limítrofes sorprendidos con frutos del pais que conduzcan para 
alguna de las provincias vecinas, como los que en igual condición 
sean sorprendidos con* haciendas, serán constituidos en prisión, 
embargadas las haciendas ó frutos y puestos á la orden del respec- 
tivo departamento de policia, para que, según el caso, pueda proce- 
derse en comformidad con las disposiciones referentes al hurto ó al 
abigeato. 

Art. 161— Las guias de las haciendas que para crear se importen 
de otras provincias, como las que corresponden á las que con igual 
objeto se trasladan de uno á otro de los departamentos de la provin* 
cia, deberán ser presentadas también en la oficina central de policia 
del departamento en que las haciendas hayan de apacentarse, á fln 
de que asi pueda disponerse lo conveniente para el registro de sus 
marcas. 

Acopladores de frutos 

Art. 162 — Es prohibido átodo acoplador ó comprador de cualquier 
clase de frutos del pais, yá sea simple vecino de la campaña, pulpero, 
mercachifle ó dependiente de alguna casa de comercio, comprar los 
que se les ofrezcan sin los certificados ó guias que se ordenan por la 
presente ley. 

Los infractores, serán responsabilizados en conformidad con las 
disposiciones referentes al delito de hurto. 

Art. 163— Los compradores ó acopladores de frutos en la campaña, 
deberán llevar un libro especial en el que diariamente se anoten las 
compras de frutos que hicieren, con especificación de ellos, nombre 
y domicilio del vendedor ó vendedores, y en el cual de igual modo se 
anotarán las remesas que de dichos frutos hiciesen, con espresion de 
la fecha y su destino. 

Los que omitan llevar ese libro que estará siempre á disposición 
de la autoridad local para que pueda inspeccinarlos en los casos 



494 NUEVA llEVISTA DB BUBNOS AIRBS 

necesarios, ó los que no lo llevasen en la forma que se ordena, sufri- 
rán una multa de diez á veinte y cinco pesos fuertes. 

Tiendas j pul|ierla0 irolantcs 

Art. 154 — Los dueños de tiendas ó pulperías volantes, buhoneros, 
para ejercer su industria, ademas de la patente que les corresponda, 
deberán sacar un permiso escrito del respectivo departamento de 
policía, en el cual se anotarán sus nombres, edad, estado, nacionali- 
dad, sefiales particulares y el negocio, tienda ó pulpería, de que se 
ocupen. 

La falta de ese permiso que será intransferible y que no podrá es- 
tenderse á un término mayor que el de la patente, será penada con 
una multa de veinte y cinco pesos fuertes. 

La falta de la patente ó al ser ella de valor inferior al determinado 
por la ley ó no corresponder al año corriente, será penada con una 
multa igual al importe déla que les corresponda; siéndoles, ademas, 
detenidos los frutos ó mercaderías que conduzcan, hasta que se pro- 
vean de la correspondiente patente, para la cual se les acordará el 
término de diez dias. 

Art. 156— Cuando los buhoneros no cumplan con pagar las multas 
que les sean impuestas en conformidad con el artículo anterior, ó 
con presentar la patente dentro del término que por el mismo se de- 
signa, las mercaderías, frutos y animales que conduzcan, se tendrán 
por decomisados y pasarán al depósito de policía. 

Art. 166 — Los buhoneros no podrán conducir y menos espender 
bebidas espirituosas ó embriagantes; y si algunas les fuesen halladas 
entre las mercaderías ó efectos de su negocio y en cantidad tal que 
racionalmente deba suponerse que son para venderlas, les serán 
decomisadas, y sufrirán ademas una multa de seis pesos fuertes. 

Art. 167 — Los buhoneros no podrán adquirir á título alguno y 
menos trasponer animales vacunos, yeguarizos, ovinos, ni frutos del 
país, sin antes obtener los correspondientes certificados ó guias por 
los cuales se acredite la legitimidad de su adquisición. 

No podrán tampoco adquirir y trasponer prendas de plata ú otras 
de valor, sin el certificado de la persona de quien las hayan adqni- 
rido. 



CÓDIGO DB policía URBANA Y RURAL 495 

Los infractores de estas disposiciones serán detenidos con los 
animales, frutos ó prendas que conduzcan; y cuando dentro del tér- 
mino] de diez dias no justifiquen la legitimidad de su adquisición, 
serán responsabilizados en conformidad con lo dispuesto respecto al 
hurto ó al abigeato, según corresponda. 

Art. 168— Cada vehículo ó carguero en que se conduzcan mercade- 
rías ó efectos de ultramar para ser vendidos en tienda ó pulpería 
volante, se entenderá ser una tienda ó pulpería. 

Art. 159->Las autoridades locales cuidarán especialmente de la 
exactitud de las pesas y medidas de que se sirvan los buhoneros; y 
cuando resulte comprobada su inexactitud, les impondrán una multa 
de veinte y cinco á cincuenta pesos fuei*tes y les retendrán sus nier' 
cadenas ó efectos hasta que se provean de otras pesas ó medidas que 
sean exactas, para lo cual se les acordará un término de quince dias. 

Si vencido ese plazo los buhoneros no ocurriesen por sus mercade- 
rías ó efectos, se tendrá por hecho el abandono y se destinarán al 
depósito de policía para que sean vendidos por su cuenta. 

Art. 160 — Declárase á los buhoneros comprendidos en las disposi- 
ciones referentes á los acopladores de frutos en el articulo 153, 

Caladeros j GraserlaA 

Art. 161 — Es prohibido á los dueños ó encargados de los saladeros 
y graserias, recibir en sus establecimientos las haciendas que no ven- 
gan con sus guias correspondientes. 

Los infractores, sufrirán una multa de doce pesos fuertes por cada 
animal de especie mayor, y la de dos pesos fuertes, por cada uno de 
los de menor especie. 

Art. 162 — Les es igualmente prohibido recibir las haciendas des. 
pues de entrada la noche, como también matar en la noche las que 
tengan en su establecimiento. 

Los infractores, sufrirán la multa de dos pesos fuertes por cada 
animal vacuno ó yeguarizo, y la de cincuenta centavos fuertes por 
cada uno de los de menor especie. 

Art. 168— Los dueños ó encargados de los saladeros ó graserias 
cuando hayan de proceder á la matanza, deberán dar aviso al juez de 



498 KUBVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

paz ó comisario df su distrito, con dos dias de anticipación, áfin de 
qne puedan concurrir ó confrontar las haciendas y sus guias. 

Cuando las haciendas á beneficiarse sean de la marca de loa due- 
ños de los saladeros ó graserias y cuando estos establecimientos se 
hallen dentro del mismo distrito en que existan las haciendas, bastará 
que el aviso al juez de paz ó comisario se le dé con un día de anti- 
cipación. 

Los infractores, sufrirán la multa que se designa por el articulo 
anterior. 

Art. 164 — Si el juez de paz ó comisario no concurriensen á inspec- 
cionar las haciendas en el dia designado para la matanza, podrá desde 
luego darse principio á la faena, sin perjuicio de las responsabilida • 
des á que haya lugar y para cuyo efecto los respectivos jueces de 
paz ó comisarios podran siempre inspeccionar esos establecimientos. 

Corra leu de Abanto 

Art. 166 — Los Corrales de Abastóse mantendrán siempre al cargo 
y vigilancia de un comisario, quien para ejercer ese empleo, no 
podrá ser abastecedor, ni mantener sociedad de abasto con persona 
alguna, ni recibir comisión de venta de haciendas . 

Art. 166~Son atribuciones de comisario, las siguientes: 

1<>— Cuidar de que los corrales se mantengan en buen estado, — que 
diariamente se abran y cierren á las horas determinadas para el ser- 
vicio y que en ellos se guarde el orden debido : 

20 — Designar los bretes de la playa á que las reses deben ser lle- 
vadas para su matanza y despedir de ella al peón discoio, vicioso ó 
desobediente á su patrón, como también á los demás que de algún 
modo perturben el orden ó dificulten el servicio. 

30 — Permitir á todo individuo la matanza de haciendas de su pro' 
piedad, yá por sí mismo ó por medio de un abastecedor matriculado y 
mediante el abono de la comisión que entre ellos se convenga : 

Art. 167 — Son deberes del mismo comisario : 

10— Concuirir diariamente á los corrales antes de empezar la 
matanza y permanecer en ellos hasta media hora después de con* 
cluida. 



CÓDIGO DE policía URBANA Y RURAL 497 

2'»— No permitir la matanza de animales Cüya» marcas y sefiales 
no aparezcan conformes con sns gnias : 

30— Pasar á su inmediato superior el parte diario del número de las 
haciendas que se introduzcan, de las que se consuman ó maten y de 
los precios á que hayan sido vendidas : 

4*>— Percibir el impuesto de corrales, conforme á las instrucciones 
y órdenes de su inmediato superior: 

50 _ Aplicar y recaudar las multas establecidas por leyes ó dispo- 
siciones gubernativas, llevando un libro en que las detalle; y hacer 
diariamente entrega de su importe en la oficina central del departa- 
mento de policia á que corresponda : 

6** — Llevar un libro en el que diariamente se anotará el número, 
procedencia y fecha de las guias que le sean presentadas; — la canti- 
dad y calidad de las haciendas que se introduzcan á los corrales, y 
también los nombres de los dueños de las haciendas, de sus acarrea- 
dores y del vendedor. 

7® — Llevar un registro detallado de los peones de los abastecedo- 
res, anotando el dia en que sean separados de su servicio y los motivos 
ó causa de su separación : 

80— Dictar todas las medidas que sean oportunas para que á los 
corrales sean vueltos los animales que se disparen, y aun suspender 
la matanza durante la dispersión, si así fuese necesario y conve- 
niente. 

9»— Oir y decidir verbalmente todas las cuestiones, reclamos ó 
dudas referentes á jornales entre los abastecedores y sus peones. 

10<> — Presidir toda junta que los abastecedores celebren, anotar 
sus acuerdos y pasar ásu inmediato superior copia de aqaellos que 
por motivos de conveniencia pública deban para su observancia ser 
aprobados ó sancionados. 

Art. 168— Las haciendas que se introduzcan á los Corrales de Abas- 
to, serán por el comisario recibidas bajo cuenta y razón; observán- 
dose lo mismo por el comisario, cuando las entregue á los encargados 
del pastoreo. 

La inobservancia de esta disposición, hace al comisario personal- 
mente responsable por el valor de los animales que se pierdan ó resul- 
ten de menos. 



498 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

Art 1 69 ^La pérdida de animales que se salgan de los corrales á 
consecuencia de movimientos naturales de los mismos, ó por que 
salten sus cercos ó quebranten sus puertas, será á cargo del intro- 
ductor; pero si la evasión fuese á causa de la falta de la seguridad 
necesaria en los cercos ó puertas, ó bien por descuido ú omisión de 
los peones encargados de la vigilancia de los corrales, la pérdida 
entonces será también á cargo del comisaiio, quien, á su vez, cuando 
los peones sean los culpables, podrá de estos repetir el reintegro. 

Art. 170 — Cuando la pérdida sea en el pastoreo y sus encargados 
hayan del comisario recibido las haciendas bajo cuenta j razón, serán 
ellos los responsables para con los dueños de los animales perdidos. 

Lo mismo se observará respecto al licitador del derecho de corrales 
cuando la pérdida sea ocasionada por algún acto, descuido ú omisión 
de su parte. 

Art. 171— Cuando algunos de los abastecedores carnease uno ó 
mas animales de la pertenencia de otro, será responsable por su 
valor, sin que pueda alegarse ignorancia ó descuido, sufriendo ade- 
mas la multa de seis pesos fuertes por cada animal. 

Art. 172 — El precio corriente á que las haciendas según su clase j 
calidad se vendan en los corrales, será el que por cada un animal 
deba abonarse en los casos de indemnización espresados en los cuatro 
artículos anteriores. 

Abastecedores 

Art. 178 — Los que actualmente ejerzan ó quieran ejercer el oficio 
de abastecedores, deberán inscribirse en el libro de matriculas que para 
el efecto se llevará en cada uno de los departamentos de policia; 
determinar su domicilio y prestarla ñanza bastante que se les exija 
en garantía de su conducta y para en los casos de responsabilidades 
pecunarias á que puedan ser obligados. 

Cumplidos esos requisitos, el departamento de policia ante quien se 
haya hecho la matricula, otorgará al abastecedor su patente en el sello 
que por la ley se determine. 

Los que sin esas formalidades ejerzan el oficio de abastecedor, 
sufrirán la multa de cincuenta pesos fuertes y serán inmediatamente 
espulsados del cuerpo de abastecedores. 



CÓDIGO DE policía URBaNA Y RURAL 499 

• 
Art. 174 — Es prohibido á los abastecedores toda clase de sociedad 

do abasto con los empleados de los corrales^ tabladas y demás depen- 
dencias del departamento de policía. 

Los infractores sufrirán una multa de doscientos pesos fuertes j 
serán ademas privados de su oficio y empleo. 

Art. 176— Es deber de todo abastecedor cuidar de que á los corrales 
no entre mayor número de gente ó peones que los designados por el 
mismo, como también de que los animales que designe para la ma- 
tanza sean conducidos al punto de la playa que les haya sido deter- 
miuado por el comisario de los corrales. 

Art. 176 — Es permitido á los abastecedores conducir desde la cam- 
paña y por si mismos los animales de que hayan de servirse para el 
consumo, siéndoles entonces aplicables las disposiciones referentes á 
los acarreadores. 

Art. 177 — I-K)s abastecedores, estando en mayoría, pueden celebrar 
juntas presididas por el comisario délos corrales y en ellas establecer 
acuerdos acerca de los jornales, de las horas de trabajo y de todo lo 
demás que se relacione con el mejor servicio, imponiéndose multas 
recíprocas pai*a en los casos de contravención. 

Los acuerdos asi celebrados, serán obligatorios para el cuerpo de 
abastecedores, y es deber del comisario compelerlos á su cumpli- 
miento. 

Art. 178 — El abastecedor á quien se le pruebe haber faltado á un 
acuerdo votado en junta,ó permitido que sus peones hagan destrozos de 
carnes en la matanza, ó sobornado ó intentado sobornar los peones de 
otro abastecedor, ademas de las multas convencional es que entre los 
mismos se hubiere acordado para en tales casos, sufrirá también la 
de seis pesos fuertes. 

Los casos de reincidencia, serán penados con doble multa y tam- 
bién con la espulsion del cuerpo. 

Art. 179 — Los abastecedores son con sus peones solidariamente 
responsables por los dafios que estos cometan en los corrales y du- 
rante la matanza, conforme á las disposiciones de la presente ley. 

Art 180— Corresponde al comisario de corrales la fiel observación 
de lo dispuesto en los siete anteriores artículos, como también el 



500 NUaVA RES7ISrA DE BUENOS AIRES 

j uEgaxniento de todoB los casos ó cuestiones que en ellos f^ com- 
prenden. 

Acarreadores 

Art. 181 — Para ejercer el oficio de acarreador, es indispensable la 
inscripción previa en el libro especial de matrícula que para el efecto 
debe llevarse en cada uno de los departamentos de policía ; debiendo 
dicha inscripción solicitarse y hacerse en aquel de los departamentoH 
en que se halle avecindado el solicitante ó interesado. 

Es igualmente indispensable prestar una fianza á satisfacción dej 

respectivo departamento de policía y muñirse de la patente, que, 

cumplidos esos requisitos, deberá dársele en el sello correspondiente. 

Art. 182— Ix)s que sin la debida patente ó con una patente falsa 
ejerzan el oficio de acarreadores, sufrirán una 'multa de cincuenta 
pesos fuertes, y la del doble en el caso de reincidencia. 

Art 183 — Los fiadores de los acarreadores, son con ellos solida- 
riamente responsables en los casos de indemnización por daños que 
los mismos ó sus peones causaren en los establecimientos de su trán- 
sito. 

Lo son igualmente por toda compra de ganado que el acarreador 

hiciera por cuenta propia; y subsidiariamente serán también respon- 
sables por toda compra de ganado que el acarreador haga en nombre 
de otras personas. 

Art. 184— Es deber de los acarreadores llevar siempre consigo la 
patente que los acredite hábiles para ejercer su oficio; y cuando la com 
pra de las haciendas sea hecha por cuenta i)ropia ó por otras perso- 
nas, presentar ante el juez de paz ó comisario del respectivo distrito 
los certificados que les hayan sido otorgados por los vendedores. 

Es igualmente deber de los acarreadores llevar siempre los certifi- 
cados por los cuales se acredite la legitimidad de su derecho en los 
animales de que con sus peones se sirvan para la conducción de las 
haciendas. 

La sola falta de la patente, ademas de la responsabilidad por la 
multa que se establece en el art. 182, inhabilita al acarreador para 
con BU tropa continuar hasta los puntos de tablada, corrales de 
abasto ó saladeros. 



CÓDIGO DE policía URBANA Y RURAL 501 

La falta de las guias ó cortifícados, hacen al acarreador responsa- 
ble con arreglo á las disposiciones referentes al abigeato. 

Art. 186— Es obligación de los acarreadores conducir los ganados 
á la tablada que corresponda, á fin de que así pueda el comisario recon- 
tarlos con presencia de las guias y para que no hallándose diferencias 
algunas j aun anotándose en ellas, se le dé el pase correspondiente; 
pero, si algunas diferencias se observaran en cuanto al número de 
animales, eus especies, sus marcas, ó señales, podrán las haciendas 
detenerse para desde luego proceder como en la presente ley se 
determina, ó bien con el consentimiento del fiador y sin perjuicio del 
procedimiento que deba seguirse, dárseles el pase. 

Art. 186 — Los acarreadores, durante su camino, no pueden agregar 
otros animales en el arreo ó tropa que conduzcan, ni vender algunos 
de los que conducen, sin la intervención del respectivo juez do paz ó 
comisario del distrito, quien asi deber. i anotarlo en las guias. 

Los infractores, sufrirán una multa de doce pesos fuertes por cada 
animal y serán ademas obligados á la indemnización correspondiente. 

Art. 187 — Las faltas délos acarreadores en el cumplimiento de sus 
deberes, serán, en su caso, juzgadas por las disposiciones refurontes 
al abigeato. 

Tabladas 

Art. 188— En los puntos determinados para tablada, deberá hacerse 
la inspección de las haciendas y la confrontación de sus guias, á ñn de 
que puedan ser introducidas á los corrales de abasto ó saladero á 
que sean destinadas; pero ni en los corrales de abasto, ni en los 
saladeros, podrá darse entrada á las haciendas después de haber 
anochecido, aun cuando por el comisario hayan sido despachadas en 
la tablada. Los infractores, sufrirán una mulla de veinte pesos 

fuertes. 

Art. 189— Si la introducción de las haciendas á los corroles ó sala- 
deros se hiciera sin el pase de la tablada y no se presentasen sus guias, 
serán decomisadas y destinadas al depósito de policía, á ñn de que 
previos los avisos necesarios, puedan ser restituidas á sus dueños ó 
vendidas por cuenta del departamento. 

Si en igual caso se presetaran las guias y resultase disconformidad 



502 NÜRVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

entre ellasy las haciendas, se hará el deBcomiso délas que no resal- 
ten conformes. 

£n uno y otro caso, se procederá en conformidad con las dispoBtcio- 
nes referentes al abigeato; mas cuando suceda que la introducción de 
las haciendas se haya hecho con las guias necesaiias, pero sin el pase 
de la tablada, el acarreador sufrirá una multa de cincuenta pesos 
fuertes. 

Art. 190 — Las municipalidades en las ciudades y pueblos de cam- 
paña y en su defecto los jueces de paz, determinarán el punto ó lugar 
que consideren mas conveniente para el servicio de tablada á las 
haciendas de su consumo y para el de los saladeros 6 graserias exis- 
tentes ó que se establezcan dentro del radio de sus respectivos 
municipios. 

Peonen y Patrones 

Ai-t. 191— Los contratos entre los patrones y sus peones, para que 
puedan considerarse válidos, deberán otorgarse por escrito y regis- 
trarse en la oficina del juzgado de paz ó comisario del distrito en que 
hayan de tener 6Jocu«^on. 

Si el peón fuere cofltratado para prestar sus servicios en otro ú 
otros distritos ó también fuera de la provincia, el contrato deberá 
liacerse registrar en la oficina del distrito del domicilio del patrón. 

Art. 192 — Los contratos de conchavo ó colocación de servicios, 
serán otorgados en el papel sellado que por la ley anualmente se desig- 
ne; debiendo en ellos espresarse el nombre de los contratantes, el 
servicio materia del contrato, el salario que diaria ó mensualmente 
se le designe al peón y si sus alimentos son por cuenta suya ó de su 
patrón. 

Cuando la materia de la locación de servicios sea una obra ó tarea 
que tome el peón á su cargo, deberá en el contrato espresarse cual 
sea esa obra ó tarea, el tiempo dentro del cual debe ejecutarse, la 
cantidad ó salario que por ella deba pagarse y la forma de su pago. 

Art. 193— Cada una de las oficinas centrales como también los 
juzgados de paz y comisarios en la campaña, deberán llevar un libro 
especial en que se tome razón ó anoten los contratos de conchavo 



CÓDIGO DE policía URIANA Y RÜRVL 503 

celebrftdoR en sas respectivos distritos; y es deber de las mismas 
hacer bajo su sello constar esa anotación al pié de los originales que 
para su registróle fuesen presentados y que se devolvieran á los 
interesados sin ezijirseles por ello emolumento alguno. 

Art. 194— Los peones que á tanto por día, por mes ó por afio, vivan 
en casa de sus patrones y por cuenta de estos sean alimentados, serán 
considerados como domésticos de los mismos y estarán obligados á 
prestar cualquier servicio extraordinario que durante su contrato se 
les exija en casos urgentes. 

Los patrones, en reciprocidad, cuando el peón que en esa condición 
mantengan sufra alguna enfermedad que accidentalmente le imposi- 
bilite para el servicio, deberán prestarle los alimentos necesarios y 
reconocerle su sueldo integro, si la enfermedad no durase mas de 
cuarenta dias. 

Si la enfermedad se prolongara por mas tiempo, se tendrá entonces 
por rescindido el contrato; pero si el patrón espontáneamente aun 
consiente en su casa al peón en esas condiciones, no tendrá derecho 
para exijirle cantidad ó remuneración alguna por los gastos que en 
su alimentación se hayan ocasionado; y teniéndose por subsistente el 
contrato, se considerará como iniciado desde el dia en que el peón 
vuelva á prestar sus servicios. 

Art 195— Kl peón mantenido en las condiciones del artículo ante- 
rior, no puede abandonar la casa de su patrón antes del vencimiento 
del término de su contrato, bajo la multa de cuatro pesos fuertes y 
pérdida del derecho á los salarios que se le adeuden. 

Mas, si el peón al desertar de la casa de su patrón, le fuera deudor 
de alguna cantidad cuyo importe no pueda pagar, sufrirá también la 
pena de trabajos públicos por sn equivalente, á razón de nn peso fuerte 

por dia. 

Art. 196— Si el patrón sin causa justificada ó por motivos de sim- 
ples desagrados despidiese al peón de su servicio, deberá abonarle 
el importe de la cuarta parte de los sueldos correspondientes al tiempo 
que falte para el vencimiento del contrato, perdiendo ademas la can- 
tidad de que el peón lo fuere deudor por anticipos que le hubiere 
hecho. 

Art. 197— Cuando el peón no viva en la casa ó establecimiento de 



504 NÜEYA REVISTA DB BUENOS AIRES 

sn patrón y solo tenga el deber de concarrir al trabajo, en obligación 
Be limitará á las horas del día, de sol á sol, j no podrá ezijiraele 
ningún trabajo extraordinario; mas, si espontáneamente y sin estipu- 
lar renomeracion prestara el que se le pida, no tendrá derecho para 
exijirel pago de cantidad alguna y se entenderá haberlo dejado á la 
liberalidad de su patrón. 

£1 patrón á su vez en el caso de la efermedad del peón mantenido 
en las condiciones del presente artículo, no estará obligado á abonarle 
el salario correspondiente á los dias que por tal causa deje de concur- 
rir al trabajo. 

Art. 198— Guando el peón en la condición del artículo anterior haga 
abandono del trabajo, sufrirá la multa de cuatro pesos fuertes per- 
diendo ademas el derecho á los salarios que se le adeuden. 

Pero si el peón al abandonar el trabajo fuere deudor por anticipos 
que de su patrón hubiere recibido, sufrirá también la pena de trabajos 
públicos por su equivalente, á razón de un peso fuerte por dia. 

Art. 199— Cuando en el mismo caso del art. 197 fuese el peón 
despedido por su patrón sin causa justificada, se tendrá por rescin- 
dido el contrato, y el patrón, ademas de perder el derecho para exijir 
del peón el pago de los anticipos que le hubiera hecho, será obligado 
á indemnizarle con una cantidad equivalente al importe de la sexta 
parte de los salarios correspondientes al tiempo que falte para el 
vencimiento del contrato. 

Emiliano GARCÍA. 
{Continuará) 



I 



CIELOS Y TIERRAS DEL BRASIL 



(1 



o Brazü tem sem duvidn hoje urna 
litteratura ver dadeir amenté nacional en 
qiie já se imprime o cunho espedalisBÍ- 
mo da patria. Os seus poetas bebem á 
inspiragao nos torrentes nafaes\ os ro- 
mancistas esfudam ó modo de ser da 
sociedade, 

FINHBIRO CHAQRA8. 

rUADHOS DE LA NATURALEZA 

I. 

La aorora 

Hace muchos años, al volver por tierra de la provincia 

lie Matto-Grosso, atravesando las campañas (seríaos) del 

centro del Brasil, tintas y tantas veces, me vi obligado á 
levc'intarme de prisa con la oscuridad de la noche y á 

caminar al encuentro de la aurora, que todas la faces del 

alborear de un dia sereno y bello, ligadas entre sí por 



(1) Bajo esU titulo BÍntélico, describe escenas y tipos, cuadros 
copiados al natural con estremado realismo y cuidadosa minuciosidad, 
uno de los mas fecundos y mas afamados escritores contemporáneos 
en el Imperio del Brasil. No haré un juicio critico sobre las múltiples 
obras de este escritor, ni especialmente dn las que publicó bHJo el 



506 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

transiciones imperceptibles para el viajero indiferente, se 
me fijaron con tanta avidez en la memoria que, aun hoy, 
cuando pienso en ellas en las horas de concentración, siento 
como el hálito de aquellas hermosas é inmensas campañas. 



conocido seadónimo de SjrWio Diiiarte. (a) No pretendo juzgar sus 
méritos literarios, su estilo pomposo, su fácil espresion, y la abundancia 
de las imágenes — mi objeto es diferente y mi propósito distinto: quiero 
hacerlo conocer de los lectores d<.' la «nuk^a rrvista,» y por eso tra- 
duzco este fragmento de su libro. 

El seuor Escragnolle Taunay es militar, literato, profesor, mádico, 
hombre político y orador distinguido. Es de estatura elevada, lleva alta 
la cabeza y su aspecto es abierto y simpático; se vé que tiene la con- 
ciencia de su valer, pero es cultísimo y ameno en la conversación, que es 
chispeante y vivaz. Gomo orador es fecundo y hábil, muy rápido en las 
contestaciones, muy incisivo y muy cáustico; usa y abusa del sarcasmo, 
sin perder su aplomo. El eco de su voz es armonioso y está bien en 
su asiento de diputado. Nació en febrero de 1843. Sus obras son 
numerosas y muy diversas las materias. 

Una de las mas afamadas es la que lleva por titulo: i.a retraitb dc 
LA LAGUNA {Episodc dc lu gucrrc du ParagiMy). Tengo á la vista la 
2* edición «)u París en 1879, precedida de un pequeño prólogo por M. X. 
Raymond. 

Como novelista tiene varias novelas muy estimadas, de las que recuerdo: 
Mocidade de Trajano, en dos volúmeues impresos en 1872 — Lagrwhca 
do coragao publicado en 1873. inocencia, dada á la luz en la misma 
fecha, se publica hoy en París en el folletín del periódico Le Courrier 
International. 

En 1876 publicó: Historias brazileiras y Ouro sobre azul. Tres años 
después dio á la eBUmps^^ Narrativas militares. En 1882 — Ceas e 
térras do Brazih y en este año Estudos críticos. 

De diverso género son otras del mismo autor, como: Relatorio Geral 
da Comissao de Engenheiros da Expedigao de Matto Orosso. 

BCKNAS DE Yikosu^ExploragüO entre os rios Taquary e Miranda. 

VIAGBM DK BEGRkSSSO — DLAKIO DA OAMPANUA DAS COROILHEIRAS—A 



(a) CEOS K TÉRRAS DO brazii. — Sccuas e typos^QiiadroH dn natu- 
reza — Fantasías por Sylvio Diñarte (Escragnolle Taunay)— Rio «le 
Janeiro, íTyp. de G. Leuzinger e íilhos, rúa d'Ouvidor 81, 188}— 1 vol. 
eu^8'* dt? 126 págs., excelente pnpel y nítidamente impreso. 






CIELOS Y TIERRAS DEL BRASIL 507 

Dilatadas y sucesivas ondulacioDes con lijeras deprosio- 
ncs do las tierras, ligan á Malto-Crosso con Goyaz y Minas 
Genes, alta planicie central, surcada de un sin número de 
los tributirios de los rios Amazonas, Paraguay y Paraná, 



FKuvi.NoiA DB ooTAZ, fiü Expofti^o nactonol de ^575— questoks poi.í- 

Tli'AR K 80C1AB8 — A CLASSR MILITAR PEKANTR AS CÁMARAS. 

El 8('&or Escragnolle TauDay es uuo de loa novelistas mas fecundos, 
que como Tavora y laDtos oíros, se ven forzados á abandouar bu 
vocación predilecta, sus gustos mas pronunciados, quizá su pasión; 
porque aqnf, como en toda la América latina, no hay propiamente la 
profesión de hombre de letra», y es la vida política que los atrae y 
los absorbe, eu daño de la literatura de su UHcion. Y sin euiburgo, 
cuan numerosos son los literatos brusileros! 

Para tener una idea vaga de los escritores del vt>cino Imperio, es nece- 
s.irio leer las diversas obras biogiáficus allí publicadas, y muy especial- 
mente — PANTHEON FLUMINENSE — Etbo^os bioyrdphicos por P. Lery San- 
tos; y el PANTHBüN MARANBBKSB por el doctor Antonio Henriques 
Leal. 

Esa lectura revela el increíble número de literatos, poetas, romancistas, 
historiadores; pero la mayor parte, apesar de su número, no viven del 
fruto honesto y meritorio de sus obras. 

Los que quieran conocer con mayor estension á los escritores anti- 
guos y modernos, deben procurarse la obra del doctor A. Y. Alves 
Sacramento Blake:— diccionario bibliouraphico braxilkiro, del que 
acaba de publicarse el primer volumen. Esta obra es propiamente un 
diccionario biográfico, pues es de lo que se ocupa con mas detenimiento. 

£st08 libros son elementales para apreciar á vuela pluma el desenvol- 
vimiento de la intelectualidad brasilera, que es muy activo; y que puede 
esperarse reciba un nuevo impulso con la formación de la ((Sociedad 
de los hombres de letras del Brasil,» cuya revista empezará á publicarse 
dentro de poco tiempo. 

Eu la República Argentina no circulan los libros brasileros, como 
en el Imperio del Brasil no se hallan libros argentinos, y es patriótico y 
es urgente, propender á darles á conocer reciprocamente, en beneficio de 
los aficionados á las letras en una y otra nación, y aun de los hombres 
de Estado que asi encontrarán medios y criterio seguro para juzgar 
del estado social de estos países, de sus intereses, que no son antagó- 
nicos, y que si difieren, es solo eu el deteo de progresar mas aprisa. 

Hay una abundantisima bibliografía militar brasilera que seria útil 



. 508 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

cuyos cauces se estienden de un lado y de otro en las dis- 
tantes faldas; en esa casi continua alta-planicie que se 
presenta ante la vista como un océano de plantas rastreras, 
cubierto de una vegetación vivaz, interrumpida de trecho 
en trecho por grupos aislados de árboles {capóes) ó por las 
h'neas finas de los bosques frondosos ; en esas coraarcis un 
tanto uniformes y monótonas, el despuntar de la aurora 
tiene, como en alta mar, un no sé qué de repentino, y solo 
en nuestro ci lo y en ciertas man mas, es que se ostenta 
la brillantez y lo inesperado de sus infinitas gradaciones. 

Cuando, empero, se reúnen en un radio de pocas leguas 
todos los requisitos de un paisaje característico, cuando 
las mañanas en horizontes no muy elevados, modelan en 
caprichosas formas las opulencias de la naturaleza inter- 
tropical; cuando la vegetación se desarrolla maravillosa, 
ya en bosques ó gramas, que parecen cuidadas por la mano 
de un inteligente jardinero, ya en bosques vírgenes que 
orlan los grandes rios, ya en graciosos palmares, ó en 
millares de fiores que, después de las primeras lluvias 
del verano, iérguense garridas en medio de los brotes 
de las yerbas nuevas ; cuando la soledad inspira bastante 
seguridad á los animales silvestres para que cada cual 
desempeñe sin miedo su papel en la grandiosa escena 
de la vidí, entonces el alborear es uno de esos espec- 
táculos de lal forma pomposos y deslumbrantes, que gra- 



que nuestros militares conocieran, para respetarse mejor y no vivir bajo 
una eterna nebulosa. Ahora la guerra es ciencia, y la ciencia de la 
guerra exige fundamentalmente conocer los paises liniitrofesi no para 
hostilizarlos ni en perspectiva de conflictos armados, sino psra rerpetarse 
«orno fuertí»a y entrar de lleno en la vía de la razón y de la equidad. 

N. de la Dircc. 



CIKLOS Y TItíRRAS DBL BRASIL 509 

ban en el espíritu del hombre impresiones profundéis é 
indelebles. 

Así acontece en la zona meridional de la provincia de 
Goyaz, á quien dejando en Santa Bárbara el camino que 
sigue hacia el norte en dirección á Rio Claro y á la capital, 
toma á la derecha, y siguiendo al oeste la carretera que 
va hasta la villa de Nuestra Señora de los Dolores de Rio 
Verde, vulgarmente conocida por el prosaico nombre de las 
Ababoras. 

Son en extremo interesantes aquellas campañas bajo el 
punto de vista geológico. En efecto., en una superficie de 
muchas docenas de leguas cuadradas, clara y evidente- 
mente allí se manifiestan los vestigios de la existencia de 
un gran lago que, antes de nuestras eras, constituía un 
verdadero mediterráneo, cuyas aguas en sus variaciones, 
dejaron impresas en las sierras de Caballeira y del Castalio 
las sucesivas diferencias de nivel que en diversos períodos 
se fueron produciendo. 

Esas líneas paralelas están siempre geométricamente 
trazadas, ya en la loma de la montaña próxima, ya en las 
aisladas escabrosidades, de lejos aparecen como delgadas 
líneas ; de cerca entre tanto, son planas y anchas gradas, 
caminos en el suelo arcilloso y firme, que pueden servir 
para el tránsito desembarazado de los caballeros apa- 
reados 

Algunas veces por una de esas perturbaciones frecuentes 
en las épocas en que los continentes fueron tomando mas 
ó menos su conformación actual, enormes masas liquidas 
encontraron de repente una salida mas alta respecto de 
las otras inferiores. Formáronse entonces las gargantas, 
por donde el paso de las aguas, al principio impetuosísimo, 



510 NU&VA RKYISTA DE BUENOS AIRES 

produjo profundas hendiduras y después, lenta y mas 
gradual, fué puliendo ambas márgeues del canal, formán- 
dose caprichosas puntas, que se alternan en las extremi- 
dades de las curvas delineadas con pasmosa regularidad. 
Si ahora pudiertí el lector, por un esfuerzo de la 
imaginación, revestir aquellas modificaciones de los terrenos 
muy ondulados y las lomadas de las sierras, ó las aberturas 
de las grandes cavidades ; si pudiera con la mente cubrir- 
los de selva verde, tupida y densa, toda matizada de 
colores, en ciertos meses, de millones de peregrinas y aun 
deeconocidas flores y surcadfis por arroyuelos cristalinos 
y bullidores que corren rápidos por el plano inclinado de 
los declives; si distribuyese allí grupos de cocoteros, 
tipo de la serena magostad y de la gracia esbelta, allá 
tamhurySy vinháticos é ipés^ maderas de ley, aisladas por 
la pujanza de su constitución de fierro, ó mas frecuente- 
mente en umbrosos macizos; si por fin encerrase todas 
estas magnificencias dentro del cerco de las cumbres sin 
vegetación y fiintástica mente recortadas, formaría entonces 
idea aproximada del espléndido escenario, en que vá á 
pisar la escena que intento describir. 

Es la noche y noche oscura. 

En las selvas tan densas nada puede distinguir la mirada 
indagadora y un tanto inquieta del viajero; á su frente 
únicamente la estrecha picada v;i señalando la carretera, y 
á ambos lados formas indecisas y gigantescas, hijas de la 
ilusión íugáz y engrandecidas por las alucinaciones de la 
imaginación. 

El aire que roza el rostro es frió, húmedo y penetrante. 

Por partes el silencio, silencio abrumador, interrumpido 



CIELOS Y TIERRAS DEL BRASIL 511 

Únicamente por el ruido cadencioso de la cabalgadura 6 
por el grito lejano de algún animal nocturno. Parece que 
la naturaleza se encuentra de todo punto desfallecida, á lo 
menos presa de un penoso letargo, las fuerzas y el aliento 
perdidos. 

En las alturas, de un azul cuasi negro, brillan á penas 
las estrellas escasas y cambiantes, como faros de vacilante 
esperanza 

No transcurre mucho tiempo sin que esos mismos astros, 
que consolaban la vista, van. unos en pos de otros amorti- 
guando el chispeante brillo y apagándose sus flilgores. 

Es sin embargo entonces que hacia el oriente clarea el 
horizonte del cielo ; blanquea de más en más, cual si al 
subir de la tierra fuese desdoblándose un tenue velo de 
blanca gasa. 

Se pasan largos minutos. 

Después en ese fondo ceniciento que se tiñe de dudoso 
rosicler, asciende medrosa una línea rojiza, que se ensancha 
mas de lo que se alarga. Paralela á ésta, rompe de allí 
á poco, otra ya mas estensa y de color de fuego ; instantes 
después, la tercera, que parece incandescente como si fuera 
de fuego. 

Son las barras del dia. 

De nuevo sopla con vivacidad la brisa, que fué muriendo 
gradualmente, mas vuelve ahora mas caliente, como un 
hálito perfumado de dulce calor. 

En esa hora de misterioso crepúsculo, es que se oye de 
cuando en cuando, como un estruendo sonoro, acompañado 
de estridente vocería cromática. Es el canto anhumas- 
pócaSj que en la margen de los ríos y á la orilla de las 



512 NUEVA REVISTA DB BUENOS AIRES 

lagunas, anuncia el alborear y armoniza con las calmosas 
aracuanas en los bosques ribereños. Elévase también 
mas fuerte el alarido de los quero^qmroSj cuyas blancas 
bandadas giran vertiginosas sobre las aguas corrientes. 

Con lentitud, entre tanto, se va estendiendo la claridad 
por el firmamento entero. Si de cerca se acumulasen con- 
densadas nubes, diséñanse los contornos como rosadas 
curbas. Otras mas esparcidas cambian de color entre el 
rosa y el rojo lirio. 

Ya entonces comienza la naturaleza á sacudir el letargo 
que la postrara. Esperezase lánguida, pero alegre y llena 
de vida. 

Cambian de colores las cumbres de las montañas, cuyas 
laderas y montículos se han destacado por. gradaciones 
desde la uniforme oscuridad. 

La tierra se estremece al ruido de la vida. Dulce rocío 
baña las plantas de los valles; zumba un mundo de insectos, 
y en las ramas de los arbustos gran catidad de pequeños 
pajarillos, colleirosy canarios de la tierra, serra-serras, 
azulejos, lavadeiraSj pintasügos^ bicudos, tico-ticos y 
tihés, chilra-haixinho anda atentado de sueño y como si 
hubiera soñado. En las franjas del arbolado mas elevado 
se esparcen millares de volátiles del plumaje mas variado 
y rico, y de todos lados asoma la caza abundante, ora en 
ave ora en animales de los bosques. 

En ese momento de indecible suavidad que en medio 
de nuestros espesos matagaesj en la selva coposa, el sabia 
entona esas notas sueltas, puras y veladas, que la calandria 
de Europa en su himno matinal de cierto no conoce. 

Otras melodías, entre tanto, hace mucho se oiao, vibran- 
tes como un canto triunfal de felicitación. Salen de la 



CIELOS Y TIERRAS DEL BRASIL 513 

copa de las palmeras, desocupadas por centenares de 
negruzcas gr amias. 

Brilla, empero, de m ts en mas la luz. 

En la arena de la carretera se vé á la distanci.), pero ya 
perfectamente, revoloteando graciosas las palomas caboclas^ 
rojas como fragmentos de cerámica, las rolas juguetonas, 
lindamente pintadas de blanco, produciendo estrépito con 
las áUs, al paso que las torcaces cortan los aires veloces y 
desconfiadas, como si desempeñaran apremiante y compro- 
metedora misión. 

Ya entonces aparecen á la orilla del camino los desas^ 
trados anus^ los unos negros todos, los otros colorados, 
pero todos ellos feos, mal equilibrados y estravagantes en 
sus movimientos ; ya los amarillos y petulantes venteveos 
se agitan al grito que les dio su nombre ; las andorinhas 
y las tesouras revolotean sobre las espigas del capim en 
flor; los chocarreras gralhas, se juntan en alegre conciliá- 
bulo, y los gavilanes lanzan el grito aterrador y baten las 
poderosas alas. 

El espectáculo hasta hace poco melancólico, se transfor- 
ma ahora : — y es deslumbrador. 

Para tanto no hay suficientes ojos. 

Como centro de todas las riquezas, el sol, antes de 
levantarse, y aun en la cuna donde rutilan la púrpura 
incandescente y los montes de oro y plata en fusión, se 
asemeja á un abanico de ofuscadores rayos : unos unidos 
todo lo traspasan, los otros divididos pacece van á inmo- 
vilizarse y envolverse en las oscuridades de la madrugada. 

Cada vez mas se anima la tierra. 

Mirad la bandada de cabritillos que pasa allá, brincando 
de contento! Mas adelante corren las seriemas que 



514 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

guardan su cacarear para las horas ardientes del dia. 
También, aunque callados, van inmensos papagayos en 
busca de las espigas rosadas del maíz y de los naranjales, 
seguidos aunque de lejos por los gárrulos y verdes peri- 
guUoSy cuyo vuelo corto é incierto á cada momento los 
obliga á frecuentes paradas. 

De su lado cada vez mas se iluminan los cielos. Hacia 
arriba, como un hermoso cortinado, se estiende el cerúleo 
manto, mientras que cerca del horizonte se avivan los 
colores mas agradables á la vista embelesada del hombre, 
que contempla absorto todas aquellas manifestaciones de la 
naturaleza eterna. 

Surge al fin una onda de luz que envuelve el universo 
como una ola enorme del océano que se derrama, lanza la 
tierra un vahido estruendoso . . . iérguese el sol. 

Es de dia! 

II. 
£1 medio día 

Que calor, Dios santo ! 

Hace ya muchos días que faltin los truenos de la tarde, 
y el sol azota despiadado en las estensas y desabrigadas 
llanuras. La alta maciega se marchitó por igual, tomando 
el color uniforme de un amarillo claro, entremezclado de 
blanco por las espigas del capim que el viento fué dejando 
en pió, a»|UÍ y allá, en su caprichos i carrera. 

En los claros, donde las touceiras no se entrelazan 
mucho, brillan con puntoí* rubios, casi metálicos, frutas de 
revienta-caballo, que quedan marchitas en los tallos finos 
de la planta requemada. 



CIELOS Y TIERRAS DEL BRASIL 515 

También de los g gos desnudos de un árbol de mediana 
altura, cuelgan unas frutas oscuras, cenicientas, que se 
llaman frut is de loba, y cuya pulpa vizcosa, insípida, aun 
cuando dulcificad:», es apetecida por los hombres de la 
campaña {sertao.) 

El suelo barroso, bermejo en estensos trechos, casi rojo 
en otros, está reseco y rasgado, como labios que la sed 
gretó y que vierten sangre. Cuando es arenoso, reverbera 
los rayos de la luz, tan intensos y fuertes, que parece que 
hieren la llanura y hieren vibrantes á los aires, produciendo 
misterioso ruido. 

Por todas partes se levanta un polvo fino, sutil, que sube 
por sí mismo en vagarosa ondulación, á la manera de un 
gas que se esparce lent \ y pesadamente. Pasa una tropi- 
lla de animales, dividida en grupos de once bestias, cada 
cual atraída por su compeñero, con la madrina al frente, 
toda cubierta de campanillas y vanidosa compostura, atrás 
el capataz encorbado bajo el peso de los arreos bruñidos 
por el uso, y después densa polvoreda, columnas de tierra 
pulverizada se levantan confundidas, envuelven los grupos 
y los va siguiendo en la jornada, rubia nube que intercepta 
y quiebra los fulgores del sol ardiente, 

A las impresiones brutales del calor, todo cuanto vive y 
siente se contrae, huye ó muere. 

No hay flores en las campiñas, ó mejor dicho, no hay 
yerbas rastreras. 

Las lluvias de las tardes Ciien gruesas y pesadis; no 
son aguas que refrigeran, mas bien torrentes que se despe- 
ñan caudalosos, abriendo hondos surcos en el terreno y 
solamente de súbito, como sorbidas por sediento trago; 
refrigeran solamente por pocas horas la temperatura, dan 



516 NUBVA REVISTA DK BUENOS AIRES 

á las noches alguna sereniíiad y ayudan á la vida de la 
grande vegetación. 

En la mañana siguiente, está li atmósfera como la víspe- 
ra, abrasada, presa de una neblina seci, cenicienta, en 
cuyo fondo se vé aplastado el disco del sol, como si fuera 
hostia de sangre. A veces la turbonada toma aspectos 
furiosos, aunque pasajeros ; es casi un cataclismo. Revienta 
impetuosa ventolina por encima de aquellas planicies; 
ronca en las quebradas ; corre desenfrenada ; arremolinea, 
vá, cortada por trombas de agua, que en los declives de 
los terrenos cavó súbitos barrancos de arena y barro . Tan 
grande es en la calma después de aquel choque. 

Los pocos y diseminados árboles en los campos, canellas 
de ema y barrigudos, escasos jotobas y vinháticoSj se 
retuercen frecuentemente, y arrancados por turbonadas» 
caen con la raíz de fuera y las ramas yertas, como en el 
arranque último de la agonía. 

Dura poco sin embargo el temporal. 

Instantes después so serenan los elementos ; limpiase el 
cielo, transfórmase en el azul mas puro, resplandece el 
sol con gratos fulgores, sopla libre la brisa y en la tierra 
murmuran las aguas bariosas con el sonido apres^irado 
como el de una capa mojada que se esprimiese. 

Muy pronto se absorbe basta la úUima gota. Núblase 
de nuevo el firmamento, y recomienza como antes el calor. 

Asi se suceden en nuosiro interior los días de los meses 
de verano, desde mediados de diciembre hasta fines de 
abril, con una interrupción de una ó dos semanas de enero 
que forman un veranillo. 

En ese tiempo, sino es imposible seria por lo menos 
innecesario prender fuego á los campos donde pacen los 



I 

CIELOS Y TIERRAS DEL BRASIL 5 17 

ganados. Aun cuando el capim barba de bode esté alto 
y pronto para quemar, formando lo que se llama la macie- 
ga, vienen las lluvias ó el abundante rocío de las mañanas, 
cuando [la noche no es ventosa^ que ahoga allí el incendio ó 
lo circunscribe á una zona pequeña. 

Nada mas triste que el aspecto general de las campañas 
{seríoes) en los años de la seca. Toda la vida, toda la alegría 
se encuentra en los montes de los ríos, en los capoesy las 
lagunas y barriales, en cualquier parte en fin en donde se 
encuentre, por poca que sea, alguna humedad. 

En nuestros campos desiertos solo se oye el añautado 
cacarear de las ser tensas j y el estridor de las incansables 
cigarras. Vénse á la distancia correr por el suelo las 
esnaSj que sedientas agachan y levantan la cabeza, se- 
mejantes á caballeros en persecución de alígera caza. 
Con rareza aparece uno que otro siervo gallardo que avan- 
za magestuosamente por el camino, se detiene al distinguir 
la gente, parece sorprenderse, y volviendo sobre sus pies, 
dispara y huye lejos. 

A esa hora también, es que puede verse algún tatnandua 
bandeira de cola afelpada, erguida como un estandarte, 
vagar entre los numerosos montículos de cupims ó de 
hormigas blancas, cuyas casas se tornan bermejas por 
entre el maizal. Nadie puede calcular lo que importa al 
Brasil esas termites. Casi siempre son eminencias de mas 
de un metro de altura, cónicas y de una tierra deleznable, 
en general ya no habitadas. En varios puntos de la fron- 
tera de Matto-Grosso y Goyaz, cerca de Rio Verde, son de 
argamasa oscura, de formas elevadas y CtoprichosjaSjCon 
enormes haces de carJos. 

En los bajos, donde los árboles son pequeños, gruesos y 



518 NUEVA REVISTA DÉ BUENOS AIRES 

raquíticos, la cascara es escamosa como el dorso del yacaré, 
la vida es aun mas miserable en sus manifestaciones. Solo 
de vez en cuando es q le en ellas se posan bandadas de 
volátiles que viajan por distintas aguadas, ó que aparecen 
macacos desgarrados, esquivos y mostrando susto y can- 
sancio. 

Ah ! se me olvidaba de la memoria. ¿Qué animal 
es aquél que se mueve vagorosamente, encerrado, metido 
dentro de una coraza parduzca, hesitante en sus pasos, 
con la cabecita negra, tiritante, y cori las patas rayadas de 
amarillo, cae aquí, cae allá, desgarrapado, casi repulsivo ? 

Es el kagado de los cercos. 

Vive escondido en los montones de hojas muertas, en los 
terrenos áridos y escavando agujeros inmensos. Trepa 
penosamente por los árboles, ó espera del sabroso alimento 
que le han de proporcionar las coloradas manyabas, los 
peludos duraznos del campo y los lechosos m^o'^ií^ . . . . 

Cuando escasean las lluvias generales, después de pren- 
der fuego á los campos, desde comienzos de setiembre 
hasta mediados de octubre, cuando continuadamente 
abortan las tormentas de li tarde, entonces el ganar el 
jornal en las horas calientes del dia es suplicio insoporta- 
ble. Se torna áspera la garganta del viajero, se enrojecen 
los ojos que ansian por cuilquier sombra, y la smgre 
afluye ardiente á la cabeza asoleada. 

¡ Como se doblega de íatiga la naturaleza entera! Hay 
un sufrimiento intenso que pide pronto lenitivo j aflicción 
íntima, oculta, inerte de quien va á desmayarse. 

En torno de lis mismas vertientes, cuyas orillas húme- 
das cada vez se secan mas, y no resisten verdes los montes. 
Se secan los árboles de las márgenes, casi siempre 



CIELOS Y TIERRAS DEL BRASIL 519 

pinddlyhas ó taguarussus y samambaias, figurando de 
lejos esos núcleos como manchas de un verde vivo, limita- 
das por cercos color de paja. Si durase algunos dias mas 
calor igual, todas las hojas del capao caerían retorcidas, 
tiesas, cubriendo de sonoro tendal el terreno calcinado, en 
que se arrastran verdes teyús y oscuras lagartijas. 

Los coqueiroSj sobre todo los borifys^ encojen sus com- 
primidas palmas, cuyos cogollos pierden la graciosa y 
ondulante flexibilidad, y al hálito de blando viento, dan 
estallidos en vez de silbar. No pocos sucumben á la dura 
prueba. Se les vé entonces dia por dia, añnando el esbelto 
tronco, ya manchado de nudos negruzcos, contraidas las 
fibras unas con otras, como cuerpo que á vista de ojos 
enflaquece^ minado por mortal y mal conocida enfermedad. 
En apretadas arrugas se les encrespa la corteza, hace poco 
lisa y vizcosa, amarilla en el arranque de las hojas ó ber- 
meja como las mejillas engañadoras de un tísico; y el 
bello vegetal que en vano pide nutrición, decae, decae 
hasta la hora en que la copa cae hacia un lado, ó se enrolla, 
quebrado el capitel corintio, junto al zócalo de la columna 
roida por la podredumbre. 

Venga la lluvia, un aguacero que sea, el mal se detiene 
luego en sus estragos. Veo como brotan los hermosos 
gajos ! Mirad con qué pasmosa rapidez brotan del cogollo 
del palmito nuevas hojas, blanqui-verdos.is, risueñas, con 
la espresion del convalesciente quo de nuevo siente en las 
venas el fluido de l¿i vida, con el orgullo de quien superó el 
terrible é inminente peligro ! Las espaltas que antes se 
achataban marchitas á los cachos de los cocos, como 
m idres acou)pañ'indo sus hijos, álzanse ahora derechas^ 



520 NUEVA RlfiVlSTA DK BUENOS AIRES 

cornudas, acanaladas, blancas, pálidas por dentro, por fue- 
ra íuera arrugadas y tuberculosas. 

Algunas, empero^ están írremeJiablemente heridas por 
la muerte. Tarde llegó el suspirado socorro, y en medio 
de la alegria general, siguen lentas y tristes el camino de 
la destrucción. 

Felizmente pocas semanas duran en las campanas 
{serloes) que conozco, aquellas escenas de desolación. 

Prolongadas por muchos meses y anos, transformarían 
el hermoso y edénico interior de nuestro Imperio en el lúgu- 
bre Sahara africano, dando razón á no recuerdo que sabio, 
que en sus escritos nos profetizó ese futuro siniestro. 

Nó: apenas transcurren algunas horas^ ya los cielos 
anuncian la evolución reparadora. A medida que aumenta 
el calor aumenta la reverberación del suelo, condénsanse 
en el horizonte nubes tranquilas, que á la vuelta de medio 
dia mas ó menos, se separan en gruesas agrupaciones y 
comienzan á moverse en los espacios, impelidas por el 
viento caliente. 

Algunas, tenues y blancas, rotas como tiras de gasa que 
se rasga, corren rápidas, irregulares, ondulantes; otras, 
espesas, graves, con los contornos amarillos, trangeadas 
de color cobrizo bermejo, caminan vagorosaraente, adelan- 
tándose con cautela. Pasan lent-is, solemnes, por delante 
del sol y cogiéndole los rayos, los ocultan en sus dobleces 
blanquiscos, dando á la tierra algunos momentos de ines- 
perado alivio 

De allí á poco, sin embargo, reaparece el astro, y enton- 
ces la contraposición de su esplendor á la grata y agrada- 
ble oscuridad anterior, produce un aumento en el sufrimiento 
casi forzoso Parece que las centellas de la luz, que no 



CIELOS Y TIERRAS DEL BRASIL 521 

bibian alcanzado á la tierra, se juntan rabiosas al poder y 
á la fuerza de las otras que parecian desfallecer. 

Mal pueden respirar los seres, presa de anrumador 
tormento. 

Todo aquello, desierto y oasis, quebradas y barrancos, 
bajíos y alti-planícies, islas de bosques (capóes,) plantas 
leguminosas, bosques bajos y tupidos, montes deshojados, 
capinzál requemado, cauces de arroyuelos y riachos corta- 
dos, sin agua, convertidos en pantanos secos, todo es una 
gigantesca bornalla. 

También respira con ansiedad el viajero por la tarde, 
que debe traerle la lluvia vivificadora, la frescura de la 
atmósfera, la noche estrellada, y el bien estar del cuerpo 
y el consuelo al espíritu. 

Oyese al fin un trueno muy lejano, después otro y otro. 
Concuerdan ecos estraños, rumores inciertos: avívanse 
las auras, antes hálito ardiente, ahora casi frió ; circula la 
electricidad en el aire enrarecido ; giran las aves de rapiña 
en círculos concéntricos y se oscurece el tiempo. 

Declina el sol : son las horas de la tarde. 

m. 

Los triienoa 

Armada la tempestad, no tarda en caer la lluvia. A veces 
cuando menos se espera, se disipa sin causa aparente ; 
otras^ viene desabito, precedida por gotas de lluvia aisla- 
das y gruesas, cayendo con fuerza en el polvo y levantán- 
dolo, envuelto en tenue polvareda, con olor particular, ya 
perfumado como si fuera de olorosos pétalos, ya desagra- 
dable y acre de yerbas silvestres y de tierras ásperas. 

TOMO ]Z. 84 



r 



522 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

Ciérrase después el cielo: se oscurece la atmósfera, 
impregnándose de vapores azulados, que se tornan berme- 
jos; zumba silbando el viento ; retumban truenos cada vez 
mas cercanos; refusila á cada instante; relampaguean 
las centellas y serpentean rayos en deslumbrantes zig-zag 
lívidos como fierro en ascuas, cortando el aire con el 
estrépito de grandes pilas de porcelana fina que rodasen 
por cascadas 'hacia abajo, y eu las que no es raro distin- 
guir la luz solar dorando los ondeantes contornos de las 
nubes, y produciendo en su negruzco receso un mundo de 
fantásticas vibraciones de los rayos luminosos. 

El sertanejo (habitante del sertaó) que viaja, poco se 
cuida de todo eso. Cuando tiene la certeza que la tor- 
menta se aproxima, se saca las botas y las euix)lla, 
desprende de Lis correas del recado el poncho de bayeta 
azul, forrado de colorado, se lo mete por el pescuezo, 
abotona las puntas por debajo de los brazos, baja las alas 
del sombrero de paja ó de cuero y continua caminando 
tranquilamente. Si el viento es muy fuerte y las ráfagas 
de la lluvia violentas al estremo de incomodarle en la 
marcha, entonces se para y deja que la cabalgadura dé 
las ancas al viento y á la lluvia. 

Y esperando algún amparo, quedan ambos en medio del 
camino : el hombre encogido encima de los arreos, casi 
acurrucado ; el animal, con el pelo crispado, los pies juntos, 
la cola pegada al cuerpo, el pescuezo estirado y las orejas 
caídas. Apenas calma la pasagera violencia, vuelve á 
marchar, aprovechando la frescura del resto del dia, para 
resarcir las horas durante las cuales la fuerza del calor 
impide l^mayor celeridad. 

Al comenzar la lluvia, la naturaleza toda es un inmenso 






CIELOS Y TIERRAS DEL BRASIL 523 

sorbo. Sedienta, chupa el agua por todos los poros ; em- 
papase, satúrase de humedad. 

Toda la sequía anterior se satisface con avidez, y solo 
algún tiempo después es que los charcos dejan correr 
surcos rojizos, amarillentos, en los cuales se mezclan fugi- 
tivos, al principio como hebras, luego después como 
torrentes bermejos y amarillentos. 

Los árboles, combatidos por las ráfagas, se inclinan, se 
tuercen y vibran ; mas al mismo tiempo renacen, y com- 
pletamente empapados surgen con vida para la resistencia. 
Al mismo tiempo, cuando en las últimas violencias del 
viento, cimbran las ramas alfombrando en torno el suelo 
con las hojas, semejan á guerreros valientes que vencieron, 
ufanos de si mismos después del combate. 

Poco después se limpia el firmamento de un punto al 
otro, recargado de azul. Huyen en todas direcciones las 
nubéculas con los mil matices que el sol les imprime á 
capricho ; susurra el suave viento, sutil, ameno, verdadero 
hálito de primavera ; resplandece la vegetación con doble 
vigor y viene cayendo la flébil tardo délas c?ímpañas. 

Es inmediata la repercusión en el viajero. Respiran 
con avidez sus pulmones refrigerados por nuevas auras, 
desnúblase el espíritu, recordando las escenas de la vida 
pasada que se armonizan con el risueño paisaje, que queda 
en su alrededor. A esa hora también se ágil a mas el 
recuerdo de los padres, de la esposa, de los hijos, del caro 
hogar de la familia en aquella concentración íntima en que 
dulcemente nos hinca la acerba espina de la saudade^ 
cuyos colores en sus gradaciones, desde la violeta hasta el 
rojo oscuro, unen como por lijero esfumino todo aquel 
cuadro primoroso. 



524 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 



VI. 



£1 temporal 

Después de prolongada seca acontece, ya dijimos, 
transformarse la lluvia en temporal. Allí se amplían los 
episodios, ensdnchanse las grandiosas proporciones ter- 
ribles. 

En uno de mis libros ya procuré describir uno de esos 
huracanes que estalló pavoroso sobre nosotros ; nos hallá- 
bamos acampados mas allá del rio Apa, frontera del Brasil, 
en territorio de la República del Paraguay. 
Era el 4 de marzo de 1867. 

Después de un (lia abras'idor, sucediendo á muchos otros 
de calma tormentosa, durante los cuales se respiraba un 
aire de fuego, no apropiado para el mas vigoroso orga- 
nismo. El sol, rutilante de la mañana á la noche durante 
algunas semanas, aparecía como una mancha roja, alum- 
brando una atmósfera cenicienta y turbia que producía un 
aire caliente y húmedo insoportable. 

Los pastos se hallaban calcinados, cubiertos de frag- 
mentos de paja calcinada; la llanura surcada de rajaduras, 
cuyos bordes se iban abriendo como bocas de angustia ; 
el arbolado sin ningún broto, sin una sombra, y de los 
arroyos, entre los cuales estaba nuestro campamento, 
sin señal deque nunca hubiera linfa. 

Do repente, hacia las 11, se levanta una especie de 
simoun, que, limpiando en pocos instantes los espacios, 
dejó ver una enorme acumulación de nubes, amontonadas 
las unas sobre las otras, compactas, bronceadas, amari- 
llentas, formadas des'lo dias antes, y que vienen ahora pre- 



CIELOS Y TJEkRAS DEL BRASIL 525 

nadas de electricidad, á descender para la tierra, como 
cediendo á la gravedad de su peso. 

Ganando el espacio en todos sentidos, en poco tiempo 
ocultaron el sol, cuya luz se dividió en rayos de tan radio- 
sas vetas, abriendo algunas el negro manto al cual salpi- 
caban hacia el frente con láminas de oro, mientras otras 
por detrás rayaban de púrpura y sembraban de plata las 
recortadas orlas del monstruoso velo. 

Magestuoso contraste ! 

Al oriente, el azul purísimo, ese azul que deja á la vista 
cuasi percibir lo infinito j del otro lado, la aérea cordillera 
llena de sinuosidades y misterios, que se levantaba, se hin- 
chaba, crecia, bajaba con siniestra lentitud, á ocupar la 
bóveda celeste. 

Amainó, entre tanto, el viento : todo se derrumbó. Y un • 
trueno ronco y lejano fué oidoj repercutió en el silencio, 
al paso que los remolinos mas ó menos se bajaron, amena- 
zadores, terríficos. Parecia que bastaba alzar el brazo para 
tocarlos con la mano. 

A las 4, se oscureció completamente por un momento, 
como bajo una presión. 

Mientras tanto no reventó pronto el cyclon, y en una 
espera que duró horas enteras, sentíase á la naturaleza 
como presa por la ansiedad, inquieta, aflijida ante aquella 
amenaza, avasallada por el peligro que la amenazaba. 
Ráfagas intermitentes soplaban con el rujido seco de las 
hojas muertas, que en montones eran revueltas y arreba- 
tadas por el torbellino. 

Se fué tornando intensa la oscuridad, el calor atroz 

Los animales, caballos y muías estaban parados, apá- 
ticos, arrimados á los hombres en busca de protección. 



536 NUIáVA RBVISTA. DB BUBNOS AIRES 

Los bueyes forra iban grupos apretados, con los cuernos 
entrelazados. 

Al final, un largo surco de fuego corrió de un extremo 
á otro del horizonte. 

Fué la señal. 

Hubo una claridad pavorosa, unos segundos de pasmo 
después, la conflagración de los elementos. 

Desencadenóse furioso el vendaval; se abrieron las 
cataratas del cielo en medio de los relámpagos que ence- 
guecían, con estampidos nunca oidos. 

Pavoroso era el conjunto. 

Bien ai medio de nuestro campamento cayeron rayos, 
atraidos por las piezas de artillería ; mataban soldados y 
con los contrachoques nos echaban por tierra, aun cuando 
estuviéramos sentados y encogidos debajo del capote endu- 
recido por la lluvia. No hubo tienda de campaña ni abrigo 
que aguantase, cuando hasta los maderos clavados eran 
retorcidos por la mano potente del vendaval, sacudidos y 
arrancados de la tierra y arrojados lejos como proyectiles 
livianos. 

Todo voló por los aires. 

Instantes después, aquellos arroyos, que antes estaban 
secos y vadeables, se retorcían, y mugían furiosos, y no 
pudicndo dar mas paso á las aguas, se desbordaban, inun- 
dando los campos y llevando en desordenada carrera, 
piedras y grandes árboles. 

Para aumentar el horror de aquella interminable noche, 
nuestras guardias avanzadas viendo ó tratando de ver á la 
luz de los relámpagos, que parecia se chocaban los unos 
contra los otros, deshaciéndose en chispas, viendo ó tratan- 



CIELOS Y TIERRAS DEL BRASIL 527 

(lo dft ver si los enemigos avanzaban, rompieron un fuego 
continuado, de modo que la fusilería de los hombres llena- 
ba los raros intervalos en que no se oia la lluvia y el es- 
truendo ensordecedor de los cielos. 

Bajo aquella tempestad descomunal, se formaron los 
batallones, quedando los soldados en el agua hasta la 
cintura. 

Y así se aguardó á la madrugada. 

En cuanto lució el dia, toda aquella naturaleza comba- 
tida, revolucionada, aporreada, aniquilada, estaba bajo la 
atonia de presenciar el final de semejante convulsión. 

Pocas horas después, los henchidos arroyos fueron 
también disminuyendo poco á poco de volumen, y en borbo- 
tones cada vez mas débiles, depositaron en las socavadas 
márgenes, manchas blanquecinas de densa espuma, con 
el sordo rujido de las grandes cóleras que á la larga se 
serenan y se extinguen. 

V. 
La tarde 

Cíimo aparece la linda tarde ! 

De la tempestad pasada, solo quedaron en los cielos unas 
nubes afelpadas y deshechas que, al levantarse se acercan 
al sol, para formarle una diadema de espléndidas pedrerias. 

Se oye en la tierra como el sonido cristalino de las af^uas 
que se van disminuyendo pronto, ó el ruido desmedido de 
la vida 6 el murmurio de alegria que volvió. 

Por entre las hojas del arbolado aun goteantes y de un 
verde reluciente, lavadas del polvo del dia, en la extremidad 
de sus puntas se vén globos trémulos y con los prismas 



528 NUBYA REVISTA DB BÜBNOS AIRB8 

del iris surgen las cabecitas traviesas de innumerables 
pajarillos á picar, á gorgear, trinar y cantar, batiendo las 
alas, voltigeando, picándose los unos á los otros y persi- 
guiéndose en juegos de indescriptible animación. 

Súbitamente aparecen en bandadas, no se sabe venidos 
de donde, los modestos cantores de la auroraj coUeiroSj 
pequeneteSf vestidos de casaca pardi-cenicienta oscura, 
frente verdosa y ceremoniosa corbata negra al pescuezo ; 
los canarios de la tierra, de un amarillo que tira para ber- 
mejo, audaces y luchadores ; los serrar serra^ azules, cuasi 
negros, que suben y bajan en el mismo punto en que saltan 
con el vuelo isócrono que les dio su nombre; los tapiran- 
goSj de trajes cardenalicios, inñnitos sahys zurdos y los 
sahiS'Xés ; los cabezas de fuego, todos verdosos y con un 
copete escarlata, que levantan y cierran á voluntad ; los 
medrosos pico de lacre, los amarillos ventevis, ya mas cor- 
pulentos, que anuncian con estridentes gritos aquello que 
no vieron ; los petulantes sanhassúSj y entre ellos como 
estraviado, algún gaturamo, cuyo pecho dicen que revienta 
de tanto ckntar ; las lavadeiras, de alas negruzcas, lomo y 
pecho blanco nítido-, un mundo en ñu, de graciosas avecillas, 
muchas de las cuales se recomiendan ya por el canto, ya 
por el plumaje, empero desconocidas y quizá sin tener 
nombre. 

Sobre el fresco capim, los andorinhoes, los unos de rabo 
corto, otros de piernas estrechas y bifurcadas, llamados 
por esto tesouraSy comienzan á batir las alas en circulo ora 
casi tocando el suelo, ora por el aire revueltas con viudasj 
enredadas en sus movimientos por las dos vistosas guias 
que les adornan la cola. 

En la estación de las flores acostumbran á esta hora á 



CIELOS Y TIKRRAS DEL BRASIL 529 

aparecer como pequeña visión uno ú otro de aquellos her- 
niosísimos colibris, á los cuales llaman los indios gnai^ 
nambys^ casi siempre en la orilla de los grandes bosques, 
cuyo abrigo aman y de donde sok) salen atraidos por 
el embriagador perfume de las plantas en ñorecirniento. 
Arriésganse entonces fuera, en el campo, mas con un vuelo 
tan medroso ó inquieto, que la vibración de las microscó- 
picas alas semejan lijcra sombra que rodeara fantástico 
corpúsculo. 

Tiene, con todo, en su hermosura, tan singulares chispas, 
tan estrau'is fulguraciones salen de aquel puntito que se 
mueve en los aires, que sorprendidas las miradas del via- 
jero dejan las estensas perspectivas que lo absorvian y 
reconcéntranse esclusivas en aquella maravilla. 

Mas ¿cómo describirlo, si él pasó á penas delante de 
nuestros ojos ? 

Al mismo tiempo brillm en él el rubí, el verdoso beryl, 
y la melancólica amatista. Ahora en una inclinación del 
cuerpo del bichito múdase todo en cerúleo reflejo de záfiro; 
y parece entonces que un átomo del cielo se desprendió 
del techo inmenso, creó plumas, y anda volando. Apáganse 
do repente los fulgores intensos, y vedle, el guainamby^ 
vedle todo oro, cercado de una aureola, como si se deshi- 
ciese en chispas deslumbrantes, todo plata ó bruñido acero ! 

Dispara, sin embargo, cuando menos se espera; huye, 
desaparece, esparciendo rayos tan luminosos, en que por 
segundos se juntan todas las vibraciones de la creación . . 

A esa hora es también que zumban en torno de las 
plantas y flores millares de abejas, atareadas y diligentes, 
aprovechando del fresco para la faena mas fatigosa, venci- 
das todas en el esmero del trabajo por IsLJaiy, la matidon/ 



5o0 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

y la cacheta ; vuelven lis palomas torcaces con el nnismo 
movimiento de alas apresurado y misterioso de cuando 
partieron ; renuevan los qiiero-qneros la grita en las már- 
genes de los ríos y lagunas, hacia la cualas acuden en 
bandadas los blancos y grandes tahuyayás^ los rosados 
coUieiroSy las blancas y puras garzas, cuyos colorea se 
arriman mas á los del sol en el ocaso; pían en los cfta- 
padoes perdices sin cuento, y en los bosques los jaÓ5 las 
llamadas vespertinas. 

En aquella naturaleza poderosa hay momentos de inde- 
cible felicidad. Ella goz i en toda la plenitud de los 
deseos. 

Pero antes de mucho, en ese inexplicable éxtasis se insi- 
núan las primeras sombras de tristeza. 

Es Julieta, bajo la mirada fascinadora de Romeo, mas ya 
con un presentimiento inquieto . . . 
« lYepara, estremecida, amante, tu beso cariñoso y tierno, 
tu arrullo mas afectuoso, tu abrazo mas seductor, tus cari- 
cias mas blandas, tu acento mas lleno de promesas, tus 
cariños mas ardientes; tu Dios á quien adoras, tu señor 
(jue te posee, te anima y vivifica: tiene que partir ! 

Nada le puede detener. 

Volverá sin falta mañana; presuroso y animado de 

amorosa ansia, vendrá á recordarte desde el alborear de la 

aurora. 
Y después quien sabe ? . . . 

¡Oh! si fuese posible no ausentarse . . . 

Por lo menos una hora mas, un minuto, un segundo 
si(|uiera .... Todo es lenitivo para el dolor que queda ! 

El sol, sin embargo, mas y mas declina, despidiendo 
rayos sin calor, pero de un bermejo intenso, que transfor- 



CIELOS Y TIERRAS BEL BRASIL 531 

man la bóveda celeste en cúpula de cornelina, colorada 
hacia el lado del occidente, y nacarada y pálida al naciente- 
De aquel fondo se dibujan haces de luz, una onda que 
avanza ; y tan de prisa aparecen, como fuegos fugaces que 
se borran. 

Entre el astro que se oculta y la tierra que parece querer 
acompañarlo en su marcha, hay largos y penosos adioses. 

En ellos resalta una opresión, una ansiedad que tiene un 
no sé qué de voluptuoso, un estremecimiento de fuerzas, un 
quebrantamiento desanimado de quien busca prolongar un 
goce y no lo puede. Cámbianse las alegrías de hace poco. 
Van los variados colores del paisaje ftindióndose poco á 
poco los unos en los otros, convirtiéndose en azulado igual, 
vagaroso, que se estiende por sobre la tierra, como trans- 
parente velo que va á envolverla enteramente, entre enfada- 
da V triste. 

El azul que parece ascender, encuéntrase después con el 
bermejo de los cielos. Nace, entonces, en esa íntima fusión 
do los c< 'lores, una coloración roja, que en sus matices á 
cada instante mas acentuados, se transforma en una oscu- 
ridad de noche. 

Mientras tanto ¡ cuántos encantos ! 

En lo intimo de sí mismo se produce un impulso de 
admiración, es el misterio de una punzante melancolía. . . . 

Ya se ocultó el sol, el poniente aun resplandece ilumimn- 
do con intensidad los espacios. 

Hacia abajo, en el horizonte y fugitivamente, brilla en 
las oscuridades incipientes uno que otro punto. Se vé 
aquel tronco de árbol, vése aquel gajo, aquella ramita, 
como resalta en el ramage que se ennegrece. Parecen 
láminas de plata cincelada . • . Allí, mas adelante, un 



532 NUEVA REVISTA ÜB BUENOS AIRES 

abanico de palmera que balancea sin viento, como si jugase 
entre sus compañeras, tiene reflejos de un verde rutilante, 
caprichoso pestañar de esmeraldas al brotar del centro de 
sombrío cofre. Mas allá sobresale bermeja faja de tierra 
barrosa ó cenicienta línea de fabatinjaSj alumbrada por 
algún rayo perdido. 

Mirad hacia arriba ahori. 

i Qué espléndidos juegos de luz ! 

Allá, muy distante, refusila todavia, y de cuando en 
cuando, y como explosión muy lejana y sin estruendo, 
ábrense fúlgidos arabescos que enrojecen el horizonte. 

Las esparcidas nubes tienen trozos vivísimos ; del mismo 
modo que en la madrugada, predomina en el colorido una 
influencia monocroma: allí, el amarillo, desde el amarillo 
pálido hasta el color de fuego azufrado, pasando por el 
amarillo canario ó anaranjado; aquí el bermejo, desde las 
manchas del mas lúcido carmín hasta las pompas de púr- 
pura mas oscura. 

¡Cuan bellas son aquellas montanas en sus planos diver- 
sos ! La mas elevada tiene un color de rosa indeciso, 
aéreo, casi como nieve condensada; la inmediata hacia 
acá, de un hgero rojo ; las mas cercanas entonces son de 
un azul puro, sin manchas, sin rayas, como inmensa cortina 
corrida, en la que no se percibe el mas leve doblez. 

Los contornos y cimas, al principio indecisos, y como 
pegados al firmamento ya se van destacando, mal distin- 
tinguidas las lineas de terminación. 

Alzóse ya toda la luz de la tierra . . . 

Como bondadosa y tierna hada que con pesar se despide, 
sube á los aires lenta y pausadamente, parándose en cada 
grada de mística escala y volviendo el luminoso rostro para 



CIELOS Y TIERRAS DEL BRASIL 533 

saludar aquel á quien va abandonando. Hay instantes de 
demora mas largos ; otros de acelerada ascensión. 

Son las sombras que surgen impacientes del seno de la 
naturaleza, ávidas, como espíritus sino malévolos por lo 
menos persistentes y rabiosos. Parece una vieja dueña, que 
con reconvenciones é impertinencias obliga á la encantado* 
ra doncella á abandonar las seducciones de una fiesta no 
terminada del todo. 

Ella obedece casi risueña, pero de los mágicos ojos, 
á pesar suyo, cae una lágrima de despecho que sube divi- 
dida en millones de pequeñas perlas, en su último y pesa- 
roso adiós ! 

Está cubierta la tierra por el vapor del crepúsculo como 
perfumadas auras. 

Y en los campos la misma sensitiva cierra con cuidado 
sus delicadas hojas, dobla el hacecillo y va á dormir. 

Ya llegó la noche. 

VI. 
liA noche 

A la oscuridad del crepúsculo, suceden rápidos los astros 
que pueblan el firmamento. 

Así, todavía en lo alto de los cielos corren fugaces deste- 
llos de luz débil y suave, como las últimas ondulaciones de 
un líquido que se derrama, y ya en el occidente brilla un 
poco arriba del horizonte la vespertina Venus con su mirar 
plácido y fijo de mujer hermosa, que mira delante de sí sin 
^arse. 

Instantes después, y á su lado resplandece firme y seré < 
no Júpiter, que, en ciertos meses del año, casi compete en 
fulgor con la graciosa hija. 



o34 KUEVA REVISTA DE BUENOS AÍRES 

De ahí á poco, en el fondo azal-oscuro y aterciopelado del 
cielo colorea el planeta Marte; dibújanse períectimente 
las constelaciones, brillan las estrellas, como polvorcda de 
luz dorada polvorea el Carnero de Santiago, la Vía Láctea, 
maravillosa faja que cine la esfera celeste, ora simple, ur t 
dividida en dos bandas, cual brc^zos de delicioso y aurífero 
rio, y dentro do la cual se comprenden cuando menos ocho 
millones de astros ya formados, el sistema planetario 
A que pertenecemos, con las irradiaciones de nuestro sol 
oculto, su pomposo cortejo, distancias colosales, mundos 
inmensos y todas nuestras grandezas, ufanias^ sufrimientos 
y miserias. 

Rompe desde luego Sírius, la mas bella estrella que 
contemplaron los ojos del hombre; Sírius despide á cada 
instante rayos de un blanco intenso, como gas de magnesio 
alternando con el bermejo y el verde oscuro. 

Enrojece Aldeberam el ojo del Toro, en cuyos haces de 
luz se aviva el color de la cólera. 

lérguense vistosos Castor y Pollux, símbolos eternos do 
afecto y, tal voz por ello, el uno es por instantes mas per- 
sistente en sus fuegos que el otro. 

Estiende Orion el luminoso cuadrilátero, en cuyo centro 
relucen los tres clavos del famoso Boldrié. 

Enrosca la cola el Escorpión, encerrando en su seno, 
como inflamado corazón, el bermejo Antares, que forma 
con la Lira la base del triángulo coronado por Areturus. 

A su turno surge, como un movimiento gradual y uni- 
forme de la bóveda celeste, la constelación de Crucero, y 
sus cuatro puntos mas salientes por momentos se iluminan 
para mirar á su hijo, el Brasil, y le infunden grata ó inex- 
plicable conmoción. No son de primera gr-Huleza en el 



CIELOS Y TIERRAS DEL BRASIL 53o 

empíreo, ni brillan todas iguales, mas tienen con nuestro 
intimo estrechas alianzas, como si entre-ellos caminara por 
la inmensidad del tiempo y del espacio el destino de la 
patria ! 

En la prolongación del brazo de lacruz ya se alteran 
también las dos radiantes estrellas del centauro, y al lado, 
como ancha falla ó insondable abismo en lo infinito, oscu- 
rece estensa superficie, que el hombre del pueblo y de la 
ciencia denominan el Laco de Carbón. 

En las noches serenas, en nuestras noches tropicales 
llenas de estraños encantos, todo aquello, planetas, estre- 
llas. Vía Láctea y nebulosas, brilla con tal vivacidad que 
místicamente se aclara la tierra. Parece entonces que la 
luz viene descendiendo en millones de millones de pequeñas 
láminas casi imperceptibles, que costosamente rompen los 
aires y en ellos se mezclan. 

Venus solo por sí misma ilumina los grandes macizos y 
en ellos produce singular contraste de claros y sombras. 

De ocho en ocho años alcanza el brillo entonces á una 
claridad pasmosa. 

El mundo entre tanto, ya está todo envuelto en sombras, 
no es sino pausadamente que se acaban los ruidos de la 
vida. En efecto, en las primeras horas de la noche hay 
aun grandes rumores, ruidos lejanos de fieras, llamadas 
angustiosas de pájaros, agitaciones desconocidas y ecos de 
súbito armonizados. 

Parece que la naturaleza, no del todo vencida por el sueño, 
se revuelve, busca posición mas cómoda p'ira el descanso, 
articula sonidos, balbucea, gime, sueña, H ly la aparien - 
cia de una resistencia que cede; alborozo de alegrías que 
terminan; sobresaltos que se dulcifican como criatura 



536 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

traviesa que, adormeciéndose aun llena de los caprichos y 
la turbulencia del dia, los vé reproducidos en la mente 
infantil y maliciosamente sonríe y se agita. Algunas veces 
hasta solloza. 

Entonces la adormece el canto lánguido y cariñoso de la 
madre, y á la cadencia de la voz dulce y suave se le espe- 
rezan los miembros, se le cierran del todo los parparos, 
se tranquiliza pura la respiración, reina la serenidad en el 
gracioso rostro, y el sueño reparador y tranquilo durante 
largas horas, suministra al cansado organismo elementos 
nuevos de vigor y duración. 

Hacia la media noche es que el silencio se hace completo. 

Después que en nuestras lagunas grita dos ó tres veces la 
anhuma-póca^ marcando la hora con la vigilancia del gallo 
y concordando la saraciíra, el inamhú y el cujubl^ que 
también cantan con mas ó menos regularidad, reina calma 
absoluta por lo demás en toda la campaña. 

No se oye el mas ligero ruido Todo duerme ; todo es 
silencio, y en los cielos misteriosamente giran las inmensas 

legiones de estrellas. 

Dura poco, sin emburgo, aquella pausa de perfecta 
quietud ; cuando mas, dos horas. 

Después recomienza, poco á poco, el bullicio ; los insectos 
que zumban en la yerba; los agoreros oiiibos que aletean 
estruendosamente y gníznan ; las acauánas que lanzan el 
grito profetice; el ruido repentino de las hojas muertas ; 
ramas y gajos secos que estallan al caer; pequeñas flgurüs 
de animales asustados; sonidos lejanos, estrépitos sordos, 
clamores que luego mueren, una especie de lucha entre el 
niundo real que desea el reposo y el mundo fantástico que 



GIBLOS Y TIERRilS DEL BRASIL 537 

despierta, se levanta y se puebla de seres y de cosas 
imposibles. 

Si la imaginación del viagero sigue la natural inclinación 
todo es causa de terrores que la inmensidad de las comar- 
cas en derredor y el sentimiento de la soledad engrandecen 
mas todavia. En las sombras que lo rodean, distingue 
entonces gigantescas andurás que dan vueltas, sedientos 
vampiros, en torno suyo; escucha el ronquido pavoroso de 
famélicos ^vxnrujils^ ocultos en asquerosos charcos ; divisa 
el espíritu de los bosques, el curi^pirá^ mecerse frenético é 
inquieto en la copa de los árboles dando estridentes car- 
cajadas al viento ; se entreveo el cacicereré todo contrahe- 
cho, corcovado, vestido escarlata, cojear ó caminar sobre 
las rodillas en que se abre sangrientas heridas, y en las 
telarañas en que se enredan los pyrilam'pos y las larvas 
de los lepidópteros de fuego, formando diáfano velo oculta- 
color, todo salpicado de chispeantes puntos, parece verse el 
tan famoso hoitaiá^ la serpiente reluciente. 

A veces le parece que del suelo brotan blancas llamas 
que se ierguen derechas, tiesas, sin oscilaciones pero con 
gran claridad; ó ya son maderos solitarios que arden como 
inmensas teas y en el momento se apagan. 

Esa hora atrae también á sus oidos las detonaciones en 
las sierras en las que se ocultan el oro, cuyo escape de un 
punto á otro produce estallidos horribles que conmueven las 
entrañas de la tierra y en ella abren enormes rajaduras. 

Son felizmente raras las trombas de aire en que se juntan 
de consuno las voces mas terríficas de los elementos re- 
vueltos, desde el estruendor de la catarata que se despeña 
basta el estampido del rayo que fulmina. 

Aquello acontece de repente, y cuando pasa, deja al 

TCMO IX. 35 



533 KasVA. REVISTA. DB BÜSHOS AIRBS 

caipira helado de miedo, trémulo, alelado, con los cabellos 
parados y las carnes erizadas; el caipiraj sí, porque el 
verdadero sertanejo el sartaneja que desde la infancia 
explora el desierto en todos sentidos y lo cruza á toda hora 
de dia y de noche, nunca vio ni oyó nada de eso, y si cuenta 
aquellas historias, es solo para matar el tiempo y reírse 
interiormente de los compañeros de viage, menos traquea 
dos en el camino de la vida. 
Han transcurrido en tanto las horas. 
No es ya posible el silencio. Rehechas las fuerzas, aspira 
la creación por el movimiento, y es el lejano batir de las 
aguas que corren, que antes se erguia dominante en anchos 
espacios, vencido por el tumulto de la naturaleza que 
despierta. 

En esa altura de la noche salen de los antros y cuevas las 
fieras, sobre todo los tigres y las onzas. Madrugan para 
coger la presa y rastrean por la orilla del bosque ó la carre- 
tera real distante, buscando, cautelosas, el encuentro de la 
brisa en los campos, en donde las reses esperan juntas el 
primer albor de la aurora para comenzar á pastar. 

Ya entonces palidecen las estrellas pequeñas; del lodo 
viró el Cruzeiro como se dice en el sertao; susurra conti- 
nuamente un viento vivo y fresco, y hacia los lados del 
naciente blanquea un poco el cielo, de donde va á surgir la 
deseada aurora. 
Es la madrugada que llega. 

Silvio DIÑARTE. 

(A. d'EscragnoUe Taunay ) 



EL REY Y EL REI\^0 DE NOSQUITIA 

EN LA 

AMÉRICA CENTRAl- 

Iturbide acababa de formar el Imperio de México, y 
algunas provincias del antiguo reino de Guatemala, ya 
constituido en Capitania General, se le habian incorporado 
veriflcándolo la misma Guatemala el 5 de enero de 1822. 
Parecia que aquella efímera creación, ejerciera en tanto una 
atracción singular, solicitando protección para que la pro- 
vincia de Guatemala se uniera al Imperio. Nicaragua, Hondu- 
ras y Costa Rica también se hicieron dependencias imperia- 
les, y Centro América quedó absorvida bajo el mando del 
emperador Iturbide. 

Empezaba el año de 1823, cuando era derribado del trono 
el general que ambicionara ocuparlo; Guatemala y las otras 
provincias imperiales, asumieron su autonomia y rompieron 
con la República Mexicana: el brillo de la corona las atraía, 
la modestia de la república las echó en otros rumbos. Había 
sido tan efímera la unión, que México no se opuso al frac- 
cionamiento, y en Centro América se crearon cinco Estados 
soberanos; pero confederados: Guatemala, Nicaragua, Hon- 
duras, el Salvador y Costa Rica; Ghiapas se incorporó á 



540 NÜKVA RRVISTA D& BÜRNOS AlRBS 

México, separándose del grupo de la América Central, y 
dando origen á una nueva cuestión de dominio, soberania y 
deslinde. 

Ni antes de la conquista, ni después que los españoles se 
enseñorearon de la América Central, existia entre los dos 
Océanos, reino ni rey de Mosquitia: el nombre y la cosa es 
nueva, y tanto que ha surgido como creación espontánea, 
sin precedentes, sin historia, sin tradiciones, y ciertamente 
sin trono ni corona real, sin ente y sin subditos. 

u Jamás, dice el señor Marcoletn, (1) hasta estos últimos nnoa, se 
contestó á Nicaragaa la legitimidad de su posesión, ni jamas se habian 
sascitado dudas á tal respecto, hasta que plugo al gefe de una pueblada 
que vivia de caza y pesca, llamada los Mosquitos, osar elevar pretensio- 
nes imaginarias á la soberanía de una porción del territorio nicnrnguaiio 
en donde, por decirlo asi, no se habia oido jamás h-jblar de el. » 

Esa poblada no constituía un gobierno regular, no habia 
ejorcido la soberania, ni pretendido siquiera que se le reco- 
nociese como una asociación internacional independiente y 
soberana. Nómades, pertenecían á los aborígenes, á quienes 
nación alguna reconoció como Estado, sino como poblacio- 
nes sometidas al dominio español primero, y luego al de las 
repúblicas que se formaron en el Nuevo Mundo. 

De repente, un muchacho indio, instrumento del goberna- 
dor de la Jamaica, se titula Rey de los Mosquitos y crea 
entonces el reino fantástico de la Mosquitia, sin -límites 
conocidos, sin ciudades ni poblaciones estables: el gefe de 
una tribu errante se llama Rey, y pretende el dominio de 
tierras que quizá conociera en las cacerías de su tribu. En 



(l) Circular del encargado de negocios de los Estados de Kicara- 
gua y Honduras, de 8 de enero de 1848, datado en París por el señor J. 
de Marcoleta. 



EL REY Y EL REINO DE MOSQÜITIA 541 

favor de estos salvages, en obsequio de este Rey y de este 
reino, la Gran Bretaña emprende una cruzada contra una 
República pequeña y débil, pero reconocida como Estado 
independiente y soberano por las grandes naciones ma- 
rítimas. 

Esos salvages que ocupaban un rincón de la República de 
Nicaragua, en cuyo territorio los ingleses tenian estableci- 
mientos comerciales y agrícolas mas ó menos importantes, 
por beneplácito del gobierno español y consentimiento de los 
gobirrnos independientes, se pretenden moradores del reino 
de Mosquitia y subditos de S. M. el líey de los Mosquitos. 
La creación es una especulación inglesa, un negocio inmo- 
ral y atentatorio; pero un negocio. 

En plena paz, & la Mageslad mosca le ocurre reivindicar 
el puerto y ciudad de San Juan de Nicaragua, que pretende 
estar dentro de su reino; una fragata inglesa, la Alasma 
conduce la intimación salvage, izando el pabellón mosca 
que saluda con veinte y un cañonazo, y con tropas británi- 
cas se apodera de la ciudad y puerto ya nombrado. 

El señor Marcolcta protestó en nombre de su gobierno — 

« Cíiino protesta de la manera mas formal, la mas solemne 7 lu mas 
esplícita, ante Dios y ante loa hombres, contra el acto de expoliación 
que aotbh de ser coitsunindo, contra ese abuso de la fuerza, contra ese 
menosprecio flagrante de los derechos de las naciones; acto, abuso, 
de^sprecio consumados á la faz del mando por un gobierno fuerte, grande 
y civilizado, en favor de un gefe y de una tribu salvage, contra un pais y 
un gc.bif'rno inofensivos quo, aunque débiles, no dejan de conocer por eso 
toda la estcníiion y toda la grandeza de sus derechos, de In justicia y 
de la santidad de la causa. » 

El puerto y ciudad de San Juan de Nicaragua, situado 
sobre el Atlántico, fué ocupado por fuerzas navales del 
gobierno británico, que se decia aliado del Rey de los Mos- 



542 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

quitos, nacionalidad liliputiense desconocida entre las nacio- 
nes cultas, y gobierno monárquico ignorado por los pueblos 
de la América Central. El móvil no era favorecer al rey 
en miniatura, cacique de una tribu nómade, sino tomar 
posesión de un punto importante, para continuar domi- 
nando el comercio, como se habían apoderado de Malvinas 
en plena paz, para convertirla de apostadero marítimo 
de las naves que navegasen en los m¿ires del sur. El interés 
del comercio, apoyado en la fuerza, era toda la moralidad 
que caracterizó la política británica en los primeros tiempos 
de la formación de los nuevos Estados. 

Pitt, dominado por el deseo de asegurar el comercio 
inglés, estudió durante su ministerio la conveniencia de 
apoderarse de aquel territorio, que podria ser el emporio de 
la navegación entre los dos grandes océanos en el posible 
caso de un canal inter-oceánico, desde el puerto de San 
Juan en el Atlántico al de Realejo en el Pacífico. 

La Revista de Edimburgo de comienzos del siglo se 
ocupó del proyecto, y Mr. Roberts en 1 822, verificó reco- 
nocimientos y estudios que poseía el gobierno británico. 
Esta tentativa no era impremeditada, puesto que en 1780, 
durante la guerra de emancipación de las colonias ingle- 
sas, el general Dalling, gobernador de Jamaica, envió una 
expedición bajo el mando de Nelson para apoderarse de la 
costa y ciudades de Granada y León. 

La España tuvo siempre temores que la péididadelas 
colonias inglesas pusiese en peligro las suyas, porque la 
Gran Bretaña pretendiese resarcir su derrota á costa de 
los dominios españoles. Por eso se preocupó de las desier- 
tas costas Patagónicas, y cuatro anos antes del atentado do 



EL REY Y EL REINO DE MOSQUITIA 543 

Dalling en la América Central, habia formado en el aur el 
nuevo vireynato del Rio de la Plata. Los ingleses en 1806 
tomaron Buenos Aires y Montevido; su tentativa de con- 
quista escolló ante las resistencias de las poblaciones, pero 
dejaron el germen de la emancipación de las colonias. 

La ocupación del puerto y ciudad de San Juan de Nica- 
ragua, no era sino la prosecución de su antiguo plan, el 
protectorado del reino de los Mosquitos era un protesto poco 
serio, y el rey era una fantástica transformación del salvage 
cacique de una tribu errante. Este monarca, vestido pro- 
bablemente al uso de Adán, tenia á la sazón veinte años, era 
un indio salvage, « especie de idiota á quien embrutecen 
sistemadamente por medio de licores europeos. » Tal era 
el real aliado del gobierno de la Gran Bretaña, en cuyo 
honor y beneficio se creaba un reino, y las naves británicas 
tomaban la antigua ciudad española de San Juan de Nicara- 
gua, reivindicación territorial que S. M. Mosca tenia el buen 
humor de poner l^ajo el protectorado de los cañones de las 
naves inglesas, contentándose él para su uso personal, con 
los licores que usaria la misma oficialidad británica. 

En 23 de setiembre de 1847 el ministro de negocios 
extranjeros de Nicaragua protestó contra esa invasión, y el 
11 de octubre del mismo año el de San Salvador declaro 
que su gobierno estaba resuelto á apoyar la resistencia de 
Nic/iragua contra las injustas pretensiones de la Gran Bre- 
taña; el gobierno de Washington veia con desagrado una 
tentativa de colonización inglesa en tierra americana. La 
doctrina de Moroe no lo consentía. 

La noticia del atentado, apesar de las lentas comuni- 
caciones de la época, prodigo indignación en todas las 
naciones americanas, que veian el abuso de la fuerza y la 



514 NUEVA REVISTA DE BUENOS AlRElS 

violación del derecho en el proceder de uua nación que* se 
pretpende libre y fuerte por Dios y su derecho. 

El Archivo Americano^ decia: (1) 

«Entre los Estaios que se levantaron de Itis ruinas del régimen co- 
lonial de España, una de las mas privilegindas es la República de Guate- 
mala, sentada entre dos océanos, y dentina In por su posición central, 
y la coufíguracion de su territorio, á ser el foco principal de las comu- 
nicaciones comerciales do E^^iropa con el Asia. lufurior en extensión á 
algunas otras repúblicas, es espectable por la abundancia y variedad de 
sus producciones: el algodón, el tabaco, el c:.fó, la caña dulce, el cacsio, 
la vainilla^ el azul, la grana, la seda, y un gran número de yerbas medici- 
nales, de báUnmos y de resinas, figuran en el cuadro asombroso de las 
riquezas vegetales de un suelo que produce las maderas mas preciosas, y 
los metales mas codiciados. » 

Es indisputable que el interés dominaba únicamente al 
apoderarse del puerto y ciudad de San Juan de Nicaragua, 
pues en cuanto al derecho, ni la sombra Je duda podia 
tener el gobierno británico de que aquel fuera territorio 
español y por lo tanto de las repúblicas quo hcibian sucedí- 
dole en su derecho. 

Pactos internacionales lo establecían ademas de un modo 
esplícito y decisivo. 

Por el tratado celebrado entre España y la lnglaterr¿i, 
llamado la Convención de Londres de 14 de junio de 1780, 
art. 1", confirmado mas tarde por el tratado de Madrid de 
5 de julio de 1814, se establece : 

« Los subditos de S. M. B. y los denius colonos que htin di.- frutado 
hasta ahora de la protección de la Inglaterra, evacuarán sin ninguna 
escepcion el territorio de Mosquitos, y en general el territorio y las i^las 
adyacentes que están fuera de la línea destinada á servir de frontera al 



(1) Archivo Americano^ 9 de setiembre de 1818. 



EL REY Y EL REINO DE MOSQÜITIA 545 

territorio concelido por S. M. C. á los ingleses pnra el objeto espre* 
B&do ei) el art. III de la presente conyencion, como adición al país que 
le filó asignado por el tratado de 1783. » 

El reconocimiento do la soberanía y dominio de S. M. O. 
está espreso, y absurdo es pretender resucitar después, 
derechos al soñado reino de Mosquitos en el monarca beodo, 
el indio de veinte anos. La linea de frontera arrancaba de 
la desembocadura del rio Sibun en la bahia de Honduras, 
siguiendo hasta sus nacientes desde donde se inclinaba 
hacia el rio Walles ó Balise, corriendo por sus aguas hasta 
encontrar la línea convenida en 1783. 

Ademas de la facultad de cortar el palo de tinte, se 
concedió á los pobladores ingleses, ocuparse de agricultura 
y esportar la caoba, con la prohibición de ciertos cultivos, 
como la cana azúc tr, por estar reservados y pertenecor á la 
corona de España. 

El art. VIII, decia que: 

« quedan conñrmndas toJus las restricciones espresadas eu el úUíiijO 
tratado de 1783, para mantener en toda su integridad el derecho de la 
soberHnia española sobre el pais, del cual solo se concede á los ingleses 
U facultad de servirse de maderas, frutos, y otras producciones, en su 
estado natural. » 

De manera que el dominio eminente quedó espresamente 
reservado y reconocido á favor de la corona de España, y 
esta concedía el uso de ciertos territorios y el derecho de 
esplotar determinados artículos naturales. Ni el rey de 
Mosquitos figuraba, ni la Gran Bretaña puso en duda la 
soberania española. 

Mas todavía : el art. XIV del mismo tratado dice : 

« S. M. C, consultando sus sentimientos de humanidad, promete al 
Re/ de Inglaterra que no ejercerá ningún acto de vigor contra los Mos- 
quitos que habitan una parte del pais que debe ser evacuado eu cousecuen- 



516 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

cia de la presente convención', en consíderncion á las relaciones que pue- 
den haber existido entre dichos indios y los ingleses. Y S. M. B. por 
su parte, prohibirá vigorosamente á todos sus subditos de suministrar 
armas, ó municiones de guerra, á los indios situados sobre las fronteras 
de Ins posesiones españolas. » 

Este articulo tenia por objeto exhonerar del castigo que 
las leyes imponian á los aborígenes que protegían la intro- 
misión de extranjeros, la ocupación de territorios ó el con- 
trabando, y confirma el reconocimiento del dominio emi- 
nente en dicho territorio en favor de la corona española. 

La España creyó de buena fé en el cumplimiento de 
estos pactos, no podia suponer que fuese un ardid para 
adormecer la vigilancia siempre difícil en las dilatadas 
colonias españolas; pero los ingleses, abusando de la buena 
fó, maquinaron la sublevación de los indios del Yucatán, 
y en vez de prohibir las relaciones con los indios mosquitos, 
las cultivaron mas, les daban uniformes ingleses y los mis- 
mos grados de su ejército, llevando la mala fé hasta hacer 
abdicar jn Jamaica al pretendido soberano mosquito. Esta 
tribu, en írecuente contacto con ingleses, hablaba este 
idioma, mientras no conocia el español de cuyo contacto 
cuidadosamente se alejaban: fomentaban el odio contra la 
metrópoli y sus autoridades, y les halagaban con una inde- 
pendencia falaz, que no seria sino la completa absorción 
inglesa. 

La guerra de la emancipación facilitó los planes de los 
pobladores ingleses. 

Después de la caida de Iturbide, como ya ho dicho, el 
Congreso constituyente dividió el territorio de Centro Amé- 
rica en los Estados confederados de Guatemala, San S ilva- 
dor. Honduras, Nicaragua y Costa Rica, los cuales respeüx- 



BL R£Y Y EL RBINO DB MOSQÜITIA 547 

ron los tratados que la metrópoli habia celebrado con la 
Gran Bretaña. 

< Ninguna gerarquia, dice el Archivo Americano, sobrevivió á la 
conquista del continente americano. En el territorio, donde se fundó 
después el reiuo de Guatemala, habia tres estados; los de Quiche, Eachi- 
q'ncl y Zutugil, gobernados por fainilias soberanas con todas las prero- 
gaiivas de emperadores ó royes. Los que reinaban en Utablan, capila] 
del reino de Qnich<^, y que eran los roas poderosos, contaban en la 
época de la cenquit^taf diez y siete generaciones de reyes, cuyos nom- 
bres ha conservado la historia, según Juarros. Todas esas dinastías 
acabaron en manos de Pedro de Alvarado, á quien Hernán Cortés encargó 
)a conquista de Guatemala; y como se ha tratado de ellas, se hubiera 
hablado de los Reyes de Mosquitos, si hubieran existido. » 

Suponiendo que tal dinastía aborígene hubiera existido, 
perdió sus derechos por la conquista española, reconocida 
por la Gran Bretaña, como se ha demostrado con el texto 
de tratados internacionales: los indios de esta tribu, eran 
moradores del territorio español, á los cuales S. M. C. pro- 
mete no castigar ni perseguir. ¿Habria quien sostuviera 
la dinastia Azteca ó Inca ? ¿ Qué nación europea se atreve- 
ria á celebrar tratados de alianza y protectorado, en favor 
del que se pretendiera descender de aquellos orígenes? 
Ciertamente que la cosa no es seria, ni fuera tampoco tole- 
rado por las repúblicas hispano-americanas. 

« La decluraciun del gobierno inglés á favor de los Mosquitos ha encen- 
dido la guerra entre estas tribus feroces, y los moradores tranquilos 
de los estados de Yuculan y Nicaragua. » 

El hecho dio por resultado que huyesen todas las pobla- 
ciones de Mérida, Valladolid y otros puntos, y los fuertes de 
San Juan de Nicaragua y de San Carlos, levantados á espen- 
sas y por orden de los monarcas españoles, han sido formal 
mente reclamados por un cónsul inglés como propiedad del 



548 NUEVA REVISTA DE BUENOS AIRES 

Rey de Mosquitia, aliado de la Gran Bretaña. El hecho 
aporece hoy corno un absurdo fantástico, como una insen- 
satez inconcebible; pero ese es el hecho, lección doloroáa del 
abuso de la fuerza. 

El gobierno británico procedió á bloquear Jas costas de 
Nicaragua ! El cónsul general de S. M. B., comunicó al 
comandante del puerto de San Juan : 

« que hahia recibido instrucciones del gobierno brilánicopurn designar 
á los Estndos de Ceulro América los límites que el gobierno briuinico 
estaba determinado á ni intener como derecho del rey de Mosquitia. » 

Se dudaría hoy de la exactitud histórica de esta asevera- 
ción, tan inaudita y atentatoria es en su forma y fondo contra 
el derecho de gentes, si no apoyase esta narración en el 
texto de documentos oficiales y en los periódicos de la 
época, limitándose á hacer simples estractos, por cuanto se 
relacionan con la historia internacional americana; y por- 
que, si es indudable que ahora la Europa respeta sus rela- 
ciones internacionales con las Repúblicas, conviene tener 
en la memoria los precedentes, para apreciar los progresos 
queh.in realizado y para esplicar también como la acción 
europea después de la independencia, no fué siempre civili- 
zadora, sino con frecuencia alusiva y tiránica, aumentando 
asi los inconvenientes y conflictos que rodean el nacimiento 
de todo Estado nuevo, que de colonia sumisa se transforma 
en nación soberana. 

Ante la estrana intima^'ion del Cónsul inglés, el conaan- 
dante del puerto se limitó á ponerlo en conocimiento del 
gobierno de Nicaragua, el cual protestó contra la posesión 
violenta que la Gran Bretaña tomaba del fuerte y ciudad de 
San Juan, único puerto de Nicaragua en el Atlántico. 

Kl 23 do setiembre de 1847 comunicó este atentado al 



EL RRY Y KL HBlNO DR MOSQülTlA 549 

gobierno del Salvador, el cual prometió ayudar para defen- 
der el territorio de su vecina. 

Curiosos son empero ciertos detalles. El 25 de octubre, 
llegó á San Juan del Norte la fragata de S. M. B. Alasma, y 
puso en manos del comandante del puerto un oficio para el 
gobierno de Nicaragua, en que 

« el Rey de Mosquitos !e intimft cesar en la ocupación de 1h boca del 
Rio San Juan, contra la cnal, dice, ha protestado en diferentes oca- 
siones. > 

Fija plazo para la evacuación. 

¿Es esto serio, ó es una de tantas invenciones romanes- 
cas? ¿Qué rey ignoto es ese, que hace su repentina 
aparición en el mundo internacional; enviando intimaciones 
en fragatts de S. M. B. ? ¿ Cuál es el reino desconocido, 
cuyo trono viene á reclamar con los cañones ingleses ? Es 
un indio, como lo he dicho, perteneciente á una tribu salva- 
ge, que la Gran Bretaña saca á luz, para ocultar su voluntad 
de proceder como procedió la Jílio al ocupar Malvinas y 
arriar el pabellón argentino, aprisionando en plena paz la 
guarnición de la isla. ¿En qué derecho se funda una nación 
poderosa j)ara violar así el derecho de gentes ? Se fla en 
la indiferencia de las grandes potencias de la Europa, y 
cuenta con la debilidad de las naciones agrícolas: el aten- 
tíido pasarla inapercibido, si la prensa, este puder nuevo de 
la civilización moderna, no lanzase á todos los vientos la 
historia de estos indisculpables abusos de la fuerza. 

Comenzada de esta manera la intimación del Rey de Mos- 
quitos, y no obedecida su orden soberana, la marina britá- 
rica bloqueó los fuertes de la América Central. 

El periódico El Boliviano^ decia: — 



550 wübva revista de buenos aires 

« que izaron abordo el pabellón mosco y le hicieron un salado de 
veinte y un cañonazo. » 

Todo es ea estos hechos íarsáico y de comedia. Véase 
la nota de S. M. 

«... El Rey en Consejo espera que S. E. y el gobierno, sobre el 
cual preside, para asegurar aquellas buenas relaciones entre Mosquitta y 
Nicaragua, que son importantes para mutuo benefício, dará órdenes 
para quitar el establecimiento nicaragüense de su presente posición en la 
boca del Rio San Juan. » 

Hasta el nombre del reino es flamante! La Mosquitia 
aparece junto con su Rey, cuyo consejo lo componen sin 
duda ingleses, pues firma la anterior nota George Hudsofu 
que se titula antiguo miembro del Consejo. Pero, se concibe 
esta fantástica corona, este reino, creación espontánea 
internacional, desde que en la época contemporánea, á un 
pobre visionario francés, le ocurrió crear otra monarquía, 
bajo el nombre de Aurelie 1er. rey de la Araucania ! El 
pobre loco murió en un hospital de Francia, sin haber en- 
contrado aliados poderosos como encontró S. M. el Rey de 
Mosquitos, soberano y señor de la Mosquitia ! 

El ministro de Relaciones Esteriores de Nicaragua, don 
Sebastian Salinas le contestó : 

(c que el asunto sobre límites territoriales y reconocimiento del reino 
y rey Mosquitos, se ventila actualmente con Mr. Federico Charfíeld, 
cónsul general de S. M. B. en Centro América, que según se asegura, está 
autorizado suficientemente para concluirlo: pero que si los hechos sobre 
ocupación del puerto se llevaran adelante por la fuerza con que amenaza, 
el gobierno de Nicaragua estti dispuesto, como lo tiene manifestado á' 

dicho señor cónsul en la comunicación de 14 de octubre último 

á poner en acción todo su poder para defender la dignidan del Estado ...» 

Por estraño y estravagante que aparezca este episodio, 
no debe sorprender desde que acaba de estallar reciente- 
mente la guerra civil en la liliputiense República de Andorra, 



BL RBT Y BL REINO DE MOSQUITIA. 551 

formando ejércitos de ciento ochenta hombres! Si esto 
acontece en Europa, ¿qué estraño es que en América 
Central, un pobre indio se llame Rey de Mosquitia ? Lo 
incomprensible es que ese indio haya tenido por aliado á 
S. M. B., y es á causa del aliado que el suceso deja de ser 
cómico y se torna serio. 

Don Rafael Bermudez, comandante del puerto y ciudad de 
San Juan de Nicaragua, elevó una protesta al comandante 
de la fragata de S. M. B. Alasma 

(( contra el nbuBo de las fuerzas navales y del nombre de la gran nación 
á quien representa el señor comandante de la fragata Alasma. » 

La fragata llevaba el pabellón británico y enarboló la 
bandera mossa. El gobierno de Nicaragua se preparó á 
repelerla fuerza con la fuerza. 

u Los moscos por su parte, dice el BoUuiano, han comenzado á agitarse. 
Han despoblado un lugar llamado Yarique, llevándose todas his familias 
para fabricar lanchas, y pasar en seguida á la costa de Blue&eld. b¡n 
Yaracuas tenían disciplinándose un buen número de Moscos, Zambos, 
negros é ingleses para asaltar á San Juan y á Trujillo, y caso de salir 
mal en esta empresa, recorrer la costa de algunos departamentos. » 

Los subditos del flamante aliado de S. M. B. eran dignos 
del monarca: zambos, negros y desaliñados. Era la escoria 
social, gozaban de tales garantias civiles y políticas, que 
obligaban á trasladarse poblaciones enteras para construir 
lanchas ! La civilización inglesa no había penetrado aun 
entre la tribu del joven monarca mosca. 

Mientras así se procedía en la América Central por los 
cónsules ó comandantes de nives británicas, Sir Williams 
Melesworth, en la sesión de la Cámara de los Comunes, de 
25 de julio de 1848, decia : 

« Ocurren aqaí las miserables istias Malvinas, donde no se dá el trigo, 
donde uo crecen arboles^ islas batidiis de los vientos, que desde 18il nos 



552 NÜKVA REVISTA DK BUBNOS AIRES 

han cosUdo nada menos qae 4,500 libras esterlinas, sin retorno de nin- 
guna clase, ni beneficio algnno. Decididamente soy de parecer qae esta 
inútil posesión se devuelva desde luego al gobierno de Buenos Aires, 
que justamente la reclama, » 

¿ Cuál fué la opinión del pueblo inglés sobre el procedi- 
miento del gabinete, y cuál el juicio que sobre esta 
alianza emitiera ? No es posible decirlo, pero aquel pueblo 
sensato, no pudo justificar la mas descabellada aventura ; y 
por útil que fuera al comercio inglés apoderarse del puerto 
do San Juan de Nicaragua, la frivolidad del pretesto no podía 
ser popular en Inglaterra. 

En América la reprobación fué unánime. 

(' lia célebre cuestión de Mosquitos y el estado de las relncioneü del 
gobierno britáuico con una parte de Centro América como protectora del 
improvisado soberano que bajo la tutela de los ingleses parece regir 
aquella monarquia de límites inciertos, tenian exaltados loa Ánimos nosofo 
en Nicaragua, con quien se rozan mas inoiediatamente las cuestioues, sino 
con otros Estados que formaban parte de la confederación disuelta. » (l) 

El gobierno de Honduras, protestó contra el proceder de 
los representantes de S. M. B. por un estenso documento 
datado en Camayagua á 16 de junio de 1848, cuyos artícu- 
los dicen : 

Art. 10— La ocupación del puerto de San Juan de Nicaragua, ejecu- 
tada por fuerza? ingloeas A, consecuencia del armisticio que el gobierno 
de aq'iel Estado, bajo el influjo de la fueiza, celebró el 7 de majo 
próximo anterior con el señor Granville, comandante de dichis fuerzas, 
no se entenderá con reconocimiento directo ni indirecto del derecho que 
se pretende en la coi<ta del norte y puerto de San Juan por parte de 
los Mosquitos, á quienes tampoco reconoce, ni han reconocido jarnos 
como nación; 8iuó que debe ser dicha ocupación como hecha por la 



(1) « ComBrcio » de Val paraíso* 



EL REY Y Kl. REINO I)R MOSQUITU 5Sí 

fuerxn, según se verifica el !• de enero, porqne actos postenores de la 
misma foerxa no pueden Uígítimar la primera ocupación. 

Art. 2o— Mientras permanezca el puerto de San Juan en poder de los 
invasores, no se reconoce por este Estado la aduana que en él se ha 
establecido. 

Art. Z^ — En consecuencia, el gobierno de Honduras, en nombre del 
Efllado protesta no reconocer en dicho nnnistício otra inteligeiicia que 
la expresada en los artículos precedent^^s, ni pasar por el arreglo que se 
verifique, si por él se desmembrnse cualnuier parte del territorio de 
Centro América, y principalmente el puerto de San Juan, reconocido 
siempre por todas las naciones, y por la Gran Bretaña, como propiedad 
de e ta República. > 

Por el art. 4^ protesta por el proceder de la Gran Bretaña 
y por las emergencias á que tal proceder dé lugar. Protestó 
también el gobierno del Salvador. 

Al favor de esta alianza entre los salvages y los ingleses, 
la sublevación de Yucatán estalló bañando en mares de 
sangre aquellas comarcas. La ciudad de Izamal fué tomada 
por los indios, y se supone, decia el New York Herald 
de la época, que gran número de blancos han sucumbido. 
Once mil fugitivos entraron á Mérida, huyendo de los indios 
sublevados. 

« Los salvages, agregn, se han apoderado de la ciudad de Ticul, plaza 
bastante importante, situada en la inmediación de Mérida, y de hIH 
amenazaban invadir esta ciudad, * 

En Mérida se habían concentrado como 60;000 almas, la 
mayor parte fugitivos, incapaces de llevar las armas. Las 
inmediaciones de Campeche estaban en visper¿is de ser 
tomadas por los indios, c La población está hundida, tanto 
en lo moral como en lo ffsico, en la mas horrorosa indigen- 
cia. » Las ciudades pequeñas fueron abandonadas por los 
habitantes, ó destruidas por los indios« 

TOMO IX. Stt 



5 5Í NUEVA RBVtStA. DR BÜttNOS AIRlfiS 

Taa angustiada fué la situación de la península de Yuca- 
tan, que su gobernador pidió auxiUos al Capitán Genera' 
de Chile, que envió tropas, buques de guerra y municiones, 
con humana generosidad y nobleza. 

Las protestas de los gobiernos de Honduras y el Salvador 
fueron contestadas por el Cónsul General de S. M. B. por 
oficio datado en Guatemala á 7 de julio de 1848, que exponia 
estas conclusiones : 

c( 10 — Qae no es verdad qae el pacrlo de San Juaa siempre haja sido 
reconocido pertenecer á Centro América: 2° — Ni que el rio San Juan 
hasta el fuerte de San Carlos, esté ocupado ni poseído por las armas de 
8. M.:ni 8® — Que la tarifa establecida en el puerto mosquito de San Juan 
el l^de... . 1848 sea obligatoria al comercio de Granada por el Río 
San Juan. En conclusión debo decir, para el conocimiento del gobierno 
de V. que traeré este decreto al conocimiento del gobierno británico... » 

Por los hechos que nuevamente he estractado se demues- 
tra la funestísima acción que ejerció la intervención britá- 
nica alzando las poblaciones salvages contra los escasos 
habitantes blancos de una parte de la pequeña República de 
Nicaragua: la sublevación que como un contagio cundió en 
la península yucateca, matando los indios sin piedad á la 
población blanca, y todo este desastre, solo por la codicia 
de apoderarse de un puerto para asegurar el emporio 
comercial, fundando un absurdo reino de Mosquitia y consin- 
tiendo á un indio salvage y beodo en el aliado de la Gran 
Bretaña ! La despoblación, la miseria, el hambre, fué el 
resultado de aquel proceder violaticio del derecho de gentes, 
y eso tratándose de pequeños Estados, pero poblados, que 
estaban impotentes para luchar contra las naves de guerra 
inglesas. El escándalo no pudo quedar oculto. 

En cuanto al Cónsul general, las palabras que he citado 
de su oficio prueban dos cosas: ignorancia completa del 



BL Ití£Y Y fiL HRINO 1>S HOSQÜÍTIA. 355 

derecho internacional y de la historia, y una descortesia 
insultante, que no abona en favor ni de su rango ni de su 
ilustración. 

Por ello decia don Juan Bonilla, ministro de relaciones 
exteriores del Salvador, al contestar la nota de Mr. Chat- 
fleld: — 

(( No han sorprendido al gobieroo del Salvador ni el estilo, ni los con* 
eeptos nada comedidos de su ciUda, porque, dirigióndose á sostener 
procedimientos de igual regularidad y violencia, no podia ser de otra 
suerte. » 

Y luego añade: 

« Contra Centro América, nación pequeña, se han empleado las armas 
de la Gran Bretaña, nación grande y poderosa — ¿ para qné ? para des- 
membrarle su territorio. » 

En un pais libre y parlamentario como la Gran Bretaña, 
era imposible que estos sucesos no llamaran la atención 
pública, y se procediese á interpelar al gabinete. 

En efecto, Mr. Barring preguntó cual era la causa del 
bloqueo por una fuerza británica en la costa del Estado del 
Salvador en Centro América, si era por reclamaciones de 
subditos, cual su mérito, y si habia otras contra los demás 
Estados de la América Central. 

Y, sorpréndase el lector imparcial! Ni el interpelante 
sabia la alianza con el rey indio de los Mosquitos, ni cual 
era la toma de la tierra de San Juan de Nicaragua, ni del 
bloqueo de los puertos del S^^lvador ! 

Lord Pcilmorston responde — 

« Que no habia recibido todavia ningún aviso de que el bloqueo hubiese 
sido estableoido, que no podia dar ninguna esplicacion. n 

T ocultando la alianza, la ocupación violenta de un puer* 
to, habla de reclamos contra el Salvador por 20,0 :0 libras 



556 NÜRVA RRVISTA DK BÜBNOS AIRBS 

esterlinas! La mistificación de la verdad, para cubrir un 
atentado ! 

Astutamente se desvia la cuestión, se le dá el carácter de 
presión para obtener el pago de reclamos, y olvidan al 
aliado, al Rey de los Mosquito.?, en cuyo obsequio la marina 
de S. M. B. ocupaba puertos y ciudades de la América 
Central. Este hecho prueba que son los Estados débiles 
los que mas tienen que cuidar sus relaciones esteriores y 
su diplomacia, pues si las grandes potencias envían Lega- 
ciones, es á merced de sus informes que quedan espuestas 
las relaciones de los pobres Estados. Es de todas las econo- 
mías la peor entendida, valiera mas economizar en ejército, 
y aumentar la representación cerca de las grandes poten- 
cias marítimas. Verdad que aleccionadas éstas, hoy esqui- 
van intervenciones armadas cuyo éxito final se ha conver- 
tido en verdaderas aventuras á veces desastrosas como el 
Imperio Mexicano, y el sacrificio del desgraciado Maxi- 
miliano. 

Pero, ¿porqué ocultaba Lord Palmerston la verdad? 
Quizá no influyó poco la resolución del Presidente de los 
Estados Unidos, que en ese año de 1848, en virtud de la 
intervención pedida por el gobierno de Yucatán para domi- 
nar á los indios sublevados, basándose en la doctrina de 
Monroe, dice don Carlos Calvo, y en el temor que el Yucatán 
cayese en poder de un Estado europeo: 

(( Cosa, dice, que no seria jamás tolerada por el gobierno de la Union, 
obtuvo que el Congreso decretase la formación de un ejército y tomase 
posesión temporaria del Yucatán ...» 

Este hecho trascendente, fué el que contuvo las preten- 
siones del gabinete británico, y en vez de revelar la alianza 
con el rey indio de los Mosquitos, quiere ó aparenta dar 



BL REY Y BL REINO DE MOSQUlTIA 557 

por origen á ese bloqueo, reclaniaciones de subditos ingle- 
ses. Indudablemente que el gobierno de los Estados Unidos 
que declaraba no consentir que el Yucatán cayera en poder 
de una nación europea, no consentiría en que el puerto y 
ciudad de San Juan de Nicaragua se convirtiese en colonia 
británica, porque eso violaba la doctrina de Monroe. 

Muy diversas fueron las declaraciones de Mr. Adams: 

<( 10 — Que el sistema coIoiiíhI earopeo es iimpticable á la situaciou 
nueva de América; porque tolas las partes del continente americano están 
habitadas por naciones civilizadas, que tienen respecto de su independen- 
cia y soberania por los otros absolutamente el mismo título que las 
naciones europecs. 

« 2^ — Qae las cuestiones de limites entre los antiguos eHtableciiuientos 
europeoB j los nuevos Estados Americanos, no pueden ser resueltas sino 
según los principios generales del derecho internacional. 

'< 3<» — Que el hecho de la primeía ocupación ó de primera esploraeion 
no crea hoy derecho soberano sobre loa territorios americanos, cuya 
posesión de derecho no pudiese resultar en el porvenir sino de un tratado 
á de una guerra. » 

De manera que la petulante intimación del Cónsul Gene- 
ral de S. M. B. en Guatemala, manifestando que habia 
recibido instrucciones para designar los límites del preten- 
dido reino de Mosquitos, quediba desvirtuada é ineficaz 
ante las declaraciones de Mr. Adams. La doctrina de 
Monroe no permitia que la Gran Bretaña se abrogara la 
facultad de crear reinos en América y de señabrles ter- 
ritorios á costa de los Estados limítrofes. 

Esta actitud del gobierno americano, contuvo la insolente 
altanería del Cónsul General de S. M. B. en Guatemala, y el 
gobierno de S. M. B. comprendió que la doctrina de Monroe 
no era una nueva teoiia, en vista de la sanción del Congreso 
de Washington. Las naves británicas no tendrían que 



558 NUEVA REVISTA DB BÜBNOS AIRBS 

luchar con la guarnicíoo de ciudades indefensas de la Amé- 
rica Central, sino que podrían provocar una guerra marítima 
con los Estados Unidos, guerra que, dada la proximidad, el 
éxito probable estaba en favor de la marina americana. 

El hecho es que el nombre del cónsul Ghalfield quedó 
en la oscuridad merecida, por su mal carácter y su ignoran- 
cia atrevida. S. M. el Rey de Mosquitos, el ilustre aliado 
de S. M. B., sucumbiría probablemente con el ron de Jamaica, 
que en dosis superiores le enviaban sus nobles aliados; pero 
lo que quedó sin remedio, fué la destrucción y la sangre 
vertida por los salvages mosquitos, estimulados en su su- 
blevación por los ingleses de Jamaica. Poblaciones incen- 
diadas, plantíos abandonados, familias en la miseria, 
millares de blancos sacrificados por los moscos, los zambos, 
los negros y algunos ingleses desalmados, tal es el rastro 

que ha quedado en la historia del microscópico Rey de 
Mosquitia. 

Esa creación fantástica y absurdísima de mercaderes y 
agricultores, apoyados por un cónsul sin conocimientos, sin 
tacto, sin alcances, que tiene á sus órdenes la marina britá- 
nica para apoderarse de ciudad indefensa, reprodiyo sim- 
plemente bajo ciertos cambiantes, las escenas de los piratas 
ingleses, franceses y holandeses del siglo XVII. 

Ese reino no es conocido en la historia, nació junto con el 
reclamo, y el Rey sin capital, sin corte, sin rentas, y sin 
poder, era el dócil instrumento de un círculo extraviado de 
explotadores: ese reino era una empresa mercantil para 
dividirse la tierra,^ esplotar los bosques y convertir á San 
Juan de Nicaragua en un emporio comercial. No sospecha- 
ron quizá, que el gobierno de la Union Americana en su 
propio interés, no podía consentir en una vecindad tan 



i 

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EL REY Y EL REINO DE MOSQUITIA 559 

peligrosa por la competencia en el comercio y en la influen- 
cia; fuerte con la doctrina Monroe, no consentirla en la con- 
quista europea cualquiera que fuese el protesto, ni en en la 
creación de monarquías, aunque no tuviesen él marina sino 
subditos moscos, zambos, negros y algunos ingleses. 

La Magostad mosca no habrá aumentado el número de 
los monarcas destronados, su nombre se ha estinguido en la 
historia como se borra de la memoria una representación 
de saltimbanquis. 

Dos monarquías americanas se han formado sin compli- 
caciones ni disputas: S. M. el Rey de Mosquítia, y S. M. 
Aurelio 1er. Rey de la Patagonia y Araucania: este fué un 
pobre iluso, el otro un idiota beodo, pero el uno y el otro 
solo han merecido el despreqio de la historia. El Rey 
de los Mosquitos tuvo por aliados á S. M. B., sus naves de 
guerra conducían sus despachos; mientras el pobre Aurelio^ 
visitó mas de una vez la cárcel en su carácter de rey "de 
tribus aficionadas á lo ageno. 

El indio no comprendía ni el papel que representaba: el 
otro no encontró ni prestamistas para su reino ideal. Se 
parecen por sus subditos, se diferencian por su origen: sirve 
el uno de instrumento á algunos ingleses: el otro satisface 
su insana vanidad. Pero ni el Sud de América, ni el de la 
América Central, pudieron hacer otra cosa que saltear 
poblaciones y robar ganados. 

Vicente G. QUESADA. 



MI TIERRA 



LAS CIUDADES DEI. INTERIOR 



L 



Se ha dicho que escribir sobro las costumbres y los hábi- 
tos de una époc i pas